Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Cambio climático

¿Invasoras?

Paleoautóctonas

La idea de plantar árboles para luchar contra el cambio climático y de paso reverter la pérdida de biodiversidad acelerada que sufre nuestro mundo parece que está de moda últimamente. Parte, sin lugar a dudas, de una buena intención, ya que no conozco a nadie que no quede fascinado al contemplar cualquier árbol de cierto tamaño. Pero lamentablemente se pasa muy fácilmente de la fascinación a la codicia en este mundo en el que la mecanización ha convertido nuestros bosques en un recurso tan fácil de explotar. Nuestras sociedades han perdido desde hace tiempo el respeto que profesaban los pueblos de la Antiguedad hacia unos seres potencialmente inmortales que las leyes no escritas de esos pueblos protegían. Cortar un árbol sagrado en aquellos tiempos te podía costar la vida. Era tal el grado de veneración a los árboles de aquellas sociedades que llegaron a dar nombre a muchas ciudades e incluso a varios pueblos como los Lemovices (Guerreros del Olmo), los Eburovices (Guerreros del Tejo) y Eburones (Pueblo del Tejo).



San Bonifacio talando el roble sagrado de los habitantes paganos de Hesse en el siglo VIII. Con el advenimiento del cristianismo se perdió en gran medida el caracter sagrado que tenían muchos árboles venerados desde tiempos remotos, que la iglesia taló sin piedad para demostrar su supremacía y poder.

El creciente interés por plantar árboles traduce sin lugar a dudas una toma de consciencia incipiente por el público del grave problema de biodiversidad al que nos enfrentamos. Pero plantar árboles sin cabeza y sin un seguimiento a medio y largo plazo puede resultar ser un esfuerzo vano. Muchos proyectos que calificaría sin más de greenwashing han acabado siendo un despilfarro de dinero y de medios que ha dejado más bien pocas huellas. Plantar árboles y abandonarlos a su suerte, sin un seguimiento continuo durante sus primeros años es casi siempre una garantía de fracaso. Una vez los árboles firmemente arraigados puede uno confiar en que saldrán adelante por ellos mismos. Al menos a medio plazo porque en muchos de estos proyectos aún falta tener en cuenta lo que yo considero hoy en día lo más importante a la hora de plantar un árbol: las proyecciones climáticas. O sea, saber cuales van a ser las tendencias climáticas a largo plazo, porque de nada sirve plantar hoy árboles que sabemos de antemano condenados por el cambio climático.



Robledal afectado por sequía en la Farga de Bebié (entre Osona y el Ripollès) en 2022. En las últimas décadas, muchos bosques que no se consideraban amenazados por episodios climático extremos se han visto fuertemente afectados en el mundo entero. La repetición de tales episodios puede provocar a la larga la muerte de muchos árboles, facilitando la propagación de megaincendios muy difíciles de contrarrestar. Hartman H. et al. (2022)

Lamentablemente predomina aún hoy la idea de que las especies mejor adaptadas a un lugar son las que crecen espontáneamente en aquél lugar y la mayoría de los grupos y asociaciones que llevan a cabo repoblaciones en nuestro país suelen organizar jornadas de recogida de semillas que luego utilizan en sus viveros y las repoblaciones que llevan a cabo. Subyace en esta manera de proceder la idea de que el objetivo final de los protectores de la naturaleza ha de ser una vuelta al estado originario de nuestros ecosistemas. Una manera de pensar lógica en un mundo que ha permanecido estable durante milenios pero que tiene poco sentido en la actual situación de cambio climático acelerado. Sin embargo, no se puede ignorar lo que ha pasado durante el último medio siglo y aún menos cerrar los ojos ante las previsiones de futuro de los climatólogos, basadas en evidencias y modelos científicos que han demostrado describir perfectamente la evolución de las temperaturas durante las últimas décadas. A pesar de las evidencias, la actitud de la mayoría de los grupos de "conservación" de la naturaleza (la palabra "conservación" lo dice todo) y de muchos biólogos sigue siendo muy conservadora en sus planteamientos, al no aceptar la idea de que en muchas regiones podríamos estar en el inicio de una renovación casi total de su fauna y flora.



A lo largo de los años he estado leyendo muchas veces en foros y artículos que lo del cambio climático no es para tanto y que nuestros ecosistemas y las especies que los constituyen tienen mucha resiliencia. Y sin embargo, no son pocos los indicios de que grandes cambios se están avecinando (seca de la encina y del alcornoque, aumento de la incidencia de grandes incendios forestales, muerte masiva de árboles en muchos bosques, etc). Nuestros paisajes en realidad ya están cambiado ante nuestros propios ojos pero aún no somos capaces de verlo porque lo que no ha cambiado es nuestra mirada.

Los ingenieros forestales, en cambio, acostumbrados a planear su actividad con décadas de antelación, han entendido casi de inmediato el mensaje de los climatólogos y ya experimentan hoy con variedades y especies mejor adaptadas a los climas venideros. Su trabajo adolece sin embargo de un grave defecto: les interesa ante todo favorecer la introducción de especies que hayan demostrado ser muy productivas en los tests que llevan a cabo siguiendo protocolos muy bien establecidos en pequeñas plantaciones experimentales. Una vez más, esta metodología tiene mucho sentido en una situación de estabilidad climática, pero queda un poco en entredicho en una situación de cambio climático acelerado. Los resultados obtenidos en este tipo de tests hace 50 años puede que ya no sean válidos hoy en día. Especies muy recomendables en aquél entonces igual ya no lo sean hoy y puede que especies que descartaron entonces hoy estén mejor adaptadas al clima actual y futuro. Me parece hoy en día muy difícil cuantificar las cosas en circunstancias tan cambiantes.



Evolución del número de géneros presentes en Europa occidental y central durante el Cenozoico. Wilkens V. et al. (2025)

Esta es la razón que me empuja a ser mucho más pragmático en mi planteamiento, que es de una sencillez pasmosa: plantemos todas las especies que nos parezcan mejor adapatadas al futuro clima y dejemos la naturaleza decidir qué especies son interesante y cuales no. El origen geográfico de las especies que vayamos a plantar tiene su importancia, claro está, pero no hemos de perder de vista, creo yo, que la fauna y flora actual son el resultado de un progresivo empobrecimiento a consecuencia de las glaciaciones del Cuaternario. Tener una pequeña idea de qué especies poblaban nuestro continente antes de las glaciaciones me parece un buen punto de partida para saber qué especies podrían ser interesantes de cara al futuro. Esto no significa "sustituir" de golpe las especies actuales por otras, sino ir incorporándolas poco a poco, prolongando paradójicamente la esperanza de vida de las especies actualmente presentes, que encontrarían condiciones más soprtables bajo la protección de especies más resistentes a las altas temperaturas.



La "Lozana Andaluza" pleistocénica imaginada por los autores del artículo en su medio natural, observando una culebra sobre las ramas de un árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides), en un refugio glacial en el que también estaban presentes otros géneros como Cathaya, Picea, Abies, Tsuga, Parrotia, Carya, Zelkova, Carpinus, Eucommia, Arbutus, Sorbus, Fagus, Acer, Juglans, Castanea y Ulmus. Carrión J. et al. (2024).

Mi sueño sería intentar recrear, de alguna manera, un bosque de finales del Terciario (Plioceno), incluyendo en él especies y géneros desaparecidos que crecen hoy en áreas con un clima similar al que se prevé para finales de siglo en buena parte de Europa. Eso no significa limitarse exclusivamente a esas especies. Ya utilizamos muchas especies exóticas en nuestros bosques y en nuestros jardines, que nunca estuvieron presentes en Europa (pienso aquí en las especies australes como los eucaliptos, braquiquitos y araucarias). Es lógico pensar, puesto que ya las tenemos aquí, que tales especies puedan también ser elementos de nuestros bosques en el futuro. El problema al que nos enfrentamos, básicamente, es que ya no existen en Europa especies adaptadas a los climas que podríamos tener en el futuro. Ante lo desconocido, no tenemos otra solución pues que la de ir tanteando, experimentando, sin miedo a equivocarnos. Al final la Naturaleza es la que pondrá cada especie en su sitio. Estoy convencido que tener una pequeña red de arboretos como el bosque que describo sería muy útil de cara al futuro al permitir observar el comportamiento de un número de especies mucho más amplio que las que testean los ingenieros forestales. El objetivo, al final, es incrementar la biodiversidad de nuestros bosques y convertirlos en más resilientes ante los futuros cambios climáticos que, no lo olvidemos, no se va a detener en 2100 aunque esa sea la fecha en la que solemos proyectarnos al hablar del futuro.



La sorprendente resiliencia de la Eucommia que planté en mi barrio hace unos años, aguantando los veranos de los últimos años sin un solo riego, explica seguramente porqué sobrevivió en nuestro país hasta fechas relativamente recientes, desapareciendo solo cuando los periodos glaciares se hicieron más largos y más intensos en la transición del Pleistoceno medio hace aproximadamente 1 millón de años.

A muchas personas, sin embargo, les parece una auténtica locura mi planteamiento y ponen el grito en el cielo cuando me ven plantando Eucommias y ahuehuetes en los descampados de mi barrio, acusándome sin pensar de estar introduciendo especies invasoras y de cometer auténticos crímenes ecológicos. Lo peor de todo es que no solamente lo piensan. Pasan al acto y no se han privado de arrancar algunos de mis más prometedores árboles, como aquella hermosa pterocaria del Cáucaso que se había adaptado tan bien al lugar en el que la planté, a orillas del pequeño arroyito que nace en el descampado. La misma suerte corrió un liquidambar oriental y otros muchos arbolitos que arrancaron sin miramiento. Me temo que ante una oposición tan feroz, nunca logre yo realizar ese sueño. Ya veré, si finalmente me marcho de Madrid, qué posibilidades me reserva el lugar al que me traslade. Igual allá me dejen experimentar en paz y finalmente empiece a crecer el pequeño bosque pliocénico con el que llevo ya algunos años soñando. La idea no tiene dueño, sea dicho de paso, y si alguno de vosotros se encuentra en condiciones de realizarla (dispones de un pequeño terreno que quieres repoblar en un lugar que ofrece condiciones de humedad variadas, con un pequeño río o arroyo que lo cruce o bordee), no lo dudes ni un minuto más...



Este era el aspecto tan vigoroso que lucía la pterocaria que planté semanas antes de que la arrancaran.


Carrión J. et al. (2024) / Greening a lost world: Paleoartistic investigations of the early Pleistocene vegetation landscape in the first Europeans' homeland. / Quaternary Science Advances, Volume 14, 2024, 100185, ISSN 2666-0334, https://doi.org/10.1016/j.qsa.2024.100185.
Hartmann H. et al. (2022) / Climate Change Risks to Global Forest Health: Emergence of Unexpected Events of Elevated Tree Mortality Worldwide. / Annual Review Plant Biology. 73:673-702. https://doi.org/10.1146/annurev-arplant-102820-012804
Wilkens V. et al. (2025) / Rediscovering lost Cenozoic tree diversity in Western and Central Europe / Preprint, EcoEvoRxiv

¿Desde cuándo somos realmente conscientes del peligro que el consumo desmedido de hidrocarburos nos hace correr? Personalmente ocurrió a finales de los años 80, durante mi formación como geólogo en la Universidad de Neuchâtel (Suiza). Esa formación incluía por aquél entonces una asignatura de climatología que impartía el director del entonces aún activo Observatorio Cantonal de Neuchâtel, que era en aquella época toda una institución en el país alpino. El mensaje que nos transmitía era claro y no ha cambiado un ápice desde entonces: el calentamiento global era una realidad y estaba causado por las actividades humanas. Más o menos por la misma época, el 23 de junio de 1988, el científico de la NASA James Hansen testificó ante el Senado de los Estados Unidos afirmando lo mismo.

Recuerdo sin embargo que ya se venía diciendo aquello desde al menos los años 70. Recuerdo perfectamente un reportaje de la televisión francesa en el que al gran Haroun Tazieff casi le cuesta un disgusto explicar las consecuencias del incremento de CO2 en la atmósfera ante un Jacques-Yves Cousteau dubitativo (cambiaría por completo de opinión años más tarde) y la actitud un tanto despectiva del periodista que le acusaba de "sembrar el pánico entre la población" (ver vídeo a continuación).

Lo peor de todo es que las principales empresas petroleras eran plenamente conscientes del impacto que tenía el consumo de petróleo, llegando alguna de ellas (Exxon) a contratar los servicios de investigadores independientes que llegaron exactamente a las mismas conclusiones que la NASA. En vez de hacer públicas las conclusiones de ese estudio prefirieron callar y participar en la campaña de desprestigio de la climatología absolutamente sin precedentes que se desencadenó a continuación. A golpe de millones de dólares, financiaron contraestudios y se hicieron muy presentes en todos los medios de comunicación. Era entonces realmente David contra Goliath. Pero Goliath no era el IPCC, como se intenta hacernos creer ahora en un sorprendente giro de guión, sino la potente industria petrolera.

Hoy las terribles consecuencias de tan tamaña imprudencia empiezan a vislumbrarse mucho más claramente y el miedo a lo que pueda ocurrir en el futuro ya está empezando a hacerse notar claramente en la actitud de mucha gente y de muchos gobiernos. Ya nadie niega, creo yo, que el problema existe. Ningún gobierno ni ninguna persona puede objetivamente ignorar a estas alturas las señales inequívocas que nos transmite la naturaleza. El negacionismo hoy en día es más hipocresía que un real convencimiento de que nada está pasando. Es un negacionismo de fachada de los que ya solo piensan en salvarse ellos mismos. Los "búnkeres del fin del mundo" que muchos millonarios están construyendose en áreas geográficas consideradas más seguras lo delata claramente. Muchos se enriquerieron surfeando sobre la ola de los combustibles fósiles pero, por si acaso, ya están pensando en donde refugiarse cuando las cosas se pongan realmente feas...



Puerta blindada de entrada al búnker Vivos xPoint. Vivios es una empresa que vende búnkeres de lujo en los que retirarse con todas las comodidades imaginables en caso de que ocurra cualquier tipo de catástrofe. / Fotografía: VigilanteScout / Licencia: CC BY-SA

El interés de Estados Unidos por una isla como Groenlandia o las riquezas de otras regiones también delata ese mismo miedo. Conscientes de que una transición energética es necesaria y requerirá ingentes cantidades de metales raros, algunos países intentan ahora acaparar las reservas que aún permanecen inexplotadas, aunque sea por la fuerza. La expansión china en América Latina y en África, aunque más pacífica y comercial, sige la misma lógica. Estamos asistiendo a una especie de sálvese quien pueda patético al que se ha apuntado también buena parte de la ciudadanía. Los colaboracionistas de los regímenes que mañana surgirán para supuestamente salvarnos de la catástrofe ya vierten su odio en nuestras calles y en los medios de comunicación. Ese odio no es otra cosa, en realidad, que el reflejo del miedo que sienten de quedarse apartados de la Historia. O tomamos el poder por la fuerza y nos salvamos, piensan ellos, o quedaremos engullidos por esa gran ola de miseria que se nos viene encima...

Están creciendo como la espuma en nuestras sociedades la xenofobia y el desprecio hacia los más pobres. Allá donde pueden, los más ricos privatizan los servicios públicos y lo justifican acusando los partidos "tradicionales" de regalar lo que es nuestro a personas que no se lo merecen. El foso que separa los más ricos, paralizados por el miedo, de los más pobres no ha dejado de ampliarse. Muchos jóvenes en este páis ya han asumido que nunca podrán comprar una vivienda y llevar una vida digna. Van a ser los sacrificados por un sistema que no supo ver llegar la catástrofe que se avecinaba. Los que más suerte tengan tal vez heredarán el piso de sus padres. Los demás están condenados a llevar una vida de penurias. Serán carne de cañón del cambio climático al verse relegados a vivir donde nadie quiere. Ellos sumarán las cifras de fallecidos en las futuras olas de calor y riadas. Ellos serán los que caerán como moscas en nuestras asfixiantes calles mientras los más ricos pasarán el verano al fresco en sus mansiones rodeadas de verdura...

Lo que cuento aquí parece un relato futurista pero la realidad es que ya hay millones de desplazados por culpa del cambio climático en países como Bangladesh en los que amplias zonas ya han desaparecido en el mar. Incluso aquí en España ya se está empezando a notar un aumento de la demanda por comprar propiedades en el norte de la Península. Un movimiento que irá in crescendo cuando los veranos en el sur se conviertan en insoportables y se sucedan olas de calor letales que asolarán también nuestros cultivos. Algunos agricultores ya se están anticipando a esos cambios e intentan adaptarse a la nueva situación (plantando pistachos por ejemplo). Pero son una pequeña minoría por ahora. De todos modos, no creo que de repente suba como la espuma la demanda de un producto que otros países producen ya de forma masiva. Muchos agricultores probablemente no encontrarán relevo en amplias zonas de la Península en las que a la subida de las temperaturas se añade una grave penuria en agua que una esplendorosa primavera no va a reverter tan fácilmente. Haría falta que llueva así todos los años pero, que yo sepa, los climatólogos no vaticinan para el futuro un cambio positivo en el régimen de precipitaciones (ojalá nos equivoquemos todos). Un verano muy caluroso bastaría de todos modos para devolvernos a la casilla de salida.



¿Lucharán a muerte nuestros descendientes por los escasos recursos aún disponibles o sabrán nuestras sociedades reinventarse y encontrar su sitio en una Naturaleza que nos sustenta?

¿Nos espera pues un futuro a la Mad Max o seremos capaces de adaptarnos y de socializar en alguna medida las consecuencias del cambio climático? La política del miedo y del sálvese quien pueda no nos lleva a ninguna parte me temo. Como no seamos capaces rápidamente de prescindir del petróleo y del carbón, pronto nos encontraremos con concentraciones de CO2 que podrían acercarse peligrosamente a los 1000 ppm. Tales niveles de CO2 son los del Eoceno, un periodo geológico en el que la temperatura media global era cerca de 15 grados más alta que la preindustrial y el nivel del mar unos 60 metros por encima del actual. Os dejo ver en el mapa a continuación el aspecto que tendría nuestro continente con 60 m de elevación del nivel del mar, que sería lo que ocurriría si todo el hielo que cubre Groenlandia y la Antártida acabase por derretirse por completo. Ni que decir que estamos hablando de un mundo totalmente diferente al actual. La inmensa mayoría de las actuales metrópolis habrá desaparecido bajo las aguas de los océanos. Un mundo en el que muchas especies actuales, hombre incluido, probablemente no serían capaces de sobrevivir.



Un inmenso Mar Caspio reconectado al Mar Negro y buena parte de Europa del Norte engullida por el mar. Que me congelen por favor, que quiero ver como será Europa dentro de medio milenio...

Ojalá seamos capaces de recapacitar y de tomar decisiones conjuntamente. Ojalá seamos capaces de reverter la tendencia que se observa desde hace varias décadas a la acaparación de los recursos por los más ricos, que está generando gravísimos desequilibrios que solo se pueden resolver con una redistribución pactada de la riqueza mediante el pago de impuestos y la aplicación de políticas redistributivas justas. De lo contrario me temo que en un futuro no muy lejano la violencia se apoderará de nuestras hasta ahora apacibles sociedades. Un caldo de cultivo muy peligroso en el que se pueden gestar las futuras dictaduras y guerras en un mundo cada vez más inestable en manos de auténticos locos. Ojalá me equivoque y este pequeño análisis sea solo fruto del miedo que siente un casi anciano al ver todo lo que ya se ha perdido desde que era un niño que soñaba con vivir en un mundo mejor. Si algo nos demuestra la historia, es que los privilegios de las minorías más ricas solo se pueden mantener por la fuerza. La riqueza se tolera cuando las cosas van bien, pero en periodos de crisis como el que se abre ahora con el cambio climático los olvidados por el destino acaban siempre reclamando su parte del botín. El peligro, al ritmo que vamos, es que si no reaccionamos pronto, quede más bien poco por repartir. Es el futuro mismo del hombre como especie el que está en tela de juicio actualmente. Llámenme catastrofista si piensan que exagero, pero no dejen de mirar lo ocurre a su alrededor. Las señales de lo que está pasando son ya bien visibles para quien sabe y quiera verlas...

Decíamos, al describir la Depresión del Ebro, que era una de las dos grandes depresiones formadas en la Península Ibérica como consecuencia del desarrollo de las cordilleras alpinas en la periferia de la microplaca ibérica, al colisionar esta con las placas africana y europea. Hoy vamos a examinar la que se formó en el sur de la microplaca ibérica, al pie de la Cordillera Bética por las mismas razones por las que se formó la Depresión del Ebro. La acumulación en las cordilleras béticas de grandes unidades tectónicas provocó la flexión de la placa continental ibérica y la formación de una cuenca de antepaís relativamente estrecha que fue ocupada por el mar durante buena parte del Neógeno, acumulándose en ella entre 500 y 1000 m de sedimentos en sus áreas centrales y occidentales.



Formación de Sierra Morena y la Cuenca del Guadalquivir.

El clima actual en buena parte de Andalucía Occidental es típicamente mediterráneo, correspondiendo al tipo Cfa (templado con verano seco y caluroso) en la clasificación climática de Köppen. En zonas interiores de la depresión, el clima se vuelve localmente más árido, de tipo BSk (estepario frío) y BSh (estepario cálido).

El clima en esta región se ve atemperado por la cercana presencia del Atlántico y se diferencia del de las mesetas del centro de la Península por tener inviernos más suaves y unos niveles de precipitaciones ligeramente más elevados, superando normalmente los 500 mm de precipitación anual (se sitúan entre 400 y 500 mm en ambas mesetas). Esta diferencia se debe sobre todo a la entrada de aire húmedo por el golfo de Cádiz, que en algunos periodos del año provoca intensas precipitaciones que se concentran sobre todo en el SO de la Península. Recordemos que no hay en el bajo Guadalquivir ningún relieve que impida la entrada de ese aire húmedo oceánico.

En verano la entrada de masas de aire desde el N de África durante largos episodios de ola de calor convierte esta región en una de las más cálidas de la Península. La escasa altitud y el alejamiento de la costa convierte en particular las zonas interiores de la Cuenca del Guadalquivir en un auténtico horno. La campiña cordobesa y jienense en particular acumulan buena parte de los datos de altas temperaturas medidas en España durante los últimos años:

Los modelos climáticos apuntan a que el número de días de calor en que se superarán los 40 grados de temperatura aumentará considerablemente, pasando de ser una situación excepcional actualmente a ser lo normal durante buena parte del verano. La misma región de la campiña cordobesa y jienense en la que se baten regularmente los records de temperatura podría llegar a tener más de 60 días al año con temperaturas superando los 40ºC:

Con temperaturas diurnas que podrían superar los 40 grados durante casi dos meses, parece lógico que el grado de aridez de esas regiones aumente en consecuencia. Los modelos más pesimistas muestran muy claramente como buena parte del valle del Guadalquivir podría llegar a tener un clima de tipo BSh (clima estepario caluroso). El aumento de la aridez ligado al aumento de las temperaturas y al alargamiento de los periodos de intenso calor constituye sin lugar a dudas el reto fundamental para esta región. Todo ello sin tener en cuenta que la probabilidad de alcanzar excepcionalmente los 50 ªC aumenta considerablemente, siendo letales para muchos organismos tales condiciones si llegan a mantenerse muchas horas y días.

De mantenerse un nivel de precipitaciones similar al actual en buena parte de Andalucía Occidental, no debería sufrir esta región un cambio de vegetación tan drástico como cabe esperar en otras regiones. Eso sí, algunas especies como la encina y el alcornoque parece que sufrirán del aumento de las temperaturas y se irán haciendo más raras, permaneciendo probablemente únicamente en zonas de relieves, tal como muestran los mapas que mostramos en el artículo dedicado a la franja costera del SE.

En las zonas más internas de la depresion del Guadalquivir, una vegetación propia de zonas áridas debería poco a poco imponerse, aunque al tratarse de zonas mayoritariamente agrícolas, posiblemente el cambio no sea tan aparente, siempre y cuando los recursos hídricos permitan que se mantenga esta actividad, ya que el previsible aumento de la aridez incrementará la presión sobre los recursos hídricos en toda esta región. A ese incremento de las temperaturas y de la aridez también hay que añadir en las zonas costeras los efectos previsibles de la subida del nivel del mar, que ya evocábamos en el artículo dedicado al entorno de Doñana (La espada de Damocles (2): Doñana).

Nacidos de la colisión de la microplaca ibérica, que había quedado aislada en el Mar Tethys a consecuencia de la dislocación de la Pangea, con la placa continental europea, los Pirineos son a la vez punto de unión y punto de separación entre la Península Ibérica y el resto del continente europeo. Desde un punto de vista florístico, presenta muchas afinidades con otras cadenas de montañas como los Alpes, con la que enlaza a través de una serie de relieves intermedios que han facilitado la migración de muchas especies durante los periodos fríos del Cuaternario. Encontramos así en los Pirineos muchas especies de ámbito centro y norte europeo que no se encuentran más al sur en las sierras de la región mediterránea. Entre los árboles y arbustos, es el caso por ejemplo del abeto (Abies alba), el pino negro (Pinus uncinata), el rododendro (Rhododendron ferrugineum), la gayuba negra (Arctostaphylos alpina) , etc.



Bosque de abetos en el entorno del Estany de Ratera, en el Parque Nacional de Aigüestortes. / Autor: Javier Sanchez Portero / Licencia: CC BY-SA

Los pisos de vegetación que los botánicos reconocen en los Pirineos son pues bastante similares a los de esas montañas:

La gran diferencia respeto al resto de europa es la ausencia en la vertiente sur de un auténtico piso colino, ya que a baja altitud aparece una vegetación típicamente mediterránea dominada por la encina. En el piso subalpino, el pino negro (Pinus uncinata) ocupa todo el lugar que en otras cadenas de montañas comparte con especies como la pícea (Picea abies), el alerce (Larix decidua y el pino cembro (Pinus cembra). Pícea y alerce se han utilizado extensamente en repoblaciones en los Pirineos, donde se las puede considerar plenamente naturalizadas.



El glaciar de la Maladeta en 2006. / Autor: Pablo Moratinos / Licencia: CC BY-SA

Los Pirineos presentan la particularidad, con respecto a otras sierras de la Península, de ser el último lugar de la Península en el que aún hay glaciares. Casi tendríamos que utilizar el pasado para hablar de ello vista la velociodad a la que están derritiéndose. Las previsiones, en efecto, apuntan a que podrían desaparecer en muy pocas décadas. Los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, son los último reductos de los climas fríos sin estación seca en la Península Ibérica, de tipo Dfb (con verano templado) o Dfc (con verano fresco) según la calsificación climática de Köppen.



Los climas actuales según la clasificación de Köppen en la región pirenaica (mapa y datos de AEMET).

Tal como se puede ver en el mapa del calentamiento en la Península Ibérica (ver el articulo de esta serie dedicado a Galicia), éste ha sido muy heterogéneo en los Pirineos, a imagen de esta cadena montañosa en la que existen un sinfín de microclimas determinados por la existencia de altas cumbres y de profundos valles con una orientación muy variable. De cara al futuro, esta heterogeneidad es probablemente una buena noticia, significando que por mucho que suban las temperaturas, probablemente sigan existiendo a finales de siglo pequeños enclaves en los que la vegetación actual podrá refugiarse. Pero no debemos perder de vista que a escala regional, la subida de las temperaturas medias va a significar una disminución de la cobertura nival durante buena parte del año y un acortamiento de los periodos de frío.



Salix herbaceae, especie típica de zonas innivadas durante muchos meses. Angoustrine-Villeneuve-des-Escaldes, Pirineo francés. / Autor: tkoffel / Licencia: CC BY

Para especies adaptadas a vivir en zonas de neveros o sobre suelos crioturbados, por ejemplo, puede suponer una considerable disminución de su actual área de distribución o su total extinción llegado el caso. Ese calentamiento supondrá, en efecto, una importante subida de los pisos de vegetación, que podría alcanzar el kilómetro en los escenarios menos favorables. Creo que no hace falta ser ingeniero para deducir que los efectos sobre los ecosistemas actuales serán muy importantes. Salvo en pequeños enclaves muy delimitados, la vegetación cambiará por completo en buena parte de los Pirineos. Haced el ejercicio mental de subir entre 500 y 1000 metros los pisos que se describen en la figura que muestra los pisos bioclimáticos en los Pirineos y os asustará el resultado.



Los climas en 2100 siguiendo una curva de calentgamiento intermedia.

El mapa climático actual muestra la existencia de una estrecha zona de transición entre los climas típicamente montanos y el clima mediterráneo en la que el clima es de tipo Cfa (clima templado sin estación seca y veranos calurosos). Ese tipo de clima está muy poco extendido hoy en día en Europa (S de los Alpes, Balcanes, N de Turquía, Cáucaso) pero sería, según los modelos climáticos, el predomiinante en toda Europa central y buena parte de la región pirenaica a finales de siglo. En zonas de Cataluña con este tipo de clima sobrevive hoy en día el quejigo andaluz, una reliquia terciaria que podría verse beneficiada por el actual cambio climático. Muchas otras especies provenientes de regiones con un clima semejante podrían claramente verse favorecidas si vinieran a escaparse de los parques y jardines en los que están presentes o si decidiéramos traerlas de vuelta desde regiones del planeta donde sobrevivieron a las glaciaciones.



Algunos elementos de la flora del Mioceno en la Cerdanya: Daphnogene sp., Buxus pliocenica, Parrotia pristina, Cercidiphyllum sp., Populus tremulaefolia, Zelkova zelkovifolia, Q. hispanica, Fagus gussonii, Carya serrifolia. / Tosal A. et al. (2021)

No ha ocurrido aún en esa franja sur de los Pirineos un fenómenos de naturalización de especies provenientes de climas de tipo Cfa tan extenso como el que se observa el norte de Italia y el Ticino (Suiza), pero no sería una sorpresa que las mismas especies que se han naturalizado allá o especies muy similares también lo hicieran poco a poco en el norte de España. Especies como el laurel, la palmera de Fortune -muy utilizada en jardinería-, el aligustre japonés, el alcanforero y un largo etcétera de especies exóticas probablemente encontrarán en un futuro próximo condiciones ideales para expandirse por toda esta región. Y no menciono aquí las especies paleoautóctonas, algunas de las cuales muestro en la figura anterior, cuyo regreso me parecería lógico pero que no se cultivan muy a menudo en nuestro país (zelkova del Cáucaso, pterocaria del Cáucaso, pacaneros, etc).

Pase lo que pase, los Pirineos seguramente conservarán buena parte de su actual biodiversidad gracias a la gran heterogeneidad de sus paisajes y a un cierto margen para migrar hacia las zonas más altas, aunque esto significará que muchas especies verán su área de ditribución muy reducida. Muchas, lamentablemente, desaparecerán pero puede que sobrevivan en otras regiones de Europa. Preocupa sobre todo el destino de algunos endemismos estrictamente pirenáicos que no tendrán muchas alternativas para mantenerse y que a no ser que se introduzcan en otras regiones situadas más al norte, podrían sobrevivir solo en las colecciones de algunos jardines botánicos.



Mapa de distribución real y potencial del haya (Fagus sylvatica) en la actualidad (izquierda) y en el horizonte 2100 en un escenario en el que se mantiene el consumo actual de hidrocarburos. Felicísimo et al. (2011).

Viendo los mapas de distribución potencial de muchas especies a finales de siglo, se evidencia el importante papel que desempeñarán los Pirineos y la vecina Cordillera Cantábrica como útimo refugio de muchas especies de ámbito euro-siberiano en la Península Ibérica. Una especie como el haya (ver mapa anterior) sobreviviría a finales de siglo en reducidos enclaves. Este aparente movimiento de muchas especies hacia el norte es en realidad absolutamente lógico puesto en contexto con el cambio climático. Un dato que muchas personas aún no han asimilado o se resisten a asimilar. ¿Cómo explicar sino el empeño de muchos en introducir bisontes cuando en realidad la evolución del clima favorece especies mucho mejor adaptadas a la aridez. El éxito (truncado) del arrui en el SE de la Península es bastante esclarecedor creo yo.



Tosal A., Verduzco O. & Martín-Closas C. (2021) / CLAMP-based palaeoclimatic analysis of the late Miocene (Tortonian) flora from La Cerdanya Basin of Catalonia, Spain, and an estimation of the palaeoaltitude of the eastern Pyrenees / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, Vol. 564.

Cuando los noticiarios dicen que España es uno de los países europeos con más bosques y en el que la superficie forestal más ha crecido durante las últimas décadas, muchos nos quedamos con una sensación medio extraña preguntándonos donde estarán esos bosques... El caso es que lo que se considera como "bosque" en las estadísticas oficiales corresponde a situaciones muy diversas que van desde las plantaciones artificiales de árboles a las vastas superficies de monte bajo que se han desarrollado en las últimas décadas a consecuencia del abandono de muchas actividades agrícolas. Los auténticos bosques, constituidos por un dosel de árboles adultos y que albergan parte de la biodiversidad propia de un bosque primario son en realidad muy escasos.

Deberíamos tal vez empezar por definir lo que es un bosque primario para tener un punto de comparación. En principio, es bastante sencillo de definir: se trata de los bosques que no han sido nunca modificados por el hombre. Un bosque no deja de ser primario por haber sido visitado o recorrido por el hombre, pero mientras el hombre no influya de manera sensible sobre la composición y estructura del bosque, se puede considerar como primario, fruto de una evolucuión natural del ecosistema. Francis Hallé explica que un bosque primario se reconoce de inmediato por un criterio que ningún científico se atrevería a validar: ¡su belleza! El caso es que la rica biodiversidad que albergan y su desarrollo caótico (nada que ver con les hileras de pinos y de eucaliptos de muchos de nuestros montes) confieren a esos bosques una personalidad que no tienen otros y fascina de inmediato a quienes los visitan.



La abundancia de madera muerta es, en las zonas templadas, una de las características más llamativas de los bosques primarios. Bosque de Bialowieza. / Fotografía: Frank Vassen / Licencia: CC BY

En el mapa a continuación se puede ver que la mayor extensión de boques primarios en Europa corresponde al bioma de la taiga y a algunos bosques del Cáucaso y de los Cárpatos. Son escasísimos en el resto de Europa. El icónico bosque de Bialowieza aparece como una pequeña mancha en una vasta extensión sin bosques primarios. Los bosques marcados con pequeños triángulos rojos son pequeños rodales que presentan algunas características de un bosque primario pero que no pueden ser considerados como tales debido a que generalmente los árboles que los constituyen no tienen aún la edad suficiente ni ocupan la suficiente extensión para que la influencia del hombre deje de notarse en ellos. Se habla para describir estos bosques de "bosques maduros", que a pesar de no ser bosques primarios, presentan una biodiversidad mucho mayor que la de cualquier otro tipo de "bosque". El caso es que no existen ya en la Península Ibérica bosques primarios (bosques "vírgenes") que no hayan sido en un momento u otro explotados por el hombre.



Resumen de los fragmentos de bosque primario incluidos en el EPFD v2.0. Tanto los puntos como los polígonos se han ampliado para mejorar la visibilidad. Francesco Maria Sabatini et al. (2021).

Un bosque maduro es un bosque que ha evolucionado sin mucha influencia humana y que no ha sido castigado por eventos extremos como las tempestades o los incendios, permitiendo la permanencia de árboles viejos y de tamaño excepcional y el desarrollo de una rica fauna asociada a la descomposición de la madera, que no se ha retirado sistemáticamente, a menudo más por temas de inaccesibilidad o de costes que por querer contribuir de manera consciente a incrementar la biodiversidad de los bosques. En los usos tradicionales que se hacía del bosque, la recolección de madera muerta para su uso como combustible era una práctica muy difundida. La sustitución de la madera por otras fuentes de energía ha propiciado, sin lugar a dudas, la acumulación de madera muerta en nuestros bosques.



Rodal maduro en Cataluña / Imagen: CREAF / Alba Gimbert

No hay que dejarse engañar por el tamaño de los pequeños triándulos que aparecen en el mapa, en el que se ha primado ante todo la visibilidad. En realidad ocupan superficies muy reducidas. No he encontrado una cifra exacta para la Península Ibérica pero se considera que representan bastante menos del 1% de la superficie arbolada de la Península. En un estudio reciente llevado a cabo sobre este tema en Cataluña, se ha podido mostar que la inmensa mayoría de los bosques de esa comunidad tienen un grado de madurez bajo, que es absolutamente normal teniendo en cuenta que en muchos de ellos los árboles son cortados mucho antes de alcanzar su edad máxima. Esta situación, en realidad, es extensible a toda España,



Madurez del bosque en Cataluña.Brotons L. et al. (2020).

Un bosque maduro es pues un bosque que presenta parte de las características de un bosque primario (existen varias metodologías para estimar su "grado de madurez" que no vamos a detallar aquí) pero que aún no ha completado todo el proceso de maduración y senescencia que lleva finalmente al reinicio de un nuevo ciclo tras desaparecer los grandes árboles que cierran la canopea. Tal como explicaba antes, muchos bosques maduros en realidad nunca llegarán a convertirse en bosques primarios debido a su escasa extensión, que impide que se instalen en esos bosques toda la fauna (megafauna en particular) que ayudaría a equilibrar el ecosistema.



Fases del ciclo de madurez del bosque. Brotons L. et al. (2020)

El esquema que se muestra en la figura anterior en realidad es aún más complicado, al poder haber una sucesión de especies que puede llevar varios siglos en desarrollarse. Lo describe muy bien Francis Hallé en su alegato para la creación de un bosque primario en Europa Occidental:

«En aras de la simplicidad, retomamos la hipótesis —muy poco probable— de que nuestro proyecto comenzaría en un suelo desnudo. La instalación de vegetación herbácea irá seguida de la llegada de pequeños árboles como zarzas, saúcos y árboles de las mariposas (Buddleja); luego vendrán los árboles pioneros —pinos, abedules, álamos, robinias y ailantos—, que tendrán que crecer, constituir un primer bosque secundario, envejecer y morir (un siglo). Este será sustituido por árboles pospioneros, fresnos, arces y olmos, que tardarán en crecer y formar un segundo bosque secundario, que a su vez envejecerá y morirá (cuatro siglos); entonces llegarán los árboles del bosque primario, tejos, hayas y robles, que tardarán en crecer hasta que, algunos de ellos habiendo alcanzado su máximo tamaño, el dosel esté completamente cerrado (cinco siglos); el bosque primario se habrá hecho finalmente realidad».

Me parece muy interesante resaltar que a Francis Hallé le trae al pairo la presencia de especies como el árbol de las mariposas, la robinia y el ailanto, que en el tiempo largo están condenadas a desaparecer. Tan solo permanecerán en lugares en los que el bosque sufra un rejuvenecimiento debido a alguna perturbación como tempestades, deslizamientos de terreno, etc. La diferencia con respecto a los planteamientos de los adalides de la biología de las invasiones es evidentísimo: el tiempo. Unos se mueven en la inmediatez cuando otros piensan con siglos de anticipación...

Para completar esta breve presentación de lo que son los bosques primarios y los bosques maduros, creo necesario también decir unas palabras acerca de los bosques y ecosistemas que queremos dejar "en libre evolución". Se ha vuelto muy popular esta idea de la libre evolución y me parece importante decir que los bosques maduros no son, por lo general, espacios que se han dejado en libre evolución. Como tampoco lo son muchos ecosistemas que se siegan cada año para impedir su desaparición. Sí lo son, en cambio, los bosques primarios y, de facto, todos los territorios ganados por el bosque durante las últimas décadas a consecuencia del abandono del campo. Estos bosques son muy jóvenes pero han acumulado durante el poco tiempo en que han podido crecer libremente una importante biomasa que ahora alimenta los terribles incendios que han arrasado el NO de España estos últimos veranos. Los bosques primarios son supuestamente más resistentes al cambio climático (resilientes) gracias a su extraordinaria biodiversidad y un mayor nivel de humedad, pero no hemos de perder de vista que todos los bosques primarios actuales también deben mucho al largo periodo de estabilidad que ha sido el Holoceno. Lo ocurrido estos últimos años en la Amazonia o en muchas zonas de taiga (Rusia y Canadá) es un claro indicio que esa supuesta resiliencia de los bosques primarios podría ser más teórica que real.

Si queremos que mañana haya bosques con una rica biodiversidad en un contexto de cambio climático, deberemos aceptar una serie de ideas que a primera vista son un poco contraintuitivas:

- Los bosques primarios también se verán afectados por el cambio climático y se verán obligados a evolucionar. Su resiliencia, por muy grande que sea, no es infinita.

- La idea de la "libre evolución" de los ecosistemas, por muy atractiva que parezca adolece de un grave defecto: está condicionada actualmente por un cambio mayor provocado por el hombre. Puede llevarnos a algo totalmente diferente de lo que esprábamos.

- El hombre puede de alguna manera acelerar el proceso de maduración del bosque cambiando las prácticas silvícolas. Si a una plantación de árboles le sucede tras su recolección otra plantación de árboles, es evidente que no habrá nunca ninguna evolución que favorezca la biodiversidad además de acabar muy probablemente con toda la riqueza del suelo.

- La biodiversidad está directamente relacionada con el grado de madurez del bosque. El origen de las especies que constituye el bosque no necesariamente es un impedimento para que se desarrolle un bosque maduro con una rica biodiversidad. Los bosques de cedros del Mont Ventoux son un claro ejemplo de ello. Se pueden aprovechar las plantaciones abandonadas para no partir de cero en el conseguimiento de esa meta.

Como conclusión, me sentiría tentado a decir que a falta de pan, buenas son tortas. Cuidemos pues de los pocos bosques maduros que aún nos quedan y fomentemos la creación de nuevos bosques maduros a partir de las masas arbóreas actualmente explotadas teniendo en cuenta lo apremiante que es la situación de cambio climático que vivimos. Para responder con rapidez al cambio climático debemos deshacernos cuanto antes de muchos tabúes que nos impiden incluso valorar la gravedad de lo que está ocurriendo. Es tiempo de ser prácticos y empíricos y dejar de pensar como ingenieros empecinados en calcular rendimientos...



Brotons L. et al. (2020) / Estado de la Naturaleza en Cataluña 2020. / Departamento de Territorio y Sostenibilidad. Generalitat de Catalunya. Barcelona.
Francesco Maria Sabatini et al. (2021) / European primary forest database v2.0

La franja costera del Sureste de la Península Ibérica es la región más árida de la Península y de toda Europa si se excluyen algunas regiones situadas al N del Mar Caspio. Convergen en realidad en esta región dos fenómenos que a menudo se confunden: el de desertización, que tiene causas climáticas, y el de desertificación, que tiene causas antrópicas. El SE de la Península es una zona que ha sido explotada por el hombre desde muy antiguo, desarrollándose en esta región una de las culturas / civilizaciones más tempranas del Mediterráneo occidental: la cultura del Argar. Los procesos de deforestación y de erosión de unos terrenos por otra parte muy sensibles a la acción del agua y del viento (sedimentos terrígenos que rellenan las cuencas formadas entre los relieves de las Cordilleras Béticas) empezaron pues muy temprano en esta región.



Se aprecia muy bien en esta fotografía la yuxtaposición de zonas más o menos cubiertas de vegetación y de zonas muy erosionadas (cárcavas), mostrando que el fenómeno predominante en este paisaje es la desertificación. "Desierto" de Tabernas. / Fotografía: Roy Luck / Licencia: CC BY

Desde un punto de vista climático, el SE de la Península ha sido siempre una región árida en la que predominaba el clima de tipo BSk, estepario frío. En algunas áreas lítorales el clima podía ser incluso de tipo BSh (estepario cálido) o BWh y BWk (climas desértico frío y cálido). Las áreas ocupadas por el clima BSh se han expandido considerablemente durante las últimas décadas, ocupando ya casi todo el litoral de las provincias de Almería, Murcia y Alicante y adentrándose tierra adentro en alguna zonas. Las áreas de clima desértico cálido (BWh) ocupan ya todo el oeste del litoral murciano y la región del Cabo de Gata.



Mapa climático de la región estudiada mostrando la repartición de los climas según la clasificación de Köppen-Geiger.

El clima árido del SE español ha propiciado que en esta región sobrevivan o lleguen especies de ámbito norteafricano que a menudo solo están presentes en Europa en esta región. En el mundo vegetal, es el caso por ejemplo del araar (Tetraclinis articulata), la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus), el cornical (Periploca angustifolia), el arto (Maytenus senegalensis) o los chumberillos de lobo (Caralluma europaea y Caralluma munbyana).



Tetraclinis articulata. Bosquecillo de repoblación en el Parque Natural de Calblanque (Cartagena, España). / Fotografía: Nanosanchez / Dominio Público

La aridez del SE español viene de lejos, tal como demuestra el estudio faunístico realizado sobre las faunas descubiertas en los sedimentos de principios del Plioceno descubiertas en el Puerto de la Cadena (Piñero P.et al., 2017). En este yacimiento, las asociaciones de pequeños mamíferos indican la existencia de condiciones secas y abiertas. La permanencia en el SE de la Península en aquella época de especies como los gerbillos, tan propios de ecosistemas áridos, llama en particular muchísimo la atención. En medio de estos paisajes áridos existían sin embargo zonas ribereñas mucho más verdes, que conocemos mucho mejor que las zonas áridas por preservarse muchísimo mejor sus restos. Este mosaico de ecosistemas propició que vivieran en esta región especies como el macaco (Macaca sp.), el cánido Eucyon monticinensis, similar al actual chacal, el mastodonte Anancus arvernensis, una especie de équido del género Hipparion, dos especie de rinocerontes del género Dihoplus , dos especies de gacelas (Gazella aff.), el giráfido de cuello corto Sivatherium cf. hendeyi,, cérvidos indeterminados y alguna especie de bóvido del género Parabos. además de cocodrilos y tortugas gigantes.



Los gerbillos son pequeños roedores propios de zonas abiertas y áridas. En la fotografía la especie actual Dipodillus campestris, originaria del N de África. / Fotografía: Micktherocktapper / Licencia: CC BY-SA

En el litoral mediterráneo, por otra parte, se ha documentado en cuevas de Almazora la presencia a finales del Plioceno de ricos manglares constituidos por mangles rojos (Rhizophora sp.) y mangles negros (Avicennia), asociados a una rica fauna y flora cuyo estudio no ha concluido pero de la que se puede ver ya un pequeño muestrario en esta publicación del Faro de Bédar: Cuevas del Almanzora: un manglar de 2,5 millones de años".



Hoja fósil de mangle negro (Avicennia sp.), Cuevas de Almazora / Fuente: El Faro de Bédar.

La principal consecuencia del actual cambio climático para la región es que el aumento de las temperaturas supondrá un aumento de la evapotranspiración que irá incrementando aún más la aridez y disminuyendo el caudal de los ríos debido a la menor disponibilidad de agua de escorrentía. A esto hay que añadir un alargamiento de los periodos de sequía y una clara tendencia a la concentración de las lluvias en episodios muy violentos (DANAs) que ocurren principalmente en otoño. La primavera es la estación que se vería más afectada teniendo esto, claro está, un impacto considerable sobre los cultivos en una región que depende ya en gran medida de aportes exteriores. Las tensiones por un recurso tan vital como el agua van a agudizarse aún más y resolver el problema al que se enfrenta la agricultura en todo el SE de la Península es uno de los mayores desafíos al que nos enfrentamos en el conjunto de España, ya que la activdad económica de esta región depende en gran medida de trasvases provenientes de otras regiones ellas mismas sometidas a los mismos imperativos climáticos. ¿Se podrá sustentar en el futuro el mismo nivel de actividad económica en una región que dispone cada vez menos de agua? El recurso masivo a la desalinización y un uso muy razonado de este recurso son las únicas dos vías posibles para mantener una actividad que evite que esta región pierda fuelle y acabe despoblándose.




Cambio del área potencial de distribución de la encina (Quercus ilex) respecto a la actualidad (arriba izquierda) con una estimación de calentamiento de 1,5 °C (arriba derecha), 2°C (abajo izquierda) y 2,5 °C (abajo derecha) partiendo de niveles preindustriales. La zona azul representa el área de distribución potencialmente adecuada pero que no está ocupada debido a las limitaciones de dispersión (Mauri et al.2022).

El cambio que hemos de esperar en los paisajes del SE y de buena parte de la mitad S de la Península queda muy bien reflejado en el mapa que muestra la distribución potencial de la encina en Europa. Tal como se puede ver, con un calentamiento global de 2,5 grados, la encina desaparecería casi de todo el S de la Península. Los encinares cederían su lugar a fomaciones mucho más termófilas que hoy en día solo están presentes en las zonas más bajas de la costa mediterránea (piso termo-mediterráneo). En el SE significa que este tipo de vegetación quedaría probablemnte relegado a las zonas montañosas del interior expandiéndose considerablemente las áreas ocupadas por matorrales y estepas adaptados a la sequía.



Vegetación de matorrales y estepas típicas de las zonas costeras del Parque Regional Calnegre y Cabo Cope. / Fotografía: Anthercas

El S y SE de la Península han visto en las últimas décadas la instalación de cada vez más especies de aves de origen africano. Las que llevan más tiempo estableciadas son la Golondrina Daurica, observada por primera vez en españa en 1921 y cuya población creció notablemente entre los años 50 y 80, el Camachuelo Trompetero, cuyas primeras observaciones en España datan de finales de los años 60 y principios de los 70 en Almería, donde se estableció como invernante y luego comenzó a nidificar y el Elanio Azul que se establece a finales de los años 1970 y principios de los 1980. Más recientemente se le han añadido especies como el Bulbul Naranjero, el busardo Moro, el Vencejo Moro, el Vencejo Cafre y el Corredor Sahariano. También parecen con más frecuencia especies como el Buitre de Rüppell o el buitre moteado. Las aves son el grupo biológico que más rápidamente reacciona a los cambios climáticos. Otros grupos como los mamíferos y los reptiles migran mucho más lentamente y solo lo pueden hacer en la asencia de obstáculos, naturales o de origen humano. El éxito y expansión de una especie como el arrui en el SE de la Península parecen absolutamente lógicos cuando se contempla en el contexto del cambio climático.



El camachelo trompetero se ha ido expandiendo progresivamente en el SE de la Península y los modelos prevén que se expanda por amplias zonas de la Península Ibérica, según vayan extendiéndose las zonas áridas en las que vive. La fotografía muestra camachelos fotografiados en la región del Cabo de Gata. / Fotografía: renkilema / Licencia: CC BY-NC

El funesto destino del arrui, al que se incluyó en el listado nacional de especies exóticas a petición de algunas asociaciones de protección de la naturaleza (entre ellas SEO, que lleva años documentando la expansión de las especies africanas en la Península Ibérica) demuestra claramente a mis ojos que nuestra sociedad aún no ha asimilado la idea de que el cambio climático ha llegado para quedarse y que va a provocar cambios profundos en nuestros ecosistemas. La introducción de especies norteafricanas en el SE de la Península parece sin embargo bastante lógica teniendo en cuenta que buena parte de la fauna actualmente presente desaparecerá progresivamente de esta zona. Defendía en otro artículo de este blog la inroducción de gacelas en el S de España, pero podríamos imaginar la presencia de otras muchas especies adaptadas a los climas desérticos. ¿Camellos y gacelas vagando libremente por los desiertos de España? Yo creo que si no nos permitimos soñar un poco, este país se acabará conviertiendo en un auténtico desierto totalmente abiótico que nos habremos ganado a pulso...




Mauri A, Girardello M, Strona G. et al (2022). EU-Trees4F, a dataset on the future distribution of European tree species. Sci Data 9, 37 . https://doi.org/10.1038/ s41597-022-01128-5
Resco, P,. (2022). Empieza la cuenta atrás. Impactos del cambio climático en la agricultura española. Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG)
P. Piñero, J. Agustí, O. Oms, I. Fierro, P. Montoya, S. Mansino, F. Ruiz-Sánchez, D.M. Alba, M.T. Alberdi, H.-A. Blain, C. Laplana, J. van der Made, A.V. Mazo, J. Morales, X. Murelaga, A. Pérez-García, F. Pérez-Valera, J.A. Pérez-Valera, P. Sevilla, J.M. Soria, G. Romero. 2017. Early Pliocene continental vertebrate fauna at Puerto de la Cadena (SE Spain) and its bearing on the marine-continental correlation of the Late Neogene of Eastern Betics. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 479, 102–114.
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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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