lunes, 12 de agosto de 2019

La incómoda idea del señor Darwin

Todos conocéis a Charles Darwin y sabéis que fue el padre de la teoría de la evolución, que revolucionó por completo la biología. Muchos sabéis que el desarrollo de esas ideas debe mucho a un viaje que realizó en el Hemisferio Sur que culminaría visitando las islas Galápagos. Esas islas son un auténtico laboratorio a cielo abierto en las que la evolución sigue su curso bajo la atenta mirada de los científicos. Pocos sabréis, sin embargo, que al volver de las Galápagos, Darwin hizo escala en la pequeña isla de Ascension, en medio del Atlántico, que llamó mucho su atención por su casi total ausencia de vegetación. Aquella isla era tan inhóspita que el alemán P. Osbeck llegó a escribir de ella en 1752 lo siguiente “I never saw a more disagreeable place in all the world than this island” (No he visto nunca un lugar más desagradable que esa isla en todo el mundo). Sabiendo que en aquella época tan solo había en la isla unas 29 especies de plantas nativas, ninguna de ellas arbórea o leñosa, se entiende mejor la impresión de desolación que debió causarles aquella isla.




El Beagle a su paso por el Estrecho de Magallanes



Sugirió más adelante Darwin a su amigo Joseph Hooker, futuro director de los Reales Jardines Botánicos de Kew, plantar arboles y plantas que lograran mejorar las condiciones de vida en esa isla. La idea no cayó en saco roto y a partir de mediados del siglo XIX se inició un programa de plantación de especies provenientes de distintos lugares del mundo en las zonas más altas de la isla, a priori más húmedas y más favorables a su establecimiento. El éxito fue rotundo. Hoy en día una espesa selva cubre parte de la “Green Mountain”, cuyo nombre refleja perfectamente lo ocurrido sobre esa isla. El éxito de esa idea, sin embargo, incomoda mucho a los biólogos conservacionistas, que no aceptan la idea de que auténticos ecosistemas funcionales sean capaces de desarrollarse en tan poco tiempo y de perdurar. Algunos, incluso, han llegado a afirmar que la vegetación desarrollada no tenía ningún futuro y que pronto desaparecerá. Las observaciones de terreno, sin embargo, demuestran más bien lo contrario, tal como sugieren los dos mapas que muestran el número de especies observadas en la isla en 1958 y en 2008. El número de especies ha aumentado en gran parte de la isla, demostrando que estamos aún muy lejos de haber alcanzado un estado de equilibrio. Resulta curioso constatar que siglo y medio más tarde, las ideas del señor Darwin siguen levantando ampollas...



De forma natural, las especies se han distribuido en 3 pisos de vegetación que reflejan la distribución de las precipitaciones según la altitud. El número de especies aumenta progresivamente hasta alcanzar un total de 139 especies en la cima de la principal elevación de la isla (Green Mountain):



< 330 m

Zona seca constituida por parches de hierbas como Ageratum conyzoides y Enneapogon cenchroides y arbustos resistentes a la sequía como el mezquite (Prosopis juliflora) y el falso tabaco (Nicotiana glauca). En las zonas costeras, que reciben aportes de sal, se pueden ver especies como Heliotropium curassavicum , Argemone mexicana y Chenopodium murale.




Hojas e inflorescencias de Prosopis juliflora / Fotografía: B.navez / Licencia: CC BY-SA 3.0



330-630 m

Este piso está dominado por especies arbustivas como la trompeta de oro (Tecoma stans) y el guayabo (Psidium gojava) en asociación con la chumbera (Opuntia vulgaris), en retroceso tras la introducción de Cactoblastis cactorum, una polilla que lo ataca.




Flores de la trompeta amarilla (Tecoma stans, / Fotografía:



> 630 m

Las zonas más elevadas de la isla son también las más húmedas y en ellas se han asentado la mayoría de las especies, que han constituido un auténtico bosque tropical. Al haberse hecho muchos ensayos en este piso, éste resulta ser mucho más heterogéneo que los pisos subyacentes. Aquí crecen especies como el café (Coffea arabica), el platanero (Musa sp.), la higuera (Ficus microcarpa), Pandanus utilis, el podocarpo del Cabo (Podocarpus elongata), el pino de Norfolk (Araucaria heterophylla) y Elaeodendron capense. En el sotobosque crecen especies como Clerodendron fragrans, Alpinia zerumbet, Pteris cretica, hibridos de Bouganvillea, Hippeastrum reginae, Bambusa sp, Furcraea gigantea, Clidemia hirta, Rubus rosifolius, Mirabilis jalapa, Ageratum conyzoides , Physalis peruviana , etc. Los bosques formados en esta zona nubosa ofrecen condiciones ideales y un hábitat idóneo para muchas briofitas y helechos endémicos, que antes vivían sobre las rocas y que dependen ahora para sobrevivir de la existencia de esos bosques noveles.




Inflorescencia de la azucena de porcelana (Alpina zerumbe), Green Mountain, Ascensión / Fotografía: Drew Avery / Licencia: CC BY 2.0



Además de las plantas, la isla también cuenta con algunas especies de vertebrados introducidas voluntariamente o accidentalmente y cuya presencia desempeña un papel importante para algunas especies de plantas. El mayor animal "terrestre" nativo de la isla es, en realidad, un cangrejp que se alimenta exclusivamente de plantas. Existen sin embargo poblaciones ferales de asnos, ovejas, ratones y ratas. Los gatos, en cambio, han sido totalmente erradicados de la isla. Las aves introducidas son poco numerosas pero desempeñan un papel fundamental en la dispersión de muchas semillas.

¿ Porqué despierta tanto interés la vegetación de esa isla ? Sobre todo porque viene a demostrar que especies que no han coevolucionado son perfectamente capaces de convivir y de constituirse en un ecosistema funcional en el que cada especie ocupa los nichos disponibles y desempeña una función particular. De cara al futuro y a la recuperación de tierras degradas, este ejemplo nos demuestra que es posible recuperarlas utilizando las especies adecuadas, capaces de prosperar en ellas y de contribuir activamente a su recuperación. Hoy en día la isla de Ascensión se pone a menudo como ejemplo del desarrollo de ecosistemas noveles. Ecosistemas en los que especies que nunca habían convivido unas con otras son capaces de interactuar y de asumir funciones en el ecosistema que permiten su normal funcionamiento. Asumir esa realidad cambia por completo la idea que nos hacemos de las especies exóticas y de la manera en que se tienen que gestionar las especies invasoras y esa es una perspectiva que a muchos conservacionistas les resulta aterradora.




Pequeño bosque de bambú en la cima de la Green Mountain, en la isla de Ascensión / Fotografía: dizzyshell42



En muchas regiones del mundo, la sobre explotación de los recursos naturales y de la tierra por el hombre ha llevado a la destrucción de los bosques primarios y en última instancia a la desertificación. Obsesionados por preservar a toda costa los reductos de bosque primario, la comunidad científica y los grupos ecologistas no han prestado hasta ahora mucha atención a un fenómeno en auge que, lejos de suponer una amenaza, resulta más bien esperanzador de cara al futuro: el desarrollo de ecosistemas noveles en los que, gracias a la llegada e implantación de nuevas especies, logra mantenerse el normal funcionamiento del ecosistema. Evocábamos en un anterior artículo el caso de Puerto Rico, que ha recuperado buena parte de sus bosques desde mediados del siglo XX gracias a la presencia de árboles exóticos. Como vimos en aquél artículo, no solamente esos bosques secundarios han logrado restablecer todos los servicios ecosistémicos que prestaba el bosque primario sino que además favorece ahora la recuperación de algunas especies del bosque primario, que encuentran en esos bosques secundarios las condiciones necesarias a su desarrollo. Ojalá ejemplos como los de Puerto Rico y de Ascension nos hagan reflexionar un poco y logren convencernos de que la involución autoctonista que parece haberse apoderado de muchas mentes no nos lleva a nada bueno...

jueves, 8 de agosto de 2019

Paleoautóctonas (23): Podocarpus



Frutos de Podocarpus macrophyllus en el Real Jardín Botánico de Madrid.


Al observar sus frutos y sus hojas hace años en el Parque del Retiro, me costó un poco realizar que el arbolito que estaba observando era, en realidad, una conífera. El fruto es, en efecto, una de las características más llamativas de las especies pertenecientes a la familia de las Podocarpáceas. La semilla, portada por un pedúnculo y un receptáculo engrosado constituido por la fusión de varias brácteas, parece una drupa, al estar cubierta por una capa externa carnosa. Se trata de una familia constituida por unas 170 especies distribuidas principalmente por las regiones tropicales y subtropicales, a menudo en zonas montañosas. Aunque la mayoría de las especies viven en el Hemisferio Sur, también se extiende esta familia hacia el norte en regiones como China, Japón, México, Centroamérica y el Caribe.




Mapa de distribución de la familia de las Podocarpaceae. Angiosperm Phylogeny Website.



La presencia de este género en las zonas templadas del SE asiático, donde tantísimos géneros han encontrado refugio durante las glaciaciones, es un claro indicio de que ese género debió de tener un área de distribución mucho más amplia en el pasado. Los indicios de su presencia en Europa a finales del Terciario (Plioceno) y principios del Cuaternario (Pleistoceno) no son muy abundantes y apuntan, tal como muestra el mapa a continuación, a que este género probablemente ya había desaparecido de las partes más occidentales del continente en el Plioceno. El género se mantiene durante el Cuaternario Inferior en el norte de la Península Itálica, el este de la cuenca mediterránea y la región del Cáucaso y del Mar Negro.




Aunque se trata de un género relativamente frecuente en las regiones tropicales y subtropicales, los Podocarpus no suelen ser elementos dominantes de los bosques en los que viven, sino que aparecen de forma dispersa. La mayoría de las especies es propia de climas húmedos y parece evidente que la aridificación de la región mediterránea tuvo algo que ver con la premura con la que este género desapareció de esta región.


PodocarpusFamilia: PodocarpaceaeOrden: Cupressales

Árboles y arbustos perennifolios, dioicos. Hojas alternas, espiraladas, a veces subopuestas y dispuestas en un solo plano, ± monomórficas, lineares, lanceoladas u ovadas-elípticas, ápice agudo o mucronado, nervio central a menudo sobresaliente en una o en las dos superficies, estomas presentes en el envés; hojas juveniles similares a las hojas adultas pero con frecuencia más grandes o más anchas. Estróbilos masculinos, axilares, solitarios o en fascículos, sésiles o cortamente pedunculados, rodeados en la base por varias escamas estériles; microsporofilos numerosos, imbicados, dispuestos en espiral, sacos polínicos 2 en la cara posterior y terminando en un apículo triangular. Estróbilos femeninos por lo general axilares, raramente terminales, solitarios, con un receptáculo carnoso formado por la fusión de dos o más brácteas portando el óvulo exerto, envuelto por un segundo tegumento (epimacio). Semilla de maduración anual, drupácea, seca o correosa, subesférica o elipsoidal, más o menos apiculada, encerrada en una testa doble (epimatio), la interna de consistencia leñosa y la externa carnosa, a veces coloreada y suculenta.

Descripción:  Flora of China & FLORA DEL BAJÍO Y DE REGIONES ADYACENTES




Se cultivan distintas especies de podocarpos en los parque y jardines de la Península pero, debido a sus exigencias ecológicas, no muestran estas especies ninguna tendencia a naturalizarse. La sequía estival y el frío excesivo en invierno son dos factores limitantes para estas especies. A priori, tan solo la fachada atlántica de la Península pudiese ofrecer, hoy en día y muy localmente, las condiciones necesarias para el desarrollo natural de alguna especie de podocarpo. En un futuro, con la subida de las temperaturas -fundamentalmente invernales- tal vez buena parte de Europa Central pudiese convertirse en potencialmente favorable para ellas.




Podocarpus macrophyllus de los Jardines del Real e Valencia. Foto: arbolesconhistoria.wordpress.com



Quienes quieran ver podocarpos en la Península Ibérica deberían en primer lugar visitar los parques de Barcelona, ciudad que alberga algunos de los ejemplares más espectaculares que se pueden ver. Se trata fundamentalmente de podocarpos de hoja de adelfa (Podocarpus neriifolia), que se pueden observar en el parque de la Ciutadella, el zoo, la plaza de Pío XII, el jardín de la Universidad Central o el paseo de Pedralbes, por citar tan solo los lugares más importantes. Un bonito ejemplar de Podocarpus macrophyllus se puede observar, por otra parte, en el parque de aclimatación de Montjuich. Un amplio reportaje fotográfico dedicado a los podocarpos de esa ciudad se puede ver en el blog Árboles con alma. En Madrid los podocarpos son menos frecuentes. Se pueden ver un par de ejemplares de P. nerrifolia en el Parque del Retiro, cerca de la salida que da a la calle de la Estrella y varios ejemplares de P. macrophyllus en el Real Jardín Bitánico. De esta última especie también cabe citar un ejemplar catalogado como árbol de interés local en los Jardines del Real en Valencia. En las regiones de influencia atlántica, como Portugal y Galicia, se cultivan las mismas especies y se pueden ver otras especies mucho menos frecuentes como Podocarpus totara (Parque de Lourizán) o Podocarpus manii (=Afrocarpus manii) en el Jardín Botánico Tropical de Lisboa.




Inflorescencias masculinas de Podocarpus macrophyllus, Prefectura de Chiba, Japón / Fotografía: Wikimedia Commons



Poca cosa os puedo decir de su cultivo, que nunca he intentado. Si alguien tiene alguna experiencia en ello, que no dude en contárnoslo en los comentarios de esta entrada, abiertos a la participación de todo aquél que quiera dejar una opinión acerca de esta entrada o del blog.