Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Flores del molle (Schinus areira), Moncofa, Castellón.



Haciendo un pequeño repaso mental de las regiones de origen de las principales especies ornamentales adaptadas a la sequía que se cultivan en nuestro país, nos podemos encontrar, grosso modo, con dos tipos de plantas. En primer lugar, claro está, nos encontramos con las especies procedentes de otras regiones de clima mediterráneo, en las que tanto las temperaturas como la repartición de las precipitaciones son bastante similares a las nuestras. Se trata, fundamentalmente, de especies procedentes del E de la cuenca mediterránea y de algunas especies provenientes de regiones como California, Sudáfrica, Chile y el S de Australia. En segundo lugar nos encontramos con especies originarias de zonas subtropicales que han demostrado ser capaces de adaptarse en mayor o menor medida al clima mediterráneo. Se trata de especies provenientes de regiones sometidas a periodos de sequía más o menos prolongados y con una tolerancia al frío que les permiten aguantar los inviernos de la región mediterránea. El braquiquito, que presentamos en el primer artículo de esta serie es un buen ejemplo de tales especies. No son tantas las regiones que reúnen tales condiciones. Una de ellas se encuentra en Sudamérica, en las estribaciones orientales de los Andes, en una eco-región que se ha denominado los "valles secos interandinos". En esta región, las precipitaciones son irregulares y las temperaturas relativamente constantes aunque relativamente frescas según la altitud. De esta región provienen tres especies con una importantísima presencia en las calles y jardines de muchas ciudades del litoral mediterráneo: la tipa (Tipuana tipu), el tarco (Jacaranda mimosifolia) y el molle (Schinus areira), especie a la que hoy dedicamos este artículo. Utilizo a conciencia, sea dicho de paso, el nombre vernacular que tienen estas especies en su lugar de origen.




Hojas y frutos, Avenida Diagonal, Barcelona.



El molle (Schinus areira) es un pequeño árbol que se utiliza con fines ornamentales en casi todas las regiones templadas del planeta y que se ha naturalizado más o menos extensamente, llegando a ser muy común en algunas de ellas. Tanto es así que se le llama a menudo California pepper tree en Estados Unidos, asumiendo prácticamente que se trata de una especie indígena. Lo cierto es que su expansión por todo el imperio español intervino al poco tiempo de descubrirse esta especie, cuyos múltiples usos propiciaron su cultivo y difusión. Se trata en realidad de una especie propia de los bosques secos intermontanos bolivianos y de las punas secas y húmedas de los Andes centrales de Argentina, Bolivia y Perú. Ese nombre popular americano nos permite de paso hacer referencia a uno de los usos más extendidos de esta especie, que en español a menudo se llama "falso pimentero", debido al uso que se hace de sus frutos, que se utilizan como sucedáneo de la pimienta debido al gusto picante que les da la resina que contienen (pimienta rosa).




Hoja del molle (Schinus areira), Moncofa, Castellón.



Llegados a este punto, a muchos lectores les parecerá extraño que llame "molle" a una especie cuyo nombre científico es Schinus areira sin hacer referencia al nombre Schinus molle, que pudiera eventualmente resultarles más familiar. Schinus molle es en realidad un nombre que se ha venido aplicando a dos poblaciones distintas de falsos pimenteros, que muchos botánicos, entre ellos el que describió la especie, no quisieron considerar especies diferentes. Como mucho reconocieron la existencia de dos variedades. Sin embargo, para los botánicos argentinos que estudiaron ambas poblaciones, las diferencias morfológicas entre ambas poblaciones unidas a la separación geográfica no dejaba lugar a dudas: se trataba de dos especies diferentes (4). Este punto de vista ha sido ahora definitivamente refrendado por los estudios filogenéticos más recientes (1), que han mostardo que ambas poblaciones, aunque emparentadas una con otra, forman dos clados claramente separados. Se muestran en la tabla a continuación las diferencias morfoloógicas más importantes entre ambas especies.


Especie Schinus molle Schinus areira
Distribución Mata atlántica, bosques húmedos de Araucarias y pampas en el S de Brasil, Uruguay, NE de Argentina, NE y S de Paraguay. Valles interandinos y punas de Perú, Bolivia y Argentina
Nº de folíolos de las hojas adultas 3-8 pares 15-22 pares
Disposición de los folíolos Estrictamente opuestos En mayor parte alternos
Tamaño de los folíolos 40-82 x 5-21 mm 22-57 x 3-3,5 mm
Ápice de los folíolos
Largamente atenuado y niucronado, con un mucrón curvo

Más o menos redondeado y acuminado
Longitud del raquis 52-144 mm 112-241 mm
Largo raquis/largo peciolo 1,2-2,5 2,5-8


El nombre científico de las dos especies que anteriormente se agrupaban bajo el nombre Schinus molle es, sin embargo, poco afortunado. El nombre específico molle es en realidad el nombre común que tiene en la región andina Schinus areira, pero se utiliza ahora exclusivamente para referirse a la especie del NE de Argentina y S de Brasil. Una confusión propiciada por las reglas nomenclaturales en vigor que ciertamente no ayudará los profanos a aclarar sus ideas.




El molle (Schinus areira) es un activo colonizador de las antiguas tierras de labranza dejadas al abandono y pobladas de densos herbazales. Moncofa, Castellón.



La introducción del molle en la Península Ibérica es probablemente muy antigua. Según Daniel Guillot, que escribió en 2006 una breve nota biográfica de Esteban y Claudio Boutelou (3), la introducción de esta especie habría sido obra de Pablo Boutelou alrededor de 1780. Sin embargo, sabiendo que esta especie se introdujo en México en fechas muy tempranas (2), ya en el siglo XVI, no se puede descartar que su introducción en nuestro país haya sido bastante anterior a esa fecha (la especie fue introducida en México a mediados del siglo XVI por Antonio de Mendoza y Pacheco, primer virrey de Nueva España, quien tras su traslado al virreinato del Perú lo envió al Valle de México para fines ornamentales). Hoy en día, se trata de una especie muy común en nuestro país, cultivada en todas las regiones cálidas de la Península y subespontánea en buena parte de las provincias del litoral mediterráneo. Lo mismo ocurre, sea dicho de paso, en Canarias. Aunque es posible que también se cultive Schinus molle en nuestro país, lo cierto es que la inmensa mayoría de los ejemplares que se pueden observar en nuestro país corresponde a Schinus areira, tanto por razones históricas que ya hemos comentado anteriormente (su difusión se hizo desde Perú) que por razones ecológicas, siendo S. molle una especie más exigente proveniente de los bosques húmedos de Araucarias, de la Mata Atlantica y de zonas de pampa.


SchinusFamilia: AnacardiaceaeOrden: Sapindales

Árboles o arbustos, dioicos, resinosos. Tallos inermes –rara vez espinosos en taxones extraibéricos–, con lenticelas poco aparentes, pelosos o glabros. Hojas persistentes o caducas –en taxones extraibéricos–, alternas, compuestas, imparipinnadas, rara vez paripinnadas –además, en especies extraibéricas, simples–, pinnatinervias, sésiles o pecioladas, coriáceas, subcoriáceas o membranáceas, glabras o pelosas; pecíolo y raquis –cuando existen– frecuentemente alados; folíolos opuestos o alternos, sésiles o subsésiles, enteros, subenteros, crenulados, dentados o serrados, planos o revolutos. Inflorescencia ± densa, axilar y/o terminal, de ordinario espiciforme, racemiforme, paniculiforme o tirsiforme, pedunculada, glabra o pelosa; brácteas lineares, glabras o pelosas, caedizas o persistentes; bractéolas 2, diminutas, caedizas; pedicelos articulados, glabros o pelosos –a veces muy cortos, casi inexistentes–. Flores generalmente unisexuales; disco nectarífero intrastaminal, con 8-10 lóbulos, pateliforme en las flores masculinas y disciforme en las femeninas. Sépalos (4)5, más cortos que los pétalos, imbricados, ovado-lanceolados, glabros o pelosos, persistentes. Pétalos (4)5, imbricados, de lanceolados a obovados, ± patentes, glabros o subglabros, caedizos. Estambres 8-10, libres, en 2 verticilos –los alternipétalos más largos que los opositipétalos; transformados en pequeños estaminodios en las flores femeninas–; filamentos insertos por debajo y entre los lóbulos del disco; anteras grandes. Ovario súpero, unilocular –transformado en pistilodio rudimentario em las flores femeninas–; carpelos 3, soldados; estilos (1-)3, cortos, apicales, en su caso soldados solo en la base, persistentes; estigmas 3, muy cortos, capitados; rudimento seminal 1, de placentación apical a lateral. Fruto drupáceo (nuculanio), globoso, no comprimido lateralmente, de exocarpo de ordinario glabro –a veces densamente peloso–, rosado, ± rojizo o purpúreo, y endocarpo óseo; pedicelo largo, delgado.

Schinus areira

Ár­bol has­ta de 15(25) m, de co­pa re­don­dea­da; corte­za agrie­ta­da, ± ás­pe­ra, esca­mo­sa, de un par­do obscu­ro, a ve­ces grisácea o ro­ji­za. Tallos delga­dos, colgan­tes. Ho­jas 10-20 cm, pa­ri o impa­ri­pinna­das; folío­los 11-47, de 15-60 × 3-10 m­m, o­pues­tos, sési­les, li­near-lan­ceo­la­dos, a­gu­dos, con el ex­tre­mo curva­do, en­te­ros o le­ve­men­te a­serra­dos, glabros –pe­lo­sos, cuan­do jóve­nes–; raquis y pecío­lo no a­la­dos. Inflo­rescen­cia 10-20 cm, que na­ce ha­cia el ex­tre­mo de las ra­mas, colgan­te, muy ra­mi­fi­ca­da, la­xa; pe­di­ce­los cortos, delga­dos. Flo­res de (2)3-5 m­m de diámetro –las mascu­li­nas ge­ne­ral­men­te de ma­yor ta­maño–, de un a­ma­rillo blanque­ci­no o a­ma­rillo ver­do­so. Sépa­los 5, has­ta de 0,5 m­m, con fre­cuen­cia de margen ci­lia­do. Péta­los 5, de 1,3-2,8 × 0,5-1,6 m­m, de lan­ceo­la­dos a o­bo­va­dos, ± obtu­sos. Es­tam­bres 10; an­te­ras pequeñas, subglo­bo­sas. Ova­rio glo­bo­so u o­voi­de. Fru­to 6-8 m­m de diámetro, ± se­co, de e­xo­carpo delga­do, glabro, de co­lor ro­sa o ro­jo, brillan­te, que se des­pren­de con fa­ci­li­dad u­na vez se­co. Se­milla 3-5 m­m de diámetro, glo­bo­sa. 2n = 28*, 30*.

Descripción: Flora Iberica




Parece evidente, viendo la facilidad con la que se adapta al clima mediterráneo y se propaga que esta especie está llamada a desempeñar un papel importante en los ecosistemas que puedan formarse en muchas regiones de nuestro país. Difícilmente se la puede acusar, sea dicho de paso, de ocupar por ahora el lugar de ninguna especie autóctona, desaparecidas hace tiempo de las zonas colonizadas por el molle y cuyo regreso no se espera ni a corto ni a largo plazo. Más teniendo en cuenta que la subida actual de las temperaturas favorece claramente la instalación y el desarrollo de especies subtropicales como ésta.



(1) Da Silva Luz C.L. et al. (2019) / Phylogeny of Schinus L. (Anacardiaceae) with a new infrageneric classification and insights into evolution of spinescence and floral traits / Molecular Phylogenetics and Evolution, Vol. 133, pp. 302–351
(2) Ramírez Albores J.E., Avendaño González M. y Badano E. (2015) / El pirul, el árbol que vino del sur. / CONABIO. Biodiversitas, Vol. 117, pp. 6-11.
(3) Guillot Ortiz D. (2006) / Breve nota biográfica de Esteban y Claudio Boutelou / Bouteloua, Vol. 1, pp. 4-5
(4) Martínez-Crovetto, R., 1963. Estudio taxonômico-biométrico de Schinus molle y Schinus areira, Anacardiaceae. Bonplandia 1 (3), 225–244.



Con esta entrada inicio hoy una nueva serie de artículos que probablemente no vayan a hacer mucha gracia a algunos conservacionistas. La idea de partida de esta serie es una simple constatación: algunas especies exóticas no solamente son capaces de sobrevivir en nuestro país, cultivadas en parques y jardines, sino que también son capaces de naturalizarse y de adaptarse a nuestro clima. Esas especies, queramos o no, ya forman parte de nuestra realidad y su naturalización es, muchas veces, síntoma de que muchas cosas han cambiado o están cambiando en nuestro entorno. Desde ese punto de vista, estas especies son de algún modo una respuesta de la naturaleza a esos cambios que hemos inducido en el medio ambiente. Vistas por algunos como una amenaza, también pueden ser vistas como una solución de cara a la adaptación de nuestros ecosistemas al cambio climático. Vale pues la pena, como mínimo, aprender a conocer estas especies que mañana podrían desempeñar un papel muy relevante en nuestro medio ambiente.





No volveremos a tratar, en esta serie, de aquellas especies ya evocadas en la serie de las paleoautóctonas, en la que ya hablamos a consciencia de especies como el ailanto, por ejemplo. Para empezar esta serie, me ha parecido interesante hablaros de una especie de árbol que he aprendido a conocer y a valorar mucho estos últimos años al intentar su cultivo en una región que, a priori, no era la más favorable para ella. Quienes siguen la página de Facebook asociada a este blog sabrán que estoy hablando del braquiquito (Brachychiton populneus), una especie australiana hoy cultivada con bastante frecuencia en todas las ciudades del litoral mediterráneo y de Andalucía que he intentado plantar en un pequeño descampado del barrio de Madrid en el que vivo desoyendo los consejos dados por muchas personas.


10 de agosto de 2018: esto es lo que quedaba del braquiquito tras ser devorado 2 veces por los conejos, cortado por los subcontratas del ayuntamiento y haber sufrido los efectos de un pequeño incendio. Básicamente nada, tan solo un pequeño muñón que apenas emergía de tierra. 15 de septiembre de 2019: 13 meses más tarde, el pequeño brote que surgió con las primeras lluvias de agosto del 2018 ha crecido de manera espectacular hasta alcanzar casi 1,60 m de altura.



No se suele, en efecto, recomendar el cultivo del braquiquito en el centro de la Península pero lo cierto es que esta especie no es tan friolera como pudiese parecer. Según las fuentes que he podido consultar, es sobre todo sensible a las heladas cuando es muy joven pero aguanta luego fuertes heladas una vez bien establecida. De hecho, es la existencia de dos ejemplares, uno en el Real Jardín Botánico de Madrid y otro en los jardines del colegio Tajamar de Madrid (muy cerca de mi barrio) lo que acabó convenciéndome de que este árbol es perfectamente capaz de desarrollarse en el centro de la Península. De hecho, mi propia experiencia me ha demostrado que este árbol es un superviviente nato. Tras plantar un arbolito de apenas un año en un descampado de mi barrio, éste fue devorado dos veces por los conejos, segado por los subcontratas del ayuntamiento y sufrió finalmente los efectos de un incendio. A pesar de todo, cuando cayeron las primeras lluvias del otoño volvió a brotar a partir de su raíz y este año, bien protegido de la diente de los conejos, ha crecido más de metro y medio.




Mapa de distribución del braquiquito (Brachychiton populneus) en Australia. Tan solo las poblaciones del oeste de Australia son naturales.



El braquiquito es un árbol originario de Australia muy resistente a la sequía, gracias a que es capaz de acumular agua en su tronco, cuya base engrosada también le vale el nombre de árbol botella, que comparte con otras especies del mismo género en los que ese carácter es mucho más pronunciado. Sus raíces, por otra parte, son muy profundas y le permiten ir a buscar agua en niveles que otras especies no alcanzan. Un agua que remonta a la superficie y que contribuye a hidratar tanto el árbol como el suelo. Los jóvenes ejemplares poseen una raíz tuberosa que desempeña el mismo papel y que, tal como ocurrió en el descampado de mi barrio, les permite rebrotar de cepa tras un incendio. Es interesante notar que esa raíz es comestible y era consumida por los aborígenes autralianos. Se trata, sea dicho de paso, de una especie muy palatable para los herbívoros, sirviendo sus hojas de forraje en Australia en los períodos de sequía. Eso explica que los conejos no dejasen ni rastro de los varios ejemplares que planté en el descampado junto al que milagrosamente sobrevivió y logró desarrollarse tras ser protegido.




Raíz tuberosa (aún incipiente) de un jovencísimo braquiquito.



Con tales características, no es de extrañar que esta especie haya logrado naturalizarse en algunos puntos de la Península. De momento tan solo hay mención de ello en Extremadura (1), donde se han observado varios ejemplares en los márgenes de las canalizaciones del Canal de Montijo, en Torremayor (Badajoz). Me han comentado, sin embargo, que esta especie también se ha naturalizado a lo largo del cauce del torrente de Sant Joan, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona). De cara al futuro, y viendo cual es su actual distribución en Australia, parece más que evidente que esta especie podría verse favorecida por una subida de las temperaturas tal como la que se prevé de aquí a finales de siglo. Si a eso le unimos su gran resistencia a la sequía y al fuego, es de suponer que la expansión de esta especie en la Península Ibérica tan solo está en ciernes.





Su capacidad de dispersión, sin embargo, se ve limitada por ahora por la ausencia de especies autóctonas capaces de dispersar sus semillas. A no ser, claro está, que alguna especie acabe descubriendo que sus semillas son comestibles (también lo son, sea dicho de paso, para los humanos) y añada las semillas del braquiquito a su dieta. No parece pues que a corto o mediano plazo esta especie se convierta en una peligrosa especie invasora. Tal como lo hemos comentado anteriormente, esta especie podría incluso pasar a ser consumida por los herbívoros autóctonos, con lo que parece incluso que su presencia podría tener efectos positivos.


BrachychitonFamilia: MalvaceaeOrden: Malvales

Árboles con hojas enteras o palmatilobadas. Inflorescencia axilar o terminal, en racimo simple o en panícula. Flores actinomorfas, unisexuales o hermafroditas o de los dos tipos en el mismo pie. Cáliz 5-lobado, con lóbulos generalmente patentes. Pétalos ausentes. Estambres 10-15. Carpelos 5, soldados, libres en la madurez; ovario 5-locular; estigma peltado, radiado o lobado. Eterio de folículos pediculados, leñoso. Semillas numerosas, biseriadas, envueltas en un espeso endocarpo faveoloide.

Brachychiton populneus

Ár­bol pe­renni­fo­lio o se­mi­pe­renni­fo­lio, de 6-20 m de al­tu­ra. Ho­jas de co­lor ver­de brillan­te en el haz, más cla­ras y glau­cescen­tes en el envés, con un pecío­lo pulvi­ni­forme de 2-6 cm; lim­bo muy va­riable, de en­te­ro a 3-5 lo­ba­do, o­va­do a o­va­do-lan­ceo­la­do, elípti­co, 5-10 x 2-6 cm, cu­mi­na­do o cus­pi­da­do, glabro. Es­típu­las cae­di­zas, es­trecha­men­te triangu­la­res, a­cu­mi­na­das, 4-7 × 0,7-1,2 m­m. La inflo­rescen­cia, a­xi­lar, es u­na panícu­la pén­du­la compues­ta por 10-60 flo­res. Brác­teas cae­di­zas, o­va­do-lan­ceo­la­das, de 2-4 m­m de longi­tud. Flo­res u­ni­se­xua­les, vis­to­sas; pe­di­ce­lo 2-8 m­m, arti­cu­la­do. Cáliz campa­ni­forme, 1-2 cm, lo­ba­do has­ta la mi­tad, de co­lor cre­ma o ver­do­so en el ex­te­rior y teñi­do de ro­jo o púrpu­ra en el in­te­rior. Co­lumna es­ta­mi­nal ca. 5 m­m, di­la­ta­da en la ba­se, glabra. Ova­rio li­ge­ra­men­te to­men­to­so. Fru­to en folícu­lo, sobre un pedícu­lo de 2-3 cm, marrón, elípti­co, compri­mi­do la­te­ral­men­te, 4-6 x 1.5-2.5 cm, glabro, a­gu­do. Se­millas re­don­dea­das, 3-4 m­m de diámetro, de co­lor a­ma­rillo, re­cu­biertas por pe­los es­trella­dos largos y rígi­dos.

Descripción:  Flora of Pakistan




Para acabar esta entrada, tan solo quisiera señalar a las personas interesadas por su cultivo que su propagación por semilla es de lo más fácil y que se trata de un árbol muy fácil de cultivar y de transplantar. Para favorecer su crecimiento en sus primeros años, le he dado unos cuantos riegos de apoyo durante el verano pero me imagino que pronto será totalmente innecesario. No dudéis en compartir aquí vuestras experiencias con esta especie que me parece podría tener un gran futuro en nuestro país a poco que dejemos sus incipientes poblaciones asentarse definitivamente. Es esa, sin embargo, una decisión en la que entran en juego consideraciones éticas que yo resumiría en una pregunta muy sencilla: ¿ debemos aceptar que nuevas especies se instalen en nuestro territorio en respuesta al cambio climático ? Personalmente tengo claro que las especies actualmente presentes no podrán aguantar indefinidamente los cambios medio ambientales provocados por la subida constante de las temperaturas. Permitir que estas especies se asienten en nuestro territorio equivale un poco, creo yo, a guardar un as en la manga por lo que pueda ocurrir en el futuro. Un futuro del que pocos climatólogos dudan, sea dicho de paso...



(1) Vázquez Pardo F. M. et al. (2016) / Aportaciones a la Xenoflora de Extremadura / Folia Botanica Extremadurensis, Vol. 10, pp. 137-15



Muchas familias presentes hoy en día en la flora europea están únicamente representadas en Europa por especies herbáceas o, a veces, subarbustivas que son en realidad muy poco representativas de la diversidad de esas familias a nivel mundial. Llama mucho la atención, por ejemplo, que en una familia como la de las violetas, representada en nuestro continente por el único género Viola, muchos géneros tropicales sean arbustos, lianas o árboles. Lo mismo cabría decir de la familia de las Rubiáceas inmensa familia (ca. 13150 especies) con una mayoría de géneros y de especies en las regiones tropicales y a la que pertenece el género que examinamos aquí hoy con más detenimiento. Una familia de la que todos conocemos, sea dicho paso, al menos un género: Coffea, los cafetos, cuyas semillas se utilizan para producir el café.




Inflorescencia de Cephalanthus occidentalis / Fotografía: Rufino Cacho / Licencia: Creative Commons Attribution ShareAlike 2.5



El género Cephalanthus, originario de las zonas tropicales y templadas de América, África y Asia, está integrado por 6 especies de arbustos y de pequeños árboles. A nadie le sorprenderá, viendo su actual área de distribución, que ese género haya estado presente también en Europa antes de las glaciaciones. Son bastante escasos, sin embargo, los indicios de su presencia, el género habiendo sido identificado fundamentalmente gracias a sus frutos (mericarpos), única parte de la planta que se preserva. Todos los restos fósiles encontrados se han adscrito a la especie fósil Cephalanthus pusillus, presente en Europa en el Mioceno y el Plioceno. De este último período datan los depósitos fósiles del norte de Italia y de Rumanía que se han reportado en el mapa. Es interesante notar, sin embargo, que aunque el género esté hoy en día ausente del continente europeo, los restos fósiles más antiguos adscritos a ese género se han encontrado, precisamente, en Europa (2).




Todas las especies actuales de este género son especies que suelen crecer en zonas frescas, en la orilla de los ríos o en zonas pantanosas, lo que se corresponde bastante bien con el tipo de depósitos en los que se han encontrado sus restos. De estas especies, la más conocida es sin lugar a dudas el cefalanto o “aroma de laguna”, como se le llama en Cuba (Cephalanthus occidentalis), que se cultiva ocasionalmente como ornamental y cuyo cultivo en España se remonta ya a bastante tiempo, puesto que ya figuraba en el catálogo de los árboles y arbustos del Jardín del Príncipe de Aranjuez establecido por Antonio Ponz en 1756 (1).




CephalanthusFamilia: RubiaceaeOrden: Gentianales

Arbustos o árboles inermes; yemas cónicas. Rafidios ausentes. Hojas verticiladas u opuestas, dísticas, generalmente con domacios; estípulas persistentes o a veces caducas, interpeciolares, triangulares, en el ápice a veces con una glándula negra. Inflorescencias terminales y a veces en las axilas de las hojas superiores, capitadas con varias cebezuelas globosas, multifloras, pedunculadas, bracteadas; brácteas claviformes a claviformes-espatuladas. Flores sésiles, hermafroditas, monomorfas. Cáliz de limbo 4(5)-lobulado. Corola de color blanco a crema, de hipocraterimorfa a infundibuliforme, variablemente pubescente en el interior; lóbulos 4, imbricados (y quincunciales) en la yema floral. Estambres 4, insertos en la garganta de la corola, parcialmente exertos; filamentos cortos; anteras dorsifijas, bífidas en la base. Ovario 2-locular, óvulos 1 en cada lóculo, apical y péndulo, anátropo; estigma clavado a capitado, exerto. Cabezuelas globosas en la fructificación. Fruto en esquizocarpo, obcónico a turbinado, seco, con la extremidad del cáliz persistente; mericarpos 2, indehiscentes, con 1 semilla, obcónicos, papiráceos y rígidos; semillas medianas, elipsoidales oblongas, con arilo blanco esponjoso.

Descripción:  Flora of China




La especie norteamericana (Cephalanthus occidentalis), no difiere mucho de C. tetrandrus originaria de China, que antiguamente se consideraba como la misma especie. Se trata de un arbusto muy valorado en Norteamérica como planta ornamental para zonas húmedas, tanto por la belleza de sus hojas, lustrosas, como por sus llamativas inflorescencias cuyas olorosas flores atraen a las mariposas. Personalmente nunca he tenido la ocasión de observarla o, al menos, no he sido consciente de ello. No me extrañaría que esté presente en el Real Jardín Botánico de Madrid pero lo cierto es que no he encontrado menciones de ello en la web del jardín botánico o en internet. Si alguien tiene alguna experiencia en cultivarla, que no dude en dejar su testimonio en los comentarios...



(1) Viage de España, en que se da noticia de las cosas más apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella / Antonio Ponz / Madrid, 1778 (tercera edición corregida y aumentada)
(2) Mai DH, Walther H (1985) The Upper Eocene floras of the Weisselster basin and adjacent areas. (in German) Abh Staat Mus Miner Geol Dresden 33:1–260.



Todos conocéis a Charles Darwin y sabéis que fue el padre de la teoría de la evolución, que revolucionó por completo la biología. Muchos sabéis que el desarrollo de esas ideas debe mucho a un viaje que realizó en el Hemisferio Sur que culminaría visitando las islas Galápagos. Esas islas son un auténtico laboratorio a cielo abierto en las que la evolución sigue su curso bajo la atenta mirada de los científicos. Pocos sabréis, sin embargo, que al volver de las Galápagos, Darwin hizo escala en la pequeña isla de Ascension, en medio del Atlántico, que llamó mucho su atención por su casi total ausencia de vegetación. Aquella isla era tan inhóspita que el alemán P. Osbeck llegó a escribir de ella en 1752 lo siguiente “I never saw a more disagreeable place in all the world than this island” (No he visto nunca un lugar más desagradable que esa isla en todo el mundo). Sabiendo que en aquella época tan solo había en la isla unas 29 especies de plantas nativas, ninguna de ellas arbórea o leñosa, se entiende mejor la impresión de desolación que debió causarles.




El Beagle a su paso por el Estrecho de Magallanes



Sugirió más adelante Darwin a su amigo Joseph Hooker, futuro director de los Reales Jardines Botánicos de Kew, plantar arboles y plantas que lograran mejorar las condiciones de vida en esa isla. La idea no cayó en saco roto y a partir de mediados del siglo XIX se inició un programa de plantación de especies provenientes de distintos lugares del mundo en las zonas más altas de la isla, a priori más húmedas y más favorables a su establecimiento. El éxito fue rotundo. Hoy en día una espesa selva cubre parte de la “Green Mountain”, cuyo nombre refleja perfectamente lo ocurrido sobre esa isla. El éxito de esa idea, sin embargo, incomoda mucho a los biólogos conservacionistas, que no aceptan la idea de que auténticos ecosistemas funcionales sean capaces de desarrollarse en tan poco tiempo y de perdurar. Algunos, incluso, han llegado a afirmar que la vegetación desarrollada no tenía ningún futuro y que pronto desaparecerá. Las observaciones de terreno, sin embargo, demuestran más bien lo contrario, tal como sugieren los dos mapas que muestran el número de especies observadas en la isla en 1958 y en 2008. El número de especies ha aumentado en gran parte de la isla, demostrando que estamos aún muy lejos de haber alcanzado un estado de equilibrio. Resulta curioso constatar que siglo y medio más tarde, las ideas del señor Darwin siguen levantando ampollas...



De forma natural, las especies se han distribuido en 3 pisos de vegetación que reflejan la distribución de las precipitaciones según la altitud. El número de especies aumenta progresivamente hasta alcanzar un total de 139 especies en la cima de la principal elevación de la isla (Green Mountain):



< 330 m

Zona seca constituida por parches de hierbas como Ageratum conyzoides y Enneapogon cenchroides y arbustos resistentes a la sequía como el mezquite (Prosopis juliflora) y el falso tabaco (Nicotiana glauca). En las zonas costeras, que reciben aportes de sal, se pueden ver especies como Heliotropium curassavicum , Argemone mexicana y Chenopodium murale.




Hojas e inflorescencias de Prosopis juliflora / Fotografía: B.navez / Licencia: CC BY-SA 3.0



330-630 m

Este piso está dominado por especies arbustivas como la trompeta de oro (Tecoma stans) y el guayabo (Psidium gojava) en asociación con la chumbera (Opuntia vulgaris), en retroceso tras la introducción de Cactoblastis cactorum, una polilla que lo ataca.




Flores de la trompeta amarilla (Tecoma stans, / Fotografía:



> 630 m

Las zonas más elevadas de la isla son también las más húmedas y en ellas se han asentado la mayoría de las especies, que han constituido un auténtico bosque tropical. Al haberse hecho muchos ensayos en este piso, éste resulta ser mucho más heterogéneo que los pisos subyacentes. Aquí crecen especies como el café (Coffea arabica), el platanero (Musa sp.), la higuera (Ficus microcarpa), Pandanus utilis, el podocarpo del Cabo (Podocarpus elongata), el pino de Norfolk (Araucaria heterophylla) y Elaeodendron capense. En el sotobosque crecen especies como Clerodendron fragrans, Alpinia zerumbet, Pteris cretica, hibridos de Bouganvillea, Hippeastrum reginae, Bambusa sp, Furcraea gigantea, Clidemia hirta, Rubus rosifolius, Mirabilis jalapa, Ageratum conyzoides , Physalis peruviana , etc. Los bosques formados en esta zona nubosa ofrecen condiciones ideales y un hábitat idóneo para muchas briofitas y helechos endémicos, que antes vivían sobre las rocas y que dependen ahora para sobrevivir de la existencia de esos bosques noveles.




Inflorescencia de la azucena de porcelana (Alpina zerumbe), Green Mountain, Ascensión / Fotografía: Drew Avery / Licencia: CC BY 2.0



Además de las plantas, la isla también cuenta con algunas especies de vertebrados introducidas voluntariamente o accidentalmente y cuya presencia desempeña un papel importante para algunas especies de plantas. El mayor animal "terrestre" nativo de la isla es, en realidad, un cangrejp que se alimenta exclusivamente de plantas. Existen sin embargo poblaciones ferales de asnos, ovejas, ratones y ratas. Los gatos, en cambio, han sido totalmente erradicados de la isla. Las aves introducidas son poco numerosas pero desempeñan un papel fundamental en la dispersión de muchas semillas.

¿ Porqué despierta tanto interés la vegetación de esa isla ? Sobre todo porque viene a demostrar que especies que no han coevolucionado son perfectamente capaces de convivir y de constituirse en un ecosistema funcional en el que cada especie ocupa los nichos disponibles y desempeña una función particular. De cara al futuro y a la recuperación de tierras degradas, este ejemplo nos demuestra que es posible recuperarlas utilizando las especies adecuadas, capaces de prosperar en ellas y de contribuir activamente a su recuperación. Hoy en día la isla de Ascensión se pone a menudo como ejemplo del desarrollo de ecosistemas noveles. Ecosistemas en los que especies que nunca habían convivido unas con otras son capaces de interactuar y de asumir funciones en el ecosistema que permiten su normal funcionamiento. Asumir esa realidad cambia por completo la idea que nos hacemos de las especies exóticas y de la manera en que se tienen que gestionar las especies invasoras y esa es una perspectiva que a muchos conservacionistas les resulta aterradora.




Pequeño bosque de bambú en la cima de la Green Mountain, en la isla de Ascensión / Fotografía: dizzyshell42



En muchas regiones del mundo, la sobre explotación de los recursos naturales y de la tierra por el hombre ha llevado a la destrucción de los bosques primarios y en última instancia a la desertificación. Obsesionados por preservar a toda costa los reductos de bosque primario, la comunidad científica y los grupos ecologistas no han prestado hasta ahora mucha atención a un fenómeno en auge que, lejos de suponer una amenaza, resulta más bien esperanzador de cara al futuro: el desarrollo de ecosistemas noveles en los que, gracias a la llegada e implantación de nuevas especies, logra mantenerse el normal funcionamiento del ecosistema. Evocábamos en un anterior artículo el caso de Puerto Rico, que ha recuperado buena parte de sus bosques desde mediados del siglo XX gracias a la presencia de árboles exóticos. Como vimos en aquél artículo, no solamente esos bosques secundarios han logrado restablecer todos los servicios ecosistémicos que prestaba el bosque primario sino que además favorece ahora la recuperación de algunas especies del bosque primario, que encuentran en esos bosques secundarios las condiciones necesarias a su desarrollo. Ojalá ejemplos como los de Puerto Rico y de Ascension nos hagan reflexionar un poco y logren convencernos de que la involución autoctonista que parece haberse apoderado de muchas mentes no nos lleva a nada bueno...



Frutos de Podocarpus macrophyllus en el Real Jardín Botánico de Madrid.


Al observar sus frutos y sus hojas hace años en el Parque del Retiro, me costó un poco realizar que el arbolito que estaba observando era, en realidad, una conífera. El fruto es, en efecto, una de las características más llamativas de las especies pertenecientes a la familia de las Podocarpáceas. La semilla, portada por un pedúnculo y un receptáculo engrosado constituido por la fusión de varias brácteas, parece una drupa, al estar cubierta por una capa externa carnosa. Se trata de una familia constituida por unas 170 especies distribuidas principalmente por las regiones tropicales y subtropicales, a menudo en zonas montañosas. Aunque la mayoría de las especies viven en el Hemisferio Sur, también se extiende esta familia hacia el norte en regiones como China, Japón, México, Centroamérica y el Caribe.




Mapa de distribución de la familia de las Podocarpaceae. Angiosperm Phylogeny Website.



La presencia de este género en las zonas templadas del SE asiático, donde tantísimos géneros han encontrado refugio durante las glaciaciones, es un claro indicio de que ese género debió de tener un área de distribución mucho más amplia en el pasado. Los indicios de su presencia en Europa a finales del Terciario (Plioceno) y principios del Cuaternario (Pleistoceno) no son muy abundantes y apuntan, tal como muestra el mapa a continuación, a que este género probablemente ya había desaparecido de las partes más occidentales del continente en el Plioceno. El género se mantiene durante el Cuaternario Inferior en el norte de la Península Itálica, el este de la cuenca mediterránea y la región del Cáucaso y del Mar Negro.




Aunque se trata de un género relativamente frecuente en las regiones tropicales y subtropicales, los Podocarpus no suelen ser elementos dominantes de los bosques en los que viven, sino que aparecen de forma dispersa. La mayoría de las especies es propia de climas húmedos y parece evidente que la aridificación de la región mediterránea tuvo algo que ver con la premura con la que este género desapareció de esta región.


PodocarpusFamilia: PodocarpaceaeOrden: Cupressales

Árboles y arbustos perennifolios, dioicos. Hojas alternas, espiraladas, a veces subopuestas y dispuestas en un solo plano, ± monomórficas, lineares, lanceoladas u ovadas-elípticas, ápice agudo o mucronado, nervio central a menudo sobresaliente en una o en las dos superficies, estomas presentes en el envés; hojas juveniles similares a las hojas adultas pero con frecuencia más grandes o más anchas. Estróbilos masculinos, axilares, solitarios o en fascículos, sésiles o cortamente pedunculados, rodeados en la base por varias escamas estériles; microsporofilos numerosos, imbicados, dispuestos en espiral, sacos polínicos 2 en la cara posterior y terminando en un apículo triangular. Estróbilos femeninos por lo general axilares, raramente terminales, solitarios, con un receptáculo carnoso formado por la fusión de dos o más brácteas portando el óvulo exerto, envuelto por un segundo tegumento (epimacio). Semilla de maduración anual, drupácea, seca o correosa, subesférica o elipsoidal, más o menos apiculada, encerrada en una testa doble (epimatio), la interna de consistencia leñosa y la externa carnosa, a veces coloreada y suculenta.

Descripción:  Flora of China & FLORA DEL BAJÍO Y DE REGIONES ADYACENTES




Se cultivan distintas especies de podocarpos en los parque y jardines de la Península pero, debido a sus exigencias ecológicas, no muestran estas especies ninguna tendencia a naturalizarse. La sequía estival y el frío excesivo en invierno son dos factores limitantes para estas especies. A priori, tan solo la fachada atlántica de la Península pudiese ofrecer, hoy en día y muy localmente, las condiciones necesarias para el desarrollo natural de alguna especie de podocarpo. En un futuro, con la subida de las temperaturas -fundamentalmente invernales- tal vez buena parte de Europa Central pudiese convertirse en potencialmente favorable para ellas.




Podocarpus macrophyllus de los Jardines del Real e Valencia. Foto: arbolesconhistoria.wordpress.com



Quienes quieran ver podocarpos en la Península Ibérica deberían en primer lugar visitar los parques de Barcelona, ciudad que alberga algunos de los ejemplares más espectaculares que se pueden ver. Se trata fundamentalmente de podocarpos de hoja de adelfa (Podocarpus neriifolia), que se pueden observar en el parque de la Ciutadella, el zoo, la plaza de Pío XII, el jardín de la Universidad Central o el paseo de Pedralbes, por citar tan solo los lugares más importantes. Un bonito ejemplar de Podocarpus macrophyllus se puede observar, por otra parte, en el parque de aclimatación de Montjuich. Un amplio reportaje fotográfico dedicado a los podocarpos de esa ciudad se puede ver en el blog Árboles con alma. En Madrid los podocarpos son menos frecuentes. Se pueden ver un par de ejemplares de P. nerrifolia en el Parque del Retiro, cerca de la salida que da a la calle de la Estrella y varios ejemplares de P. macrophyllus en el Real Jardín Bitánico. De esta última especie también cabe citar un ejemplar catalogado como árbol de interés local en los Jardines del Real en Valencia. En las regiones de influencia atlántica, como Portugal y Galicia, se cultivan las mismas especies y se pueden ver otras especies mucho menos frecuentes como Podocarpus totara (Parque de Lourizán) o Podocarpus manii (=Afrocarpus manii) en el Jardín Botánico Tropical de Lisboa.




Inflorescencias masculinas de Podocarpus macrophyllus, Prefectura de Chiba, Japón / Fotografía: Wikimedia Commons



Poca cosa os puedo decir de su cultivo, que nunca he intentado. Si alguien tiene alguna experiencia en ello, que no dude en contárnoslo en los comentarios de esta entrada, abiertos a la participación de todo aquél que quiera dejar una opinión acerca de esta entrada o del blog.
Mi interés por el estudio de los ecosistemas del pasado y de las especies que los constituían cristalizó de repente hace unos años tras leer una pequeña nota en la que se reportaba la presencia de unos cipreses de los pantanos a orillas de la Albufera de Valencia, donde parecían haberse propagado de forma vegetativa [1]. De repente me pareció evidente que lo que teníamos en Europa era la versión muy empobrecida de unos ecosistemas que aún perviven en otros lugares del mundo y cuyas especies más emblemáticas desaparecieron de nuestro continente a consecuencia de las glaciaciones...





El ciprés de los pantanos es una especie que la mayoría de las personas conoce de manera indirecta, gracias al cine o a la televisión. Muchas películas y reportajes han sido realizados en los bayous de Luisiana o en las Everglades de Florida, donde la silueta de los cipreses domina el paisaje. Estos bosques desarrollados en zonas pantanosas nos parecen casi tan exóticos como la Gran Barrera de Coral o las vastas extensiones cubiertas de cactus del oeste americano. Sin embargo, la paleobotánica nos enseña que antes de las glaciaciones las zonas húmedas de nuestro continente presentaban un aspecto muy similar al del sur de los Estados Unidos. El ciprés de los pantanos , además, no estaba solo en aquellos bosques hoy desaparecidos, sino que convivía en ellos con otros géneros como Glyptrostrobus, un pariente próximo hoy tan solo presente en una pequeña área del SE de Asia o Nyssa, fiel acompañante del ciprés en los bosques de Norteamérica...




Mina de Bílina, República Checa (Mioceno) - http://botany.cz/en/taxodium-dubium/



El ciprés de los pantanos es una especie norteamericana de la que existen distintas variedades que difieren relativamente poco entre ellas. Son fundamentalmente diferencias fenológicas, ecológicas y en su distribución geográfica las que han llevado algunos botánicos a separar en dos especies diferentes las variedades del sur de los Estados Unidos de la variedad presente en México y Guatemala. Desde un punto de vista morfológico, existe una gradación completa entre las distintas variedades que no permite distinguirlas claramente en base a caracteres morfológicos. Esto explica que en una flora como Flora of North America tan solo se describan como variedades lo que en otras floras describen como especies. Las variedades / especies actualmente reconocidas son las siguientes:


Taxodium distichum var. distichumTaxodium distichum var. distichumSE y S de los Estados UnidosEspecie riparia y de zonas pantanosas entre 0 et 100 m
Taxodium distichum var. imbricariumTaxodium distichum var. imbricarium
Taxodium distichum var. mexicanumTaxodium mucronatum (= Taxodium huegelli)Guatemala, México, Texas (Rio grande)Esencialmente riparia entre 300 et 2500 m d'altitude


Es interesante señalar que el ciprés de los pantanos y el ahuehuete pueden hibridarse. El híbrido, conseguido en China a finales de los años 70 por el doctor Chen Yong Hu del Jardín Botánico de Nanjing, se utiliza a menudo hoy en día en aquél país, donde se le conoce y comercializa bajo el nombre de NANJING BEAUTY.





Los restos fósiles de este género encontrados en Europa y en Asia difieren poco de la especie actual (sensu lato). Se han atribuido a una especie fósil (Taxodium dubium) que algunos autores consideran sin embargo como una simple subespecie de la actual. Tal como demuestra el mapa anterior, el ciprés de los pantanos (s.l.) estaba presente hasta altas latitudes en el Plioceno y a comienzos del Cuaternario (Pleistoceno Inferior). El progresivo deterioro del clima durante el Pleistoceno Medio mantuvo este género confinado a orillas de la Cuenca Mediterránea, sobreviviendo por más tiempo en el E de la misma, donde casi alcanza el Pleistoceno Superior.

Uno podría preguntarse, viendo esto, cual de las dos especies actuales sería la mejor adaptada a las actuales condiciones climáticas europeas. En realidad esta pregunta probablemente no tenga mucho sentido. El ciprés de los pantanos probablemente se diferenciara en una multitud de variedades locales en la extensa área que ocupó y debieron existir variedades próximas a ambas especies. En España, sin embargo, parece que el ahuehuete está mejor adaptado a las condiciones más continentales de buena parte de la Península y probablemente sea la especie más prometedora. El extraordinario éxito de esta especie en los Jardines del Príncipe de Aranjuez demuestra claramente el potencial de esta especie que podría, con el cambio climático, desempeñar un papel muy importante en el futuro.


Taxodium mucronatumFamilia: CupressaceaeOrden: Pinales

Árbol decíduo en las regiones más frías o subperennifolio en las regiones más cálidas, de hasta 50 m de altura; tronco ensanchado en la base, de hasta 4 m de diámetro; corteza gris a castaño-grisácea, que se exfolia en largas tiras; copa anchamente cónica; ramas principales erectas a horizontales; ramillas terminales péndulas en los árboles maduros. Ramillas largas persistentes, con hojas escuamiformes de 2-4 mm de largo. Ramillas cortas decíduas, con apariencia de hoja pinnaticompuesta, de contorno elíptico, 4-10 × 0.7-1.4 cm, provistas de unos 20-60 pares de hojas en disposición dística, lineares, planas, finas y flexibles, con una vena media de 0.15-0.25 mm de anchura y 4 o 5 bandas estomatales bien separadas, bandas marginales 0,2-03 mm de anchura, ápice mucronado. Conos masculinos ovoideos, prácticamente sésiles, dispuestos en largas y laxas panículas espiciformes de (5-)13-25 cm. Conos femeninos glaucos, ovoides, 1,5-2,5 cm.



Aunque el ahuehuete es un árbol relativamente poco cultivado en España, es sin embargo bastante conocido por los madrileños, que se enorgullecen de tener un extraordinario ejemplar en el parque del Retiro, considerado como el árbol más viejo de la ciudad de Madrid. Esa afirmación, sin embargo, es probablemente falsa. Una leyenda urbana cuenta que ese árbol lo trajo de México el propio Hernán Cortés pero la existencia de ejemplares mucho más imponentes en Aranjuez, plantados en el siglo XVII, deja más bien pensar que ese árbol sea hijo de uno de los ejemplares plantados en Aranjuez. Uno de los dos ahuehuetes plantados junto al Estanque de los Chinescos, en el Jardín del Príncipe de Aranjuez, mide 38 metros de altura y su tronco tiene una circunferencia de 9,72 m a 1,3 m del suelo. En comparación, el ahuehuete del Retiro es un enano con sus 25 metros de altura y su tronco de tan solo 5,70 metros de circunferencia. Es pues mucho más probable, teniendo en cuenta que se trata de un árbol de crecimiento rápido, que el árbol del Retiro haya sido plantado a mediados del siglo XIX a partir de semillas traídas de Aranjuez.




Jardín del Príncipe (Aranjuez) - https://arbolesdemadrid.wordpress.com/tag/ahuehuete/



El cultivo del ahuehuete a partir de semillas no presenta especiales dificultades. Claro que para ello hace falta disponer de semillas, me diréis. Afortunadamente, Aranjuez se encuentra a media hora de tren de Madrid y tan solo se necesita estar atento a la fecha para visitar el Jardín del Príncipe cuando los conos del ahuehuete se disgregan y caen sobre el suelo (a principios de noviembre). Las semillas germinan sin ninguna dificultad, sin que sea preciso someterlas a ningún tipo de tratamiento. Personalmente conservo las semillas sobre la terraza hasta el momento de sembrarlas, a finales de febrero.




Las plántulas de Taxodium tienen de 4 a 9 cotiledones. La de la fotografía es una plántula de ahuehuete.



Los pequeños ahuehuetes de uno o dos años deben luego ser plantados en un suelo preferentemente constantemente húmedo. Si las condiciones le convienen, se enraíza rápidamente y empieza entonces a crecer con gran vigor. Aunque se trate de una gimnosperma, me he dado cuenta rápidamente que eso no les importa mucho a los conejos, felices de comerse las ramillas y los tallos de mis pequeños ahuehuetes. Un auténtico desastre que me ha obligado a proteger al único superviviente de la masacre que, por ahora, tiene una pinta estupenda y crece feliz entre la vegetación ribereña del pequeño arroyo al lado del que lo he plantado.




Joven ahuehuete creciendo entre la vegetación ribereña de un pequeño arroyo. Por ahora (julio de 2019) tan solo mide aproximadamente 1,20 m de altura pero crece con rapidez. Debería alcanzar los 2 metros de altura el año que viene..



[1] Laguna Lumbreras E. (2001) / Taxodium distichum (L.) L.C.M. Richard, planta nueva para la flora valenciana / Flora Moniberica, Vol. 18, pp- 26-27



La repetición de sucesivos episodios glaciares y el impacto de la presencia humana han modificado por completo las faunas del continente europeo en el transcurso del Cuaternario y han llevado a la desaparición de casi todas las especies de depredadores que vivían en Europa. Especies como el lobo, el oso y el lince se han salvado in extremis y tan solo hoy, muy poco a poco, van recuperando parte de su antigua área de repartición. Nuestros ecosistemas, sin embargo, siguen echando en falta un tipo de depredador que aún está presente (aunque a menudo gravemente amenazado) en la mayoría de los continentes: los grandes felinos...



Leopardo persa soltado en el Cáucaso ruso (Kavkazsky) / Fotografía: Daniel Manganelli

En todos los continentes salvo Europa y Oceanía (un caso aparte), los grandes felinos constituyen el ápice de la pirámide trófica. Ellos son los que, en última instancia, controlan las poblaciones de herbívoros, contribuyendo a mantener el necesario equilibrio en los ecosistemas. La actual ausencia de grandes felinos en el continente europeo se debe exclusivamente a la acción del Hombre. En todos los interglaciares anteriores, los grandes felinos estuvieron presentes en casi toda Europa. Lo que diferencia el actual periodo interglaciar de los anteriores es, claramente, el impacto que han tenido sobre la flora y la fauna las actividades humanas. Las grandes fieras, consideradas como un peligro para el Hombre y su ganado y vistas como competidoras por los cazadores, fueron sistemáticamente perseguidas y eliminadas. Resulta difícil imaginar que hasta la Antigüedad hubiese leones en algunos puntos del continente europeo pero así fue. Hercules, en su mítico enfrentamiento con el león de Nemea, no tuvo que irse de safari a Namibia para encontrar leones. Éstos, en efecto, aún estaban presentes en el SE de Europa cuando se desarrolló la civilización griega.



Detalle del mosaico romano de Los Doce Trabajos de Liria (Valencia, España). Museo Arqueológico Nacional.

Llama mucho la atención, en cualquier caso, el realismo con el que los artistas de la Antigüedad representaron a éstos animales en su arte, fruto de un contacto real y continuo de esas civilizaciones con aquellos animales. Apenas mil años más tarde, los artistas del medievo se tomaron muchas libertades a la hora de dibujar estos animales, que tan solo conocían de manera indirecta y que muy poca gente en Europa (salvo algún cruzado tal vez), había tenido el privilegio de observar. Aunque este episodio del león de Nemea forma parte de la mitología, la arqueología y la Paleontología han corroborado la realidad de la presencia de grandes depredadores en Europa hasta fechas relativamente recientes, en particular en la Península Ibérica, donde tanto el leopardo como el león lograron sobrevivir en la región cantábrica hasta el Holoceno [1].




Esqueleto casi completo de un leopardo de unos 300'000 años encontrado en la Sima del Avenç (Valencia), hoy expuesto en el Museo de Prehistoria de Valencia.

El caso es que ambas especies desaparecieron por completo del continente europeo y de prácticamente todas las zonas templadas de Asia. El león es el que se llevó la peor parte. Aunque logró sobrevivir casi hasta nuestros días en el norte de África, el león del Atlas ya no se conoce en estado salvaje. Del león asiático, ya tan solo existe una reducidísima población en el Parque Nacional de Gir en la India. El leopardo tiene un área más extensa en Asia, pero no deja de ser un animal muy raro en las zonas templadas. Muchas personas han planteado el regreso de estos grandes depredadores pero tanto la mala situación de ambas especies como su objetiva peligrosidad en un continente superpoblado como Europa, donde la gente no está acostumbrada a convivir con grandes depredadores, convierten esa idea en un sueño difícilmente realizable. ¿ Tenemos pues que resignarnos los europeos a dejar en manos de los cazadores la gestión de la creciente población de herbívoros de este continente ? Eso pensaba yo hasta que descubrí en internet el siguiente reportaje...


Este reportaje sugiere que en la región del Gévaudan (Francia) podrían estar viviendo, en la más absoluta discreción, uno o varios pumas. Fruto de un trabajo de investigación muy serio, basado en testimonios creíbles, el reportaje acaba sin embargo sin alcanzar su objetivo, que era el de demostrar la presencia del puma en esta región del centro de Francia. A pesar de ello, me ha parecido interesante la idea que un felino originario de Norteamérica pueda ocupar en la cadena trófica el lugar que le corresponderían a otros felinos desaparecidos. O sea, que el puma llegue a desempeñar en nuestros ecosistemas la misma función que esos felinos desaparecidos. Al fin y al cabo, se trata de un nicho vacío que es muy improbable que ni el león ni el leopardo lleguen a recuperaren un continente tan poblado y tan poco preparado para su regreso. El puma es un felino perfectamente adaptado al clima europeo. Es, además, un animal más bien discreto cuya presencia probablemente sería mejor tolerada que la de los leones o del leopardo. Aunque se trata de un animal perfectamente capaz de matar a una persona desprevenida, los casos de ataques de pumas a personas son excepcionalmente raros. Para hacernos una idea, mueren más personas cada año a consecuencia de ataques de jabalíes que de ataques de pumas en décadas. Por lo general, pasa con el puma lo mismo que con el lince: es muy difícil llegar a observarlo a no ser que no seas un rastreador experimentado..




North American cougar (Puma concolor couguar) in Glacier National Park in the U.S. state of Montana. / Fotografía: National Park Service

Nuestros ecosistemas ganarían mucho, desde luego, con la presencia de un depredador como el puma, que sería el depredador ideal en zonas montañosas para controlar las poblaciones de cabras, arruis y demás herbívoros. Incluso el jabalí entraría en la dieta de este animal, tal como lo ha hecho en Chile, donde se ha convertido en una de sus presas favoritas [2]. El puma es, claro está, una especie exótica pero lo que se trata de valorar aquí no es tanto el origen de ese animal como la función que desempeñaría en nuestros ecosistemas, hoy huérfanos y cuya gestión depende en gran medida de la caza. Yo creo sin embargo que el aumento vertiginoso de las poblaciones de herbívoros, a consecuencia del abandono del campo (y de la actividad cinegética) requieren más que nunca que vayamos aceptando las soluciones que nos ofrece la propia naturaleza. Una de ellas es permitir el regreso de los grandes depredadores. Favorecer el regreso del lobo y del oso en muchas regiones sería un primer paso importante. Permitir que un superdepredador como el puma se instale en Europa sería, creo yo, una solución interesante a defecto de poder soltar leones y leopardos en nuestros montes...




El puma sería el depredador ideal en sierras como la de Guadarrama, donde la sobrepoblación de cabras supone ya un grave problema. / Fotografía: Alfonso San Miguel

Por cierto, aunque el puma es, hoy en día, una especie exótica en Europa, las cosas eran muy diferentes a principios del Cuaternario. El antecesor del puma (Puma pardoides) vivía entonces en Europa [3] y ese género aún no había franqueado el estrecho de Bering y alcanzado el continente americano. La vida está en constante movimiento y el pasado nos aprende que las cosas más sorprendentes pueden ocurrir. El regreso del puma a Europa, desde ese punto de vista, sería una extraña jugada del destino, propiciada por el hombre pero no necesariamente exenta de sentido si ese regreso puede servir a que nuestros ecosistemas alcancen el nivel de complejidad que era el que tenían antes de que interviniéramos en ellos...



[1] Sauqué V. & Cuenca‑Bescós G. (2013) / The Iberian Peninsula, the last European refugium of panthera pardus linnaeus 1758 during the Upper Pleistocene /Quaternaire, Vol. 24(1), pp. 35-48
[2] Skewes O. et al. (2012) / El jabalí europeo (Sus scrofa): Un invasor biológico como presa reciente del puma (Puma concolor) en el sur de Chile / Revista Chilena de Historia Natural, Vol. 85, pp. 227-232
[3] Madurell-Malapeira J. et al. (2010) / The Iberian record of the puma-like cat Puma pardoides (Owen, 1846) (Carnivora, Felidae) / C. R. Palevol., Vol. 9, pp. 55–62



Con sus flores de gran tamaño en las que buena parte de las piezas, todas ellas numerosas y libres, se insertan en espiral sobre el receptáculo, la familia de las Magnoliáceas es un buen modelo de como debieron ser algunas de las Angiospermas más primitivas. Las piezas externas (perianto) llegan en algunos casos a diferenciarse en tépalos sepaloides externos y tépalos petaloideos internos e, incluso, a abandonar su disposición espiralada para organizarse en sucesivos verticilos de 3 piezas pero en su conjunto destacan por esa conjunción de caracteres muy primitivos. Se trata pues, como es de suponer, de un familia muy antigua que apareció ya en el Cretácico, con lo que los géneros pertenecientes a esta familia pueden ser considrados, tal como ocurre con otros géneros como Ginkgo,Sequoia, Sassafras, Platanus, etc, como auténticos fósiles vivientes.



Flor del tulipero de Virginia / Fotografía: Amada44 / Licencia: Creative Commons



Los restos fósiles más antiguos atribuibles a esta familia provienen del continente americano, continente a partir del cual logró alcanzar el resto del Hemisferio Norte antes de que desaparecieran por completo los últimos puentes intercontinentales que unían el Nuevo Mundo y el Viejo Mundo en las latitudes más altas de un aún incompleto Océano Atlántico. Tal como ocurriera con otros muchos taxones, sin embargo, las glaciaciones finalmente llevaron a su completa extinción en el continente europeo. Esta familia está constituida por dos géneros, del que hoy examinaremos el menos conocido (Liriodendron), al estar constituido tan solo por dos especies, una americana y la otra asiática, que a menudo han sido consideradas como una única especie.



Distribución actual y fósil del género Liriodendron. La especie asiática (L. chinense) muestra una variabilidad genética mucho mayor que la americana (L. tulipifera), pudiéndose distinguir en sus seno dos poblaciones claramente diferenciadas [1].



Tal como muestra el mapa anterior, el género Liriodendron estuvo presente en buena parte del Hemisferio Norte antes de las glaciaciones. Gracias a que es relativamente fácil de indentificar, debido a la forma tan particular de sus hojas y de sus frutos, este género se conoce desde hace tiempo en los depósitos fósiles de nuestro continente de finales del Terciario (Plioceno) y del Cuaternario (Pleistoceno). Es interesante notar que el caracter truncado de sus hojas es un caracter relativamente reciente, habiéndose observado que las especies más antiguas tenían hojas enteras similares a las del género Magnolia. En Europa, se han encontrado restos tanto en depósito del Plioceno como del Pleistoceno Inferior (Gelasiense). Es interesante notar que en la región del Cáucaso, que fue siempre una zona refugio, el género permaneción bastante más tiempo, hasta el Pleistoceno Medio (Calabriense).



Las especies del género Liriodendron son árboles que necesitan un nivel de precipitaciones más bien alto y eso explica probablemente que en España se esté utilizado fundamentalmente con fines ornamentales. Su uso como especie de alineamiento en calles y avenidas en bastante reciente en todo caso. Ya se pueden ver en Madrid, por ejemplo, en algunos lugares como la Plaza de San Juan de la Cruz, en el lado opuesto al Museo Nacional de Ciencias Naturales (para quien tenga la posibilidad de pasar por aquél lugar). En otros países europeos, en cambio, sí que se ha ensayado como árbol forestal, destancando sobre todo las 800 hectáreas plantadas en el SW de Francia. De cara al futuro, parece evidente que esta especie presenta un interés considerable como especie maderable en buena parte de Europa central y del norte.


LiriodendronFamilia: MagnoliaceaeOrden: Magnoliales

Árboles caducifolios. Médula compartimentada. Hojas claramente alternas, no agrupadas en falsos verticilos terminales; estípulas tardíamente caducas, libres. Limbo de la hoja uniformemente (2-)4-6(-10)-lobado, de base redondeada a ligeramente cordada o truncada, ápice anchamente truncado o emarginado; envés glauco, haz lustroso, suave. Flores protóginas, que se desarrollan al mismo tiempo que las hojas; tépalos(7)9, petaloideos, de ápice recurvado, de color amarillo verdoso con una banda o mancha anaranjada cerca de la base, tépalos exteriores sepaloideos, reflejos, verdes; estambres sobre un corto toro, tardíamente caducos, espiralados; filamentos 1/3-1/2 la longitud de las anteras, éstas extrorsas. Sámaras caducas, indehiscentes, agrupadas en un cono seco en forma de huso. Semillas adheridas al endocarpo seco. x = 19.

Descripción:  eFlorss




El tulipero de Virginia es una especie de la que es muy fácil conseguir semillas por internet, las principales empresas que se dedican a la venta de semillas incluyen esa especie en sus catálogos. Tampoco parece muy difícil conseguir semillas de la especie asiática. No tengo, personalmente, ninguna experiencia en la siembra de este árbol que, de todos modos, tan solo tendría sentido plantar en la cornisa cantábrica y fachada atlántica. Si alguien tiene algo de experiencia en el cultivo de este árbol, le invitamos encarecidamente a que comparta con nosotros su experiencia.




Hoja de Liriodendron tulipifera, fotografiada en uno de los ejemplares de la Plaza de San Juan de la Cruz (Madrid).



(1) Chen J. et al. (2019) / Liriodendron genome sheds light on angiosperm phylogeny and species–pair differentiation / Nature Plants, Vol. 5, pp. 18–25



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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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