Tercer año plantando árboles

Ya era hora, tras casi dos años de silencio, que hiciera un pequeño resumen de lo que he podido aprender / observar durante este tiempo plantando árboles en mi barrio. Contrariamente a mi planteamiento inicial (Primer año plantando árboles), he renunciado por completo a plantar árboles en la zona estrictamente urbana, ya que me los han cortado sistemáticamente y no merece la pena perder tiempo en plantar árboles valiosos condenados de antemano. Así que he centrado todos mis esfuerzos en el pequeño descampado que tengo cerca de casa, donde mis arbolitos pueden crecer tranquilamente sin atraer la atención de nadie o de casi nadie. Además, he tenido la inmensa suerte este año de que los jardineros respetaran los arbolitos que había plantado, gracias probablemente a que los tenía debidamente protegidos con vistoso protectores que hasta ahora parecen haber desempeñado perfectamente su papel. Saludo desde aquí al equipo de jardineros que se ocupa de esta zona y les doy las gracias por su comprensión.



Antes de pasar a contaros qué dieron de sí las distintas especies que he testeado en este descampado, quisiera hacer aquí una pequeña puntualización destinada a todos aquellos que preguntan siempre porqué no planto especies autóctonas. Lo primero que hay que remarcar es que nos situamos aquí en pleno piso mesomediterráneo y que la especie arbórea que naturalmente todos te aconsejan plantar es la encina. Pues bien, no vayáis a pensar que nadie lo haya intentado. En la fotografía anterior podéis ver unas cuantas encinitas plantadas aquí hace unos 10-20 años. Como podéis ver, las pobres no pasan de simples arbustos. Alguno de los árboles que he plantado yo estos últimos años ya las sobrepasa holgadamente. Plantar encinas en un auténtico suelo puede que sea una buena idea pero sobre escombros como los que se acumularon aquí, francamente, no tiene mucho futuro. En la misma fotografía podéis ver algunos olmos de Siberia que han crecido espontáneamente en ese mismo lugar y qué queréis que os diga, no me hace falta plantar más encinas para llegar a una conclusión que esta fotografía evidencia con crudeza. Lo que a mí me interesa es testear especies que aún no conozco y cuyo comportamiento en este clima me interesa investigar. Aprender cosas nuevas e inéditas que puedan algún día ser de utilidad. Así que veamos qué he aprendido estos últimos años...



Braquiquito (Brachychiton populneus)

Imposible no empezar este pequeño resumen sin hablaros del braquiquito y, en particular, del ejemplar al que ya me refería en el anterior artículo. Tal como explicaba entonces, tras plantarlo en el descampado, este pequeño braquiquito (el único que sobrevivió de los plantados en 2018) sufrió una serie de percances que ningún otro árbol hubiese sido capaz de sobrellevar. Fue devorado dos veces por los conejos, cortado por los subcontratas que cortaron la hierba del descampado y finalmente incendiado. En agosto de 2018, no quedaba casi nada de él: tan solo un pequeño muñón que apenas sobresalía del suelo pero del que ya brotaban pequeñas hojas tiernas:



El caso es que en la siguiente primavera emitió un tallo nuevo que creció rápidamente durante la primavera de 2019, hasta alcanzar aproximadamente una altura de 1,20 m. Las fotografías que reproduzco aquí os muestra su posterior desarrollo, entre los meses de agosto de 2019 (fotografía de la izquierda) y el mes de agosto de 2020, en el que alcanza ya aproximadamente 2,10 m. Un crecimiento muy interesante teniendo en cuenta que se trata, a priori, de una especie perfectamente adaptada a las condiciones de sequía de este lugar. Eso sí, para lograr este crecimiento he tenido que aportar agua en los meses de verano. La idea, sin embargo, es lograr primero que el árbol arraigue bien y desarrolle un potente sistema radicular. Una vez logrado esto, ya podré ir pensando en prescindir de los riegos.



Aparte de este primer braquiquito, volví a transplantar esta primavera varios ejemplares que sembré el año pasado y de momento todos muestran un buen aspecto, a pesar de no haber crecido mucho (el qué más alcanza una altura de unos 30 cm). Claro que esta fase inicial me la perdí por completo en el caso del primer ejemplar que os describía. Me imagino pues que tras este primer año de crecimiento moderado, darán el estirón el año que viene, tal como ocurrió con el primero. Estoy realmente muy impaciente por ver como estos árboles van a cambiar el paisaje en la parte del descampado en la que están, porque los planté voluntariamente en una zona muy complicada en la que ni tan siquiera logra establecerse de manera duradera ningún tipo de vegetación herbácea. Lograr que aquí crezcan estos árboles sería un logro importante. La respuesta la tendremos en muy pocos años. De momento los arbolitos tienen buena pinta y espero reforzar esta pequeña población la primavera que viene con los ejemplares nacidos de las últimas semillas que me traje de Barcelona.



Árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides)

Tras un primer intento algo frustrante en 2018 por culpa de las numerosas bajas que sufrí sobre el terreno por culpa de los conejos y de los jardineros, volví a plantar la primavera siguiente un par de eucommias que se habían quedado sobre mi terraza. Una de ellas la planté en un lugar relativamente expuesto al sol y la otra en el sotobosque de un pequeño bosquete de álamos. Ambas bien protegidas por su correspondiente protector. El crecimiento de ambas fue satisfactorio durante el año 2019 aunque relativamente lento. Curiosamente, la más expuesta al sol fue la que mostró mayor vigor. 2019 acabó, sin embargo, con una nota amarga: un conejo logró colarse por debajo del protector cavando una galería en su base y dejó sin hojas la eucommia del sotobosque, que quedó reducida a un palito de unos 10 cm de altura. No eché la toalla, sin embargo y confié en que se recuperaría el año siguiente, cosa que efectivamente hizo emitiendo en primavera un largo tallo de unos 50 centímetros que ahora asoma del protector. La otra eucommia, que muestra un crecimiento de lo más anárquico, es todo un espectáculo y parece haberse enraizado muy bien, puesto que en ningún momento del año ha nostrado ningún síntoma de estar sufriendo por la falta de agua. EL verano del año pasado se quedó más de 2 semanas y media sin regar en lo más fuerte del verano (estaba yo de vacaciones) y ni se inmutó. Realmente, me da la sensación que una vez bien establecida, esta especie debería ser capaz de aguantar los meses de sequía estival que caracterizan nuestro clima, un poco al estilo del olmo de Siberia, con mala pinta si llega a pasar sed pero aguantando el tipo hasta que por fin cae la lluvia.



Como bien sabrán los que siguen este blog, la eucommia es una especie "paleoautóctona" que ya estuvo presente en nuestro país en el pasado (desaparecio en el Pleistocen Medio) y mi sensación es que sería perfectamente capaz de sobrevivir en una amplia gama de climas del continente europeo. El experimento sigue y ya veremos qué da finalmente de sí esta especie, de la que he vuelto a plantar más ejemplares en distintos puntos del descampado. Lo único que puedo decir por ahora es que parece aguantar bastante bien el hecho de ser transplantada y que parece tener una buena capacidad a aguantar la sequía una vez bien establecida.



Tipa (Tipuana tipu)

Mi intento de plantar tipas en el descampado a partir de semillas traídas de Barcelona fue un auténtico desastre, tal como lo relataba ya en el anterior artículo que escribí. Tan solo sobrevió una sobre mi terraza, donde estuvo vegetando casi 2 años y a la que se le había roto el tallo principal. A pesar de su mal aspecto, decidí, sin embargo, darle una oportunidad. Más que nada por ni tirarla a la basura así sin más. Aunque los jardineros respetaron todos los árboles que había plantado, este lo vieron en el último momento y perdió unas cuantas hojas. Aún así, me está sorprendiendo. La fotografía que muestro a continuación muestra su aspecto actual, con varios tallos creciendo y muchas hojas desarrollándose. Lástima que me quedase sin semillas y que no sepa cuando podré volver a Barcelona o a Valencia. Ojalá el año que viene hayamos logrado por fin salir del bache actual y pueda yo volver a recoger semillas de las especies que crecen en sus calles...





Pacanero (Carya illinoinensis)

Novedad en el descampado, este año por fin me he decidido a plantar unos cuantos pacaneros en la zona más húmeda del descampado, protegidos por árboles como álamos y sauces. Planté tres pero a uno de ellos no pude ponerle protector. Al día siguiente los conejos ya se lo habían comido... Por ahora tengo poco que contar. No tienen, que digamos, muy buen aspecto. No han crecido casi nada pero sospecho que todo el esfuerzo se concentra bajo tierra por el momento. Así que mientran sobrevivan, hay esperanza de verles crecen con algo más de vigor la próxima primavera.



Estos pacaneros nacieron de semillas recogidas en el Jardín del Príncipe de Aranjuez, donde esta especie se plantó hace ya varios siglos. No se trata pues de ninguna variedad "mejorada" sino de un fenotipo bastante próximo al natural. Aún así, hay que tener en cuenta que esta especie lleva siglos, por no decir milenios, siendo manejada y favorecida por las poblaciones autóctonas de Norteamérica. De cara al futuro del descampado, conseguir que estos pacaneros salgan adelante sería muy interesante teniendo en cuenta el recurso que representan su nueces, tanto para nosotros como para la fauna del barrio.



Pterocaria del Cáucaso (Pterocatya fraxinifolia)

Por fin he podido plantar este año mi primera petrocaria del Cáucaso. Tengo otra preparada sobre la terraza que no me dio tiempo transplantar antes del confinamiento y que transplantaré este otoño. En este caso no hay ninguna duda acerca de su necesidad de poder disponer constantemente de agua y la he plantado directamente a la orilla del pequeño arroyo que nace en el descampado, cosa que no hice con el ahuehuete en su día y de lo que me arrepiento un poco hoy.



La pterocaria es para mí una de las especies "paleoautóctonas" más emblemática. Volvió a reconquistar sus antiguos dominios en prácticamente todos los periodos interglaciares y me parecía importante asegurar su presencia teniendo agua a disposición de forma permanente. Al menos hasta ahora.



Ahuehuete (Taxodium mucronatum)

El estado actual del único ahuehuete que tengo plantado en el descampado me tiene muy preocupado. Me había confiado yo mucho en los casi 3 años que lleva plantado sin necesitar ni un solo riego. Este verano, sin emabrgo, se me ha secado casi por entero. Tengo la sospecha de que la sequía a menguado sensiblemente el caudal del pequeño arroyo y que este árbol ya no recibe el agua de la que disponía anteriormente. Así he montado una especie de operación "Salvar al Soldado Ryan" para evitar que se me muera. Lo veo muy complicado pero las puntas del tallo y de las ramas tienen bastante buena pinta. Si sobrevive, este invierno intentaré desviar ligeramente el arroyito para que llegue un hilito de agua al pie del ahurhurte. Tengo, de todos modos, varios ejemplares sobre la terraza que podrían sustituirle (y que no sé donde plantar, sea dicho de paso)...





Algarrobo (Ceratonia siliqua)

Al ensayar esta especie estoy en realidad siguiendo la misma lógica que con el braquiquito. He escuchado tantas veces aquello de que esta especie no está adapatada al clima demasiado frío del centro de la Península, que he decidido verificarlo y no dejarme guiar por suposiciones. Tengo unos cuantos dispersos por el descampado que de momento no parecen dar señales demasiado positivas. Ya veremos la próxima primavera si por fin se "arracan" a crecer un poco más...



Árbol de la vida (Platycladus orientalis)

Frecuente en los parques del barrio, tenía yo curiosidad por saber si sería capaz de sobrevivir en condiciones más difíciles que la de los parques. En teoría y basándome en los datos de la literatura esta especie es teorícamente capaz de sobrevivir con niveles de precipitación muy similares a los del centro de la Península. Eso sí, tal vez mejor repartidas. El dato más esperanzador que encontré y que me convenció de llevar a cabo el ensayo es el de su presencia en el Norte de Irán, en zonas de clima mediterráeo en las que convive con el ciprés (CUptessus sempervirens). Tenía que salir de dudas pero solo me dio tiempo, antes del confinamiento, de plantar un único ejemplar. Los demás están tranquilamente esperando sobre la terraza a que llegue el otoño para transplantarlos. Es pues un poco temprano aún para sacar ningún tipo de conclusión. Eso sí, el ejemplar que transplanté en el descampado aún sigue vivo.





GIngko (Ginkgo biloba)

Con el ginkgo acabo esta vueltecita por el descampado. De todas las especies, es la que más dudas tengo en cuanto a su viabilidad. En realidad lo que estoy haciendo es plantarlo en una diversidad de condiciones para intentar entender mejor cual es el límite de lo que aguanta. O sea, que cuando deje de darles riegos veraniegos, puede que se me mueran todos. Es lo que tiene este jueguecito. También se aprende algo de los errores que uno comete...



Pues nada, aquí acabamos esta pequeña visita virtual del descampado. No sé, claramente, qué quedará de todo esto dentro de 5 o 10 años. Pero como ya lo decía anteriormente, la plantación de estos árboles es ante todo un experimento. Mentiría diciendo que no me haría ilusión que algunos de ellos me sobrevivieran, pero soy consciente que todo esto es una apuesta que tiene tantas posibilidades de salir mal como de salir bien...

2 comentarios

  1. Olá Adrián, uma das melhores formas de proteger as árvores das secas é criar um manto protetor de matéria orgânica na base que cubra o solo diminuindo a temperatura do solo e ajudando à retenção de água. Eu utilizo camadas de cartão e vegetação morta, ramos, folhas e ervas. Criando assim capacidade de resistência para as jovens árvores. Experimenta se possível plantar Ailanthus altissima, que são muito resistentes e criam belíssimas condições para outras espécies mais exigentes.
    Abraço e boa sorte!

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    1. Oi João ! É uma das coisas que quero fazer para melhorar a supervivencia das minhas árvores. Outra ideia que eu tenho, aproveitando que cortaram uns pinheiros por aqui é usar alguns galhos par formar uns pequenos terraços onde vou dispor essa materia orgánica. Mais tarde te mando un desenho...

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