lunes, 20 de mayo de 2019

Paleoautóctonas (20): Ailanthus



Hojas del ailanto, Parque del Retiro, Madrid.



Vigésimo artículo dedicado a las especies y géneros “paleoautóctonos” que poblaban la Península Ibérica y el continente europeo a finales del Terciario y comienzos del Pleistoceno (Cuaternario) justo antes de que se desencadenaran las glaciaciones. ¿ A que no os imaginabais que este tema iba a dar para tanto ? Hoy, para celebrar que hemos llegado al número 20 y dando rienda suelta a mi espíritu de provocación, vuelvo a evocar aquí un género que siempre provoca reacciones encendidas: el ailanto es, en efecto, la especie arbórea más odiada en nuestro país. El diablo vestido de árbol para muchos pero la verdad es que poca gente se ha parado a pensar en el significado real de su presencia. Viendo la facilidad con la que esa especie (y otras especies invasoras) se propaga por todo el Hemisferio Norte, la pregunta que nos podríamos hacer, como en toda buena serie policiaca es la siguiente: ¿ tiene esa especie algún tipo de antecedentes ? La respuesta, lo adivináis, es que efectivamente los tiene…




El mapa que reproduzco aquí muestra la repartición actual del género (zona punteada) y la repartición que tuvieron Ailanthus tardensis (rombos), Ailanthus gigas (triángulos) y Ailanthus confucii (círculos). Tal como se puede ver, esta última especie tuvo hasta el Plioceno una repartición holárctica bastante similar a la que puede tener hoy en día Ailanthus altíssima. De hecho, tal como se señala en el artículo [1], ambas especies (Ailanthus altissima y Ailanthus confucii) son morfológicamente indistinguibles. O sea, que están directamente emparentadas (se trata pues de la misma especie o de su antecesor directo). Esto responde pues a la pregunta que nos hacíamos acerca de sus antecedentes: no es la primera vez, en efecto, que esa especie ha sido capaz de expandirse por todo el Hemisferio Norte. Lo ha hecho hoy gracias a la ayuda del hombre pero ya lo hizo antes por ella misma. El ailanto muestra hoy una clara tendencia a expandirse, favorecido por el calentamiento global, pero esto cobra un sentido muy diferente a la luz de lo que sabemos del pasado. Más que “invadir” territorios en los que nunca estuvo presente, esa especie está, muy al contrario, reocupando unos territorios en los que ya estuvo presente durante millones de años y de los que tan solo se ausentó durante el paréntesis de las glaciaciones. La misma historia se podría contar acerca de otras especies invasoras como la Robinia o el arce negundo pero de eso hablaremos en futuros artículos…


AilanthusFamilia: SimaroubaceaeOrden: Boraginales

Árboles caducifolios. Tronco de corteza verdosa o pardusca; ramas con pelos densos o ± esparcidos. Hojas alternas, pinnaticompuestas, impari o paripinnadas, algo coriáceas, sin estípulas; folíolos asimétricos en la base, de margen entera o dentada, pelosos; peciólulos no alados. Inflorescencias axilares, en largas panículas. Flores polígamas. Receptáculo con ginóforo; disco nectarífero con 10 lóbulos. Sépalos 5-6, libres. Pétalos 5-6, de margen entero. Estambres 10, en 2 verticilos, insertos en la base del disco; filamentos sin apéndices ni escamas; anteras latrorsas. Carpelos 2-5, libres entre sí, o algo soldados en la base, uniloculares; estilos laterales, ± soldados. Fruto en polisámara, en racimos ± péndulos. Semilla de contorno redondeado u obovado, rodeada por el ala.

Descripción:  Flora Iberica




El ailanto pertenece a una familia de árboles esencialmente tropical de la que es el único representante en las zonas templadas. Ese origen tropical queda patente en el hábito que exhibe este árbol, poco frecuente en árboles de zonas templadas y en el hecho de ser un árbol relativamente friolero, lo que se traduce no solamente por el hecho de que se encuentre más a gusto en las zonas meridionales del continente europeo (en el norte de Europa la especie no sale de las zonas estrictamente urbanas), sino también por el hecho de ser una de las últimas especies caducifolias en desarrollar sus hojas en primavera tras el parón invernal. Esa tardanza le ha valido en la región del Río Amarillo (China) el nombre vernacular de ch’un-shu, que se traduce como "árbol de la primavera", paradójicamente no porque sea el primero en anunciar la primavera sino porque la aparición de sus hojas realmente marca la llegada definitiva y duradera de la primavera, lo que en sociedades rurales es de suma importancia para los cultivos [2].



Joven ailanto mostrando el hábito típico de la especie cuando no sufre ningún tipo de poda o de intervención. Barrio de Moratalaz, Madrid.



El ailanto fue introducido en Europa por Pierre d'Incarville, un jesuita francés establecido en China a mediados del siglo XVIII que mandó semillas de ailanto y de sófora a Bernard de Jussieux, botánico francés del que había sido alumno y que era por aquél entonces el director del Jardin Royal des Plantes. Las semillas, enviadas a partir de 1743, llegaron a Paris tras un largo viaje intercontinental y fueron el comienzo de una exitosa historia. Ambas especies siguen siendo hoy en día muy frecuentes en nuestro país, siendo la sófora, menos expansiva que el ailanto, la segunda especie más plantada en las calles de Madrid tras el olmo. El ailanto en seguida se convirtió en uno de los árboles ornamentales más preciados en Europa, debido al porte tan exótico y elegante que tiene. Los ingenieros pronto descubrieron, además, su extraordinaria capacidad de fijación de terrenos y su utilización se generalizó. Aún así, a pesar de ser un árbol ornamental bastante popular, no tengo constancia de que ese árbol se haya extendido masivamente antes de la década de los años 60. En realidad, aunque ya se señala su naturalización en el siglo XIX, parece que su expansión (me faltan datos para demostrarlo) es un fenómeno bastante reciente que coincide con la subida de las temperaturas que se inició en los años 70. De hecho, en Europa del Norte ese árbol no sale de las zonas urbanas, siendo el clima demasiado frío fuera de ellas. En España se le puede observar en todo tipo de zonas alteradas por el hombre como pueden ser las escombreras, los bordes de las vías de comunicación, los solares abandonados, etc. El carácter invasor de esta especie se debe únicamente a que se inmiscuye en zonas de ribera, donde parece competir con éxito con la vegetación natural. Cabría preguntarse, sin embargo, cuán natural es realmente la vegetación ribereña y si realmente son esos ecosistemas los más difíciles de recuperar. Ese tipo de bosque tiene una de las tasas de crecimiento más altas que se pueda imaginar y a poco que se la deja crecer... Es más la rareza de ese tipo de ecosistemas (culpa del hombre) que su fragilidad lo que realmente preocupa.



Pequeño bosquecillo de olmos de Siberia (Ulmus pumila y de aolantos (Ailanthus altissima) desarrollado sobre el talud de una carretera en el barrio de Moratalaz (Madrid).



Resulta muy llamativo, en el caso del ailanto, el radical cambio de percepción hacia esa especie. Pasó de ser un árbol muy estimado y valorado a ser, hoy en día, un árbol vilipendiado y olvidado. El árbol presenta, sin embargo, múltiples cualidades. que Charles Sargent, fundador y primer director del Arnold Arboretum, sintetizaba de la siguiente manera en la primera edición de la revista Garden and Forest: "... for hardiness and rapidity of growth, for the power to adapt to the dirt and smoke, the dust and drought of cities, or the ability to thrive in the poorest soil, for beauty and for usefulness, this tree is one of the most useful which can be grown in this climate ..." (Gard. & For. 1888: 380). Además de ser un árbol muy poco exigente, éste produce una madera de muy buena calidad, con un alto poder calorífico. En el contexto actual de cambio climático, sin embargo, no me cabe la menor duda de que este árbol tan duro de pelar tiene aún mucho que ofrecer. Es de los pocos capaces de desarrollarse en condiciones tan exigentes y de ofrecer soluciones inmediatas a los graves problemas de erosión que sufren muchos terrenos. Allí están las escombreras y los terrenos improductivos que rodean nuestras ciudades, cubriéndose poco a poco de olmos de Siberia y de ailantos y transformando esas áreas en auténticos bosques bajo los que se desarrolla rápidamente un nuevo suelo, algo que sin ellos hubiese sido una quimera.


   

Leyendo las terroríficas descripciones que se escriben en España del ailanto, a menudo se puede leer que el ailanto estropea las mieles dándoles un sabor desagradable. Parece, viendo como lo describen los productores italianos de miel de ailanto, que la realidad es algo diferente: produced in the month of may, this is a honey with real personality, creamy. golden color with amber highlights. to the palate it brings precise sensations of moscato grapes and peach syrup, lychee stands out most distinctly, followed by an umami finish reminiscent of fresh mushrooms. tree of heaven or ailanthus, named for its height, reached in just a few years of rapid growth, considered invasive, it nevertheless has an undeniable oriental beauty and charm all its own. Como a menudo ocurre, todo depende del punto de vista de quien describe. / Imágenes: Mieli Thun.



¿ Es realmente el ailanto una especie invasora ? Lo cierto es que antes de ni tan siquiera formular esa pregunta, uno tendría que contestar un sinfín de otras preguntas. ¿ Acaso no hemos creado las condiciones para que esta especie colonizadora encuentre aquí las condiciones ideales para su desarrollo ? ¿ Acaso no está el cambio climático favoreciendo la propagación de esta y de otras muchas especies ? Sería honesto contestar a esas preguntas antes de acusar ninguna especie de ser una invasora. Al fin y al cabo, nosotros hemos creado las condiciones para que esas especies exóticas se instalen y prosperen. Plantar especies autóctonas en regiones en las que prosperan esas especies alóctonas no va a solucionar el problema de fondo, que es el pésimo estado en que hemos dejado todo. Puede que nos dé buena conciencia pero realmente no arregla gran cosa. Aceptemos pues de una vez por todas que las especies que están triunfando aportan algo positivo. Aprendamos a vivir con ellas y a aprovechar lo mejor que nos pueden dar. Conocerlas es el primer paso para aprender a convivir con ellas. Erradicarlas, en cualquier caso, sería dar un enorme paso hacia atrás. SI mañana cortásemos todos los olmos y ailantos que han crecido por doquier, estoy convencidísimo que los echaríamos muchísimo de menos, ya sea por convertir en auténticos secarrales terrenos que hoy son casi bosques, como por lo numerosos problemas de estabilidad que causaría eliminar de taludes y bordes de caminos unos árboles que llevan años fijando y estabilizando el terreno.



[1] Sarah L. Corbett and Steven R. Manchester1 (2004) / Phytogeography and fossil history of Ailanthus (Simaroubaceae) / Int. J. Plant Sci., Vol. 165(4), pp. 671–690.
[2] Shiu Ying Hu (1979) / Ailanthus / Arnoldia, Vol. 39, No. 2, pp. 29-50



2 comentarios:

  1. Estoy muy de acuerdo con lo que dices, sólo me gustaría añadir el dato de que la madera del Ailanto es muy mala como combustible.Lógico por su rápido crecimiento.Un saludo.

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  2. Mais uma das minhas espécies favoritas, é um excelente colonizador, excelente criador de solos, cresce rápido e vive apenas o suficiente para propiciar as melhores condições ecológicas para o estabelecimento de outras espécies mais exigentes (cerca de 50 anos). Ajuda a criar matéria orgânica em decomposição no solo, a equilibrar a temperatura do solo, a reter água e a iniciar o processo de recuperação ecológica de paisagens degradadas. Muitas espécies de insetos como as abelhas beneficiam da sua presênça. Parabéns uma vez mais e obrigado pelo artigo!

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