miércoles, 30 de septiembre de 2015

Secuoyas en la Península Ibérica

Tras documentar, gracias a Internet, la presencia del cedro del Atlas en la Península Ibérica, me parecía una buena idea dedicar otro artículo a las secuoyas. Árboles fascinantes por las extraordinarias dimensiones que alcanzan, las secuoyas también han sido plantadas en la Península, aunque parece que más bien a título experimental. Resulta sin embargo sorprendente ver el resultado de esas plantaciones. Ambas especies, originarias de la costa oeste de Norteamérica, han encontrado en la Península Ibérica condiciones de desarrollo bastante similares a las que prevalecen en su área de distribución natural. Las secuoyas rojas (Sequoia sempervirens) encuentran, a lo largo de la costa cantábrica, condiciones de humedad y de temperatura similares a las de la costa NW de los EEUU. En cuanto a la secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum), propia del piso mediterráneo montano de California, parece relativamente fácil entender que haya encontrado condiciones favorables a su desarrollo en las montañas de la región mediterránea.

Cabezón de la Sal (Cantabria)

En los años 40 del pasado siglo se plantaron, en una parcela de 2,5 hectáreas situada en el Monte de Las Navas, a proximidad de Cabezón de la Sal (Cantabria), unas 800 secuoyas rojas (Sequoia sempervirens) . Esa iniciativa formaba parte de los planes del régimen franquista para alcanzar la autosuficiencia. El crecimiento rápido de las secuoyas fue, claramente, lo que convenció los ingenieros de aquella época de llevar a cabo ese proyecto. Sin entrar en el debate de si era lo más idóneo, el caso es que esas secuoyas se han desarrollado sin problemas (algunas alcanzan ya unos 36 metros de altura) y forman hoy un pequeño y peculiar bosque que no pasa desapercibido. Tanto que fue declarado Monumento Natural en el año 2003.




El bosque de secuoyas rojas de Cabezón de la Sal. Fotografía: Pedro M. Martínez Corada / Licencia: Creative Commons



Poio (Pontevedra)

El bosque de secuoyas de Poio tiene una historia muy particular. Como todos recordaréis, en 1992 se celebró por todo lo alto el quinto centenario del descubrimiento de América. Uno de los eventos más destacados de aquél año fue la Expo de Sevilla, que dejó en aquella ciudad una huella imborrable. Pero hubo otras iniciativas mucho más sorprendentes. Una de ellas fue el regalo que hizo el gobierno americano a España (fruto de una resolución del Congreso de Estados Unidos): un bosque de secuoyas rojas (Sequoia sempervirens) que los americanos llamaron “el Bosque de Colón”. Las cosas no se hicieron de manera improvisada. Se escogió el lugar cuidadosamente, analizando incluso la composición del suelo. Se plantaron en aquel lugar 500 secoyas, lo que es más o menos una cifra equivalente al número de secoyas que sobrevivieron en Cabezón de la Sal.




El bosque de secuoyas rojas de Poio. Fotografía: La Voz de Galicia



Sierra de Guadarrama (Segovia)

Las personas que visitan la Casita del Príncipe en el Escorial o los palacios de la Granja se quedan atónitos viendo las dimensiones que han alcanzado las secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum) que se plantaron en los respectivos jardines de esos palacios a mediados del siglo XIX. Tal como lo comentaba al principio de este artículo, no resulta demasiado sorprendente teniendo en cuenta de donde proviene este árbol. Lo que muchas personas ignoran, sin embargo, es que a muy poca distancia de estos emblemáticos lugares, en plena sierra de Guadarrama, existen pequeñas poblaciones de secuoyas que se han desarrollado en condiciones totalmente naturales. Tuve la ocasión de visitar una de ellas, que describí en un artículo de este mismo blog (Secuoyas en la Sierra de Guadarrama) pero no sé si existen otras en otros punto del Sistema Central. Lo más destacable de esta pequeña población con un estado de salud envidiable es el hecho de que probablemente sea el único lugar del mundo en el que hay indicios de regeneración natural de la especie. Este simple hecho, creo yo, debería ser suficiente para que estas pequeñas poblaciones queden protegidas por alguna figura legal.





Las secuoyas de las Hondillas sobresaliendo entre los pinos.



Sierra de Huétor (Granada)

A juzgar por las vistas aéreas del lugar, la plantación llevada a cabo con secuoyas gigantes (Sequoiadendron giganteum) en la Sierra de Huétor (Granada) debe tener una importancia similar a la que he podido observar en la Sierrra de Guadarrama. A juzgar por los testimonios y las fotografías que he podido encontrar en internet, su estado de salud es sin embargo más preocupante, habiéndose secado últimamente algunos ejemplares. Quedan, sin embargo, secuoyas para aburrir.





Las secuoyas gigantes de Bolones. Fotografía: waste.ideal.es



Pues nada, si acaso tenéis constancia de la existencia de algún otro bosque de secuoyas en algún otro sitio de la Península, no dudéis en señalarlo. Tened en cuenta que existen secuoyas o grupos de secoyas en otros lugares, pero ninguno de ellos tiene la importancia de los lugares que se describen en este artículo.

2 comentarios:

  1. Hola, buenas. Conozco un grupo de unas quince secuoyas en Espinelves, un pueblo de la provincia de Girona, en una finca que en epocas anteriores fue un vivero. Las secuoyas tienen unas dimensiones considerables y estan sanas. Un saludo.

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    1. El arboreto de Masjoan, cuyo nombre se dio al híbrido entre el abeto blanco y el pinsapo, que se “descubrió” en ese lugar (Abies x masjoani). Un lugar que sin duda merece la pena ser visitado.

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