martes, 8 de enero de 2019

El invasor amable

Cuando salgo de paseo por mi barrio o por los alrededores de Madrid, me llama siempre mucho la atención la frecuencia y la abundancia de un árbol que se está convirtiendo en el amo y señor de las zonas periurbanas y de los bordes de carretera. Un árbol duro y resistente curtido en las zonas áridas de Asía Central, de donde es originario. Cual Gengis Kan vegetal, se ha lanzado desde nuestras calles a la conquista de todas esas tierras ingratas que tan solo él y el tan vilipendiado ailanto son capaces de colonizar. El olmo de Siberia (Ulmus pumila) es, con diferencia, la especie exótica que ha conocido la mayor expansión en nuestro país durante las últimas décadas. Alrededor de Madrid está presente por doquier, contabilizándose probablemente millones de ejemplares. En comparación, el ailanto puede considerarse una especie relativamente poco frecuente. En mi barrio la relación entre ambas especies debe ser de 50 olmos por cada ailanto y puede que me quede bastante corto en esa estimación. El olmo de Siberia debería ser, visto lo visto, el número uno en todos las listas de especies exóticas invasoras. Curiosamente, ni tan siquiera aparece en la mayoría de esas listas que, en cambio, incluyen todas al ailanto. ¿ Existe alguna razón objetiva para considerar invasora una especie y no la otra ?



El fruto del olmo es una sámara que el árbol produce en cantidades incalculables y que son capaces de viajes a distancias considerables. En primavera se las encuentra por doquier.


Lo primero a tener en cuenta para entender esa diferencia de criterio es que el olmo de Siberia ha sido utilizado a menudo para sustituir en nuestras calles al olmo común, víctima de la grafiosis. El olmo de Siberia, en efecto, es resistente a esa enfermedad y se ha plantado masivamente en nuestras ciudades. El olmo de Siberia no solamente sustituyó al olmo común, sino que se hibridó extensamente con él hasta tal punto que resulta hoy casi imposible encontrar un olmo común de pura cepa, incluso en poblaciones salvajes. Tan solo los árboles más viejos de algunos jardines históricos pueden considerarse como auténticos olmos comunes. Todos los demás tienen en mayor o menor medida genes siberianos. Se pueden observar, de hecho, todas las formas intermedias entre ambas especies. Salvar al olmo común es pues una tarea muy difícil en la práctica.



Inflorescencia del olmo de Siberia (Barrio de Moratalaz, Madrid)


En la valoración que se puede hacer de las especies invasoras, el olmo siberiano es pues mucho peor que el ailanto, que no se hibrida con ninguna especie indígena. Erradicarlo, sin embargo, tendría un doble coste. Primeramente económico puesto que se trata de una especie ampliamente distribuída de la que existen millones de ejemplares de todas las edades que producen miles de millones de semillas cada año. Si cada olmo adulto produce decenas o cientos de miles de semillas, os dejo calcular la cantidad de semillas que se producen cada año. O sea, dicho de manera sencilla: su erradicación es absolutamente imposible. El otro coste de su eliminación sería el ecológico, ya que en muchos lugares este árbol ha constituido pequeñas poblaciones que han transformado radicalemnte el paisaje y favorecido la presencia de muchas especies animales y vegetales.



Pequeñas olmedas de olmos siberianos se están constituyendo en muchos barrios perfiéricos de nuestras ciudades. En estas formaciones arbóreas, el ailanto es un acompañante frecuente pero no es la especie dominate (Barrio de Moratalaz, Madrid)


Es pues el olmo siberiano el claro ejemplo de lo difícil que resulta "catalogar" las especies exóticas. Su poder de propagación es abrumador y el simple hecho de estar inmiscuyéndose poco a poco en el genoma del olmo común bastaría para considerarlo una peligrosísima especie invasora. Pero son tantos los efectos positivos de su presencia en tierras muy castigadas por la actividad humana que resulta realmente difícil repudiarla. De todos los olmos es sin ninguna duda la especie menos noble. una especie de plebeyo entre linajes de alta alcurnia. Pero de todas ellas es actualmente la única que demuestra tal vitalidad, siendo capaz de transformar por completo los paisajes de las zonas periurbanas.



Que el olmo de Siberia sea una especie exótica no le importa mucho a la galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola), que se ha visto lógicamente muy beneficiada por la expansión de esta especie.


Como se puede ver con este ejemplo, dictaminar que una especie exótica es invasora o no depende de muchos factores. El primer paso, muchas veces ignorado por los "cazadores de invasoras", es un estudio serio de los impactos tanto negativos como positivos de esas especies. La inmensa mayoría de las publicaciones actuales solo considera los impactos negativos y esa es una simplificación inaceptable de la realidad. El olmo de Siberia es un claro ejemplo de ello y estoy seguro que según vayan envejeciendo esas masas de árboles que han brotado por doquier serán cada vez más evidentes los impactos positivos de la presencia de esta especie que atrae, en mi barrio, a un sinfín de aves en busca de pequeños insectos de los que alimentarse. Puestos a llevar a juicio a las especies exóticas, lo mínimo que se puede exigir es que se les garantice una defensa honesta.

2 comentarios: