jueves, 20 de abril de 2017

El pitósporo y el bonetero del Japón a la conquista del Levante



Hace algunos años, paseándome por la calle principal de la playa de Moncofar (Castellón) observé un curioso detalle al que no di entonces demasiada importancia. Sobre el tallo de una palmera, surgiendo entre las bases cortadas de dos hojas, vi lo que parecía una rama pinchada en el tronco de la palmera. Provista de hojas lustrosas de forma típicamente obovada, no me resultó difícil reconocer un arbusto que estaba presente a pocos metros en los jardines vecinos. Como podéis observar en la fotografía que reproduzco a continuación se trataba en efecto de un jovencísimo ejemplar de pitósporo que germinó sobre el tronco de la palmera, como hacen otras muchas especies de plantas. Al año siguiente la "ramita" había desaparecido, víctima de una limpieza efectuada por el servicio de jardinería del ayuntamiento. Me quedé, sin embargo, con la sospecha de que esa especie probablemente era capaz de colonizar los medios que le eran favorables.



Queriendo comprobar este verano si las palmeras seguían colonizando los terrenos abandonados alrededor de la ciudad, me adentré en un pequeño naranjal abandonado en el que se había desarrollado ya un estrato arbustivo que en algunos tramos llega incluso a impedir el paso de una persona. A eso hay que añadir el considerable desarrollo que llega a alcanzar la madreselva y la cola de caballo, dos especies trepadoras que tras algún tiempo llegan a cubrir por completo los naranjos. En algunos lugares de esta misma región se unen a esas dos especies una liana exótica muy temida que alcanza un desarrollo muy importante: Araujia sericifera. No fueron palmeras, sin embargo, lo que llamó de inmediato mi atención en ese naranjal. Creciendo en la base de los naranjos, distintas especies de arbustos se han hecho fuertes en el “sotobosque” del naranjal, alcanzando en algunos lugares el mismo tamaño que los propios naranjos. Una de ellas es un representante de la vegetación original del lugar. Se trata del labiérnago, perteneciente a la familia del olivo y también ocasionalmente cultivada. Las demás especies, sin embargo, son más sorprendentes...



La especie que más llama la atención, por su porte y la peculiar disposición de sus hojas, es el pitósporo. Presente por doquier en el naranjal y en distintos estadios de desarrollo, resulta evidente el papel de las aves en su difusión, observándose el pitósporo casi exclusivamente en los naranjales abandonados y desarrollándose por lo general al pie de los naranjos. Tan solo me encontré un único ejemplar de pitósporo en un terreno abierto, donde las aves que transportan sus semillas no suelen transitar. Casi tan abundante como el pitósporo, el bonetero del Japón pasa sin embargo más desapercibido, teniendo sus hojas un color tierno muy parecido al de las hojas nuevas del naranjo. Su presencia queda más manifiesta en zonas en las que los naranjos se han secado por completo. Aunque pertenecen a familias diferentes, ambas especies comparten sin embargo algunas características que explican probablemente que ambas especies colonicen los mismos medios y que lo hagan siguiendo más o menos las mismas pautas. La similitud más evidente es el fruto y el modo de propagación de las semillas. Como se puede observar en las dos fotografías a continuación, el fruto de ambas especies es una cápsula que al abrirse libera unas semillas muy llamativas de color rojo-anaranjado que las aves consumen.


    

Esa dispersión ornitócora de las semillas también explica la presencia de otras especies exóticas menos abundantes en el naranjal como pueden ser la palmera canaria (Phoenix canariensis) y el molle (Schinus molle), ambas cultivadas con frecuencia en las zonas urbanas de esta región. Sería interesante ver como ese naranjal sigue evolucionando y como se desarrolla un tipo de vegetación absolutamente nuevo. Visto lo visto, probablemente acabaría formándose un bosque perennifolio de pitósporo, bonetero, molle y labiérnago dominado por los estípites de las palmeras canarias. Que ese naranjal haya permanecido en este estado hasta ahora probablemente sea una consecuencia inesperada de la crisis. Dudo mucho que este pequeño “neobosque” sobreviva por mucho tiempo. Resultaría, sin embargo, muy interesante observar su evolución, por mucho que las especies que ocupan ese naranjal sean especies exóticas absolutamente denostadas por los naturalistas más ortodoxos. De cara al futuro, creo sin embargo que el estudio de casos como éstos tiene mucha relevancia y podría enseñarnos mucho acerca de cómo se establecen nuevos equilibrios, por muy extraños que estos nuevos equilibrios nos puedan parecer…

sábado, 25 de marzo de 2017

Paleoautóctonas (1): Eucommia ulmoides

Con esta entrada inicio una pequeña serie de artículos dedicada a las especies de árboles que estuvieron presentes en nuestro país hasta el momento en que las glaciaciones cuaternarias hicieron desaparecer la mayor parte de ellas. El resultado de las glaciaciones fue un sensible empobrecimiento de nuestros bosques, hoy dominados por muy pocas especies (la mayoría de ellos por tan solo una especie). Nada que ver con los bosques del Plioceno o del Pleistoceno inferior, en los que convivían decenas de especies y que presentaban muchas similitudes con los actuales bosques de Norteamérica y de China, en los que sobrevivieron muchísimas más especies.



La primera especie que quisiera haceros descubrir es, como el ginkgo, originaria de China y tan solo debe a una particularidad única el haber sobrevivido hasta ahora. Se trata de un árbol de tamaño medio que sufrió una sobre explotación tan importante que llegó a desaparecer casi por completo en su hábitat primario. Lo que salvó este árbol de una completa desaparición es el hecho de tener interesantes propiedades farmacológicas y, sobre todo, el hecho de producir látex. Se trata, en efecto, del único árbol de las zonas templadas que produce látex. Una característica que pronto atrajo la atención de los investigadores extranjeros, que quisieron aclimatarlo en sus países para explotar su látex. Esas experiencias, sin embargo, no fueron demasiado concluyentes aunque se siga explotando con tal fin en China, donde el látex de la Eucommia se utiliza para diversos menesteres como para aislar cables o producir empastes dentarios.



Aunque se desconoce la ecología exacta de la especie, esta tiende a aclimatarse allá donde se cultiva, lo que no deja de ser una buena señal de cara a la recuperación de una especie que tuvo en el pasado una extensión muchísimo más amplia. Aunque esta especie sea e l último representante de un linaje que probablemente estuvo representado por distintas y variadas especies, el caso es que los fósiles más recientes de este género (Plioceno y Pleistoceno) suelen atribuirse casi siempre a esta especie o a su directo antecesor (Eucommia cf. ulmoides).

Eucommia ulmoidesFamilia: EucommiaceaeOrden: Garryales

Árbol de hasta 20 m de altura. Tronco de hasta 50 cm de diámetro; corteza gris-castaña, escabrosa. Ramas jóvenes de color castaño-amarillento, al principio pubescentes, pronto glabras; ramas viejas conspicuamente lenticeladas. Yemas de un color castaño rojizo brillante; escamas 6-8, de margen puberulento. Hojas con pecíolo de 1-2,5 cm, esparcidamente viloso; lámina de haz verde pálido con la edad, 5-15 x 2,5-7 cm, inicialmente cubierta de pelos castaños, luego solo pubescente a lo largo de los nervios; 6-9 pares de venas secundarias laterales y venación reticulada de menor orden ligeramente prominente por el envés y cóncavas por el haz. Flores masculinas con estambres de ca. 1 cm, glabros; filamentos ca. 1 mm. Flores femeninas con ovario de ca. 1 cm, glabro. Sámara 2,5-3,5 x 1-1,3 cm; estípite 2-5 mm, articulado; pedicelo 1-3 mm. Semilla 13-15 x ca. 3 mm.


Fue, en el Plioceno y a comienzos del Pleistoceno, una especie frecuente y abundante en buena parte de Europa y de la Península Ibérica, donde convivía con numerosas especies de árboles caducifolios y persistentes. En China es una especie rara y dispersa con un amplio rango ecológico, observándose su presencia en bosques mixtos, bosques aclarados, bosquetes, montañas bajas, crestas, valles, barrancos secos y campos (Flora of China). Se trata, por otra parte, de una especie ampliamente cultivada que tiene localmente tendencia a naturalizarse. Vista la amplitud ecológica que demuestra, es muy probable que esta especie estuviese presente en nuestro país en una amplia gama de ecosistemas, tanto de la región mediterránea como eurosiberiana.


Se trata de una especie muy raramente cultivada en nuestro país. Existen, que yo sepa, dos ejemplares en el Real Jardín Botánico de Madrid (uno de ellos ya bastante crecidito) y... poco más. No he encontrado, en todo caso, ninguna referencia a otros ejemplares en otras regiones. Resulta curioso, en cualquier caso, que esta especie no haya despertado hasta ahora la curiosidad de nuestros ingenieros forestales. Claro que nadie era consciente hasta hace poco que esta especie fuese tan frecuente en nuestros bosques en aquella época. Ya veremos cómo se comportarán las Eucommias que sembré sobre mi terraza...