Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Hay días así en los que me siento como el viejo loco del barrio que se pasa el día anunciando catástrofes que otros no intuyen. La edad es a la vez una condena, al acercarte irremediablemente el paso del tiempo al desenlace de una vida que de repente tienes la sensación de haber desaprovechado sin haber hecho nada para preservar esa Naturaleza de la que heredamos, y una bendición al permitirte analizar las cosas con la suficiente perspectiva para entender lo que está pasando. Te acuerdas de repente de los inviernos de tu juventud y sientes algo de tristeza cuando ves lo felices que se ponen los niños cuando ven caer cuatro copos de una nieve que desaparece a las pocas horas. Claro, para ellos se trata de algo absolutamente excepcional pero aquello era lo normal cuando tú eras niño. Esa falta de perspectiva temporal de la que sufre nuestra desmemoriada sociedad nos está poniendo en peligro a todos. Al no ser capaces de entender lo que ha cambiado en este mundo, los más jóvenes abrazan ideas e ideologías que nos hubiesen avergonzado hace tan solo un par de décadas.



Personas patinando sobre el estanque del Palacio de Cristal en el parque del Retiro el 17 de enero de 1914. Una escena absolutamente surrealista hoy en día...

El siglo XXI, que parecía que iba a ser un siglo de progreso empieza en realidad por una tremenda involución ideológica que nos retrotrae casi un siglo atrás. Las Naciones Unidas se crearon para que no se volviese a producir el horror de las guerras mundiales y para establecer una especie de gobernanza global que nos permita enfrentarnos a problemas globales. ¿Y que vemos actualmente? El desmantelamiento de las grandes instituciones por países que sueñan con liderar el mundo aunque sea a costa de esquilmar todos sus recursos. Y ese desmantelamiento va de la mano de ideologías que se parecen mucho a las que se propagaron en nuestro continente hace un siglo. Muchos me dirán que una situación no tiene nada que ver con la otra, pero eso a mí no me tranquiliza en absoluto, porque vivimos en un mundo que dispone de un arsenal que le permitiría autodestruirse por completo si a alguno se le fuera la pinza. Y francamente, saber que superpotencias como Estados Unidos y Rusia están lideradas por ultranacionalistas a los que les trae al pairo los derechos civiles a mi me quita el sueño.

Estos locos no han entendido aún que su principal enemigo es el cambio climático. Sus políticas van exactamente en sentido contrario. Luchan entre ellas para apoderarse de los recursos existentes y no les importa un rábano el impacto medioambiental que puedan tener. El problema, evidente creo yo, es que seguimos deteriorando el medio ambiente a pasos agigantados. Seguimos construyendo carreteras y ciudades. Seguimos consumiendo petróleo desaforadamente. Tal es nuestra dependencia del oro negro que ha bastando con una guerra en el Golfo Pérsico para poner contras las cuerdas nuestras economías. Los que soñaban con lograr un mundo descarbonizado en pocas décadas me temo que no habían entendido muy bien la dimensión del problema. Y no hace falta ser experto en ecoonomía para entenderlo. Todo, a nuestro alrededor, es petróleo. Vuelves de la compra y la mayor parte de tu compra son bolsas de plástico y envases. Y claro, a no ser que ya tengas un coche eléctrico, necesitarás llenar el depósito de gasolina. Y para que puedas volver del super, situado a kilómetros de tu domicilio, necesitarás también que existan carreteras y calles asfaltadas sobre las que tu coche, provisto de neumáticos de caucho sintético, podrá rodar con toda seguridad. El petróleo está por todos lados. Puede incluso que la ropa que lleves en este mismo momento sea un derivado del petróleo (poliester).

Nos enfrentamos a un problema gigantesco. Bien es cierto que tal vez sea mejor secuestrar el carbono en los polímeros con los que fabricamos los distintos tipos de plásticos, pero la dificultad de las materias plásticas para degradarse es a su vez un terrible problema medioambiental, al reducirse los plásticos desechados en micropartículas que lo contaminan absolutamente todo, provocando graves alteraciones en la fisiología de muchísimos seres vivos (se calcula que podemos tener el peso de una tarjeta de crédito en microplásticos acumulados en el interior de nuestro cuerpo). La baja de la fertilidad en muchísimas especies (hombre incluido) parece estar íntimamente ligada a la presencia de estos microplásticos en el medio ambiente. Y mientras tanto, tenemos a idiotas peligrosos afirmando que aquí no pasa nada, que el cambio climático es un cuento para asustarnos. Idiotas armados que no dudan en hacer uso de una fuerza desmedida para realizar sus sueños de grandeza. Este mundo es un auténtico asco y no veo yo muy bien como revertirlo con mis acciones personales. Las soluciones solo pueden ser globales. Debemos resucitar la ONU y ser conscientes de que si alguien va por libre nos condena a todos. Invito, claro está, cada uno a aportar su granito de arena, pero el edificio solo lo podremos construir entre todos. Pero claro, en sociedades en las que una pequeña minoría de vampiros se nutre del trabajo y desamparo de una inmensa mayoría de la gente, resulta difícil aunar esfuerzos y evitar que en su desesperación esas personas se dejen seducir por los mesajes de odio simplistas que algunos difunden...



Nelson Mandela en la ONU en 1994. Un foro que algunos países desprecian por completo y han abogado a la irrelevancia cuando el mundo en realidad más necesita de una gobernanza global. Ninguno de sus mandatarios le llega ni tan siquiera al tobillo a una figura como la del ex-presidente de Sudáfrica...

Así que perdonen ustedes los desvaríos de este pobre loco, al que nadie hace caso y que probablemente acabará sus días en una residencia en la que las enfermeras le preguntarán con guasa: "¿Qué pasa Adrián, ya se está acabando el mundo?" Al menos yo tendré la suerte de poder acabar mis días en una residencia, porque dudo mucho que a muchos jóvenes les alcance la pensión para un tal lujo el día que lo necesiten. Tal vez entonces se den cuenta de que el pobre loco del que se mofaban en la residencia tal vez no andaba tan descaminado...

Desde hace unos cuantos meses, ando liado con la redacción de un pequeño libro dedicado a la arquitectura de los árboles de Madrid y echaba un poco de menos disponer de una información fidedigna sobre las especies presentes en nuestras calles y su distribución. Afortunadamente, el ayuntamiento de Madrid ha llevado a cabo estos últimos años una ingente tarea de identificación y de posicionamiento por satélite de todos los árboles presentes en nuestras calles. El resultado es una base de datos que pone a disposición del público en su web y que cada uno es libre de utilizar según sus necesidades. Os dejo al final del artículo el enlace para que podáis descargárosla si os interesa.

El talón de aquiles de su web, sin embargo, es la ausencia de un visor que permita ver sobre un mapa esa valiosísima información. Existen varias webs que sí lo han hecho (las podéis buscar en Google) pero la verdad es que no me parecían a mí dar una visión algo sintética de los datos. Así que ni corto ni perezoso, me puse manos a la obra y el resultado es un pequeño visor que he desarrollado en un tiempo récord para poder hacerme una idea de la importancia relativa de cada especie en nuestras calles y jardines públicos. En realidad necesitaba yo esa información para no contar tonterías en el libro que estoy escribiendo y para poder planear algunos paseítos en busca de las especies que no están presentes en mi barrio y de las que no dispongo de fotografías propias.

Como se puede ver, en la mitad izquierda de la pantalla aparece el mapa del distrito o barrio de Madrid que nos interesa visualizar y se muestra en ese mapa la posición de todos los individuos de la especie seleccionada. Parece una tontería, pero el no tener que estar pinchando sobre cada posición para saber a qué especie corresponde y al mostrarse únicamente los individuos de cada especie, se obtiene una visión de conjunto que me parece mucho más útil. Para completar el mapa se pueden consultar dos listados en los que se pueden ver todas las especies presentes en el barrio y/o distrito ordenadas por su importancia numérica y otro listado que muestra en qué otros distritos está presente la especie seleccionada. Ambas listas son "reactivas". O sea, que al pinchar sobre una especie o distrito, se actualiza inmediatamente el mapa. Más adelante incorporaré la posibilidad de ver un plano más detallado al pinchar sobre el mapa, pero esa funcionalidad aún está en desarrollo. No creo que tarde mucho en añadirla de todos modos.

URL del visor: https://yurakuna.infinityfreeapp.com/arbolado.php

A estos datos que iré actualizando cada vez que el ayuntamiento publique una nueva versión de su base de datos, iré yo añadiendo mis propias observaciones, ya que estos datos no inclyen el arbolado de los jardines privados ni tampoco el del Real Jardín Botánico de Madrid. Ya tengo previsto yo unas cuantas visitas este verano para ir posicionando sobre el mapa todos los árboles del jardín (parece un poco ambicioso dicho así) así que espero que para finales del verano, ya no aparecerá el RJBM como una gran agujero en el mapa...



El almez chino, según los datos del ayuntamiento, no está presente en el barrio en el que vivo. Pero esta rama pertenece indudablemente a esa especie...

Pues nada, espero os pueda resultar útil este pequeño visor y que os será tan útil como a mí. Mañana mismo ya tengo previsto darme un paseíto por el vecino barrio de Valdebernardo, en el que según estos datos habrían plantado nogales del Cáucaso. Ni que deciros que cuando lo ví me subieron de repente las pulsaciones. Otra cosa es que sea cierto, ya que no siempre los árboles se han identificado correctamente. Por poneros un ejemplo, he visto unos cuantos almeces chinos en mi barrio (ver fotografía) pero en este mapa están identificados como almeces americanos. Otra de las cosas que tendré que actualizar (además de transmitir esos datos a quien esté a cargo de mantener esa base de datos). Al final, es lo de siempre: hacer virguerías programando un pequeño visor como éste está al alcance cualquier mono. Lo realmente difícil luego es asegurarse de que los datos son correctos y actualizarlos. Eso ya es una tarea para personas muuuy pacientes...

Base de datos de la web del ayuntamiento: https://datos.madrid.es/dataset/300761-0-arbolado-especies


Cuando hablamos de especies invasoras cometemos el gran error de centrar toda nuestra atención en las características que supuestamente dan a esas especies una ventaja sobre las demás, olvidándonos que para que una especie se convierta en invasora se deben cumplir dos premisas importantes. La primera es que las condiciones ecológicas del ecosistema "receptor" sean favorables a la especie que se introduce. Tendemos a olvidar un poco rápidamente que las especies invasoras no son criaturas de otro mundo con superpoderes. El mejor ejemplo de ello, creo yo, es el ailanto. Esta especie se introdujo en Europa hace ya más de 3 siglos y sin embargo, no fue capaz de salir de las jardines urbanos en los que se había plantado hasta hace aproximadamente medio siglo. Es indudable que su expansión ha sido favorecida por el cambio climático. Su expansión en toda Europa coincide exactamente con la subida de las temperaturas y se ha producido de manera síncrona en todo el continente. Su expansión es pues, en primer lugar, fruto del aumento de las temperaturas.

Evolución del número de cItas del ailanto en las publicaciones científicas según la web de Anthos comparado con el gráfico de la evolución de la temperatura media anual en Madrid (Retiro). Aunque el número de citas del ailanto como especie naturalizada en las publicaciones científicas no sea un indicador muy exacto de la evolución demográfica de esta especie, sí nos da una pequeña idea del "timing" de su expansión. Como se puede ver muy claramente en este gráfico, a pesar de que haya sido citado episódicamente a principios y mediados del siglo 20, su gran expansión ocurre a partir de los años 70, coincidiendo con bastante exactitud con la subida de la temperatura media en nuestro país.

El otro factor medioambiental que ha favorecido en gran medida la expansión del ailanto es su capacidad a prosperar sobre terrenos muy alterados e incluso contaminados. No es de extrañar que en buena parte de Europa sea la especie que suele colonizar descampados urbanos y taludes, donde apenas compite con otras especies, como el olmo de Siberia (en la región de Madrid en todo caso). Ni que decir pues que el ailanto dispone de superficies considerables alrededor de nuestras ciudades y a lo largo de las grandes vías de comunicación para propagarse y expandirse. Nuestros paisajes tan humanizados son terreno abonado para el ailanto. Una vez resuelto el problemilla que tenía con las temperaturas invernales y primaverales, que impedían el desarrollo de sus plantones, era ya solo cuestión de tiempo que este especialista colonizase las vastas extensiones de terrenos que le son favorables.


Enriquez de Salamanca Á. (2020) / La invasión de Ailanthus altissima (Mill.) Swingle en Madrid / Flora Montiberica, Vol. 76, pp. 4-14

Una vez dejado claro que una especie exótica no va a crecer en cualquier sitio y que las condiciones medioambientales son importantes, la segunda premisa para que su expansión sea posible tiene que ver con la competencia ejercida por las especies ya establecidas en esos lugares. Solemos insistir mucho, en el caso del ailanto, en que produce sustancias alelopáticas que le dan una ventaja competitiva frente a sus competidores pero lo cierto es que en la inmensa mayoría de los terrenos en los que está presente no tiene competidores. Ni están ni se les espera. El ailanto ocupa realmente un nicho vacío. Solemos olvidarnos que el ailanto es una especie colonizadora con una esperanza de vida muy corta, que no es capaz de desarrollarse plenamente en un bosque ya establecido. Es muy raro verlo en encinares, pinares u otros bosques, a no ser que se haya abierto en él algún camino o vía de comunicación.

Calificar de "invasora" una especie que ocupa un nicho vacío en el que no compite con ninguna especie autótona me parece que refleja una profunda ignorancia de las leyes de la ecología. Si el ailanto estuviese amenazando en estos lugares alguna especies rara y protegida, lo entendería. Pero no es ni por asomo el caso. La expansión del ailanto simplemente refleja lo mucho que hemos alterado nuestro medio ambiente. El ailanto es un perfecto bioindicador de la artificilaización de nuestro medio ambiente. Agradecidos deberíamos estar, en realidad, de que algunas especies de árboles sean capaces (al menos por ahora) de colonizar estos terrenos "echados a perder" por el Hombre.



Ailantos creciendo sobre un substrato constituido por escombros aterrazados, sobre el que no se ha desarrollado aún un auténtico suelo. Barrio de Moratalaz, Madrid.

Entonces, ¿porqué consideramos al ailanto una especie invasora? Según parece porque tiene tendencia a inmiscuirse en ecosistemas ribereños que de alguna manera consideramos ecosistemas prístinos de un valor considerable. Como geólogo e hidrogeólogo que soy, el argumento no deja de parecerme de lo más sorprendente porque difícilmente se encontrará en este país un ecosistema que haya sido más intervenido y "corregido" que el curso de nuestros ríos, que hemos impedido divagar libremente en las llanuras aluviales y hemos canalizado en largos tramos utilizando maquinaria pesada. No existe, creo yo, ecositemas más artificializados que el curso de muchísimos de nuestros ríos. La presencia del ailanto en un tal contexto (y la de otras muchas especies exóticas) no es pues realmente demasiado sorprendente si admitimos que se trata de una especie indicadora de terrenos removidos. Añadamos a ello que las especies con las que compite en ese contexto presentan características muy similares a las del ailanto (vida corta, crecimiento rápido, gran producción de semillas, poder alelopático incluso mayor al del ailanto), pues no acabo muy bien de entender el alarmismo. En realidad acusamos al ailanto de invadir unos ecosistemas que hemos esquilmado y hecho casi desaparecer pero la culpa, obviamente, no la tiene el ailanto al que cargamos muy hipócritamente de nuestras propias culpas...



El ailanto centraliza desde hace un par de décadas el odio de las personas que ven especies invasoras por todas partes y que sueñan con erradicarlas con todos los medios posibles. Al no disponer de la tecnología de los "Men In Black", recurren a menudo al uso de venenos que acaban dispersándose en el medio ambiente que se pretende "liberar" de los invasores, agravando aún más, si cabe, todo el mal que ya hicimos y propició la llegada de estas especies.

Las descripciones tan terroríficas del ailanto que ofrecen las obras sobre especies invasoras son, creo yo, un cuento para niños que tan solo pretende despertar el miedo y nos evita responder a las preguntas que realmente importan: ¿porqué tienen exito estas especies y porqué nuestras especies autóctonas no son capaces de crecer espontáneamente sobre esos terrenos degradados como lo hacen estas especies cuya presencia, sin embargo, condenamos? El ailanto ha crecido espontáneamente donde ningún otro árbol crece. Y ese es el problema: nos fijamos en los ailantos y no nos hacemos la pregunta que realmente tiene sentido: ¿porqué no crecen espontáneamente en esos terrenos árboles autóctonos? Esa es la pregunta que duele y que nadie quiere contestar. Es más fácil arrancar ailantos y acusarles de competir con las demás especies cuando en realidad ninguna otra especie crece en esos terrenos. Es la misma lógica que aplican los que quieren echar los extranjeros pero luego no quieren ir a recoger fresas de sol a sol...

La idea de plantar árboles para luchar contra el cambio climático y de paso reverter la pérdida de biodiversidad acelerada que sufre nuestro mundo parece que está de moda últimamente. Parte, sin lugar a dudas, de una buena intención, ya que no conozco a nadie que no quede fascinado al contemplar cualquier árbol de cierto tamaño. Pero lamentablemente se pasa muy fácilmente de la fascinación a la codicia en este mundo en el que la mecanización ha convertido nuestros bosques en un recurso tan fácil de explotar. Nuestras sociedades han perdido desde hace tiempo el respeto que profesaban los pueblos de la Antiguedad hacia unos seres potencialmente inmortales que las leyes no escritas de esos pueblos protegían. Cortar un árbol sagrado en aquellos tiempos te podía costar la vida. Era tal el grado de veneración a los árboles de aquellas sociedades que llegaron a dar nombre a muchas ciudades e incluso a varios pueblos como los Lemovices (Guerreros del Olmo), los Eburovices (Guerreros del Tejo) y Eburones (Pueblo del Tejo).



San Bonifacio talando el roble sagrado de los habitantes paganos de Hesse en el siglo VIII. Con el advenimiento del cristianismo se perdió en gran medida el caracter sagrado que tenían muchos árboles venerados desde tiempos remotos, que la iglesia taló sin piedad para demostrar su supremacía y poder.

El creciente interés por plantar árboles traduce sin lugar a dudas una toma de consciencia incipiente por el público del grave problema de biodiversidad al que nos enfrentamos. Pero plantar árboles sin cabeza y sin un seguimiento a medio y largo plazo puede resultar ser un esfuerzo vano. Muchos proyectos que calificaría sin más de greenwashing han acabado siendo un despilfarro de dinero y de medios que ha dejado más bien pocas huellas. Plantar árboles y abandonarlos a su suerte, sin un seguimiento continuo durante sus primeros años es casi siempre una garantía de fracaso. Una vez los árboles firmemente arraigados puede uno confiar en que saldrán adelante por ellos mismos. Al menos a medio plazo porque en muchos de estos proyectos aún falta tener en cuenta lo que yo considero hoy en día lo más importante a la hora de plantar un árbol: las proyecciones climáticas. O sea, saber cuales van a ser las tendencias climáticas a largo plazo, porque de nada sirve plantar hoy árboles que sabemos de antemano condenados por el cambio climático.



Robledal afectado por sequía en la Farga de Bebié (entre Osona y el Ripollès) en 2022. En las últimas décadas, muchos bosques que no se consideraban amenazados por episodios climático extremos se han visto fuertemente afectados en el mundo entero. La repetición de tales episodios puede provocar a la larga la muerte de muchos árboles, facilitando la propagación de megaincendios muy difíciles de contrarrestar. Hartman H. et al. (2022)

Lamentablemente predomina aún hoy la idea de que las especies mejor adaptadas a un lugar son las que crecen espontáneamente en aquél lugar y la mayoría de los grupos y asociaciones que llevan a cabo repoblaciones en nuestro país suelen organizar jornadas de recogida de semillas que luego utilizan en sus viveros y las repoblaciones que llevan a cabo. Subyace en esta manera de proceder la idea de que el objetivo final de los protectores de la naturaleza ha de ser una vuelta al estado originario de nuestros ecosistemas. Una manera de pensar lógica en un mundo que ha permanecido estable durante milenios pero que tiene poco sentido en la actual situación de cambio climático acelerado. Sin embargo, no se puede ignorar lo que ha pasado durante el último medio siglo y aún menos cerrar los ojos ante las previsiones de futuro de los climatólogos, basadas en evidencias y modelos científicos que han demostrado describir perfectamente la evolución de las temperaturas durante las últimas décadas. A pesar de las evidencias, la actitud de la mayoría de los grupos de "conservación" de la naturaleza (la palabra "conservación" lo dice todo) y de muchos biólogos sigue siendo muy conservadora en sus planteamientos, al no aceptar la idea de que en muchas regiones podríamos estar en el inicio de una renovación casi total de su fauna y flora.



A lo largo de los años he estado leyendo muchas veces en foros y artículos que lo del cambio climático no es para tanto y que nuestros ecosistemas y las especies que los constituyen tienen mucha resiliencia. Y sin embargo, no son pocos los indicios de que grandes cambios se están avecinando (seca de la encina y del alcornoque, aumento de la incidencia de grandes incendios forestales, muerte masiva de árboles en muchos bosques, etc). Nuestros paisajes en realidad ya están cambiado ante nuestros propios ojos pero aún no somos capaces de verlo porque lo que no ha cambiado es nuestra mirada.

Los ingenieros forestales, en cambio, acostumbrados a planear su actividad con décadas de antelación, han entendido casi de inmediato el mensaje de los climatólogos y ya experimentan hoy con variedades y especies mejor adaptadas a los climas venideros. Su trabajo adolece sin embargo de un grave defecto: les interesa ante todo favorecer la introducción de especies que hayan demostrado ser muy productivas en los tests que llevan a cabo siguiendo protocolos muy bien establecidos en pequeñas plantaciones experimentales. Una vez más, esta metodología tiene mucho sentido en una situación de estabilidad climática, pero queda un poco en entredicho en una situación de cambio climático acelerado. Los resultados obtenidos en este tipo de tests hace 50 años puede que ya no sean válidos hoy en día. Especies muy recomendables en aquél entonces igual ya no lo sean hoy y puede que especies que descartaron entonces hoy estén mejor adaptadas al clima actual y futuro. Me parece hoy en día muy difícil cuantificar las cosas en circunstancias tan cambiantes.



Evolución del número de géneros presentes en Europa occidental y central durante el Cenozoico. Wilkens V. et al. (2025)

Esta es la razón que me empuja a ser mucho más pragmático en mi planteamiento, que es de una sencillez pasmosa: plantemos todas las especies que nos parezcan mejor adapatadas al futuro clima y dejemos la naturaleza decidir qué especies son interesante y cuales no. El origen geográfico de las especies que vayamos a plantar tiene su importancia, claro está, pero no hemos de perder de vista, creo yo, que la fauna y flora actual son el resultado de un progresivo empobrecimiento a consecuencia de las glaciaciones del Cuaternario. Tener una pequeña idea de qué especies poblaban nuestro continente antes de las glaciaciones me parece un buen punto de partida para saber qué especies podrían ser interesantes de cara al futuro. Esto no significa "sustituir" de golpe las especies actuales por otras, sino ir incorporándolas poco a poco, prolongando paradójicamente la esperanza de vida de las especies actualmente presentes, que encontrarían condiciones más soprtables bajo la protección de especies más resistentes a las altas temperaturas.



La "Lozana Andaluza" pleistocénica imaginada por los autores del artículo en su medio natural, observando una culebra sobre las ramas de un árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides), en un refugio glacial en el que también estaban presentes otros géneros como Cathaya, Picea, Abies, Tsuga, Parrotia, Carya, Zelkova, Carpinus, Eucommia, Arbutus, Sorbus, Fagus, Acer, Juglans, Castanea y Ulmus. Carrión J. et al. (2024).

Mi sueño sería intentar recrear, de alguna manera, un bosque de finales del Terciario (Plioceno), incluyendo en él especies y géneros desaparecidos que crecen hoy en áreas con un clima similar al que se prevé para finales de siglo en buena parte de Europa. Eso no significa limitarse exclusivamente a esas especies. Ya utilizamos muchas especies exóticas en nuestros bosques y en nuestros jardines, que nunca estuvieron presentes en Europa (pienso aquí en las especies australes como los eucaliptos, braquiquitos y araucarias). Es lógico pensar, puesto que ya las tenemos aquí, que tales especies puedan también ser elementos de nuestros bosques en el futuro. El problema al que nos enfrentamos, básicamente, es que ya no existen en Europa especies adaptadas a los climas que podríamos tener en el futuro. Ante lo desconocido, no tenemos otra solución pues que la de ir tanteando, experimentando, sin miedo a equivocarnos. Al final la Naturaleza es la que pondrá cada especie en su sitio. Estoy convencido que tener una pequeña red de arboretos como el bosque que describo sería muy útil de cara al futuro al permitir observar el comportamiento de un número de especies mucho más amplio que las que testean los ingenieros forestales. El objetivo, al final, es incrementar la biodiversidad de nuestros bosques y convertirlos en más resilientes ante los futuros cambios climáticos que, no lo olvidemos, no se va a detener en 2100 aunque esa sea la fecha en la que solemos proyectarnos al hablar del futuro.



La sorprendente resiliencia de la Eucommia que planté en mi barrio hace unos años, aguantando los veranos de los últimos años sin un solo riego, explica seguramente porqué sobrevivió en nuestro país hasta fechas relativamente recientes, desapareciendo solo cuando los periodos glaciares se hicieron más largos y más intensos en la transición del Pleistoceno medio hace aproximadamente 1 millón de años.

A muchas personas, sin embargo, les parece una auténtica locura mi planteamiento y ponen el grito en el cielo cuando me ven plantando Eucommias y ahuehuetes en los descampados de mi barrio, acusándome sin pensar de estar introduciendo especies invasoras y de cometer auténticos crímenes ecológicos. Lo peor de todo es que no solamente lo piensan. Pasan al acto y no se han privado de arrancar algunos de mis más prometedores árboles, como aquella hermosa pterocaria del Cáucaso que se había adaptado tan bien al lugar en el que la planté, a orillas del pequeño arroyito que nace en el descampado. La misma suerte corrió un liquidambar oriental y otros muchos arbolitos que arrancaron sin miramiento. Me temo que ante una oposición tan feroz, nunca logre yo realizar ese sueño. Ya veré, si finalmente me marcho de Madrid, qué posibilidades me reserva el lugar al que me traslade. Igual allá me dejen experimentar en paz y finalmente empiece a crecer el pequeño bosque pliocénico con el que llevo ya algunos años soñando. La idea no tiene dueño, sea dicho de paso, y si alguno de vosotros se encuentra en condiciones de realizarla (dispones de un pequeño terreno que quieres repoblar en un lugar que ofrece condiciones de humedad variadas, con un pequeño río o arroyo que lo cruce o bordee), no lo dudes ni un minuto más...



Este era el aspecto tan vigoroso que lucía la pterocaria que planté semanas antes de que la arrancaran.


Carrión J. et al. (2024) / Greening a lost world: Paleoartistic investigations of the early Pleistocene vegetation landscape in the first Europeans' homeland. / Quaternary Science Advances, Volume 14, 2024, 100185, ISSN 2666-0334, https://doi.org/10.1016/j.qsa.2024.100185.
Hartmann H. et al. (2022) / Climate Change Risks to Global Forest Health: Emergence of Unexpected Events of Elevated Tree Mortality Worldwide. / Annual Review Plant Biology. 73:673-702. https://doi.org/10.1146/annurev-arplant-102820-012804
Wilkens V. et al. (2025) / Rediscovering lost Cenozoic tree diversity in Western and Central Europe / Preprint, EcoEvoRxiv

¿Desde cuándo somos realmente conscientes del peligro que el consumo desmedido de hidrocarburos nos hace correr? Personalmente ocurrió a finales de los años 80, durante mi formación como geólogo en la Universidad de Neuchâtel (Suiza). Esa formación incluía por aquél entonces una asignatura de climatología que impartía el director del entonces aún activo Observatorio Cantonal de Neuchâtel, que era en aquella época toda una institución en el país alpino. El mensaje que nos transmitía era claro y no ha cambiado un ápice desde entonces: el calentamiento global era una realidad y estaba causado por las actividades humanas. Más o menos por la misma época, el 23 de junio de 1988, el científico de la NASA James Hansen testificó ante el Senado de los Estados Unidos afirmando lo mismo.

Recuerdo sin embargo que ya se venía diciendo aquello desde al menos los años 70. Recuerdo perfectamente un debate en la televisión francesa en el que al gran Haroun Tazieff casi le cuesta un disgusto explicar las consecuencias del incremento de CO2 en la atmósfera ante un Jacques-Yves Cousteau dubitativo (cambiaría por completo de opinión años más tarde) y la actitud un tanto despectiva del periodista que le acusaba de "sembrar el pánico entre la población" (ver vídeo a continuación).

Lo peor de todo es que las principales empresas petroleras eran plenamente conscientes del impacto que tenía el consumo de petróleo, llegando alguna de ellas (Exxon) a contratar los servicios de investigadores independientes que llegaron exactamente a las mismas conclusiones que la NASA. En vez de hacer públicas las conclusiones de ese estudio prefirieron callar y participar en la campaña de desprestigio de la climatología absolutamente sin precedentes que se desencadenó a continuación. A golpe de millones de dólares, financiaron contraestudios y se hicieron muy presentes en todos los medios de comunicación. Era entonces realmente David contra Goliath. Pero Goliath no era el IPCC, como se intenta hacernos creer ahora en un sorprendente giro de guión, sino la potente industria petrolera.

Hoy las terribles consecuencias de tan tamaña imprudencia empiezan a vislumbrarse mucho más claramente y el miedo a lo que pueda ocurrir en el futuro ya está empezando a hacerse notar claramente en la actitud de mucha gente y de muchos gobiernos. Ya nadie niega, creo yo, que el problema existe. Ningún gobierno ni ninguna persona puede objetivamente ignorar a estas alturas las señales inequívocas que nos transmite la naturaleza. El negacionismo hoy en día es más hipocresía que un real convencimiento de que nada está pasando. Es un negacionismo de fachada de los que ya solo piensan en salvarse ellos mismos. Los "búnkeres del fin del mundo" que muchos millonarios están construyendose en áreas geográficas consideradas más seguras lo delata claramente. Muchos se enriquerieron surfeando sobre la ola de los combustibles fósiles pero, por si acaso, ya están pensando en donde refugiarse cuando las cosas se pongan realmente feas...



Puerta blindada de entrada al búnker Vivos xPoint. Vivios es una empresa que vende búnkeres de lujo en los que retirarse con todas las comodidades imaginables en caso de que ocurra cualquier tipo de catástrofe. / Fotografía: VigilanteScout / Licencia: CC BY-SA

El interés de Estados Unidos por una isla como Groenlandia o las riquezas de otras regiones también delata ese mismo miedo. Conscientes de que una transición energética es necesaria y requerirá ingentes cantidades de metales raros, algunos países intentan ahora acaparar las reservas que aún permanecen inexplotadas, aunque sea por la fuerza. La expansión china en América Latina y en África, aunque más pacífica y comercial, sige la misma lógica. Estamos asistiendo a una especie de sálvese quien pueda patético al que se ha apuntado también buena parte de la ciudadanía. Los colaboracionistas de los regímenes que mañana surgirán para supuestamente salvarnos de la catástrofe ya vierten su odio en nuestras calles y en los medios de comunicación. Ese odio no es otra cosa, en realidad, que el reflejo del miedo que sienten de quedarse apartados de la Historia. O tomamos el poder por la fuerza y nos salvamos, piensan ellos, o quedaremos engullidos por esa gran ola de miseria que se nos viene encima...

Están creciendo como la espuma en nuestras sociedades la xenofobia y el desprecio hacia los más pobres. Allá donde pueden, los más ricos privatizan los servicios públicos y lo justifican acusando los partidos "tradicionales" de regalar lo que es nuestro a personas que no se lo merecen. El foso que separa los más ricos, paralizados por el miedo, de los más pobres no ha dejado de ampliarse. Muchos jóvenes en este páis ya han asumido que nunca podrán comprar una vivienda y llevar una vida digna. Van a ser los sacrificados por un sistema que no supo ver llegar la catástrofe que se avecinaba. Los que más suerte tengan tal vez heredarán el piso de sus padres. Los demás están condenados a llevar una vida de penurias. Serán carne de cañón del cambio climático al verse relegados a vivir donde nadie quiere. Ellos sumarán las cifras de fallecidos en las futuras olas de calor y riadas. Ellos serán los que caerán como moscas en nuestras asfixiantes calles mientras los más ricos pasarán el verano al fresco en sus mansiones rodeadas de verdura...

Lo que cuento aquí parece un relato futurista pero la realidad es que ya hay millones de desplazados por culpa del cambio climático en países como Bangladesh en los que amplias zonas ya han desaparecido en el mar. Incluso aquí en España ya se está empezando a notar un aumento de la demanda por comprar propiedades en el norte de la Península. Un movimiento que irá in crescendo cuando los veranos en el sur se conviertan en insoportables y se sucedan olas de calor letales que asolarán también nuestros cultivos. Algunos agricultores ya se están anticipando a esos cambios e intentan adaptarse a la nueva situación (plantando pistachos por ejemplo). Pero son una pequeña minoría por ahora. De todos modos, no creo que de repente suba como la espuma la demanda de un producto que otros países producen ya de forma masiva. Muchos agricultores probablemente no encontrarán relevo en amplias zonas de la Península en las que a la subida de las temperaturas se añade una grave penuria en agua que una esplendorosa primavera no va a reverter tan fácilmente. Haría falta que llueva así todos los años pero, que yo sepa, los climatólogos no vaticinan para el futuro un cambio positivo en el régimen de precipitaciones (ojalá nos equivoquemos todos). Un verano muy caluroso bastaría de todos modos para devolvernos a la casilla de salida.



¿Lucharán a muerte nuestros descendientes por los escasos recursos aún disponibles o sabrán nuestras sociedades reinventarse y encontrar su sitio en una Naturaleza que nos sustenta?

¿Nos espera pues un futuro a la Mad Max o seremos capaces de adaptarnos y de socializar en alguna medida las consecuencias del cambio climático? La política del miedo y del sálvese quien pueda no nos lleva a ninguna parte me temo. Como no seamos capaces rápidamente de prescindir del petróleo y del carbón, pronto nos encontraremos con concentraciones de CO2 que podrían acercarse peligrosamente a los 1000 ppm. Tales niveles de CO2 son los del Eoceno, un periodo geológico en el que la temperatura media global era cerca de 15 grados más alta que la preindustrial y el nivel del mar unos 60 metros por encima del actual. Os dejo ver en el mapa a continuación el aspecto que tendría nuestro continente con 60 m de elevación del nivel del mar, que sería lo que ocurriría si todo el hielo que cubre Groenlandia y la Antártida acabase por derretirse por completo. Ni que decir que estamos hablando de un mundo totalmente diferente al actual. La inmensa mayoría de las actuales metrópolis habrá desaparecido bajo las aguas de los océanos. Un mundo en el que muchas especies actuales, hombre incluido, probablemente no serían capaces de sobrevivir.



Un inmenso Mar Caspio reconectado al Mar Negro y buena parte de Europa del Norte engullida por el mar. Que me congelen por favor, que quiero ver como será Europa dentro de medio milenio...

Ojalá seamos capaces de recapacitar y de tomar decisiones conjuntamente. Ojalá seamos capaces de reverter la tendencia que se observa desde hace varias décadas a la acaparación de los recursos por los más ricos, que está generando gravísimos desequilibrios que solo se pueden resolver con una redistribución pactada de la riqueza mediante el pago de impuestos y la aplicación de políticas redistributivas justas. De lo contrario me temo que en un futuro no muy lejano la violencia se apoderará de nuestras hasta ahora apacibles sociedades. Un caldo de cultivo muy peligroso en el que se pueden gestar las futuras dictaduras y guerras en un mundo cada vez más inestable en manos de auténticos locos. Ojalá me equivoque y este pequeño análisis sea solo fruto del miedo que siente un casi anciano al ver todo lo que ya se ha perdido desde que era un niño que soñaba con vivir en un mundo mejor. Si algo nos demuestra la historia, es que los privilegios de las minorías más ricas solo se pueden mantener por la fuerza. La riqueza se tolera cuando las cosas van bien, pero en periodos de crisis como el que se abre ahora con el cambio climático los olvidados por el destino acaban siempre reclamando su parte del botín. El peligro, al ritmo que vamos, es que si no reaccionamos pronto, quede más bien poco por repartir. Es el futuro mismo del hombre como especie el que está en tela de juicio actualmente. Llámenme catastrofista si piensan que exagero, pero no dejen de mirar lo ocurre a su alrededor. Las señales de lo que está pasando son ya bien visibles para quien sabe y quiera verlas...

Decíamos, al describir la Depresión del Ebro, que era una de las dos grandes depresiones formadas en la Península Ibérica como consecuencia del desarrollo de las cordilleras alpinas en la periferia de la microplaca ibérica, al colisionar esta con las placas africana y europea. Hoy vamos a examinar la que se formó en el sur de la microplaca ibérica, al pie de la Cordillera Bética por las mismas razones por las que se formó la Depresión del Ebro. La acumulación en las cordilleras béticas de grandes unidades tectónicas provocó la flexión de la placa continental ibérica y la formación de una cuenca de antepaís relativamente estrecha que fue ocupada por el mar durante buena parte del Neógeno, acumulándose en ella entre 500 y 1000 m de sedimentos en sus áreas centrales y occidentales.



Formación de Sierra Morena y la Cuenca del Guadalquivir.

El clima actual en buena parte de Andalucía Occidental es típicamente mediterráneo, correspondiendo al tipo Cfa (templado con verano seco y caluroso) en la clasificación climática de Köppen. En zonas interiores de la depresión, el clima se vuelve localmente más árido, de tipo BSk (estepario frío) y BSh (estepario cálido).

El clima en esta región se ve atemperado por la cercana presencia del Atlántico y se diferencia del de las mesetas del centro de la Península por tener inviernos más suaves y unos niveles de precipitaciones ligeramente más elevados, superando normalmente los 500 mm de precipitación anual (se sitúan entre 400 y 500 mm en ambas mesetas). Esta diferencia se debe sobre todo a la entrada de aire húmedo por el golfo de Cádiz, que en algunos periodos del año provoca intensas precipitaciones que se concentran sobre todo en el SO de la Península. Recordemos que no hay en el bajo Guadalquivir ningún relieve que impida la entrada de ese aire húmedo oceánico.

En verano la entrada de masas de aire desde el N de África durante largos episodios de ola de calor convierte esta región en una de las más cálidas de la Península. La escasa altitud y el alejamiento de la costa convierte en particular las zonas interiores de la Cuenca del Guadalquivir en un auténtico horno. La campiña cordobesa y jienense en particular acumulan buena parte de los datos de altas temperaturas medidas en España durante los últimos años:

Los modelos climáticos apuntan a que el número de días de calor en que se superarán los 40 grados de temperatura aumentará considerablemente, pasando de ser una situación excepcional actualmente a ser lo normal durante buena parte del verano. La misma región de la campiña cordobesa y jienense en la que se baten regularmente los records de temperatura podría llegar a tener más de 60 días al año con temperaturas superando los 40ºC:

Con temperaturas diurnas que podrían superar los 40 grados durante casi dos meses, parece lógico que el grado de aridez de esas regiones aumente en consecuencia. Los modelos más pesimistas muestran muy claramente como buena parte del valle del Guadalquivir podría llegar a tener un clima de tipo BSh (clima estepario caluroso). El aumento de la aridez ligado al aumento de las temperaturas y al alargamiento de los periodos de intenso calor constituye sin lugar a dudas el reto fundamental para esta región. Todo ello sin tener en cuenta que la probabilidad de alcanzar excepcionalmente los 50 ªC aumenta considerablemente, siendo letales para muchos organismos tales condiciones si llegan a mantenerse muchas horas y días.

De mantenerse un nivel de precipitaciones similar al actual en buena parte de Andalucía Occidental, no debería sufrir esta región un cambio de vegetación tan drástico como cabe esperar en otras regiones. Eso sí, algunas especies como la encina y el alcornoque parece que sufrirán del aumento de las temperaturas y se irán haciendo más raras, permaneciendo probablemente únicamente en zonas de relieves, tal como muestran los mapas que mostramos en el artículo dedicado a la franja costera del SE.

En las zonas más internas de la depresion del Guadalquivir, una vegetación propia de zonas áridas debería poco a poco imponerse, aunque al tratarse de zonas mayoritariamente agrícolas, posiblemente el cambio no sea tan aparente, siempre y cuando los recursos hídricos permitan que se mantenga esta actividad, ya que el previsible aumento de la aridez incrementará la presión sobre los recursos hídricos en toda esta región. A ese incremento de las temperaturas y de la aridez también hay que añadir en las zonas costeras los efectos previsibles de la subida del nivel del mar, que ya evocábamos en el artículo dedicado al entorno de Doñana (La espada de Damocles (2): Doñana).

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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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