Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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La primera imagen que viene en mente al evocar la naturaleza de Brasil es la selva amazónica. Esta vasta extensión de árboles recorrida por un sinfín de ríos de dimensiones grandiosas ha alimentado la imaginación de muchos exploradores, que creían que iban a encontrar en este lugar misterioso el mítico Eldorado. Las dimensiones casi continentales de la Amazonia nos hacen olvidar que Brasil no es tan solo ese país tropical que cantaba Jorge Bem. La diversidad de sus paisajes, de su flora y de su fauna es mucho mayor de lo que uno puede imaginar y muchas personas probablemente se sorprenderán al saber que es posible ver nieve cuando el invierno austral alcanza los estados del sur. En este primer artículo dedicado a Brasil les voy a hablar de un árbol muy conocido en el sur del país. El pino Paraná  (Araucaria angustifolia) es una de las plantas más sorprendentes de la flora brasileña, un auténtico fósil viviente cuya supervivencia está seriamente amenazada por la codicia de los hombres...





Tronco de un pino Paraná en Itaiópolis (Santa catarina), en la Reserva Particular del Patrimonio Natural de las Araucarias Gigantes, creada por el Instituto Rã-bugio para la Conservación de la Biodiversidad, una ONG ambientalista fundada por Elsa Nishimura Woehl y Germano Woehl Jr. El tronco de este pino tiene una circunferencia de 4,10 m. Fotografía: Instituto Rã-bugio para Conservação da Biodiversidade.



Como ocurrió con muchas otras especies de gimnospermas presentes en Sudamérica, los colonos europeos dieron el nombre de "pino" a este árbol, por analogía con los auténticos pinos, que pertenecen a un género (Pinus) y una familia (Pinaceae) diferentes, originarios del Hemisferio Norte. También se utiliza mucho el nombre "araucária", que es el nombre científico de este género, al que pertenece esta espécie y que los científicos crearon adoptando el nombre dado por los indios araucanos a la especie hermana (Araucaria araucana) que crece en los Andes de Argentina y de Chile. En el idioma tupi-guarani, este árbol recibe el nombre de "curi", palabra que dio origen al nombre de la ciudad de Curitiba, capital del estado brasileño de Paraná, y que vendría a significar “bosque de araucárias". Las araucárias son árboles propios del Hemisferio Sur que actualmente sólo están presentes en el sur de Sudamérica y en Oceanía (Australia y Nueva Calcedonia). Fueron, hace millones de años, un elemento destacado de la flora de la Antártida antes que el hielo cubriera por completo ese continente. Y fueron, junto a otros grupos de coníferas, elementos dominantes de la flora terrestre en ambos Hemisferios durante el triásico y el jurásico. Aunque tan solo fuese por eso, el hombre debería sentir un profundo respecto hacia estos árboles que ya erguian su característico perfil en la época de los dinosaurios.




Bosque de araucárias en una meseta del Paraná, fotografiada en 1884 por el fotógrafo Marc Ferrez. Hoy en día, las araucarias solo sobreviven en lugares que no pudieron ser explotados o cultivados. .



De todas las especies de árboles existentes en Brasil, el pino Paraná probablemente sea la más fácil de reconocer. Tiene, en efecto, un perfil característico, con un tronco columnar del que nacen ramas perpendiculares que se van enderezando progresivamente, dando al árbol un típico aspecto de candelabro. En condiciones favorables, en suelos ricos y profundos, puede alcanzar una altura de hasta 50 m, pudiendo llegar a tener su tronco un diámetro de hasta 2,5 m. Las ramas más viejas poco a poco van cediendo bajo el efecto de su propio peso y se acaban cayendo, permaneciendo tan solo las ramas más altas. Las hojas, persistentes y rígidas, son relativamente pequeñas (no suelen medir más de 6 cm de longitud) y tienen una forma linear o lanceolada muy diferente de la forma que pueden tener las hojas de los demás árboles tropicales, generalmente mucho más grandes. Viendo las inflorescências y los frutos de este árbol, queda claro que se trata de una conífera, o sea, una planta cuyas estructuras reproductivas están constituidas por escamas generalmente agrupadas en conos (piñas). Se trata de un grupo de plantas muy antigo que tiene pocos representantes en las floras actuales. Al menos en comparación con las plantas con flores (Angiospermas), aparecidas al final de la era jurássica. En Brasil, por ejemplo, de 56.000 especies de plantas conocidas tan solo 16 espécies son coníferas. El pino Paraná es la única espécie del género Araucaria presente naturalmente en ese país.



Distribución actual de la familia de las Araucariaceae. En Sudamérica viven dos especies: Araucaria araucana en Chile y Argentina y Araucaria angustifolia (pino-Paraná) en el S de Brasil, N de Argentina (provincia de Misiones) y E de Paraguay (Alto Paraná).




Especie típica del sur de Brasil, el pino Paraná crece en las partes más altas de los estados de Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, por encima de los 500 metros de altitud. También está presente en estados más norteños como São Paulo y Minas Gerais por encima de los 800 m de altitud. Alcanzaba su mayor extensión en las mesetas paranaenses, siendo una especie particularmente bien adaptada al clima muy variable de esta región, con veranos cálidos e inviernos fríos en los que la temperatura puede bajar de cero grados. En estos bosques de altura, el pino Paraná convive con muchas especies propias de la mata atlántica, ocupando el pino la posición más alta del dosel arbóreo, destacando su característico perfil por encima de los demás árboles. Esto podría dejar suponer que el pino Paraná es el elemento dominante de esos bosques pero lo cierto es que necesita luz para desarrollarse y las jóvenes araucarias solo consiguen crecer cuando el bosque sufre algún tipo de perturbación que abra espacios en el seno del bosque. El fuego es un factor importante para el desarrollo de los pinos, que gracias a su espesa corteza (alcanza los 15 cm de espesor) y al hecho de tener sus partes vitales alejadas del suelo son capaces de sobrevivir a los incendios. Se trata pues de una especie pionera que más tarde convive con las demás especies que se desarrollan a su alrededor y que van cerrando poco a poco el bosque y condenando las pequeñas araucarias a una fatal oscuridad.







Tuvo durante todo el siglo XX una extraordinaria importancia económica, debido a la explotación de sus bosques para la obtención de madera. La madera del pino Paraná es de buena calidad y se ha utilizado mucho para la elaboración de muebles y la construcción de casas. Con la mecanización de su explotación a finales del siglo XIX y la masiva llegada de inmigrantes europeos, se desarrolló mucho la arquitectura de madera en los estados del sur de Brasil, favorecida por su bajo coste. En un estado como Paraná, este tipo de arquitectura se convirtió en una auténtica tradición y hoy en día muchas de estas construcciones son consideradas patrimonio nacional. El bosque de araucarias fue intensamente explotado durante todo el siglo XX, siendo esta actividad uno de los principales motores del desarrollo económico de los estado sureños. Se construyeron entonces líneas férreas y vías de comunicaciones para poder comercializar la madera de los pinos, que llegó a representar hasta el 93 % del total de las exportaciones brasileñas de madera. Una cifra enorme si tenemos en cuenta que estamos hablando de un país como Brasil, que explica la auténtica devastación a la que fueron sometidos los bosques del sur de ese país, explotados sin que nadie se preocupase por su regeneración. El resultado fue la práctica desaparición de estos bosques. Se calcula que el bosque de araucarias cubría originalmente una superficie de unos 200.000 km2, ocupando un 40% de la superficie del estado de Paraná, 30% de Santa Catarina y 25% de Rio Grande do Sul. Hoy en día se conserva apenas un 1 ou 2 % de la superficie original.





Piña abierta de Araucaria angustifolia mostrando las escamas que constituyen el cono y las semillas. Fotografía: Deyvid Setti e Eloy Olindo Setti



Además de ser una especie que produce una excelente madera, el pino Paraná también tiene un interés culinario. Las semillas (piñones) son comestibles y constituían un elemento fundamental en la dieta de los pueblos indígenas del sur de Brasil. Un interés que compartían con muchas especies de animales que se encargan naturalmente de la dispersión de sus semillas, que algunas especies de aves como la urraca azul (Cyanocorax caeruleus) entierran en el suelo constituyendo reservas para los meses de invierno. Muchas de esas semillas, finalmente olvidadas, germinan luego conquistando nuevos espacios. El piñón se utiliza mucho en el sur de Brasil, donde se consume en ensaladas, tortas y pasteles o, más simplemente, asado en la hoguera. En muchas ciudades se celebra cada año una fiesta del piñón que marca el fin del otoño y coincide con las festas juninas. La recolección suele empezar alrededor del 15 de abril y se prolonga hasta el mes de julio. Esta actividad está hoy en día severamente controlada, ya que la recolección ilegal pone en serio peligro la recuperación de la especie.





Piñones servidos como aperitivo. Fotografia: Adrian Michael. Licencia: GNU Free Documentation License.



Considerada en peligro crítico de extinción por la IUCN (International Union for Conservation of Nature ), esta especie está en teoría estrictamente protegida hoy en día, lo que no impide que aún sigan siendo explotadas de manera ilegal. La mayor parte de la superficie otrora ocupada por el bosque de araucarias se convirtió en terrenos agrícolas. Los desastres medioambientales causados por las lluvias durantes las últimas 5 décadas en el sur de Brasil demuestran sin embargo hasta qué punto esas tierras han quedado expuestas a la erosión. Aunque existen muchos proyectos para reverter esta triste situación, no está nada claro si finalmente se logrará salvar los últimos bosques de Araucarias de Brasil. Sería realmente una pena que en poco más de un siglo lográsemos borrar de la faz de la tierra una especie presente desde hace millones de años.
En un artículo que escribí hace algún tiempo, me preguntaba yo de quién se protegen los cactus y destacaba el importante papel que tuvieron que desempeñar las megafaunas extintas en el desarrollo de las plantas y ecosistemas del continente americano. Los ejemplos de coevolución son frecuentes en la naturaleza (son la norma, en realidad) y llegan a tales extremos que dejan a algunas especies totalmente dependientes unas de otras. Si una de ellas llega a desaparecer, la otra al poco tiempo también desaparece. ¿ Que sería de la estrella de navidad (Angraecum sesquipedale) – una orquídea originaria de Madagascar cuya característica más destacable es tener flores provistas de un espolón de una longitud desmesurada (29 cm) – si su único polinizador – la esfinge de Morgán (Xanthopan morgani preadicta) – llegase a desaparecer ? Este ejemplo demuestra claramente hasta qué punto muchos equilibrios son delicados y la facilidad con la que pueden llegar a romperse.




Cultivada en nuestro país desde hace varios siglos, la acacia de tres espinas (Gleditsia triacanthos) es un árbol que alcanza los 20-30 metros de altura que llama poderosamente la atención por dos características muy llamativas. La primera son las espinas que cubren las viejas ramas y el tronco, ramificadas y muy disuasorias por su solidez y tamaño (alcanzan los 20 cm de longitud). La segunda son sus legumbres, indehsicentes, cuya pulpa es azucarada y comestible. Este último carácter ha convertido esta especie en invasora en Argentina y Uruguay, ya que al ganado le encanta sus legumbres y dispersa muy eficientemente sus semillas (no digeribles).




Ahora bien… ¿ Qué animal(es) comía(n) sus legumbres antes de que los Europeos introdujeran el ganado en América ? Tal vez los bisontes ejercieran antiguamente el mismo papel que desempeña hoy el ganado pero eso no explica que este árbol tuviese que protegerse de tal manera. Por un lado, el árbol produce unas sabrosas y tentadoras legumbres pero por otro lado defiende sus ramas y su tronco de una manera tan disuasoria que cuesta creer que necesitara tales espinas para protegerse de bisontes y de antílopes. A no ser, claro está, que quien consumiera sus frutos fuese algún animal parecido a… éste:





Aunque el artista que dibujó este perezoso gigante tan solo añadiera el perfil de un hombre para comparar el tamaño de ambos, lo cierto es que los primeros americanos sí que llegaron a coexistir con estos auténticos monstruos. Cuando los primeros cazadores-recolectores llegaron al continente americano, éste aún estaba poblado por una rica fauna de Mamíferos que en aquél entonces era más rica y diversa que la que conocemos hoy en día en África. Sin embargo, en un relativamente breve espacio de tiempo, la mayoría de estos grandes animales desapareció como por arte de magia. Las dos únicas explicaciones posibles han dividido durante mucho tiempo la comunidad científica. Algunos afirman que sucumbieron como consecuencia de los cambios climáticos. Otros piensan que fueron cazados y eliminados por el hombre. Está claro que hacer recaer sobre el hombre prehistórico la culpa de su desaparición no es una idea agradable y oscurece la idea que nos hacíamos de esas sociedades primitivas. El caso es que la coincidencia entre la llegada del hombre y la desaparición de la megafauna se repite en otras regiones en las que el hombre hizo irrupción, sin coincidir necesariamente con ningún cambio climático. Es demasiado sospechoso como para exculpar sin más al hombre de cualquier responsabilidad. De hecho, tales cambios climáticos se han repetido durante todo el Cuaternario sin que desapareciera esa megafauna. Algunas especies se extinguieron y otras las reemplazaron, sin que llegasen a extinguirse todas de repente. El presente, por otra parte, tiende a demostrar que aquello tan solo fue el comienzo…



La desaparición de la megafauna y de muchas especies de un tamaño más reducido han dejado “huérfanas” a muchas especies de plantas y de animales que han visto desaparecer las especies con las que coevolucinaron. El ejemplo de la acacia (flasa acacia en realidad), tan solo es uno de ellos. Otras dos especies han sido a menudo citadas como ejemplo de “anacronismos evolutivos”. O sea, de especies que muestran unas adaptaciones aparentemente sin sentido en las condiciones actuales.  La primera es el naranjo de los Osajes (Maclura pomifera), una especie de árbol perteneciente a la familia de las Moráceas con un área de distribución relictual en el S de los Estados Unidos. Es interesante notar que esa área de distribución, aunque bastante más reducida, coincide en parte con la de la acacia de tres espinas. Coincidencia o no, también se trata de un árbol armado de fuertes espinas...





El último ejemplo que citaré es de sobra conocido puesto que se trata de un fruto que todos alguna vez habéis comido: el aguacate. Cabe hacerse acerca del aguacate la misma pregunta que para muchas especies americanas cuyos frutos y semillas son claramente sobredimensionados para la actual fauna que puebla ese continente. Cualquier herbívoro actual se atragantaría si tuviese que tragar semejante semilla. Para un megaterio o un gliptodonte, sin embargo…





Tales anacronismos evolutivos no se limitan al mundo vegetal. ¿ Acaso sabéis cual es el herbívoro más rápido del planeta ? Estoy casi seguro que al leer esta pregunta, vuestra memoria os habrá devuelto las imágenes de algún reportaje sobre la fauna africana. Algún tipo de antílope estréis pensando. Pues casi, casi. Se trata, en efecto, de un antílope. Pero vive en… ¡ Norteamérica ! El berrendo o antílope americano, en efecto, es capaz de correr a una velocidad punta de 98 km/h ! Sin embargo, no existe en Norteamérica ningún carnívoro capaz de alcanzar tales velocidades. Pues sí, este caracter también es un anacronismo evolutivo. Este antílope es capaz de correr tan rápido porque antes de la última glaciación era presa del guepardo americano, hoy extinto.




Este último ejemplo me lleva naturalmente a hablaros del rewilding, una idea avanzada por algunos científicos que opinan que los ecosistemas de muchos continentes están actualmente descompensados debido a la ausencia de gran parte de la fauna que sustentaron hasta hace pocos milenios. Os hablaré de ello más extensivamente en una próxima entrada.
Hace poco he leído o escuchado en algún medio que no recuerdo una noticia acerca del lince ibérico en la que se advertía que el crecimiento de la población de linces se está viendo limitada por el alto número de atropellos que sufren en nuestras carreteras. Este hecho dramático es el síntoma más evidente de un problema que afecta a muchos ecosistemas en toda la Península Ibérica y que podría pasar factura a un sinfín de especies –tanto animales como vegetales– según se vayan haciendo sentir los efectos del calentamiento global: la parcelación de los ecosistemas inducida por la actividad humana. Todos conocéis la fábula de la ardilla que, supuestamente, en otros tiempos hubiese podido cruzar la Península Ibérica saltando de rama en rama. Dudo mucho que eso fuese nunca posible (estepas y monte bajo siempre existieron en la Península) pero aún así una cosa está clara: lo tendría crudo hoy en día. Nuestra pobre ardilla tendría que cruzar amplias superficies cultivadas en las que estaría a la merced de cualquier depredador y probablemente moriría aplastada al intentar cruzar alguna autovía...



Ante cambios medioambientales, los organismos vivos responden de dos maneras muy diferentes. La primera es la adaptación, que es un proceso generalmente lento aunque también es posible la aparición repentina de nuevos taxones por el juego de los cruces interespecíficos. Muchas especies que conocemos hoy en día son el resultado de tales cruces, propiciados por cambios medioambientales pretéritos. La otra manera que tienen de responder a esos cambios es obvio: desplazándose. Eso hicieron durante todo el Cuaternario muchas especies del continente europeo, que se refugiaron en las penínsulas del sur del continente durante los máximos glaciares. Con el calentamiento que estamos sufriendo actualmente, la dinámica es la misma, aunque al revés. Muchas especies sureñas tienden a migrar cada vez más hacia el norte o tienden a ganar altitud en las zonas montañosas. Se han documentado muchos casos durante las dos últimas décadas. Aún recuerdo que antes de venirme yo a España, hace 15 años, la gran noticia ornitológica en Suiza fue el asentamiento de pequeñas poblaciones de abejarucos en algunos puntos del país. Tales movimientos son inevitables y necesarios. El gran problema al que se enfrentan estas especies hoy en día es que sus movimientos se ven entorpecidos o imposibilitados por los numerosos obstáculos que hemos erigido.




El abejaruco es un ave típicamente mediterránea que ha extendido su área de repartición hacia el norte, nidificando ahora en zonas donde nunca había estado presente. / Fotografía: Pierre Dalous / Licencia: Creative Commons



Pudiera parecer que los animales lo tienen más fácil que las plantas para coger las maletas y buscarse un nuevo hogar pero lo cierto es que algunos obstáculos son mucho más difíciles de sortear para un animal de cierto tamaño que para cualquier planta. Cruzar una autovía es casi imposible si no existe algún paso de fauna construido a tal efecto. El desplazamiento de las plantas se hace mediante la dispersión de sus semillas y salvo las especies cuyas semillas tienen poca movilidad, las demás sí que son capaces de sortear esos obstáculos. Es más, algunas de ellas, como el ailanto por ejemplo, utilizan esas vías de comunicación para expandirse. El problema que tienen muchas plantas es que por mucho que produzcan semillas, éstas no van a encontrar en las zonas en las que se propagan las condiciones necesarias a su desarrollo. De hecho, muchas especies de nuestra flora son endemismos adaptados a condiciones medioambientales muy particulares y parece muy poco probable que muchas de esas especies vayan a ser capaces de adaptarse con tanta rapidez a las nuevas condiciones que imperarán en el futuro. Hemos de aceptar que, sin la intervención humana y sin traslocaciones, esas especies están condenadas a muerte. Los naturalistas de este país, tan aferrados a la idea de la autoctonía, tendrán algún día que hacer un examen de consciencia y cambiar el “chip” si pretenden salvar esas especies. Tendrán también que aceptar que muchas especies “alóctonas” se irán expandiendo en la Península en respuesta a los cambios climáticos.




Autovía del Olivar (Jaén). / Fotografía: Gestion.Inf.And. / Licencia: Creative Commons



Dicho todo lo anterior, ¿ qué podemos hacer para facilitar la migración de las especies amenazadas por los cambios medioambientales inducidos por el calentamiento global ? Aún sin ser ningún especialista en la materia, el sentido común sugiere algunas medidas básicas:

• Creación de pases de fauna en las principales vías de comunicación. Aunque tales pases de fauna se van incorporando en las obras más recientes y en zonas sensibles, lo cierto es que la mayoría de las autovías y líneas férreas son por ahora auténticos obstáculos para la fauna. Tales pasos deberían ser obligatorios en cualquier obra de cierta envergadura.

• Prohibición de las vallas cinegéticas. La proliferación de este tipo de vallas en las últimas dos décadas han convertido vastas regiones de la Península Ibérica en auténticos campos de concentración. Ante la presencia de estas vallas, algunas especies optan por cavar pasos por debajo de las vallas en los que los cazadores no dudan en instalar cepos y lazos que provocan una importante mortandad en las especies que los utilizan (entre ellas, el lince ibérico). Estas vallas, por otra parte, son una trampa mortal para la fauna en caso de incendio. Son –lo digo sin paliativos– una auténtica abominación. Añadamos a esto que quienes las erigen se pasan generalmente por el forro las servidumbres de paso existentes (incluso cortan vías pecuarias, que son de propiedad pública) y tendréis una pequeña idea del odio que les profeso…

• Creación de “corredores verdes” que conecten entre sí los distintos ecosistemas preservados y permitan el movimiento de las especies de un lugar a otro. De hecho, tales corredores existen desde hace muchísimo tiempo en la Península Ibérica, habiendo desempeñando las vías pecuarias un importante papel en la dispersión de muchas especies. Lamentablemente, muchas de ellas han desaparecido, sacrificadas por las administraciones o –aún peor– absorbidas por los propietarios de los terrenos circundantes en contra de la ley. Son, en efecto, las vías pecuario dominio público inalienable. Restaurar la vegetación de esos terrenos y permitir que desempeñen ese papel de conexión entre ecosistemas me parece una oportunidad única de realizar un proyecto que en muchos otros países europeos resultaría muchísimo más difícil llevar a cabo.

• Adecuación de nuestra política forestal a la evolución prevista de las condiciones climáticas. Se trata de un tema sumamente delicado y difícil, ya que se trata de decisiones que tienen un impacto durante décadas. La gran dificultad es que el cambio climático actual es muy rápido y se pueden echar a perder los esfuerzos realizados actualmente si no se tiene en cuenta el cambio climático. No solo los forestales deben tener en cuenta estos cambios. También los grupos ecologistas que pretenden reforestar áreas abandonadas deberían tenerlo en cuenta. ¿ Qué significa esto más concretamente ? Pues que en algunas zonas tal vez no hayamos o estemos plantando las especies más apropiadas. El futuro dirá si nuestras decisiones fueron acertadas o no.




A pesar de todas las precauciones, muchos linces mueren cada año atropellados en nuestras carreteras. / Fotografía: http://www.lynxexsitu.es / Licencia: Creative Commons



La supervivencia de muchas especies en nuestro país y en muchos países particularmente afectados por el calentamiento global depende de que esas especies puedan migrar e instalarse en las zonas más favorables a su desarrollo / supervivencia. Para muchas especies, esto significa más hacia el norte o a mayor altitud. Mucho cuidado con no subestimar el problema: estamos hablando de cientos de kilómetros hacia el norte y de cientos de metros hacia arriba. ¿ Qué opciones tienen los que se quedan atrás ? Adaptarse o morir. Así de sencillo. Y de momento parece que va camino de cumplirse esta última profecía. Si bien en algunos bosques se ha constatado un aumento de la producción de biomasa, en nuestro país ocurre todo lo contrario. El progresivo aumento de las temperaturas y de la severidad de los períodos de sequía están debilitando muchos bosques. Los encinares y alcornocales desarrollados sobre suelos esqueléticos son por ahora los bosques más afectados por el fenómeno de “decaimiento forestal” que los agentes forestales llevan ya un tiempo constatando. Esos bosques debilitados tienen hoy en día una mayor probabilidad de sufrir el ataque de agentes patógenos o de ser pasto de las llamas. Por mucho que “limpiemos” los bosques, no podremos evitar un fenómeno que está ocurriendo a una escala mucho más amplia.




Ejemplo del decaimiento de los abetales en el macizo del Albéras (Alpes-Maritimes, Francia).



No quisiera, sobre todo, que cunda el desánimo. Plantemos árboles. Restauremos ecosistemas. Intentemos que se mantengan localmente los ecosistemas más delicados protegiendo su entorno. Pero no perdamos nunca de vista que el mundo está cambiando y que esos cambios van a afectar sensiblemente a muchas zonas de la Península. No nos aferremos, pues, a verdades absolutas que podrían mañana paralizar nuestra acción e impedirnos mitigar los efectos del calentamiento. Salvemos lo que pueda ser salvado y demos una oportunidad a aquellas especies que probablemente estén condenadas a desaparecer en sus actuales reductos (siempre que se den las condiciones idóneas en otro lugar y que eso no ponga en peligro otras especies). Muchas probablemente desparecerán, por no existir lugares capaces de acogerlas pero si logramos salvar algunas, al menos nos quedará la satisfacción de haber hecho algo para mitigar los efectos de esta catástrofe anunciada desde hace mucho tiempo por unos científicos que nadie se ha tomado realmente en serio hasta ahora. Ante cambios tan importantes y repentinos como los que se prevé, fomentar la movilidad de las especies me parecería una buena manera de evitar que en un futuro no muy lejano nos encontremos con la mayoría de nuestros ecosistemas en total decaimiento y muy expuestos a una rápida degradación.

Cuando me mudé al piso en el que vivo actualmente con mi pequeña familia, hace un año, sufrí una grave recaída de una enfermedad que llevaba latente dentro de mí desde que era niño: la cactofilia . Mi pasión por los cactus, en efecto, viene de lejos pero nunca tuve la ocasión de vivir en un lugar en el que realmente pudiera cultivarlos. Al llegar a este piso, sin embargo, me di cuenta que este era el lugar ideal para resucitar esa vieja pasión y pronto se desató la locura de los cactus. En poco menos de un año he constituido una pequeña colección de cactus que ya me ha deparado unas cuantas alegrías. No soy un coleccionista en busca de especies raras, mis cactus son probablemente todos de una banalidad que probablemente ahuyentaría los auténticos cactófilos. Digo “probablemente” porque muchos de ellos los he comprado en grandes superficies sin ni tan siquiera conocer su identidad. He ido identificándoles utilizando las guías de las que disponía o, más simplemente, preguntando en foros especializados. En base a esas identificaciones, he separado mis cactus en tres “poblaciones”, según su sensibilidad al frío.

Terraza

La terraza de mi piso está orientada hacia el SE y en ella brilla el sol toda la mañana, tanto en verano como en invierno. Los cactus los tengo en macetas y en jardineras parcialmente protegidas de la lluvia. Tan solo las lluvias muy fuertes acompañadas de mucho viento logran realmente humidificar la tierra. Aquí tengo los cactus supuestamente más resistentes al frío.
Jardinera fachada

Pequeña jardinera de cemento orientada hacia el SW, totalmente expuesta a las intemperies pero a la que le da el sol muchísimas horas. En invierno unas 8 horas y en verano unas 12-13 horas.
Ventanal de la cocina

Mi cocina posee un enorme ventanal con un reborde interior que he llenado de cactus que, en primera instancia, puse para disuadir la curiosidad de mis niños, ya que esos ventanales se abren de par en par… El sol brilla aquí por la tarde, durante bastantes horas en verano y tan solo brevemente en invierno. La temperatura sufre menos variaciones que en la terraza, bajando en invierno alrededor de los 10 grados. Aquí he puesto los cactus más sensibles, que no aguantan mucho frío.

En la tabla a continuación les ofrezco un pequeño resumen de lo que ha dado de sí este primer año sobre la terraza...


Norteamérica


Pachycereus pringlei Cactus arborescente que alcanza la altura récord de 19,2 m de altura (se trata del cactus más grande que se conoce). Es originaria del NW de México (Baja California, Baja California Sur y Sonora). Resiste temperaturas de hasta -9 grados y de momento tiene muy buena pinta. Tendré un evidente problema cuanda crezca un poco (lo compré tardíamente y no me hago, de momento, una idea muy clara de la velocidad a la que crece)... Siendo un ejemplar muy jóven, es poco probable que la vea nunca florecer..
Stenocereus thurberi Especie con una distribución muy parecida a la de la especie anterior (Baja California y Sonora), aunque también está presente en EE.UU (S de Arizona). Sus tallos, que nacen prácticamente en la base de la planta, alcanzan una altura de hasta 8 m. No es muy resistente al frío pero aguanta temperaturas hasta de -2 grados. Verla crecer todo lo que pueda sobre mi terraza ya será una satisfacción. No espero, obviamente, verla florecer, ya que esto no ocurrirá antes de que pasen bastantes años.
Carnegiea gigantea El nombre lo dice todo. Otro gigante, que alcanza los 12 m de altura, originario del S de Arizona (US) y el NW de Sonora (MX). El que tengo, realmente , es un bebé que de momento presenta un aspecto subglobular y está cubierto de larguísimas espinas. No ha crecido demasiado desde que lo compré. Esta tampoco espero verla florecer nunca...
Ferocactus hamatacanthus De todos los (supuestos) Ferocactus que tengo en la terraza, éste es el único que ha florecido hasta ahora. Lo compré en el Real Jardín Botánico de Madrid y no esperaba yo que se pusiera a florecer este mismo año. Se trata de una especie originaria del N de México y S de Texas (EE.UU.).
Ferocactus latispinus Originario de las partes centrales de México, resiste temperaturas de hasta -5 grados. Aunque ya tiene un buen tamaño (11 cm de diámetro), no ha llegado a florecer este año. Tengo, sin embargo, muchas esperanzas de que lo haga la próxima primavera.
Ferocactus glaucescens ? Supongo que se trata de un Ferocactus pero la verdad es que no tengo nada clara su identidad... De momento luce un aspecto muy sano, así que me imagino que hice bien ponerle en la terraza...
Ferocactus ? Este también pienso que es un Ferocactus pero tampoco tengo clara su identidad... El también tiene un muy buen aspecto.
Ferocactus ? Aunque los tallos son de un tamaño mucho más reducido y, además, se agrupan en densas colonias, creo que también se trata de una especie del género Ferocactus. Ha crecido bastante durante el pasado año y lo tuve que pasar a una maceta ancha. Quien sabe, tal vez florezca este año...
Opuntia rufida ? No tiene, actualmente, un aspecto muy saludable pero es por lo visto una característica de muchas Opuntias que en invierno tienen un aspecto algo marchitado. Así que ya veremos si en primavera vuelven a incharse un poco sus tallos... Muchas Opuntias aguantan temperaturas muy bajas y no creo que ésta, cuya identidad no tengo aún muy clara, sea una excepción.
Mammillaria zeilmanniana Cactus globoso o cortamente cilíndrico, solitario al principio, originario del centro de México (Guanajuato). Aguanta temperaturas de hasta -5 grados. Lo compré muy pequeñito (apenas 4 cm de diámetro) pero eso no ha impedido que se pusiera a florecer casi de inmediato. Ha aumentado considerablemente de volumen, sin parar de florecer buena parte del verano. El año que viene será, sin lugar a dudas, una de las atracciones de mi terraza.
Mammillaria elongata Cactus de tallos cilíndricos, alargados, que no sobrepasan los 3,5 cm de diámetro, y que forma densos grupos. Aguanta temperaturas negativas y es una de las poquísimas especies de Mammillaria cuya naturalización se ha constatado en nuestro país. Lo tuve todo el verano en la cocina pero me he arriesgado a ponerlo en la terraza.
Mammillaria matudae Otra Mammillaria de tallos cilíndricos, solitarios o formando grupos, de 3-5 cm de diámetro. Aguanta temperaturas de hasta -4 grados. Es originaria del centro de México. Compré un ejemplar minúsculo que ha crecido mucho este verano. Dio una única flor, que no esperaba. La próxima primavera debería florecer más abundantemente.
Mammillaria sp. Aunque viene identificado como M. parkesonnii, no tengo muy clara su identidad. Lo puse en la terraza y parece que le está gustando, ya que está cubierto de capullos de flores.
Mammillaria bombycina Originaria de los estados de Aguascalientes y de Jalisco (MX) donde crece entre 2350 y 2500 m. Aguanta temperaturas de hasta -2 grados. Ya había florecido cuando la compré. Su crecimiento ha sido espectacular, beneficiándose claramente de la muchas horas de sol de las que dsipone en la pequeña jardinera de cemento en la que la puse. Está totalemnte expuesta a la lluvia pero confío en que la dósis de sol que recibe contribuya a aumentar la evapotranspiración.
Mammillaria compressa ? Este cactus es, probablemente, el que más me ha costado comprar. Tenía un aspecto moribundo en la tienda y realmente parece que nadie lo quería (era el último y se quedó esperando varios días hasta que finalmente lo "rescaté"). Al poco tiempo empezó a florecer y ha crecido de manera espectacular, habiendo tenido que trasplantarlo a una maceta muy ancha para que pueda seguir desarrollándose.


Sudamérica


Cereus peruvianus Cactus arborescente que puede alcanzar unos 15 m de altura. Es originario del S de Brasil (Rio Grande do Sul), Uruguay y NE de Argentina. Resiste temperaturas de hasta -12 grados. Compré un ejemplar que apenas medía unos 10 cm de altura la pasada primavera y su crecimiento ha sido espectacular, alcanzando actualmente una altura de casi 45 cm el tallo más grande. Siendo un ejemplar aún muy jóven, no ha florecido este año.
Parodia leninghausii Cactus columnar con tallos de hasta 1 m, originario del S de Brasil (Rio Grande do Sul). Resiste temperaturas de hasta -9 grados. Aunque es frecuente encontrar ejemplares ya muy desarrollados y con flores, preferí comprar un ejemplar muy joven, con tallos subglobulares, que ahora empiezan a desarrollarse. Su crecimiento no ha sido muy importante, sin embargo. Siendo un ejemplar aún muy jóven, no ha florecido este año.
Echinopsis subdenudata Pequeño cactus de tallo globoso, prácticamente sin espinas, que produce unas flores blancas muy grandes, con un tubo que puede alcanzar los 20 cm. Las flores son nocturnas y tan solo duran un único día. Es originario del S de Bolivia (Tarija) y del W de Paraguay. Resiste heladas de hasta -7 grados. A pesar del reducidísmo tamaño que aún tenía este cactus este verano (unos 6 cm de diámetro), llegó a dar dos flores.
Echinopsis sylvestrii Tras verlo en flor en algunas ventanas de mi barrio, andaba yo con bastantes ganas de conseguir un ejemplar o, al menos, algún esqueje. Lo encontré, finalmente, en el Leroy Merlin y espero ahora con impaciencia la próxima primavera para verle florecer. Es un cactus originario de la región de Tucumán (Argentina) y es bastante resistente al frío (hasta -15 grados).
Gymnocalycium saglionis ? Originario de Argentina, este cactus tiene un tallo semi-esférico que luego se convierte en cortamente cilíndrico. Es bastante resistente al frío, aguantando temperaturas de hasta -12 grados. Ya veremos si el frío favorece o no su floración.
Parodia magnifica Cactus globoso, solitario o en grupos muy apretaditos, que acaba adquiriendo, con la edad, un porte cortamente cilíndrico. Es originario del S de Brasil (Rio Grande do Sul), donde aguanta temperaturas de hasta -7 grados. Hasta ahora ha aguantado perfectamente las temperaturas invernales de Madrid y tiene una pinta estupenda. Ha crecido mucho el pasado año y lo voy a tener que pasar a una maceta mucho más ancha que la jardinera en la que se ha desarrollado.
Parodia nothorauschii Cactus globoso o cortamente cilíndrico, solitario, originario de Uruguay (Riviera) y del S de Brasil (Rio Grande do Sul). Ha crecido bastante este año y alcanza ya un diámetro que debería ser el definitivo. Tengo muchas esperanzas de verle florecer la próxima primavera, tras superar el frío invernal que intuyo debería aguantar vista su procedencia. De momento tiene buena pinta.
Parodia haselbergii Cactus globoso, solitario, densamente cubierto de espinas, originario del S de Brasil (Rio Grande do Sul, Santa Catarina). Algunos autores dicen que aguanta hasta -2 grados aunque al ser una especie proveniente de zonas montañosas, tengo la sospecha de que aguanta temperaturas algo más frías. Sin darme cuenta, son 2 ejemplares los que me compré. El primero tenía espinas amarillentas y floreció en junio pero luego se secó. No sé si lograré recuperarlo. El segundo tiene unas espinas blancuzcas y dio unas cuantas flores al poco tiempo de comprarlo. Luego creció bastante y está actualmente cubierto de capullos de flores. De seguir así el tiempo, me da la sensación que podría empezar a florecer en enero.
Parodia werneri Cactus globular, de ápice deprimido, que llama mucho la atención por su color oscuro y brillante. Originario del S de Brasil (Rio Grande do Sul) y capaz de resistir temperaturas de hasta -4 grados. Lo adquirí aún muy pequeñito (el típico cactus que venden por 1 euro) y ha crecido bastante durante este año. Tengo mis dudas de que florezca ya el que viene, sin embargo, ya que puede alcanzar un diámetro de unos 17 cm (tan solo mide unos 10 cm de diámetro por ahora).
Rebutia krainziana Cactus globular, que forma densas colonias. Se trata de una forma hortícola cuyo antecesor parece ser originario de la región de Jujuy (Argentina). Aguanta temperaturas de hasta -4 grados. Este cactus forma parte de los que adquirí por 1 euro y ha crecido mucho durante este año. Ya se verá si empieza a florecer la próxima primavera.
Rebutia cv. sunrise Pequeño cactus globular, que forma densas colonias. Desde que lo compré por 1 euro en el Alcampo, se ha desarrollado considerablemente, formando un auténtico montículo de pequeñas esferas. Su floración ya fue todo un espectáculo la pasada primavera. Prefiero no imaginar cómo se va aponer en la que se avecina...
Rebutia senilis var. fuchsia De todas las Rebutias que tengo, ésta es probablemente las más voluminosa. Su floración, sin embargo, ha sido discreta este año. Tengo curiosidad por ver si el frío invernal favorecerá o no su floración. Respuesta cuando llegue la primavera...
Rebutia muscula ? Esta es la Rebutia que ha florecido con más abundancia este año. Desde entonces, sus tallos han experimentado un claro alargamiento. Ya veremos si vuelve a florecer tan prolíficamente...
Rebutia sp. Otra Rebutia de tallos bastante pequeños que forman densas colonias. Se ha extendido bastante este año y ya ha dado unas cuantas flores. Ojalá el año que viene repita.
Oreocereus trollii Cactus columnar originario de Argentina (Jujuy) y de Bolivia (Chuquisaca, Oruro, Potosí y Tarija). Crece entre 3000 y 4000 m, en la puna y resiste temperaturas de hasta -12 grados. Ha mostrado, en este primer año, un importante crecimiento, duplicando casi su tamaño. Siendo un ejemplar aún muy jóven, no ha florecido este año.
Echinopsis arachnacantha Originario de Bolivia (Tarija), este cactus forma grupos compactos. Resiste temperaturas bastante bajas (por debajo de los -4 grados) grados. Ha crecido mucho el que tengo y ha dado ya unas cuantas flores. Pronto lo pasaré a una maceta ancha que le permita expandirse.
Espostoa nana Cactus columnar originario de la región de Ancash (Perú), cuyos tallos pueden alcanzar una altura de 1,5 m. Aguanta hasta -2 grados. No ha crecido demasiado este año. Al menos parece que sigue a gusto en la jardinera de cemento en la que le puse.



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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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