Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Cambio climático

¿Invasoras?

Paleoautóctonas

A menudo calificado de árbol milagro por ser uno de los árboles de más rápido crecimiento que se conoce (al menos en las zonas templadas), la paulownia se ha plantado con cierta frecuencia estos últimos años en algunos distritos de Madrid. Y lo de la velocidad de crecimiento, créanme, no es ningún mito, ya que algunas de las que se han plantado hace apenas unos años en mi barrio ya tienen un porte arbóreo. Denles unos añitos más y las calles en las que se han plantado alineaciones de paulownias prometen convertirse en una auténtica atracción en primavera.

Lo que llama inmediatamente la atención en la Paulownia es la ausencia en su copa de un eje central monopodial claramente diferenciado del resto de las ramas. Todas las ramas son ortótropas, con hojas de filotaxis opuesta decusada. Tras crecer cada eje durante más o menos medio año, se desarrolla finalmente en su extremidad una inflorescencia que detiene definitivamente su crecimiento. Nuevas ramas aparecen por pares lateralmente en la extremidad de las ramas del año anterior al mismo tiempo que se produce la floración al comienzo de la primavera. Las ramas producidas son todas más o menos equivalentes en su desarrollo, recordando un tanto lo que pasa en la adelfa, cuyo desarrollo sigue el modelo de Leeuwenbergh. En el caso de la paulownia, aunque con cierta demora, una o varias ramas acaban convirtiéndose en dominantes y desempeñan el papel de eje portador, desarrollándose mucho más que las demás ramas (gracias al crecimiento secundario).



Inflorescencias del año en curso (2026) portadas por las dos ramas que se desarrollaron el año anterior tras florecer la inflorescencia del año anterior, cuyos frutos aún son visibles.



Apenas un mes más tarde, las ramas que nacieron en la base de las inflorescencias ya han sobrepasado por completo la inflorescencia. Distrito de Moratalaz, Madrid.

Esta transformación de las ramas en tronco o en ramas maestras es típica de los modelos arquitecturales modulares, como es el modelo de Koriba, aunque se haga en este caso sin una reorientación tan marcada como la que ocurre en el ailanto por ejemplo.


Tentativa de análisis arquitectural de una jóven Paulownia. Los colores indican en el esquema de la derecha la cronología del desarrollo de las ramas. Las ramas en verde clarito son las del 2025, en verde oscuro las del 2024 y en color caqui las del 2023.

La copa del joven árbol acaba conformándose sin tener que recurrir a las reiteraciones, que aparecerán mucho más tarde, cuando al árbol le toque reponer ramas tras la caída de las que se desarrollaron originalmente.



En estas dos ramas que apenas inician su crecimiento sobre las ramas del año anterior se observa claramente la filotaxis opuesta decusada de las ramas.

La copa del joven árbol acaba conformándose sin tener que recurrir a las reiteraciones, que aparecerán mucho más tarde, cuando al árbol le toque reponer ramas tras la caída de las que se desarrollaron originalmente.

Morfología y arquitectura de las hojas

Hojas caducas, opuestas (ocasionalmente en verticilos de 3), simples, enteras, pecioladas. Limbo cordado, ca. 40 cm, de envés densamente a esparcidamente peloso y haz esparcidamente peloso, ápice agudo.

Venación primaria pinnada. Venas secundarias broquidódromas festoneadas, dispuestas irregularmente, excurrentes, insertas en un ángulo más o menos constante a excepción del par de venas basales, mucho más abiertas. Presencia de venas agróficas simples en la base de la hoja. Venas intersecundarias ausentes. Venas terciarias intercostales y epimediales percurrentes mixtas. Margen entero, ligeramente ondulado.




Desde hace ya bastantes años, muchos científicos advierten del peligro que supone la pérdida de biodiversidad que está sufriendo el mundo. En realidad, el término "pérdida de biodiversidad" es un suave eufemismo que utilizan los medios para advertir de un peligro que pensamos que es aún evitable con algo de buena voluntad. Tenemos tendencia a creer que se podría reverter fácilmente con medidas proteccionistas que en realidad son esencialmente un lavado de cara. ¿Acaso no hemos protegido muchas zonas de nuestra geografía erigiéndolas en reservas naturales o en parques nacionales? ¿Acaso no hemos declarado la guerra a las tan temibles especies invasoras, a las que acusamos hoy en día de todos los males? Puro lavado de cara. Porque mientras protegíamos algunas zonas que considerábamos valiosas, la devastación era casi total en el resto del territorio. De poco sirve tanta protección si una vez cruzado el límite de una reserva se puede cazar indiscriminadamente, se pueden verter en los suelos toneladas de abonos sintéticos y de pesticidas o construir infraestructuras que alteran por completo las rutas migratorias de los seres vivos que pueblan esos lugares...

Según el IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), las 5 principales causas de pérdida de biodiversidad clasificadas por orden de importancia son las siguientes:

1) cambios en el uso de la tierra y el mar
2) explotación directa de determinados organismos
3) cambio climático
4) contaminación
5) especies exóticas invasoras

La inclusión de las especies exóticas invasoras como una de las causas principales de pérdida de biodiversidad a mí me chirría bastante porque en la mayoría de los casos se trata de especies que han logrado prosperar gracias a los cambios que el hombre ha realizado previamente en el medio ambiente. Esto es particularmente cierto para las plantas, que solo se asientan en lugares en los que encuentran condiciones favorables a su instalación. Pongo siempre como ejemplo al ailanto, que desde hace unas décadas, gracias al calentamiento global, coloniza solares y taludes en toda nuestra geografía ocupando un nicho ecológico vacío. Otro ejemplo es el camalote, que prospera en las aguas contaminadas por los aportes de la agricultura. Acusar estas especies de ser las responsables de la pérdida de biodiversidad de nuestros ecosistemas es una oportuna cortina de humo tras la que resulta demasiado fácil esconder nuestra propia responsabilidad en lo que ocurre. Las cifras sin embargo pintan otra realidad, mucho más inquietante de lo que creemos y que vamos a repasar a continuación. Si tras leer este artículo seguís creyendo que las cotorras argentinas tienen la culpa de que los gorriones desaparecen, me temo que poco podremos hacer para evitar el total colapso de nuestros ecosistemas.



Proliferación del camalote en el río Guadiana. / Fotografía: EFE/ Jero Morales

Las cifras... Son terribles y no creo que sea necesario dar muchas explicaciones para entender quien es el culpable de que hayamos llegado a la situación actual. La primera y más llamativa de todas es el tamaño promedio de las poblaciones de especies silvestres. Según el Informe Planeta Vivo 2024 de World Wildlife Fund (WWF), ha dismminuido un 73%. Esto no es ninguna "erosión" de la biodiversidad, sino un auténtico desplome. Esta cifra se entiende aún mejor si consideramos que el 99% de la masa total de todos los Mamíferos presentes sobre la superficie de este planeta corresponde al hombre y a su ganado. Las especies de mamíferos salvajes (y eso incluye los elefantes, los rinocerontes y demás mega-animales) representan menos de 1% del peso total. Viendo esto, queda claro que la vida salvaje es algo absolutamente residual sobre la tierra.

La segunda cifra es aún más preocupante. Distintos estudios llevados a cabo en Europa han demostrado que las poblaciones de insectos se han desplomado en Europa durante el último siglo. Se estima alrededor del 75% el declive de sus poblaciones, víctimas de la agricultura y de la expansión urbana. El uso indiscriminado de pesticidas en particular, ha convertido algunas regiones eminentemente agrícolas en auténticos desiertos de insectos. Una observación que casi todas las personas de cierta edad seguramente habrán hecho lo demuestra claramente. Cuando éramos niños y viajábamos en coche, cada cierto tiempo nuestros padres tenían que parar en alguna gasolinera y limpiar el parabrisas, contra el que se habían estampado decenas de insectos, reduciendo peligrosamente la visibilidad. Hoy en día la situación es completamente diferente. He vuelto de la playa hace unos días y tanto en la ida como en la vuelta no hubo necesidad alguna de limpiar el parabrisas. Por una razón sencilla: ya no hay insectos voladores...

Ese desplome de las poblaciones de insectos es mucho más grave de lo que pudiera parecer a primera vista porque estos animales desempeñan funciones esenciales dentro de nuestros ecosistemas. Ellos son los que polinizan la inmensa mayoría de las plantas con flores. Su desaparición sería pues una catástrofe. Esa disminución de los insectos polinizadores ya está afectando de manera sensible nuestros cultivos, viéndose obligados muchos agricultores a recurrir a polinizadores de alquiler o a polinizar las flores manualmente. Los insectos también desempeñan un papel importantísimo en el reciclaje de la materia orgánica. ¿Os imagináis un mundo en el que los cuerpos de los organismos muertos no se descompusieran? Una auténtica pesadilla...

Otra cifra relevante es el porcentaje de bosques primarios que quedan sobre la superficie del planeta. Se estima que hoy en día tan solo un 20% de todos los bosques son bosques primarios y estos se concentran esencialemnte en las regiones equatoriales y en la taiga. Su permanencia es vital, porque albergan la parte más importante de la biodiversidad mundial. Esto significa, obviamente, que el 80% de los bosques primarios ya han sido destruidos o alterados.

Volviendo al tema de las especies invasoras creo evidente, tras repasar estas cifras y sin negar su posible impacto en algunos lugares, que es necesario manipular ese concepto con mucha cautela. El nivel de destrucción era ya tal antes de que llegasen esas especies, que me resulta un tanto exagerado calificar de "invasoras" especies que han sido capaces de aprovechar las oportunidades que el hombre creó. Más que invasoras, yo las calificaría más bien de oportunistas. Curiosamente, nos preocupa hoy mucho el futuro de una de estas especies oportunistas, que se aprovechó de la expansión del hombre y de la agricultura en el Neolítico y que hoy desaparece de nuestras ciudades, en las que ya no encuentran alimento. Una auténtica paradoja. Esa especie unió su destino a la del hombre para lo mejor y ahora lo peor...

Tan solo he evocado en este artículo el desplome cuantitativo de las poblaciones de animales, sin decir nada de las que desaparecieron para siempre. Auque el número de especies desaparecidas conocidas desde 1500 no es muy alto (alrededor de 900 especies), es evidente que el desplome actual de las poblaciones de animales silvestres pone contra las cuerdas a muchísimas especies. Puede parecer que 900 especies desde 1500 son pocas especies, pero la realidad es que la tasa de extinción actual es 1000 veces más rápida que la que ocurrió a finales del Cretácico tras el impacto del meteorito que arrasó buena parte de la superficie terrestre. La extinción de los dinosaurios, sin embargo, no fue instantánea y tardaron casi 33.000 años en desaparecer. Un tiempo mucho más largo que los pocos siglos que puede tardar la extinción en masa que hemos iniciado y que urge reverter. Pero claro, como no haya voluntad de actuar, pagaremos muy caro la avaricia de nuestras sociedades modernas...

De todos los modelos arquitecturales, el modelo de Shoute es sin lugar a dudas el más antiguo, observándose ya en las primeras plantas vasculares del Silúrico. Su característica esencial es la división dicotómica de los tallos, que se caracteriza por la división en dos partes iguales del meristema apical, dividiéndose cada tallo en dos ramas normalmente del mismo tamaño y grosor (son disimétricas en Nannorrhops ritchieana). No hay pues en este modelo un cese de la actividad meristemática tal como ocurre en otros modelos en los que los módulos dejan de crecer tras abortar el meristema apical o desarrollarse una inflorescencia. Esto no significa necesariamente que en las plantas modernas sea un carácter ancestral, ya que reapareció de forma independiente en distintos clados no directamente emparentados unos con otros.



División dicotómica del tallo en Rebutia senilis (Cactaceae). No es infrecuente observar este fenómeno en distintas especies de esta familia, única de las Dicotiledóneas en la que se observa este modo de división del tallo. Autor: Adrián Rodríguez.

La ramificación se origina en el meristema apical y es pues inmediata. No se producen ramas laterales vegetativas, pudiendo ser las inflorescencias terminales (Flagellaria, Nannorrhops) o laterales (Hyphaene). Este modelo arquitectural es hoy en día muy raro y se ha descrito sobre todo en algunas familias de Monocotiledóneas (Arecaceae, Agavaceae, Flagellariaceae, Strelitziaceae). En las Dicotiledóneas tan solo se conoce en las Cactáceas, en las que el proceso de división es muy vistoso y espectacular.



Fósil de Cooksonia paranensis del Devónico Inferior de la Cuenca del Paraná encontrado en Jackson de Figueiredo, Brasil. A la derecha reconstrucción propuesta de ese mismo ejemplar. P. Gerrienne et al. (2020).

La rareza actual de este modelo no debe hacernos olvidar que la división por dicotomía fue preponderante durante un largo periodo del Paleozóico. Se desarrollaron entonces una multitud de formas que han motivado la creación por los paleobotánicos de nuevos modelos arquitecturales para rendir cuenta de la rica diversidad existente en aquella época. Chomicki et al. (2017) definen así 12 modelos arquitecturales en plantas fósiles que se ramificaban por dicotomía.



Los doce modelos arquitecturales propuestos para describir la arquitectura de las plantas fósiles con ramificación dicotómica. Chomicki et al. (2017).

Visto el carácter marginal que tiene hoy en día este modelo arquitectural, no tendría mucho sentido hacer uso de esa nomenclatura aplicable a plantas fósiles del Paleozoico a pesar de las correspondencias que se pueden observar entre la arquitectura de algunas especies (como la de la palmera dum) con algunos de los modelos definidos por Chomicki et al (2017).



Pequeño grupo clonal de palmeras dum (Hyphaene thebaica) en la región del Afar, Etiopía. La palmera doum desarrolla a poca profundidad una red de rizomas horizontales de gran diámetro (entre 20 y 25 cm), de los que brotan numerosos brotes o rebrotes, que pueden dar lugar a nuevos troncos erguidos. Aunque el modelo de Schoute describe bien su parte aérea, la presencia de estos rizomas acerca también esta especie al modelo de Bell. En realidad recuerda mucho al modelo de Hueber definido por Chomicki et al. (2017). Autor: jeanjacquesgodon / Licencia: CC-BY-NC

Este modelo toma el nombre del botánico holandés J. C. Schoute, que estudió la ramificación de las especies del género Hyphaene a principios del pasado siglo.



Cronología de las arquitecturas vegetales y los mecanismos de ramificación a lo largo del tiempo. No aparecen en este diagrama los modelos aparecidos más tarde con el desarrollo de las plantas con flores. Chomicki et al. (2017).
Synchysidendron / BATEMAN – DIMICHELE / Falconaumanni / CC BY-SA Archaeopteris / MEYER-BERTHAUD / Falconaumanni / CC BY-SA Pseudosporochnus / BERRY / Falconaumanni / CC BY-SA

Ninguna especie del continente europeo se desarrolla de acorde a este modelo. Se puede sin embargo observar muy ocasionalmente, cultivado como ornamental en el SE de la Península, al árbol de Josué (Yucca brevifolia), originario del desierto de Mojave (SW de Estados Unidos).



Árbol de Josué en el Joshua Tree National Park, California, EE.UU. / Autor: jmaughn / Licencia: CC-BY-NC.

Chomicki et al. (2017) / Evolution and ecology of plant architecture: integrating insights from the fossil record, extant morphology, developmental genetics and phylogenies / Annals of Botany, Vol. 120, pp. 855–891 / doi:10.1093/aob/mcx113
Hallé F. & Keller R. (2019) / Mais d'où viennent les plantes? / Éditions Actes Sud
Hallé F., Oldeman R.A.A. & Tomlinson P.B. (1978) / Tropical trees and forest. An architectural analysis / Springer Verlag, New York.
SCHOUTE, J.C (128, 133): Uber die Verastelung bei monokotylen Baumen. II. Die Verastelung von Hyphaene. Rec. Trav. Botan. Neer!' 6, 211-232 (1909)

Aficionado a la botánica y amante de los árboles desde mi tierna infancia, nunca presté demasiada importancia a su forma y a la manera en que se desarrollaban más allá de consideraciones meramente estéticas. Algunos árboles, claro está, llamaban poderosamente mi atención por la forma que tienen y otros no tanto por la misma razón. Más allá de algunas formas muy llamativas, como las siluetas que presentan algunos árboles como los cipreses o las acacias, con un desarrollo vertical y horizontal muy evidentes, las demás especies me parecían todas bastantes similares: un tronco, una copa más o menos irregular y poco más veía yo en la mayoría de ellos...

Venirme a vivir a España tras pasar mi juventud en la verde Suiza me abrió los ojos sobre otra característica de las plantas, mucho más evidente en una región como la de Madrid en la que las variaciones climáticas son mucho más pronunciadas: las tremendas diferencias en el desarrollo de las mismas plantas de un año a otro. En años húmedos, las plantas alcanzan su pleno desarrollo y muestran una arquitectura plenamente realizada, con numerosos ejes secundarios e inflorescencias. En años sucesivos, en cambio, apenas crecen y quedan reducidas a su mínima expresión, con un único tallo e inflorescencia, economizando los pocos recursos disponibles para completar su ciclo vital. A pesar de esa gran variabilidad en el desarrollo que alcanzan, se trata sin embargo de las mismas especies y resulta evidente que su genoma tiene registrado su programa de crecimiento, que expresan plenamente solamente cuando se dan las condiciones para ello.



Porte achaparrado de un pino albar creciendo en condiciones extremas. Región de Alushta, Ucrania. / Autor: svetlana-bogdanovich / Licencia: CC-BY-NC.



Pino albar plenamente desarrollado en la región de Tiumén, Rusia. / Autor: igor_kuzmin / Licencia: CC-BY-NC.

Los árboles no son una excepción y si comparamos un pino albar desarrollado sobre un suelo profundo y en óptimas condiciones medioambientales con otro al que le ha tocado crecer prácticamente sobre un suelo desnudo (ver fotografías anteriores), resulta evidente que su forma puede variar considerablemente. A pesar de ello, todos estos pinos pertenecen a una sola y misma especie que tiene “inscrito” en su genoma el plano arquitectural que va a desarrollar en el transcurso de su vida.

Al intentar describir la forma que suelen tener las plantas y los árboles en particular, los botánicos y jardineros han usado tradicionalmente nociones como la de “porte” o “forma de la copa” que son, sin embargo, términos más bien poco precisos...

Esto explica muy probablemente porqué, en muchas obras botánicas de referencia (como Flora Iberica), los autores no suelen describir con mucho detalle la forma que tienen las plantas, a no ser que realmente tenga una forma muy característica y reconocible. Por poner un ejemplo, así se describe al almez en Flora Iberica:

Celtis australis: Árbol de hasta 30 m, de copa ancha.

Tal descripción, claro está, podría corresponder a una multitud de especies y realmente no es muy útil para diferenciar esta especie de otras. Y sin embargo, una persona experimentada al ver de lejos un almez probablemente sería capaz de identificar ese árbol por tener una “silueta” o “arquitectura” características. La fotografía a continuación muestra dos especies de árboles que tienen en común ser especies caducifolias y crecer en el mismo medio. Salta a la vista, sin embargo, que ambos árboles presentan claras diferencias en su arquitectura. Describir esa arquitectura es el propósito de esta serie de artículos que iré publicando poco a poco durante las próximas semanas. Lo hago, como siempre, de una forma totalmente autodidacta. Ruego pues que me perdonen los posibles errores que puedan detectar, achacables tan sólo a mis limitados conocimientos...



Olmo (Ulmus laevis) y fresno de hoja ancha (Fraxinus excelsior) en un bosque ribereño inundable a orillas del lago de Morat, en Suiza. La diferencia entre ambos salta a la vista, ambas especies creciendo de acorde a modelos arquitecturales totalmente diferentes.

El interés por entender como crecen los árboles y cómo se ramifican no es nuevo. Hace más de 400 años, Leonardo da Vinci estableció una regla para ayudar los artistas a dibujar correctamente los árboles. Establecía que "todas las ramas de un árbol, en cada tramo de su altura, suman en conjunto un grosor igual al del tronco". Los estudios modernos han demostrado claramente que esa regla no es correcta en el caso de muchos árboles y no da cuenta de la gran diversidad arquitectural del mundo vegetal. Basta con ver algunos cactus, con brazos casi tan voluminosos como el tallo principal para darse cuenta de ello. No deja de ser, sin embargo, una primera aproximación en el intento de entender la organización arquitectural de los árboles y de las plantas en general.

El concepto de modelo arquitectural de los árboles fue introducido por los botánicos Francis Hallé y Roelof A.A. Oldeman. En 1970, con la ayuda de Pierre B. Tomlinson, formalizaron esta teoría, lo que permitió clasificar todos los árboles del mundo en una veintena de modelos genéticos de crecimiento. Los modelos arquitecturales que propusieron quedan definidos por la combinación de los siguientes criterios:

- modo de ramificación de los ejes: simpodial o monopodial
- modo de crecimiento de los ejes: continuo o rítmico
- orientación de los ejes secundarios: ortótropos o plagiótropos;
- posición de la sexualidad: lateral o terminal

Resultado de la combinación de estos caracteres, Hallé y Oldeman (1970) llegaron inicialmente a establecer la existencia de 22 modelos arquitecturales a los que pertenecían, supuestamente todas las plantas conocidas. A estos 22 modelos iniciales se han añadido desde entonces 3 más, fruto del estudio de distintos grupos de plantas que no encajaban en ninguno de los modelos propuestos inicialmente. Es interesante notar que algunas combinaciones de estos caracteres no se han observado en ninguna especie hasta la fecha.

Describiremos en esta serie de artículos los distintos modelos arquitecturales conocidos, que llevan el nombre de los botánicos que estudiaron y describieron la arquitectura de los árboles en el transcurso del pasado siglo. Se prefirió asociar cada modelo al nombre de un botánico al no resultar demasiado satisfactorio asociar cada modelo al nombre de especies que no son universalmente conocidas. Se da la circunstancia, además, de que en algunos taxones puede haber especies que crecen de acorde a distintos modelos arquitecturales. Otras nomenclaturas basadas en los caracteres que definen los distintos modelos no han tenido demasiado éxito hasta ahora. No existe por ahora algo semejante a los sistemas y clases que se han definido para clasificar los minerales según su morfología.

Es muy importante insistir en que estos modelos arquitecturales solo describen la manera en que se desarrollan los árboles en su fase juvenil, antes de que aparezcan eventuales reiteraciones que irán organizándose luego siguiendo su propio modelo arquitectural.

Remitimos el lector a la obras de referencia de Hallé, Oldum y Tomlinson (1978) y de Hallé y Keller (2017) para encontrar más ejemplos que los que presentaremos en esta serie de artículos. Nos ceñiremos aquí a mencionar las especies más fácilmente observables en nuestro país.


Eje principal (“tronco”)Ejes secundarios (“Ramas”)Orientación de las ramasCrecimientoInflorescenciasModelo
Ningún eje principal claramente individualizadoLos ejes se dividen por dicotomíaOrtótropasRítmicoLateralesSCHOUTE
Crecimiento simpodial por floraciónOrtótropasRítmicoTerminalesLEEUWENBERGH
Crecimiento monopodial, horizontal, subterráneoMonopodialesOrtótropasN/AN/ABELL
Crecimiento monopodial, ortótropoAusentesContinuoTerminalesHOLLTUM
N/ALateralesCORNER
Eje principal no ramificado sobre el que solo aparecen reiteracionesN/AN/AOLDEMAN
Aparecen en la baseOrtótropasN/AN/ATOMLINSON
Crecimiento monopodialOrtótropasContinuoLateralesATTIMS
RítmicoRAUH
AnualTerminalesACOSTA
PlagiótropasContinuoLateralesROUX
RítmicoMASSART
Crecimiento simpodial por floraciónOrtótropasContinuoTerminalesSTONE
RítmicoSCARRONE
Plagiótropas por aposiciónRítmico
FAGERLIND
Crecimiento simpodial por abortoPlagiótropas por sustituciónContinuoTerminalesPETIT
Rítmico
AUBREVILLE
Crecimiento simpodial, materializado por la superposición de las bases dediferenciadas y enderezadas de ramas preexistentes.Crecimiento simpodial por floraciónOrtótropasRítmicoTerminalesKORIBA
Crecimiento simpodial por abortoOrtótropasRítmicoLateralesCHAMPAGNAT
PlagiótropasRítmicoLateralesTROLL
Crecimiento simpodial, materializado por la superposición de ramas de aparición diferida.Crecimiento simpodial por floraciónOrtótropasRítmicoTerminalesCHAMBERLAIN
Plagiótropas
por sustitución
RítmicoTerminalesPRËVOST
N/APlagiótropasN/ALateralesNOZERAN
Crecimiento simpodial, materializado por la superposición de ejes mixtos (base ortótropa y extremidad plagiótropa)Crecimiento monopodialExtremidad de las ramas plagiótropasRítmicoLateralesMANGENOT

Durante los últimos días se ha batido en buena parte de Europa el récord de temperatura absoluta para un mes de junio (ver mapa a continuación, en el que las zonas marcadas en rojo oscuro son aquellas en las que las temperaturas han sido las más altas nunca registradas). Ya no se trata de una simple circunstancia meteorológica, como pretenden hacernos creer los acérrimos negacionistas del cambio climático a los que los medios de comunicación aún dan incomprensiblemente voz. Es verdad que ya hubo olas de calor en junio en el pasado, pero ni llegaron tan pronto (la primera de este "verano" llegó en mayo, al final de la primavera) ni se alcanzaron nunca temperaturas tan altas. No es que se hayan batido récords. Es que en muchos lugares de Europa se han pulverizado.

Tras vivir un episodio de calor tan intenso, la responsabilidad de muchos medios de comunicación queda seriamente en entredicho dando voz de forma tan irresponsable a los negacionistas del cambio climático. Las evidencias científicas son hoy en día tan apabullantes que ya nadie en su sano juicio debería hacer caso de opiniones vehiculadas por canales de información cuyas afirmaciones no tienen ningún fundamento científico. La Ciencia no es opinable. Por poner un símil claramente entendible, los negacionistas son como esos charlatanes que pretenden curar el cáncer sin ser médicos. Por supuesto, cada cual es libre de escuchar y de creer lo que quiere, pero también es libre luego de asumir las consecuencias de sus malas decisiones. Si te mueres por no haber ido a consultar un médico y seguido un tratamiento científicamente avalado, es tu decisión. Lo grave en el caso del cambio climático es que las decisiones que tomamos o no tomamos afectan a todos y, lamentablemente, de forma muy desigual.



Los negacionistas del cambio climático son como los charlatanes que venden productos que prometen curar enfermedades como el cancer sin ningún aval científico...

Tras varias décadas acumulando evidencias y pruebas, la Ciencia había logrado poco a poco tomar las sucesivas trincheras desde las que los negacionistas intentaban contener la difusión del conocimiento científico. Su primera línea defensiva fue negar la existencia del calentamiento global, pero pronto resultó evidente que ese discurso no se sostenía viendo el ritmo sostenido al que subían las temperaturas en todo el mundo. Se retiraron luego a una segunda línea de trincheras desde la que se empeñaron en negar toda reponsabilidad humana en el calentamiento en curso, pero una vez más, la Ciencia vapuleó sus argumentos. Hasta los ingenieros contratados por algunas petroleras relacionaron claramente el aumento de las temperaturas con la emisión de gases de efectos invernadero, aunque sus resultados fueran callados durante décadas. Hoy resisten en una tercera línea de trincheras desde la que ponen en duda las soluciones propuestas por los científicos para parar el cambio climático. Básicamente, solo hay una única solución para evitar el desmadre: parar cuanto antes de emitir CO2 en la atmósfera.

No hay alternativa. Tan solo descarbonizando por completo o casi por completo nuestra economía se logrará el objetivo de no alcanzar una subida de temperaturas letal. Evidentemente, esto significa torcer el brazo a los grandes poderes económicos de este mundo. Un combate desigual en el que esos poderes económicos no dudan en jugar sucio. ¿No fue suficiente negar las evidencias científicas? Pues eliminemos puramente y simplemente la Ciencia. Cortémosle el grifo del dinero y enviemos los científicos al paro. ¿Os parece que exagero diciendo ésto? En absoluto. Es lo que lleva haciendo la admninistración Trump desde que fue reelegido. Y es lo que podría ocurrir aquí en Europa como esa corriente de pensamiento reaccionaria se imponga.



En pocos meses Trump ha retirado Estados Unidos del Acuerdo de Paris, desmantelado el Ocean Observatories Initiative (OOI), despedido a cientos de trabajadores de la NOAA y a cientos de científicos y expertos que estaban trabajando en la Sexta Evaluación Nacional del Clima.

Por ahora los negacionistas del cambio climático campan a sus anchas en las redes, en medios como YouTube, por ejemplo, donde me pone enfermo ver los videos que publican canales como el de Libertad Digital, que sigue resistiendo en la primera trinchera, intentando demostrar que la Ciencia se equivoca. Sus argumentos son tan burdos que cuesta creer que se empeñen en utilizar argumentos que ya fueron desmontados por la Ciencia hace décadas. Asusta pensar que haya medios que reciban cantidades ingentes de dinero para difundir bulos y mentiras mientras que los científicos acreditados solo reciben insultos y amenazas cuando publican cualquier tipo de material. En Francia, Serge Zaka, conocido agroclimatólogo, ha tenido que pedir protección policial para él y su familia debido a las amenzas de muerte que recibe. Así de agresivos están los negacionistas, que no son otra cosa que el brazo ejecutor de unos poderes económicos que en realidad están cagados de miedo al ver como sus imperios se tambalean, víctimas de sus propios excesos. Nuestra sociedad sufre de obesidad energética y su corazón late acelerado. ¿Hasta cuándo aguantará? Esa es la gran pregunta. No somos conscientes cuando hacemos uso de cualquier máquina que la energía que liberamos para ponerla en movimienton no desaparece. Se transfiere a la atmósfera, que cada día que pasa contiene más y más energía. Un fenómeno que se agrava con el uso de los hidrocarburos, que ellos tambien acaban en la atmósfera convertidos en CO2, gas que retiene en la atmósfera la radiación que emite la tierra hacia el espacio. Toda esa energía acumulada en la atmósfera permite que los fenómenos atmosféricos sean cada vez más potentes...

Mientras estas campañas de desprestigio de la Ciencia y de amenazas a los científicos ocurren, el cambio climático sigue adelante. A nadie se le escapa que negar el cambio climático no va a impedir que suban las temperaturas. Si hubiese vivido hoy, Galileo probablemente hubiese denunciado lo que está ocurriendo al grito de "E pur se rescalda"... La mala noticia en relación a las actuales olas de calor es que son perfectamente "normales" y previsibles. Normales en el contexto del cambio climático. Se escucha mucho hablar desde hace unas semanas de un posible episodio El Niño de una amplitud nunca vista pero este episodio tan solo está iniciándose. Las actuales olas de calor y las temperaturas de récord no son consecuencia de ese episodio de El Niño, cuyos efectos tardarán meses en hacerse notar en Europa. Son las temperaturas del próximo invierno y del verano del año que viene las que podrían verse aupadas por este episodio del Niño. La situación actual es la de un verano normal. Imaginaos pues lo que podría ocurrir si se confirma el caracter excepcional de este episodio de El Niño...



Riesgo de inundación en la región de Valencia según los datos del MITECO

Nuestra sociedad, lamentablemente, premia siempre al más fuerte. Quienes han recogido los frutos del desarrollo del sistema capitalista mañana serán los menos impactados por el cambio climático. Pertrechados en sus mansiones climatizadas o incluso en sus búnkeres, no sufrirán los terribles efectos de los días a 50 grados y no sufrirán las terribles inundaciones que se llevarán por delante los edificios que se dejaron construir en los lugares más expuestos ignorando todas las advertencias y planos de riesgos.

Hay días así en los que me siento como el viejo loco del barrio que se pasa el día anunciando catástrofes que otros no intuyen. La edad es a la vez una condena, al acercarte irremediablemente el paso del tiempo al desenlace de una vida que de repente tienes la sensación de haber desaprovechado sin haber hecho nada para preservar esa Naturaleza de la que heredamos, y una bendición al permitirte analizar las cosas con la suficiente perspectiva para entender lo que está pasando. Te acuerdas de repente de los inviernos de tu juventud y sientes algo de tristeza cuando ves lo felices que se ponen los niños cuando ven caer cuatro copos de una nieve que desaparece a las pocas horas. Claro, para ellos se trata de algo absolutamente excepcional pero aquello era lo normal cuando tú eras niño. Esa falta de perspectiva temporal de la que sufre nuestra desmemoriada sociedad nos está poniendo en peligro a todos. Al no ser capaces de entender lo que ha cambiado en este mundo, los más jóvenes abrazan ideas e ideologías que nos hubiesen avergonzado hace tan solo un par de décadas.



Personas patinando sobre el estanque del Palacio de Cristal en el parque del Retiro el 17 de enero de 1914. Una escena absolutamente surrealista hoy en día...

El siglo XXI, que parecía que iba a ser un siglo de progreso empieza en realidad por una tremenda involución ideológica que nos retrotrae casi un siglo atrás. Las Naciones Unidas se crearon para que no se volviese a producir el horror de las guerras mundiales y para establecer una especie de gobernanza global que nos permita enfrentarnos a problemas globales. ¿Y que vemos actualmente? El desmantelamiento de las grandes instituciones por países que sueñan con liderar el mundo aunque sea a costa de esquilmar todos sus recursos. Y ese desmantelamiento va de la mano de ideologías que se parecen mucho a las que se propagaron en nuestro continente hace un siglo. Muchos me dirán que una situación no tiene nada que ver con la otra, pero eso a mí no me tranquiliza en absoluto, porque vivimos en un mundo que dispone de un arsenal que le permitiría autodestruirse por completo si a alguno se le fuera la pinza. Y francamente, saber que superpotencias como Estados Unidos y Rusia están lideradas por ultranacionalistas a los que les trae al pairo los derechos civiles a mi me quita el sueño.

Estos locos no han entendido aún que su principal enemigo es el cambio climático. Sus políticas van exactamente en sentido contrario. Luchan entre ellas para apoderarse de los recursos existentes y no les importa un rábano el impacto medioambiental que puedan tener. El problema, evidente creo yo, es que seguimos deteriorando el medio ambiente a pasos agigantados. Seguimos construyendo carreteras y ciudades. Seguimos consumiendo petróleo desaforadamente. Tal es nuestra dependencia del oro negro que ha bastando con una guerra en el Golfo Pérsico para poner contras las cuerdas nuestras economías. Los que soñaban con lograr un mundo descarbonizado en pocas décadas me temo que no habían entendido muy bien la dimensión del problema. Y no hace falta ser experto en ecoonomía para entenderlo. Todo, a nuestro alrededor, es petróleo. Vuelves de la compra y la mayor parte de tu compra son bolsas de plástico y envases. Y claro, a no ser que ya tengas un coche eléctrico, necesitarás llenar el depósito de gasolina. Y para que puedas volver del super, situado a kilómetros de tu domicilio, necesitarás también que existan carreteras y calles asfaltadas sobre las que tu coche, provisto de neumáticos de caucho sintético, podrá rodar con toda seguridad. El petróleo está por todos lados. Puede incluso que la ropa que lleves en este mismo momento sea un derivado del petróleo (poliester).

Nos enfrentamos a un problema gigantesco. Bien es cierto que tal vez sea mejor secuestrar el carbono en los polímeros con los que fabricamos los distintos tipos de plásticos, pero la dificultad de las materias plásticas para degradarse es a su vez un terrible problema medioambiental, al reducirse los plásticos desechados en micropartículas que lo contaminan absolutamente todo, provocando graves alteraciones en la fisiología de muchísimos seres vivos (se calcula que podemos tener el peso de una tarjeta de crédito en microplásticos acumulados en el interior de nuestro cuerpo). La baja de la fertilidad en muchísimas especies (hombre incluido) parece estar íntimamente ligada a la presencia de estos microplásticos en el medio ambiente. Y mientras tanto, tenemos a idiotas peligrosos afirmando que aquí no pasa nada, que el cambio climático es un cuento para asustarnos. Idiotas armados que no dudan en hacer uso de una fuerza desmedida para realizar sus sueños de grandeza. Este mundo es un auténtico asco y no veo yo muy bien como revertirlo con mis acciones personales. Las soluciones solo pueden ser globales. Debemos resucitar la ONU y ser conscientes de que si alguien va por libre nos condena a todos. Invito, claro está, cada uno a aportar su granito de arena, pero el edificio solo lo podremos construir entre todos. Pero claro, en sociedades en las que una pequeña minoría de vampiros se nutre del trabajo y desamparo de una inmensa mayoría de la gente, resulta difícil aunar esfuerzos y evitar que en su desesperación esas personas se dejen seducir por los mesajes de odio simplistas que algunos difunden...



Nelson Mandela en la ONU en 1994. Un foro que algunos países desprecian por completo y han abogado a la irrelevancia cuando el mundo en realidad más necesita de una gobernanza global. Ninguno de sus mandatarios le llega ni tan siquiera al tobillo a una figura como la del ex-presidente de Sudáfrica...

Así que perdonen ustedes los desvaríos de este pobre loco, al que nadie hace caso y que probablemente acabará sus días en una residencia en la que las enfermeras le preguntarán con guasa: "¿Qué pasa Adrián, ya se está acabando el mundo?" Al menos yo tendré la suerte de poder acabar mis días en una residencia, porque dudo mucho que a muchos jóvenes les alcance la pensión para un tal lujo el día que lo necesiten. Tal vez entonces se den cuenta de que el pobre loco del que se mofaban en la residencia tal vez no andaba tan descaminado...

Desde hace unos cuantos meses, ando liado con la redacción de un pequeño libro dedicado a la arquitectura de los árboles de Madrid y echaba un poco de menos disponer de una información fidedigna sobre las especies presentes en nuestras calles y su distribución. Afortunadamente, el ayuntamiento de Madrid ha llevado a cabo estos últimos años una ingente tarea de identificación y de posicionamiento por satélite de todos los árboles presentes en nuestras calles. El resultado es una base de datos que pone a disposición del público en su web y que cada uno es libre de utilizar según sus necesidades. Os dejo al final del artículo el enlace para que podáis descargárosla si os interesa.

El talón de aquiles de su web, sin embargo, es la ausencia de un visor que permita ver sobre un mapa esa valiosísima información. Existen varias webs que sí lo han hecho (las podéis buscar en Google) pero la verdad es que no me parecían a mí dar una visión algo sintética de los datos. Así que ni corto ni perezoso, me puse manos a la obra y el resultado es un pequeño visor que he desarrollado en un tiempo récord para poder hacerme una idea de la importancia relativa de cada especie en nuestras calles y jardines públicos. En realidad necesitaba yo esa información para no contar tonterías en el libro que estoy escribiendo y para poder planear algunos paseítos en busca de las especies que no están presentes en mi barrio y de las que no dispongo de fotografías propias.

Como se puede ver, en la mitad izquierda de la pantalla aparece el mapa del distrito o barrio de Madrid que nos interesa visualizar y se muestra en ese mapa la posición de todos los individuos de la especie seleccionada. Parece una tontería, pero el no tener que estar pinchando sobre cada posición para saber a qué especie corresponde y al mostrarse únicamente los individuos de cada especie, se obtiene una visión de conjunto que me parece mucho más útil. Para completar el mapa se pueden consultar dos listados en los que se pueden ver todas las especies presentes en el barrio y/o distrito ordenadas por su importancia numérica y otro listado que muestra en qué otros distritos está presente la especie seleccionada. Ambas listas son "reactivas". O sea, que al pinchar sobre una especie o distrito, se actualiza inmediatamente el mapa. Más adelante incorporaré la posibilidad de ver un plano más detallado al pinchar sobre el mapa, pero esa funcionalidad aún está en desarrollo. No creo que tarde mucho en añadirla de todos modos.

URL del visor: https://yurakuna.infinityfreeapp.com/arbolado.php

A estos datos que iré actualizando cada vez que el ayuntamiento publique una nueva versión de su base de datos, iré yo añadiendo mis propias observaciones, ya que estos datos no inclyen el arbolado de los jardines privados ni tampoco el del Real Jardín Botánico de Madrid. Ya tengo previsto yo unas cuantas visitas este verano para ir posicionando sobre el mapa todos los árboles del jardín (parece un poco ambicioso dicho así) así que espero que para finales del verano, ya no aparecerá el RJBM como una gran agujero en el mapa...



El almez chino, según los datos del ayuntamiento, no está presente en el barrio en el que vivo. Pero esta rama pertenece indudablemente a esa especie...

Pues nada, espero os pueda resultar útil este pequeño visor y que os será tan útil como a mí. Mañana mismo ya tengo previsto darme un paseíto por el vecino barrio de Valdebernardo, en el que según estos datos habrían plantado nogales del Cáucaso. Ni que deciros que cuando lo ví me subieron de repente las pulsaciones. Otra cosa es que sea cierto, ya que no siempre los árboles se han identificado correctamente. Por poneros un ejemplo, he visto unos cuantos almeces chinos en mi barrio (ver fotografía) pero en este mapa están identificados como almeces americanos. Otra de las cosas que tendré que actualizar (además de transmitir esos datos a quien esté a cargo de mantener esa base de datos). Al final, es lo de siempre: hacer virguerías programando un pequeño visor como éste está al alcance cualquier mono. Lo realmente difícil luego es asegurarse de que los datos son correctos y actualizarlos. Eso ya es una tarea para personas muuuy pacientes...

Base de datos de la web del ayuntamiento: https://datos.madrid.es/dataset/300761-0-arbolado-especies


Cuando hablamos de especies invasoras cometemos el gran error de centrar toda nuestra atención en las características que supuestamente dan a esas especies una ventaja sobre las demás, olvidándonos que para que una especie se convierta en invasora se deben cumplir dos premisas importantes. La primera es que las condiciones ecológicas del ecosistema "receptor" sean favorables a la especie que se introduce. Tendemos a olvidar un poco rápidamente que las especies invasoras no son criaturas de otro mundo con superpoderes. El mejor ejemplo de ello, creo yo, es el ailanto. Esta especie se introdujo en Europa hace ya más de 3 siglos y sin embargo, no fue capaz de salir de las jardines urbanos en los que se había plantado hasta hace aproximadamente medio siglo. Es indudable que su expansión ha sido favorecida por el cambio climático. Su expansión en toda Europa coincide exactamente con la subida de las temperaturas y se ha producido de manera síncrona en todo el continente. Su expansión es pues, en primer lugar, fruto del aumento de las temperaturas.

Evolución del número de cItas del ailanto en las publicaciones científicas según la web de Anthos comparado con el gráfico de la evolución de la temperatura media anual en Madrid (Retiro). Aunque el número de citas del ailanto como especie naturalizada en las publicaciones científicas no sea un indicador muy exacto de la evolución demográfica de esta especie, sí nos da una pequeña idea del "timing" de su expansión. Como se puede ver muy claramente en este gráfico, a pesar de que haya sido citado episódicamente a principios y mediados del siglo 20, su gran expansión ocurre a partir de los años 70, coincidiendo con bastante exactitud con la subida de la temperatura media en nuestro país.

El otro factor medioambiental que ha favorecido en gran medida la expansión del ailanto es su capacidad a prosperar sobre terrenos muy alterados e incluso contaminados. No es de extrañar que en buena parte de Europa sea la especie que suele colonizar descampados urbanos y taludes, donde apenas compite con otras especies, como el olmo de Siberia (en la región de Madrid en todo caso). Ni que decir pues que el ailanto dispone de superficies considerables alrededor de nuestras ciudades y a lo largo de las grandes vías de comunicación para propagarse y expandirse. Nuestros paisajes tan humanizados son terreno abonado para el ailanto. Una vez resuelto el problemilla que tenía con las temperaturas invernales y primaverales, que impedían el desarrollo de sus plantones, era ya solo cuestión de tiempo que este especialista colonizase las vastas extensiones de terrenos que le son favorables.


Enriquez de Salamanca Á. (2020) / La invasión de Ailanthus altissima (Mill.) Swingle en Madrid / Flora Montiberica, Vol. 76, pp. 4-14

Una vez dejado claro que una especie exótica no va a crecer en cualquier sitio y que las condiciones medioambientales son importantes, la segunda premisa para que su expansión sea posible tiene que ver con la competencia ejercida por las especies ya establecidas en esos lugares. Solemos insistir mucho, en el caso del ailanto, en que produce sustancias alelopáticas que le dan una ventaja competitiva frente a sus competidores pero lo cierto es que en la inmensa mayoría de los terrenos en los que está presente no tiene competidores. Ni están ni se les espera. El ailanto ocupa realmente un nicho vacío. Solemos olvidarnos que el ailanto es una especie colonizadora con una esperanza de vida muy corta, que no es capaz de desarrollarse plenamente en un bosque ya establecido. Es muy raro verlo en encinares, pinares u otros bosques, a no ser que se haya abierto en él algún camino o vía de comunicación.

Calificar de "invasora" una especie que ocupa un nicho vacío en el que no compite con ninguna especie autótona me parece que refleja una profunda ignorancia de las leyes de la ecología. Si el ailanto estuviese amenazando en estos lugares alguna especies rara y protegida, lo entendería. Pero no es ni por asomo el caso. La expansión del ailanto simplemente refleja lo mucho que hemos alterado nuestro medio ambiente. El ailanto es un perfecto bioindicador de la artificilaización de nuestro medio ambiente. Agradecidos deberíamos estar, en realidad, de que algunas especies de árboles sean capaces (al menos por ahora) de colonizar estos terrenos "echados a perder" por el Hombre.



Ailantos creciendo sobre un substrato constituido por escombros aterrazados, sobre el que no se ha desarrollado aún un auténtico suelo. Barrio de Moratalaz, Madrid.

Entonces, ¿porqué consideramos al ailanto una especie invasora? Según parece porque tiene tendencia a inmiscuirse en ecosistemas ribereños que de alguna manera consideramos ecosistemas prístinos de un valor considerable. Como geólogo e hidrogeólogo que soy, el argumento no deja de parecerme de lo más sorprendente porque difícilmente se encontrará en este país un ecosistema que haya sido más intervenido y "corregido" que el curso de nuestros ríos, que hemos impedido divagar libremente en las llanuras aluviales y hemos canalizado en largos tramos utilizando maquinaria pesada. No existe, creo yo, ecositemas más artificializados que el curso de muchísimos de nuestros ríos. La presencia del ailanto en un tal contexto (y la de otras muchas especies exóticas) no es pues realmente demasiado sorprendente si admitimos que se trata de una especie indicadora de terrenos removidos. Añadamos a ello que las especies con las que compite en ese contexto presentan características muy similares a las del ailanto (vida corta, crecimiento rápido, gran producción de semillas, poder alelopático incluso mayor al del ailanto), pues no acabo muy bien de entender el alarmismo. En realidad acusamos al ailanto de invadir unos ecosistemas que hemos esquilmado y hecho casi desaparecer pero la culpa, obviamente, no la tiene el ailanto al que cargamos muy hipócritamente de nuestras propias culpas...



El ailanto centraliza desde hace un par de décadas el odio de las personas que ven especies invasoras por todas partes y que sueñan con erradicarlas con todos los medios posibles. Al no disponer de la tecnología de los "Men In Black", recurren a menudo al uso de venenos que acaban dispersándose en el medio ambiente que se pretende "liberar" de los invasores, agravando aún más, si cabe, todo el mal que ya hicimos y propició la llegada de estas especies.

Las descripciones tan terroríficas del ailanto que ofrecen las obras sobre especies invasoras son, creo yo, un cuento para niños que tan solo pretende despertar el miedo y nos evita responder a las preguntas que realmente importan: ¿porqué tienen exito estas especies y porqué nuestras especies autóctonas no son capaces de crecer espontáneamente sobre esos terrenos degradados como lo hacen estas especies cuya presencia, sin embargo, condenamos? El ailanto ha crecido espontáneamente donde ningún otro árbol crece. Y ese es el problema: nos fijamos en los ailantos y no nos hacemos la pregunta que realmente tiene sentido: ¿porqué no crecen espontáneamente en esos terrenos árboles autóctonos? Esa es la pregunta que duele y que nadie quiere contestar. Es más fácil arrancar ailantos y acusarles de competir con las demás especies cuando en realidad ninguna otra especie crece en esos terrenos. Es la misma lógica que aplican los que quieren echar los extranjeros pero luego no quieren ir a recoger fresas de sol a sol...

La idea de plantar árboles para luchar contra el cambio climático y de paso reverter la pérdida de biodiversidad acelerada que sufre nuestro mundo parece que está de moda últimamente. Parte, sin lugar a dudas, de una buena intención, ya que no conozco a nadie que no quede fascinado al contemplar cualquier árbol de cierto tamaño. Pero lamentablemente se pasa muy fácilmente de la fascinación a la codicia en este mundo en el que la mecanización ha convertido nuestros bosques en un recurso tan fácil de explotar. Nuestras sociedades han perdido desde hace tiempo el respeto que profesaban los pueblos de la Antiguedad hacia unos seres potencialmente inmortales que las leyes no escritas de esos pueblos protegían. Cortar un árbol sagrado en aquellos tiempos te podía costar la vida. Era tal el grado de veneración a los árboles de aquellas sociedades que llegaron a dar nombre a muchas ciudades e incluso a varios pueblos como los Lemovices (Guerreros del Olmo), los Eburovices (Guerreros del Tejo) y Eburones (Pueblo del Tejo).



San Bonifacio talando el roble sagrado de los habitantes paganos de Hesse en el siglo VIII. Con el advenimiento del cristianismo se perdió en gran medida el caracter sagrado que tenían muchos árboles venerados desde tiempos remotos, que la iglesia taló sin piedad para demostrar su supremacía y poder.

El creciente interés por plantar árboles traduce sin lugar a dudas una toma de consciencia incipiente por el público del grave problema de biodiversidad al que nos enfrentamos. Pero plantar árboles sin cabeza y sin un seguimiento a medio y largo plazo puede resultar ser un esfuerzo vano. Muchos proyectos que calificaría sin más de greenwashing han acabado siendo un despilfarro de dinero y de medios que ha dejado más bien pocas huellas. Plantar árboles y abandonarlos a su suerte, sin un seguimiento continuo durante sus primeros años es casi siempre una garantía de fracaso. Una vez los árboles firmemente arraigados puede uno confiar en que saldrán adelante por ellos mismos. Al menos a medio plazo porque en muchos de estos proyectos aún falta tener en cuenta lo que yo considero hoy en día lo más importante a la hora de plantar un árbol: las proyecciones climáticas. O sea, saber cuales van a ser las tendencias climáticas a largo plazo, porque de nada sirve plantar hoy árboles que sabemos de antemano condenados por el cambio climático.



Robledal afectado por sequía en la Farga de Bebié (entre Osona y el Ripollès) en 2022. En las últimas décadas, muchos bosques que no se consideraban amenazados por episodios climático extremos se han visto fuertemente afectados en el mundo entero. La repetición de tales episodios puede provocar a la larga la muerte de muchos árboles, facilitando la propagación de megaincendios muy difíciles de contrarrestar. Hartman H. et al. (2022)

Lamentablemente predomina aún hoy la idea de que las especies mejor adaptadas a un lugar son las que crecen espontáneamente en aquél lugar y la mayoría de los grupos y asociaciones que llevan a cabo repoblaciones en nuestro país suelen organizar jornadas de recogida de semillas que luego utilizan en sus viveros y las repoblaciones que llevan a cabo. Subyace en esta manera de proceder la idea de que el objetivo final de los protectores de la naturaleza ha de ser una vuelta al estado originario de nuestros ecosistemas. Una manera de pensar lógica en un mundo que ha permanecido estable durante milenios pero que tiene poco sentido en la actual situación de cambio climático acelerado. Sin embargo, no se puede ignorar lo que ha pasado durante el último medio siglo y aún menos cerrar los ojos ante las previsiones de futuro de los climatólogos, basadas en evidencias y modelos científicos que han demostrado describir perfectamente la evolución de las temperaturas durante las últimas décadas. A pesar de las evidencias, la actitud de la mayoría de los grupos de "conservación" de la naturaleza (la palabra "conservación" lo dice todo) y de muchos biólogos sigue siendo muy conservadora en sus planteamientos, al no aceptar la idea de que en muchas regiones podríamos estar en el inicio de una renovación casi total de su fauna y flora.



A lo largo de los años he estado leyendo muchas veces en foros y artículos que lo del cambio climático no es para tanto y que nuestros ecosistemas y las especies que los constituyen tienen mucha resiliencia. Y sin embargo, no son pocos los indicios de que grandes cambios se están avecinando (seca de la encina y del alcornoque, aumento de la incidencia de grandes incendios forestales, muerte masiva de árboles en muchos bosques, etc). Nuestros paisajes en realidad ya están cambiado ante nuestros propios ojos pero aún no somos capaces de verlo porque lo que no ha cambiado es nuestra mirada.

Los ingenieros forestales, en cambio, acostumbrados a planear su actividad con décadas de antelación, han entendido casi de inmediato el mensaje de los climatólogos y ya experimentan hoy con variedades y especies mejor adaptadas a los climas venideros. Su trabajo adolece sin embargo de un grave defecto: les interesa ante todo favorecer la introducción de especies que hayan demostrado ser muy productivas en los tests que llevan a cabo siguiendo protocolos muy bien establecidos en pequeñas plantaciones experimentales. Una vez más, esta metodología tiene mucho sentido en una situación de estabilidad climática, pero queda un poco en entredicho en una situación de cambio climático acelerado. Los resultados obtenidos en este tipo de tests hace 50 años puede que ya no sean válidos hoy en día. Especies muy recomendables en aquél entonces igual ya no lo sean hoy y puede que especies que descartaron entonces hoy estén mejor adaptadas al clima actual y futuro. Me parece hoy en día muy difícil cuantificar las cosas en circunstancias tan cambiantes.



Evolución del número de géneros presentes en Europa occidental y central durante el Cenozoico. Wilkens V. et al. (2025)

Esta es la razón que me empuja a ser mucho más pragmático en mi planteamiento, que es de una sencillez pasmosa: plantemos todas las especies que nos parezcan mejor adapatadas al futuro clima y dejemos la naturaleza decidir qué especies son interesante y cuales no. El origen geográfico de las especies que vayamos a plantar tiene su importancia, claro está, pero no hemos de perder de vista, creo yo, que la fauna y flora actual son el resultado de un progresivo empobrecimiento a consecuencia de las glaciaciones del Cuaternario. Tener una pequeña idea de qué especies poblaban nuestro continente antes de las glaciaciones me parece un buen punto de partida para saber qué especies podrían ser interesantes de cara al futuro. Esto no significa "sustituir" de golpe las especies actuales por otras, sino ir incorporándolas poco a poco, prolongando paradójicamente la esperanza de vida de las especies actualmente presentes, que encontrarían condiciones más soprtables bajo la protección de especies más resistentes a las altas temperaturas.



La "Lozana Andaluza" pleistocénica imaginada por los autores del artículo en su medio natural, observando una culebra sobre las ramas de un árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides), en un refugio glacial en el que también estaban presentes otros géneros como Cathaya, Picea, Abies, Tsuga, Parrotia, Carya, Zelkova, Carpinus, Eucommia, Arbutus, Sorbus, Fagus, Acer, Juglans, Castanea y Ulmus. Carrión J. et al. (2024).

Mi sueño sería intentar recrear, de alguna manera, un bosque de finales del Terciario (Plioceno), incluyendo en él especies y géneros desaparecidos que crecen hoy en áreas con un clima similar al que se prevé para finales de siglo en buena parte de Europa. Eso no significa limitarse exclusivamente a esas especies. Ya utilizamos muchas especies exóticas en nuestros bosques y en nuestros jardines, que nunca estuvieron presentes en Europa (pienso aquí en las especies australes como los eucaliptos, braquiquitos y araucarias). Es lógico pensar, puesto que ya las tenemos aquí, que tales especies puedan también ser elementos de nuestros bosques en el futuro. El problema al que nos enfrentamos, básicamente, es que ya no existen en Europa especies adaptadas a los climas que podríamos tener en el futuro. Ante lo desconocido, no tenemos otra solución pues que la de ir tanteando, experimentando, sin miedo a equivocarnos. Al final la Naturaleza es la que pondrá cada especie en su sitio. Estoy convencido que tener una pequeña red de arboretos como el bosque que describo sería muy útil de cara al futuro al permitir observar el comportamiento de un número de especies mucho más amplio que las que testean los ingenieros forestales. El objetivo, al final, es incrementar la biodiversidad de nuestros bosques y convertirlos en más resilientes ante los futuros cambios climáticos que, no lo olvidemos, no se va a detener en 2100 aunque esa sea la fecha en la que solemos proyectarnos al hablar del futuro.



La sorprendente resiliencia de la Eucommia que planté en mi barrio hace unos años, aguantando los veranos de los últimos años sin un solo riego, explica seguramente porqué sobrevivió en nuestro país hasta fechas relativamente recientes, desapareciendo solo cuando los periodos glaciares se hicieron más largos y más intensos en la transición del Pleistoceno medio hace aproximadamente 1 millón de años.

A muchas personas, sin embargo, les parece una auténtica locura mi planteamiento y ponen el grito en el cielo cuando me ven plantando Eucommias y ahuehuetes en los descampados de mi barrio, acusándome sin pensar de estar introduciendo especies invasoras y de cometer auténticos crímenes ecológicos. Lo peor de todo es que no solamente lo piensan. Pasan al acto y no se han privado de arrancar algunos de mis más prometedores árboles, como aquella hermosa pterocaria del Cáucaso que se había adaptado tan bien al lugar en el que la planté, a orillas del pequeño arroyito que nace en el descampado. La misma suerte corrió un liquidambar oriental y otros muchos arbolitos que arrancaron sin miramiento. Me temo que ante una oposición tan feroz, nunca logre yo realizar ese sueño. Ya veré, si finalmente me marcho de Madrid, qué posibilidades me reserva el lugar al que me traslade. Igual allá me dejen experimentar en paz y finalmente empiece a crecer el pequeño bosque pliocénico con el que llevo ya algunos años soñando. La idea no tiene dueño, sea dicho de paso, y si alguno de vosotros se encuentra en condiciones de realizarla (dispones de un pequeño terreno que quieres repoblar en un lugar que ofrece condiciones de humedad variadas, con un pequeño río o arroyo que lo cruce o bordee), no lo dudes ni un minuto más...



Este era el aspecto tan vigoroso que lucía la pterocaria que planté semanas antes de que la arrancaran.


Carrión J. et al. (2024) / Greening a lost world: Paleoartistic investigations of the early Pleistocene vegetation landscape in the first Europeans' homeland. / Quaternary Science Advances, Volume 14, 2024, 100185, ISSN 2666-0334, https://doi.org/10.1016/j.qsa.2024.100185.
Hartmann H. et al. (2022) / Climate Change Risks to Global Forest Health: Emergence of Unexpected Events of Elevated Tree Mortality Worldwide. / Annual Review Plant Biology. 73:673-702. https://doi.org/10.1146/annurev-arplant-102820-012804
Wilkens V. et al. (2025) / Rediscovering lost Cenozoic tree diversity in Western and Central Europe / Preprint, EcoEvoRxiv
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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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