Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Cambio climático

¿Invasoras?

Paleoautóctonas



El crecimiento del eje principal es monopodial y vertical. Ese eje no se ramifica y su crecimiento acaba cuando se desarrolla finalmente la inflorescencia en posición terminal. La floración y fructificación pone término al funcionamiento del meristema apical y tras ese último esfuerzo, la planta muere (al florecer y fructificar tan solo una única vez, se dice que la planta es monocárpica).



Palma de Ceilán (Corypha umbraculifera) en el SO de la India. / Dotografía: Vinayaraj / Licencia: CC BY-SA

El carácter monocárpico de las plantas en el modelo de Holttum no permite, claro está, que esas plantas alcancen una edad avanzada. En comparación con otros árboles, su vida es mucho más corta. Las palmas del género Corypha, que son entre las más longevas, apenas alcanzan una edad de 40-80 años. Muchas Agaváceas, en cambio, tan solo viven unos pocos años (del orden de 10-15) antes de florecer.



Pitas (Agave americana) en flor fotografiadas en Porto Covo, Portugal. / Fotografïa: Alvesgaspar / Licencia: CC BY-SA

Estas especies compensan la brevedad de su ciclo vital con una abundante fructificación y producción de semillas. Una estrategia muy similar a la de muchas especies herbáceas, entre las que este modelo es relativamente frecuente. En las plantas leñosas, este modelo de desarrollo se observa en distintas familias de Monocotiledóneas y, más raramente, de Dicotiledóneas, que a menudo tienen un porte parecido al de las palmeras debido a sus proporciones generalmente macizas y el gran tamaño de sus hojas.



En Verbascum thapsus el tallo no se ramifica y el crecimiento de la planta culmina con el desarrollo de una inforescencia compuesta a veces muy ramificada. Oftersheim, Alemania. / Autor: AnRo0002 / Licencia: Dominio Público

En nuestra flora, hay que irse a las Canarias para observar plantas leñosas que se adecuan a este modelo arquitectural. Es el caso de varias especies de tajinastes (género Echium) y de bejeques (género Aeonium).



Tajinaste Rojo (Echium wildpretii) fotografiado en el Parque Nacional del Teide, en la isla de Tenerife. / Fotografía: jltasset / Licencia: CC BY-NC.

A ellas hay que añadir las numerosas Agaváceas que se cultivan a menudo en la región mediterránea y que se naturalizan con cierta frecuencia. El modelo es en cambio relativamente frecuente en las especies herbáceas como las que ilustran este artículo.



En Saxifraga longifolia se forma primero un densa roseta de hojas alrededor del eje principal, que finalmente se alarga considerablemente desarrollándose una espectacular inflorescencia racemosa. Pirineos. / Autor: carmona rodriguez / Licencia: CC BY-SA.

El modelo lleva el nombre de R.E. Holttum, quien estudió el crecimiento de las monocotiledóneas, entre las que se incluyen muchas especies monocárpicas.


Hallé F. & Keller R. (2019) / Mais d'où viennent les plantes? / Éditions Actes Sud
Hallé F., Oldeman R.A.A. & Tomlinson P.B. (1978) / Tropical trees and forest. An architectural analysis / Springer Verlag, New York.
Holttum, R.E. (69, 101, 109, 119, 120, 304): Growth habits in monocotyledons. Variations on a theme. Phytomorphology 5, pp. 399-413 (1955)


El crecimiento del eje principal es monopodial y ortótropo. Ese eje normalmente no se ramifica y las inflorescencias aparecen en él lateralmente, sin impedir que el eje siga creciendo. La posición de las inflorescencias en relación con la corona vegetativa varía considerablemente y la caulifloria es común. La filotaxis suele ser espiralada, aunque es distica en Oenocarpus distichus. El crecimiento puede ser más o menos continuo (caso de una mayoría de especies) o marcadamente rítmico en algunas especies. En algunas especies como la papaya, pueden aparecer ramas que son en realidad reiteraciones diferidas que simplemente van a reproducir el modelo inicial monocaule.



Hojas naciendo en el centro de una inflorescencia femenina de Cycas revoluta, Maui, Hawai. / Autor: ImagePerson / CC BY

Este modelo arquitectural es muy antiguo, conociéndose desde el Devónico inferior. Se observa hoy en día en algunos grupos como las palmeras monocaules. También existe una gran variedad taxonómica de árboles dicotiledóneos tropicales que son monocaules y se ajustan a este modelo, aunque no alcanzan la altura y la edad que alcanzan muchas palmeras.



El modelo de Corner se observa con mucha frecuencia en la familia de las Arecaceae ("palmeras"). En esta fotografía podemos ver una palma azul (Brahea armata) con sus espectaculares inflorescencias fotografiada en el Parque de la Ciutadella de Barcelona. / Autor: Adrián Rodríguez / Dominio Público

En la región mediterránea son esencialmente palmeras los árboles que podemos ver desarrollarse siguiendo este modelo. La lista es larga y tan solo mencionaremos aquí las más frecuentes, que son también las que se naturalizan ocasionalmente en la Península: Phoenix canariensis, Washingtonia robusta, Washingtonia filifera.



Pie de papaya (Carica papaya) en el Acantilado de los Gigantes, Tenerife / Autor: H. Zell / Licencia: CC BY-SA

El modelo de Corner es uno de los más antiguos, habiéndose descrito plantas fósiles que tenían esta arquitectura desde el Devónico (Gimnospermas y helechos arborescentes). Sigue siendo hoy en día el modelo arquitectural de varias especies de helechos arborescentes y de muchas Cicadales hembra.

También se observa en muchas plantas herbáceas de las zonas templadas que no llegan a ramificarse, como es el caso de muchas especies de llantenes, por poner un ejemplo fácil de observar en nuestro país. La miniaturización de la planta hace que no sea tan evidente observar la arquitectura de esas plantas, más teniendo en cuenta que el eje principal puede llegar a ser bastante corto y estar en parte soterrado.



En especies como Plantago coronopus y otras especies del mismo género, el eje principal está en gran parte soterrado pero el modelo de crecimiento es efectivamente el de Corner, al haber un único eje central del que nacen tanto las hojas como las inflorescencias, siguiendo una filotaxis espiralada. Madrid, Barrio de Moratalaz. / Licencia: Dominio Público.

Lleva el nombre de E.J.H. Corner, antiguo profesor de Botánica de la Universidad de Cambridge, en reconocimiento a su labor como fuente de inspiración para los estudiantes de los árboles tropicales.


Hallé F. & Keller R. (2019) / Mais d'où viennent les plantes? / Éditions Actes Sud
Hallé F., Oldeman R.A.A. & Tomlinson P.B. (1978) / Tropical trees and forest. An architectural analysis / Springer Verlag, New York.


La característica definitoria del modelo de Bell son sus ejes basales horizontales, que pueden ser subterráneos o desarrollarse sobre la superficie del suelo. Los ejes subterráneos poseen entrenudos largos y portan hojas muy reducidas. Sobre estos ejes horizontales nacen ejes laterales que crecen verticalmente y que son los que portan las hojas que desempeñan la fotosíntesis y las inflorescencias. Estos ejes verticales secundarios pueden desarrollarse siguiendo distintos modelos arquitecturales.



Eje subterráneo (rizoma) de Paris quadrifolia, Polonia. / Fotografía: Kenraiz / Licencia: CC BY-SA

Este modelo es muy antiguo, conociéndose de distintas especies observadas en el chert de Rhynie, del Devónico temprano de Escocia (ver ilustraciones de Juliane Kiely). Esto se debe muy probablemente al hecho de que por aquél entonces las plantas aún no habían desarrollado un sistema radicular eficiente que les permitiese anclarse firmemente en el suelo, siendo mucho más fácil crecer horizontalmente y emitir ramas verticales desde los ejes subterráneos. De hecho, este modelo caracteriza aún hoy a plantas que colonizan suelos removidos o no consolidados como arenales o lodazales. También se observa con cierta frecuencia en especies nemorales que solo emiten tallos aéreos en primavera.



Reconstitución del aspecto que debían tener dos especies del chert de Rhynie, del Devónico temprano de Escocia, ilustradas por Juliane Kiely.

Aunque algunas especies de Calamites (Equisetales) construidas de acorde a este modelo pudiesen alcanzan un tamaño arbóreo en el Carbonífero, en la actualidad este modelo está representando esencialmente por plantas herbáceas tanto de las zonas templadas como tropicales. En ese mismo orden de las Equisetales, este modelo también se observa en las especies del género Equisetum ("cola de caballo"). No se observa, en cambio, en ninguna especie de las Gimnospermas. En las Angiospermas, aparece de forma esporádica en distintas familias. Podemos citar, en nuestra flora, especies como Carex digitata y Carex disticha (Cyperaceae), Paris quadrifolia (Melanthiaceae), Phragmites australis (Poaceae), Hedera helix (Araliaceae), Linnea borealis (Caprifoliaceae), Honckenya peloides (Caryophyllaceae), Lathyrus vernus (Fabaceae), Lysimachia nemorum (Primulaceae), Anemone nemorosa (Ranunculaceae) y Potentilla anserina (Rosaceae).



Los tapices de flores que cubren en primavera el suelo de los bosques de las zonas templadas se forman gracias al crecimiento de los tallos horizontales de muchas especies nemorales como la anémona de los bosques (Anemone nemorosa). Bosque de Sołtysowicki, Wrocław, Polonia. / Fotografía: Agnieszka Kwiecień, Nova / Licencia: CC BY-SA.

Un caso particular de plantas construidas según este modelo lo constituyen algunas lianas en las que los tallos inicialmente horizontales se convierten en trepadores y los ejes laterales son entonces horizontales. Es el caso de la hiedra (Hedera helix), por citar un ejemplo que podemos observar en nuestra flora.



Eje ramificado de una hiedra (Hedera helix). De estos ejes fijados sobre el substrato, nacen más tarde ejes horizontales que portan las inflorescencias. / Fotografía: Hladac / Licencia: CC BY-SA

El nombre de este modelo es un homenaje al botánico inglés Adrian D. Bell, que publicó varios estudios dedicados a los ejes subterráneos de las plantas.


Hallé F. & Keller R. (2019) / Mais d'où viennent les plantes? / Éditions Actes Sud
Hallé F., Oldeman R.A.A. & Tomlinson P.B. (1978) / Tropical trees and forest. An architectural analysis / Springer Verlag, New York.

Escuchando ayer un experto forestal repitiendo incansablemente en todas las cadenas de televisión que el cambio climático no ha sido el causante del incendio de los Gallardos y repetir una y otra vez que el problema era la acumulación de combustible, me he puesto a reflexionar sobre lo que dijo y he llegado a la conclusión de que ese señor fundamentalmente defendía el trabajo de su gremio. Insistía machaconadamente en el hecho de que la misma carga de combustible hace un siglo hubiese ardido de igual manera y que el problema pues era la falta de mantenimieto de nuestros bosques. El cambio climático no tendría absolutamente nada que ver según él. Miel sobre hojuelas para los negacionistas del cambio climático...

¿De verdad no tiene nada que ver el cambio climático en lo que pasó en los Gallardos? Lo primero que hay que tener en cuenta es el tipo de vegetación que ha ardido, que en la zona de este incendio eran fundamentalmente espartales y matorrales. Una vegetación abierta y dispersa que muy probablemente no ha variado mucho en un siglo. Puede incluso que fuese menos densa en la actualidad debido al marcado aumento de la aridez durante las últimas décadas. O sea, que el argumento de la acumulación de combustible realmente no aplica en este caso, pudiéndose a lo sumo pensar que la acumulación de combustible fue consecuencia de una primavera excepcionalmente lluviosa. Pero claro, eso no basta para que un incendio de tales dimensiones ocurra. Aún hace falta que se den condiciones de sequía excepcionales durante un largo periodo de tiempo y esto, se mire como se mire, lo facilita el aumento de las temperaturas y el alargamiento de los periodos de sequía. Vamos, que aún con la misma cantidad de combustible disponible hace un siglo (más que probable en este tipo de vegetación), la probabilidad de que esa vegetación se encontrase tan deshiratada era mucho menor que hoy en día. Vamos, que el aumento de las temperaturas sí que importa y mucho.


Tomo prestada esta infografía del periódico El Pais, que muestra muy bien la correlación existente entre el número de grandes incendios forestales y los días de ola de calor en la España peninsular. Dudo mucho viendo esto que pudiera producirse ningún megaincendio hace un siglo...

No es casualidad que incendios tan virulentos, con velocidades de propagación nunca vistas hasta la fecha, ocurran precisamente ahora. Y no solo en los Gallardos, sino en el mundo entero. No arde el bosque de Fontainebleau porque haya mucho combustible acumulado, sino porque gracias al cambio climático, hoy se dan las condiciones para que ese bosque arda. El carácter inédito de muchos incendios en Europa Central es la clara demostración de que el cambio climático está detrás de esas grandes olas de incendios, que casi siempre coinciden con periodos de olas de calor, cuya intensidad, frecuencia y duración no han dejado de aumentar durante las últimas décadas. ¿Limpiar el bosque evitaría la propagación de estos megaincendios? No, porque se ha visto muy claramente en los grandes incendios de estos últimos años que el fuego es capaz de trasladarse muy rápidamente a distancias considerables y de propagarse por zonas abiertas cubiertas de herbáceas por las que el fuego avanza a una velocidad asombrosa, tal como hizo en los Gallardos. Todo ello gracias a la falta de humedad que es consecuncia, fundamentalmente, de las altas temperaturas durante periodos prolongados.



Bureau of Meteorology, Australian Government

¿Ayudaría en la lucha contra los incendios mantener nuestros bosques limpios? Posiblemente. Pero no hemos de perder de vista que por si solo probablemente no sea suficiente además de suponer un esfuerzo y una inversión considerable. ¿Cuántos pueblos hay en España con extensísimas superficies de monte que hoy ya no se aprovechan debido a que apenas quedan vecinos activos? Cientos, tal vez miles. Es un combate perdido de antemano. Harían falta decenas de miles de personas para acometer un trabajo de limpieza tan faraónico y dudo mucho que nuestros hijos estén dispuestos a paterase nuestros montes durante meses a cambio de un salario que ni tan siquiera les permitiría salir de la precariedad. En tiempos en los que algunos reniegan de la inmigración y niegan la regularización a las personas que podrían aceptar este tipo de trabajo vale la pena preguntarse quien lo haría. Porque dudo mucho que los ancianos que asisten impotentes al declive de sus pueblos puedan acometerlo. Todo ello, como hemos dicho, sin ninguna garantía de que realmente sea efectivo...



El arrui es, en las zonas árias del SE de la Península, nuestro mejor aliado para luchar contra el desarrollo descontrolado de la vegetación. Claro que mientras sigan cayendo bajo las balas de los cazadores y ecologistas (que aunque no disparan son los autores intelectuales de la masacre), difícilmente podrán acometer ese trabajo de desbroce que son capaces de llevar a cabo...

La solución, creo yo, la tiene la propia Naturaleza. ¿Queremos menos combustible en nuestros montes? Pues dejemos de cazar aquellos herbívoros que podrían limitar el crecimiento de la vegetación. Pero claro, eso no es posible porque sería renunciar a una tradición profundamente arraigada. Queremos poder seguir cazando y, además, evitar que se quemen nuestros bosques tan fácilmente. Pues nada, yo tengo la solución: que se pongan a desbrozar nuestros montes los propios cazadores. Sería justo que quienes disfrutan matando los animales que podrían solucionar el problema hagan el trabajo que desempeñaban esos animales. ¿Que quieres abatir un ciervo? Pues desbroza una superficie equivalente al terreno que limpiaría ese ciervo. ¿Os imagináis que en vez de pagar sus cuotas anuales y licencias pidiésemos a los cazadores que se pasen semanas en el monte desbrozando? Acabaríamos con la caza en muy pocos años. Me llama lucho la atención, en todo caso, que en ese mismo SE de España se haya cometido estos útimos años una terrible masacre de la que muchos ecologistas espero que se estén arrepintiendo ahora mismo, porque de haber existido en los Gallardos una población de arruis bien asentada, quien sabe si ese incendio hubiese tenido la misma virulencia...

De todos modos, herbívoros o no herbívoros, la frecuencia de los incendios irá in crescendo en el futuro porque tal como hemos visto, su frecuencia va de la mano del cambio climático. La única verdadera solución para frenar esta tendencia es renunciar a los combustibles fósiles para evitar que sigan subiendo las temperaturas. Mientras eso no ocurra, me temo que "ajo y agua"...

A menudo calificado de árbol milagro por ser uno de los árboles de más rápido crecimiento que se conoce (al menos en las zonas templadas), la paulownia se ha plantado con cierta frecuencia estos últimos años en algunos distritos de Madrid. Y lo de la velocidad de crecimiento, créanme, no es ningún mito, ya que algunas de las que se han plantado hace apenas unos años en mi barrio ya tienen un porte arbóreo. Denles unos añitos más y las calles en las que se han plantado alineaciones de paulownias prometen convertirse en una auténtica atracción en primavera.

Lo que llama inmediatamente la atención en la Paulownia es la ausencia en su copa de un eje central monopodial claramente diferenciado del resto de las ramas. Todas las ramas son ortótropas, con hojas de filotaxis opuesta decusada. Tras crecer cada eje durante más o menos medio año, se desarrolla finalmente en su extremidad una inflorescencia que detiene definitivamente su crecimiento. Nuevas ramas aparecen por pares lateralmente en la extremidad de las ramas del año anterior al mismo tiempo que se produce la floración al comienzo de la primavera. Las ramas producidas son todas más o menos equivalentes en su desarrollo, recordando un tanto lo que pasa en la adelfa, cuyo desarrollo sigue el modelo de Leeuwenbergh. En el caso de la paulownia, aunque con cierta demora, una o varias ramas acaban convirtiéndose en dominantes y desempeñan el papel de eje portador, desarrollándose mucho más que las demás ramas (gracias al crecimiento secundario).



Inflorescencias del año en curso (2026) portadas por las dos ramas que se desarrollaron el año anterior tras florecer la inflorescencia del año anterior, cuyos frutos aún son visibles.



Apenas un mes más tarde, las ramas que nacieron en la base de las inflorescencias ya han sobrepasado por completo la inflorescencia. Distrito de Moratalaz, Madrid.

Esta transformación de las ramas en tronco o en ramas maestras es típica de los modelos arquitecturales modulares, como es el modelo de Koriba, aunque se haga en este caso sin una reorientación tan marcada como la que ocurre en el ailanto por ejemplo.


Tentativa de análisis arquitectural de una jóven Paulownia. Los colores indican en el esquema de la derecha la cronología del desarrollo de las ramas. Las ramas en verde clarito son las del 2025, en verde oscuro las del 2024 y en color caqui las del 2023.

La copa del joven árbol acaba conformándose sin tener que recurrir a las reiteraciones, que aparecerán mucho más tarde, cuando al árbol le toque reponer ramas tras la caída de las que se desarrollaron originalmente.



En estas dos ramas que apenas inician su crecimiento sobre las ramas del año anterior se observa claramente la filotaxis opuesta decusada de las ramas.

Morfología y arquitectura de las hojas

Hojas caducas, opuestas (ocasionalmente en verticilos de 3), simples, enteras, pecioladas. Limbo cordado, ca. 40 cm, de envés densamente a esparcidamente peloso y haz esparcidamente peloso, ápice agudo.

Venación primaria pinnada. Venas secundarias broquidódromas festoneadas, dispuestas irregularmente, excurrentes, insertas en un ángulo más o menos constante a excepción del par de venas basales, mucho más abiertas. Presencia de venas agróficas simples en la base de la hoja. Venas intersecundarias ausentes. Venas terciarias intercostales y epimediales percurrentes mixtas. Margen entero, ligeramente ondulado.




Desde hace ya bastantes años, muchos científicos advierten del peligro que supone la pérdida de biodiversidad que está sufriendo el mundo. En realidad, el término "pérdida de biodiversidad" es un suave eufemismo que utilizan los medios para advertir de un peligro que pensamos que es aún evitable con algo de buena voluntad. Tenemos tendencia a creer que se podría reverter fácilmente con medidas proteccionistas que en realidad son esencialmente un lavado de cara. ¿Acaso no hemos protegido muchas zonas de nuestra geografía erigiéndolas en reservas naturales o en parques nacionales? ¿Acaso no hemos declarado la guerra a las tan temibles especies invasoras, a las que acusamos hoy en día de todos los males? Puro lavado de cara. Porque mientras protegíamos algunas zonas que considerábamos valiosas, la devastación era casi total en el resto del territorio. De poco sirve tanta protección si una vez cruzado el límite de una reserva se puede cazar indiscriminadamente, se pueden verter en los suelos toneladas de abonos sintéticos y de pesticidas o construir infraestructuras que alteran por completo las rutas migratorias de los seres vivos que pueblan esos lugares...

Según el IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), las 5 principales causas de pérdida de biodiversidad clasificadas por orden de importancia son las siguientes:

1) cambios en el uso de la tierra y el mar
2) explotación directa de determinados organismos
3) cambio climático
4) contaminación
5) especies exóticas invasoras

La inclusión de las especies exóticas invasoras como una de las causas principales de pérdida de biodiversidad a mí me chirría bastante porque en la mayoría de los casos se trata de especies que han logrado prosperar gracias a los cambios que el hombre ha realizado previamente en el medio ambiente. Esto es particularmente cierto para las plantas, que solo se asientan en lugares en los que encuentran condiciones favorables a su instalación. Pongo siempre como ejemplo al ailanto, que desde hace unas décadas, gracias al calentamiento global, coloniza solares y taludes en toda nuestra geografía ocupando un nicho ecológico vacío. Otro ejemplo es el camalote, que prospera en las aguas contaminadas por los aportes de la agricultura. Acusar estas especies de ser las responsables de la pérdida de biodiversidad de nuestros ecosistemas es una oportuna cortina de humo tras la que resulta demasiado fácil esconder nuestra propia responsabilidad en lo que ocurre. Las cifras sin embargo pintan otra realidad, mucho más inquietante de lo que creemos y que vamos a repasar a continuación. Si tras leer este artículo seguís creyendo que las cotorras argentinas tienen la culpa de que los gorriones desaparecen, me temo que poco podremos hacer para evitar el total colapso de nuestros ecosistemas.



Proliferación del camalote en el río Guadiana. / Fotografía: EFE/ Jero Morales

Las cifras... Son terribles y no creo que sea necesario dar muchas explicaciones para entender quien es el culpable de que hayamos llegado a la situación actual. La primera y más llamativa de todas es el tamaño promedio de las poblaciones de especies silvestres. Según el Informe Planeta Vivo 2024 de World Wildlife Fund (WWF), ha dismminuido un 73%. Esto no es ninguna "erosión" de la biodiversidad, sino un auténtico desplome. Esta cifra se entiende aún mejor si consideramos que el 99% de la masa total de todos los Mamíferos presentes sobre la superficie de este planeta corresponde al hombre y a su ganado. Las especies de mamíferos salvajes (y eso incluye los elefantes, los rinocerontes y demás mega-animales) representan menos de 1% del peso total. Viendo esto, queda claro que la vida salvaje es algo absolutamente residual sobre la tierra.

La segunda cifra es aún más preocupante. Distintos estudios llevados a cabo en Europa han demostrado que las poblaciones de insectos se han desplomado en Europa durante el último siglo. Se estima alrededor del 75% el declive de sus poblaciones, víctimas de la agricultura y de la expansión urbana. El uso indiscriminado de pesticidas en particular, ha convertido algunas regiones eminentemente agrícolas en auténticos desiertos de insectos. Una observación que casi todas las personas de cierta edad seguramente habrán hecho lo demuestra claramente. Cuando éramos niños y viajábamos en coche, cada cierto tiempo nuestros padres tenían que parar en alguna gasolinera y limpiar el parabrisas, contra el que se habían estampado decenas de insectos, reduciendo peligrosamente la visibilidad. Hoy en día la situación es completamente diferente. He vuelto de la playa hace unos días y tanto en la ida como en la vuelta no hubo necesidad alguna de limpiar el parabrisas. Por una razón sencilla: ya no hay insectos voladores...

Ese desplome de las poblaciones de insectos es mucho más grave de lo que pudiera parecer a primera vista porque estos animales desempeñan funciones esenciales dentro de nuestros ecosistemas. Ellos son los que polinizan la inmensa mayoría de las plantas con flores. Su desaparición sería pues una catástrofe. Esa disminución de los insectos polinizadores ya está afectando de manera sensible nuestros cultivos, viéndose obligados muchos agricultores a recurrir a polinizadores de alquiler o a polinizar las flores manualmente. Los insectos también desempeñan un papel importantísimo en el reciclaje de la materia orgánica. ¿Os imagináis un mundo en el que los cuerpos de los organismos muertos no se descompusieran? Una auténtica pesadilla...

Otra cifra relevante es el porcentaje de bosques primarios que quedan sobre la superficie del planeta. Se estima que hoy en día tan solo un 20% de todos los bosques son bosques primarios y estos se concentran esencialemnte en las regiones equatoriales y en la taiga. Su permanencia es vital, porque albergan la parte más importante de la biodiversidad mundial. Esto significa, obviamente, que el 80% de los bosques primarios ya han sido destruidos o alterados.

Volviendo al tema de las especies invasoras creo evidente, tras repasar estas cifras y sin negar su posible impacto en algunos lugares, que es necesario manipular ese concepto con mucha cautela. El nivel de destrucción era ya tal antes de que llegasen esas especies, que me resulta un tanto exagerado calificar de "invasoras" especies que han sido capaces de aprovechar las oportunidades que el hombre creó. Más que invasoras, yo las calificaría más bien de oportunistas. Curiosamente, nos preocupa hoy mucho el futuro de una de estas especies oportunistas, que se aprovechó de la expansión del hombre y de la agricultura en el Neolítico y que hoy desaparece de nuestras ciudades, en las que ya no encuentran alimento. Una auténtica paradoja. Esa especie unió su destino a la del hombre para lo mejor y ahora lo peor...

Tan solo he evocado en este artículo el desplome cuantitativo de las poblaciones de animales, sin decir nada de las que desaparecieron para siempre. Auque el número de especies desaparecidas conocidas desde 1500 no es muy alto (alrededor de 900 especies), es evidente que el desplome actual de las poblaciones de animales silvestres pone contra las cuerdas a muchísimas especies. Puede parecer que 900 especies desde 1500 son pocas especies, pero la realidad es que la tasa de extinción actual es 1000 veces más rápida que la que ocurrió a finales del Cretácico tras el impacto del meteorito que arrasó buena parte de la superficie terrestre. La extinción de los dinosaurios, sin embargo, no fue instantánea y tardaron casi 33.000 años en desaparecer. Un tiempo mucho más largo que los pocos siglos que puede tardar la extinción en masa que hemos iniciado y que urge reverter. Pero claro, como no haya voluntad de actuar, pagaremos muy caro la avaricia de nuestras sociedades modernas...

De todos los modelos arquitecturales, el modelo de Shoute es sin lugar a dudas el más antiguo, observándose ya en las primeras plantas vasculares del Silúrico. Su característica esencial es la división dicotómica de los tallos, que se caracteriza por la división en dos partes iguales del meristema apical, dividiéndose cada tallo en dos ramas normalmente del mismo tamaño y grosor (son disimétricas en Nannorrhops ritchieana). No hay pues en este modelo un cese de la actividad meristemática tal como ocurre en otros modelos en los que los módulos dejan de crecer tras abortar el meristema apical o desarrollarse una inflorescencia. Esto no significa necesariamente que en las plantas modernas sea un carácter ancestral, ya que reapareció de forma independiente en distintos clados no directamente emparentados unos con otros.



División dicotómica del tallo en Rebutia senilis (Cactaceae). No es infrecuente observar este fenómeno en distintas especies de esta familia, única de las Dicotiledóneas en la que se observa este modo de división del tallo. Autor: Adrián Rodríguez.

La ramificación se origina en el meristema apical y es pues inmediata. No se producen ramas laterales vegetativas, pudiendo ser las inflorescencias terminales (Flagellaria, Nannorrhops) o laterales (Hyphaene). Este modelo arquitectural es hoy en día muy raro y se ha descrito sobre todo en algunas familias de Monocotiledóneas (Arecaceae, Agavaceae, Flagellariaceae, Strelitziaceae). En las Dicotiledóneas tan solo se conoce en las Cactáceas, en las que el proceso de división es muy vistoso y espectacular.



Fósil de Cooksonia paranensis del Devónico Inferior de la Cuenca del Paraná encontrado en Jackson de Figueiredo, Brasil. A la derecha reconstrucción propuesta de ese mismo ejemplar. P. Gerrienne et al. (2020).

La rareza actual de este modelo no debe hacernos olvidar que la división por dicotomía fue preponderante durante un largo periodo del Paleozóico. Se desarrollaron entonces una multitud de formas que han motivado la creación por los paleobotánicos de nuevos modelos arquitecturales para rendir cuenta de la rica diversidad existente en aquella época. Chomicki et al. (2017) definen así 12 modelos arquitecturales en plantas fósiles que se ramificaban por dicotomía.



Los doce modelos arquitecturales propuestos para describir la arquitectura de las plantas fósiles con ramificación dicotómica. Chomicki et al. (2017).

Visto el carácter marginal que tiene hoy en día este modelo arquitectural, no tendría mucho sentido hacer uso de esa nomenclatura aplicable a plantas fósiles del Paleozoico a pesar de las correspondencias que se pueden observar entre la arquitectura de algunas especies (como la de la palmera dum) con algunos de los modelos definidos por Chomicki et al (2017).



Pequeño grupo clonal de palmeras dum (Hyphaene thebaica) en la región del Afar, Etiopía. La palmera doum desarrolla a poca profundidad una red de rizomas horizontales de gran diámetro (entre 20 y 25 cm), de los que brotan numerosos brotes o rebrotes, que pueden dar lugar a nuevos troncos erguidos. Aunque el modelo de Schoute describe bien su parte aérea, la presencia de estos rizomas acerca también esta especie al modelo de Bell. En realidad recuerda mucho al modelo de Hueber definido por Chomicki et al. (2017). Autor: jeanjacquesgodon / Licencia: CC-BY-NC

Este modelo toma el nombre del botánico holandés J. C. Schoute, que estudió la ramificación de las especies del género Hyphaene a principios del pasado siglo.



Cronología de las arquitecturas vegetales y los mecanismos de ramificación a lo largo del tiempo. No aparecen en este diagrama los modelos aparecidos más tarde con el desarrollo de las plantas con flores. Chomicki et al. (2017).
Synchysidendron / BATEMAN – DIMICHELE / Falconaumanni / CC BY-SA Archaeopteris / MEYER-BERTHAUD / Falconaumanni / CC BY-SA Pseudosporochnus / BERRY / Falconaumanni / CC BY-SA

Ninguna especie del continente europeo se desarrolla de acorde a este modelo. Se puede sin embargo observar muy ocasionalmente, cultivado como ornamental en el SE de la Península, al árbol de Josué (Yucca brevifolia), originario del desierto de Mojave (SW de Estados Unidos).



Árbol de Josué en el Joshua Tree National Park, California, EE.UU. / Autor: jmaughn / Licencia: CC-BY-NC.

Chomicki et al. (2017) / Evolution and ecology of plant architecture: integrating insights from the fossil record, extant morphology, developmental genetics and phylogenies / Annals of Botany, Vol. 120, pp. 855–891 / doi:10.1093/aob/mcx113
Hallé F. & Keller R. (2019) / Mais d'où viennent les plantes? / Éditions Actes Sud
Hallé F., Oldeman R.A.A. & Tomlinson P.B. (1978) / Tropical trees and forest. An architectural analysis / Springer Verlag, New York.
SCHOUTE, J.C (128, 133): Uber die Verastelung bei monokotylen Baumen. II. Die Verastelung von Hyphaene. Rec. Trav. Botan. Neer!' 6, 211-232 (1909)
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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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