Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Llevo un tiempo preparando una serie de fichas didáctcas que pretenden ser una especie de resumen de lo que cuento en mi libro "Rumbo al Plioceno" y que creo que podrían ser útiles para todos aquellos que intentan explicar la realidad del cambio climático y sus consecuencias actuales y futuras en los ecosistemas de este país y continente. Cualquier persona que necesite de un material de apoyo para sus cursos o conferencias y no encuentra nada convincente en la web dispone aquí de una serie de fichas en las que se ha intentado ceder todo el protagonismo a las imágenes y figuras, reduciéndose el texto, en la medida de lo posible, a una sucinta explicación de las figuras presentadas.

No soy yo ningún especialista en ninguno de los temas que presento aquí. Soy un simple vocero, que intenta explicar de forma sencilla temas que no lo son tanto o que algunos intentan envolver en un halo de incertidumbre que realmente no existe en el mundo científico respecto a un fenómeno (el cambio climático) cuyas causas están hoy en día claramente establecidas y cuyas dramáticas consecuencias a duras penas aceptamos a la vista de la amplitud de los cambios que se avecinan, que solo un cambio radical en nuestra relación con la naturaleza podría atenuar. Nuestro futuro está ya en gran parte comprometido. Los cambios que hemos provocado en los grandes equilibrios de este mundo son en gran medida irreversibles y no nos debe caber duda de que tarde o temprano la naturaleza nos hará pagar por ello una factura cuyo coste no podemos aún ni imaginar.

Estamos, sin embargo, aún a tiempo para reaccionar, pero esto supone aceptar que tenemos un problema grave. Además de intentar parar cuanto antes la locomotoca desbocada en la que se ha convertido nuestra sociedad, que en vez de frenar parece creeer que acelerar aún más puede ser la solución a todos sus males (como si electrificarlo todo no tuviese un impacto brutal sobre los ecosistemas del planeta). Estas fichas tan solo pretenden ser un pequeño diagnóstico de la situación, basado en los síntomas más evidentes de la crisis actual. Vale, no soy doctor, ni tan siquiera investigador y quienes quieran desacreditarme lo tendrán bien fácil. Pero si algo he aprendido con el transcurso de los años, es que no hay mejor manera de separar la paja del grano que poniendo constantemente en duda lo que uno sabe o cree saber. Los que siguen a pies juntillas aquellos que pretenden imponernos sus verdades son

Evolución de la cantidad de CO2 en la atmósfera y de la temperatura media
Personas patinando sobre el estanque del Palacio de Cristal de Madrid
Evolución de la temperatura media anual en Madrid.
Subida de la temperatura media anual en España entre 1961 y 2018
Evolución de la temperatura media global diaria desde 1940
Avance de los climas áridos en España.
Distribución actual y pretérita de Rhododendron ponticum
Reconstituciión de la vegetación miocénica de la región de Lausana (Suiza)
Aumento del número de días de inundación en Venecia.
valign=topSubida del nivel del mar tras la última glaciación
El glaciar de Muir, Alaska, en 1941 y en 2005
Evolución del consumo energético mundial según la AAPG
Evolución prevista por los modelos de la temperatura media global
Evolución de la temperatura media global en los últimos 22.000 años
Expansión de los robles caducifolios en Europa tras la última glaciación.
Zonas del Bajo Guadalquivir que quedarían inundadas si el mar subiera unos 3 metros
Subida previsible de los pisos de vegetación en la Sierra de Guadarrama
Climas en Europa a finales de este siglo
Cuando el pasado y el futuro convergen...
Con el paso del tiempo, todo pasa...
El tojo, invasora de libro, madrina de especies autóctonas...
Evolución del número de citas del ailanto en España
Área potencial actual y futura de la cabra montés y del camachuelo trompetero.
Ecosistemas noveles: el ejemplo de Puerto Rico
Migración asistida: el trabajo pionero de los Torreya Guardians.
Migración asistida: algunos ejemplos.
Migración asistida: ¿Tenemos un plan B para salvar el pinsapo?.
Migración asistida: conseguir una transición suave entre ecosistemas

Cansado de ver cómo todos mis esfuerzos por plantar árboles han sido sistemáticamente echados por tierra por personas que piensan ser defensoras de la naturaleza y de la ley, he decidido ya no plantar nada en ese lugar. Me han acusado de plantar plantas exóticas invasoras, demostrando esas personas su profunda ignorancia del tema (ya me contarás tú qué tiene de invasor un ahuehuete). Arrancaron gran parte de los árboles que había plantado y hasta tuvieron la desfachatez de plantar robles en su lugar. Los conejos fueron también un fiero enemigo pero aprendí a lidiar con ellos, protegiendo bien mis arbolitos y sabiendo escoger los protectores mejor adapatados. Pero contra la tremenda falta de respeto de las personas que hoy me llevan a cesar mi actividad en el descampado, no hay nada que hacer, porque resulta demasiado fácil destruir en poco segundos lo que ha tí te ha costado meses o años de esfuerzo. Muchos de los árboles que planté nacieron de semillas que yo mismo fui a recoger y sembré luego sobre mi terraza. Las plántulas desarrolladas sobre mi terraza durante uno o dos años (dependiendo del desarrollo que alcanzasen) luego las tranasplantaba en el decampado donde empezaba otra etapa llena de peligros pero no imposible de superar con un mínimo de cuidados.

Mi ilusión se rompió definitivamente hace ya año y medio, cuando transplanté una pterocaria del Cáucaso que mostró entonces un inusitado vigor y mostraba un aspecto extraordinario que dejaba presagiar que en ese lugar iba a dearrollarse un árbol impresionante. Cuando volví de vacaciones y vi que había desaparecido tuve muy claro a qué me enfrentaba, porque lejos de hacer desaparecer las huellas de su atentado, los muy h... de p... dejaron en pie el protector que impedía los conejos darse un festín con ese arbolito. Arrancada de cuajo en un protector de unos 15-20 cm de diámetro. Estaba claro que esto había sido intencional. Aún así, seguí cuidando de las plántulas que aún tenía en mi terraza, preparándome para otra temporada.

Esta nueva temporada ha sido la que colmó definitivamente el vaso. Transplanté una docena de pequeños árboles y pronto empezaron a desaparecer como por arte de magia. Me dolió en particular la eliminación de un prometedor ahuehuete y de un espléndido liquidambar oriental que había plantado a orillas del arroyito que nace en el descampado y que habían arraigado perfectamente en el lugar en ql que los planté. En este caso, desaparecieron tanto los árboles como los protectores. No muy lejos de ese lugar también tenía plantada una magnífica Eucommia que desgraciaron por completo al soltarle encima una enorme piedra. La voluntad de los causantes del desastre de firmar su obra estaba más que clara. Sobrevivieron muy pocos de los árboles que planté porque tras esto ya dejé de acudir a un descampado en el que yo era persona non grata...

¿Qué queda pues de mi paso en ese descampado? Casi nada. Un gran braquiquito que ni los conejos, ni los incendios ni las sequías lograron impedir que alcance un tamaño impresionante (debe medir unos 5 metros de altura). Y una Eucommia que año tras año me sorprende por su resistencia a la sequía y que probablemente solo deba no haber sido eliminada gracias a que se esconde entre los álamos... Poca cosa "visible", pues, pero sí mucho mucha experiencia y muchos conocimientos acumulados.

¿Se acabaron mis visitas al descampado? Ciertamente no, porque tras la desaparición del ahuehuete juré que llevaria a cabo la venganza de Moctezuma. No, no arrancaré ningún árbol que ellos hayan plantado, porque todo suma. Como también suma todo lo que crece de forma espontánea...

Considerar al ailanto, originario de China, como una simple especie invasora en nuestro país debido a su éxito reproductor y dedicarse a buscarle todos los defectos posibles para justificar su erradicación impide a quienes caen en esa trampa entender las lecciones del pasado y ver los aspectos positivos que tiene su presencia y la de otras especies exóticas particularmente dinámicas. A menudo leo que las especies invasoras lo son porque no coevolucionaron con las especies autóctonas y que eso les confiere supuestas ventajas competitivas por carecer de enemigos naturales. Si a eso le añadimos su alelopatía y una extraordinaria capacidad de propagación, pues acabamos de describir al enemigo público número uno...



Plántula de ailanto, Botanical Garden in Poznań, Poland. / Fotografía: Salicyna / Licencia: CC BY-SA 4.0

Demasiado sencillo me parece a mí... Parémonos un poco a pensar en las razones que explican el actual éxito del ailanto. El ailanto llegó a Europa bajo la forma de semillas. Sabiendo lo que se tardaba en enviar mercancías de Asia a Europa en aquella época, ya es todo un milagro que las semillas enviadas no perdieran su capacidad de germinar antes de llegar. Pero el punto crucial de esta historia ocurre una vez que la semilla germina y que el pequeño embrión hunde su raiz en tierra extraña. ¿Qué necesita cualquier árbol para poder desarrollarse plenamente? Asociarse con los hongos del suelo para formar lo que llamamos micorrizas. Y, o milagro, los jardineros no tuvieron ningún problema en sacar adelante esas plántulas, tal como ya hiciesen con otras muchas especies norteamericanas y asiáticas traidas de las colonias. ¿Porqué? Porque el ailanto, como gran parte de las plantas, ha coevolucionado con los hongos del suelo y no tiene problemas en asociarse con ellos, independientemente del lugar en el que crezca. Lo mismo podríamos decir de sus polinizadores, muy eficaces, vivan estos en Asia, en América o en Europa. Podríamos pues decir, de manera un tanto provocativa, que el éxito del ailanto se debe en realidad a la coevolución...



Flores del ailanto, especie entomófila que hace las delicias de muchos insectos a los que poco parece importarles su origen...

Que una especie como el ailanto tenga tanto éxito en cualquier lugar del Hemisferio Norte, sin embargo, nos debería dar pistas sobre las remotas razones de su éxito. Se podría decir, de alguna manera, que el ailanto se encuentra en muchos sitios como si estuviese en su propia casa. Creo que ya vais entendiendo por donde os quiero llevar. El ailanto, en efecto, es un empedernido recidivista que tuvo antes de las glaciaciones una distribución holártica (ver mapa). Vamos, que si dejamos de contar el tiempo en milenios para hacerlo en millones de años, el ailanto ya no es tan exótico como parece. En realidad, nuestras especies autóctonas y sus antecesores directos han convivido muchísimo más tiempo con el ailanto que el que llevan searados de él por las glaciaciones. Y lo mismo cabría decir de un sinfin de especies y géneros que no sobrevivieron en Europa (como Ginkgo biloba, Eucommia ulmoides, Taxodium distichum s.l., Zelkova carpinifolia, Parrotia persica, Pterocarya fraxinifolia, Gleditsia, Carya, Liriodendron, Magnolia, etc.).

Muchas de estas especies y géneros tuvieron durante buena parte del Terciario una distribución holártica. Los bosques templados formaban un cinturón contínuo en todo el Hemisferio Norte. De alguna manera se podría considerar un único ecosistema, lo que explica que aun hoy, esos bosques sean muy parecidos, con una flora y fauna muy reconocible. Teniendo todo esto en cuenta, no resultan ya tan exóticas muchas de las especies que podemos ver cultivadas en nuestros parques y jardines. Y no resulta nada exraño que sean capaces de aclimatarse con mucha facilidad en cualquier región con condiciones climáticas favorables. La propagación de algunas de estas especies se puede ver como una invasión pero personalmente, observando las cosas desde una perspectiva temporal amplia, yo solo veo el regreso de muchas especies a la que fue su casa hasta hace relativamente poco tiempo. Se suele acusar estas especies exóticas de uniformizar y de banalizar los ecosistemas. En el caso del Hemisferio Norte, yo creo que se trata más bien de una vuelta al estado inicial, caracterizado por una inmensa biodiversidad que en Europa se ha perdido casi por completo.




Distribución de los bosques templados caducifolios desde el Eoceno / Loidi J. et al, 2022

Añadamos a todo esto que el cambio climático está favoreciendo cada vez más el regreso de especies termófilas totalmente ausentes de nuestros ecosistemas y entenderemos el gran papel que podrían desempeñar en nuestros ecosistemas estas especies vueltas del pasado. El ailanto, una vez más, es un buen ejemlo de ello. Cultivado desde hace siglos en Europa, no se dejaba ver fuera de los parques y jardines urbanos en los que se cultivaba con frecuencia. Su expansión en nuestro país y en Europa es un fenómeno reciente que coincide en el tiempo con el actual episodio de calentamiento global. O sea, que se trata en realidad de un clarísimo ejemplo de expansión ligada al cambio climático, coincidente con la expansión de algunas especies laurófilas en muchos bosques europeos.



Joven palmera de Fortune (Trachycarpus fortunei) creciendo en el sotobosque. Monte Caslano, Ticino, Suiza. / Fotografía: MurielBrendel / Licencia: Creative Commons BY-SA 4.0

Creo que ya va siendo hora de que rehabilitemos al ailanto y que lo veamos como lo que es: una especie colonizadora termófila con una extraordinaria capacidad para colonizar terrenos yermos y fuertemente antropizados que en nuestro país abundan alrededor de nuestras principales ciudades y a lo largo de los grandes ejes de comunicación. Se trata de una especie colonizadora capaz de recuperar suelos, fijar nitrógeno, bajar la temperatura del suelo, crear mantillo, fijar carbono, ayudar a retener agua en el suelo, humidificar la atmósfera por evapotranspiración, etc. Todo ello sin hablar de su importancia como especie melífera (las mieles de ailanto llevan años siendo premiadas en italia) y de la ignorada calidad de su madera, de características similares a la del fresno. Vamos, que reúne una serie de cualidades que nos deberían llevar a reconsiderar su actual estatus. Francamente, si no somos capaces de ver que el ailanto es de las pocas especies que crecen de forma espontánea a proximidad de nuesras ciudades es que realmente estamos ciegos y no doy entonces ni un centavo por nuestra supervivencia como sociedad...

Permítanme acabar este artículo redefiniendo una palabra que deberíamos utilizar más a menudo cuando describimos la flora de algún lugar:

ESPONTÁNEO/A: dícese de las especies y/o ecosistemas que crecen en algún lugar de forma natural, SIN LA AYUDA DEL HOMBRE.

Aplicando esta definición, en mi barrio el ailanto y el olmo de Siberia son especies espontáneas, mientras que la encina es una especie introducida. La diferencia de desarrollo entre ambas, sobre el terreno, salta a la vista:

Esto no significa, claro está, que todas las especies espontáneas vayan a tener tanto éxito. Es muy probable que nazcan plántulas de muchas especies que luego no llegan a desarrollarse plenamente. Lo mismo cabe decir de las especies introducidas, Que sean introducidas no significa que no puedan tener éxito, tal como demuestra mi experienca con el braquiquito en el mismo lugar en el que las encinas están creciendo muy poco. Sean espontáneas o introducidas, las condiciones medioambientales serán siempre las que en última instancia determinarán el éxito de una u otra especie...



Parque Natural de Südgelände, en el emplazamiento de la antigua estación de ferrocarril de Berlín-Tempelhof / Fotografía: Hanson59 / Licencia: CC BY-SA 3.0

Uno de los tesoros naturales más sorprendente que esconde la ciudad de Berlín es el parque natural que se ha desarrollado sobre el antiguo nudo ferroviario de Tempelhof, que fue abandonado a mediados del siglo XX a consecuencia de la construcción del Muro de Berlín. Sobre las vías del tren y entre viejas locomotoras de vapor, la vegetación se ha ido apoderando de esos terrenos y ha nacido un enclave verde muy peculiar: el Natur-Park Südgelände. Tras el cierre definitivo de la estación en 1952, la naturaleza fue poco a poco colonizando estos terrenos, como si se tratase de una nueva isla surgida del océano. Sin apenas intervención humana, se desarrollaron praderas secas y bosques, siguiendo la esperada dinámica de la vegetación. En este entorno aparentemente tan humanizado e inhóspito acabó instalándose una gran variedad de especies que constituyen unos ecosistemas absolutamente únicos. Por esta razón, este lugar fue declarado reserva paisajística y natural en 1999, a pesar de albergar un altísimo número de especies exóticas.



El nudo ferroviario de Tempelhof en 1935 con, abajo a la derecha, la pequeña estación de intercambio.

Al quedar aislada y sin uso esta zona tras la segunda guerra mundial, la vegetación tomó cuenta del lugar y se desarrolló espontáneamente durante más de 70 años, sin ninguna intervención humana. El parque se extiende sobre un total de 18 hectáreas y está surcado por varios senderos que se han construido sobre una pasarela para proteger el suelo. El desarrollo ha sido progresivo, dominando al principio la vegetación herbácea, que ha sido luego desplazada por la llegada de los árboles. Las observaciones realizadas en 1981 y en 1991 demuestran una rápida progresión de la vegetación leñosa en los años 80. No he encontrado datos más recientes pero parece que la situación no ha cambiado drásticamente desde aquél entonces.

1981 1991
Superficie total (ha) 22,4 20,0
Superficie cubierta de vegetación (ha) 21,6 (= 100 %) 19,1 (= 100 %)
Vegetación herbácea (%) 63,5 30,9
Vegetación leñosa (%) 36,5 69,1
      Robinia pseudoacacia 11,2 21,3
      Betula pendula 13,7 23,8
      Betula pendula/Populus tremula ? 5,3
      Populus tremula 1,3 2,3
      Acer platanoides / Acer pseudoplaranus 0,2 1,4
Comparación de las proporciones de vegetación herbácea y leñosa en la zona central del Parque Natural de Südgelände en 1981 y 1991. / Kowarik I. & Langer A. (1994)

Las dos especies de árboles dominantes en este parque natural son el abedul (Betula pendula) y la robinia (Robinia pseudoacacia), que fundamentalmente se han convertido en tales por razones de proximidad. O sea, que había en zonas próximas árboles maduros desde los que se pudieron dispersar las semillas que acabaron germinando en este área. El abedul, en particular, no es un árbol especialmente frecuente en la ciudad de Berlín (), siendo normalmente dominados los bosques desarrollados en eriales urbanos por la robinia. Además de estas dos especies, también ocupan superficies menores (por importancia decreciente) el álamo (Populus tremula), el arce real (Acer platanoides , el roble (Quercus robur,) y el arce blanco (Acer pseudoplatanus). Estas especies tienen por ahora una importancia menor, que podría sin embargo cambiar según vayan envejeciendo y evolucionando estos bosques noveles.



Número de especies y tamaño de las poblaciones de especies arbóreas exóticas y autóctonas en (A) una zona residencial en el centro histórico de Berlín y (B) bosques en descampados urbanos dominados por Robinia pseudoacacia. / Kowarik I. et al. (2013)

Este parque demuestra claramente que por encima de los factores climáticos y edáficos, lo que determina la composición específica de estos bosques es la pura casualidad (o suerte, como querais llamarlo). Existen otros parques similares en Berrlín y estos tienen una composición de especies diferente, a pesar de que todos se han desarrollado sobre terrenos antropizados. Las circunstancias particulares de cada cual puede llevar a "resultados" muy diferentes según la ·disponibilidad" de las distintas especies potencialmente capaces de desarrollarse en este tipo de terreno. La fitosociología, muchas veces, no hace sino poner de manifiesto asociaciones de especies que comparten "apetencias" comunes pero que son bastante circunstanciales.

Ante la imparable progresión de la vegetación arbórea, e intentando siempre preservar el caracter natural de este enclave verde, las autoridades berlinesas han optado por rejuvenecer periódicamente algunas partes del parque a fin de mantener siempre espacios abiertos dominados por vegetación herbácea, en los que se concentra en realidad buena parte de la biodiversided del parque. Remitimos el lector al estudio de Kowarik I. & Langer A. (1994) si desea hacerse una idea de las especies que se puede encontrar en el parque.




Floración de la onagra común (Oenanthe biennis) en una zona herbosa del parque / Fotografía: Kleine Fluchten Berlin

En los rodales de robinia más antiguos, son aún pocos los troncos que se han derrumbado. Aunque el estrato arbóreo está aún dominado por la robinia, ya van apareciendo localmente potenciales competidores (Acer platanoides, Quercus robur, Acer pseudoplatanus), que por ahora se observan sobre todo en el estrato herbáceo, el estrato arbustivo y el arbóreo inferior. Cabe esperar que con el desarrollo de estas especies, disminuya drásticamente la luminosidad en el sotobosque y quede poco a poco desplazada la robinia, tal como se observa ya en algunos bosques italianos, por ejemplo (Motta R. et al., 2009). No parece, sin embargo, que la dominancia de la robinia esté por ahora en peligro en el Parque Natural de Südgelände y esto se debe tanto a que las condiciones de partida eran muy diferentes de las de unas tierras agrícolas o de un bosque y a que la llegada de propágulos sea mucho más limitada y complicada en medio de una ciudad. De todos modos, no hay que perder de vista que el desarrollo de un bosque primario en Europa requeriría siglos (Francis Hallé estima que hacen falta 800 años).



Kowarik I. et al. (2013) / Prevalence of alien versus native species of woody plants in Berlin differs between habitats and at different scales / Preslia, Vol. 85, pp. 113–132
Kowarik I. & Langer A. (1994) / Vegetation einer Berliner Eisenbahnfläche (Schöneberger Südgelände) im vierten Jahrzehnt der Sukzession / Vcm, BCL Ver, Berlin Brandcnburg, Vol. 127, pp. 5-43
Renzo Motta, Paola Nola, Roberta Berretti (2009) / The rise and fall of the black locust (Robinia pseudoacacia L.) in the “Siro Negri” Forest Reserve (Lombardy, Italy): lessons learned and future uncertainties / Ann. For. Sci., Vol. 66, 41

Los pinos, tan denostados hoy en día por los ecologistas de nuestro país, que idolatran las frondosas y quisieran ver crecer especies del género Quercus por doquier, desempeñan sin embargo un papel muy importante en los ecosistemas de la región mediterránea. Los pinos son árboles muy rústicos que suelen colonizar con rapidez los espacios que quedan abiertos tras alguna perturbación. Especies colonizadoras, exigentes en luz y capaces de aguantar condiciones muy duras en las que las frondosas sufren mucho.



Pino piñonero en la Casa de Campo de Madrid / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: Dominio Público

Los pinos han adquirido secundariamente una extraordinaria importancia en Europa y en muchos continentes, al ser árboles de relativamente rápido crecimiento que producen una muy buena madera para muy distintos usos. Por esta razón se ha utilizado masivamente en nuestro país (y en muchos otros) en programas de repoblación a los que no se les dio el seguimiento prometido, que en muchos lugares pasaba por plantar frondosas una vez que se hubiese establecido un primer dosel arbóreo de pinos que permitiese esa transición. Promesas mayoritariamente incumplidas que han despertado los recelos de muchos ecologistas y naturalistas hacia los propios pinos, que son sin embargo especies tan autóctonas y tan imprescindibles como las demás.



Mapa de distribución del género Pinus en el que se muestra el número de especies presentes en cada región. Jin W.T. et al. (2021).

La implantación de este género en zonas de las que estaba históricamente ausente puede criticarse pero no deja de ser cierto que en algunas regiones como la región andina, las plantaciones de pinos y de eucaliptos han supuesto una inesperada fuente de riqueza para muchas comunidades, desarrollándose toda una actividad económica alrededor de la explotación de estas especies en zonas muchas veces totalmente desprovistas de vegetación arbórea. La explotación de esa madera ha permitido en muchos casos prescindir de la explotación de especies autóctonas muy amenazadas. No dejan de ser, claro está, plantaciones y como tales han de considerarse y ser analizadas. Compararlas con bosques naturales no tiene ningún sentido. Nadie espera que un campo de trigo tenga la misma biodiversidad que una pradera natural. El caso es que este género ha expandido considerablemente su área de distribución y probablemente haya llegado a esas regiones para quedarse.

Pinus Familia: Piaceae Orden: Pinales

Árboles, raramente arbustos, perennifolios. Ramificación generalmente verticilada, ± regular. Copa piramidal o redondeada, con frecuencia deprimida y ancha en los árboles adultos. Macroblastos con hojas escuamiformes, sin clorofila; braquiblastos muy cortos, con una vaina membranosa de escamas, terminados por 2-5 hojas aciculares o lineares, cada una con 2 o más canales resiníferos. Conos masculinos agrupados en la base de los brotes anuales. Estróbilos de maduración bi o trienal, con escamas persistentes, las tectrices rudimentarias e inclusas, las seminíferas con la parte externa (apófisis) generalmente provista de una protuberancia (ombligo). Semillas aladas, con testa ± lignificada, a veces comestibles (piñones).

Do Amaral Franco J. / in: Castroviejo & al. (eds.), Flora iberica vol. 1 / http://www.floraiberica.org / Licencia: Creative Commons

El género comprende más de 110 especies distribuidas por todo el Hemisferio Norte que se dividen en dos grandes linajes (subgéneros) que corresponden grosso modo a dos estrategias evolutivas diferentes. El subgénero Strobus está constituido por especies que se han adaptado a vivir principalmente en zonas de mucho estrés sobre suelos pobres en nutrientes o temperaturas extremas de frío o de calor. El subgénero Pinus, en cambio, está constituido por especies que se han adaptado a vivir en zonas regularmente asoladas por los incendios.



Árbol filogenético del género Pinus. Jin W.T. et al. (2021).

El género Pinus posee un abundantísimo registro fósil. Está presente en el 87% de los registros fósiles examinados par la elaboración de estos artículos y en los estudios palinológicos, es casi siempre y de manera abrumadora dominante en el espectro polínico. Esto se debe fundamentalmente a que se trata de una especie anemófila que produce una gran cantidad de polen. Esto lleva en muchos casos a una sobre-representación del pino en muchos sedimentos analizados que no significa sin embargo que siempre sean aportes eólicos lejanos los que explican su presencia. Los pinos siempre han estado omnipresentes en los ecosistemas europeos, desempeñando el papel de especies colonizadoras y dominando solo en condiciones particulares, como pueden ser hoy en día en algunas zonas montañosas, en turberas o en estaciones con poco suelo.

El género Pinus aparece en el registro fósil en el Cretácico Inferior, datando los fósiles más antiguos (Yorkshire, Inlaterra) de aproximadamente 129-131 Ma. Coloniza durante el Cretácico Medio y Superior las latitudes medianas del Hemisferio Norte. Sin embargo, su distribución se restringió a las altas latitudes durante el Paleoceno, debido a que el clima más húmedo y cálido no le era favorable. A partir del momento en que el clima empezó a enfriarse de nuevo (Eoceno) pudo el género Pinus volver a colonizar las latitudes medias y emprender una especiación que estaría en la base de la actual taxonomía de los pinos. Tal como se puede ver en el árbol filogenético que reproducimos a continuación, las principales secciones y subsecciones del género ya quedaron definidas en aquella época.

La diversificación de estos grupos proseguiría luego entre el Oligoceno y el Plioceno siguiendo la progresiva bajada de la temperatura media. Es interesante notar que los principales clados que se diferenciaron evolucionaron en áreas geográficas separadas: las secciones Trifolieae y Parrya son exclusivamente americanas, la sección Pinus es eurasiática y la sección Quinquefoliae es originalmente eurasiática aunque alcanza el continente americano en su expansión.



Conos fósiles de Pinus canariensis, Plioceno, Guardamar del Segura. / Museo Paleontológico de Elche.

En el continente europeo, todas las especies actualmente presentes pertenecen a las secciones Pinus y Quinquefoliae. El polen de ambas secciones se encuentra en muchos palinofloras cenozoicas de Norteamérica y Asia y es frecuente en las floras miocénicas de Europa, sugiriendo cierta continuidad desde el Mioceno hasta nuestros días. Sin embargo, no cabe descartar la presencia y posible desaparición de taxones más termófilos, que no habrían superado el escollo de las glaciaciones. Un buen ejemplo de ello lo tenemos con las especies del clado P. canariensis / P. roxburgiana, al que se han adscrito diferentes fósiles del S de Europa (Kvaček Z. et al., 2014) y que corresponden a un hipotético pino de montaña subtropical, que hubiese poblado los márgenes del mar Tethys. Las poblaciones de P. strozzii y P. timleri del Plioceno y de principios del Pleistoceno representan dos eslabones entre P. roxburghii y P. canariensis, dos especies hoy en día geográficamente aisladas y adaptadas a las condiciones particulares de sus hábitats actuales. El análisis biométrico indica, sin embRGO, que la población geocronológicamente más joven de la isla de Rodas tiene más afinidades con P. canariensis que con P. roxburghii.



Localidades fósiles y áreas de distribución de Pinus canariensis C. Sm. (A) y Pinus roxburghii Sarg. (B). Símbolos: 1. Val ďArno (Italia), 2. Hostens cerca de Burdeos (Francia), 3. Minas a cielo abierto de Hambach y Frechen (Alemania), y 4. Kallithea. Kallithea (Rodas, Grecia). Kvaček Z. et al., 2014

La gran resiliencia de los pinos de alguna manera les asegura un gran futuro de cara al cambio climático. El decaimiento de muchos bosques a consecuencia de la subida de las temperaturas podría favorecer la expansión de las especies de pinos mediterráneas. Solo las especies de pinos muy ligadas a la alta montaña podrían en cambio ver su área de distribución menguar considerablemente. Que una especie como P. cembra no haya logrado establecerse en el norte de Europa tras la última glaciación la convierte necesariamente en una especie muy vulnerable. Ya comentamos lo mismo para Larix europea, especie con la que convive.

En la Península Ibérica las previsiones son a que algunas especies se mantengan más o menos en su actual área de distribución, mientras que otras, como P. sylvestris y P. uncinata, podrían desaparecer de amplias zonas.



Jin W.T. et al. (2021) / Phylogenomic and ecological analyses reveal the spatiotemporal evolution of global pines / PNAS, Vol. 118 No. 20 e2022302118

Kvaček Z. et al. (2014) / Fossil seed cones of Pinus L. (sect. Pinus, subsect. Pinaster Loudon, Sula group) from the late Neogene and early Pleistocene of Europe / Palaeontographica, Abt. B: Palaeobotany – Palaeophytology, Vol. 291, Issues 1–6: 131–164

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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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