Los delirios de un viejo loco
Hay días así en los que me siento como el viejo loco del barrio que se pasa el día anunciando catástrofes que otros no intuyen. La edad es a la vez una condena, al acercarte irremediablemente el paso del tiempo al desenlace de una vida que de repente tienes la sensación de haber desaprovechado sin haber hecho nada para preservar esa Naturaleza de la que heredamos, y una bendición al permitirte analizar las cosas con la suficiente perspectiva para entender lo que está pasando. Te acuerdas de repente de los inviernos de tu juventud y sientes algo de tristeza cuando ves lo felices que se ponen los niños cuando ven caer cuatro copos de una nieve que desaparece a las pocas horas. Claro, para ellos se trata de algo absolutamente excepcional pero aquello era lo normal cuando tú eras niño. Esa falta de perspectiva temporal de la que sufre nuestra desmemoriada sociedad nos está poniendo en peligro a todos. Al no ser capaces de entender lo que ha cambiado en este mundo, los más jóvenes abrazan ideas e ideologías que nos hubiesen avergonzado hace tan solo un par de décadas.
Personas patinando sobre el estanque del Palacio de Cristal en el parque del Retiro el 17 de enero de 1914. Una escena absolutamente surrealista hoy en día...
El siglo XXI, que parecía que iba a ser un siglo de progreso empieza en realidad por una tremenda involución ideológica que nos retrotrae casi un siglo atrás. Las Naciones Unidas se crearon para que no se volviese a producir el horror de las guerras mundiales y para establecer una especie de gobernanza global que nos permita enfrentarnos a problemas globales. ¿Y que vemos actualmente? El desmantelamiento de las grandes instituciones por países que sueñan con liderar el mundo aunque sea a costa de esquilmar todos sus recursos. Y ese desmantelamiento va de la mano de ideologías que se parecen mucho a las que se propagaron en nuestro continente hace un siglo. Muchos me dirán que una situación no tiene nada que ver con la otra, pero eso a mí no me tranquiliza en absoluto, porque vivimos en un mundo que dispone de un arsenal que le permitiría autodestruirse por completo si a alguno se le fuera la pinza. Y francamente, saber que superpotencias como Estados Unidos y Rusia están lideradas por ultranacionalistas a los que les trae al pairo los derechos civiles a mi me quita el sueño.
Estos locos no han entendido aún que su principal enemigo es el cambio climático. Sus políticas van exactamente en sentido contrario. Luchan entre ellas para apoderarse de los recursos existentes y no les importa un rábano el impacto medioambiental que puedan tener. El problema, evidente creo yo, es que seguimos deteriorando el medio ambiente a pasos agigantados. Seguimos construyendo carreteras y ciudades. Seguimos consumiendo petróleo desaforadamente. Tal es nuestra dependencia del oro negro que ha bastando con una guerra en el Golfo Pérsico para poner contras las cuerdas nuestras economías. Los que soñaban con lograr un mundo descarbonizado en pocas décadas me temo que no habían entendido muy bien la dimensión del problema. Y no hace falta ser experto en ecoonomía para entenderlo. Todo, a nuestro alrededor, es petróleo. Vuelves de la compra y la mayor parte de tu compra son bolsas de plástico y envases. Y claro, a no ser que ya tengas un coche eléctrico, necesitarás llenar el depósito de gasolina. Y para que puedas volver del super, situado a kilómetros de tu domicilio, necesitarás también que existan carreteras y calles asfaltadas sobre las que tu coche, provisto de neumáticos de caucho sintético, podrá rodar con toda seguridad. El petróleo está por todos lados. Puede incluso que la ropa que lleves en este mismo momento sea un derivado del petróleo (poliester).
Nos enfrentamos a un problema gigantesco. Bien es cierto que tal vez sea mejor secuestrar el carbono en los polímeros con los que fabricamos los distintos tipos de plásticos, pero la dificultad de las materias plásticas para degradarse es a su vez un terrible problema medioambiental, al reducirse los plásticos desechados en micropartículas que lo contaminan absolutamente todo, provocando graves alteraciones en la fisiología de muchísimos seres vivos (se calcula que podemos tener el peso de una tarjeta de crédito en microplásticos acumulados en el interior de nuestro cuerpo). La baja de la fertilidad en muchísimas especies (hombre incluido) parece estar íntimamente ligada a la presencia de estos microplásticos en el medio ambiente. Y mientras tanto, tenemos a idiotas peligrosos afirmando que aquí no pasa nada, que el cambio climático es un cuento para asustarnos. Idiotas armados que no dudan en hacer uso de una fuerza desmedida para realizar sus sueños de grandeza. Este mundo es un auténtico asco y no veo yo muy bien como revertirlo con mis acciones personales. Las soluciones solo pueden ser globales. Debemos resucitar la ONU y ser conscientes de que si alguien va por libre nos condena a todos. Invito, claro está, cada uno a aportar su granito de arena, pero el edificio solo lo podremos construir entre todos. Pero claro, en sociedades en las que una pequeña minoría de vampiros se nutre del trabajo y desamparo de una inmensa mayoría de la gente, resulta difícil aunar esfuerzos y evitar que en su desesperación esas personas se dejen seducir por los mesajes de odio simplistas que algunos difunden...
Nelson Mandela en la ONU en 1994. Un foro que algunos países desprecian por completo y han abogado a la irrelevancia cuando el mundo en realidad más necesita de una gobernanza global. Ninguno de sus mandatarios le llega ni tan siquiera al tobillo a una figura como la del ex-presidente de Sudáfrica...
Así que perdonen ustedes los desvaríos de este pobre loco, al que nadie hace caso y que probablemente acabará sus días en una residencia en la que las enfermeras le preguntarán con guasa: "¿Qué pasa Adrián, ya se está acabando el mundo?" Al menos yo tendré la suerte de poder acabar mis días en una residencia, porque dudo mucho que a muchos jóvenes les alcance la pensión para un tal lujo el día que lo necesiten. Tal vez entonces se den cuenta de que el pobre loco del que se mofaban en la residencia tal vez no andaba tan descaminado...


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