Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Cambio climático

¿Invasoras?

Paleoautóctonas

Nacidos de la colisión de la microplaca ibérica, que había quedado aislada en el Mar Tethys a consecuencia de la dislocación de la Pangea, con la placa continental europea, los Pirineos son a la vez punto de unión y punto de separación entre la Península Ibérica y el resto del continente europeo. Desde un punto de vista florístico, presenta muchas afinidades con otras cadenas de montañas como los Alpes, con la que enlaza a través de una serie de relieves intermedios que han facilitado la migración de muchas especies durante los periodos fríos del Cuaternario. Encontramos así en los Pirineos muchas especies de ámbito centro y norte europeo que no se encuentran más al sur en las sierras de la región mediterránea. Entre los árboles y arbustos, es el caso por ejemplo del abeto (Abies alba), el pino negro (Pinus uncinata), el rododendro (Rhododendron ferrugineum), la gayuba negra (Arctostaphylos alpina) , etc.



Bosque de abetos en el entorno del Estany de Ratera, en el Parque Nacional de Aigüestortes. / Autor: Javier Sanchez Portero / Licencia: CC BY-SA

Los pisos de vegetación que los botánicos reconocen en los Pirineos son pues bastante similares a los de esas montañas:

La gran diferencia respeto al resto de europa es la ausencia en la vertiente sur de un auténtico piso colino, ya que a baja altitud aparece una vegetación típicamente mediterránea dominada por la encina. En el piso subalpino, el pino negro (Pinus uncinata) ocupa todo el lugar que en otras cadenas de montañas comparte con especies como la pícea (Picea abies), el alerce (Larix decidua y el pino cembro (Pinus cembra). Pícea y alerce se han utilizado extensamente en repoblaciones en los Pirineos, donde se las puede considerar plenamente naturalizadas.



El glaciar de la Maladeta en 2006. / Autor: Pablo Moratinos / Licencia: CC BY-SA

Los Pirineos presentan la particularidad, con respecto a otras sierras de la Península, de ser el último lugar de la Península en el que aún hay glaciares. Casi tendríamos que utilizar el pasado para hablar de ello vista la velociodad a la que están derritiéndose. Las previsiones, en efecto, apuntan a que podrían desaparecer en muy pocas décadas. Los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, son los último reductos de los climas fríos sin estación seca en la Península Ibérica, de tipo Dfb (con verano templado) o Dfc (con verano fresco) según la calsificación climática de Köppen.



Los climas actuales según la clasificación de Köppen en la región pirenaica (mapa y datos de AEMET).

Tal como se puede ver en el mapa del calentamiento en la Península Ibérica (ver el articulo de esta serie dedicado a Galicia), éste ha sido muy heterogéneo en los Pirineos, a imagen de esta cadena montañosa en la que existen un sinfín de microclimas determinados por la existencia de altas cumbres y de profundos valles con una orientación muy variable. De cara al futuro, esta heterogeneidad es probablemente una buena noticia, significando que por mucho que suban las temperaturas, probablemente sigan existiendo a finales de siglo pequeños enclaves en los que la vegetación actual podrá refugiarse. Pero no debemos perder de vista que a escala regional, la subida de las temperaturas medias va a significar una disminución de la cobertura nival durante buena parte del año y un acortamiento de los periodos de frío.



Salix herbaceae, especie típica de zonas innivadas durante muchos meses. Angoustrine-Villeneuve-des-Escaldes, Pirineo francés. / Autor: tkoffel / Licencia: CC BY

Para especies adaptadas a vivir en zonas de neveros o sobre suelos crioturbados, por ejemplo, puede suponer una considerable disminución de su actual área de distribución o su total extinción llegado el caso. Ese calentamiento supondrá, en efecto, una importante subida de los pisos de vegetación, que podría alcanzar el kilómetro en los escenarios menos favorables. Creo que no hace falta ser ingeniero para deducir que los efectos sobre los ecosistemas actuales serán muy importantes. Salvo en pequeños enclaves muy delimitados, la vegetación cambiará por completo en buena parte de los Pirineos. Haced el ejercicio mental de subir entre 500 y 1000 metros los pisos que se describen en la figura que muestra los pisos bioclimáticos en los Pirineos y os asustará el resultado.



Los climas en 2100 siguiendo una curva de calentgamiento intermedia.

El mapa climático actual muestra la existencia de una estrecha zona de transición entre los climas típicamente montanos y el clima mediterráneo en la que el clima es de tipo Cfa (clima templado sin estación seca y veranos calurosos). Ese tipo de clima está muy poco extendido hoy en día en Europa (S de los Alpes, Balcanes, N de Turquía, Cáucaso) pero sería, según los modelos climáticos, el predomiinante en toda Europa central y buena parte de la región pirenaica a finales de siglo. En zonas de Cataluña con este tipo de clima sobrevive hoy en día el quejigo andaluz, una reliquia terciaria que podría verse beneficiada por el actual cambio climático. Muchas otras especies provenientes de regiones con un clima semejante podrían claramente verse favorecidas si vinieran a escaparse de los parques y jardines en los que están presentes o si decidiéramos traerlas de vuelta desde regiones del planeta donde sobrevivieron a las glaciaciones.



Algunos elementos de la flora del Mioceno en la Cerdanya: Daphnogene sp., Buxus pliocenica, Parrotia pristina, Cercidiphyllum sp., Populus tremulaefolia, Zelkova zelkovifolia, Q. hispanica, Fagus gussonii, Carya serrifolia. / Tosal A. et al. (2021)

No ha ocurrido aún en esa franja sur de los Pirineos un fenómenos de naturalización de especies provenientes de climas de tipo Cfa tan extenso como el que se observa el norte de Italia y el Ticino (Suiza), pero no sería una sorpresa que las mismas especies que se han naturalizado allá o especies muy similares también lo hicieran poco a poco en el norte de España. Especies como el laurel, la palmera de Fortune -muy utilizada en jardinería-, el aligustre japonés, el alcanforero y un largo etcétera de especies exóticas probablemente encontrarán en un futuro próximo condiciones ideales para expandirse por toda esta región. Y no menciono aquí las especies paleoautóctonas, algunas de las cuales muestro en la figura anterior, cuyo regreso me parecería lógico pero que no se cultivan muy a menudo en nuestro país (zelkova del Cáucaso, pterocaria del Cáucaso, pacaneros, etc).

Pase lo que pase, los Pirineos seguramente conservarán buena parte de su actual biodiversidad gracias a la gran heterogeneidad de sus paisajes y a un cierto margen para migrar hacia las zonas más altas, aunque esto significará que muchas especies verán su área de ditribución muy reducida. Muchas, lamentablemente, desaparecerán pero puede que sobrevivan en otras regiones de Europa. Preocupa sobre todo el destino de algunos endemismos estrictamente pirenáicos que no tendrán muchas alternativas para mantenerse y que a no ser que se introduzcan en otras regiones situadas más al norte, podrían sobrevivir solo en las colecciones de algunos jardines botánicos.



Mapa de distribución real y potencial del haya (Fagus sylvatica) en la actualidad (izquierda) y en el horizonte 2100 en un escenario en el que se mantiene el consumo actual de hidrocarburos. Felicísimo et al. (2011).

Viendo los mapas de distribución potencial de muchas especies a finales de siglo, se evidencia el importante papel que desempeñarán los Pirineos y la vecina Cordillera Cantábrica como útimo refugio de muchas especies de ámbito euro-siberiano en la Península Ibérica. Una especie como el haya (ver mapa anterior) sobreviviría a finales de siglo en reducidos enclaves. Este aparente movimiento de muchas especies hacia el norte es en realidad absolutamente lógico puesto en contexto con el cambio climático. Un dato que muchas personas aún no han asimilado o se resisten a asimilar. ¿Cómo explicar sino el empeño de muchos en introducir bisontes cuando en realidad la evolución del clima favorece especies mucho mejor adaptadas a la aridez. El éxito (truncado) del arrui en el SE de la Península es bastante esclarecedor creo yo.



Tosal A., Verduzco O. & Martín-Closas C. (2021) / CLAMP-based palaeoclimatic analysis of the late Miocene (Tortonian) flora from La Cerdanya Basin of Catalonia, Spain, and an estimation of the palaeoaltitude of the eastern Pyrenees / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, Vol. 564.

Cuando los noticiarios dicen que España es uno de los países europeos con más bosques y en el que la superficie forestal más ha crecido durante las últimas décadas, muchos nos quedamos con una sensación medio extraña preguntándonos donde estarán esos bosques... El caso es que lo que se considera como "bosque" en las estadísticas oficiales corresponde a situaciones muy diversas que van desde las plantaciones artificiales de árboles a las vastas superficies de monte bajo que se han desarrollado en las últimas décadas a consecuencia del abandono de muchas actividades agrícolas. Los auténticos bosques, constituidos por un dosel de árboles adultos y que albergan parte de la biodiversidad propia de un bosque primario son en realidad muy escasos.

Deberíamos tal vez empezar por definir lo que es un bosque primario para tener un punto de comparación. En principio, es bastante sencillo de definir: se trata de los bosques que no han sido nunca modificados por el hombre. Un bosque no deja de ser primario por haber sido visitado o recorrido por el hombre, pero mientras el hombre no influya de manera sensible sobre la composición y estructura del bosque, se puede considerar como primario, fruto de una evolucuión natural del ecosistema. Francis Hallé explica que un bosque primario se reconoce de inmediato por un criterio que ningún científico se atrevería a validar: ¡su belleza! El caso es que la rica biodiversidad que albergan y su desarrollo caótico (nada que ver con les hileras de pinos y de eucaliptos de muchos de nuestros montes) confieren a esos bosques una personalidad que no tienen otros y fascina quienes los visitan.



La abundancia de madera muerta es, en las zonas templadas, una de las características más llamativas de los bosques primarios. Bosque de Bialowieza. / Fotografía: Frank Vassen / Licencia: CC BY

En el mapa a continuación se puede ver que la mayor extensión de boques primarios en Europa corresponde al bioma de la taiga y a algunos bosques del Cáucaso y de los Cárpatos. Son escasísimos en el resto de Europa. El icónico bosque de Bialowieza aparece como una pequeña mancha en una vasta extensión sin bosques primarios. Los bosques marcados con pequeños triángulos rojos son pequeños rodales que presentan algunas características de un bosque primario pero que no pueden ser considerados como tales debido a que generalmente los árboles que los constituyen no tienen aún la edad suficiente ni ocupan la suficiente extensión para que la influencia del hombre deje de notarse en ellos. Se habla para describir estos bosques de "bosques maduros", que a pesar de no ser bosques primarios, presentan una biodiversidad mucho mayor que la de cualquier otro tipo de "bosque". El caso es que no existen ya en la Península Ibérica bosques primarios (bosques "vírgenes") que no hayan sido en un momento u otro explotados por el hombre.



Resumen de los fragmentos de bosque primario incluidos en el EPFD v2.0. Tanto los puntos como los polígonos se han ampliado para mejorar la visibilidad. Francesco Maria Sabatini et al. (2021).

Un bosque maduro es un bosque que ha evolucionado sin mucha influencia humana y que no ha sido castigado por eventos extremos como las tempestades o los incendios, permitiendo la permanencia de árboles viejos y de tamaño excepcional y el desarrollo de una rica fauna asociada a la descomposición de la madera, que no se ha retirado sistemáticamente, a menudo más por temas de inaccesibilidad o de costes que por querer contribuir de manera consciente a incrementar la biodiversidad de los bosques. En los usos tradicionales que se hacía del bosque, la recolección de madera muerta para su uso como combustible era una práctica muy difundida. La sustitución de la madera por otras fuentes de energía ha propiciado, sin lugar a dudas, la acumulación de madera muerta en nuestros bosques.



Rodal maduro en Cataluña / Imagen: CREAF / Alba Gimbert

No hay que dejarse engañar por el tamaño de los pequeños triándulos que aparecen en el mapa, en el que se ha primado ante todo la visibilidad. En realidad ocupan superficies muy reducidas. No he encontrado una cifra exacta para la Península Ibérica pero se considera que representan bastante menos del 1% de la superficie arbolada de la Península. En un estudio reciente llevado a cabo sobre este tema en Cataluña, se ha podido mostar que la inmensa mayoría de los bosques de esa comunidad tienen un grado de madurez bajo, que es absolutamente normal teniendo en cuenta que en muchos de ellos los árboles son cortados mucho antes de alcanzar su edad máxima. Esta situación, en realidad, es extensible a toda España,



Madurez del bosque en Cataluña.Brotons L. et al. (2020).

Un bosque maduro es pues un bosque que presenta parte de las características de un bosque primario (existen varias metodologías para estimar su "grado de madurez" que no vamos a detallar aquí) pero que aún no ha completado todo el proceso de maduración y senescencia que lleva finalmente al reinicio de un nuevo ciclo tras desaparecer los grandes árboles que cierran la canopea. Tal como explicaba antes, muchos bosques maduros en realidad nunca llegarán a convertirse en bosques primarios debido a su escasa extensión, que impide que se instalen en esos bosques toda la fauna (megafauna en particular) que ayudaría a equilibrar el ecosistema.



Fases del ciclo de madurez del bosque. Brotons L. et al. (2020)

El esquema que se muestra en la figura anterior en realidad es aún más complicado, al poder haber una sucesión de especies que puede llevar varios siglos en desarrollarse. Lo describe muy bien Francis Hallé en su alegato para la creación de un bosque primario en Europa Occidental:

«En aras de la simplicidad, retomamos la hipótesis —muy poco probable— de que nuestro proyecto comenzaría en un suelo desnudo. La instalación de vegetación herbácea irá seguida de la llegada de pequeños árboles como zarzas, saúcos y árboles de las mariposas (Buddleja); luego vendrán los árboles pioneros —pinos, abedules, álamos, robinias y ailantos—, que tendrán que crecer, constituir un primer bosque secundario, envejecer y morir (un siglo). Este será sustituido por árboles pospioneros, fresnos, arces y olmos, que tardarán en crecer y formar un segundo bosque secundario, que a su vez envejecerá y morirá (cuatro siglos); entonces llegarán los árboles del bosque primario, tejos, hayas y robles, que tardarán en crecer hasta que, algunos de ellos habiendo alcanzado su máximo tamaño, el dosel esté completamente cerrado (cinco siglos); el bosque primario se habrá hecho finalmente realidad».

Me parece muy interesante resaltar que a Francis Hallé le trae al pairo la presencia de especies como el árbol de las mariposas, la robinia y el ailanto, que en el tiempo largo están condenadas a desaparecer. Tan solo permanecerán en lugares en los que el bosque sufra un rejuvenecimiento debido a alguna perturbación como tempestades, deslizamientos de terreno, etc. La diferencia con respecto a los planteamientos de los adalides de la biología de las invasiones es evidentísimo: el tiempo. Unos se mueven en la inmediatez cuando otros piensan con siglos de anticipación...

Para completar esta breve presentación de lo que son los bosques primarios y los bosques maduros, creo necesario también decir unas palabras acerca de los bosques y ecosistemas que queremos dejar "en libre evolución". Se ha vuelto muy popular esta idea de la libre evolución y me parece importante decir que los bosques maduros no son, por lo general, espacios que se han dejado en libre evolución. Como tampoco lo son muchos ecosistemas que se siegan cada año para impedir su desaparición. Sí lo son, en cambio, los bosques primarios y, de facto, todos los territorios ganados por el bosque durante las últimas décadas a consecuencia del abandono del campo. Estos bosques son muy jóvenes pero han acumulado durante el poco tiempo en que han podido crecer libremente una importante biomasa que ahora alimenta los terribles incendios que han arrasado el NO de España estos últimos veranos. Los bosques primarios son supuestamente más resistentes al cambio climático (resilientes) gracias a su extraordinaria biodiversidad y un mayor nivel de humedad, pero no hemos de perder de vista que todos los bosques primarios actuales también deben mucho al largo periodo de estabilidad que ha sido el Holoceno. Lo ocurrido estos últimos años en la Amazonia o en muchas zonas de taiga (Rusia y Canadá) es un claro indicio que esa supuesta resiliencia de los bosques primarios podría ser más teórica que real.

Si queremos que mañana haya bosques con una rica biodiversidad en un contexto de cambio climático, deberemos aceptar una serie de ideas que a primera vista son un poco contraintuitivas:

- Los bosques primarios también se verán afectados por el cambio climático y se verán obligados a evolucionar. Su resiliencia, por muy grande que sea, no es infinita.

- La idea de la "libre evolución" de los ecosistemas, por muy atractiva que parezca adolece de un grave defecto: está condicionada actualmente por un cambio mayor provocado por el hombre. Puede llevarnos a algo totalmente diferente de lo que esprábamos.

- El hombre puede de alguna manera acelerar el proceso de maduración del bosque cambiando las prácticas silvícolas. Si a una plantación de árboles le sucede tras su recolección otra plantación de árboles, es evidente que no habrá nunca ninguna evolución que favorezca la biodiversidad además de acabar muy probablemente con toda la riqueza del suelo.

- La biodiversidad está directamente relacionada con el grado de madurez del bosque. El origen de las especies que constituye el bosque no necesariamente es un impedimento para que se desarrolle un bosque maduro con una rica biodiversidad. Los bosques de cedros del Mont Ventoux son un claro ejemplo de ello. Se pueden aprovechar las plantaciones abandonadas para no partir de cero en el conseguimiento de esa meta.

Como conclusión, me sentiría tentado a decir que a falta de pan, buenas son tortas. Cuidemos pues de los pocos bosques maduros que aún nos quedan y fomentemos la creación de nuevos bosques maduros a partir de las masas arbóreas actualmente explotadas teniendo en cuenta lo apremiante que es la situación de cambio climático que vivimos. Para responder con rapidez al cambio climático debemos deshacernos cuanto antes de muchos tabúes que nos impiden incluso valorar la gravedad de lo que está ocurriendo. Es tiempo de ser prácticos y empíricos y dejar de pensar como ingenieros empecinados en calcular rendimientos...



Brotons L. et al. (2020) / Estado de la Naturaleza en Cataluña 2020. / Departamento de Territorio y Sostenibilidad. Generalitat de Catalunya. Barcelona.
Francesco Maria Sabatini et al. (2021) / European primary forest database v2.0

La franja costera del Sureste de la Península Ibérica es la región más árida de la Península y de toda Europa si se excluyen algunas regiones situadas al N del Mar Caspio. Convergen en realidad en esta región dos fenómenos que a menudo se confunden: el de desertización, que tiene causas climáticas, y el de desertificación, que tiene causas antrópicas. El SE de la Península es una zona que ha sido explotada por el hombre desde muy antiguo, desarrollándose en esta región una de las culturas / civilizaciones más tempranas del Mediterráneo occidental: la cultura del Argar. Los procesos de deforestación y de erosión de unos terrenos por otra parte muy sensibles a la acción del agua y del viento (sedimentos terrígenos que rellenan las cuencas formadas entre los relieves de las Cordilleras Béticas) empezaron pues muy temprano en esta región.



Se aprecia muy bien en esta fotografía la yuxtaposición de zonas más o menos cubiertas de vegetación y de zonas muy erosionadas (cárcavas), mostrando que el fenómeno predominante en este paisaje es la desertificación. "Desierto" de Tabernas. / Fotografía: Roy Luck / Licencia: CC BY

Desde un punto de vista climático, el SE de la Península ha sido siempre una región árida en la que predominaba el clima de tipo BSk, estepario frío. En algunas áreas lítorales el clima podía ser incluso de tipo BSh (estepario cálido) o BWh y BWk (climas desértico frío y cálido). Las áreas ocupadas por el clima BSh se han expandido considerablemente durante las últimas décadas, ocupando ya casi todo el litoral de las provincias de Almería, Murcia y Alicante y adentrándose tierra adentro en alguna zonas. Las áreas de clima desértico cálido (BWh) ocupan ya todo el oeste del litoral murciano y la región del Cabo de Gata.



Mapa climático de la región estudiada mostrando la repartición de los climas según la clasificación de Köppen-Geiger.

El clima árido del SE español ha propiciado que en esta región sobrevivan o lleguen especies de ámbito norteafricano que a menudo solo están presentes en Europa en esta región. En el mundo vegetal, es el caso por ejemplo del araar (Tetraclinis articulata), la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus), el cornical (Periploca angustifolia), el arto (Maytenus senegalensis) o los chumberillos de lobo (Caralluma europaea y Caralluma munbyana).



Tetraclinis articulata. Bosquecillo de repoblación en el Parque Natural de Calblanque (Cartagena, España). / Fotografía: Nanosanchez / Dominio Público

La aridez del SE español viene de lejos, tal como demuestra el estudio faunístico realizado sobre las faunas descubiertas en los sedimentos de principios del Plioceno descubiertas en el Puerto de la Cadena (Piñero P.et al., 2017). En este yacimiento, las asociaciones de pequeños mamíferos indican la existencia de condiciones secas y abiertas. La permanencia en el SE de la Península en aquella época de especies como los gerbillos, tan propios de ecosistemas áridos, llama en particular muchísimo la atención. En medio de estos paisajes áridos existían sin embargo zonas ribereñas mucho más verdes, que conocemos mucho mejor que las zonas áridas por preservarse muchísimo mejor sus restos. Este mosaico de ecosistemas propició que vivieran en esta región especies como el macaco (Macaca sp.), el cánido Eucyon monticinensis, similar al actual chacal, el mastodonte Anancus arvernensis, una especie de équido del género Hipparion, dos especie de rinocerontes del género Dihoplus , dos especies de gacelas (Gazella aff.), el giráfido de cuello corto Sivatherium cf. hendeyi,, cérvidos indeterminados y alguna especie de bóvido del género Parabos. además de cocodrilos y tortugas gigantes.



Los gerbillos son pequeños roedores propios de zonas abiertas y áridas. En la fotografía la especie actual Dipodillus campestris, originaria del N de África. / Fotografía: Micktherocktapper / Licencia: CC BY-SA

En el litoral mediterráneo, por otra parte, se ha documentado en cuevas de Almazora la presencia a finales del Plioceno de ricos manglares constituidos por mangles rojos (Rhizophora sp.) y mangles negros (Avicennia), asociados a una rica fauna y flora cuyo estudio no ha concluido pero de la que se puede ver ya un pequeño muestrario en esta publicación del Faro de Bédar: Cuevas del Almanzora: un manglar de 2,5 millones de años".



Hoja fósil de mangle negro (Avicennia sp.), Cuevas de Almazora / Fuente: El Faro de Bédar.

La principal consecuencia del actual cambio climático para la región es que el aumento de las temperaturas supondrá un aumento de la evapotranspiración que irá incrementando aún más la aridez y disminuyendo el caudal de los ríos debido a la menor disponibilidad de agua de escorrentía. A esto hay que añadir un alargamiento de los periodos de sequía y una clara tendencia a la concentración de las lluvias en episodios muy violentos (DANAs) que ocurren principalmente en otoño. La primavera es la estación que se vería más afectada teniendo esto, claro está, un impacto considerable sobre los cultivos en una región que depende ya en gran medida de aportes exteriores. Las tensiones por un recurso tan vital como el agua van a agudizarse aún más y resolver el problema al que se enfrenta la agricultura en todo el SE de la Península es uno de los mayores desafíos al que nos enfrentamos en el conjunto de España, ya que la activdad económica de esta región depende en gran medida de trasvases provenientes de otras regiones ellas mismas sometidas a los mismos imperativos climáticos. ¿Se podrá sustentar en el futuro el mismo nivel de actividad económica en una región que dispone cada vez menos de agua? El recurso masivo a la desalinización y un uso muy razonado de este recurso son las únicas dos vías posibles para mantener una actividad que evite que esta región pierda fuelle y acabe despoblándose.




Cambio del área potencial de distribución de la encina (Quercus ilex) respecto a la actualidad (arriba izquierda) con una estimación de calentamiento de 1,5 °C (arriba derecha), 2°C (abajo izquierda) y 2,5 °C (abajo derecha) partiendo de niveles preindustriales. La zona azul representa el área de distribución potencialmente adecuada pero que no está ocupada debido a las limitaciones de dispersión (Mauri et al.2022).

El cambio que hemos de esperar en los paisajes del SE y de buena parte de la mitad S de la Península queda muy bien reflejado en el mapa que muestra la distribución potencial de la encina en Europa. Tal como se puede ver, con un calentamiento global de 2,5 grados, la encina desaparecería casi de todo el S de la Península. Los encinares cederían su lugar a fomaciones mucho más termófilas que hoy en día solo están presentes en las zonas más bajas de la costa mediterránea (piso termo-mediterráneo). En el SE significa que este tipo de vegetación quedaría probablemnte relegado a las zonas montañosas del interior expandiéndose considerablemente las áreas ocupadas por matorrales y estepas adaptados a la sequía.



Vegetación de matorrales y estepas típicas de las zonas costeras del Parque Regional Calnegre y Cabo Cope. / Fotografía: Anthercas

El S y SE de la Península han visto en las últimas décadas la instalación de cada vez más especies de aves de origen africano. Las que llevan más tiempo estableciadas son la Golondrina Daurica, observada por primera vez en españa en 1921 y cuya población creció notablemente entre los años 50 y 80, el Camachuelo Trompetero, cuyas primeras observaciones en España datan de finales de los años 60 y principios de los 70 en Almería, donde se estableció como invernante y luego comenzó a nidificar y el Elanio Azul que se establece a finales de los años 1970 y principios de los 1980. Más recientemente se le han añadido especies como el Bulbul Naranjero, el busardo Moro, el Vencejo Moro, el Vencejo Cafre y el Corredor Sahariano. También parecen con más frecuencia especies como el Buitre de Rüppell o el buitre moteado. Las aves son el grupo biológico que más rápidamente reacciona a los cambios climáticos. Otros grupos como los mamíferos y los reptiles migran mucho más lentamente y solo lo pueden hacer en la asencia de obstáculos, naturales o de origen humano. El éxito y expansión de una especie como el arrui en el SE de la Península parecen absolutamente lógicos cuando se contempla en el contexto del cambio climático.



El camachelo trompetero se ha ido expandiendo progresivamente en el SE de la Península y los modelos prevén que se expanda por amplias zonas de la Península Ibérica, según vayan extendiéndose las zonas áridas en las que vive. La fotografía muestra camachelos fotografiados en la región del Cabo de Gata. / Fotografía: renkilema / Licencia: CC BY-NC

El funesto destino del arrui, al que se incluyó en el listado nacional de especies exóticas a petición de algunas asociaciones de protección de la naturaleza (entre ellas SEO, que lleva años documentando la expansión de las especies africanas en la Península Ibérica) demuestra claramente a mis ojos que nuestra sociedad aún no ha asimilado la idea de que el cambio climático ha llegado para quedarse y que va a provocar cambios profundos en nuestros ecosistemas. La introducción de especies norteafricanas en el SE de la Península parece sin embargo bastante lógica teniendo en cuenta que buena parte de la fauna actualmente presente desaparecerá progresivamente de esta zona. Defendía en otro artículo de este blog la inroducción de gacelas en el S de España, pero podríamos imaginar la presencia de otras muchas especies adaptadas a los climas desérticos. ¿Camellos y gacelas vagando libremente por los desiertos de España? Yo creo que si no nos permitimos soñar un poco, este país se acabará conviertiendo en un auténtico desierto totalmente abiótico que nos habremos ganado a pulso...




Mauri A, Girardello M, Strona G. et al (2022). EU-Trees4F, a dataset on the future distribution of European tree species. Sci Data 9, 37 . https://doi.org/10.1038/ s41597-022-01128-5
Resco, P,. (2022). Empieza la cuenta atrás. Impactos del cambio climático en la agricultura española. Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG)
P. Piñero, J. Agustí, O. Oms, I. Fierro, P. Montoya, S. Mansino, F. Ruiz-Sánchez, D.M. Alba, M.T. Alberdi, H.-A. Blain, C. Laplana, J. van der Made, A.V. Mazo, J. Morales, X. Murelaga, A. Pérez-García, F. Pérez-Valera, J.A. Pérez-Valera, P. Sevilla, J.M. Soria, G. Romero. 2017. Early Pliocene continental vertebrate fauna at Puerto de la Cadena (SE Spain) and its bearing on the marine-continental correlation of the Late Neogene of Eastern Betics. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 479, 102–114.

Tras casi dos semanas trabajando intensamente en la redacción de la nueva serie de artículos dedicada a las consecuencias del cambio climático en las distintas regiones de la Península Ibérica, necesitaba yo tomar un tiempo para reflexionar un poco sobre la utilidad de dedicar mi tiempo libre a esto. Me da la sensación desde hace muchos meses que ya no hay audiencia en este tipo de medios. Tanto en Facebook, donde anuncio la publicación de mis artículos, como en el propio blog, prácticamente no hay retorno. Ningún comentario de ningún tipo, ninguna interacción que me haga pensar que alguien realmente se lea lo que escribo. Echo de menos hasta los inaguantables haters, que ya ni tan siquiera pierden el tiempo leyendo mis artículos. Mi sensación, actualmente, es de estar perdiendo el tiempo. Si no fuese porque las estadísticas de mi blog indican un crecimiento regular del número de accesos al blog, llegaría yo a creer que el esfuerzo es vano e inútil...



Esta sensación, creo yo, se ve amplificada por la constatación de que cada vez más personas están pasando olímpicamente del tema y no quieren escuchar las voces que les advierten de que se acerca un problema realmente grave. Un poco como aquellas personas con mucho sobrepeso que deciden saltarse las recomendaciones de los médicos, sin pensar en las consecuncias que eso podría tener a más largo plazo. Me preocupa que el 1% de la población mundial acapare el 50% de la riqueza mundial y que el 50% de la población mundial tan solo disponga del 1% de la riqueza total para sobrevivir. Son cifras demoledoras se miren como se miren pero lo más aterrador a mis ojos es que una mayoría de personas sueña con hacer parte de ese 1% y no de repartir mejor ese 50% de la riqueza total. Ese 1% de la población es el que impone a todos los demás su ideologia y su manera de entender la vida al poseer los grandes grupos de comunicación e influir decisivamente sobre sus contenidos, ya sea directamente o vehiculando esa idea de que con mucho esfuerzo, cualquier persona puede llegar a donde ellos llegaron. No hay peor esclavo que el que no sabe que lo es, creo yo.



Los gobiernos dicen estar muy procupados por las consecuencias del cambio climático pero a la hora de la verdad, siguen subvencionando muy generosamente las energías fósiles, que de todos modos tienen a esos gobiernos atados y bien atados gracias a las estratosféricas indemnizaciones que tuviesen que pagar si denunciaran los contratos con esas megaempresas. Lo mismo cabe decir de los bancos, que son desde el fin de la Edad Media el pilar fundamental del sistema económico actual al haber financiado el expolio de una Naturaleza que ahora dice basta. ¿Se preocupa de estos temas el común de los mortales? Qué va, el común de los mortales sueña con comprarse el último SUV que ha visto en la tele y de ganar cuanto antes un máximo de dinero para poderse comprar una mansión con piscina y jardín en algún lugar privilegiado lejos de los que a partir de ese momento consideran como simples envidiosos, olvidándose que toda su vida se sustentó en esa misma envidia de llegar lo más alto posible. Consecuencia de todo esto, la cantidad de CO2 emitida en la atmósfera no ha parado de crecer, contradiciendo por completo los mensajes optimistas de casi todos los gobiernos.


El mensaje que transmite un blog como el mío o los muchos existentes sobre este tema del cambio climático es incómodo y lo es no solamente para el común de los mortales, que ve sus sueños y decisiones cuestionados, sino también para muchos científicos que han dedicado toda su vida y esfuerzo en alimentar esa ilusión de que estaban construyendo un mundo mejor. Hace poco vi la película sobre Oppenheimer y el desarrollo de la bomba atómica y el mismo tipo de cuestiones morales deben aquejar hoy aquellos científicos que desarrollaron los pesticidas que están convirtiendo amplias zonas de este mundo en un auténtico desierto biológico. Incluso muchos biólogos que se veían a ellos mismos como conservacionistas se estarán seguramente preguntando qué carajo llevan toda la vida intentando conservar viendo como muchos ecosistemas se están viniendo abajo a consecuencia de un cambio climático ante el que nadie sabe muy bien como reaccionar. Ante el peligro, mucha gente insiste en que debemos parar el cambio climático. Siguen en la prevención cuando en realidad ya estamos con el enfermo en el quirófano necesitando un trasplante urgente de corazón...



Lamentablemente, nuestra sociedad aún no ha asimilado el mensaje de los climatólogos. Se necesita un gran esfuerzo de divulgación para que las personas y las instituciones tomen consciencia de que ya ha llegado el tiempo de adaptarse a esos cambios y que cuanto más tardemos en hacerlo, más graves serán las consecuencias para nuestra sociedad. La naturaleza también se verá impactada por estos cambios, pero no me cabe la menor duda de que se adaptará, aunque eso le cueste milenios. Un tiempo que el Hombre podría acortar considerablemente si aceptamos de una vez por todas que nuestros ecosistemas van a sufrir cambios importantes y que todo lo que conocimos está a punto de convertirse en algo diferente. La protección de la naturaleza no pasa hoy por intentar conservar a toda costa ecosistemas que existieron en un pasado más o menos reciente, sino en acompañar esos cambios para permitir que nuestros ecosistemas evolucionen. Una evolución en la que tenemos que aceptar la participación de muchas especies que hoy en día no están presentes de forma natural en nuestra geografía pero que necesitamos ante la ausencia de cualquier alternativa "autóctona".



Pues nada, a ver si tras este pequeño y ridículo estallido de frustración, yo sigo con lo mío, que no es otra cosa que ser la piedrecita en el camino que dificulte que sigan acelerando los que ruedan en Ferrari. Pero quien sabe, si a esta piedrecita se unen otras muchas, igual logremos impedir que el Ferrari acabe estampándose contra algún paredón. Cosa que, de todos modos, tampoco nos agradecerán llegado el caso...

Al examinar el mapa climático actual de la Península, podemos observar que toda la franja mediterráneaa de la Península Ibérica entre la frontera francesa y el cabo de la Nao disfruta de un clima típicamente mediterráneo, de tipo Csa, templado con veranos secos y calurosos, que se prolonga hacia el norte por toda la zona costera del S de Francia. Es el dominio típico del bosque mediterráneo, dominado en esta región por la subespecie ilex de la encina (Quercus ilex), del que queda escasísimos restos en toda esta región. Ha sido generalmente sustituído por formaciones arbustivas como el maquis, sobre subtratos ácidos, y la garriga sobre substratos calcáreos o, en zonas mucho más degradadas, por formaciones de subarbustos y de herbáceas que dan a muchas zonas un caracter árido que no es consecuencia del clima, sino de la actividad humana (desforestación, sobrepastoreo, incendios, etc).



Las zonas con un clima templado de veranos secos y calurosos (CSa) forman una banda casi continua desde la frontera francesa hasta el N de la provincia de Alicante.

A nivel geomorfológico, existe un fuerte contraste en toda esta franja litoral, entre los relieves del interior (Cordilleras Costero-Catalanas, Sistema Ibérico), que llegan a menudo muy cerca de la costa, y la zona de costa propiamente dicha, en la que se han desarrollado llanuras fruto de la sedimentación reciente tras la estabilización del mar a comienzos del Holoceno. Tïpicamente, a una zona de glacis y de depósitos deltaicos pleistocenos, que descienden progresivamente hacia el mar desde una cuota que puede alcanzar los 100 metros de altitud le sucede una llanura formada durante el Holoceno y situada a muy poca altitud, a menudo ocupada por humedales y aislada del mar por un cordón dunar más o menos bien desarrollado. Estas zonas más o menos extensas de marjales son zonas inundables que reciben aportes cuando los ríos de esta región se desbordan o son alimentadas por aportes subterráneos a partir de las sierras próximas, en las que el agua se infitra con cierta facilidad (son predominantemente calizas).



Mapa geomorfológico de la región de Valencia.

El cambio climático actual tendrá fundamentalmente tres consecuencias en esta región. La primera es una consecuencia directa de la subida de las temperaturas, que se va a marcar por un aumento de la aridez y el correlativo alargamiento del periodo con déficit hídrico. El clima de esta zona, actualmente encuadrado en el tipo CSa de la clasificación de Köppen-Geiger (clima templado con veranos secos y calurosos) pasará a ser de tipo BSh, o sea un clima estepario caluroso, mucho menos favorable al desarrollo de una vegetación arbórea. El climograma de Almassora muestra bien como ya se ha franqueado en algunos enclaves de la costa los 18 grados de temperatura media anual que marca la transición del clima estepario frío al estepario cálido que ya es, por ejemplo, el de Valencia capital.



Climograma de Almassora. La región de Castellón, al igual que la de Valencia, es un pequño enclave de clima más árido (BSk) en esta franja de clima mediterráneo. Se aprecia muy bien en estos datos como el clima está cambiando a un tipo de clima aún más árido (BSh) a consecuencia de la subida de las temperaturas. Datos de Aemet.

Este clima estepario cálido sustituirá por completo al clima Csa actual en toda la franja litoral mediterránea, quedando relegado el clima mediterráneo típico a zonas más favorables en altitud o más al norte. El cambio de vegetación que implica ese cambio de clima puede que no se vaya a percibir demasiado y venga simplemente a apuntalar la desertificación más o menos pronunciada que han sufrido muchas zonas de esta región a lo largo de los últimos milenios, convirtiéndola ya en definitivamente irreversible.



Tipos de clima de la clasificación de Köppen-Geiger para el periodo de referencia 2071-2100 / Climate zones on the move

Una especie de árbol bastante emblemática ilustra perfectamente, creo yo, la expansión de estos tipos de climas y la importancia que desempeña el hombre en este proceso: el araar (Tetraclinis articulata). Este árbol crece fundamentalmente en el N de África en regiones con el mismo tipo de clima que se espera a finales de siglo en toda esta región (BSh). En la Península Ibérica está presente en un área muy restringida alrededor de la ciudad de Cartagena, no estando aún muy claro si se trata realmente de una especie autóctona o de un arqueofito, traído a España en tiempos históricos. Poco importa de todos modos. El caso es que encontró en esa región un clima favorable y eso permirió que se mantuviese hasta nuestros días. Desde hace varias décadas, el araar se ha utilizado bastante como planta ornamental o para pequeñas repoblaciones en zonas aridificadas. Lo interesante, sin embargo, es que en muchas de estas regiones, y en particular en la Comunidad Valenciana, ha mostrado una clara tendencia a naturalizarse. Algo que era de esperar viendo como está evolucionando el clima en toda la vertiente mediterránea de la Península. Los proyectos de protección del araar, únicamente centrados en propiciar la recuperación de las poblaciones de Cartagena igual estén errando el tiro. La propia naturaleza, afortunadamente, se está encargando de expandir el área de esta especie y puede que en realidad estemos malgastando nuestros esfuerzos en zonas que tal vez ya no sean las más favorables para ella...



Citas de Tetraclinis articulata reportadas por los usuarios del foro Repoblación Autóctona. Azul: regeneración natural de la especie. Rojo: plantaciones hechas con esa especie.

La segunda consecuencia de la subida de las temperaturas en esta región es el considerable aumento del número de especies exóticas naturalizadas. Al permitir el clima la superviviencia de un número mucho más elevado de especies provenientes de otras zonas templadas y subtropicales, el número de especies introducidas ha crecido de forma brusca a partir de los años 70. Este brusco aumento se debe seguramente en parte a un aumento del comercio de plantas desde otras partes del mundo, pero traer más plantas de fuera no aumenta la probabilidad de que esas plantas sobrevivan. Parece evidente que el aumento de las temperaturas ha desempeñado un papel fundamental en el establecimiento y superviencia de esas plantas.


Evolución histórica del número acumulado de especies de plantas vasculares alóctonas introducidas en la Comunidad Valencian en los últimos 200 años. Css. Ciències, 2024.

Al haber un mayor número de especies introducidas, lógicamente aumenta la probabilidad de que algunas de esas especies no solamente se naturalicen sino que aumenten sus poblaciones y sean consideradas / percibidas como especies invasoras. El mapa a continuación, que merecería ser actualizado, muestra perfectamente como toda la costa mediterránea se ha convertido en la puerta de entrada de estas especies.



Riqueza de especies vegetales invasoras (número de especies) por cada 10 × 10 km / Gassó et al, 2009.

Muchas especies exóticas forman ya parte del paisaje valenciano. Se me haría muy difícil imaginar los campos de la llanura litoral sin sus washingtonias y sus palmeras canarias o muchos pueblos valencianos sin sus características araucarias. No tengo muy claro lo que el futuro nos deparará, pero me parece evidente que la vegetación de esta región ha cambiado ya para siempre y las plantas exóticas están llamadas a desempeñar en ella un papel muy importante. Los cambios que estamos viviendo tienen un carácter irreversible e imaginar una vuelta a situaciones que llevan ya miles de años comprometidas por la acción del hombre es una quimera a estas alturas.



Washingtonias y palmeras canarias creciendo en un campo abandonado en la región de Moncófar (Castellón) / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: Dominio Público

La tercera consecuencia del cambio climático ya la hemos evocado en el primer artículo de esta serie, que dedicamos a la Marjalería de Castellón, y es la subida del nivel del mar a consecuencia de la expansión del agua de los océanos y del derretimiento de los glaciares alpinos y polares. Tal como vimos, son subidas aún poco importantes pero en zonas situadas muy poco por encima del nivel del mar, como todas las zonas de marjales presentes a lo largo de toda la costa mediterránea, las consecuencias podrían ser importantes y ocurrir mucho antes de lo que pensamos. Muestro en la figua a continuación cuales serían las zonas afectadas en la región de la Albufera de Valencia, que corresponden aproximadamente a la zona que quedó inundada en la DANA de 2024. La diferencia, claro está, es que si sube el mar será ya para quedarse para siempre en las zonas que ocupe. Más teniendo en cuenta que ese metro de subida del nivel del mar que hemos considerado tan solo es el primero de los muchos metros que aún subirá en los siglos venideros si no logramos pronto parar el cambio climático...



A la izquierda, zonas que quedarían recubiertas por el mar si el nivel de éste subiese 1 metro. A la derecha: zonas inundadas por la DANA de 2024.

Lo mismo podríamos decir de otras muchas zonas como el delta del Ebro, al que dedicaremos un artículo específico por la importancia que tiene como área natural.



Informe divulgativo sobre especies exóticas invasoras en la CV y su impacto en las nativas Autor: Css. Ciències. Consell Valencià de Culura (2024)
Gassó, N., Sol, D., Pino, J., Dana, E.D., Lloret, F., Sanz-Elorza, M., Sobrino, E. and Vilà, M. (2009), Exploring species attributes and site characteristics to assess plant invasions in Spain. Diversity and Distributions, 15: 50-58. https://doi.org/10.1111/j.1472-4642.2008.00501.x

Situada entre los Pirineos y el Sistéma Ibérico, la depresión del Ebro es una de las dos grandes depresiones formadas en la Península Ibérica como consecuencia del desarrollo de las cordilleras alpinas en la periferia de la microplaca ibérica, al colisionar esta con las placas africana y europea. La otra es la del Guadalquivir, cuyo futuro examinaremos más adelante. Esta depresión conforma una vasta cuenca hidrográfica drenada por el río Ebro, que desemboca hoy en día en el Mediterráneo. También existen en la Península Ibérica depresiones intraplacas, que corresponden grosso modo con las cuencas del Duero, del Tajo y del Guadiana, cuya formación se debe al hundimiento de bloques de la corteza a lo largo de grandes fallas normales a menudo siguiendo estructuras más antiguas heredadas de orogenias anteriores y reactivadas durante la orogenia alpina.



La activa erosión que se observa en buena parte de la depresión del Ebro denota que tuvo un nivel base mucho más alto que el actual, consecuencia del carácter endorreico que tuvo durante buena parte del Terciario.

La depresión del Ebro debe principalmente su existencia a la formación de los Pirineos, siendo lo que los geólogos califican de "cuenca de antepaís", una cuenca sedimentaria que se ha formado por la flexión de la placa continental ibérica debido al reajuste isostático provocado por el engrosamiento de la corteza continental en la zona axial de la cordillera. A consecuencia de esa subsidencia han llegado a acumularse localmente hasta 7-8 km de sedimentos. Sedimentos que se han visto en parte ellos mismos envueltos en la orogenia, al progresar los cabalgamientos pirenaicos hacia zonas cada vez mas externas.



Corte geológico esquemático de los Pirineos en base a la interpretación de los datos sísmicos del programa ECORS-Pirineos.

La depresión del Ebro presenta, sin embargo, una característica que la diferencia de otras zonas de antepaís como las de los Alpes o la de los propios Pirineos en su vertiente norte: está rodeada por otras zonas tectónicamente activas que han aislado la cuenca del Ebro durante buena parte de su historia. Al norte se formó la cordillera Cantábrica, que cortó la comunicación de la cuenca del Ebro con el Atlántico. Al sur se formó el Sistema Ibérico y al este, las cordilleras Costero-Catalanas cortaron toda comunicación con el Mediterráneo. Consecuencia de ello, la depresión del Ebro tuvo un caracter endorréico durante buena parte de su historia y permaneció sin salida al mar entre 37 Ma (finales del Eoceno) y 7,5 Ma (Mioceno Superior). A consecuencia del relleno sedimentario de esa cuenca endorreica, el valle del Ebro se convirtió en realidad en un altiplano situado entre 500 y 750 m de altitud. Tras encontrar esa cuenca un exutorio al Mediterráneo, la erosión se llevó buena parte del relleno sedimentario de esa cuenca endorreica, calculando Garcia-Castellanos D. y Cruz Larrasoaña J. (2015) que si la apertura hacia el mar tuvo lugar hace 7,5 Ma, el volumen total erosionado y depositado en el delta del Ebro sería de ca. 50000 km3. Consecuencia de esta erosión, el rebote isostático en el centro de la cuenca del Ebro superaría los 500 metros.




Evolución de la cuenca del Ebro tras abrirse paso el Ebro hacia el Mediterráneo. Las grandes flechas grises verticales muestran los movimientos isostáticos. Garcia-Castellanos D. & Cruz Larrasoaña J. (2015).

Esta situación recuerda mucho la de la cuenca del Tajo durante buena parte del Mioceno, época en la que se depositaron sedimentos evaporíticos en el centro de esa cuenca. Ocurrió algo muy similar en la depresión del Ebro, donde la presencia de esas evaporitas condiciona hoy en día las condiciones ecologicas de vastas zonas, al constituir substratos muy pobres en nutrientes sobre los que se desarrolla un tipo de vegetación muy especializado. El estar la depresión del Ebro rodeada de sistemas montañosos ha tenido siempre y sigue teniendo hoy otra consecuencia muy importante: recibe muy pocas precipitaciones. Los sistemas montañosos circundantes, en efecto, actúan como barreras físicas que obligan el aire a ascender y a enfriarse, liberando buena parte de la humedad que pudiese transportar. En el mapa climatológico la depresión del Ebro aparece como una zona árida (clima tipo BSk, estepario frío) entre regiones montañosas que gozan de climas mucho más húmedos.



Mapa climático de la región estudiada mostrando la repartición de los climas según la clasificación de Köppen-Geiger.

Esta peculiar situación existe en realidad desde que la cuenca del Ebro quedó aislada del mar en el Eoceno, depositándose evaporitas en distintos contextos y épocas durante el Terciario, atestiguando la existencia de un clima árido bien diferenciado en el seno de esta depresión tanto en los épocas más cálidas como en las más frías, como sugiere la existencia de dunas eólicas hace 50.000 años en el entorno de Zaragoza (ver artículo). Estas evaporitas se han depositado tanto entre los nacientes relieves pirenaicos, en una posición más bien lateral respecto al conjunto de la depresión, en pequeñas cuencas que la tectónica ha ido aislando, como en el centro de la depresión, de forma intermitente a lo largo del Oligoceno y del Mioceno. En el mapa a continuación se muestra la situación y extensión de las formaciones sedimentarias con evaporitas.



Esquema geológico de la Cuenca del Ebro, con la situación de las principales formaciones evaporíticas terciarias, tanto marinas como continentales (Orti, 1990) en Utrillo et al. (1991).

La presencia de evaporitas en la cuenca del Ebro atestigua de la existencia de climas cálidos y áridos en esta zona durante buena parte del Neógeno. A pesar de la abundancia de material sedimentario depositado en esta cuenca, se dispone paradójicamente de muy pocos datos sobre la paleoflora de esta zona antes de las glaciaciones. Al haberse reconectado esta cuenca con el mar a finales del Mioceno, son los sedimentos de esa edad los que podrían darnos la información más reciente acerca de la flora de esa "depresión", situada entonces unos 500 metros más alto tal como vimos anteriormente. No existen prácticamente yacimientos paleontológicos de esa época que nos puedan dar alguna pista al respecto, ni tan siquiera algún análisis palinológico de esos sedimentos. Son muy pocas las excepciones, destacando el hallazgo en Épila (Zaragoza) de restos de tallos, frondes y hojas de Pteridófitas y Espermatofitas en niveles travertínicos datados del Aragoniense medio-superior (zonas MN4 a MN6). Los únicos restos que se han podido identificar en ese yacimiento son restos de frondes de Osmunda y trozos de hojas de alguna palmera tipo Sabal o Chamaerops, que se suelen agrupar en el parataxon Sabalites. Por lo demás restos de distintas Monocotiledóneas, semejantes a las cañas y juncos actuales a las que no se ha podido identificar. La otra excepción son los restos de troncos silicificados encontrados en los Monegros al pie de la Sierra de Alcubierre, provenientes del norte y depositados en un ambiente deltaico, en los que se han podido reconocer maderas de Gimnospermas, Angiospermas y palmeras.



La predominancia, en muchos yacimientos del Mioceno de Cataluña, de leguminosas arborescentes y arbustivas como las acacias evoca paisajes africanos como esta llanura a proximidad de Wadi Archei en las montañas de Ennedi (Chad). / Fotografía: David Stanley / Licencia: CC BY

Para hacerse una idea del tipo de vegetación y del clima en aquella época, tenemos que trasladarnos a yacimientos en las sierras costero-catalanas que bordean la depresión el Ebro, cuya edad va del Mioceno inferior (Costa Blanca de Martorell) al Mioceno medio (Martorell, Rubí, Sant Sadurní d'Anoia). En estos yacimiento predominan las Mimosaceae y Caesalpiniaceae arbóreas y arbustivas provistas de pequeños folíolos con un marcado caracter xerofítico. Géneros como Acacia, Caesalpinia, Cassia, Podogonium y Mimosa formaban una comunidad vegetal capaz de soportar largos periodos de sequía. En zonas de mayor humedad o en periodos de mayor humedad aparecen géneros como Bumelia, Laurus, Cinnamomum, Persea, Diospyros, Sabal, Sapindus, Sapotaceae, Engelhardia, Platycarya, que indican un clima tropical-subtropical cálido y seco. Es interesante notar que prácticamente todos estos géneros han desaparecido del continente europeo y no sobrevivieron al progresivo enfriamiento durante el Neógeno y el definitivo mazazo de las glaciaciones. En Europa, las regiones más áridas son generalmente regiones en las que predomina una vegetación herbácea y de pequeños subarbustos, pero en otros lugares del mundo y en otros tiempos en Europa, una diversa flora arborescente y arbustiva estaba asociada a climas tan áridos como los que van ganando terreno progresivamente. Haríamos bien en echar una ojeadita al otro lado del Estrecho de Gibraltar para ver si no existen especies de estos mismos géneros capaces de medrar en condiciones tan duras como las que se avecinan. La presencia, aunque sea dispersa, de árboles y arbustos, ayudaría mucho a que estas zonas no se conviertan antes de tiempo en auténticos desiertos...


Tipos de clima de la clasificación de Köppen-Geiger para el periodo de referencia 2071-2100 / Climate zones on the move

Los modelos climatológicos evidencian, en efecto, que la actual situación de aridez en la depresión del Ebro irá a más y se prevé que un clima de tipo BWh (desértico cálido) se imponga en las partes centrales de la depresión. Ocurrirá aquí lo mismo que anticipábamos al hablar de Castilla-la Mancha: la presión sobre unos recursos hídricos menguantes irá poco a poco creciendo y en un contexto de aridificación creciente de toda esta zona, cabe preguntarse cual será la futura evolución del caudal y del régimen hídrico del Ebro, al disponer de cada vez menos agua proveniente de la fusión del manto de nieve en regiones cada vez menos innivadas. Son pues muchas las incógnitas en una región que depende fundamentalmente de los aportes de agua de los ríos provenientes de los sistemas montañosos aledaños.



Climograma de Zaragoza, en el que se ve perfectamente lo cerca que estamos ya de franquear el límite de los 18ºC de temperatura media anual que separan los climas de tipo BSk y BSh. Según datos públicos de AEMET.

Daniel Garcia-Castellanos y Juan Cruz Larrasoaña. Quantifying the post-tectonic topographic evolution of closed basins: The Ebro basin (northeast Iberia). Geology. DOI: 10.1130/G36673.1
Sanz de Siria Catalán A. (1994) / La evolución de las paleofloras en las cuencas cenozoicas catalanas / Acta Geologica Hispanica, Vol. 29, pp. 169-189
Ferrer J. et al. (1993) / Nota sobre las plantas fósiles del Mioceno de Epila (Zaragoza) / Geogaceta, Vol. 14, pp. 94-97
Ortí,F. (1990): Introducción a las evaporitas de la Cuenca Terciaria del Ebro. In: Formaciones evaporíticas de la Cuenca del Ebro y cadenas periféricas, y de la zona de Levante. Nuevas aportaciones y Guía de superficie. (F. Ortí y J.M.ª Salvany, Eds.). Universidad de Barcelona-ENRESA.
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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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