Modelo cuya característica esencial es la presencia de un eje principal ortótropo y monopodial, de crecimiento rítmico, del que nacen a intervalos más o menos regulares ramas con características similares a las del eje principal. Este modelo es uno de los primeros aparecidos a partir de los modelos monocaules que ya examinamos (Corner y Holtum) gracias a la capacidad nuevamente adquirida por esos vegetales de producir ejes secundarios (ramas) a partir de meristemas laterales.
A finales del Paleozoico se produjo un cambio drástico en la morfología de las plantas que estuvo muy probablemente relacionado con la importante disminución de la cantidad de CO2 en la atmósfera ocurrida en aquella época. Durante el Carbonífero, en particular, se acumularon enormes cantidades de carbono en los sedimentos, consecuencia de la secuestración de ese gas por una vegetación cuyos restos quedaron atrapados en los sedimentos y que son el origen de los enormes depósitos de carbón formados en aquella época. El propio nombre de Carbonífero lo delata. De esa época son las primeras plantas en desarrollarse de acorde a ese modelo (Hallé, 1978), tal como los Calamites arbóreos (Equisetales) que llegaron a alcanzar una altura de hasta 20 metros.
Alturas reales y reconstruidas y rangos bioestratigráficos de los árboles desde el Devónico Medio hasta el Pensilvánico (Gastaldo R.A., 2024). Los árboles en el Devónico eran monocaules y es en el Pensilvánico cuando aparecen por primera ves árboles con auténticas ramas laterales que no son el fruto de ninguna división dictómica de los tallos y ramas, como Arthtropitys striata (Calamitaceae, Equisetales).
De estar dominadas las floras del Palezoico por especies con una ramificación predominantemente dicotómica se pasó progresivamente a floras dominadas por especies monocaules (muchos helechos arborescentes y helechos con semillas) o con una ramificación mayoritariamente axilar. Este cambio lo propició la aparición y auge de grupos taxonómicos como las Pteridospermas y las coníferas (Voltziales y Pinales), que acabarían convirtiéndose en predominantes a partir del Triásico. Estas plantas con ramificación axilar estaban todas caracterizadas por el crecimiento monopodial de su tronco y el caracter ortótropo de sus ramas (modelos de Rauh y de Attims), apareciendo sin embargo también muy pronto plantas con ramas plagiótropas (modelo de Massart). El modelo arquitectural de Rauh parece ser el modelo arquitectural ancestral en las coníferas tal como muestra la comparación de los modelos arquitecturales observados en las distintas especies de este grupo:
Ramificación rítmica frente a difusa (continua) en un árbol filogenético que abarca aproximadamente el 80 % de las coníferas actuales. Chomicki G. et al. (2017).
También lo sugiere las reconstituciones hechas de coníferas del Triásico, como Telemachus, un género del triásico descubierto en la Antártida que pertenecía al órden de las Volziales:
Reconstrucción propuesta de los distintos órganos de una conífera del género Telemachus del Triásico, procedente de la actual Antártida. Bomfleur B. et al. (2013).
Este ejemplo nos demuestra pues que las coníferas llevan creciendo siguiendo este modelo arquitectural desde hace al menos 300 millones de años...
Este modelo arquitectural en realidad es uno de los más frecuentes, tanto en las coníferas como en las dicotiledóneas. Es muy frecuente, en particular, en las zonas templadas, en las que una larga lista de árboles crece de acorde a este modelo. Las especies más destacadas de esa lista son las del género Quercu, los pinos, los chopos y sauces, el nogal, los fresnos, los manzanos y perales, etc.
En las plantas que se desarrollan de acorde al modelo de Rauh los meristemas de los distintos ejes son relativamente indiferenciados. Todos los ejes son ortótropos y monopódicos, pudiendo cualquiera de ellos sustituir al eje principal en caso de interrumpirse su crecimiento (reiteración inmediata). En realidad es bastante raro observar en las zonas templadas algún árbol en el que el eje principal haya podido crecer ininterrumpidamente durante tooda la vida del árbol.
jóvenes álamos temblones (Populus tremula) en Zlatoust, región de Chelyabinsk, Rusia. Se aprecia claramente en estos jóvenes árboles que aún no han desarrollado reiteraciones el carácter rítmico, algo difuso, de la ramificación. / Autor: yaroslavmagazov / Licencia: CC-BY-NC.
En muchas especies de las zonas templadas, la estructura pronto se complica por la aparición de sucesivas reiteraciones adaptativas que permiten al árbol agrandar considerablemente su superficie foliar.
Es interesante destacar el hecho de que un modelo como el de Rauh, muy primitivo, es el que desarrollan durante su fase juvenil muchos árboles que acaban desarrollando modelos arquitecturales más complejos cuando aparece la sexualidad en posición terminal sobre los ejes, modificando por completo el modo en que los ejes se alargan. Esto se aprecia muy bien en especies como los arces, por ejemplo, tal como se puede ver en la fotografía a continuación.
Desde su base hasta casi el final, esta rama de arce blanco se desarrolla perfectamente recta, produciendo regularmente pares de ramas opuestas (debido a su filotaxis opuesta). Pero llegada a un cierto punto, esa rama se divide en dos. No, no se trata de una reiteración, sino de dos ramas laterales que han crecido tras abortar la rama principal. Y luego, cada una de eso dos ramas a su vez se divide en dos y así sucesivamente. Debido a la aparición de la sexualidad, el árbol ha cambiado su modo de crecer. De hacerlo sus ramas de forma monopodial, de repente lo hace de forma simpodial.
Esta es una de las razones que explican que en algunas obras se asignan los arces al modelo de Rauh, mientras que en otras se asignan al modelo de Scarrone. Es éste un buen ejemplo de que muchas especies a menudo son difíciles de encuadrar en un único modelo. Algunas especies pueden incluso desarrollarse de acorde a distintos modelos arquitecturales dependiendo de las condiciones medioambientales en las que crecen.








