jueves, 24 de mayo de 2018

Paleoautóctonas (9): Glyptostrobus pensilis

Evocaba, en un post anterior, al ahuehuete, árbol nacional de México presente a orillas de muchos ríos en ese país y particularmente bien adaptado a nuestro clima mediterráneo continental. Un pariente próximo del ahuehuete, el ciprés de los pantanos, a veces considerado como la misma especie, forma hoy en día unos bosques absolutamente únicos en las zonas pantanosas de las llanuras litorales del sur de Estados Unidos y del valle del Mississippi Todos conocemos esos bosques, en los que Hollywood ha ambientado muchas películas, y estos nos parecen algo exótico, totalmente ajeno a lo que conocemos. Los estudios de paleobotánica, sin embargo, han demostrado desde hace ya muchos años que tales bosques también estuvieron presentes en nuestro continente antes de que las glaciaciones acabaran con ellos.


Ramillas del ciprés chino

La sorpresa que han deparado los estudios llevados a cabo en Europa, sin embargo, no fue que el ciprés de los pantanos estuviese presente en nuestro continente, sino que esa especie no estaba sola. Otra Cupresácea adaptada a vivir en el mismo tipo de ecosistemas convivió con el ciprés de los pantanos y fue, en muchos lugares, incluso más frecuente y más abundante que esa especie. Hablamos del ciprés chino (Glyptrostrobus pensilis), originario de las regiones subtropicales del SE de China y de Vietnam. Como el ciprés de los pantanos, esta especie está adaptada a vivir en zonas pantanosas y en los bancos de los ríos. Ese género estuvo presente, en el Terciario, en todo el Hemisferio Norte pero tan solo sobrevivió en un área muy reducida, en la que ni tan siquiera está claro que aún existan poblaciones realmente naturales. Afortunadamente, la especie se ha utilizado extensivamente para fijar los taludes de los arrozales y eso ha asegurado su supervivencia hasta la actualidad.


Conos fósiles de Glyptrostrobus europaeus (Mioceno, Hungría) / Hungarian Natural History Museum, europaeana collections


Los restos fósiles encontrados en Europa se han asignado a la especie Glyptrostrobus europaeus, que estuvo presente en todo el Hemisferio Norte hasta bien entrado el Pleistoceno. Fue en realidad ésta la especie dominante en las zonas pantanosas del continente europeo, siendo bastante abundantes sus restos en muchos depósitos europeos. El caso más extraordinario es el bosque fósil de Stura di Lanzo, en el norte de Italia y datado del Plioceno, en el que se han encontrado las diferentes partes fosilizadas del árbol (hojas, frutos, troncos), permitiendo reasignar a esta especie muchos restos que se habían descrito anteriormente bajo diferentes nombres. De esta especie proviene también, muy probablemente, la mayor parte de la lignita miocena explotada en la mina de Bükkábrány (Hungría).


Base de los troncos conservada en los sedimentos fangosos del Plioceno de Stura di Lanzo (Italia) / Fotografía: (ref)

Aparte de su abundancia en muchos lugares de Europa durante todo el Neógeno, cabe destacar también de esta especie su tardía desaparición en el este del continente europeo. Habría desparecido del delta del Emba (norte del Mar Caspio, Kasajistán) hace aproximadamente 26.000 años (1) y podría haber estado presente hasta el Holoceno en las zonas pantanosas de la costa meridional del Mar Negro (2).

Con la progresiva subida de las temperaturas en la Cuenca Mediterránea, no me parecería descabellada la idea de promover el regreso de esta especie (proxy) en nuestro continente. No tengo constancia de que nadie lo haya intentado pero no me parecería fuera de lugar el ciprés chino en lugares como Doñana o la Albufera donde, sea dicho de paso, ya está presente un pequeño bosquecillo de cipreses de los pantanos. Más teniendo en cuenta que esta especie está catalogada por la IUCN como en peligro crítico de extinción.



Por mi parte, no tengo por ahora una idea muy clara de si esta especie podría cultivarse en nuestro país. Intentaré comprar semillas este otoño para sembrarlas la próxima primavera. Si veo que la cosa va bien, intentaría entonces convencer al ayuntamiento de Moncófar (donde paso mis vacaciones) de permitirme plantarlos en algún solar sin contruir que se transforma en pantano buena parte del año.



(1) Richards K. et al. (2017) / Late Pleistocene to Holocene evolution of the Emba Delta, Kazakhstan, and coastline of the north-eastern Caspian Sea: Sediment, ostracods, pollen and dinoflagellate cyst records / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, Vol. 468, pp. 427–452
(2) Biltekin D. et al. (2015) / Anatolia: a long-time plant refuge area documented by pollen records over the last 23 Million years / Review of Palaeobotany and Palynology, Vol. 215, pp.1-22



martes, 1 de mayo de 2018

Rompiendo una lanza por el cedro, árbol autóctono olvidado



Cedros en la región de Targuist (Marruecos)


Iniciaba este blog hace ya siete años con un artículo dedicado al cedro del Atlas (El cedro, rey olvidado de nuestras montañas) que se podría publicar casi tal cual hoy en día. Lo único que cabría corregir es lo que decía acerca de su desaparición:

“No se sabe con toda certeza cuándo exactamente desapareció. Su presencia está bien documentada en toda la cuenca mediterránea durante el Mioceno. Más adelante, existen indicios de que pudo persistir en algunos refugios meridionales durante parte del Cuaternario. Se ha encontrado polen de cedro en sedimentos de ± 1 millón de años en el S de Francia y de Italia y aún más reciente en Sierra Nevada (turbera del Padúl). En este último caso, sin embargo, no está del todo clara la procedencia de los polenes analizados, que bien pudieran haber cruzado el estrecho.”

Pues bien, desde que publicara yo ese artículo se publicó un estudio que no dudaría en calificar de fundamental, dedicado a la evolución de la vegetación de la Sierra de Gredos durante el Holoceno (1). En uno de los registros sedimentarios analizados por estos autores (Cuerpo del Hombre), en efecto, el cedro aparece de manera más o menos continua aunque en bajas proporciones (5%) y desaparece junto al pino hace aproximadamente dos mil años, víctima de la deforestación sufrida por esta sierra.



Los autores del estudio afirman con razón que este registro polínico probablemente refleje la existencia local de una población relíctica de cedros. Lo afirman muy prudentemente, sin embargo, ya que existía hasta ahora un consenso casi generalizado acerca del origen eólico de los pólenes de cedro encontrados en sedimentos “recientes” (de menos de 1 millón de años). Sin embargo, creo que no se nos deben escapar dos hechos fundamentales:

1.- la cantidad de polen de cedro encontrada en este registro dista mucho de ser anecdótica. Aunque representa menos del 5% de las muestra, no hemos de perder de vista que nos encontramos en una zona en la que dominan otras especies anemófilas como son los pinos. Ya tiene que llegar mucho polen de cedro desde África para que alcance ese 5%.

2.- Relacionado directamente con el punto anterior, cabría esperar que tras viajar más de 1000 kilómetros todo ese polen estuviese presente de manera uniforme en los depósitos sedimentarios de esta región. ¿ Qué resultado arroja el análisis de los demás registros estudiados en la Sierra de Gredos ? Pues simplemente que en ellos no hay ni rastro de pólenes de cedro.

La conclusión, creo yo, es evidente e indiscutible: el cedro estuvo presente en la Península Ibérica hasta fechas muy recientes y su desaparición, al menos en la Sierra de Gredos, se debe a la deforestación llevada a cabo por el hombre. ¿ Qué significa ésto ? Muy simple: el cedro del Atlas debería ser considerado una especie autóctona en la Península Ibérica.



Grano de polen de cedro visto al microscopio electrónico / Bell, Benjamin (2018), “Cedrus pollen LM and SEM photos”, Mendeley Data, v1 http://dx.doi.org/10.17632/fvcb2mm95f.1


Habrá, claro está, quien no acepte la conclusión a la que llego. Esas personas tendrán, sin embargo, que dar una explicación alternativa creíble a los dos hechos fundamentales que explicaba anteriormente. Otros dirán que probablemente se trataría de otra especie de cedro, por aquello de encontrarle tres patas al gato. Viendo, sin embargo, como la inmensa mayoría de las especies de árboles del sur de la Península está presente a ambas orillas del estrecho de Gibraltar, parecería muy dudable la presencia de una especie diferente en la Península. Más teniendo en cuenta que la Península recibía en permanencia nubes de polen provenientes del Norte de Africa. O sea, un flujo continuo de genes que invalida por completo esa hipótesis.



Bosque de cedros del Mont-Ventoux (Francia) / Fotografía: Office de Tourisme de Bédoin


Ojalá a partir de ahora dejemos de considerar al cedro como una especie exótica que habría que eliminar de nuestros montes. Tenemos hoy, con el permiso del cambio climático, la oportunidad de reincorporar a nuestra flora un elemento tan valioso como el cedro. Aprovechémosla para incrementar la diversidad de nuestros bosques y contribuir, de esa manera, a aumentar su resiliencia. La diversidad es la clave de cara al futuro. El cambio climático será un temible enemigo si no entendemos que todo va a cambiar drásticamente en las próximas décadas. Si, en cambio, somos capaces de acompañar ese cambio y de adaptarnos a él, tal vez entonces seamos capaces de mitigar sus consecuencias. Especies como el cedro, desde ese punto de vista son una oportunidad de cara al futuro. No la desaprovechemos...



(1) Ruiz-Zapata1 M.B. et al. (2011) / Dinámica de la vegetación durante el Holoceno en la Sierra de Gredos (Sistema Central Español) / Bol. R. Soc. Esp. Hist. Nat. Sec. Geol., Vol. 105 (1-4), pp. 109-123