martes, 15 de enero de 2019

El bosque imposible

¿ Podría, en nuestro país, contribuir el eucalipto (Eucalyptus globulus) a regenerar un bosque natural y formar parte de él como un elemento más ? El 99,99 % de las personas a las que preguntaréis esto os contestará que es absolutamente imposible. Os dirán que el eucalipto es una peligrosísima especie exótica invasora que es necesario erradicar por completo de nuestros montes. Os dirán que tiene la culpa de los incendios que asolan peródicamente Galicia. Os contarán que allá donde se plantan eucaliptos los suelos se echan a perder. E invariablemente acabarán recordándoos que se trata de una especie que consume mucha agua y recursos y que no deja crecer a ningún competidor...


El eucalipto (Eucalyptus globulus) se ha plantado masivamente en toda la fachada atlántica de la Península Ibérica para fines esencialmente productivistas. / Fotografía: José Antonio Gil Martínez / Licencia: CC BY

Imaginad ahora un bosque en el que dominarían viejos y enormes eucaliptos destacando por encima de un bosque de frondosas autóctonas. Un bosque rico y diverso rebosante de vida en el que el eucalipto no solamente no perjudica a las demás especies sino que ayuda el bosque autóctono a regenerarse. ¿ A que parece algo absolutamente imposible ?. Pues bien, tal bosque existe. Se trata de un pequeño eucaliptal de Galicia conocido como el Souto da Retorta y situado a proximidad de Chavín (Lugo). Los eucaliptos que lo constituyen fueron plantados hace ya más de 130 años. Muchos de ellos superan ya los 70 metros de altura. Entremedias crecen especies del bosque autóctono formando un segundo dosel arbóreo que alcanza los 30 a 40 metros de altura. En este bosque la regeneración del eucalipto es escasa, siendo dominado el sotobosque casi exclusivamente por especies autóctonas como los robles y el castaño. Un bosque de una riqueza y belleza tan sorprendentes que ha sido protegido por la Xunta de Galicia que es hoy en día la propietaria legal de este bosque. Un eucaliptal declarado reserva natural. Volved a leer esta última frase. Si no se os cruzan los cables y si vuestra mente no se queda en blanco al repetirlo, entonces significa que sois capaces de seguir con esta lectura sin correr el riesgo de que un ataque de ira os provoque ningún derrame cerebral...


Vista del eucaliptal de Chavín / Fotografía: adrian_1985

Este pequeño eucaliptal de apenas 3 hectáreas fue plantado a finales del siglo XIX por un empresario catalán afincado en Chavín para evitar problemas de erosión en los márgenes del río Landro y drenar las tierras húmedas de aquella zona. El éxito fue tal que hoy en día algunos de estos árboles, como o avó (el abuelo), son probablemente algunos de los árboles más altos de Europa. El Souto da Retorta es uno de los pocos lugares de Galicia en los que no se plantaron eucaliptos para producir madera y uno de los pocos lugares en los que se puede apreciar cual es el impacto real del eucalipto sobre nuestros ecosistemas. Y lo que se puede observar en Chavín contradice en gran medida algunas de las afirmaciones que se suelen hacer acerca de los eucaliptos:

1) El eucalipto es una especie invasora capaz de invadir nuestros bosques y de suplantar la vegetación autóctona. El bosque de Chavín, curiosamente, demuestra todo lo contrario. No solamente no se observa regeneración natural del eucalipto en el sotobosque, sino que han sido las especies autóctonas las que han "invadido" este bosque y constituido un dosel arbóreo intermedio bajo la copa de los eucaliptos. De todos modos, no son los eucaliptos unas especies que destaquen particularmente por su poder de propagación. Los individuos naturalizados no suelen crecer a mucha distancia de los individuos cultivados.

2) La hojarrasca del eucalipto impide la germinación de cualquier otra especie, convirtiendo estos bosques en auténticos desiertos de vida. El resultado, como hemos visto en el punto anterior, salta a la vista. Es cierto que la hojarrasca del eucalipto no es de buena calidad y no se descompone fácilmente pero tal como han demostrado estudios comparativos, no es exclusivo del eucalipto. La hojarrasca del haya, por ejemplo, es aún peor que la del eucalipto y quien haya paseado en un hayedo casi puro sabrá que estos bosques no se caracterizan, precisamente, por su riqueza florística.

3) El eucalipto es un gran consumidor de agua capaz de secar manantiales y arroyos. Lo cierto es que si bien la presencia de los eucaliptos en parte logró el objetivo que se había fijado el dueño del terreno, no ha perdido el lugar nada del carácter húmedo que tenía. La terrible "sed" del eucalipto ni tan siquiera ha impedido que otras especies exigentes como los robles se instalen y crezcan absolutamente normalmente. El lugar, me diréis, es particularmente favorable y os doy toda la razón. No es éste el lugar más apropiado para dirimir esta cuestión....

4) El eucalipto favorece los incendios. En sí, el eucalipto no es más o menos propenso que otras especies a arder. La persistencia de este bosque demuestra claramente que en situación de humedad alta, el eucalipto no se quema. También nos demuestra que el problema de muchos bosques de eucalipto no son los eucaliptos en sí, sino la importante cantidad de "maleza" que se desarrolla en el sotobosque. Tal como se puede ver en el Souto da Retorta, los eucaliptos dejan pasar mucha luz, y eso permite el desarrollo de muchos árboles y arbustos entre los eucaliptos. Lo que aquí es una bendición, en otros lugares y bajo condiciones de extrema sequía puede convertirse en un cócktel explosivo...


O avó, considerado durante mucho tiempo como el árbol más grande de Europa, hoy en día protegido para evitar que las repetidad visitas acaben alterando el subsuelo y poniendo en peligro la supervivencia de este excepcional ejemplar / Fotografía: adrian_1985

El bosque del Souto da Retorta desmonta, creo yo, algunos mitos muy anclados en el subconsciente de muchas personas. Nos han repetido tanto ese mantra de que el eucalipto era malo que hasta cuesta asimilar que bosques como el de Chavín sean posibles. No existen especies intrínsecamente malas. En muchos casos, el impacto negativo de algunas especies, sobre todo cuando hablamos de especies arbóreas, es fundamentalmente un problema de mala gestión. Plantadas en cantidades razonables y sin afán productivista, muchas especies pueden perfectamente generar riqueza y contribuir a largo plazo a restaurar nuestros ecosistemas naturales. Se demoniza con demasiada facilidad a las especies exóticas, atribuyéndoles muchas veces la culpa de problemas que tienen otras causas. Acusar al eucalipto de ser una especie invasora porque se ha plantado masivamente en montes que hemos arrasado es un atajo mental inaceptable. El estudio de contraejemplos como éste, desde este punto de vista, es particularmente interesante e importante, ya que permite comprobar qué hay de cierto en todo lo que se dice acerca de esta vilipendiada especie.

Viendo como pululan hoy en día en Galicia (y en otras regiones) iniciativas como las de las "brigadas deseucaliptizadoras", me temo sin embargo que se está apostando más bien actualmente por tirar al bebé con el agua del baño sin tener en cuenta los resultados de experiencias como las del Souto da Retorta, que por ahora goza de protección por parte de la Xunta. Pero viendo como está el patio, no sería de extrañar que algún día entren en él las motosierras de aquellos que opinan que el eucalipto no debería estar en aquél bosque que, sin embargo, ha contribuido a regenerar y transformar en lo que es actualmente.

martes, 8 de enero de 2019

El invasor amable

Cuando salgo de paseo por mi barrio o por los alrededores de Madrid, me llama siempre mucho la atención la frecuencia y la abundancia de un árbol que se está convirtiendo en el amo y señor de las zonas periurbanas y de los bordes de carretera. Un árbol duro y resistente curtido en las zonas áridas de Asía Central, de donde es originario. Cual Gengis Kan vegetal, se ha lanzado desde nuestras calles a la conquista de todas esas tierras ingratas que tan solo él y el tan vilipendiado ailanto son capaces de colonizar. El olmo de Siberia (Ulmus pumila) es, con diferencia, la especie exótica que ha conocido la mayor expansión en nuestro país durante las últimas décadas. Alrededor de Madrid está presente por doquier, contabilizándose probablemente millones de ejemplares. En comparación, el ailanto puede considerarse una especie relativamente poco frecuente. En mi barrio la relación entre ambas especies debe ser de 50 olmos por cada ailanto y puede que me quede bastante corto en esa estimación. El olmo de Siberia debería ser, visto lo visto, el número uno en todos las listas de especies exóticas invasoras. Curiosamente, ni tan siquiera aparece en la mayoría de esas listas que, en cambio, incluyen todas al ailanto. ¿ Existe alguna razón objetiva para considerar invasora una especie y no la otra ?



El fruto del olmo es una sámara que el árbol produce en cantidades incalculables y que son capaces de viajes a distancias considerables. En primavera se las encuentra por doquier.


Lo primero a tener en cuenta para entender esa diferencia de criterio es que el olmo de Siberia ha sido utilizado a menudo para sustituir en nuestras calles al olmo común, víctima de la grafiosis. El olmo de Siberia, en efecto, es resistente a esa enfermedad y se ha plantado masivamente en nuestras ciudades. El olmo de Siberia no solamente sustituyó al olmo común, sino que se hibridó extensamente con él hasta tal punto que resulta hoy casi imposible encontrar un olmo común de pura cepa, incluso en poblaciones salvajes. Tan solo los árboles más viejos de algunos jardines históricos pueden considerarse como auténticos olmos comunes. Todos los demás tienen en mayor o menor medida genes siberianos. Se pueden observar, de hecho, todas las formas intermedias entre ambas especies. Salvar al olmo común es pues una tarea muy difícil en la práctica.



Inflorescencia del olmo de Siberia (Barrio de Moratalaz, Madrid)


En la valoración que se puede hacer de las especies invasoras, el olmo siberiano es pues mucho peor que el ailanto, que no se hibrida con ninguna especie indígena. Erradicarlo, sin embargo, tendría un doble coste. Primeramente económico puesto que se trata de una especie ampliamente distribuída de la que existen millones de ejemplares de todas las edades que producen miles de millones de semillas cada año. Si cada olmo adulto produce decenas o cientos de miles de semillas, os dejo calcular la cantidad de semillas que se producen cada año. O sea, dicho de manera sencilla: su erradicación es absolutamente imposible. El otro coste de su eliminación sería el ecológico, ya que en muchos lugares este árbol ha constituido pequeñas poblaciones que han transformado radicalemnte el paisaje y favorecido la presencia de muchas especies animales y vegetales.



Pequeñas olmedas de olmos siberianos se están constituyendo en muchos barrios perfiéricos de nuestras ciudades. En estas formaciones arbóreas, el ailanto es un acompañante frecuente pero no es la especie dominate (Barrio de Moratalaz, Madrid)


Es pues el olmo siberiano el claro ejemplo de lo difícil que resulta "catalogar" las especies exóticas. Su poder de propagación es abrumador y el simple hecho de estar inmiscuyéndose poco a poco en el genoma del olmo común bastaría para considerarlo una peligrosísima especie invasora. Pero son tantos los efectos positivos de su presencia en tierras muy castigadas por la actividad humana que resulta realmente difícil repudiarla. De todos los olmos es sin ninguna duda la especie menos noble. una especie de plebeyo entre linajes de alta alcurnia. Pero de todas ellas es actualmente la única que demuestra tal vitalidad, siendo capaz de transformar por completo los paisajes de las zonas periurbanas.



Que el olmo de Siberia sea una especie exótica no le importa mucho a la galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola), que se ha visto lógicamente muy beneficiada por la expansión de esta especie.


Como se puede ver con este ejemplo, dictaminar que una especie exótica es invasora o no depende de muchos factores. El primer paso, muchas veces ignorado por los "cazadores de invasoras", es un estudio serio de los impactos tanto negativos como positivos de esas especies. La inmensa mayoría de las publicaciones actuales solo considera los impactos negativos y esa es una simplificación inaceptable de la realidad. El olmo de Siberia es un claro ejemplo de ello y estoy seguro que según vayan envejeciendo esas masas de árboles que han brotado por doquier serán cada vez más evidentes los impactos positivos de la presencia de esta especie que atrae, en mi barrio, a un sinfín de aves en busca de pequeños insectos de los que alimentarse. Puestos a llevar a juicio a las especies exóticas, lo mínimo que se puede exigir es que se les garantice una defensa honesta.