viernes, 14 de noviembre de 2014

Ailanto: mitos y realidades



Cada vez que publico algún post acerca del ailanto en la página de Facebook que llevo en paralelo a este blog, éste provoca siempre las reacciones airadas de muchos naturalistas que consideran al ailanto como el enemigo público número 1. Lo cierto es que desde que la comunidad científica advirtiera del problema de las invasiones biológicas, el ailanto ocupa siempre los primeros puestos en la lista de indeseables. En las (ya) numerosas publicaciones que describen las especies invasoras más peligrosas se insiste mucho en aquellos caracteres que supuestamente confieren al ailanto una ventaja competitiva sobre las demás especies (autóctonas). Una cosa, sin embargo, es lo que creemos o suponemos acerca de una especie, y otra bien diferente es lo que la observación de la realidad nos aprende. Veamos, pues, que hay de cierto tras algunas afirmaciones hechas acerca del ailanto.

Retrato robot

El ailanto (Ailanthus altissima) es un árbol caducifolio de tamaño mediano (alcanza unos 30 metros de altura) perteneciente a la familia de las Simaroubaceae, principalmente integrada por especies tropicales y subtropicales, siendo el ailanto una de las pocas especies que crece en climas templados. Tiene unas hojas imparipinnadas de unos 40-60 cm, constituidas por unos 5-12 pares de folíolos lanceolados a ovado-lanceolados, de margen entero, con uno o varios pares de dientes en la base, provistos de una glándula negra en el ápice. Las hojas aparecen tardíamente en primavera, en el mes de mayo.

El "árbol de los dioses", como se le conoce también, es una especie dioica pero, aunque las flores son generalmente unisexuales, algunas pueden ser hermafroditas. Las flores se agrupan en largas panículas que nacen en la axila de las hojas. Están provistas de un disco nectarífero lobado que atrae los insectos que las polinizan. Los frutos, alados, están provistos de un ala alargada que rodea la semilla, que tiene un contorno redondeado.


     

¿Ventajas competitivas?

En las numerosas publicaciones actualmente disponibles acerca de las especies invasoras, se suele insistir mucho en las siguientes características del ailanto, que supuestamente le conferirían una clara ventaja competitiva sobre las especies autóctonas que amenazaría:

- Es una especie de crecimiento rápido
- Se propaga vegetativemente y a grandes distancias gracias al alcance de sus raíces
- Produce una gran cantidad de semillas, que se propagan fácilmente por vía aérea
- Produce unas sustancias alelopáticas que inhiben el crecimiento de otras especies

Olvidándonos de que estamos hablando del ailanto y leyendo esta lista de supuestas ventajas competitivas, cabría preguntarse si son exclusivas del ailanto y la verdad es que existen bastantes especies (tanto autóctonas como alóctonas) a las que podrían corresponder, al menos, las tres primeras características citadas. Y cosa curiosa, todas estas especies son, precisamente, las que compiten con el ailanto en los medios ribereños que se le acusa de invadir: chopos, álamo, sauces, olmos y arce negundo (otra exótica), en efecto, son especies de rápido crecimiento capaces (salvo el olmo, tal vez) de propagarse vegetativamente y produciendo una enorme cantidad de semillas dispersadas por el viento (especies anemócoras). Casi todas son también anemófilas, siendo el ailanto una excepción a la regla.


De las supuestas ventajas competitivas tan solo nos quedaría pues la última pero acusar al ailanto de ser una especie de Saddam Hussein del mundo vegetal es olvidar algo obvio: otras especies, incluidas las especies autóctonas, utilizan la misma estrategia para luchar contra sus competidores. Un estudio experimental reciente (1) llevado a cabo por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Alcalá y el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca demuestra claramente que el ailanto no tiene la exclusividad de esos métodos. Es más, parece que algunas especies autóctonas podrían ser incluso más eficientes que el ailanto. Es el caso del chopo, por ejemplo, según demuestra este estudio, cuyas conclusiones son las siguientes:

• Los extractos de hojarasca de todas las especies arbóreas tendieron a reducir la velocidad y, en menor medida, la tasa de germinación de las cuatro especies herbáceas.
• No existe un efecto consistente de los extractos de hojas de los árboles exóticos sobre las herbáceas nativas.
• Los efectos dependen tanto de la naturaleza del árbol donante como de la herbácea receptora.
• La especie arbórea autóctona -el chopo- redujo también significativamente la velocidad de germinación de todas las herbáceas, salvo Ch. album, lo que sugiere que la producción de sustancias alelopáticas para competir con la vegetación acompañante no es un mecanismo exclusivo de las especies alóctonas.


Nos quedamos, pues, con realmente pocos argumentos para acusar al ailanto de ser una peligrosa especie invasora. Tan solo nos quedan, para sustentar la acusación, las evidencias del terreno… ¿ En qué tipos de entornos crece, pues, el ailanto en la Península Ibérica ?

El ailanto en la Península Ibérica

El ailanto se introdujo en Europa en el siglo XVIII y ya se encontraba naturalizado en la Península Ibérica a principios del siglo XIX. Se trata pues de una especie con la que convivimos desde hace más o menos unos dos siglos. Un tiempo más que suficiente para hacerse una idea bastante buena del potencial expansivo de esa especie. ¿ Dónde crece hoy en día el ailanto ? A pesar del carácter invasivo que se le presupone, el ailanto se encuentra fundamentalmente en entornos fuertemente antropizados: bordes de carreteras y de vías de tren, taludes, solares abandonados, etc. Su presencia en entornos naturales tan solo está documentada en bosques de ribera. Personalmente nunca lo he observado en otros medios tales como encinares, melojares o pinares, a no ser por la existencia de alguna obra que haya supuesto que se remueva el suelo. Tras dos siglos, parece pues que el ailanto tan solo se haya inmiscuido en los bosques de ribera, de los que cabe preguntarse si realmente se pueden considerar ecosistemas inalterados. ¿ Se justifica pues considerar al ailanto una especie invasora ?

El ailanto en el registro fósil

Lo que muchas personas ignoran, cuando se habla del ailanto, es que esa especie tal vez no sea tan “exótica” como pudiera parecer. Todo depende, en realidad, de la escala de tiempo con la que se consideran las cosas. Las glaciaciones cuaternarias han provocado, en el Hemisferio Norte, importantes cambios en la composición de las floras. Las plantas responden a los cambios climáticos de dos maneras diferentes: desplazándose e instalándose en zonas de clima más favorable o evolucionando y tratando de adaptarse a las nuevas condiciones. Esta última opción siendo mucho más lenta, es obviamente desplazándose que las plantas respondieron a las bruscas oscilaciones climáticas del Cuaternario. En el continente europeo, sin embargo, el movimiento de las plantas hacia latitudes meridionales se vio interrumpido por dos obstáculos insalvables para muchas especies: las cadenas montañosas que bordean el Mar Mediterráneo y el propio Mar Mediterráneo.



Si bien algunas especies lograron resistir en zonas refugio situadas en las penínsulas del S del continente, otras muchas desaparecieron. Ese fue el caso del ailanto que, sin embargo, es un árbol bastante resistente. Restos fósiles de la especie que estuvo presente en todo el Hemisferio Norte antes de las glaciaciones se han encontrado en muchos lugares en Europa, tal como se puede ver en el mapa que copio a continuación. La especie que aún vivía en Europa en el Plioceno, aunque lleve un nombre específico diferente (Ailanthus confucii), no difiere en nada del ailanto actual, especie de la que es el antecesor directo y que probablemente se pueda considerar como la misma especie.


Conclusiones

Todo lo expuesto con anterioridad me lleva a una conclusión lógica acerca del ailanto, que probablemente me valga las iras de muchos naturalistas: el ailanto no debería ser considerado una especie tan peligrosa como se quisiera hacer creer. Es cierto que esta especie ha colonizado con éxito muchos terrenos “antropizados”, principalmente en las cercanías de los núcleos urbanos, pero que yo sepa no hay evidencias claras de que esté desplazando a especies autóctonas en medios naturales. Los medios ribereños en los que sí parece competir con otras especies son unos medios en los que en el pasado las especies autóctonas tuvieron que competir con numerosas especies “exóticas”. Una simple lista de los géneros presentes en Europa en esos ecosistemas, en un pasado no muy lejano (Plioceno y Pleistoceno) basta para darse cuenta hasta qué punto se han empobrecido estos ecosistemas a consecuencia de las glaciaciones cuaternarias: Liquidamabar, Platanus, Pterocarya, Engelhardia, Taxodium, Ailanthus, Aesculus, Carya, etc.

No es pues de extrañar que, en algunos lugares, especies pertenecientes a estos géneros y cultivadas como ornamentales tiendan a inmiscuirse en ese tipo de ecosistemas. Teniendo claro que estas especies (o especies muy similares) estuvieron presentes en estos ecosistemas durante millones de años antes de desaparecer a consecuencia de las glaciaciones, me resulta realmente difícil verlas como especies invasoras. Su presencia en esos ecosistemas parece más bien un regreso al estilo del de aquel soldado que vuelve de la guerra en la película Sommersby (con Richard Gere). El problema de los ecosistemas ribereños no es tanto que especies exóticas entren a competir con las especies autóctonas - convivieron con ellas durante millones de años y salieron airosas de esa "confrontación" -, sino más bien lo exíguo de su repartición actual y el estado de degradación en el que se encuentran. No me cabe la menor duda de que si dejáramos que este tipo de vegetación se desarrollase más extensamente, habría cabida para muchas más especies, tal como fue el caso hasta que la última glaciación eliminara buena parte de ellas. Imaginar como fueron estos bosques está al alcance de todos: un paseíto por los parques de Aranjuez, con sus plátanos y sus liquidambares monumentales puede dar una buena idea de como debieron ser esos bosques ribereños...



(1) Pérez Corona M. E. et al. (2011) / Efecto alelopático de especies invasoras de ribera sobre la germinación de especies del sotobosque. / Pastos paisajes culturales entre tradicion y nuevos paradigmas del siglo XXI. C. Lopez Carrasco Fernandez; M.P. Rodriguez Rojo, A. San Miguel Ayanz, S. Roig Gonzalez (Eds.), SEEP, Toledo, pp. 189-194.

(2) Sarah L. Corbett and Steven R. Manchester1 (2004) / Phytogeography and fossil history of Ailanthus (Simaroubaceae) / Int. J. Plant Sci., Vol. 165(4), pp. 671–690.



14 comentarios:

  1. Es muy facil indicar que esta o aquella especie es o no invasora. El asunto es demostrarlo como ha hecho usted. Por otro lado, en el caso de Puerto Rico, luego de tantos siglos de 'invasiones' botanicas llegadas por tantos medios, resulta un ejercicio inutil, la cantaleta de si algo es o no invasive. Despues de todo, ningun pais cuenta con el billete para volver a una pureza botanica para ponerlo de algun modo.

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  2. Enhorabuena por el artículo. Me ha parecido una discusión estéril siempre el tema de alóc

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  3. Muy interesante reflexión, aunque en mi caso es como si a un "bético" le dicen que se tiene que hacer "sevillista" o viceversa... No se como puedo cambiar mi actitud hacia este árbol, después de años de, dígase, cierto odio a él.
    Trataré de cambiar mi visión de él, más difícil lo veo.
    Saludos

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    1. El problema del ailanto realmente se debe a que muestra un extraordinario dinamismo en ecosistemas degradados. Si los bosques ribereños tuviesen una mayor extensión y desarrollo, es probable que el ailanto no compitiera con tanto éxito con las especies autóctonas. A esto hay que añadir que el calentamiento global probablemente favorece especies más termófilas como el ailanto...

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  4. Me ha gustado leer esta entrada porque considero un ejercicio fundamental poner en cuestión y reevaluar de forma crítica todo aquello que se da cierto (en este caso la “peligrosidad” del ailanto). De hecho es la forma en que la ciencia avanza (si no que le pregunten a Darwin). Sin embargo, en este caso, debo discrepar con unos cuantos de los argumentos que el autor esgrime para defender que el ailanto no es tan peligroso como lo pintan.
    1. “Hay otras especies nativas que responden al mismo “retrato-robot” que el ailanto”. Si solo se atiende a las cualidades, esta afirmación se puede dar por cierta, pero no tanto si se comparan las magnitudes. Por ejemplo, en un estudio de campo hemos encontramos que ailanto produce, en términos absolutos, más biomasa de hojas, tallos y órganos reproductivos que álamos (Populus alba) y robinias (Robinia pseudoacacia)[1], lo cual sugiere que alguna ventaja competitiva puede tener. En en el caso de los rebrotes, el ailanto produce brotes de más de 2 m e un año, algo que nunca he visto en ninguna especie/variedad nativa. Por otro lado la profusión de los rebrotes de ailanto es muy superior a la de Populus spp. y Salix spp. Incluso robinia, otra especie fuertemente rebrotadora, no es capaz de hacerle sombra, al menos en las riberas del centro peninsular. Esta capacidad de crecimiento clonal puede ser parte de la clave del éxito de la estrategia del ailanto, como explico más abajo. Por último, aunque la producción de semillas es muy elevada en Populus spp y Salix spp, hay una diferencia notable con el ailanto: el tamaño de las semillas, que en ailanto oscila entre 14 y 25 mg, mientras en sauces y chopos no llega a 1 mg [2,3]. Poseer reservas en las semillas incrementa las probabilidades de germinación exitosa, especialmente en condiciones de limitación de recursos. De hecho, el éxito de reclutamiento en los dos géneros nativos es muy bajo [2]. Asimismo las semillas de chopos y sauces pierden su viabilidad en 1-2 semanas [2], mientras que ailanto la mantiente durante más un año [4], lo que incrementa la probabilidad de encontrar condiciones favorables para la germinación y supervivencia de las plántulas.
    2. “Ailanto no es más alelopática que otras especies nativas coexistentes”. Estoy de acuerdo en que se ha magnificado la capacidad alelopática de esta especie, resulta muy reduccionista basar la supuesta “inocencia” del ailanto en un solo estudio. De hecho otros estudios sí que encuentran que el crecimiento de las plántulas de árboles nativos se ve seriamente mermado bajo el dosel de ailantos [5]. Por otro lado, la alelopatía es solo uno más de los mecanismos por los cuales el ailanto puede alterar el ecosistema nativo. También hay evidencias de que modifica el pH del suelo [6], su hojarasca se descompone más deprisa que otras especies coexistentes [7,8] y modifica la composición de la comunidad de invertebrados del suelo [9]. Todo esto puedo tener consecuencias de mayor o menor alcance en el funcionamiento del ecosistema invadido. (sigue en otra entrada...)

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  5. 3. “Aunque el ailanto lleva ya dos siglos en España solo aparece mayoritariamente en ambientes perturbados”. Es bien sabido que muchas especies exóticas muestran un periodo de retardo desde su introducción hasta manifestar un carácter invasor [9]. Este retraso en los árboles, que son especies longevas, se estima en promedio de unos 300 años. Si el ailanto ya está dando que hablar tras 200 años, cabe esperar que aún de más guerra en el futuro. No parece probable que invada bosques climatófilos mediterráneos, como encinares y quejigares, ya que el ailanto no tiene suficiente tolerancia a la aridez estival mediterránea. Pero sí puede ser un problema en los bosques de ribera, donde la regulación de caudales y otras alteraciones antrópicas están reduciendo el éxito de regeneración de muchas especies nativas y aumentando las oportunidades de asentamiento de especies exóticas [10]. Aunque el ailanto coloniza inicialmente lugares degradados, una vez establecida y gracias a su crecimiento clonal, es capaz de invadir bosques cerrados enviando un frente de rebrotes con alta capacidad de crecimiento, gracias a que están conectados a una planta madre bien abastecida [11]. Con esta estrategia no es raro que veamos en el futuro próximo más bosques de ribera invadidos con rebrotes de ailantos.
    4. El género Ailanthus estaba presente en Europa antes de las glaciaciones. Este sea el argumento controvertido a la hora de catalogar una especie como exótica o nativa. Sin embargo, mi opinión es que no debemos reintroducir especies que desaparecieron hace tiempo por procesos de selección natural, ya que las comunidades ya se han reorganizado sin ellas. Creo que es más fructífero dirigir los esfuerzos a evitar futuras extinciones o alteraciones directamente vinculadas a la acción humana.
    En conclusión, y sin ánimo de despertar iras de nadie, considero que hay evidencias suficientes para dejar al ailanto catalogado como especie invasora con capacidad para alterar los ecosistemas e incrementar su impacto en el futuro próximo

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  6. Para terminar, las referencias:
    1. Castro-Diez, P., et al., Can the Life-History Strategy Explain the Success of the Exotic Trees Ailanthus altissima and Robinia pseudoacacia in Iberian Floodplain Forests? Plos One, 2014. 9(6).
    2. Prada, M.A. and D. Arizpe, eds. Riparian tree and shrub propagation handbook. An aid to riverine restoration in the Mediterranean region. 2008, Generalitat Valenciana: Valencia. 203.
    3. González-Muñoz, N., P. Castro-Díez, and O. Godoy, Lack of superiority of invasive over co-occurring native riparian tree seedling species. Biological Invasions, 2014. 16: p. 269-281.
    4. Constan-Nava, S. and A. Bonet, Genetic variability modulates the effect of habitat type and environmental conditions on early invasion success of Ailanthus altissima in Mediterranean ecosystems. Biological Invasions, 2012. 14(11): p. 2379-2392.
    5. Gómez-Aparicio, L. and C.D. Canham, Neighbourhood analyses of the allelopathic effects of the invasive tree Ailanthus altissima in temperate forests. Journal of Ecology, 2008. 96: p. 446-458.
    6. Vilà, M., et al., Local and regional assessment of the impacts of plant invaders on vegetation structure and soil properties of Mediterranean islands. Journal of Biogeography, 2006. 33(5): p. 853-861
    7. Castro-Díez, P., et al., Effects of exotic invasive trees on nitrogen cycling: a case study in Central Spain. Biological Invasions, 2009. 11: p. 1973–1986.
    8. Gutiérrez-López, M., et al., Does the invasion of the exotic tree Ailanthus altissima affect the soil arthropod community? The case of a riparian forest of the Henares River (Madrid). European Journal of Soil Biology, 2014. 62: p. 39 - 48.
    9. Strayer, D.L., et al., Understanding the long-term effects of species invasions. Trends in Ecology & Evolution, 2006. 21(11): p. 645-651.
    10. Catford, J.A., et al., Flow regulation reduces native plant cover and facilitates exotic invasion in riparian wetlands. Journal of Applied Ecology, 2011. 48(2): p. 432-442.
    11. Kowarik, I. and I. Saumel, Biological flora of Central Europe: Ailanthus altissima (Mill.) Swingle. Perspectives in Plant Ecology Evolution and Systematics, 2007. 8(4): p. 207-237.

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    1. Muchísimas gracias por los comentarios y por las referencias. Tengo lectura para rato (si es que lo encuentro). En este artículo no es que intente defender a toda costa el ailanto pero me parecía interesante contrastar lo que a veces suena un poco a verdades establecidas con lo que he podido observar y leer acerca de esta especie tan temida. Lo que me pareció interesante en ese artículo que cito es que estudiaron los efectos sobre la vegetación competidora de varias especies - incluidas las autóctonas -, lo que permite relativizar un poco la "peligrosidad" del ailanto. Las especies autóctonas, al fin y al cabo, utilizan las mismas estrategias que el ailanto para perpetuarse. Es cierto que el ailanto tiene una velocidad de crecimiento muy importante y que es capaz de propagarse vegetativamente pero son todas ellas carcaterísticas compartidas con las demás especies ribereñas. Aunque haya ailantos creciendo en mi barrio, la única especie que veo crecer por todos lados en los parques y a distancias a veces considerables de los pies adultos (y con una velocidad de crecimiento importante) es el álamo. O sea, que en muchos casos esas supuestas ventajas competitivas no son exclusivas del ailanto. De todos modos, antes de decir cualquier burrada, he de leerme esos artículos. Lo que sí tengo claro, en todo caso, es que el éxito de las especies exóticas se debe tanto a su "competitividad" como al mal estado de los ecosistemas. Los ecosistemas ribereños no son, precisamente, los que mejor conservados están. De hecho, en muchos lugares creo que no tenemos ni la más mínima idea del aspecto que podría llegar a tener un bosque ribereño maduro. En fin, que son muchos parámetros los que hay que tener en cuenta y no necesariamente el resultado final de esa "invasión" tiene porque ser la erradicación de las especies autóctonas. De hecho, me parecería interesante saber si existen bosques ribereños maduros en algunos lugares en los que el ailanto esté presente y donde se hubiese establecido un equilibrio entre las especies autóctonas y las especies alóctonas. Y si no existe, me parecería interesante dejar hacer la naturaleza para ver si realmente se cumplen los pronósticos más pesismistas. Pues nada, voy a leerme esos artículos tranquilamente (ojalá estén disponibles on-line) y ya volveré con un análisis más ponderado de este tema (que rectificar es de sabios).

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    2. Totalmente de acuerdo Pilar.

      Para el autor del artículo comunicarle que aquí en La Rioja (norte de España con invierno frío y supuestamente atemperado verano), nadie se está preocupando por este árbol, ni la administración ni la sociedad.

      Mientras tanto, está colonizando las zonas antropizadas Y las zonas naturales.
      Hace no mucho me dí cuenta que empezaba a crecer ailanto en bosques cercanos de conífera, debajo de las acículas de los pinos.
      Seguí investigando y me dí cuenta que es algo que está sucediendo en todas las zonas cercanas a poblaciones (por lo tanto, zonas cercanas al propio árbol y su siguiente lugar de expansión por ende).

      Para mi sorpresa he comprobado como la práctica totalidad de los ríos y bosques de ribera también está siendo invadido sin que nadie se dé cuenta.
      Comienza desde abajo, desde las poblaciones a menor altitud remontando río arriba por la galería de los chopos y fresnos.
      La altura máxima a la que lo he avistado ha sido de unos 800 m (en invierno esta zona puede llegar a los -15 grados).

      Con lo cual, sólo me queda comprobar que en efecto el ailanto no deja crecer debajo de su sombra ni pinos ni robles ni encinas ni chopos ni fresnos ni... etc.
      Es lo único que me falta por ver para determinar al 100% que estamos ante una de las mayores catástrofes ecológicas en Europa.

      Y sin ánimo de ofender, creo que hay que patearse más el campo y leer un pelín menos en libros. Intento sacar conclusiones de algo in situ y de momento, me está enseñando y acierto mucho más que si me leyera el libro pertinente.
      (Más que nada hablando de efectos, ineracciones, etc de algo sobre otro algo, obviamente hay que informarse antes de nada).

      Un saludo

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    3. De haber basado mi artículo en libros, hubiese escrito lo que todos afirman y no hubiese resultado tan polémico este artículo. Cierto es que me baso en las observaciones realizadas en la región en la que vivo (Madrid) donde el ailanto es un árbol propio de zonas antropizadas. Personalmente nunca he visto un ailanto en el corazón de un pinar o de un encinar. Su intrusismo en zonas de ribera puede que sea más preocupante. Pero aún no he visto yo al ailanto sustituir la vegetación de ribera en zonas en la que está presente. A orillas del Jarama, en la región de Rivas Vaciamadrid, hay chopos y sauces para aburrir y no veo yo al ailanto causar tanto problema. Eso sí, la zona está infestada de arce negundo y de olmos de Siberia.

      De todos modos, la gran pregunta es más bien la siguiente: ¿ podemos hacer algo contra esas especies ? Aparte de gastar millones de euros tomando medidas totalmente ineficaces cabría preguntarse si no estamos intentando frenar un fenómeno irreversible que, además, va de la mano del cambio climático. Muchos de nuestros bosques están muriendo por culpa del cambio climático. ¿ Tiene algún sentido luchar contra la llegada de plantas mejor adaptadas a las nuevas condiciones climáticas ? No creo que sea ninguna coincidencia que la expansión del ailanto, presente en la Península desde hace más de dos siglos, coincida con la subida de las temperaturas estas últimas décadas. Lo mismo pasa con las acacias en Galicia, sea dicho de paso.

      Me temo que aún hay demasiadas preguntas sin respuesta a las que no lograremos responder mientras no aceptamos que algo está cambiando. Un cambio de gran calado que va a modificar gran parte de nuestros ecosistemas. Dentro de pocas décadas, me temo que el ailanto será el último de nuestros problemas. Puede, incluso, que entonces agradezcamos su presencia...

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  7. No me convence mucho el artículo. He leído otros artículos muy muy documentados defendiendo auténticas aberraciones ecológicas.
    Dejando aparte que comparando con la belleza del roble, el castaño, el fresno, el álamo o el olmo por ejemplo, el ailanto personalmente me parece tan bonito como un trapo viejo y sucio. Pero esto es opinión personal. Saludos.

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    1. Aberraciones ecológicas fueron algunas plantaciones que se hicieron a expensas de nuestros bosques autóctonos. En este caso estamos hablando de una especie que se está expandiendo por sí sola, aprovechando los nichos ecológicos que los hombres hemos creado alrededor de nuestras ciudades. De hecho, en esos espacios tan solo el olmo de Siberia (otra especie exótica de origen asiático) compite con el ailanto. No conozco ninguna especie de árbol autóctona que sea capaz de colonizar esos espacios. ¿ Aberración ecológica ? La expansión del ailanto me parece, muy al contrario, de una lógica implacable desde el punto de vista ecológico. Llena un vacío en realidad, aunque en entornos ribereños sí que compite con especies autóctonas. De ahí a considerar esa especie una peligrosa invasora hay un paso que yo me resisto a dar. Mi horizonte son los descampados que rodean mi barrio y viendo crecer en ellos pequeños bosquetes de olmos y de ailantos, personalmente agradezco su presencia...

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  8. Depende de qué consideremos como invasor. Si tenemos un jardín y en el de al lado tiene brotes de un ejemplar que tengamos plantado en el nuestro pues si es invasora. Aunque se pueda controlar... pero las raices expandidas ahí están.

    Luego tambien está el cómo invade. No es lo mismo en Madrid que en Cordoba, p.ej.

    Mucho más aberrante me parece que en el único monte de Ceuta sustituyeran los bosques de Quercus con eucaliptos.

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  9. Viendo los problemas que padecemos con la deforestacion la posible desertizacion de nuestro pais me parece que el Ailanto no es ningún problema, mas bien tiene cosas positivas, un árbol que consigue sobrevivir y reproducirse en lugares degradados y contaminados y que en bosques autóctonos y bien conservados no suele entrar no se le debe considerar un peligro, el peligro real es la pérdida de nuestros bosques y no que un árbol aloctono crezca en descampados y cunetas de carreteras! Y mas aún habiendo constatado que dicho árbol ya.estuvo presente en toda Europa!

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