martes, 11 de enero de 2011

El cedro, rey olvidado de nuestras montañas




La era cuaternaria ha sido una auténtica catástrofe para la biodiversidad del continente europeo. Su flora se empobreció enormemente a consecuencia de las últimas glaciaciones, que provocaron la desaparición de numerosas especies, muchas de ellas arbóreas, que habían poblado el continente europeo durante millones de años. El cedro del Atlas (Cedrus atlantica) fue una de las últimas en desaparecer.

El cedro del Atlas es un árbol perteneciente a la familia de las Pináceas (familia de los pinos y de los abetos) que llega a alcanzar unos 30-35 m de altura (excepcionalmente, supera los 40 m). Desarrolla un tronco recto cuando crece en formaciones densas, teniendo una forma cónica, piramidal, cuando es joven. Adquiere el porte tabular típico de los cedros, con gruesas ramas laterales, cuando envejece. Las hojas, aciculares, se disponen en fascículos más o menos densos dispuestos sobre pequeñas ramas laterales llamadas braquiblastos. En el caso del cedro del atlas, cada braquiblasto lleva entre 20 y 30 hojas, cuya longitud es inferior a 3 cm. El color de las hojas es muy variable en las poblaciones naturales, existiendo indivíduos con hojas de un verde oscuro y otros con hojas glaucas, azuladas. Aunque se suele considerar al cedro del Atlas una especie, debido al aislamiento geográfico de sus poblaciones, está claramente emparentada con los demás cedros de la cuenca mediterránea, con los que se hibrida con suma facilidad (generando una descendencia fértil). Estos híbridos son frecuentes en los parques y resulta a veces algo difícil identificar con toda certeza algunos cedros cultivados.

Hoy en día, los cedros son árboles comúnmente cultivados en parques y jardines, al ser relativamente poco exigentes y particularmente elegantes. A pesar de ser un árbol bien adaptado al clima mediterráneo, el cedro del Atlas ha sido, en cambio, muy poco utilizado en España como árbol forestal (tan solo experimentalmente y a muy pequeña escala en algunas sierras andaluzas). Cabe preguntarse porqué no se utilizó más extensamente, ya que además de estar particularmente bien adaptado a nuestro clima, también presenta una resistencia al fuego mucho mayor que otras especies. De hecho, en el macizo del Lubéron (S de Francia), se está plantando como cortafuegos para evitar la propagación de los incendios en... ¡ los encinares ! El hecho de ser una especie hoy en día catalogada como "exótica" tal vez sea la explicación de que su uso no prosperase. Tal vez tampoco estuviera muy claro en otros tiempos que la madera del cedro fuera comercialmente tan rentable como la de los pinos (y eso que Salomón construyó su templo con madera de cedro).





Bosque de cedros en el macizo del Petit Lubéron (Francia), donde cubre unas 207 ha. tan solo en el territorio de la pequeña localidad de Lacoste. La plantación de cedros en ese macizo que estaba totalmente "pelado" en el siglo XIX ha sido un éxito rotundo, convirtiéndose su bosque de cedros en uno de los grandes atractivos de esa región. Fotografía: Oficina de Turismo de Lacoste



Tal como lo demuestran los estudios de paleobotáinca, el cedro no es, sin embargo, una especie tan exótica como pudiera parecer. A finales del Terciario, el cedro estaba muy extendido por todo el S de Europa, siendo un elemento importante de la vegetación en la media montaña, junto a otros taxones hoy también extintos (Tsuga). A mayor altitud, los abetos mediterrános y las píceas (tipo omorica) dominaban el paisaje. El cedro es una de las muchas especies que desaparecieron del continente europeo a consecuencia de las glaciaciones del Cuaternario. No se sabe con toda certeza cuándo exactamente desapareció. Su presencia está bien documentada en toda la cuenca mediterránea durante el Mioceno. Más adelante, existen indicios de que pudo persistir en algunos refugios meridionales durante parte del Cuaternario. Se ha encontrado polen de cedro en sedimentos de ± 1 millón de años en el S de Francia y de Italia y aún más reciente en Sierra Nevada (turbera del Padúl). En este último caso, sin embargo, no está del todo clara la procedencia de los polenes analizados, que bien pudieran haber cruzado el estrecho.

El cedro del Atlas vive actualmente confinado en las sierras del N de África (Marruecos y Argelia), donde tiene un carácter relictual y corre el peligro, en muchas de ellas, de desaparecer debido a la subida de las temperaturas observada en todo el globo en las últimas décadas. Al desplazarse los grandes biomas hacia latitudes más altas y al subir en altitud los pisos de vegetación, cabe pensar que la única alternativa para el cedro a largo plazo sería poder crecer más al norte, en zonas más favorables a su crecimiento. En realidad, al no haber podido regresar el cedro desde sus reductos norteafricanos, son muchos los lugares en los que esa especie ya pudiera prosperar en Europa. De no haber sido por las glaciaciones, esta especie con toda seguridad estaría presente en nuestras sierras. No sería, por lo tanto, tan descabellado pensar en ella como una alternativa a los pinos en los programas de reforestación que se llevan a cabo en este país. Viendo como crecen sin muchos problemas en la Casa de Campo de Madrid entre las Arizónicas (espero que corran mejor suerte que éstas y que no los corten), no me cabe la menor duda de que el potencial de esta especie es enorme.

¿ Porqué no se plantan cedros en nuestras sierras ? ¿ No deberíamos pensar un poco más en el porvenir y empezar a plantar árboles adaptados a los climas actuales y futuros ? ¿ No deberíamos pensar en ofrecer alternativas a aquellas especies que se puedan ver amenazadas por el calentamiento global ? La pregunta no es baladí y probablemente nos la tendremos que plantear para un sinfín de especies. Ninguna repoblación se debería llevar a cabo sin tener en cuenta la evolución previsible de la vegetación y del clima. En el caso del cedro, son muchas las zonas que pudieran "acogerle". De hecho, todas las zonas de mediana y alta montaña de la cuenca mediterránea le convienen perfectamente. Su ausencia a este lado del mediterráneo es, en realidad, un simple accidente. Menos mala suerte tuvo, por ejemplo, el pinsapo, con el que convive en el norte de África y que consiguió sobrevivir en puntos aislados de Andalucía. Una suerte relativa, ya que la misma amenaza se cierne sobre sobre él. ¿ Tenemos un plan B para el pinsapo ? Los naturalistas deberíamos besarle los pies al ingleniero de montes que un día decidió plantar pinsapos en la sierra de Santa Cruz (Orcajo, Zaragoza). Puede que, sin saberlo, salvara esa especie ofreciéndole un nuevo hogar...





Jóvenes pinsapos en el pinsapar de Orcajo (Zaragoza), donde sorprende la abundantísima regeneración natural de esta especie. Parece evidente que el pinsapo pudiera tener un área de extensión muchísimo más amplia de no estar confinado en los pocos macizos andaluces en los que aún sobrevive. Fotografía: Comuneros Calatayud



Durante décadas, los naturalistas de este país han luchado contra el uso de cualquier especie exótica en los programas de reforestación y la idea de plantar cedros en nuestro país seguramente no sería muy bien vista por una gran mayoría de ellos. Esa cultura de lo "autóctono" está profundamente anclada en nuestro subconsciente y es muy poco probable, en estas circunstancias, que veamos nunca el cedro volver a crecer en nuestras sierras. Tal vez seamos demasiado dogmáticos. Otros países, en cambio, sí que se atrevieron a plantar cedros casi desde el momento en que se descubrieron (a mediados del siglo XIX) y el resultado de esas plantaciones es realmente espectacular. En Francia, el éxito fue rotundo, teniendo los cedros en aquél país un crecimiento mayor que en su área de origen. Hoy en día, los cedros franceses, cuyo origen exacto no está del todo claro (parte de ellos procede de Argelia), se consideran una procedencia en sí. Otros países particularmente amenazados por el cambio climático, como Hungría, han llevado a cabo ensayos en distintos puntos de su territorio y en todos ellos el cedro ha demostrado ser una esencia mucho mejor adaptada a la sequía que los pinos negros tradicionalmente utilizados. Parece claro que el cedro tiene un gran porvenir en el continente que le vio nacer...

1 comentario: