Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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En este artículo volvemos a la España "verde", que ya descubrimos en parte al examinar el caso de Galicia en un artículo anterior. A diferencia de gran parte de Galicia, la franja cantábrica de la Península tiene un clima más marcadamente oceánico, con precipitaciones mejor repartidas a lo largo de todo el año. Si bien las precipitaciones disminuyen en los meses de verano, se mantienen por lo general a un nivel por encima de los 30 mm que marcan la diferencia entre el clima Cfb, templado sin estación seca con veranos suaves y el clima Csb, templado con veranos secos y suaves, que vimos que ocupaba gran parte de las zonas interiores y del S del litoral atlántico de Galicia..



Vista Parque Natural de Redes, Principado de Asturias / Fotografía: SusoRedondo / Licencia: CC BY-SA

En ese contexto climático, los bosques de frondosas (robles y hayas) son el tipo de vegetación predominante en toda esa área, siendo muy parecidos a los que se pueden observar en buena parte de Europa occidental y central. Cabe sin embargo destacar la ausencia de algunas especies que no lograron "volver" tras la última glciación, como pueden ser el carpe (Carpinus betulus) y el abeto (Abies alba, que forma bosques mixtos con el haya en los Pirineos y cuya ausencia demuestra cuan difícil resulta para algunas especies colonizar todas la zonas que les son teóricamente favorables. A nadie se le escapa que contrariamente a robles y hayas, la dispersiñón de estas dos especies depende fundamentalmnte del viento...



Izquierda: mapa climático de la Península Ibérica mostrando la repartición de los climas según la clasificación de Köppen-Geiger. Derecha: mapa mostrando el balance entre precipitación y evapotranspiración.

La subida de las temperaturas en esta región hará que, tal como vimos en el caso de Galicia, pronto superemos en muchas zonas el umbral de los 22 grados de temperatura media del mes más cálido, lo que convertiría el clima de esta región al tipo Cfa, templado sin estación seca con veranos calurosos, muy poco difundido en Europa actualmente. En la Península Ibérica, una estrecha franja al S de los Pirineos tiene hoy en día este tipo de clima. En el resto de Europa, es el clima actual de regiones como el valle del Po al S de los Alpes, algunas regiones de los Balcanes, el N de Turquía, Georgia y una pequeña zona del S del Mar Caspio.



Mapa de ubicación de los climas subtropicales húmedos.

A poco que las temperaturas medias suban un par de grados, una ciudad como Santander tendrá un clima de tipo Cfa o Csa "húmedo" o "perhúmedo", muy diferente del de otras regiones de clima Csa del interior de la Península en las que la sequía estival es mucho más prolongada y acentuada. Si comparamos los climogramas de Santander y de Ramsar, a orillas del Mar Caspio, vemos que son bastante similares, con una repartición de las precipitaciones más desigual en Ramsar, donde las lluvias en otoño son mucho más importantes que en primavera, siendo en ambos casos el verano un periodo claramente más seco que el resto del año. La gran diferencia reside en el nivel de las temperaturas veraniegas, sensiblemente más altas en esa región del N de Irán. La subida de las temperaturas medias observada durante las últimas dos décadas nos acerca sin embargo cada vez más a condiciones similares a las del S del Mar Caspio. De hecho, el parecido entre ambas regiones no se limita al clima: la situación de ambas costas al sur de un mar, con la presencia de una cadena montañosa próxima a la costa que separa ambas franjas costeras de regiones interiores mucho más secas no deja de llamar la atención. Resulta pues, creo yo, de lo más interesante saber qué tipo de vegetación crece en esta región y en otras zonas de clima Cfa/Csa húmedo del mundo.



Climogramas de Santander (izquierda) y de Ramsar (derecha)

Aunque Irán es un país en el que predominan los climas áridos, la franja de costa que bordea el Mar caspio disfruta de un nivel de precipitaciones muy superior al del resto del país, convirtiéndola en una región muy verde cubierta por extensos bosques constituidos por especies relictas del Terciario que encontraron aquí un refugio durante las glaciaciones del Cuaternario. Especies que tuvieron una amplia distribución en el continente europeo antes de sucumbir ante el envite del frío. Algunas de esas especies se mantuvieron casi hasta nuestros días en el S de Europa. Es el caso, por ejemplo, de la zelkova (Zelkova carpinifolia), aún presente en el centro de Italia hace tan solo 33.000 años. El género logró mantenerse milagrosamente en Sicilia y en Creta pero desapareció tras esa fecha de la parte continental de Europa. Lo mismo cabría decir de la pterocaria del Cáucaso (Pterocarya fraxinifolia), cuyo polen se ha encontrado en sedimentos datados de hace unos 70.000 años en la laguna del Cañizar en la provincia de Teruel) o del árbol del hierro (Parrotia persica) aún presente en Grecia en los últimos periodos interglaciares. Otras especies como el caqui (Diospyros lotus), en cambio, desaparecieron mucho antes.



El Bosque Hircano del Norte de Irán en la región de Javaherdasht, Provincia de Gilan. Fotografía: Hamid Gholizadeh

El bosque hircano no es la única región del mundo en albergar especies y géneros que estuvieron presentes en Europa antes de las glaciaciones. De hecho, las que sobrevivieron en esa región del Bosque Hircano y del Cáucaso tan solo son una pequeña muestra de la rica biodiversidad que tuvo este continente en épocas pretéritas. Para encontrar algo parecido hoy en día hay que desplazarse hasta China o Norteanérica, donde la geografía permitió que buena parte de esos taxones sobrevivieran, algunos casi a punto de extinguirse. Es el caso del hoy en día muy popular ginkgo (Ginkgo biloba), que vemos ahora plantado en muchas ciudades españolas o del mucho más desconocido árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides), aún presente en la Península Ibérica hace aproximadamente 1,3 millones de años, cuando los primeros hombres ya habían hecho su aparición. Podríamos así citar decenas de géneros, cosa que no haré para no matar de aburrimiento al lector. Remito a mi libro dedicado a las especies paleoautóctonas quienes tengan interés en profundizar este tema (disponible aquí).



Los bosques subtropicales deciduos o perennifolios de SE de China han conservado una rica biodiversidad que convierten esa región en un auténtico reservorio de especies relictuales del Terciario. En la fotografía el bosque de Baishanzu. / Autor desconocido.

Es interesante notar que la intuición de los ingenieros forestales les llevó a testear algunas especies exóticas que les parecían bien adaptadas al clima de esta región y que resultaron ser especies que estuvieron presentes en esa misma región antes de las glaciaciones. Resulta muy llamativo, por ejemplo, que a escasos kilómetros del famoso bosque de secuoyas de Cabezón de la Sal, en Cantabria, se descubriera más tarde un yacimiento en Carranceja en el que se identificaron restos de madera pertenecientes a distintas especies entre las que se encontraba , precisamente, la secuoya (Sequoia sp.). Lo mismo cabría decir, posiblemente, del "sugi" (Cryptomeria sp.), por utilizar el nombre japonés de otra especie también presente en la cornisa cantábrica en aquella época y plantada hoy en día en el País Vasco, donde encuentra condiciones muy favorables a su desarrollo. Ambas especies son buenos ejemplos de Gimnospermas adaptadas a climas cálidos y húmedos similares a los que tuvo el continente europeo antes de las glaciaciones y hacia los que nos lleva el calentamiento climático que hemos iniciado recurriendo al uso de los combustibles fósiles.



Las secuoyas del Monte Cabezón llaman sobre todo la atención por lo insólito de su presencia, aunque no deja de ser una plantación demasiado densa que ganaría mucho en ser aclarada y en incorporar otras especies. / fotografía: Rodelar / Licencia: CC BY-SA

Aunque la subida de las temperaturas no haya puesto aún en peligro las especies presentes en este territorio, tarde o temprano favorecerá el establecimiento de especies más termófilas que tomarán poco a poco el relevo de las especie actuales que tendrán que buscar a mayor altitud su óptimo climático. Qué especies constituirán los bosques de mañana a baja altitud es la pregunta del millón. Nuestros parques y jardines están llenos de candidatos y algunas de esas especie no han esperado para naturalizarse localmente, tal como ocurre con la pterocaria china o el castaño de Indias en el País Vasco. Otras muchas especies seguirán su estela y solo depende de nosotros escoger qué tipo de bosque tendremos en el futuro. Yo creo que una miradita al pasado nos puede guiar. Favorecer el regreso de las paleoautóctonas me parece una buena manera de no errar demasiado en ese empeño...

Imaginar la futura evolución de la vegetación en zonas de relieves es relativamente más sencillo, conceptualmente, que en otras regiones. Todos sabemos que en respuesta al calentamiento global sufrido por la atmósfera, las especies y los ecosistemas tienen tendencia a migrar hacia el norte o a ganar altitud en las zonas de relieve. Sabiendo más o menos cual va a ser localmente la subida de las temperaturas medias anuales, podemos calcular aproximadamente de cuantos metros van a subir los pisos de vegetación sabiendo que la temperatura desciende entre 1 (atmósfera seca) y 0,55 (atmósfera húmeda) grado cada 100 metros.



Otoño en la Cara Norte de la Sierra de Guadarrama, Noviembre-2017. La repartición altitudinal de los pisos de vegetación se verá modificada por la subida de las temperaturas. / Fotografía: Javier Civantos.

Eso he intentado imaginar en la figura más abajo, suponiendo que de aquí a 2100 los pisos de vegetación podrían subir aproximadamente unos 800 metros (se trata de un valor medio). El resultado de ese pequeño ejercicio mental ya nos permite sacar algunas conclusiones muy generales acerca del aspecto que podría tener, potencialmente, el Sistema Central a finales de siglo y más adelante si logramos estabilizar el calentamiento en un punto que no sea letal para nuestras sociedades. A nadie le importará todo esto en el futuro, claro está, si la temperatura media global sube 10 grados...



Vegetación de la Sierra de Guadarrama hoy y en 2100, asumiendo una subida de 800 metros de los pisos de vegetación.

La primera consecuencia previsible de la subida de las temperaturas y de los pisos de vegetación será la considerable reducción de la superficie ocupada por los pinares. El piso oromediterráneo tan solo se mantendría en los relieves más elevados y de forma bastante relictual. Lo mismo cabría decir de la vegetación arbustiva y herbácea que caracteriza hoy en día muchas de las cumbres de nuestras montañas. A esas altitudes, importarán más las condiciones locales (microclimas) para que sobrevivan este tipo de formaciones vegetales. Aún así, es previsible que muchas especies relictuales hoy en día acaben por desaparecer de nuestras cumbres. Seamos sinceros, será una auténtica escabechina que nadie podrá evitar. Conservar sus semillas en bancos de semillas ultraprotegidos no evitará su desaparición a no ser que planeemos sembrarlas en latitudes mucho más norteñas, si es que se dan las condiciones para ello...



Vista del pinar de Hoyocasero, una auténtica reliquia en la Sierra de Gredos. Los pinares verán probablemente su área de distribución potencial muy reducida. / FOTO: Wikiloc

Los pinares, a su vez, serán sustituidos por bosques de frondosas. En realidad fundamentalmente por el melojo (Quercus pyrenaica), puesto que es la única especie presente por debajo de los pinares, aunque muy localmente también estén presentes otras especies más exigentes que el melojo que bien podrían aprovecharse de una mayor humedad a mayores altitudes si se mantiene el actual nivel de precipitaciones. Las precipitaciones son, en realidad, la gran incógnita. De cómo evolucionarán en el futuro en los principales sistemas montañosos de la Península dependerá en gran medida el tipo de vegetación que los cubrirá. En caso de mantenerse, no podemos excluir que especies como el roble , el haya. los arces o los tilos se vean favorecidas por el cambio climático, aunque el problema de estas especies sería el mismo que han tenido hasta ahora: ¡cómo llegar!



Hayas en las faldas del Monte Abantos (Madrid). Su presencia antes de las glaciaciones está atestiguada por los estudios polínicos y podría ser una de las especies que se vea beneficiada por la subida de las temperaturas en zonas de altitud con mayores precipitaciones. / FOTO: Miguel Varona

Que el nivel de humedad en el Sistema Central pueda mantenerse en un futuro 2-3 grados más caliente que el actual lo podemos intuir sabiendo el tipo de vegetación que estuvo presente en el pasado, cuando reinaban en el centro de la Península condiciones de aridez muy similares a las del SE (ver el tercer artículo de esta serie dedicado a Castilla-La Mancha). Los estudios palinológicos sugieren que en los relieves del Mioceno crecían árboles pertenecientes a los géneros Pinus, Tsuga, Fagus y Zelkova. Una flora bien diferente de la actual pero claramente asociada a niveles de humedad mucho mayores que en las planicies circundantes. No me parece pues descabellado pensar que en el futuro, nuestras sierras podrían albergar una biodiversidad arbórea mayor que la actual.




Representación en un perfil esquemático de los distintos paleoambientes y sus paleoasociaciones vegetales en la Sierra de Guadarrama y su piedemonte. Fernández Marrón et al. (2004)

Bajando hacia el pie de la sierra, nos iríamos encontrando con una creciente aridez, que en la vertiente sur del Sistema Central permitiría a la vegetación típicamente mediterránea alcanzar prácticamente la línea de cresta en las zonas menos elevadas. Vamos, que encinas en la línea divisoria entre ambas Castillas. Nada que ver con los pinares que estamos acostumbrados a ver. Y cuanto más bajemos hacia las llanuras, más resistente a la sequía y al calor la vegetación que nos encontraremos.



Región de Marrakesh, Maruecos. Situaciones tan contrastadas como esta probablemente serán frecuentes en la España del futuro... Autor desconocido.

Una de las sorpresas mayores que ha reservado el estudio de los sedimentos post glaciales en la Sierra de Gredos es la existencia local de una población de cedros que desaparecieron hace pocos milenios, al mismo tiempo que los pinos, cuando esta sierra fue arrasada por la explotación humana. Aunque algunos autores afirman que puede tratarse de aportes eólicos, la abundancia de polen de cedro en un depósito aislado y su total ausencia en otros no muy lejanos no cuadra en absoluto con un aporte eólico. De tener un origen africano ese polen, se tuviese que haber encontrado de forma dispersa en todos los depósitos de la zona, cosa que no se ha observado. En la perspectiva de un aumento de las temperaturas y de la aridez en las altitudes intermedias, el cedro sería un buen candidato para sustituir los pinos y formar bosques mixtos con el melojo.



El cedro de la francesa en Béjar, en una región en la que esta especie sobrevivió hasta hace escasos milenios / FOTO: Javier Elcuaz del Arco

La evolución a grandes rasgos de la vegetación del Sistema Central está pues bastante clara, traduciéndose la subida de las temperaturas por una progresiva elevación de los pisos de vegetación. La evolución de las precipitaciones en este sistema montañoso es la gran incógnita, que determinará si otras especies hoy en día ausentes o muy poco representadas llegarán a desempeñar un papel mucho más importante que el actual.



Ruiz-Zapata1 M.B. et al. (2011) / Dinámica de la vegetación durante el Holoceno en la Sierra de Gredos (Sistema Central Español) / Bol. R. Soc. Esp. Hist. Nat. Sec. Geol., Vol. 105 (1-4), pp. 109-123
Fernández Marrón, M. T., Fonollá Ocete, J. F., Sesé Benito, C. y Jiménez Rodrigo, J. C. 2004. Estudio paleoambiental de nuevos yacimientos de plantas y vertebrados de la “Unidad Intermedia” del Mioceno Medio de la cuenca de Madrid. [Palaeoenvironmental study of new plants and vertebrate sites of the “Unidad Intermedia” from Middle Miocene of Madrid basin.] Revista Española de Paleontología, 19 (2), 199-213


La situación privilegiada de Galicia en el NO de la Península Ibérica, a orillas del Océano Atlántico, ha asegurado siempre a esta región un nivel de precipitaciones que ha permitido el desarrollo de una vegetación muy diferente de la del resto de la Península Ibérica. En realidad, es el caso de prácticamente toda la franja cantábrica de la Península, aunque nos centraremos en este artículo en el caso específico de Galicia, cuya extensión hacia el interior de la Península es mucho mayor y resulta en situaciones muy contrastadas entre las zonas costeras y las zonas interiores, que se ven afectadas por el cambio climático de distintas maneras.



Costa da Morte / Fotografía: Tanja Freibott / Licencia: CC BY-SA

Galicia tiene, grosso modo, dos tipos de climas según la clasificación de Köppen: Cfb (clima templado sin estación seca y veranos suaves) en gran parte de la franja costera y Csb (clima templado con veranos secos y suaves) en las zonas más interiores y el sur de la costa atlántica. La transición entre ambas zonas es bastante progresiva, existiendo muchas localidades con un clima de tipo Cfb pero con un descenso sensible de las precipitaciones en verano. En cualquier caso, tal como se puede ver en el mapa del balance entre precipitación y evapotranspiración (derecha), prácticamente toda Galicia tiene un nivel de humedad elevado, con balances positivos. En la clasificación climático de Thorthwaite, que se basa en el indice de humedad, Galicia tendría climas perhúmedos (que corresponderían más o menos en el mapa a las zonas con más de 300 mm de superavit de precipitaciones) y húmedo (0-300 mm de superavit de precipitaciones). Las regiones con veranos más secos se sitúan en el cuadrante SE de Galicia, cubriendo buena parte de provincia de Orense.





Izquierda: mapa climático de la Península Ibérica mostrando la repartición de los climas según la clasificación de Köppen-Geiger. Derecha: mapa mostrando el balance entre precipitación y evapotranspiración.

Tal como se puede ver en el mapa de la subida de las temperaturas, las zonas costeras de Galicia son uno de los lugares de la Península en los que más ha subido la temperatura media anual. Más de 2 grados en amplias zonas que disfrutan de un nivel de precipitaciones mucho más elevado y constante que en el resto de la Península. Es evidente que en tales condiciones los efectos de la subida de las temperaturas serán mucho más sutiles que en otras regiones de la Península Ibérica. La España verde seguirá siendo verde pero eso no significa que no vaya a haber cambios, tal como veremos al examinar cómo evolucionará el clima de esta región.


Esta oposición entre la España "verde" y la España "seca" viene de lejos en realidad. En el mapa de los biomas del Plioceno que mostramos a continuación se ve perfectamente cómo las zonas litorales atlánticas de la Península tenían en el Plioceno un tipo de vegetación muy diferente de la vegetación xerofítica de buena parte del centro de la Península y de las zonas litorales del Mediterráneo. Una situación que recuerda mucho la actual pero con diferencias aún más acentuadas.




Reconstrucción de los biomas entre 5,32 y 5 Ma basada en los datos polínicos (Fauquette et al.)

El tipo de vegetación que cubría el norte de la Península en el Plioceno (bosques siempreverdes de hoja ancha y bosques mixtos cálidos) se corresponde en realidad con tipos de clima (Cfa y Csa "perhúmedo" o "húmedo") que solo se observa hoy en día en Europa en zonas muy reducidas del oeste del continente (pequeña franja al sur de los Pirineos, valle del Po) y en regiones más orientales como los Balcanes, el N de Turquía, el Cáucaso y el S del Mar Caspio. Se suele calificar esos clima de "subtropicales húmedos" o de "mediterráneos húmedos" y suelen crecer en esos climas especies más termófilas que las que las que crecen hoy en día en los climas templados de buena parte de Europa occidental. El clima de tipo Cfa, que se impondrá en toda Europa central, se extendería según esos modelos a lo largo de la franja cantábrica más o menos hasta Asturias. Más al Oeste predominarían los climas de tipo Csb y Csa.




Tipos de clima de la clasificación de Köppen-Geiger para el periodo de referencia 2071-2100 / Climate zones on the move

Es importante hacer en este punto un pequeño inciso para señalar que el oeste de Galicia es la zona del litoral atlántico donde más están subiendo las temperaturas pero que más precipitaciones recibe de toda la Península Ibérica. Que el clima en esa zona sea de tipo Csb y pueda pasar a ser de tipo Csa no significa que el clima de esta región vaya a conventirse en típicamente mediterráneo. En realidad los climas de tipo Cs son aquellos en los que al menos 8 meses superan los 10 grados de temperaura media y tienen una distribución de las precipitaciones muy desigual a lo largo del año, con un verano mucho más árido que el resto del año, independientemente del nivel de precipitaciones anual. El caso de Galicia es muy similar a la del S del Mar Caspio, que a pesar de ser una zona con clima de tipo Csa, recibe abundantes precipitaciones y está cubierta por densos bosques de caducifolios.



El bosque hircano en el pueblo de Sang Deh, cerca de Banaft, provincia de Mazandaran, Irán. / Fotografía: Elias.TheOne8 / Licencia: CC bY-SA

Aunque en la actualidad predomina el clima de tipo Csb en buena parte del litoral gallego, el caso es que si las temperaturas suben otros 2 grados más en estas regiones donde ya subieron más de 2 grados, la temperatura media del mes más cálido superaría rápidamente los 22 grados que definen el límite inferior del clima de tipo Csa. Y como las previsiones son que la temperatura media subirá como mínimo lo mismo que ya ha subido, yo creo que buena parte de la franja costera del oeste de Galicia acabará teniendo un clima muy similar al del S del Mar Caspio hoy en día. El climograma de Pontevedra lo muestra muy claramente. En los últimos 10 años, ese umbral de 22 grados se ha superado 6 veces. Si las temperaturas siguen subiendo al ritmo que suben actualmente, pronto se superará casi todos los veranos, con lo que Pontevedra dejaría de tener un clima de tipo Csb (clima oceánico/mediterráneo de transición).



Climograma de Vigo a la izquierda comparado con el de Ramsar (Irán) a la derecha. La linea verde horizontal muestra el umbral d 22C a partir del cual el clima pasa a ser de tipo Csa.

El aumento de las temperaturas en Galicia hará que en muchas zonas interiores se pase de un clima oceánico/mediterráneo de transición (Csb) a un clima típicamente mediterráneo (Csa) al sobrepasarse el umbral de los 22 grados de temperatura media para el más más cálido del año. Podríamos hablar de "mediterraneización" de buena parte de Galicia que, con el aumento de la sequía estival, se verá sometida cada vez más al riesgo de sufrir grandes incendios como los que han arrasado este año considerables extensiones en Castilla y León y el S de Galicia. Siempre ha habido incendios, claro está, y no necesariamente se pueden relacionar con el cambio climático, pero la extraordinaria virulencia de los que hemos sufrido estos últimos años sí que parece haber sido favorecida por factores climáticos inéditos. El caso es que los incendios son uno de los principales motores de los cambios que están ocurriendo y que llevarán a que un tipo de vegetación mejor adaptado a convivir con el fuego se instale. No deja de llamarme poderosamente la atención que los grandes incendios de estos últimos años han afectado extensas superficies de bosques de frondosas, un poco contradiciendo la idea que todos tenemos de que esos bosques no arden. No arden, en efecto, cuando están establecidos en regiones en las que las condiciones climáticas son las que les corresponden. En el contexto de subida de las temperaturas y de progresiva aridificación, son pura gasolina para los incendios de última generación que tanto temen los bomberos...



Aspecto desolador de la región del Pico Montouto, en la Serra dos Cabalos en O Caurel. La vegetación que crecía en el fondo de las valles, aldisponer de más humedad logró sobrevivir al paso de la llamas. / Pedro Armestre - Greenpeace

A diferencia de lo que ocurre en regiones del centro y de la fachada mediterránea de la Península, en Galicia las precipitaciones durante el periodo estival no son nulas y en algunas regiones o algunos años, pueden incluso superar el umbral que define el mínimo a partir del cual el clima es de tipo mediterráneo/subtropical húmedo (Cfa). Con la subida de las temperaturas algunas regiones del litoral gallego tienen ya un clima mediterráneo que podríamos calificar de subhúmedo, a medio camino entre Csa y Cfa. El tipo de vegetación que se desarrollará en esas zonas dependerá mucho del nivel de precipitaciones en verano. En aquellas zonas en las que haya un nivel de aridez importante, se desarrollará una vegetación típicamente mediterránea en la que dominarán la encina y el alcornoque. En las zonas en las que el periodo de aridez será menor o inexistente, podrán desarrollarse especies termófilas más exigentes en humedad. Por ahora son bien pocas las especies de árboles presentes adaptados a este tipo de clima. Básicamente, entre las especies autóctonas, solo el laurel (Laurus nobilis) parece capaz de prosperar en ese tipo de clima. El extraordinario dinamismo que muestra en la isla de Cortegada es una buena muestra de lo que podría ocurrir en muchos lugares si siguen subiendo las temperaturas y se mantienen condiciones húmedas a lo largo de todo el año. Los robles deberían poder aguantar un tiempo, aunque al límite de las temperaturas que toleran.



Bosque colonizado por laureles de la isla de Cortegada / Imagen; Cíes.gal

Gran parte de las especies termófilas que poblaban nuestro continente antes de las glaciaciones lamentablemente han desaparecido y habría que ir a buscar muy lejos las especies que constituían esos bosques. Es interesante notar que las futuras condiciones climáticas serían muy favorables a una especie como el quejigo andaluz (Quercus canariensis), cuyas mejores masas se encuentran hoy en el norte de África. Otras especies como la zelkova, la pterocaria, los pacaneros y un largo etcétera de especies habría que ir a buscarlas mucho más lejos. En ambos casos, su "regreso" sería fruto de la acción humana y no veo yo que por ahora tengan demasiada aceptación estas ideas que, como bien sabéis, defiendo desde hace tiempo en este blog. Sin embargo, el cambio climático al que nos enfrentamos es mucho más rápido que la capacidad de los ecosistemas a adaptarse a esos cambios. Para que especies adaptadas a los climas venideros logren llegar a estas tierras, harían falta miles de años. Suponiendo, claro está, que las rutas de migración puedan ser transitadas, cosa absolutamente imposible en este mundo tan modificado por la actividad humana.


Distancias a la que se encuentran las poblaciones más cercanas de los géneros presentes en Europa antes de las glaciaciones. El mapa muestra el ára potencial de Quercus canariensis en el horizonte 2071-2100,

En un lugar del desierto, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo había vida...

Así podría empezar una versión del siglo XXII del Quijote. ¿Desiertos en la Mancha? Pues sí, desiertos y estepas cálidas, ecosistemas similares a los que hoy ya se pueden observar en algunas regiones del SE de la Península o del valle del Ebro.



Amanecer en el desierto de Tabernas (Almería) / Fotografía: Dgalan / Licencia: CC BY-SA

En los artículos anteriores nos hemos centrado en los efectos que podría tener en algunas zonas litorales la subida del nivel del mar como consecuencia de la subida de la temperatura media global del planeta. Un ejercicio relativamente fácil de llevar a cabo, puesto que basta con disponer de un buen mapa topográfico para saber qué zonas se verán afectadas. En este tercer artículo intentaremos anticipar las consecuencias directas del calentamiento de la atmósfera en una región en la que las temperaturas han subido bastante más que en el resto de la Península Ibérica. Tal como se puede ver en la figura a continuación, en buena parte de Castilla-La Mancha (incluyo en ella la provincia de Madrid que realmente forma parte de la misma unidad geográfica) la temperatura media ha subido desde los años 70 entre 1,5 y 3 grados.


Esta subida de la temperatura media en todas las épocas del año tiene dos consecuencias inmediatas: un aumento de la aridez al incrementarse la evapotranspiración y un alargamiento del periodo durante el que las precipitaciones no logran compensar la evapotranspiración. Esto significa que incluso si el mismo nivel de precipitaciones se mantiene, la aridez aumenta tan solo debido al aumento de las temperaturas. Es lo que ha sucedido en gran medida en España, donde no han bajado de forma signifiativa las precipitaciones. Debido a ese aumento de entre 1,5 y 3 grados de la temperatura media anual en el centro de la Península, los climas áridos han extendido consierablemente su área en el último medio siglo, tal como muestra la publicación de Chazarra Bernabé A. et al. (2022).




Tipos de clima de la clasificación de Köppen-Geiger para los periodos de referencia 1951-1980 y 1980-2020. Las zonas de color amarillo y anaranjado corresponden a los climas semiárido cálido (estepario) y árido cálido (desértico). / Chazarra Bernabé A. et al. (2022)

Los datos climatológicos de Madrid muestran muy bien como han subido las temperaturas más de 2,5 grados de media, marcándose más la subida en verano que en invierno. Consecuencia de esa subida de las temperaturas, Madrid ha pasado de tener un clima típicamente mediterráneo (CSa) a tener un clima de tipo estepario frío (BSk). La subida de las temperaturas al ritmo actual augura otro cambio de clima antes de finales de siglo, situándose ya muy cerca el límite de 18ºC de temperatua media anual que separa el clima BSk (clima estepario frío) del clima BSh (clima estepario caluroso).



Climograma de Madrid (Retiro) en el que se reportan las medias de las temperaturas mensuales calculadas por décadas a fin de mostrar su evolución durante los últimos 60 años. Tal como se puede ver en la tabla de la derecha, el clima en Madrid pasó de CSa a BSk en los años 80 del pasado siglo...


Esta tendencia a la expansión de los climas áridos, a no ser que cambie por completo el régimen de precipitaciones, irá en aumento y de no limitarse la subida de la temperatura media global a un nivel razonable, podría llevarnos a un escenario en que buena parte de la Península acabará teniendo climas áridos con el desarrollo, localmente, de auténticos desiertos (BWh).




Tipos de clima de la clasificación de Köppen-Geiger para el periodo de referencia 2071-2100 / Climate zones on the move

Llegados a este punto, uno podría preguntarse si ya hubo periodos en los que el centro de la Península tuvo climas tan áridos como los que anticipan los modelos de los climatólogos y la respuesta es que sí, efectivamente, el clima del centro de la Península tuvo un caracter árido durante buena parte del Mioceno y, posiblemente, del Plioceno. Los estudios palinológicos llevados a cabo sobre los sedimentos del Mioceno Medio de la cuenca del Tajo nos muestran la existencia de distintos ambientes paleoecológicos en aquella época.

• Bosques de Pináceas y de frondosas en las cumbres y laderas montañoses (Tsuga, Fagus, Zelkova e Ilex).

• Ambientes ripícolas, con presencia de praderas húmedas y bosques de ribera con Populus, Alnus, Carya y Daphnogene, en zonas de inundación por desbordamiento de los ríos.

• Zonas palustres en las que están presentes géneros como Riccia, Taxodium, etc. En los deltas y márgenes lacustres crecerían Myrica, Phragmites, Esparganiáceas, Tifáceas, Glyptostrobus y algas de agua dulce.

• Praderas xéricas abiertas constituidas fundamentalmente por especies herbáceas de las familias Chenopodiaceae-Amaranthaceae, Poaceae, Asteraceae, Apiaceae y Plumbaginaceae. En estas fromaciones abiertas crecerían de forma dispersa árboles y arbustos de distintos géneros y familias adaptados a la xericidad: Pinus, Juniperus, Quercus, Podogonium, Caesalpináceas, Pistacia, Robinia, Colutea, Paliurus, Ephedra, Celastrus, Phillyrea, Ericáceae.

Las elevadas proporciones de plantas herbáceas adaptadas a condiciones de aridez en todas las muestras de esa época (entre 40 y 90%) sugieren condiciones de aridez con un régimen de bajas precipitaciones desigualmente distribuidas a lo largo del año.




Representación en un perfil esquemático de los distintos paleoambientes y sus paleoasociaciones vegetales. Fernández Marrón et al. (2004)

Los estudios palinológicos realizados sobre los sedimentos del Mioceno Medio sugieren pues la existencia de un clima árido en aquella época (que es la época para la que disponemos de más información) con un fuerte contraste entre la vegetación de los grandes valles aluviales y la de las zonas adyacentes expuestas a largos meses de sequía. Un clima que favoreció la formación de grandes depósitos evaporíticos en buena parte de la cuenca del Tajo, que tenía entonces un caracter endorréico (no tenía salida al mar). Una vegetación típicamente halofítica crecía entonces a orillas de vastas lagunas sometidas a una fuerte evaporación, con la presencia de los géneros Limonium y Armeria, así como especies tolerantes a la salinidad pertenecientes a géneros como Ricinus, Plantago, Linum, Lotus, y familias como las Caryophyllaceae y Euphorbiaceae.



Salvo la URL de la página en la que la he encontrado, ignoro por completo la procedencia y el autor de esta imagen. No me atrevo a hablar de fotografía, porque me parece demasiado perfecta. Parece más bien una imagen generada por alguna IA, pero me parece una perfecta ilustración del aspecto que debía tener la cuenca endorreica de Madrid en periodos de lluvias. Fuente: SPLENDIA LUXURY & CHARCTER HOTELS

Una descripción muy en consonancia con las previsiones de los climatólogos, que apuntan a un aumento de la aridez en buena parte de la Península. Una aridificación que se superpone a la fuerte degradación que muchas regiones ya han sufrido a lo largo de los milenios anteriores, con pérdidas de suelo irreversibles que no harán sino amplificar los efectos del cambio climático. Quienes quieran hacerse una idea de como podrían ser los paisajes de Castilla-La Mancha (y de buena parte de la Península) a finales de siglo y adelante solo tienen con viajar a aquellas zonas que tienen actualmente un clima semiárido cálido (BSh) o árido cálido (BWh),



Desierto de Los Monegros con las nevadas cumbres de los Pirineos al fondo. / Fotografía: Chisquio / Licencia: CC BY-SA

Partiendo de una situación en que la vegetación potencial de buena parte de esta región es el bosque mediterráneo, el cambio de paisaje promete ser bastante drástico, modificando por completo la composición florística y faunística de los actuales ecosistemas. Quienes sueñan con ver bisontes galopando en nuestras dehesas tendrán que transferir sus sueños bastante más al norte. A finales del siglo XXI Castilla-La Mancha será una tierra más bien propia de arruis y de gacelas. Ni que decir que muchos de los cultivos de secano hoy en día posibles en esta región dejarán de serlo en el futuro. Un sector tan importante como el viti-vinícola (la región produce la mitad de todo el vino producido en España) se verá duramente impactado si no recurre de forma masiva al riego, lo que en un contexto de creciente aridificación puede resultar cada vez más insostenible. Es evidente que el sector agrícola tiene por delante días muy complicados y las tensiones por un recurso tan preciado como el agua irán en aumento, convirtiendo la gestión de las distintas cuencas hidrográficas en una auténtica pesadilla. Puede que los trasvases entre cuencas tengan los días contados...



La progresiva aridificación de la Mancha y de buena parte de la Península pone en serio peligro el futuro de zonas húmedas como la de las Tablas de Daimiel / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: CC BY-SA

En un contexto como el que acabamos de describir, el futuro del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel se ve francamente muy oscuro, siendo ya a día de hoy un entorno que el hombre tiene que alimentar en agua artificialmente para asegurar su supervivencia. Como aumente la aridez, disminuyan los caudales de los ríos y aumente el consumo de aguas subterráneas, todas las condiciones están reunidas para que este espacio natural desaparezca definitivamente.


Chazarra Bernabé A. et al. (2022) / Evolución de los climas de Köppen-Geiger en España (1951-2020) / XII Congreso Internacional de la Asociación Española de Climatología (AEC)
Fernández Marrón, M. T., Fonollá Ocete, J. F., Sesé Benito, C. y Jiménez Rodrigo, J. C. 2004. Estudio paleoambiental de nuevos yacimientos de plantas y vertebrados de la “Unidad Intermedia” del Mioceno Medio de la cuenca de Madrid. [Palaeoenvironmental study of new plants and vertebrate sites of the “Unidad Intermedia” from Middle Miocene of Madrid basin.] Revista Española de Paleontología, 19 (2), 199-213

De todas las zonas costeras de la Península Ibérica que se verán irremediablemente afectadas por la subida del nivel del mar, la región del Bajo Guadalquivir es sin lugar a dudas la que se verá más impactada. Contrariamente a la Marjalería de Castellón, esta región está muy poco urbanizada, seguramente debido a que los procesos geomorfológicos que han conformado la fisiografía de esta región han sido muy activos durante los últimos milenios y siglos. Consecuencia de ello, esta región ha tenido una geografía muy cambiante que posiblemente sea la explicación de uno de los grandes misterios de la arqueología española: la ubicación de la mítica ciudad de Tartessos. De haber existido esta ciudad y haber estado situada en el Bajo Guadalquivir, sus ruinas probablemente hayan quedado sepultadas por los aportes terrígenas de uno de los ríos más importantes de la Península, en una zona de sedimentación muy activa en el interfaz de la tierra con el Océano Atlántico. Dudo mucho, con la subida del nivel del mar, que nunca encontremos esas fantaseadas ruinas.



Marismas de Doñana / Fotografía: Dvazquezq / Licencia: CC BY-SA 3.0 ES

Desde un punto de vista geológico, la región de Doñana es pues extremadamente joven, habiéndose formado esa extensa zona de marismas a consecuencia de la sedimentación ocurrida en la región el Bajo Guadalquivir tras la estabilización del nivel del mar hace aproximadamente 6500 años. En aquella época el mar se adentró en el valle del Guadalquivir hasta alcanzar la actual ciudad de Sevilla, formándose un extenso golfo que los aportes terrígenos del Guadalquivir fueron rápidamente colmatando.



Evolución de la región del Bajo Guadalquivir entre el momento en que se estabilizó el nivel del mar hace 6500 año (a), el periodo del Bronce Final hace aproximadamente 3000 años (b) y la época romana (c). Borja Barrera F. et al (2018).

La zona de marismas que se ha desarrollado en el gran golfo que se formó tras la subida del nivel del mar a principios del Holoceno tiene una altitud media que apenas supera el metro, situándose muchas zonas por debajo de esa cuota. Una subida del nivel del mar de 1 metro, que es la que se prevé de aquí a finales de este siglo bastaría para inundar una vasta extensión de marismas. Volveríamos entonces probablemente a una situación parecida a la que había en la época del Bronce Final (ver mapa "b" en la figura anterior).



Zonas inundadas en el Bajo Guadalquivir con una subida de 1 metro del nivel del mar (posiblemente hacia 2100). https://coastal.climatecentral.org/.

Con una subida de 3 metros del nivel del mar, éste alcanzaría la región de Dos Hermanas, a las puertas de Sevilla, retrotrayéndonos a la situación que teníamos hace 6500 años. La gran diferencia respecto a esa época es que lejos de estabilizarse, puede que el nivel de mar siga aún subiendo durante siglos, tal vez milenios, hasta alcanzar cuotas que harían desaparecer ciudades enteras. Sin querer ser alarmista, veo muy negro el futuro de una ciudad como Sevilla más allá del año 2200. Como se derritan buena parte de los casquetes de hielo que cubren Groenlandia y la Antártida, el mar podría subir mucho más que esos 3 metros. Imaginemos un instante que se derrita completamente el hielo que cubre Groenlandia, esto supondría una elevación del nivel del mar de 7,4 metros! Y por ahora no parece que seamos capaces ni tan siquiera de frenar nuestro consumo de hidrocarburos. La cosa pinta francamente mal para muchas ciudades del mundo.



Zonas inundadas en el Bajo Guadalquivir con una subida de 3 metros del nivel del mar (posiblemente hacia 2200). https://coastal.climatecentral.org/.

Para no darle a este artículo un tono demasiado pesimista, cabría destacar que a pesar de lo aterrador que pueda resultarnos la perspectiva de ver una ciudad como Sevilla desaparcer bajo las aguas del mar, estamos hablando de un proceso relativamente lento a ecala de una vida humana. O sea, que tomando ya consciencia del problema, da tiempo para ir pensando en como solucionarlo. Pero es evidente que reubicar una ciudad como Sevilla en algún lugar que quede fuera del alcance del mar es algo que habría que ir pensando ya. En el mejor de los casos, si la Humanidad por fin logra ponerse de acuerdo para dejar de consumir hidrocarburos, tal vez tengamos la suerte de ver Sevilla convertirse en una ciudad situada a orillas de un gran estuario. De lo contrario, me temo que poco se podrá hacer para parar el mar. A no ser que la aridificación de la región mediterránea y un mayor aporte de sedimentos logre contrarrestar el avance del mar. Todo dependerá de la velocidad a la que suba el mar, pero me temo que si se vuelven a alcanzar velocidades de subida del mar parecidas a las que hubo tras la última glaciación (hasta 5,5 metros por siglo), no veo claro que vayamos a ganar terreno sobre el mar hasta que este se estabilice dentro de bastantes siglos.

Aunque el mapa de la subida del nivel del mar puede sugerir que el Parque Nacional de Doñana va a desaparecer casi enteramente, engullido por el mar, no hemos de olvidar que nos encontramos en una zona en la que la interacción entre el mar y la tierra es muy dinámica. Seguirán llegando sedimentos que se irán redistribuyendo y depositando a lo largo de toda la costa y es probable que aunque suba el nivel del mar siga habiendo en esta región humedales cuya extensión y repartición cambiarán constantemente. Doñana, como parque nacional con límites claramente definidos, dejará de existir, pero no dejarán de existir las dunas y las marismas, que se moverán tierra adentro ocupando lo que son hoy tierras cultivadas. Es evidente que en el caso de Doñana, habrá que redefinir la mismísima noción de "parque nacional" y aceptar la idea que la geografía de esta región va a cambiar por completo en los siglos venideros.



Anuque Doñana en sus límites actuales desaparezca, no ocurrirá tal cosa con sus ecosistemas que volverán a desarrollarse en otros lugares, en la cambiante geografía de una costa que el mar redibujará constantemente en los siglos venideros. / Fotografia: Ángel M. Felicísimo / Licencia: CC BY 2.0

Con la subida de las temperaturas, sin embargo, podríamos tener unos aliados olvidados e inesperados. Olvidados, porque desaparecieron del litoral de la Península Ibérica hace aproximadamente unos dos millones y medio de años, en la transición entre el Plioceno y el Cuaternario. Estoy hablando de un tipo de vegetación que es muy frecuente en las regiones tropicales en zonas litorales muy llanas en las que no se sabe muy bien donde empieza la tierra y donde acaba el mar: los manglares. Como ya explicaba en el artículo que dedicaba al género Avicennia en mi serie de artículos dedicada a las especies paleoautóctonas, el límite norte alcanzado por el mangle negro en Norteamérica lo marca el hecho de que no haya días de frío en los que la temperatura baja por debajo de los -4ºC. Por debajo de esa temperatura, las plántulas del mangle negro no logran sobrevivir. Tales condiciones se dan ya en la actualidad. Huelva, por ejemplo, a menudo es la ciudad de España con la temperatura mínima más alta. El récord de frío en esa ciudad fue de -5,8 grados y se alcanzó en 1938. Más adelante tan solo llegó a alcanzar ese límite de -4ºC en 1954. Desde entonces, no han vuelto a bajar nunca más por debajo de ese límite y la probabilidad de que eso ocurra es cada vez más baja debido al constante aumento de las temperaturas medias, en particular las invernales.



Los manglares son reconocidos por su función protectora contra la erosión costera mediante la estabilización de la tierra, la acreción de sedimentos y la disipación de las mareas producto de tormentas, además secuestran carbono, son ricos en biodiversidad y se desempeñan como filtro ante la contaminación / Fuente: Conecto.mx

La presencia de pequeños manglares en esta zona en la que tierra y mar andan peleados sin duda lograría disminuir el poder erosivo del mar y favorecería la fijación de los sedimentos traídos por el Guadalquivir. ¿No existe ningún lugar en todo el litoral atlántico andaluz en el que se podría testear el cultivo del mangle? Ya puestos a imaginar una subida del mar de varios metros, intentemos al menos buscar ideas originales para pararle los pies...



Ya me imagino yo la Romería del Rocío progresando en barcas entre las raíces de los mangles...

Borja Barrera, F., et al., 2018. Evolución de la llanura aluvial del bajo Guadalquivir durante el Holoceno medio-superior. Geoarqueología y reconstrucción paleogeográfica de la vega de Itálica (Sevilla, España). Boletín Geológico y Minero, 129 (1/2): 371-420

Con este artículo emprendo un pequeño e incómodo viaje a través de las regiones de España más amenazadas por el cambio climático. Un tema del que se habla muy poco en la prensa y que solemos contemplar como un problema con el que las generaciones venideras tendrán que lidiar. Para una inmensa mayoría de las personas, los agoreros de malas noticias como yo somos vistos como un incordio o, peor aún, un peligro al advertir y concienciar de fenómenos que ya tienen o deberían tener consecuencias hoy en día. Sobre todo cuando hablamos de terrenos y de bienes inmobiliarios cuyo valor actual depende en gran medida de la posibilidad de ser vendidos en el futuro por sus propietarios o herederos. Es obvio que un bien llamado a desaparecer por completo en un plazo muy breve de tiempo no tiene absolutamente ningún valor. Solo los bienes imperecederos como el oro mantienen su valor en el tiempo. Todo lo demás se degrada y pierde inevitablemente valor, por mucho que intentemos revalorizarlo alegando razones inmateriales. Si alguien te vende una vieja y típica masía tradicional, no estarás pagando por el valor de la construcción en sí, que muy probablemente tendrás que reformar por completo, sino por un concepto, una idea.



Imagen aérea de la Marjaleria de Castelló. / Erik Pradas - El Periódico Mediterráneo

Es obvio que el cambio climático va a modificar el valor de muchos terrenos y de muchas edificaciones, que en el peor de los casos podrían llegar a desaparecer por completo, sumergidas por las aguas del mar, o quedar expuestos a riesgos climáticos cada vez más importantes e impredecibles. Y como todos sabemos, el nivel de riesgo al que se ven expuestos determina en gran medida la posibilidad de asegurar esos bienes. El aumento de esos riesgos ya ha llevado muchas aseguradoras a retirarse de amplias zonas en las que ya no ven negocio. Se niegan cada vez más a cubrir el riesgo en zonas expuestas a peligros extremos. En Estados Unidos, ya son muchas las aseguradoras que se han retirado de estados como California y Florida, obligando los propietarios a recurrir a aseguradoras mucho más caras y muchas veces inasumibles. Que yo sepa, no ocurre aún nada parecido en España, pero las aseguradoras ya están ajustando sus precios a esa nueva realidad. A más largo plazo, puede que ocurra algo parecido a lo que ya ocurre en Estados Unidos.



Calle inundada en la Marjaleria de Castelló. / El Periódico Mediterráneo

Puede, pues, que estos artículos no vayan a sentar muy bien a algunas personas que no desearían que esta realidad quede expuesta con tanta crudeza. Pero la realidad es la que es y como geólogo que soy, tan solo pretendo exponer en estos artículos unos hechos determinados en primera instancia por la geomorfología de esas regiones y las previsiones que hacen los climatólogos de la futura evolución del clima. En este primer artículo, hablaremos de una zona del litoral mediterráneo que ilustra perfectamente los retos y los riesgos a los que se enfrentan las poblaciones asentadas en ese lugar, en el que se asentaron sin ser conscientes del peligro al que se verán expuestos en un futuro no tan lejano. Estamos hablando de la Marjalería de Castellón, una zona de marjales que ocupa unas 800 hectáreas y que se extiende, grosso modo, entre la ciudad de Castellón y la costa y en la que se cultivaba arroz hasta mediados de los años sesenta, cuando se inició su desecado y se transformó en zona de huertas. En ese sinfín de pequeñas propiedades, poco a poco fueron construyendo sus propietarios pequeñas residencias secundarias y hoy en día conviven aquí zonas más o menos urbanizadas, zonas agrícolas y zonas turísticas sin un claro ordenamiento del territorio. El hecho de haberse urbanizado esta zona situada a muy poca altitud la convierte en una de las zonas más expuestas a una de las consecuencias menos visibles por ahora del cambio climático: la subida del nivel del mar.



Subida del nivel del mar tras la última glaciación / Robert A. Rohde / CC BY-SA 3.0

La relativa estabilidad del nivel del mar durante los últimos 7.000 años ha propiciado que se formara en muchos puntos del litoral mediterráneo una llanura litoral más o menos ancha que presenta un desnivel muy suave y se caracteriza en muchos puntos por la existencia de extensas zonas de marjales tras el cordón dunar litoral. En algunos lugares, esos marjales siguen existiendo y albergan aún una rica biodiversidad (Albufera de Valencia, Estanys d'Almenara, etc). En otros, se aprovecharon para el cultivo del arroz o, como acabó siendo el caso en la Marjalería de Castellón, se acabaron desecando y aprovechando para otros tipos de cultivos. Todas estas zonas de marjales se situán a pocos centímetros por encima del nivel del mar y deben fundamentalmente su permanencia en el tiempo a esa estabilidad del nivel del mar durante gran parte del Holoceno. Una estabilidad que el calentamiento global ha interrumpido al calentarse y expandirse el agua de los océanos y al empezar al derretirse los glaciares presentes en las grandes cadenas montañosas del mundo y, sobre todo, los casquetes de hielo que cubren Groenlandia y la Antártida. Si bien la subida del mar ha sido tan solo de unos cuantos centímetros desde la época preindustrial, no hemos de perder de vista que lo que hemos visto hasta ahora es tan solo el inicio de un proceso que no es linear. La subida de las temperaturas en realidad acelera el deshielo. Ya ocurrió tras la última glaciación. En el punto álgido de la desglaciación el mar llegó a subir casi 5,5 metros por siglo. Eso nos da una idea de la velocidad a la que podría subir el mar en el futuro cuando coja carrerilla.



Zonas inundadas en el litoral de Castellón de la Plana con una subida de 1 metro del nivel del mar (posiblemente hacia 2100). https://coastal.climatecentral.org/.

Por ahora, se prevé que de aquí a finales del siglo el mar suba un mínimo de 1 metro. Puede parecer poca cosa, pero si miramos las zonas de la Marjalería de Castellón que quedarían cubiertas por el mar y lo comparamos con una simple vista aérea de la zona, queda muy claro que la Diputación de Castellón se enfrentará a un problema de dimensiones considerables en un futuro no tan lejano. De aquí a algunas décadas, veremos cómo el nivel del agua en las acequias y zonas pantanosas irá subiendo paulatinamente en consonancia con la subida del nivel del mar, hasta que en algún momento el mar invada esas zonas si no se hace nada para impedirlo. Pero aunque logremos contener el agua del mar construyendo infraestructuras que se antojan muy costosas, nada impedirá que el agua salada poco a poco vaya filtrándose en el subsuelo y salinizando toda esa zona de marjales. De todos modos, el mar seguirá subiendo durante muchos siglos y eso significa que resultará muy difícil dimensionar cualquier obra que se intente llevar a cabo para impedir que el mar invada esa zona costera, que será de todos modos imposible proteger a lo largos de cientos de kilómetros. Más vale hacerse a la idea, creo yo, de que deberemos retirarnos definitivamente de estas zonas. Y si queréis realmente asustaros y ver cual podría ser el trazado del litoral cuando el mar haya subido 3 metros (a finales del siglo XXII diría yo a ojos de buen cubero), pues echad una ojeadita al segundo mapa...



Zonas inundadas en el litoral de Castellón de la Plana con una subida de 3 metros del nivel del mar (posiblemente hacia 2200). https://coastal.climatecentral.org/.

La situación actual de esta zona es consecuencia de una total falta de control por parte de las autoridades, que durante muchos años cerraron los ojos ante una salvaje urbanización llevada a cabo sin ningún tipo de permisos ni de estudios de riesgo. La entrada en vigor, hace un par de años, del Plan General Estructural de la Generalitat ha permitido que 24.531 viviendas ilegales construidas en esta zona se regularicen, pero esa regularización no cambia nada al hecho de que fueron construidas en una zona de marjal que, por definición, es una zona inundable. Por muy regularizadas que estén, no tengo claro que las aseguradoras vayan a hacerse cargo del 100% de las pérdidas que pueda ocasionar alguna inundación, si es que realmente aseguran esos riesgos en esta zona (cosa que no he podido averiguar). De todos modos, tal como hemos visto anterirormente, puede que a medio o largo plazo los habitantes de esta zona se vean obligados a abandonar sus viviendas ante la imparable subida del nivel del mar. Ninguna protección, creo yo, podrá evitarlo, ya que si impedimos que el mar entre tierra adentro, nada impedirá que el nivel freático suba a la par que el nivel del mar. No tengo nada claro que la Generalitat o el Estado estén dispuestos a emprender obras faraónicas para impedir que el mar ocupe una zona que nunca tuviese que haberse urbanizado.



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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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