Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Casi sin proponérmelo, me doy cuenta que muchos de los artículos que he escrito en este blog giran alrededor de un tema bastante recurrente: el calentamiento global y sus efectos en nuestra flora y fauna. Algunos artículos tratan del pasado, de épocas en las que el clima era más cálido que el actual, y otros tratan del futuro, que promete ser más cálido y se parecerá, en muchos aspectos, al de aquel pasado no tan remoto. En casi todos esos artículos el pasado sirve de clave para entender el futuro. Aunque las especies evolucionan y se adaptan poco a poco a las nuevas condiciones a las que están sometidas, no han cambiado tanto las exigencias ecológicas de los principales taxones que componen y componían la flora y la fauna de nuestro continente y estoy convencido que conociendo cómo era la vegetación de nuestro continente en el pasado debería ser posible entender algo mejor hacia dónde vamos o podríamos ir.

Creer que la evolución actual nos llevará naturalmente a algo parecido a lo que hubo en el pasado es, sin embargo, un error. El continente europeo sufrió, durante el Cuaternario, un empobrecimiento florístico y faunístico sin precedentes. Si comparamos los bosques de nuestro continente y de la Península Ibérica con los de Norteamérica o de Asia, nos damos cuenta que mientras en esas regiones los bosques están constituidos por un elevado número de especies, aquí son muy pocas las especies que "dominan" nuestros bosques. Generalmente una o dos especies constituyen todo el dosel arbóreo. Nuestros bosques son encinares, quejigares, pinares, hayedos. La dominancia que han alcanzado esas especies se debe, claramente, a la ausencia de especies que compitan con ellas. Viendo, por ejemplo, como prosperan las secuoyas y otras especies arbóreas en la Sierra de Guadarrama (Secuoyas en la Sierra de Guadarrama), queda claro que la dominancia de esas especies se debe al hecho de que han sido las únicas que han sobrevivido a las glaciaciones en en la Península. Por muy naturales que sean nuestros bosques, sufren sin emabrgo de la misma debilidad que muchos "monocultivos": llega una enfermedad o una plaga nueva, cambian las condiciones ecológicas y todo se viene abajo. De hecho, los ingenieros forestales llevan unos cuantos años advirtiendo de la principal consecuencia ya observable del calentamiento global: el "decaimiento forestal" (1). Paradójicamente, las especies más perjudicadas por el calentamiento global en la Península Ibérica son la encina y el alcornoque, particularmente en terrenos con muy poco suelo.

En este contexto de calentamiento del clima y de progresivo debilitamiento de muchos bosques, sometidos a un estrés hídrico cada vez mayor, el éxito de algunas especies invasoras en las últimas décadas no es realmente una sorpresa. Tal como lo comentaba en un artículo dedicado a los Neobosques, el éxito de las acacias en Galicia y en Portugal probablemente tenga más que ver con un cambio en las condiciones ambientales — que ha propiciado un aumento de los incendios forestales y el auge de las especie pirófitas como las acacias o los eucaliptos — que con una supuesta ventaja competitiva de esas especies con respecto a las especies autóctonas. Luchar contra esas especies invasoras no cambia nada al problema subyacente. O sea, el debilitamiento de las especies autóctonas, incapaces de adaptarse en tan poco tiempo a las nuevas condiciones imperantes. Plantar encinas y robles donde a toda costa queremos verlos crecer tal vez sea un error. Es probable que en muchos lugares los árboles que hemos plantado estén condenados a no alcanzar nunca la edad adulta...





Inflorescencia compuesta de la acacia (Acacia dealbata). Especie pirófita, la acacia se ha beneficiado enormemente de la ola de incendios que han azotado Galicia estas últimas décadas.



Para hacerse una idea de los cambios que cabe esperar, lo mejor es considerar el aumento de temperatura máximo previsto por los especialistas del clima, que se corresponde a un mantenimiento del consumo actual de hidrocarburos. O sea 6 grados de aumento de la temperatura desde la época preindustrial hasta finales de este siglo. ¿ Qué significa eso ? Un aumento de los pisos de vegetación de unos 1000 metros y un desplazamiento hacia el norte de los principales biomas de cientos de kilómetros. Viendo la magnitud de los cambios, no es pues de extrañar que se estén debilitando poco a poco los árboles en muchos lugares. La rapidez de esos cambios y la incapacidad de muchas especies para desplazarse hacia zonas más favorables supondrá la desaparición de muchísimas especies, sobre todo en las zonas montañosas donde muchas de ellas, endémicas, son auténticas reliquias (¿ Regreso al Mioceno ?). Esto me lleva a la pregunta del millón: ¿ qué haremos ? ¿ Dejaremos que se extingan ? ¿ Tiene algún sentido constituir bancos de semillas si esas especies no se van a poder plantar más tarde en los ecosistemas de las que provienen ?

Personalmente tiendo a pensar que si el hombre tiene la culpa del actual calentamiento (cosa que está ya prácticamente demostrada) y de la considerable fragmentación de los ecosistemas, algo tendrá que hacer para mitigar sus efectos. Lo más importante, creo yo, es permitir que muchas especies condenadas a desaparecer encuentren un nuevo hogar. El pinsapo es, probablemente, el mejor ejemplo entre las especies arbóreas. Actualmente esa especie vive confinada en unas cuantas sierras andaluzas de las que podría desaparecer si las temperaturas realmente suben esos 6 grados. ¿ Qué tenemos que hacer ? ¿ Observar cómo desaparece esa emblemática especie ? Sabiendo que en otras sierras situadas más al norte se dan (y se darán) las condiciones para su supervivencia, ¿ no haríamos bien en anticiparnos a esos cambios ? De hecho, alguien ya lo hizo y existe un pequeño pinsapar en el Sistema Ibérico (Orcajo, Zaragoza) en el que los pinsapos están prosperando. Claro que aplicando el mismo tipo de razonamiento a nivel regional que a nivel nacional, habría que considerar al pinsapo una especie invasora en esas sierras… Lo mismo cabría decir del cedro, seriamente amenazado en su lugar de origen pero del que existen magníficos bosques en Francia (El cedro, rey olvidado de nuestras montañas).





Jóvenes pinsapos en el pinsapar de Orcajo (Zaragoza), donde sorprende la abundantísima regeneración natural de esta especie. Parece evidente que el pinsapo pudiera tener un área de extensión muchísimo más amplia de no estar confinado en los pocos macizos andaluces en los que aún sobrevive. Fotografía: Comuneros Calatayud



Estos cambios nos obligan, claramente, a cuestionar algunas verdades y a redefinir algunos conceptos que, analizados desde la perspectiva de los cambios en curso, carecen de sentido. ¿ Qué especies han de considerarse autóctonas y alóctonas ? Esa pregunta no tiene una respuesta sencilla. Muchas especies, como el cedro, estuvieron presentes en toda la cuenca mediterránea hasta bien entrado el Cuaternario y están claramente adaptadas al clima mediterráneo. ¿ Exóticas ? La respuesta no es baladí, ya que muchas de esas especies tienen áreas de repartición relictales y están gravemente amenazadas. Permitir que se establezcan poblaciones de esas especies en otros puntos de la cuenca mediterránea, en lugares en los que estuvieron presentes en un pasado relativamente cercano no parece por lo tanto una idea descabellada y, de hecho, es una idea que algunos científicos defienden (conservación ex-situ). De hecho, no hacen otra cosa los jardines botánicos, que sin embargo tan solo pueden mantener un número muy limitado de individuos. Ciñéndonos a los géneros y especies cuya presencia en un pasado reciente está claramente demostrada, podríamos considerar como "paleoautóctonas" a toda una serie de taxones: Liquidambar, Platanus, Zelkova, Cedrus, Aesculus, Pterocarya, etc. No me parecería una barbaridad plantearse la idea de permitir que esas especies se puedan implantar en un territorio en el que ya estuvieron presentes antes de las glaciaciones, en condiciones climáticas similares a las actuales. De hecho, alguna de ellas (Pterocarya y Aesculus) no han esperado que tomemos ninguna decisión al respecto y ya han dado el salto al medio natural. Paradoja interesante, siguiendo los mismos criterios, también deberíamos considerar "paleoautóctono" al ailanto, tan odiado por los naturalistas de este país y considerado una peligrosa especie invasora, cosa que discuto (avanzando argumentos) en el último articulo publicado en este blog (Ailanto: mitos y realidades).

Muchas de estas consideraciones también aplican al mundo animal y no acabo muy bien de entender, por ejemplo, el creciente odio que despierta el arruí en muchos naturalistas (El arruí en la punta de la mira). Aunque su presencia se deba a una dudosa iniciativa de los cazadores, su presencia en el SE de la Península Ibérica no carece de lógica si pensamos en las similitudes que presenta esa región con las zonas de las que es originaria esa especie. De hecho esa especie se verá claramente beneficiada por los cambios medioambientales propiciados por el calentamiento global. Cargársela, así por las buenas, puede que no sea una buena idea. Más teniendo en cuenta de que se trata igualmente de una especie amenazada. Otro tanto ocurre con el macaco de gibraltar, en grave peligro en su área de repartición original y víctima de un odioso tráfico. Su presencia en la Península Ibérica y en el resto de Europa tampoco carecería de lógica (El macaco de Gibraltar, un primate mediterráneo). La idea de reintroducir donde sea posible las faunas extintas durante el Cuaternario a consecuencia de los cambios climáticos y de la irrupción de un temible depredador capaz de influir decisivamente sobre los ecosistemas (léase esta frase mirándose uno al espejo) poco a poco va haciendo su camino y son ya bastantes los científicos que la apoyan. La idea es que los ecosistemas, sin la presencia de esa megafauna, no se parecen en nada con lo que realmente fueron en el pasado. Esa metáfora de la ardilla que supuestamente hubiese podido cruzar la Península Ibérica sin bajarse de los árboles es, sencillamente, una ilusión. Los animales - la megafauna en particular - contribuyó siempre a mantener una permanente discontinuidad en los ecosistemas (Ecosistemas huérfanos). En un país que sufre cada verano oleadas de incendios, esa idea debería al menos considerarse.



(1) GIL PELEGRÍN E., PEGUERO-PINA J.J., SANCHO KNAPIK, D. (2009) / La sequía y el decaimiento forestal en la Península Ibérica: ¿una explicación sencilla para un fenómeno complejo? /





Cada vez que publico algún post acerca del ailanto en la página de Facebook que llevo en paralelo a este blog, éste provoca siempre las reacciones airadas de muchos naturalistas que consideran al ailanto como el enemigo público número 1. Lo cierto es que desde que la comunidad científica advirtiera del problema de las invasiones biológicas, el ailanto ocupa siempre los primeros puestos en la lista de indeseables. En las (ya) numerosas publicaciones que describen las especies invasoras más peligrosas se insiste mucho en aquellos caracteres que supuestamente confieren al ailanto una ventaja competitiva sobre las demás especies (autóctonas). Una cosa, sin embargo, es lo que creemos o suponemos acerca de una especie, y otra bien diferente es lo que la observación de la realidad nos aprende. Veamos, pues, que hay de cierto tras algunas afirmaciones hechas acerca del ailanto.

Retrato robot

El ailanto (Ailanthus altissima) es un árbol caducifolio de tamaño mediano (alcanza unos 30 metros de altura) perteneciente a la familia de las Simaroubaceae, principalmente integrada por especies tropicales y subtropicales, siendo el ailanto una de las pocas especies que crece en climas templados. Tiene unas hojas imparipinnadas de unos 40-60 cm, constituidas por unos 5-12 pares de folíolos lanceolados a ovado-lanceolados, de margen entero, con uno o varios pares de dientes en la base, provistos de una glándula negra en el ápice. Las hojas aparecen tardíamente en primavera, en el mes de mayo.

El "árbol de los dioses", como se le conoce también, es una especie dioica pero, aunque las flores son generalmente unisexuales, algunas pueden ser hermafroditas. Las flores se agrupan en largas panículas que nacen en la axila de las hojas. Están provistas de un disco nectarífero lobado que atrae los insectos que las polinizan. Los frutos, alados, están provistos de un ala alargada que rodea la semilla, que tiene un contorno redondeado.


     

¿Ventajas competitivas?

En las numerosas publicaciones actualmente disponibles acerca de las especies invasoras, se suele insistir mucho en las siguientes características del ailanto, que supuestamente le conferirían una clara ventaja competitiva sobre las especies autóctonas que amenazaría:

- Es una especie de crecimiento rápido
- Se propaga vegetativemente y a grandes distancias gracias al alcance de sus raíces
- Produce una gran cantidad de semillas, que se propagan fácilmente por vía aérea
- Produce unas sustancias alelopáticas que inhiben el crecimiento de otras especies

Olvidándonos de que estamos hablando del ailanto y leyendo esta lista de supuestas ventajas competitivas, cabría preguntarse si son exclusivas del ailanto y la verdad es que existen bastantes especies (tanto autóctonas como alóctonas) a las que podrían corresponder, al menos, las tres primeras características citadas. Y cosa curiosa, todas estas especies son, precisamente, las que compiten con el ailanto en los medios ribereños que se le acusa de invadir: chopos, álamo, sauces, olmos y arce negundo (otra exótica), en efecto, son especies de rápido crecimiento capaces (salvo el olmo, tal vez) de propagarse vegetativamente y produciendo una enorme cantidad de semillas dispersadas por el viento (especies anemócoras). Casi todas son también anemófilas, siendo el ailanto una excepción a la regla.


De las supuestas ventajas competitivas tan solo nos quedaría pues la última pero acusar al ailanto de ser una especie de Saddam Hussein del mundo vegetal es olvidar algo obvio: otras especies, incluidas las especies autóctonas, utilizan la misma estrategia para luchar contra sus competidores. Un estudio experimental reciente (1) llevado a cabo por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Alcalá y el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca demuestra claramente que el ailanto no tiene la exclusividad de esos métodos. Es más, parece que algunas especies autóctonas podrían ser incluso más eficientes que el ailanto. Es el caso del chopo, por ejemplo, según demuestra este estudio, cuyas conclusiones son las siguientes:

• Los extractos de hojarasca de todas las especies arbóreas tendieron a reducir la velocidad y, en menor medida, la tasa de germinación de las cuatro especies herbáceas.
• No existe un efecto consistente de los extractos de hojas de los árboles exóticos sobre las herbáceas nativas.
• Los efectos dependen tanto de la naturaleza del árbol donante como de la herbácea receptora.
• La especie arbórea autóctona -el chopo- redujo también significativamente la velocidad de germinación de todas las herbáceas, salvo Ch. album, lo que sugiere que la producción de sustancias alelopáticas para competir con la vegetación acompañante no es un mecanismo exclusivo de las especies alóctonas.


Nos quedamos, pues, con realmente pocos argumentos para acusar al ailanto de ser una peligrosa especie invasora. Tan solo nos quedan, para sustentar la acusación, las evidencias del terreno… ¿ En qué tipos de entornos crece, pues, el ailanto en la Península Ibérica ?

El ailanto en la Península Ibérica

El ailanto se introdujo en Europa en el siglo XVIII y ya se encontraba naturalizado en la Península Ibérica a principios del siglo XIX. Se trata pues de una especie con la que convivimos desde hace más o menos unos dos siglos. Un tiempo más que suficiente para hacerse una idea bastante buena del potencial expansivo de esa especie. ¿ Dónde crece hoy en día el ailanto ? A pesar del carácter invasivo que se le presupone, el ailanto se encuentra fundamentalmente en entornos fuertemente antropizados: bordes de carreteras y de vías de tren, taludes, solares abandonados, etc. Su presencia en entornos naturales tan solo está documentada en bosques de ribera. Personalmente nunca lo he observado en otros medios tales como encinares, melojares o pinares, a no ser por la existencia de alguna obra que haya supuesto que se remueva el suelo. Tras dos siglos, parece pues que el ailanto tan solo se haya inmiscuido en los bosques de ribera, de los que cabe preguntarse si realmente se pueden considerar ecosistemas inalterados. ¿ Se justifica pues considerar al ailanto una especie invasora ?

El ailanto en el registro fósil

Lo que muchas personas ignoran, cuando se habla del ailanto, es que esa especie tal vez no sea tan “exótica” como pudiera parecer. Todo depende, en realidad, de la escala de tiempo con la que se consideran las cosas. Las glaciaciones cuaternarias han provocado, en el Hemisferio Norte, importantes cambios en la composición de las floras. Las plantas responden a los cambios climáticos de dos maneras diferentes: desplazándose e instalándose en zonas de clima más favorable o evolucionando y tratando de adaptarse a las nuevas condiciones. Esta última opción siendo mucho más lenta, es obviamente desplazándose que las plantas respondieron a las bruscas oscilaciones climáticas del Cuaternario. En el continente europeo, sin embargo, el movimiento de las plantas hacia latitudes meridionales se vio interrumpido por dos obstáculos insalvables para muchas especies: las cadenas montañosas que bordean el Mar Mediterráneo y el propio Mar Mediterráneo.



Si bien algunas especies lograron resistir en zonas refugio situadas en las penínsulas del S del continente, otras muchas desaparecieron. Ese fue el caso del ailanto que, sin embargo, es un árbol bastante resistente. Restos fósiles de la especie que estuvo presente en todo el Hemisferio Norte antes de las glaciaciones se han encontrado en muchos lugares en Europa, tal como se puede ver en el mapa que copio a continuación. La especie que aún vivía en Europa en el Plioceno, aunque lleve un nombre específico diferente (Ailanthus confucii), no difiere en nada del ailanto actual, especie de la que es el antecesor directo y que probablemente se pueda considerar como la misma especie.


Conclusiones

Todo lo expuesto con anterioridad me lleva a una conclusión lógica acerca del ailanto, que probablemente me valga las iras de muchos naturalistas: el ailanto no debería ser considerado una especie tan peligrosa como se quisiera hacer creer. Es cierto que esta especie ha colonizado con éxito muchos terrenos “antropizados”, principalmente en las cercanías de los núcleos urbanos, pero que yo sepa no hay evidencias claras de que esté desplazando a especies autóctonas en medios naturales. Los medios ribereños en los que sí parece competir con otras especies son unos medios en los que en el pasado las especies autóctonas tuvieron que competir con numerosas especies “exóticas”. Una simple lista de los géneros presentes en Europa en esos ecosistemas, en un pasado no muy lejano (Plioceno y Pleistoceno) basta para darse cuenta hasta qué punto se han empobrecido estos ecosistemas a consecuencia de las glaciaciones cuaternarias: Liquidamabar, Platanus, Pterocarya, Engelhardia, Taxodium, Ailanthus, Aesculus, Carya, etc.

No es pues de extrañar que, en algunos lugares, especies pertenecientes a estos géneros y cultivadas como ornamentales tiendan a inmiscuirse en ese tipo de ecosistemas. Teniendo claro que estas especies (o especies muy similares) estuvieron presentes en estos ecosistemas durante millones de años antes de desaparecer a consecuencia de las glaciaciones, me resulta realmente difícil verlas como especies invasoras. Su presencia en esos ecosistemas parece más bien un regreso al estilo del de aquel soldado que vuelve de la guerra en la película Sommersby (con Richard Gere). El problema de los ecosistemas ribereños no es tanto que especies exóticas entren a competir con las especies autóctonas - convivieron con ellas durante millones de años y salieron airosas de esa "confrontación" -, sino más bien lo exíguo de su repartición actual y el estado de degradación en el que se encuentran. No me cabe la menor duda de que si dejáramos que este tipo de vegetación se desarrollase más extensamente, habría cabida para muchas más especies, tal como fue el caso hasta que la última glaciación eliminara buena parte de ellas. Imaginar como fueron estos bosques está al alcance de todos: un paseíto por los parques de Aranjuez, con sus plátanos y sus liquidambares monumentales puede dar una buena idea de como debieron ser esos bosques ribereños...



(1) Pérez Corona M. E. et al. (2011) / Efecto alelopático de especies invasoras de ribera sobre la germinación de especies del sotobosque. / Pastos paisajes culturales entre tradicion y nuevos paradigmas del siglo XXI. C. Lopez Carrasco Fernandez; M.P. Rodriguez Rojo, A. San Miguel Ayanz, S. Roig Gonzalez (Eds.), SEEP, Toledo, pp. 189-194.

(2) Sarah L. Corbett and Steven R. Manchester1 (2004) / Phytogeography and fossil history of Ailanthus (Simaroubaceae) / Int. J. Plant Sci., Vol. 165(4), pp. 671–690.



La muerte de Peret hace unos días me ha hecho pensar mucho en lo complejo que es definir la identidad de una persona o de un país. Catalán universal, Peret se aleja bastante de lo que algunos entienden por "catalán". Fruto de ese mestizaje que ha convertido Barcelona en la urbe cosmopolita que es hoy en día, Peret es a la vez catalán, español y gitano, una mezcla de identidades de la que supo extraer lo mejor para crear un estilo propio.


Corren, sin embargo, malos tiempos para quienes, como yo, tienen que lidiar con múltiples identidades. Nacionalismos reductores pretenden imponer a los demás sus verdades simplificadoras y excluyentes, heredadas de las ideas del siglo XIX, que ha llevado este continente a tantas catástrofes. Esa idea de una nación con su idioma propio que persiguen con ahínco los nacionalistas catalanes y vascos es, a mi parecer, totalmente irreal y muy alejada de la realidad socio-lingüística de esas regiones.

La convivencia del español con los demás idiomas hablados en la Península Ibérica es un hecho ineluctable que ninguna política lingüística podrá reverter. El idioma español está implantado desde hace mucho tiempo en esas regiones y parece difícil pensar que ninguna política vaya a ser capaz de desterrarlo de la calle y, mucho menos, de los corazones. En una ciudad como Barcelona, el español goza de una fuerza y de una pujanza que explican en gran medida el éxito de la ciudad. No por nada es esa ciudad la sede de muchísimas escuelas de idiomas, que atraen cada año a miles de estudiantes extranjeros que vienen a esa ciudad a... ¡ estudiar español ! No por nada es esa ciudad la capital del mundo editorial español...

Lo mismo cabría decir del País Vasco, donde el español se habla desde tiempos inmemoriales. En realidad, podría afirmarse que nació allá. Algunos dirán que no es cierto, que el español nació en Castilla, pero cabría entonces preguntarse ¿ Qué es Castilla y quienes eran los "castellanos" ? Acordándonos de qué buena parte de Álava formaba parte de esa Castilla primigenia, creo que queda claro lo que pretendo decir... Los castellanos no cayeron del cielo y me llama mucho la atención que el considerado primer texto escrito en "castellano" (tenía entonces todo el sentido del mundo llamarlo así) lo escribiera una persona bilingüe. El caso es que los vascos hablaban español (castellano en aquél entonces) cuando en el resto de la península aún se hablaban romances que más tarde desaparecieron, barridos por los idiomas nacidos en el norte de la Península.

Resumiendo: los idiomas y las culturas siempre han convivido en la Península Ibérica, desde tiempos inmemoriales. Ya convivieron antes de la romanización idiomas ibéricos, célticos, luso, etc... Hoy en día, la situación no ha variado, conviviendo desde hace siglos múltiples idiomas de los cuales algunos han desaparecido casi por completo, absorbidos por sus vecinos, más pujantes. Las identidades soñadas por los nacionalistas nunca han existido. Los españoles nunca han sido tan sólo una cosa y durante siglos muchos españoles han asumido con naturalidad sus múltiples identidades sin que eso supusiera ningún problema. En realidad, España siempre ha sido un crisol de culturas en el que cabían todas esas identidades. Al obligarnos a escoger una de ellas en detrimento de las demás, los nacionalistas están demostrando su profunda ignorancia y falta de respeto hacia todos aquellos españoles que nos sentimos algo más que eso.

Me llamo Adrián, nací en Suiza y el idioma que mejor hablo es el francés. Hablo español con un extraño acento pero, a pesar de eso, me siento profundamente español. Tal vez porque, al contrario que una gran mayoría de españoles, tuve que luchar todos los días de mi vida para no olvidar el idioma de mis padres. Me siento español, pero también un poco gallego, por ser originaria la familia de mi abuelo materno de la provincia de Lugo y haber heredado de un segundo apellido típicamente gallego (Quiroga). Para más inri, el idioma que hablo en casa es el portugués, por estar casado con... una brasileña ! ¿ Quien soy yo ? Dividido entre múltiples identidades que asumo, ¿ porqué habría yo de renunciar a ninguna de ellas por seguir el credo de unos locos intolerantes ? Los nacionalismos (incluido el español) son un fraude y un peligro y me da mucho miedo que por culpa de ellos, algún día yo o mi familia tengamos que buscarnos otro lugar en el que vivir en paz sin que nadie nos mire de reojo...




Me venía llamando mucho la atención, desde hace unos años, la presencia en la región de Nules y de Moncofar (Castellón) de jóvenes palmeras exóticas creciendo en terrenos donde parecía, sin embargo, poco probable que nadie las hubiese plantado. Me quedé entonces con la duda de saber si esas palmeras realmente se habían asilvestrado. Este año, paseándome por la zona, he disipado todas las dudas que tenía al respecto. En efecto, he podido observar en campos totalmente abandonados jovencísimos ejemplares de palmeras que han crecido en áreas en las que no hay absolutamente ninguna señal de intervención humana reciente pero, sobre todo, he podido preguntar a agricultores de la zona si sabían qué origen tenían esas palmeras. Ellos me confirmaron que nadie las había plantado y que eran los pájaros quienes dispersaban sus semillas. Ante tales evidencias, quedaba claro lo que sospechaba desde hace tiempo: varias especies de palmeras se han asilvestrado en esta región.




Aspecto "salvaje" de una washigtonia, a la que no se le han ido quitado las hojas que se iban secando (Moncofar, Castellón). Porción de la inflorescencia de Washingtonia robusta (Moncofar, Castellón).



Aunque en años anteriores tan solo me fijé en la presencia de palmeras del género Washingtonia, que creo que deben corresponder a W. robusta, que es la especie cultivada en los paseos marítimos y calles de estos ayuntamientos, también he podido ver asilvestradas este año numerosas pequeñas palmeras canarias (Phoenix canariensis). Esta especie es, en realidad, la que se asilvestra con más facilidad, estando presente en absolutamente todos los terrenos abandonados.




Es interesante notar, acerca de las washingtonias, la dificultad que puede suponer diferenciar los jóvenes ejemplares de esa especie del palmito, también presente en la zona. Publiqué hace poco en la página de facebook de este proyecto la fotografía de una de estas jóvenes palmeras y muchos seguidores me sugirieron que debía tratarse del palmito. Sin embargo, los siguientes caracteres (comprobados en el Real Jardín Botánico de Madrid, donde ambas especies crecen una al lado de la otra) me conducen a pensar que se trata efectivamente de jóvenes washingtonias:


Washingtonia sp.Chamaerops humilis
Margen de los segmentosMárgenes con frecuencia deshilachadosBordes enteros, sin hilos
PecíoloPecíolo armado de gruesas espinas curvas


Pecíolo con espinas rectas antrorsas


HábitoTronco solitario, verticalNormalmente con varios troncos


A título de comparación, este es el aspecto típico del palmito, fotografiado en la misma región, al borde de la carretera que une Moncofar y Nules por la costa:





Coincidiendo con mis observaciones, se ha publicado recientemente un artículo (1) que hace referencia a la naturalización de las wahingtonias en la región valenciana. No puedo más que confirmar ese hecho añadiendo dos comentarios al respecto:

1.- La naturalización de las washingtonias (W. robusta en esta zona) es un hecho frecuente y extendido.

2.- Tal como ya lo hemos mencionado, la palmera canaria (Phoenix canariensis) es la especie más frecuentemente observada en los terrenos abandonados.

Pues nada, visto lo visto, tendremos que irnos acostumbrado a la presencia de estas palmeras en los paisajes de la llanura costera de Castellón, donde parece que encuentran (sobre todo a proximidad de la costa) unas condiciones idóneas para su desarrollo. Se trata de espécies exóticas, me diréis. Pero viendo lo que queda de la vegetación original del lugar (absolutamente nada), no veo con tan malos ojos que se desarrolle algún tipo de vegetación arbórea en los terrenos abandonados, por mucho que se trate de palmeras. Al menos eso contribuirá a que las aves del lugar (las culpables de que estas palmeras se asilvestren) encuentren en esta zona techo y comida. Por cierto, viendo el tamaño de los frutos de estas dos palmeras, me pregunto yo qué tipo de ave disemina estas semillas. Eso trataré de averiguarlo más adelante...




Jóven washigtonia creciendo en un solar que se quedó sin construir (Nules, Castellón, 2012) Frutos de la palmera canaria (Madrid). El consumo de los frutos por las aves es la causa de la dispersión de sus semillas.



Hablando de palmeras naturalizadas, cabe mencionar también otra palmera exótica cuya naturalización se viene constatando en el norte de la Península Ibérica, en ambientes muy diferentes que los que hemos evocado anteriormente: la palmera excelsa (Trachycarpus fortunei), originaria de China y que se encuentra muy a gusto en bosques de frondosas relativamente húmedos y no demasiado fríos tal como pueden encontrarse en Cataluña o toda la Cornisa Cantábrica. Que yo sepa, su naturalización hasta ahora tan solo se ha mencionado en Cataluña y en el País Vasco.



(1) (1) Emilio LAGUNA LUMBRERAS, Roberto ROSELLÓ GIMENO & Daniel GUILLOT ORTIZ (2014) / Nuevas citas de representantes del género Washingtonia H. Wendl. (Palmae) como alóctonas en la Comunidad Valenciana, y aspectos históricos sobre su presencia en cultivo en España y Europa / Bouteloua, Vol. 18, pp. 116-130



Hace unos días la responsable de medio ambiente de la Comunidad de Murcia anunciaba que se había establecido un protocolo de actuaciones para alcanzar un nuevo modelo de gestión del arruí. Esta bonita fórmula esconde, en realidad, un auténtico plano de erradicación del arruí, ya que lo que se pretende es reducir a 300 individuos su población en la Reserva Nacional de Caza de Sierra Espuña y eliminarlo por completo del resto de la provincia. El plazo establecido para lograr este objetivo es de 24 meses. Sabiendo que hay, tan solo en la reserva de caza, unos 2000 individuos, está claro que esa campaña promete ser particularmente sangrienta. El origen de esta medida está clara, ya que los agricultores de la región llevan algún tiempo reclamando su erradicación. Para explicar esta decisión, la Dirección General de Medio Ambiente de Murcia insiste particularmente en el hecho de que se trata de una especie exótica pero el mensaje, la verdad, suena un poco a justificación tardía. Se trata, me parece a mí, de una decisión puramente política que se está intentando maquillar con argumentos pseudo-ecológicos. Intentaré, en este artículo, explicar porqué esta medida me parece una auténtica barbaridad.



Lo primero que hay que dejar claro es que, efectivamente, se trata de una especie exótica. Ahora bien, ¿ qué significa "exótico" ? Todo depende de cómo se miran las cosas. Desde un punto de vista simplista y reduccionista es exótica cualquier especie importada de otro país. Pero si bien las fronteras están claramente establecidas y marcadas por inamovibles accidentes geográficos, no cabe decir lo mismo del clima, de la flora y de la fauna, en constante mutación. Una ojeadita al pasado puede ser útil y cabe aquí preguntarse si echando la vista atrás cambia nuestra percepción del asunto. Dicho de otro modo: ¿ estuvo presente el arruí en nuestro país en el pasado ? Sí y no, estaría tentado en decir, puesto que se han encontrado restos fósiles de una especie muy similar (Ammotragus europaeus) en el yacimiento de Venta Micena (Orce), en la provincia de Granada, datados de hace un millón y medio de años. Restos de esa especie se ha encontrado también en Francia y probablemente no difiere mucho del arruí, si es que no se trata de la misma especie. Por otro lado, hay que tener en cuenta que el arruí, en el norte de África, también vive en zonas de clima claramente mediterráneo. ¿ Exótico, pues ? Lo que está claro es que está perfectamente adaptado a vivir en nuestro país.

Desde que se introdujo el arruí en Sierra Espuña, su población no ha dejado de crecer y de ganar terreno en el SE de la Península Ibérica. Que lo haga, como acabamos de ver, no es ninguna sorpresa y difícilmente se entiende que de repente sean necesarias medidas tan drásticas. No se puede negar que la población de arruis haya aumentado. Que lo haya hecho tan rápidamente, en cualquier caso, se debe a varios factores: 1) hasta ahora era una especie muy “protegida” por la administración, ya que la venta de trofeos resultaba muy rentable para la comunidad de Murcia 2) el arruí no sufría de la competencia de ninguna otra especie de ungulado. 3) El arrui no tiene, en esta región, ningún enemigo (depredador) que mantenga a raya sus poblaciones. La solución escogida para atajar el “problema” (que oficialmente no lo era hasta hace poco tiempo) es la de siempre: la caza. ¿ Realmente es éste un modelo de gestión del medio ambiente digno del siglo XXI ? ¿ No parece más razonable buscar una solución a largo plazo que pase por restaurar los equilibrios naturales ? ¿ Tiene algún sentido que al mismo tiempo que se regulan las populaciones de ungulados a escopetazo limpio, se permitan cazar los lobos en otras regiones ?



Examinando los argumentos que se suelen esgrimir en contra del arruí, dos casi siempre suelen aparecer: transmite enfermedades y compite con las especies indígenas. Argumentos simplistas que recuerdan los que se esgrimen en todo el mundo contra los inmigrantes. La aparición de un arruí muerto a consecuencia de alguna enfermedad se convierte rápidamente en noticia. ¿ Significa eso que los demás ungulados no sufren de esas mismas enfermedades ? Claramente no. Pero resulta tan tentador señalar con el dedo al que molesta… En cuanto a la competición con las demás especies, está claro que siendo herbívoros compiten con los demás herbívoros. ¿ Supone eso un problema ? ¿ Va el arruí suponer un peligro para la cabra montesa, que prolifera en alguna sierras ? Lo primero que me pregunto al reflexionar acerca de este tema es si las exigencias ecológicas de esas especies son similares y la conclusión a la que llego leyendo las descripciones de las distintas especies es que son algo diferentes. El arruí es una especie adaptada a climas más áridos que la cabra montesa. Los ecologista murcianos querrían eliminar al arrui para favorecer el ”regreso” de la cabra montesa y del ciervo pero… ¿ realmente se dan las condiciones para su regreso ? ¿ No está mejor adaptado el arrui a las condiciones climáticas del SE de la Península ? Imaginemos ahora que las temperaturas sigan subiendo. ¿ Cuál es el ungulado mejor adaptado a las condiciones climáticas futuras ? Puede que erradicando al arruí estemos tomando una decisión contraproducente a más largo plazo...



Fotografía: Property#1 / Licencia: Algunos derechos reservados

Dibujo: Universitat de València

Imaginad un instante que estáis caminando por una extensa sabana arbórea. De repente un gigantesco perezoso se alza ante vosotros, alcanzando sin demasiado esfuerzo las ramas superiores de una apetitosa acacia, cuyas hojas engulle con ganas. El animal, erguido sobre sus patas posteriores y apoyado sobre su cola mide unos 6 metros de altura y pesa unas 4 toneladas de peso. Pasado el susto, proseguís vuestro paseo y, al rato, sorprendéis a otro animal que al veros agita nerviosamente su cola, provista de unos amenazantes pinchos . Su cuerpo, rechoncho y cubierto por un duro y espezo caparazón en el que repliega sus miembros y su cabeza cuando se ve amenazado, es un auténtico tanque. Al verlo, uno no puede sino preguntarse de qué temible depredador se proteje tras esa armadura...



El megaterio y el gliptodonte son probabablemente los dos animales más conocidos de la fauna del Pleistoceno de Sudamérica. Pero tan solo son dos especies entre las muchas que poblaron ese continente hasta comienzos del Holoceno. O sea, hasta hace tan solo unos 8000 años atrás, cuando ya se habían desarrollado las primeras culturas neolíticas en Mesopotamia y en China. La lista de mamíferos desaparecidos alrededor de aquella fecha en ese continente es extensa y muchos atribuyeron esa extinción al cambio climático que tuvo lugar en ese momento, argumentando que habían desaparecido antes de la llegada del hombre. Sin embargo,  el descubrimiento en el Cono Sur de restos humanos datados de unos 12000 años pronto hizo sospechar que la desaparición pudo tener otra causa...

A pesar de que las evidencias que relacionan la actividad humana con la desaparción de esa fauna son escasas, no cabe duda que la convivencia durante al menos cuatro milenios de esa fauna con poblaciones de cazadores-recolectores debió tener un impacto sobre su demografía. Llama particularmente la atención un hecho que se reproduce exactamente igual en otras regiones del mundo en las que las megafaunas se vieron enfrentadas a la irrupción del hombre: desaparecieron prioritariamente las especies más grandes. El caso de Australia es particularmente llamativo, ya que en ese continente la desaparición de la megafauna no está relacionada con ningún cambio climático.

Los más escépticos obyectan que las poblaciones de cazadores-recolectores eran demasiado escasas para poder influir en las poblaciones de aquellos animales pero es olvidar dos elementos importantes:

1) Las especies de gran tamaño tienen una tasa de reposición muy baja, ligada al largo periodo de gestación que suelen presentar (el periodo de gestación del elefante es de 22 meses).

2) Estas especies coexisiteron durante mucho tiempo con el hombre siendo progresiva su desaparición. Si a eso añadimos los efectos del cambio climático, probablemente tengamos una explicación convincente para explicar esa desaparición. La transición del Pleistoceno al Holoceno no es el único cambio climático que sufrió esa región durante el Cuaternario pero ninguno de esos cambio llevó a la desaparición de la megafauna. Es pues más que probable que la predación ejercida por el hombre haya sido, de algún modo, el catalizador de esas extinciones.



El toxodonte, un notoungulado del tamaño de un hipopótamo, fue otra de las especies en desaparecer hace cerca de 8000 años.

¿ Y qué pintan los catus en esta historia ? Creo que tras evocar ese pasado no muy lejano en el que tantos herbívoros de insaciable apetito consumían la vegetación de esas regiones, queda particularmente claro porqué los catus (y otras plantas) desarrollaron un sistema de defensa particularmente disuasivo que hoy en día puede parecer difícil de entender en muchas regiones en las que tan solo sobrevivieron herbívoros de dimensiones mucho más reducidas. Por otra parte, uno se pregunta, viendo los frutos de algunos cactus y de otras muchas especies de plantas (como el aguacate, por ejemplo), qué animales los consumen y dispersan sus semillas. Echando la vista atrás, todo cobra mucho más sentido.

Está claro que los grandes herbívoros del Pleistoceno tuvieron un considerable impacto sobre el desarrollo de la vegetación del continente americano. Llama poderosamente la atención que en Sudamérica no exista una fauna de grandes herbívoros en las extensas praderas existentes, tal como es el caso en África, por ejemplo. Estos ecosistemas, de algún modo, se han quedado huérfanos y siendo endémicas muchas de las especies desaparecidas, cabe preguntarse - en caso de querer llevarse a cabo algún proyecto de rewilding - qué especies actuales podrían desempeñar en esos ecosistemas el papel que desempeñaron estos animales de tan reciente desaparición.




Imagen 1: Diario Clarín


Tal como lo comentaba en un artículo dedicado al cedro del Atlas, la última glaciación fue letal para muchas especies de plantas y de animales que poblaban el continente europeo. Al efecto de esa última y durísima glaciación se unió, durante los últimos milenios, el impacto del hombre, que aniquiló a muchas especies que vieron truncadas su expansión post-glacial, impidiendo que se repita el mismo esquema que prevaleció en los últimos períodos interglaciares, durante los que una fauna diversa llegó a colonizar el continente europeo. De no haber sido por el hombre, tal vez hubiese hoy en Europa leones y leopardos (estaban presentes en Grecia en la Antigüedad), que se dedicarían probablemente a cazar uros, bisontes y caballos…

Al evocar las faunas prehistóricas de nuestro continente, a todos nos vienen en mente las pinturas rupestres de mamuts y de rinocerontes, de bisontes y de caballos, de toda una megafauna espectacular que nuestros antepasados cazaban y que muchos quisiéramos volver a ver desempeñar un papel de primer plano en los ecosistemas de nuestro continente, tan uniformes y tan pobres comparados con los de otras regiones templadas. Al hacerlo generalmente nos olvidamos de una especie que, sin embargo, aún vive muy cerca de nosotros y que es a veces noticia por el tráfico al que es sometida. Una especie típicamente mediterránea que fue introducida en el Peñón de Gibraltar hace siglos y que se ha convertido en todo un símbolo de aquél pedacito de tierra ibérico tan genuinamente británico. En efecto, me refiero al famoso macaco de Gibraltar (Macaca sylvanus), una especie que hoy en día tan solo vive naturalmente en las zonas boscosas del Magreb.

Le pasa a ese macaco algo muy parecido que al cedro del Atlas, en cuyos bosques viven sus mejores poblaciones: su área de repartición actual es residual, habiendo tenido antes de la última glaciación un área de repartición mucho más extensa. Tal como lo demuestra el mapa que copio a continuación, esa especie ocupaba en el Pleistoceno un área de repartición típicamente mediterránea, extendiéndose hacia el norte hasta Alemania e Inglaterra.



El macaco de Gibraltar es una especie fundamentalmente vegetariana, alimentándose en el norte de África de una multitud de especies de plantas diferentes. Se alimentan sobre todo de hojas, de semillas y de frutos, pero su dieta también incluye raíces, bulbos, yemas, caracoles, insectos, etc. Si bien las poblaciones más importantes de macacos están actualmente asentadas en los bosques de cedros del Atlas, también viven en bosques de Quercus decíduos y perennifolios y en zonas rocosas herborizadas. Todos los ecosistemas en los que viven están sometidos a un clima de tipo mediterráneo. La actual "preferencia" del macaco por los bosques de cedro parece más bien circunstancial, fruto de una menor disponibilidad de hábitats en otros tipos de bosques.

Sabiendo que esta especie sufre graves peligros en el Norte de África, no parecería descabellado imaginar el asentamiento de pequeñas poblaciones en la Península Ibérica, cuyos ecosistemas presentan grandes similitudes con los de las zonas en las que están asentadas las poblaciones de macacos del norte de África. Existen varios parques en Europa en los que esos macacos viven prácticamente en estado silvestre y esas experiencias demuestran claramente que esa especie podría ser una de las más firmes candidatas a ser "reintroducida" en nuestros ecosistemas.




La Forêt des Singes – Rocamadour (Francia) - http://www.la-foret-des-singes.com/
La Montagne des Singes – Kintzheim (Francia) - http://www.montagnedessinges.com/
Affenberg Salem – Salem (Alemania) – http://www.affenberg-salem.de/en/
Hace unos años, buscando información acerca de las secuoyas cultivadas en España, encontré en internet una nota breve publicada en 2002 en los Anales del Jardín Botánico de Madrid en la que sus autores señalaban la presencia de diferentes coníferas exóticas subespontáneas en el pinar de pino albar (Pinus sylvestris), en la vertiente Norte del puerto de Guadarrama. Me llamó sobre todo la atención que una de esas especies sea una especie tan emblemática como la secuoya (Sequoiadendron giganteum), cultivada desde hace muchísimos años en nuestro país, y aparentemente sin que nadie se hubiese hecho eco de esa noticia.



Siempre me ha llamado muchísimo la atención el predominio absoluto del pino albar en la sierra de Guadarrama, que muchas personas explican, simplemente, por la acción del hombre. Los estudios palinológicos, sin embargo, demuestran que el pino albar fue la especie que colonizó esta sierra (y muchísimas otras en la península) cuando las condiciones climáticas mejoraron tras el último episodio glaciar. O sea, para decirlo de una manera más entendible: los pinos siempre han estado aquí y su presencia es absolutamente natural. La verdadera pregunta que cabría hacerse constatando la naturalización de estas especies es más bien la siguiente: ¿ porqué no crecen más especies de árboles en la sierra de Guadarrama ? La facilidad con la que se aclimatan y naturalizan muchas especies, en todo caso, deja pensar que el predominio del pino no es exclusivamente consecuencia de las condiciones ecológicas.




        

Cono femenino de un abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii), fotografiado en la región del Puerto de Canencia (Madrid). Joven y vigoroso ejemplar de secuoya (Sequoiadendron giganteum) en el Puerto de Cotos (Madrid), donde parece evidente que encuentra unas óptimas condiciones para su desarrollo.



Hace un par de años tuve la oportunidad de pasearme por la zona del puerto de Canencia, donde además de ver unos cuantos tejos y abedules también pude ver unos sorprendentes abetos de Lawson (Pseudotsuga menziezii). Su presencia es el fruto de pequeños experimentos que se llevaron a cabo en su día, cuya idoneidad no voy a discutir aquí. El caso es que estos abetos prosperaron, a pesar de que las condiciones no sean las ideales para ellos, demostrando que sí es posible que otras especies crezcan en muchos lugares del Sistema Central. Este abeto, obviamente, es una especie exótica (norteamericana) que nunca hubiese llegado a esta sierra por sí sola, pero la misma pregunta se podría hacer uno acerca de algunas especies "indígenas". Una de las más emblemáticas es el haya (Fagus sylvatica), que tuvo en el Holoceno una repartición mayor por todo el Sistema Central y que tan solo sobrevive hoy en un extremo del Sistema Central. La buena salud de las hayas plantadas en el siglo XIX por la Escuela de Montes en las faldas del Monte Abantos (El Escorial) demuestra claramente que esa especie podría ocupar muchas más localidades de no haber sido por la intensa deforestación que sufrió esta cadena montañosa. La respuesta a la pregunta que me hacía es, pues, bastante evidente: no crecen otras especies de árboles (además del pino) porque fueron eliminadas (caso del haya, del carpe y... del cedro) o porque simplemente nunca llegaron hasta aquí !

Volviendo a las secuoyas, es evidente que su presencia también es el fruto de un experimento llevado a cabo por algún ingeniero de montes que debía, sin embargo, tener un muy buen instinto de naturalista, ya que todas las especies que plantó en aquél lugar llegaron a naturalizarse. Según la nota, algunas secuoyas alcanzaban ya el tamaño de los pinos cuando ésta se escribió. A muchos naturalistas la presencia de especies exóticas, sean cuales sean, les parece una abominación. A mí, personalmente, no me horroriza tanto la noticia de la naturalización de la secuoya en la sierra de Guadarrama. Es más, me parece una excelente noticia para una especie amenazada y estrictamente protegida en su área de repartición natural. Un área relictual, ya que en un pasado no muy lejano (en la escala geológica) las secuoyas estuvieron presentes en muchos puntos del Hemisferio Norte, incluida la Península Ibérica. En cualquier caso, lo que me parece más destacable de esta noticia y que ni los propios autores señalan es que la sierra de Guadarrama es el único lugar del mundo en el que podría haberse naturalizado esta especie.

Tan solo me faltaba, pues, acercarme al lugar para ver si las secuoyas a las que se refiere la nota seguían existiendo pero, sin demasiadas indicaciones del lugar en que se encontraban (la nota no es muy precisa al respecto), he de admitir que siempre me dio bastante pereza emprender lo que para mí es toda una expedición (no conduzco y cualquier excursión por la sierra supone horas de tren y de caminata). Todo cambió, sin embargo, la pasada primavera cuando descubrí que se podía recorrer la N-VI en el StreetView de Google, donde me llamó inmediatamente la atención el siguiente arbolito:





Aunque tan solo se trata de un árbol aislado, estaba claro que no debía andar muy lejos del lugar que se describe en la nota. Me puse entonces a buscar por esta zona y, no muy lejos de allí, me llamó la atención el perfil cónico de unos árboles que despuntaban entre los pinos. Aquí podéis verlos, en una fotografía tomada desde la misma carretera:





El lugar se encuentra cerca del mal llamado “Alto del León” (en realidad su verdadero nombre es “Puerto de Guadarrama”), en la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama, en una pequeña hondonada del terreno donde encuentran las secuoyas frescor y humedad. Aquí tenéis un pequeño mapa mostrando su ubicación:

 



Quien visite el lugar pensando que se va a encontrar con 4 arbolitos se llevará una gran sorpresa. Hay secuoyas para aburrir. No me dediqué a contarlas (perdí la cuenta al poco tiempo) pero son no menos de 60 las que se pueden ver en este lugar. Ignoro si se habrán plantado más secuoyas en otros lugares de la vertiente norte de esta sierra. Lo que está claro, sin embargo, a la vista de lo que se puede observar aquí, es que las secuoyas encuentran en la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama unas óptimas condiciones para su desarrollo. Aún no son muy grandes (son apenas más grandes que los pinos que las rodean) pero algunas ya son bastante impresionantes. Medí con mis brazos la circunferencia del tronco de una de ellas y fácilmente debía tener 3 metros de circunferencia a 1,5 m del suelo.

Llama mucho la atención, en todo caso, la perfecta integración de las secuoyas en el lugar. Tienen un tamaño similar al de los pinos (por ahora) y su tronco presenta unos tonos rojizos muy acordes con los de los pinos. Realmente, quien no se fije en su follaje puede hasta que no las vea. El lugar, desde luego, no presenta el carácter “artificial” y “estéril” que muchos podrían esperar en una "plantación" de árboles exóticos. Las actuaciones de nuestras autoridades a la hora de reforestar no han sido siempre muy afortunadas pero en este caso he de admitir que se hizo con bastante sensatez y escogiendo muy bien el lugar. De hecho, me llamó muchísimo la atención este cartel, plantado al pie de una secoya:

 



Las secuoyas de Las Hondillas ( así se llama el lugar) parecen haber sido plantadas al mismo tiempo que los pinos y las más grandes de ellas tienen un tamaño bastante uniforme, que estimo entre 15 y 20 metros de altura. Son las que se pueden observar desde la carretera nacional, sobresaliendo entre la copa de los pinos. Se pueden observar, en otras zonas, unas secuoyas algo menores pero su tamaño y edad parece corresponderse con la de los pinos. Mucho más interesante, sin embargo, resulta la presencia de pequeños árboles (entre 2 y 6 metros de altura) en el sotobosque del pinar. Estos individuos mucho más jóvenes parecen en efecto fruto de una regeneración natural de las secuoyas. No parece probable que hayan sido plantadas tantas décadas después de haberse procedido a la reforestación del lugar. No se aprecia, en todo caso, ninguna señal de que el suelo del pinar haya sido removido para plantar esas jóvenes secuoyas. No he observado ejemplares aún más jóvenes, cosa que hubiese confirmado definitivamente la regeneración natural de las secuoyas, pero tampoco he observado, en el mismo lugar, ningún joven ejemplar de pino albar. Puede que actualmente no se den las condiciones para su regeneración (ambas especies son especies “colonizadoras”). Pero creo que influye sobre todo mucho el hecho de que toda esta zona sea una zona de ganadería extensiva, vagando libremente las vacas en el pinar. De todos modos, tendré que volver a este lugar en primavera para ver si observo la germinación de alguna semilla. Eso cerraría definitivamente el debate del carácter espontáneo de las secuoyas en la sierra de Guadarrama. De momento, sin embargo, parece muy probable vista la presencia de árboles mucho más jóvenes en el sotobosque del pinar.

 

    




Mario Sanz Elorza, Eduardo Sobrino Vesperinas, José Ferrando Pla (2002) / Sobre el carácter subespontáneo de algunas coníferas exóticas en la vertiente norte de la sierra de Guadarrama (Segovia) / Anales del Jardín Botánico de Madrid, Vol. 59(2), pp. 336-338





En este pequeño artículo, me voy a parar a pensar en algo que muchas veces no valoramos cuando contemplamos nuestros paisajes. Al pasearse por algún bosque frondoso uno tiende a pensar que así debía de ser nuestra naturaleza antes de que el hombre influyera en ella. Así nació la leyenda de la ardilla que, dícese, en la Antiguedad podía cruzar la Península Ibérica de punta a punta sin pisar el suelo. Quien hizo esa afirmación probablemente no tuvo en cuenta algo muy importante: la existencia en un pasado no tan lejano de toda una megafauna que debió tener sobre los ecosistemas un impacto mucho mayor de lo que pudiéramos pensar. Basta comparar una postal de cualquier paisaje europeo con la de cualquier paisaje africano para darse cuenta de que aquí en Europa algo no cuadra... No solemos valorarlo por una razón muy sencilla: en muchos lugares dicha megafauna hace tiempo que ya no existe y ni tan siquiera somos conscientes de su ausencia.

El cortejo de las nitrófilas

Siempre me ha sorprendido muchísimo la importante cantidad de plantas nitrófilas y arvenses que componen nuestra flora. Plantas autóctonas muy ligadas a la actividad humana y que resulta difícil imaginar en un mundo en el que no existiera la agricultura y la ganadería. Es evidente, sin embargo, que todas ellas existían antes de que la revolución neolítica alterara durablemente nuestros paísajes. Si damos por cierta la leyenda de la ardilla, resulta entonces realmente muy difícil entender el origen de esas plantas. ¿ Son todas ellas plantas exóticas llegadas con los primeros agricultores y ganaderos ? La respuesta es evidente: en realidad esas plantas siempre estuvieron presentes y estaban ligadas a la presencia de la megafauna. Basta pensar cómo un elefante es capaz de abrir, en muy poco tiempo, auténticos claros en la sabana para entender cómo la megafauna pudo propiciar la extensiòn de esas especies.





La bolsa de pastor es un buen ejemplo de planta cuya distribución actual está muy influenciada por las actividades humanas. Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia:  Dominio Público



La limpieza del bosque

Con las abundantes lluvias de esta primavera y el prolífico desarrollo de las plantas que eso conlleva, puede que un año más nos enfrentemos al gran peligro que acecha nuestros bosques cada verano: los incendios. Y volverán las preguntas y las afirmaciones de siempre... En tiempos de crisis, se alzarán de nuevo voces pidiendo la creación de brigadas de limpieza del bosque y señalando el "abandono" del campo como la principal causa de los incendios. Esa afirmación no carece de fundamento aunque, la verdad sea dicha, es el fuego un actor fundamental en el desarrollo y la modelación de los ecosistemas mediterráneos. Basta pensar, para convencerse de ello, en las adpataciones al fuego que muchísimas plantas han desarrollado. Desde el alcornoque, capaz de resistir al fuego gracias a la espesa capa de corcho que recubre su tronco, a los pinos, cuya germinación se ve favorecida por el fuego, sobran los ejemplos de plantas que se ven beneficiadas por los incendios. De hecho, la biodiversidad aumenta notablemente en las zonas incendiadas, únicas en las que los mismos pinos quemados vuelven a germinar. Pero volviendo a nuestro punto de inicio, es cierto que bosques aclarados, como las dehesas, no son tan propensos a incendiarse. Alguien propuso, en algún momento, la suelta de burros en los bosques para que ramoneen los arbustos. Esa idea, en realidad, no difiere mucho de la que han propuesto algunos científicos, que abogan por la reintroducción de las faunas diezmadas durante el Cuaternario en zonas en las que han desaparecido.

Rewilding

A la reintroducción en los ecosistemas huérfanos del Hemisferio Norte de las especies desaparecidas o de sus equivalentes actuales más cercanos se la ha denominado rewilding. De momento, tales proyectos son aún embrionarios y pretenden, sobre todo,  evaluar el impacto que pudiera tener la reintroducción de dichas especies. En la Península Ibérica, proyectos que van en esa dirección ya se han llevado a cabo en algunos lugares. El más emblemático y mediatizado de ellos ha sido, probablemente, la creación de la reserva de bisontes de San Cebriá de Mudá, en la provincia de Palencia, que podría ser un primer paso hacia su reintroducción en el Sistema Cantábrico. El impacto de esas reintroducciones sería, con toda seguridad, muy positiva para el ecosistema, siempre y cuando, claro está, se respeten los equilibrios naturales. De nada serviría repoblar todo el norte de la Península con bisontes si no permitimos, al mismo tiempo, que sus potenciales depredadores controlen el desarrollo de sus poblaciones.





Bisonte europeo fotografiado en la reserva de bisontes de San Cebrián de Mudá (Palencia). Fotografía: Javier Alvarez Cobb / Licencia: Creative Commons



Los auténticos "gestionarios" de la fauna

Existe en este país y en muchos otros una tradición arraigada desde tiempos remotos que, sin embargo, ha perdido en gran medida toda justificación: la caza. En las sociedades paleolíticas, la caza era una actividad fundamental, dependiendo en gran medida la supervivencia del grupo de ese aporte de carne sin el que nuestra especie sin duda nunca se hubiese convertido en lo que es. Puede parecer que el impacto de esos cazadores-recolectores sobre los ecosistemas fue escasa o nula pero lo cierto es que parece cada día más evidente que esos eficientes cazadores tuvieron mucho que ver en la desaparición de muchas especies de animales cuya reciente extinción difícilmente se explica por otras causas. Hoy en día, la caza es fundamentalmente una actividad lúdica practicada por urbanitas que se intenta, sin embargo, disfrazar como una necesidad. Los defensores de la caza pretenden, en efecto, que su actividad permite ejercer un control sobre el desarrollo de los herbívoros, que arrasarían con nuestros más valiosos ecosistemas si no los controláramos. O sea, que según ellos son una necesidad. Es olvidar, sin embargo, que ese control de la fauna lo ejercen naturalmente los depredadores que, colmo de la hipocresía, fueron y siguen siendo aniquilados por esos mismos cazadores. Es más que evidente que el actual sistema de gestión de la fauna está basado en una gran mentira: la de la necesidad de la caza. Si dejáramos que los depredadores desempeñen su papel de reguladores de las poblaciones de herbívoros, la caza sería prácticamente innecesaria.





El leopardo tiene una amplísima área de distribución que incluía antiguamente al continente europeo. Su reintroducción en la Península Ibérica no sería, pues, una idea totalmente descabellada. Fotografía: Tambako The Jaguar / Licencia: Creative Commons



Los precedentes del arruí y del muflón

La viabilidad de tales proyectos viene avalada por el éxito de algunos proyectos antiguos, que se llevaron a cabo con una finalidad bien diferente (caza). En el siglo XX se introdujeron en nuestro país dos especies "exóticas" como el muflón y el arruí que no solo se adaptaron perfectamente, sino que prosperaron y llegaron a ampliar su área de distribución. Que yo sepa, su presencia no ha resultado dañina para el medio ambiente y no ha perjudicado a las demás especies de ungulados. Y quien sabe, tal vez hayan contribuido a que las regiones en las que viven no sean pasto de las llamas con tanta frecuencia. Pero que yo sepa, eso no ha sido estudiado hasta ahora (además de ser algo difícil de poner en evidencia). Ambas especies (o especies muy próximas) formaron parte de nuestra fauna durante el Quaternario. Su introducción no carece, por lo tanto, de cierta lógica.





Amenazado de desaparición en las regiones del Norte de África de las que es originario, el arruí ha encontrado en el SE de España un segundo hogar. Su expansión en la Península debería lógicamente verse favorecida por el calentamiento global, siendo el arruí el ungulado mejor adaptado a las condiciones de aridez que prevalecerán en el futuro. Fotografía: Gregory Moine / Licencia: Creative Commons



No sé si tales proyectos de rewilding se llevarán a cabo hasta sus últimas consecuencias. Dudo mucho, en efecto, que sea posible reintroducir en la Península Ibérica especies como la hiena, el león, el leopardo o... el elefante ! Pero no cuesta nada soñar. Si el tema os interesa, os invito a visitar este interesantísimo blog:

EL TIEMPO QUE OLVIDAMOS


Esta mañana, llevando mi hijo a casa de sus abuelos, de repente me di de bruces con el rojo esplendoroso de un árbol que se está plantando con cierta frecuencia en Madrid estos últimos años. La mayoría de ellos son, por ahora, arbolitos recién transplantados de sus viveros, que no llaman demasiado la atención. Llegado el otoño, sin embargo, sus hojas se tiñen de un rojo intenso (a veces muy oscuro, casi negro) que delata su presencia.

Examinando este árbol con más detenimiento, nos daremos cuenta que tiene hojas palmatilobadas, muy parecidas a las de los arces, con un borde más o menos regularmente aserrado. Las inflorescencias femeninas y las infrutescencias son también muy características, agrupándose las flores en cabezuelas esféricas que cuelgan de largos pedúnculos. Comparte esta característica y el hecho de tener inflorescencias separadas por sexos con otra especie muy común en nuestros parques y avenidas: el platano. Las similitudes, sin embargo, no van más lejos. Los frutos de ambas especies son muy diferentes. En el caso del liquidambar, la infrutescencia está constituida por cápsulas soldadas entre ellas que se abren liberando varias semillas aladas. La infrutescencia del platano, en cambio, se disgrega por completo liberando aquenios.



      
Inflorescencia femenina y semilla deLiquidambar styraciflua(Altingiaceae). Inflorescencia femenina y aquenios dePlatanus xhispanica(Platanaceae).



El liquidámbar (Liquidambar styraciflua) tiene otro interesante punto en común con el platano (Platanus x hispanica). Ambas especies, en efecto, pertenecen a familias muy antiguas constituidas por un único género y muy pocas especies. Se trata de géneros relictuales, auténticos fósiles vivientes. Tuvieron antiguamente un área de repartición mucho más extensa, habiéndose encontrado fósiles de ambos géneros en todo el Hemisferio Norte. Fueron, sin embargo, barridos del continente europeo por las glaciaciones cuaternarias. La mayoría de las especies vive actualmente en el SE de Asia y Norteamérica. Ambos géneros tan solo están representados en Europa por una única especie, respectivamente, que tan solo sobrevivieron en el extremo SE del continente (Platanus orientalis) y en Asia Menor y la isla de Rodas (Liquidambar orientalis) . Esa disyunción del área de repartición entre Norteamérica y Asia y la total ausencia (o casi total ausencia) del continente europeo se observa en muchísimas familias y géneros. Durante el Terciario, muchos géneros estuvieron presentes en todo el Hemisferio Norte pero desaparecieron por completo del continente europeo durante el Cuaternario. Muchas especies propias de las zonas templadas del Hemisferio Norte se cultivan con frecuencia en nuestros parques y jardines. Lo que generalmente ignoramos es que especies afines algún día formaron parte de la flora de nuestro continente. Darse un paseo por los parques de la capital resulta ser, en realidad, un viaje al pasado, a una era en la que la flora de nuestro continente era mucho más rica que la actual...



Mapa de distribución de la familia de lasAltingiaceae, a la que pertenece el árbol del ámbar. Está constituida por 13 especies, 1 en Norteamérica (L. styraciflua), 1 en América Central (L. macrocarpa, a veces incluida en la anterior), 1 en Asia Menor (L. orientalis) y todas las demás en el E y SE de Asia. Mapa: Angiosperm Phylogeny Group
Mapa de distribución de la familia de lasPlatanaceae, a la que pertenece el platano. Está constituida por unas 8-11 especies, 1 en el SE Asia (P. kerrii), 1 en el SE de Europa y Asia Menor (P. orientalis), y todas las demás en Norteamérica y América Central. El platano de sombra (P. x hispanica) es un híbrido muy próximo a P. orientalis. Mapa: Angiosperm Phylogeny Group




El nombre liquidámbar hace referencia a la resina o goma que exuda el árbol. Esa resina ha tenido y sigue teniendo muchos usos. Se ha utilizado como chicle, aromatizante del tabaco, perfume en distintos productos cosméticos, incienso y un largo etcétera de usos. El nombre náhuatl del árbol,Xochicotzoquahuitl, alude a esa misma carcterística (significa "árbol que produce trementina aromática"). Se trata de una especie con un área de repartición bastante extensa, estando presente en todas las zonas templadas del E de Norteamérica y en las zonas montañosas de México y de América Central (hasta Nicaragua). En la Península Ibérica, la especie se cultiva con cierta frecuencia y, que yo sepa, no se ha observado naturalizada en ningún lugar. Los requerimientos hídricos de esta especie, que crece en climas húmedos o subhúmedos, con precipitaciones por encima de los 1000 mm anuales, limitarían, en cualquier caso, esa posibilidad a la vertiente atlántica de la Península y a algunas sierras del interior.

Tras imaginar lo que pudo ser la vegetación de este continente en el pasado, acabaré este breve artículo soñando con lo que podría ser Madrid en el futuro. Estos arbolitos que el frío otoñal ruboriza pueden llegar a ser unos árboles imponentes si se les deja crecer. Cultivados, no suelen sobrepasar los 15 m, que ya es una altura muy respetable en una ciudad. El ejemplar más alto que se conoce, sin embargo, alcanza 41,4 m de altura y tiene un tronco con un diámetro de 2,25 m (Craven County, North Carolina). Imaginaos esos imponentes árboles inundando de color nuestras avenidas... Y sabiendo que en muchos lugares (como la calle Príncipe de Vergara), se han plantados ginkgos, el Madrid de mañana promete convertirse en un auténtico espectáculo. Claro que estos árboles crecen a un ritmo que descarta que yo pueda llegar un día a deleitarme de tal espectáculo. Sin contar que quienes los plantaron en las medianas de esas avenidas no parecen tener mucha idea de lo imponentes que pueden llegar a ser estos árboles. Puede, pues, que los corten mucho antes de alcanzar la edad adulta. Soñar, sin embargo, no cuesta nada. En estos tiempos de crisis, es lo menos que podemos hacer.
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PALABRAS CLAVE

España Península Ibérica Plioceno paleoautóctonas Pleistoceno especies paleoautóctonas paleobotánica paleoflora cambio climático especies invasoras calentamiento global climate change plantas invasoras Galicia bosques secundarios changement climatique Abies pinsapo Ailanthus ailanto especies exóticas paleoautóctona pinsapo subida del nivel del mar Aesculus Canarias Castellón Castor fiber Cathaya Ebro Eucalyptus globulus Eucommia Guadarrama Madrid Nyssa Parrotia Sequoia Sequoiadendron arrui ciclos naturales deuda climática especies naturalizadas en España eucalipto giant sequoia giant sequoias in Spain resiliencia Acacia Acacia dealbata Ailanthus altissima Arnedo Ascensión Avicennia Bialowieza Carpinus Carya Cedrus Cedrus atlantica Cephalanthus Chavín Chernobyl Cidacos Cortegada Darwin Ehretia Elaeagnus Engelhardia Engelhardioideae Enhelhardia Eucalyptus Gelasiense Ginkgo Ginkgo adiantoides Ginkgo biloba Gleditsia Glyptostrobus Ixobrychus sturmii João Ferro Keteleeria Kew Laurus Laurus nobilis Liquidambar Liriodendron Miocene Mioceno Miocène Moncofa Moncófar Myiopsitta monachus Persea indica Phaethon aethereus Phoenix canariensis Picea Pittosporum Pittosporum tobira Platanus Pleistoceno Inferior Podocarpus Prosopis Pseudotsuga Pterocarya Puerto Rico Puma concolor Quaternario Quercus Quercus canariensis Rhododendron Robinia Schinus areira Shinus Sierra de Guadarrama Souto da Retorta Streptopelia senegalensis Tadorna ferruginea Taxodium Taxodium distichum Taxodium mucronatum Tetraclinis Tsuga Ulmus pumila Washingtonia Washingtonia robusta Zelkova ahuehuete ailante ailanthe aumento de la temperatura aves bonetero del Japón bosques primigenios cadena trófica calima castor castor en Espagne castor en España chnagement climatique chêne vert ciprés de los pantanos clima climatic debt colapso cotorra argentina decaimiento forestal dette climatique ecosistema novel ecosistemas ecosistemas funcionales ecosistemas noveles encina espèces invasives flora giant redwoods glaciaciones grandes felinos inmovilismo ecologista introducción del puma invasive species larofilización laurel laureles laurisilva laurisilve laurophylle macaco de Gibraltar manglar mangle negro migraciones asistidas molle mouflon à manchettes naturalized sequoias negacionismo climático pacanero palmera canaria pitósporo planta invasora puma resilience résilience sapin d'Espagne secuoya yurakuna árbol exótico árbol invasor árboles exóticos árboles naturalizados en España

SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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