Decíamos, al describir la Depresión del Ebro, que era una de las dos grandes depresiones formadas en la Península Ibérica como consecuencia del desarrollo de las cordilleras alpinas en la periferia de la microplaca ibérica, al colisionar esta con las placas africana y europea. Hoy vamos a examinar la que se formó en el sur de la microplaca ibérica, al pie de la Cordillera Bética por las mismas razones por las que se formó la Depresión del Ebro. La acumulación en las cordilleras béticas de grandes unidades tectónicas provocó la flexión de la placa continental ibérica y la formación de una cuenca de antepaís relativamente estrecha que fue ocupada por el mar durante buena parte del Neógeno, acumulándose en ella entre 500 y 1000 m de sedimentos en sus áreas centrales y occidentales.
Formación de Sierra Morena y la Cuenca del Guadalquivir.
El clima actual en buena parte de Andalucía Occidental es típicamente mediterráneo, correspondiendo al tipo Cfa (templado con verano seco y caluroso) en la clasificación climática de Köppen. En zonas interiores de la depresión, el clima se vuelve localmente más árido, de tipo BSk (estepario frío) y BSh (estepario cálido).
El clima en esta región se ve atemperado por la cercana presencia del Atlántico y se diferencia del de las mesetas del centro de la Península por tener inviernos más suaves y unos niveles de precipitaciones ligeramente más elevados, superando normalmente los 500 mm de precipitación anual (se sitúan entre 400 y 500 mm en ambas mesetas). Esta diferencia se debe sobre todo a la entrada de aire húmedo por el golfo de Cádiz, que en algunos periodos del año provoca intensas precipitaciones que se concentran sobre todo en el SO de la Península. Recordemos que no hay en el bajo Guadalquivir ningún relieve que impida la entrada de ese aire húmedo oceánico.
En verano la entrada de masas de aire desde el N de África durante largos episodios de ola de calor convierte esta región en una de las más cálidas de la Península. La escasa altitud y el alejamiento de la costa convierte en particular las zonas interiores de la Cuenca del Guadalquivir en un auténtico horno. La campiña cordobesa y jienense en particular acumulan buena parte de los datos de altas temperaturas medidas en España durante los últimos años:
Los modelos climáticos apuntan a que el número de días de calor en que se superarán los 40 grados de temperatura aumentará considerablemente, pasando de ser una situación excepcional actualmente a ser lo normal durante buena parte del verano. La misma región de la campiña cordobesa y jienense en la que se baten regularmente los records de temperatura podría llegar a tener más de 60 días al año con temperaturas superando los 40ºC:
Con temperaturas diurnas que podrían superar los 40 grados durante casi dos meses, parece lógico que el grado de aridez de esas regiones aumente en consecuencia. Los modelos más pesimistas muestran muy claramente como buena parte del valle del Guadalquivir podría llegar a tener un clima de tipo BSh (clima estepario caluroso). El aumento de la aridez ligado al aumento de las temperaturas y al alargamiento de los periodos de intenso calor constituye sin lugar a dudas el reto fundamental para esta región. Todo ello sin tener en cuenta que la probabilidad de alcanzar excepcionalmente los 50 ªC aumenta considerablemente, siendo letales para muchos organismos tales condiciones si llegan a mantenerse muchas horas y días.
De mantenerse un nivel de precipitaciones similar al actual en buena parte de Andalucía Occidental, no debería sufrir esta región un cambio de vegetación tan drástico como cabe esperar en otras regiones. Eso sí, algunas especies como la encina y el alcornoque parece que sufrirán del aumento de las temperaturas y se irán haciendo más raras, permaneciendo probablemente únicamente en zonas de relieves, tal como muestran los mapas que mostramos en el artículo dedicado a la franja costera del SE.
En las zonas más internas de la depresion del Guadalquivir, una vegetación propia de zonas áridas debería poco a poco imponerse, aunque al tratarse de zonas mayoritariamente agrícolas, posiblemente el cambio no sea tan aparente, siempre y cuando los recursos hídricos permitan que se mantenga esta actividad, ya que el previsible aumento de la aridez incrementará la presión sobre los recursos hídricos en toda esta región. A ese incremento de las temperaturas y de la aridez también hay que añadir en las zonas costeras los efectos previsibles de la subida del nivel del mar, que ya evocábamos en el artículo dedicado al entorno de Doñana (La espada de Damocles (2): Doñana).

