Cada vez que publico algún post acerca del ailanto en la página de Facebook que llevo en paralelo a este blog, éste provoca siempre las reacciones airadas de muchos naturalistas que consideran al ailanto como el enemigo público número 1. Lo cierto es que desde que la comunidad científica advirtiera del problema de las invasiones biológicas, el ailanto ocupa siempre los primeros puestos en la lista de indeseables. En las (ya) numerosas publicaciones que describen las especies invasoras más peligrosas se insiste mucho en aquellos caracteres que supuestamente confieren al ailanto una ventaja competitiva sobre las demás especies (autóctonas). Una cosa, sin embargo, es lo que creemos o suponemos acerca de una especie, y otra bien diferente es lo que la observación de la realidad nos aprende. Veamos, pues, que hay de cierto tras algunas afirmaciones hechas acerca del ailanto.
Retrato robot
El ailanto (Ailanthus altissima) es un árbol caducifolio de tamaño mediano (alcanza unos 30 metros de altura) perteneciente a la familia de las Simaroubaceae, principalmente integrada por especies tropicales y subtropicales, siendo el ailanto una de las pocas especies que crece en climas templados. Tiene unas hojas imparipinnadas de unos 40-60 cm, constituidas por unos 5-12 pares de folíolos lanceolados a ovado-lanceolados, de margen entero, con uno o varios pares de dientes en la base, provistos de una glándula negra en el ápice. Las hojas aparecen tardíamente en primavera, en el mes de mayo.
El "árbol de los dioses", como se le conoce también, es una especie dioica pero, aunque las flores son generalmente unisexuales, algunas pueden ser hermafroditas. Las flores se agrupan en largas panículas que nacen en la axila de las hojas. Están provistas de un disco nectarífero lobado que atrae los insectos que las polinizan. Los frutos, alados, están provistos de un ala alargada que rodea la semilla, que tiene un contorno redondeado.
¿Ventajas competitivas?
En las numerosas publicaciones actualmente disponibles acerca de las especies invasoras, se suele insistir mucho en las siguientes características del ailanto, que supuestamente le conferirían una clara ventaja competitiva sobre las especies autóctonas que amenazaría:
- Es una especie de crecimiento rápido
- Se propaga vegetativemente y a grandes distancias gracias al alcance de sus raíces
- Produce una gran cantidad de semillas, que se propagan fácilmente por vía aérea
- Produce unas sustancias alelopáticas que inhiben el crecimiento de otras especies
Olvidándonos de que estamos hablando del ailanto y leyendo esta lista de supuestas ventajas competitivas, cabría preguntarse si son exclusivas del ailanto y la verdad es que existen bastantes especies (tanto autóctonas como alóctonas) a las que podrían corresponder, al menos, las tres primeras características citadas. Y cosa curiosa, todas estas especies son, precisamente, las que compiten con el ailanto en los medios ribereños que se le acusa de invadir: chopos, álamo, sauces, olmos y arce negundo (otra exótica), en efecto, son especies de rápido crecimiento capaces (salvo el olmo, tal vez) de propagarse vegetativamente y produciendo una enorme cantidad de semillas dispersadas por el viento (especies anemócoras). Casi todas son también anemófilas, siendo el ailanto una excepción a la regla.
De las supuestas ventajas competitivas tan solo nos quedaría pues la última pero acusar al ailanto de ser una especie de Saddam Hussein del mundo vegetal es olvidar algo obvio: otras especies, incluidas las especies autóctonas, utilizan la misma estrategia para luchar contra sus competidores. Un estudio experimental reciente (1) llevado a cabo por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Alcalá y el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca demuestra claramente que el ailanto no tiene la exclusividad de esos métodos. Es más, parece que algunas especies autóctonas podrían ser incluso más eficientes que el ailanto. Es el caso del chopo, por ejemplo, según demuestra este estudio, cuyas conclusiones son las siguientes:
• Los extractos de hojarasca de todas las especies arbóreas tendieron a reducir la velocidad y, en menor medida, la tasa de germinación de las cuatro especies herbáceas.
• No existe un efecto consistente de los extractos de hojas de los árboles exóticos sobre las herbáceas nativas.
• Los efectos dependen tanto de la naturaleza del árbol donante como de la herbácea receptora.
• La especie arbórea autóctona -el chopo- redujo también significativamente la velocidad de germinación de todas las herbáceas, salvo Ch. album, lo que sugiere que la producción de sustancias alelopáticas para competir con la vegetación acompañante no es un mecanismo exclusivo de las especies alóctonas.
Nos quedamos, pues, con realmente pocos argumentos para acusar al ailanto de ser una peligrosa especie invasora. Tan solo nos quedan, para sustentar la acusación, las evidencias del terreno… ¿ En qué tipos de entornos crece, pues, el ailanto en la Península Ibérica ?
El ailanto en la Península Ibérica
El ailanto se introdujo en Europa en el siglo XVIII y ya se encontraba naturalizado en la Península Ibérica a principios del siglo XIX. Se trata pues de una especie con la que convivimos desde hace más o menos unos dos siglos. Un tiempo más que suficiente para hacerse una idea bastante buena del potencial expansivo de esa especie. ¿ Dónde crece hoy en día el ailanto ? A pesar del carácter invasivo que se le presupone, el ailanto se encuentra fundamentalmente en entornos fuertemente antropizados: bordes de carreteras y de vías de tren, taludes, solares abandonados, etc. Su presencia en entornos naturales tan solo está documentada en bosques de ribera. Personalmente nunca lo he observado en otros medios tales como encinares, melojares o pinares, a no ser por la existencia de alguna obra que haya supuesto que se remueva el suelo. Tras dos siglos, parece pues que el ailanto tan solo se haya inmiscuido en los bosques de ribera, de los que cabe preguntarse si realmente se pueden considerar ecosistemas inalterados. ¿ Se justifica pues considerar al ailanto una especie invasora ?
El ailanto en el registro fósil
Lo que muchas personas ignoran, cuando se habla del ailanto, es que esa especie tal vez no sea tan “exótica” como pudiera parecer. Todo depende, en realidad, de la escala de tiempo con la que se consideran las cosas. Las glaciaciones cuaternarias han provocado, en el Hemisferio Norte, importantes cambios en la composición de las floras. Las plantas responden a los cambios climáticos de dos maneras diferentes: desplazándose e instalándose en zonas de clima más favorable o evolucionando y tratando de adaptarse a las nuevas condiciones. Esta última opción siendo mucho más lenta, es obviamente desplazándose que las plantas respondieron a las bruscas oscilaciones climáticas del Cuaternario. En el continente europeo, sin embargo, el movimiento de las plantas hacia latitudes meridionales se vio interrumpido por dos obstáculos insalvables para muchas especies: las cadenas montañosas que bordean el Mar Mediterráneo y el propio Mar Mediterráneo.
Si bien algunas especies lograron resistir en zonas refugio situadas en las penínsulas del S del continente, otras muchas desaparecieron. Ese fue el caso del ailanto que, sin embargo, es un árbol bastante resistente. Restos fósiles de la especie que estuvo presente en todo el Hemisferio Norte antes de las glaciaciones se han encontrado en muchos lugares en Europa, tal como se puede ver en el mapa que copio a continuación. La especie que aún vivía en Europa en el Plioceno, aunque lleve un nombre específico diferente (Ailanthus confucii), no difiere en nada del ailanto actual, especie de la que es el antecesor directo y que probablemente se pueda considerar como la misma especie.
Conclusiones
Todo lo expuesto con anterioridad me lleva a una conclusión lógica acerca del ailanto, que probablemente me valga las iras de muchos naturalistas: el ailanto no debería ser considerado una especie tan peligrosa como se quisiera hacer creer. Es cierto que esta especie ha colonizado con éxito muchos terrenos “antropizados”, principalmente en las cercanías de los núcleos urbanos, pero que yo sepa no hay evidencias claras de que esté desplazando a especies autóctonas en medios naturales. Los medios ribereños en los que sí parece competir con otras especies son unos medios en los que en el pasado las especies autóctonas tuvieron que competir con numerosas especies “exóticas”. Una simple lista de los géneros presentes en Europa en esos ecosistemas, en un pasado no muy lejano (Plioceno y Pleistoceno) basta para darse cuenta hasta qué punto se han empobrecido estos ecosistemas a consecuencia de las glaciaciones cuaternarias: Liquidamabar, Platanus, Pterocarya, Engelhardia, Taxodium, Ailanthus, Aesculus, Carya, etc.
No es pues de extrañar que, en algunos lugares, especies pertenecientes a estos géneros y cultivadas como ornamentales tiendan a inmiscuirse en ese tipo de ecosistemas. Teniendo claro que estas especies (o especies muy similares) estuvieron presentes en estos ecosistemas durante millones de años antes de desaparecer a consecuencia de las glaciaciones, me resulta realmente difícil verlas como especies invasoras. Su presencia en esos ecosistemas parece más bien un regreso al estilo del de aquel soldado que vuelve de la guerra en la película Sommersby (con Richard Gere). El problema de los ecosistemas ribereños no es tanto que especies exóticas entren a competir con las especies autóctonas - convivieron con ellas durante millones de años y salieron airosas de esa "confrontación" -, sino más bien lo exíguo de su repartición actual y el estado de degradación en el que se encuentran. No me cabe la menor duda de que si dejáramos que este tipo de vegetación se desarrollase más extensamente, habría cabida para muchas más especies, tal como fue el caso hasta que la última glaciación eliminara buena parte de ellas. Imaginar como fueron estos bosques está al alcance de todos: un paseíto por los parques de Aranjuez, con sus plátanos y sus liquidambares monumentales puede dar una buena idea de como debieron ser esos bosques ribereños...
| (1) Pérez Corona M. E. et al. (2011) / Efecto alelopático de especies invasoras de ribera sobre la germinación de especies del sotobosque. / Pastos paisajes culturales entre tradicion y nuevos paradigmas del siglo XXI. C. Lopez Carrasco Fernandez; M.P. Rodriguez Rojo, A. San Miguel Ayanz, S. Roig Gonzalez (Eds.), SEEP, Toledo, pp. 189-194. |
| (2) Sarah L. Corbett and Steven R. Manchester1 (2004) / Phytogeography and fossil history of Ailanthus (Simaroubaceae) / Int. J. Plant Sci., Vol. 165(4), pp. 671–690. |

