Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Cuando hablamos de especies invasoras cometemos el gran error de centrar toda nuestra atención en las características que supuestamente dan a esas especies una ventaja sobre las demás, olvidándonos que para que una especie se convierta en invasora se deben cumplir dos premisas importantes. La primera es que las condiciones ecológicas del ecosistema "receptor" sean favorables a la especie que se introduce. Tendemos a olvidar un poco rápidamente que las especies invasoras no son criaturas de otro mundo con superpoderes. El mejor ejemplo de ello, creo yo, es el ailanto. Esta especie se introdujo en Europa hace ya más de 3 siglos y sin embargo, no fue capaz de salir de las jardines urbanos en los que se había plantado hasta hace aproximadamente medio siglo. Es indudable que su expansión ha sido favorecida por el cambio climático. Su expansión en toda Europa coincide exactamente con la subida de las temperaturas y se ha producido de manera síncrona en todo el continente. Su expansión es pues, en primer lugar, fruto del aumento de las temperaturas.

Evolución del número de cItas del ailanto en las publicaciones científicas según la web de Anthos comparado con el gráfico de la evolución de la temperatura media anual en Madrid (Retiro). Aunque el número de citas del ailanto como especie naturalizada en las publicaciones científicas no sea un indicador muy exacto de la evolución demográfica de esta especie, sí nos da una pequeña idea del "timing" de su expansión. Como se puede ver muy claramente en este gráfico, a pesar de que haya sido citado episódicamente a principios y mediados del siglo 20, su gran expansión ocurre a partir de los años 70, coincidiendo con bastante exactitud con la subida de la temperatura media en nuestro país.

El otro factor medioambiental que ha favorecido en gran medida la expansión del ailanto es su capacidad a prosperar sobre terrenos muy alterados e incluso contaminados. No es de extrañar que en buena parte de Europa sea la especie que suele colonizar descampados urbanos y taludes, donde apenas compite con otras especies, como el olmo de Siberia (en la región de Madrid en todo caso). Ni que decir pues que el ailanto dispone de superficies considerables alrededor de nuestras ciudades y a lo largo de las grandes vías de comunicación para propagarse y expandirse. Nuestros paisajes tan humanizados son terreno abonado para el ailanto. Una vez resuelto el problemilla que tenía con las temperaturas invernales y primaverales, que impedían el desarrollo de sus plantones, era ya solo cuestión de tiempo que este especialista colonizase las vastas extensiones de terrenos que le son favorables.


Enriquez de Salamanca Á. (2020) / La invasión de Ailanthus altissima (Mill.) Swingle en Madrid / Flora Montiberica, Vol. 76, pp. 4-14

Una vez dejado claro que una especie exótica no va a crecer en cualquier sitio y que las condiciones medioambientales son importantes, la segunda premisa para que su expansión sea posible tiene que ver con la competencia ejercida por las especies ya establecidas en esos lugares. Solemos insistir mucho, en el caso del ailanto, en que produce sustancias alelopáticas que le dan una ventaja competitiva frente a sus competidores pero lo cierto es que en la inmensa mayoría de los terrenos en los que está presente no tiene competidores. Ni están ni se les espera. El ailanto ocupa realmente un nicho vacío. Solemos olvidarnos que el ailanto es una especie colonizadora con una esperanza de vida muy corta, que no es capaz de desarrollarse plenamente en un bosque ya establecido. Es muy raro verlo en encinares, pinares u otros bosques, a no ser que se haya abierto en él algún camino o vía de comunicación.

Calificar de "invasora" una especie que ocupa un nicho vacío en el que no compite con ninguna especie autótona me parece que refleja una profunda ignorancia de las leyes de la ecología. Si el ailanto estuviese amenazando en estos lugares alguna especies rara y protegida, lo entendería. Pero no es ni por asomo el caso. La expansión del ailanto simplemente refleja lo mucho que hemos alterado nuestro medio ambiente. El ailanto es un perfecto bioindicador de la artificilaización de nuestro medio ambiente. Agradecidos deberíamos estar, en realidad, de que algunas especies de árboles sean capaces (al menos por ahora) de colonizar estos terrenos "echados a perder" por el Hombre.



Ailantos creciendo sobre un substrato constituido por escombros aterrazados, sobre el que no se ha desarrollado aún un auténtico suelo. Barrio de Moratalaz, Madrid.

Entonces, ¿porqué consideramos al ailanto una especie invasora? Según parece porque tiene tendencia a inmiscuirse en ecosistemas ribereños que de alguna manera consideramos ecosistemas prístinos de un valor considerable. Como geólogo e hidrogeólogo que soy, el argumento no deja de parecerme de lo más sorprendente porque difícilmente se encontrará en este país un ecosistema que haya sido más intervenido y "corregido" que el curso de nuestros ríos, que hemos impedido divagar libremente en las llanuras aluviales y hemos canalizado en largos tramos utilizando maquinaria pesada. No existe, creo yo, ecositemas más artificializados que el curso de muchísimos de nuestros ríos. La presencia del ailanto en un tal contexto (y la de otras muchas especies exóticas) no es pues realmente demasiado sorprendente si admitimos que se trata de una especie indicadora de terrenos removidos. Añadamos a ello que las especies con las que compite en ese contexto presentan características muy similares a las del ailanto (vida corta, crecimiento rápido, gran producción de semillas, poder alelopático incluso mayor al del ailanto), pues no acabo muy bien de entender el alarmismo. En realidad acusamos al ailanto de invadir unos ecosistemas que hemos esquilmado y hecho casi desaparecer pero la culpa, obviamente, no la tiene el ailanto al que cargamos muy hipócritamente de nuestras propias culpas...



El ailanto centraliza desde hace un par de décadas el odio de las personas que ven especies invasoras por todas partes y que sueñan con erradicarlas con todos los medios posibles. Al no disponer de la tecnología de los "Men In Black", reurren a menudo al uso de venenos que acaban dispersándose en el medio ambiente que se pretende "liberar" de los invasores, agravando aún más, si cabe, todo el mal que ya hicimos y propició la llegada de estas especies.

Las descripciones tan terroríficas del ailanto que ofrecen las obras sobre especies invasoras son, creo yo, un cuento para niños que tan solo pretende despertar el miedo y nos evita responder a las preguntas que realmente importan: ¿porqué tienen exito estas especies y porqué nuestras especies autóctonas no son capaces de crecer espontáneamente sobre esos terrenos degradados como lo hacen estas especies cuya presencia, sin embargo, condenamos? El ailanto ha crecido espontáneamente donde ningún otro árbol crece. Y ese es el problema: nos fijamos en los ailantos y no nos hacemos la pregunta que realmente tiene sentido: ¿porqué no crecen espontáneamente en esos terrenos árboles autóctonos? Esa es la pregunta que duele y que nadie quiere contestar. Es más fácil arrancar ailantos y acusarles de competir con las demás especies cuando en realidad ninguna otra especie crece en esos terrenos. Es la misma lógica que aplican los que quieren echar los extranjeros pero luego no quieren ir a recoger fresas de sol a sol...

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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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