Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Acabada la primavera, me atrevo a hacer hoy un pequeño resumen de mis pequeños experimentos de arboricultura. Lo primero decir que sembré sobre todo semillas de especies "exóticas", de esas famosas "paleoautóctonas" que tanto me interesan. Lo que pretendía saber era, sobre todo, si estas especies que crecen en climas tan similares al nuestro lograrían germinar aquí en Madrid. Vaya por delante que soy un absoluto principiante en este tipo de experimentos y que en todo momento me he dejado guiar por el sentido común ante mi total falta de experiencia en la materia. El resultado, he de decir, ha superado mis expectativas a pesar de algunas decepciones.


Para empezar, tal como podéis ver en la fotografía, he de explicar que no tengo ni jardín, ni parcela, ni finca, ni ningún lugar en el que pudiera hacer crecer esos árboles. Lo mío es realmente arboricultura mileurista, llevada a cabo sobre la terraza de mi apartamento en jardineras de lo más normalitas. Como substrato, eso sí, utilizo tierra para cactus, por aquello de obtener un buen drenaje. Una vez algo desarrollados los arbolitos, los transplanto entonces a botellas de agua de litro y medio, hasta que llega la hora de encontrarles una ubicación definitiva, cosa que tendré que hacer este otoño con los árboles sembrados el año pasado.


Pues nada, por último deciros que algunas semillas provienen de parques y jardines de la región y fueron recolectadas en noviembre y que otras las compré por internet y me llegaron a principios del año. Las almacené todas sobre mi terraza donde las dejé aguantar las bajas temperaturas del invierno. Veamos pues qué ocurrió...

Ginkgo biloba

Esta es una de las especies que ya sembré el año pasado y que volví a sembrar este año. El resultado es realmente espectacular. La tasa de germinación es bastante alta y su desarrollo posterior es muy bueno. El hecho de recoger las semillas en un jardín en el que conviven ejemplares de ambos sexos prácticamente yuxtapuestos explica probablemente ese éxito. Los ejemplares que sembré hace casi año y medio miden ahora entre 30 y 40 cm y tienen muy buen aspecto. Encontrar un hábitat para el ginkgo en nuestra región no será fácil pero estoy convencido de que deben existir lugares en los que está especie debería ser capaz de desarrollarse sin la intervención del hombre, tal como lo hiciera en el pasado.



Taxodium distichum var. mexicanum

El mayor éxito del año. En noviembre recogí semillas en el Parque del Príncipe de Aranjuez, donde los ahuehuetes alcanzan un tamaño descomunal, y en febrero las sembré... La mayoría de ellas germinaron y probablemente me quedaré con una veintena de individuos, los más vigorosos de los muchos que llegaron a germinar. Viendo la facilidad con la que germinan, no se entiende que haya tan pocos en nuestro país. Se entiende aún menos viendo el éxito rotundo obtenido en el Parque del Príncipe, donde esos árboles son auténticos gigantes. Prefiero no imaginar cómo estarán dentro de 500 o 1000 años...





Platanus orientalis

Compré las semillas por internet y me han nacido una docena de arbolitos. No es mucho viendo la cantidad de semillas que vienen en un paquetito pero es mucho más de lo que esperaba. El desarrollo es más bien lento durante las primeras semanas. Parece, sin embargo, que ha dado un acelerón con la llegada del calor pero sorprende que sus raíces no se desarrollen tan rápido como el resto de la planta. En total una decena de arbolitos son los que debería lograr sacar adelante.





Carya illinoiensis

Recogí unas cuantas nueces pacanas en el Parque del Príncipe de Aranjuez y muchas germinaron. Como curiosidad señalar que la planta empieza primero por desarrollar un fuerte sistema radicular antes de echarse a crecer hacia arriba. Tanto es así que algunos no lograron ni tan siquiera a desarrollar tallo y hojas. Me quedé finalmente con 4 ejemplares que están creciendo satisfactoriamente. Viendo el desarrollo de las raíces, probablemente haría bien en no esperar año y medio para transplantarlos en su ubicación definitiva.

Albizia julibrissin

Las semillas también provienen de Aranjuez, recogidas en unos ejemplares bastante desarrollados plantados en la acera de una gran avenida. Germinan relativamente tarde pero una vez iniciado su crecimiento, crecen con ganas. La tasa de germinación es muy alta.





Zelkova carpinifolia

Esta es una de las especies que más me fascina y me enfrentaba a varios retos. El primero era encontrar semillas, cosa que finalmente logré hacer en una tienda norteamericana que era la única que disponía de ellas (ella misma las consigue en Rusia). La otra era que germinasen. La tienda, en efecto anuncia una tasa de éxito muy baja (20%), ya que se trataba de semillas algo antiguas, y era muy posible que no obtuviera ningún resultado. De hecho, pensaba que iba a ser el caso hasta que vi aparecer, muy tardíamente, tres pequeñas plántulas que resultaron ser las ansiadas zelkovas. De momento siguen siendo pequeñas plántulas con unas cuantas pequeñas hojas y no sé si seguirán desarrollaándose.





Acer saccharinum

Esta es una especie que no me proponía sembrar pero en un paseíto a proximidad de mi trabajo me di cuenta que este arce soltaba sus semillas a comienzo de la primavera (los demás arces lo hacen en otoño). No pude resistir la tentación de sembrar unas cuantas y me quedé alucinado: germinan en apenas una semana y el desarrollo es ultra rápido en las primeras semanas. El más alto mide ya unos 15 cm de altura. A este ritmo se enfrentará a su primer invierno hecho ya un arbolito.

Pterocarya fraxinifolia

Otra especie cuyas semillas compré por internet y que creí que iba a dar un mejor resultado. Tan solo 3 de ellas llegaron a germinar pero su desarrollo es satisfactorio por ahora.





Liquidambar orientalis

Dediqué todo un post a esta especie y como ya contaba en él, encontrar semillas de esta especie fue toda una epopeya. Nadie las vende y no me quedó más remedio que intentar obtener algunas en el Jardín del Príncipe de Aranjuez, cosa que no resultó nada fácil al ser el año pasado un mal año en cuanto a producción de semillas se refiere. Conseguí muy pocas pero aún así llegaron a germinar 3 de ellas. Uno de los ejemplares no prosperó, quedando tan solo 2 ejemplares con un desarrollo muy desigual, aunque parece que el más pequeño de ellos por fin se anima un poco.





Koelreuteria paniculata / Firmiana simplex

Desesperado de no ver aparecer nada en algunas jardineras, sembré en abril algunas semillas que había descartado por falta de sitio y el resultado fue sorprendente en el caso del árbol de los farolillos, que germina con cierta facilidad. No tenía, en cambio, mucha esperanza de ver germinar las semillas del parasol chino. Son pocos los ejemplares que hay en el Parque del Retiro y cuando recogí las semillas había muy pocos frutos. No tenía yo muy claro que esas semillas fuesen viables. El caso es que tan solo una germinó a una velocidad de vértigo. No descarto que aún pueda hacerlo alguna otra ya que apareció la plántula muy recientemente.



Pinus pinea

Hay en mi barrio algunos pinos piñoneros de muy buen ver que prometen aún crecer bastante. En otoño, al volver del cole con los niños, nos encontramos piñones y les expliqué a mis hijos que si los sembrábamos iban a crecer pequeños pinos. Así que eso hice y tengo ahora 4 pinitos que iré a plantar con ellos en algún descampado en cuanto crezcan un poco. Este otoño iremos a por bellotas a la Casa de Campo y empezaré a plantar encinas en lugares en los que tengan alguna probabilidad de sobrevivir.



Eucommia ulmoides

Tan solo tres semillas llegaron a germinar y una de las plántulas murió al poco tiempo pero los dos ejemplares que sobrevivieron demostraron tener mucha vitalidad. Ojalá las semillas que no lo hicieron lleguen a germinar la próxima primavera. Lo hacen muy pronto, sea dicho de paso. Es, con el ahuehuete, la especie que tardó menos en hacerlo. Esta fue una compra de la que no me arrepiento aunque, eso sí, esperaba que fuesen a germinar más semillas.





Brachichyton populneus

Cogí semillas de un árbol en pleno centro de Barcelona y no pensaba yo que fuesen a germinar pero... ! Vaya si germinaron ! Algunas lo hicieron al poco tiempo de yo sembrarlas, en pleno verano, y otras lo hicieron esta primavera. Ver crecer este árbol es fascinante. Quien haya visto alguna vez la raíz engrosada que desarrolla se habrá quedado alucinado con este árbol que me parece un buen candidato para resistir la sequía. Mi siguiente paso será plantarlos en algunos descampados de mi barrio para ver si son capaces de sobrevivir, cosa de la que les creo muy capaces viendo su estrategia de almacenamiento...





Platycladus orientalis

Sembré unas cuantas semillas tardíamente, por despecho, en una jardinera en la que no había crecido nada y me llevé una buena sorpresa. Tengo ahora mismo 4 plántulas iniciando su desarrollo y espero realmente que sigan su desarrollo, ya que se trata de un árbol bastante resistente a la sequía que parece estar bien adaptado a nuestro clima (en el norte de Irán) forma bosques mixtos con el ciprés (Cupressus sempervirens).



Parrotia persica

La gran decepción de esta primavera. Ni una sola de la veintena de semillas que adquirí llegó a germinar. He leído que conseguirlo puede llevar bastante tiempo y es probable que una estancia prolongada en el frigorífico les hubiese venido bien. Tal vez algunas semillas germinen la próxima primavera. Eso sí, evitaré reutilizar la tierra en la que sembré esas semillas porque no hay manera de diferenciarlas del substrato...

Ostrya carpinifolia / Carpinus orientalis

Tampoco hay noticias de estas dos especies. Creo que a ellas también les hubiese venido bien una estancia en el frigorífico antes de sembrarlas. Lo tendré en cuenta para futuros intentos ya que estas dos especies son fundamentales en mis planes, al estar estar particularmente bien adaptadas a nuestro clima.
El futuro, siento anunciarlo aquí hoy con tanta vehemencia, no será igual que ese pasado tras el que muchos andan corriendo. Pocos lugares quedan ya en nuestro país y en este continente que no hayamos alterado en mayor o menor medida y es prácticamente imposible que vuelvan a desarrollarse en el futuro los mismos ecosistemas que destruimos. No solamente han cambiado las condiciones ecológicas que propiciaron su desarrollo, sino que también han cambiado la fauna y la flora, desapareciendo muchas especies y llegando muchísimas otras. Dedicamos, hoy en día, millones de euros a perseguir las especies exóticas que nos "invaden" sin ver que en realidad nosotros mismos hemos creado las condiciones para que prosperen. Hagamos lo que hagamos, esas especies no van a desaparecer. Eso no impide, claro está, que sigamos trabajando para intentar recuperar o reconstituir ecosistemas. Pero de nada sirve hacerlo si no tomamos consciencia de que probablemente, al final, el resultado podría ser bien diferente del esperado. Diferente pero no necesariamente peor. Vivimos en un mundo cambiante y la evolución de nuestros ecosistemas es en buena parte impredecible. El pasado, sin embargo, nos da buenas pistas acerca de cómo podría ser esa evolución…

Se han sucedido durante el Cuaternario distintos episodios glaciares, interrumpidos por periodos interglaciares durante los que las faunas y floras cálidas intentaron repetidamente regresar a sus antiguos dominios. Leones, leopardos, antílopes, hienas, hipopótamos, arruis y un largo etcétera de especies "africanas" llegaron a poblar el sur de Europa durante esos periodos interglaciares. La originalidad del actual período interglaciar es que las especies ya no pueden moverse con tanta facilidad. Salvo alguna excepción, como el chacal dorado o el arrui, es muy difícil que especies como las que hemos citado puedan colonizar o recolonizar nuevos territorios. Por sus actividades, el ser humano ha truncado el regreso de muchas especies que fueron "eliminadas" en un pasado no muy lejano. Es el caso, por ejemplo, del león, aún presente en la Península Balcánica en la Antigüedad y hace apenas 8000 años en el norte de nuestro país. Favorecer el regreso de esas especies se inscribiría pues en la lógica de lo ocurrido en anteriores periodos interglaciares. Impedir el regreso de esas especies, sea dicho de paso, nos llevaría a una situación inédita, quedando muchos nichos ecológicos vacíos. La modelización del hábitat de las especies que conforman nuestra actual fauna y su aplicación a las condiciones climáticas de finales de este siglo apunta a una progresiva desaparición de las especies de ámbito eurosiberiano de buena parte de la Península Ibérica. Si no dejamos que especies mejor adaptadas a las nuevas condiciones, como el arrui por ejemplo, colonicen esos nichos vacíos, corremos el riesgo de asistir a una simplificación de nuestros ecosistemas que podría poner en peligro a muchas especies cuya permanencia depende en gran medida de que exista una gran heterogeneidad en nuestros ecosistemas.

Introducir bisontes en los pinares del Sistema Ibérico o en las dehesas extremeñas es un sinsentido. Arruis y antílopes serían los pobladores más lógicos de esos ecosistemas que se van a quedar huérfanos si persistimos en creer que deberíamos basar nuestros esfuerzos en reconstituir la fauna y flora del reciente Holoceno. Seamos realistas: el nivel de CO2 en la atmósfera no había sido tan alto desde finales del Terciario. Si, como es de esperar en base a lo que conocemos del pasado, las temperaturas se ajustarán al actual nivel de CO2 (se observa una estrecha correlación entre ambos), se quedarán muy cortos esos 2 grados que la comunidad científica se ha fijado como límite de la subida de las temperaturas. Así que las cosas son bastante sencillas en realidad: o no hacemos nada y esperamos a ver qué pasa en un mundo tan intervenido por el hombre, o nos ponemos de una vez manos a la obra e intentamos facilitar esas migraciones que necesariamente tendrán (y tendrían ya) que ocurrir (o haber ocurrido). No creo, personalmente, que los bisontes o las cabras montesas de repente muten y se adapten a sobrevivir en los áridos ecosistemas del SE, que ganarán mucho terreno en la Península en un futuro mucho más cercano de lo que pensamos.

Así que dejemos de nadar a contracorriente, seamos pragmáticos y empecemos a creernos lo que nos cuentan los modelos de los climatólogos, que no son, sea dicho de paso, especialmente pesimistas (por evidentes razones políticas). Como geólogo que soy, me atrevo a decir que estamos volviendo a unas condiciones nunca vistas desde finales del Terciario (niveles de CO2 en la atmósfera). Saquen de ello sus propias conclusiones. ¿ Desmentirán las temperaturas las conclusiones de los geólogos, que observan que en el pasado el nivel de CO2 atmosférico y las temperaturas siempre han ido de la mano ? Podemos ignorar las conclusiones a las que llegan los climatólogos en base a los modelos que calculan (pobrecitos, no saben qué calculan) y podemos tachar de fantasiosa la historia que nos cuentan los geólogos (unos catastrofistas resentidos que intentan llamar la atención como pueden para obtener subvenciones). Sí, podemos seguir creyendo que el Holoceno sigue siendo ese mundo ideal que deberíamos intentar a toda costa reconstituir. Siento deciros que el Holoceno ha quedado ya muy atrás. O mejor dicho muy adelante, porque es un retroceso de varios millones de años el que está experimentando actualmente nuestro planeta. Negarlo es un fraude intelectual. Obviarlo, una grave irresponsabilidad. Que a estas alturas no asumamos aún realmente las conclusiones a las que llegan los climatólogos y nos obstinemos en reconstituir un mundo soñado me parece realmente preocupante...
Quienes hayan visitado alguna vez el Real Jardín Botánico de Madrid conocerán sin duda el que es el árbol más grande del jardín: una espléndida zelkova del Cáucaso (Zelkova carpinifolia) cuya altura sobrepasa probablemente los 30 metros y cuyo tronco tiene un diámetro en la base de 3,85 metros. Con sus ramas erectas, su tronco liso y su copa estrecha, esta especie es muy reconocible en los parques en los que se ha plantado.

El ejemplar del Real Jardín Botánico de Madrid tiene, sea dicho de paso, un hermanito en el propio jardín, cerca de las instalaciones del CSIC. Es una especie muy rara en otros lugares, destacando otro ejemplar monumental en el Jardín Botánico de Valencia. Esta escasez contrasta con lo que sabemos de su distribución pretérita, ya que se trata de una especie que tuvo una presencia muy importante en buena parte del continente europeo hasta que el recrudecimiento de las glaciaciones, a partir del Pleistoceno medio, la hizo desaparecer de buena parte del sur del continente europeo. Tan solo logró sobrevivir más tiempo en el sur de la Península Itálica, donde logró permanecer hasta hace escasamente 30.000 años. En la Península Ibérica, sin embargo, no logró pasar el umbral del Pleistoceno Medio.





En la actualidad, la especie a la que se atribuyen buena parte de los restos fósiles encontrados en Europa (Z. carpinifolia) tan solo sobrevive en el Cáucaso (bosque mixto del Cáucaso), el norte de Irán (bosque mixto hircano del Caspio), norte de Turquía (Ponto Euxino) y puntos aislados de Anatolia y del oeste de Irán. Cabe destacar, también, la presencia en dos islas del Mediterráneo de dos especies relictuales pertenecientes al mismo género, que sobrevivieron milagrosamente. Una de ellas (Z. abelicea) sobrevivió en las montañas de la isla de Creta, donde sus poblaciones sufrieron los efectos del pastoreo, siendo escasos los ejemplares que alcanzan cierto tamaño (10 m). El mismo problema sufría la otra especie que sobrevivió milagrosamente en Sicilia (Z. sicula), donde los ejemplares de porte arbustivo que se encontraron ni tan siquiera lograban alcanzar el suficiente desarrollo para poder reproducirse sexualmente. Una especie que muestra evidentes signos de debilitamiento (esterilidad) y que se cultiva hoy tanto in-situ como ex-situ, en un intento de favorecer su recuperación y de incrementar su variabilidad genética. Nadie sabe, a ciencia cierta, que aspecto tiene este árbol ni que dimensiones puede alcanzar. Probablemente no sobrepase los 10 m que alcanza la especie cretense.


ZelkovaFamilia: UlmaceaeOrden: Urticales

Árboles decíduos. Ramillas nunca espinosas, suberosas o aladas. Estípulas 2, libres, linear-lanceoladas, caducas, que dejan una pequeña cicatriz transversal a cada lado de la base de la hoja. Hojas dísticas, de margen aserrado a crenado; venación pinnada, con venas secundarias que se extienden hasta el mágen de la hoja, acabando cada una en un diente. Flores polígamas, que aparecen al mismo iempo que las hojas. Flores masculinas en fascículos en la axila de las hojas proximales de las jóvenes ramillas. Perianto campanulada, 4-6(7)-lobado. Estambres en igual número que los lóbulos del perianto, con filamentos cortos, eractos. Flores femeninas y hermafroditas generalmente solitarias o, más raramente, en fascículos de 2-4 flores, en la axila de las hojas distales de las jóvenes ramillas. Perianto 4-6-partido, con tépalos ibricados. Estaminodios ausentes, raramente desarrollados. Ovario sésil; óvulo péndulo. Estilo excéntrico. Drupas oblícuas, dorsalmente carinadas; endocarpo duro; perianto persistente; estigmas picudos. Semillas ligeramente aplanadas, de ápice cóncavo; endosperma ausente; embrión recurvado; cotiledones anchos; ligeramente emarginados o bilobados en el ápice. 2n = 28.





Ramilla fósil de Zelkova zelkovaefolia proveniente del yacimiento de Ciocadia (Rumanía), de una edad aproximada de 8 Ma (1).



Las zelkovas pertenecen a la misma familia que los olmos, de los que difieren por el tipo de fruto (una sámara alada en Ulmus, una drupa áptera en Zelkova). Esta diferencia explica probablemente que las zelkovas sufrieran mucho más los efectos de las glaciaciones, al no tener la misma capacidad de dispersión que los olmos, que tras la última glaciación lograron reconquistar rápidamente el terreno perdido. Este género tuvo una distribución holártica en el Tericario pero desapareció por completo de Norteamérica y de la práctica totalidad de Europa, sobreviviendo 3 especies en Asia oriental (Z. sínica, Z. serrata y Z. schneideriana) además de las que hemos evocado anteriormente. Que yo sepa, la zelkova no se ha utilizado nunca en programas forestales en nuestro país. Tampoco he encontrado indicios de que se haya efectuado ningún tipo de ensayo con esta especie. Me parece sin embargo que la zelkova sería una especie muy interesante en aquellas regiones húmedas del norte y de nuestras zonas montañosas en las que la subida de las temperaturas podría favorecer especies más termófilas, actualmente ausentes de la flora de esas regiones.




Mapa de distribución en Europa del género Zelkova en el Neógeno (ver significado de los símbolos y colores en la escala cronológica que se muestra a la columna de la derecha).



La reproducción por semillas de la zelkova es aparentemente difícil. Además de tener una tasa de germinación muy baja, las semillas tienen además una dormancia difícil de vencer. De las semillas que sembré en febrero en mi terraza no ha crecido ninguna. Puede que alguna lo haga el año que viene pero de momento he de admitir que el resultado obtenido es un tanto desalentador...



(1) Paraschiv V. (2013) / New contributions to the Ciocadia middle Miocene flora (part two) / Oltenia. Studii úi comunicări. ùtiinĠele Naturii. Tom. 29, No. 2





Una de las familias de árboles que más sufrió los efectos de las glaciaciones cuaternarias en el continente europeo es, sin lugar a dudas, la de las Juglandáceas. Aunque una especie – el nogal – logró sobrevivir en las penínsulas meridionales y otra – la que tratamos en este artículo – tan solo se encuentra hoy presente en el Cáucaso, en la periferia del continente, presentaba antes de las glaciaciones una rica diversidad de especies pertenecientes a géneros como Juglans, Carya, Pterocarya, Engelhardia, Platycarya, Cyclocarya, etc. Muchos de estos géneros tan solo sobrevivieron luego en el SE asiático y en Norteamérica, desapareciendo por completo del continente europeo. Desaparecieron primero las especies más termófilas (a finales del Plioceno), manteniéndose en nuestro continente tan solo los dos géneros actualmente presentes (Juglans, Pterocarya) y el género Carya, que sobrevivió en la Península Ibérica hasta el Pleistoceno medio y hasta fechas mucho más recientes aún en Anatolia. 



La pterocaria del Cáucaso es una especie presente en el W del Mar Negro, el Cáucaso y el N de Irán, con algunas poblaciones dispersas y aisladas en Anatolia y otros puntos más meridionales de Irán. Se trata de una especie termófila con unas altas exigencias en humedad, siendo su hábitat natural los bosques riparios. Como se puede ver en el mapa más abajo, la pterocaria del Cáucaso fue una especie muy difundida por todo el continente europeo a principios del Cuaternario (Pleistoceno Inferior). Fue, además, muy abundante, siendo en muchos lugares la especie dominante en el espectro polínico.




Aunque se consideraba extinta esta especie en la Península Ibérica desde el Pleistoceno medio, el registro lacustre de la laguna de El Cañizar, analizado por Eduardo García-Prieto Fronce (1), ha mostrado que esta especie sobrevivió en el E de la Península Ibérica hasta el último periodo interglaciar (Eemiense), posiblemente hasta hace 67.000 años. El calentamiento sufrido por buena parte del continente europeo desde hace varias décadas favorece, hoy en día, claramente a esta especie que ya se ha naturalizado en algunas regiones en las que, cruel paradoja del destino, se la considera invasora (quien fue a Sevilla perdió su silla).

Pterocarya fraxinifoliaFamilia: JuglandaceaeOrden: Fagales

Árbol de hasta 35 m, de rápido crecimiento, de copa ancha y redondeada, con la corteza profundamente fisurada. Hojas imparipinnadas que pueden superar los 60 cm de longitud, con 11-20 pares de folíolos sésiles, fuertemente aserrados, con unos 50 a 65 dientes a cada lado, puntiagudos, de unos 5-10 cm. Fruto de aproximadamente 1,8 cm de anchura, con alas semi-orbiculares.

Pterocarya:

Árboles, monoicos, a menudo con pequeñas glándulas peltadas, con resina, de color amarillo pálido –las que, al secarse, adquieren aspecto de escamas–. Ramillas de médula perforada. Yemas terminales estipitadas, en general desnudas, rara vez con 2-4 catafilos, prontamente caducos. Hojas caducas, par o imparipinnadas –por desaparición del folíolo terminal–; foliolos 5-21(-25), de margen serrado, con pelos simples o fasciculados, y glándulas, o sin ellas, a veces glabros, ± sentados o de peciólulos muy cortos; raquis alado o áptero. Inflorescencia masculina en amento, solitario o en grupos de 3-5, lateral o terminal, péndulo. Inflorescencia femenina en amento, de más de 10 flores, solitario o en grupos de 2-5 en panícula, terminal, péndulo en la fructificación. Flores masculinas de bráctea soldada al receptáculo excepto en el ápice, y éste, peque- ño, ovado o lanceolado y entero; bractéolas 2, soldadas al receptáculo y a los sépalos, de tal forma que en el conjunto hay 3-6 lóbulos ± desiguales; sépalos (1-2)-3(4); estambres 5-31; anteras glabras o pelosas. Flores femeninas de bráctea soldada por la base al receptáculo, pequeña, entera, no acrescente; bractéolas 2, casi libres en la cara abaxial y ± soldadas en la cara adaxial, acrescentes; sépalos 4, soldados al receptáculo en gran parte de su longitud; carpelos 2 –rara vez y en algunas flores 3–; estilo normalmente con 2 ramas estilares, recurvadas, con la zona estigmática hacia el interior. Fruto samaroide; nuez con 2 ó 4 lóculos en la base, de pared ± pétrea; ala 1, completa y ± circular, o 2, laterales y de semicirculares a ± lineares –en todo caso, proceden muy principalmente de las bractéolas–. Semilla de cotiledones con 2 lóbulos pequeños cada uno.


Navarro C. & Muñoz Garmendia F. / in: Castroviejo & al. (eds.), Flora iberica vol. 9 / http://www.floraiberica.org / Licencia: Creative Commons


Se trata de una especie relativamente poco cultivada. La mayoría de las pterocarias cultivadas en nuestro país pertenece a la especie oriental (P. stenoptera) o al híbrido de ambas (P. x rhederiana). Según el catálogo publicado por el Ayuntamiento de Madrid, se habrían plantado 347 ejemplares de esta especie en el proyecto Madrid Río pero no tengo demasiado claro que realmente correspondan a esta especie (habrá que verificarlo in-situ). Su cultivo no parece que entraña muchas dificultades. La región de la que es originaria tiene un clima de tipo submediterráneo muy parecido al nuestro y si se cumplen los requerimientos hídricos de esta especie, debería prosperar sin muchas dificultades. Su propagación por semillas no parece demasiado problemática. Sin ningún tratamiento previo (salvo el de conservar las semillas en la terraza), he conseguido que germinaran tres semillas y tengo muchas esperanzas de lograr que se desarrollen los ejemplares conseguidos…





(1) Eduardo García-Prieto Fronce (2015) / Dinámica Paleoambiental durante los últimos 135.000 años en el Alto Jiloca: el registro lacustre de El Cañizar / Tésis Doctoral, Universidad de Zaragoza





Hace algunos años, paseándome por la calle principal de la playa de Moncofar (Castellón) observé un curioso detalle al que no di entonces demasiada importancia. Sobre el tallo de una palmera, surgiendo entre las bases cortadas de dos hojas, vi lo que parecía una rama pinchada en el tronco de la palmera. Provista de hojas lustrosas de forma típicamente obovada, no me resultó difícil reconocer un arbusto que estaba presente a pocos metros en los jardines vecinos. Como podéis observar en la fotografía que reproduzco a continuación se trataba en efecto de un jovencísimo ejemplar de pitósporo que germinó sobre el tronco de la palmera, como hacen otras muchas especies de plantas. Al año siguiente la "ramita" había desaparecido, víctima de una limpieza efectuada por el servicio de jardinería del ayuntamiento. Me quedé, sin embargo, con la sospecha de que esa especie probablemente era capaz de colonizar los medios que le eran favorables.



Queriendo comprobar este verano si las palmeras seguían colonizando los terrenos abandonados alrededor de la ciudad, me adentré en un pequeño naranjal abandonado en el que se había desarrollado ya un estrato arbustivo que en algunos tramos llega incluso a impedir el paso de una persona. A eso hay que añadir el considerable desarrollo que llega a alcanzar la madreselva y la cola de caballo, dos especies trepadoras que tras algún tiempo llegan a cubrir por completo los naranjos. En algunos lugares de esta misma región se unen a esas dos especies una liana exótica muy temida que alcanza un desarrollo muy importante: Araujia sericifera. No fueron palmeras, sin embargo, lo que llamó de inmediato mi atención en ese naranjal. Creciendo en la base de los naranjos, distintas especies de arbustos se han hecho fuertes en el “sotobosque” del naranjal, alcanzando en algunos lugares el mismo tamaño que los propios naranjos. Una de ellas es un representante de la vegetación original del lugar. Se trata del labiérnago, perteneciente a la familia del olivo y también ocasionalmente cultivada. Las demás especies, sin embargo, son más sorprendentes...



La especie que más llama la atención, por su porte y la peculiar disposición de sus hojas, es el pitósporo. Presente por doquier en el naranjal y en distintos estadios de desarrollo, resulta evidente el papel de las aves en su difusión, observándose el pitósporo casi exclusivamente en los naranjales abandonados y desarrollándose por lo general al pie de los naranjos. Tan solo me encontré un único ejemplar de pitósporo en un terreno abierto, donde las aves que transportan sus semillas no suelen transitar. Casi tan abundante como el pitósporo, el bonetero del Japón pasa sin embargo más desapercibido, teniendo sus hojas un color tierno muy parecido al de las hojas nuevas del naranjo. Su presencia queda más manifiesta en zonas en las que los naranjos se han secado por completo. Aunque pertenecen a familias diferentes, ambas especies comparten sin embargo algunas características que explican probablemente que ambas especies colonicen los mismos medios y que lo hagan siguiendo más o menos las mismas pautas. La similitud más evidente es el fruto y el modo de propagación de las semillas. Como se puede observar en las dos fotografías a continuación, el fruto de ambas especies es una cápsula que al abrirse libera unas semillas muy llamativas de color rojo-anaranjado que las aves consumen.


    

Esa dispersión ornitócora de las semillas también explica la presencia de otras especies exóticas menos abundantes en el naranjal como pueden ser la palmera canaria (Phoenix canariensis) y el molle (Schinus molle), ambas cultivadas con frecuencia en las zonas urbanas de esta región. Sería interesante ver como ese naranjal sigue evolucionando y como se desarrolla un tipo de vegetación absolutamente nuevo. Visto lo visto, probablemente acabaría formándose un bosque perennifolio de pitósporo, bonetero, molle y labiérnago dominado por los estípites de las palmeras canarias. Que ese naranjal haya permanecido en este estado hasta ahora probablemente sea una consecuencia inesperada de la crisis. Dudo mucho que este pequeño “neobosque” sobreviva por mucho tiempo. Resultaría, sin embargo, muy interesante observar su evolución, por mucho que las especies que ocupan ese naranjal sean especies exóticas absolutamente denostadas por los naturalistas más ortodoxos. De cara al futuro, creo sin embargo que el estudio de casos como éstos tiene mucha relevancia y podría enseñarnos mucho acerca de cómo se establecen nuevos equilibrios, por muy extraños que estos nuevos equilibrios nos puedan parecer…




Actualización 07/08/2017

Una nueva visita al naranjal abandonado que exploré la pasada primavera me ha servido para hacerme una idea algo más precisa de la importancia relativa de cada especie observada. La especie más frecuente y más abundante es, tal como ya explicaba en marzo, el pitósporo. Su abundancia y la del bonetero del Japón decrece según uno se aleja de la zona poblada (playa). La presencia del bonetero se circunscribe realmente a la zona más próxima al pueblo.




Vista del naranjal abandonado. Se ve muy claramente que la mayoría de los naranjos se están secando. Entre ellos destacan ya las copas de los arboles perennifolios que están colonizando ese medio.




Otra especie de cuya presencia no me había percatado en marzo es el laurel (Laurus nobilis). Contrariamente al pitósporo y al bonetero, su presencia se debe a su cultivo entre los naranjos, donde parece que los agricultores de la zona no dudaban en plantar algún que otro árbol útil para diversificar su producción (laurel, olivo, algarrobo). Sin embargo, contrariamente a los naranjos, que se están secando y muriendo, estos laureles están prosperando hoy en día y muchos sobrepasan netamente los naranjos. Al igual que las demás especies lauroides que colonizan el lugar, es probable que compensan la intensa evapo-transpiración captando el agua subterránea, muy superficial en toda esta región. Aún tengo pendiente confirmarlo pero tampoco me sorprendería demasiado que esta especie tenga ya un carácter subespontáneo en esta región.




Flor del bonetero del Japón (Euonymus japonicus), una especie relativamente poco frecuente en los jardines de Moncofar.



Dispersa por todo el naranjal la palmera canaria encuentra aquí unas condiciones de vida muy similares a las de su lugar de origen. Si las dejan crecer, se convertirán en un claro referente en el paisaje de esta región. No recuerdo haber visto, en cambio, pequeñas Washingtonias, que parecen desarrollarse mejor en zonas más abiertas. Para acabar esta actualización, también he de señalar la presencia en el naranjal de un molle (Schinus molle) ya bastante crecidito. Esta especie se deja ver de manera esporádica por toda esta zona. Pues esto es todo hoy por hoy. Ojalá este naranjal siga tan olvidado y logremos ver, en los próximos años, como sigue evolucionando...


Destacando netamente por encima de los naranjos, este laurel alcanza ya un buen desarrollo. Las condiciones parecen favorecer claramente esta especie.

Perfil característico del molle, con sus ramillas y sus hojas colgantes. Menos abundante que el pitósporo o que el bonetero en este naranjal en particular, se encuentra sin embargo más difundido por toda la región, aunque sea de manera dispersa.





Con esta entrada inicio una pequeña serie de artículos dedicada a las especies de árboles que estuvieron presentes en nuestro país hasta el momento en que las glaciaciones cuaternarias hicieron desaparecer la mayor parte de ellas. El resultado de las glaciaciones fue un sensible empobrecimiento de nuestros bosques, hoy dominados por muy pocas especies (la mayoría de ellos por tan solo una especie). Nada que ver con los bosques del Plioceno o del Pleistoceno inferior, en los que convivían decenas de especies y que presentaban muchas similitudes con los actuales bosques de Norteamérica y de China, en los que sobrevivieron muchísimas más especies.





Menos conocido que el ginkgo, pero también originario de China, el árbol de la gutapercha (Eucommia ulmoides) comparte con el ginkgo un destino muy similar. Esa especie también es, en efecto, el único representante de una familia y de un género monotípicos. Al igual que el ginkgo, la especie se cultiva desde tiempos inmemoriales y su origen exacto (poblaciones naturales) no ha sido claramente establecido. Se trata de un árbol con numerosas propiedades medicinales que, además, posee una característica única entre los árboles de las zonas templadas frías: secreta látex.





Esta característica atrajo la atención de los occidentales a principios del siglo XX, que vieron en él una posible alternativa al caucho de origen tropical. Eso dio lugar a diferentes tentativas de aclimatación que tuvieron más o menos éxito. La mayoría fueron prontamente abandonados al desarrollarse la producción de caucho sintético y al resultar muy difícil cultivar esta especie, de la que al principio tan solo se consiguieron pies machos. El único país que llevó el experimento hasta un estadio avanzado (producción) fue la URSS en los años 30. Algunas de esas plantaciones experimentales aún subsisten (ver vídeo más abajo). En otros países, esta especie es muy rara, pudiéndose ver tan solo en arboretos y jardines botánicos.





Ecología

El árbol de la gutapercha es capaz de vivir en un amplio rango de condiciones ecológicas y puede observarse en medios tan dispares como bosques mixtos, bosques aclarados, pequeños bosquetes, bajas montañas, crestas, valles, barrancos secos y campos (Flora of China). En China esta especie se ha hecho muy rara en estado silvestre y aparece dispersa en un área relativamente grande (ver mapa). Ampliamente cultivada, se ha naturalizado en una multitud de lugares.




Mapa de distribución de Eucommia ulmoides (izquierda) y mapa de precipitaciones anuales (derecha).



Tal como muestra el mapa anterior, la especie es capaz de vivir en zonas relativamente secas en las que las precipitaciones apenas superan los 400 mm. Uno de los factores más importantes para esta especie son las temperaturas primaverales, las semillas de Eucommia ulmoides necesitan para germinar una temperatura primaveral (abril) situada entre 13 y 22 grados, siendo de 18ºC la temperatura óptima para su germinación [1].


Repartición pasada

Los fósiles de Eucommia que se han encontrado en Europa en los sedimentos de finales del Plioceno o del Cuaternario se parecen tanto a la especie actual que éstos han sido por lo general atribuidos a esa especie. Es probable que otras especies de este género estuviesen presentes en épocas anteriores pero la actual fue la única que logró llegar hasta nuestros días. Logró sobrevivir en en sur de Europa hasta el Pleistoceno medio y, como otras muchas especies desaparecidas en aquél momento, no parece haberle sentado muy bien la intensificación y el alargamiento de los periodos glaciares en el Pleistoceno Superior. Fue, en el Plioceno y a comienzos del Pleistoceno, una especie frecuente y abundante en buena parte de Europa y de la Península Ibérica, donde convivía con numerosas especies de árboles caducifolios y persistentes. Vista la amplitud ecológica que tiene esta especie, es muy probable que estuviese presente en nuestro país en una amplia gama de ecosistemas, tanto de la región mediterránea como eurosiberiana.



Eucommia ulmoidesFamilia: EucommiaceaeOrden: Garryales

Árbol de hasta 20 m de altura. Tronco de hasta 50 cm de diámetro; corteza gris-castaña, escabrosa. Ramas jóvenes de color castaño-amarillento, al principio pubescentes, pronto glabras; ramas viejas conspicuamente lenticeladas. Yemas de un color castaño rojizo brillante; escamas 6-8, de margen puberulento. Hojas con pecíolo de 1-2,5 cm, esparcidamente viloso; lámina de haz verde pálido con la edad, 5-15 x 2,5-7 cm, inicialmente cubierta de pelos castaños, luego solo pubescente a lo largo de los nervios; 6-9 pares de venas secundarias laterales y venación reticulada de menor orden ligeramente prominente por el envés y cóncavas por el haz. Flores masculinas con estambres de ca. 1 cm, glabros; filamentos ca. 1 mm. Flores femeninas con ovario de ca. 1 cm, glabro. Sámara 2,5-3,5 x 1-1,3 cm; estípite 2-5 mm, articulado; pedicelo 1-3 mm. Semilla 13-15 x ca. 3 mm.


Se trata de una especie raramente cultivada en nuestro país. Existen, que yo sepa, dos ejemplares en el Real Jardín Botánico de Madrid (uno de ellos ya bastante crecidito), otro en el de Barcelona y... poco más. No he encontrado, en todo caso, ninguna referencia a otros ejemplares en otras regiones. Resulta curioso, en cualquier caso, que esta especie no haya despertado hasta ahora la curiosidad de nuestros ingenieros forestales. Claro que nadie era consciente hasta hace poco de que esta especie fuese tan frecuente en nuestros bosques en aquella época. Ya veremos si las pequeñas Eucommias que he plantado en mi barrio salen adelante. Las he plantado en un pequeño descampado de mi barrio en el que tanto la exposición como las condiciones edáficas varían bastante, con la idea de ver si esa especie es capaz de naturalizarse en la región mediterránea, allá donde las condiciones sean algo más favorables. Si los conejos no las aniquilan y si no me roban todos los protectores que he puesto, pues tal vez os cuente buenas noticias de aquí a pocos años...






(1) Wang Y.-F. et al. (2003) / Eucommia (Eucommiaceae), a potential biothermometer for the reconstruction of paleoenvironments / American Journal of Botany, Vol. 90(1), pp. 1–7.



¿ Laurofilización ? No busquéis este término en Google. No lo encontraréis. Se trata, en efecto, de un término relativamente nuevo acuñado en Europa central y del norte para describir un fenómeno que se viene observando desde hace varias décadas en los bosques de esas regiones: el auge y la expansión de distintas especies perennifolias en los bosques de caducifolios. Son dos las regiones de Europa en las que se observa con más claridad este fenómeno. Dos regiones en las que se cultivan muchísimas especies ornamentales perennifolias desde hace mucho tiempo y cuyo clima favorece la expansión de estas especies: las regiones de clima oceánico del NW de Europa y el sur del Arco Alpino. En ambas regiones, los factores que determinan el éxito de estas especies son dos: un nivel de precipitaciones relativamente elevado a lo largo de todo el año y unas temperaturas invernales más bien suaves. En muchas regiones de Europa, no se cumple aún la segunda condición pero la rápida elevación de las temperaturas invernales a consecuencia del calentamiento global favorecerá claramente en el futuro la expansión de especies termófilas, muchas de las cuales efectuarán en realidad su regreso, ya que muchas de ellas o especies muy próximas estuvieron presentes en el continente europeo antes de las glaciaciones.

Regiones de Europa potencialmente favorables a las especies laurófilas - Cambiamenti della vegetazione in relazione con il riscaldamento dell'atmosfera / Gabrielle Carraro / vdf Hochschulverlag AG, 1998


Fachada atlántica del NW de Europa

En la primera de estas regiones, correspondiente, grosso modo, a Irlanda, Gran Bretaña y puntos aledaños de la costa norte del continente, se ha aclimatado con muchísimo éxito una especie que conocemos bien en la Península Ibérica: el ojaranzo (Rhododendron ponticum). Tal como muestra la fotografía que reproduzco más abajo, el ojaranzo llega a constituir localmente impenetrables formaciones en las que muy pocas especies logran competir con él.



Knockmealdowns Mountains, Irlanda



El éxito de esta especie en esta región demuestra claramente el carácter “relictual” de la especie, que es consecuencia de los avatares climáticos que sufrió esta especie durante el Cuaternario y que no necesariamente refleja el auténtico potencial de la especie. Está claro, viendo el éxito que tiene en el norte de Europa, que esta especie podría tener un área de extensión muchísimo más amplia. De no haber sido una popular planta ornamental, es probable que seguiríamos considerándola hoy como una especie con unas exigencias ecológicas muy particulares. La realidad, sin embargo, es bien distinta y una ojeadita al mapa de su presencia durante el Pleistoceno nos da una imagen bien diferente de esta especie que probablemente estuvo presente en buena parte del continente europeo antes de las glaciaciones.


Otras especies perennifolias se han naturalizado en esta región pero lo han hecho a una escala mucho más reducida:  es el caso, por ejemplo, del laurel cereza (Prunus laurocerasus) y del chilco (Fuchsia magellanica). Pero resulta mucho más interesante el caso de otra especie que también conocemos bien: la encina (Quercus ilex). Ampliamente naturalizada en el sur de Inglaterra, a proximidad del litoral, se considera allá una planta invasora ! Este ejemplo ilustra bien, creo yo, el dilema al que nos enfrentamos con muchas especies. ¿ Tiene algún sentido considerar invasoras especies cuya expansión se ve claramente favorecida por el cambio climático ? Es interesante ver cuál es la previsión que han hecho los franceses de la expansión de esta especie de aquí a finales de siglo:



Como se puede ver, el área potencial de esta especie se desplaza hacia el norte, pudiendo incluso alcanzar puntos de la costa norte de ese país. ¿ Invasora pues la encina ?


Sur del arco alpino

La otra región de Europa en la que se observa la naturalización de varias especies perennifolias es el sur del arco alpino: Ticino (Suiza) e Insubria (Italia), una región a la que se suele llamar comúnmente la región de los grandes lagos. La especie cuya naturalización más ha llamado la atención en esta región es una palmera originaria de China que se cultiva con mucha frecuencia en nuestro país y en toda la región mediterránea: la Palmera de Fortune (Trachycarpus fortunei). En las regiones de clima mediterráneo puede llegar a ser subespontánea pero no llega a naturalizarse, ya que esta especie tiene unos requerimientos hídricos que el clima mediterráneo no cubre. En cambio, en el sur del arco alpino, esta especie y otras muchas especies exóticas de hojas persistentes encuentran tanto el calor como el agua que necesitan. Al ser, además, una especie muy llamativa, su naturalización no pasó desapercibida en los bosques del Ticino. No es, sin embargo, la única especie en haberse naturalizado en esta región. El gráfico que reproduzco a continuación muestra qué otras especies se han naturalizado en los bosques del Ticino (Suiza) durante las últimas décadas. Como se puede constatar, el fenómeno se inició ya en los años 60, pero se se prosigue en la actualidad.





Es interesante notar, sea dicho de paso, que esta región del norte de Italia fue una de las regiones de Europa en las que más tiempo perduraron las laurisilvas en la transición del Plioceno al Pleistoceno. O sea, que esta región sea una de las primeras en ser “recolonizada” por las especies laurófilas al alcanzar de nuevo las temperaturas invernales un nivel aceptable para ellas no resulta tan sorprendente. La única diferencia reside en el hecho de que este “regreso”, salvo el de las especies perennifolias autóctonas como el laurel, se debe al cultivo de estas especies por el hombre. Se da la casualidad, sin embargo, de que muchas de esas especies y géneros fueron elementos que estuvieron presentes en las laurisilvas terciarias del continente europeo. Cosa que no debería sorprendernos demasiado, puesto que gran parte de los géneros presentes en las zonas templadas del Hemisferio Norte tuvieron una distribución holártica en el Terciario.


Península Ibérica

¿ Y qué hay de la Península Ibérica ? ¿ Se observa la naturalización de especies laurófilas en alguna región ? Es evidentemente en el norte de la Península y en la fachada atlántica donde cabría esperar la naturalización de tales especies. ¿ Existen evidencias de que este fenómeno esté ocurriendo en la Península Ibérica ? La especie lauroide exótica de la que más citas  hay en la Península Ibérica es el laurel cereza. Ampliamente cultivada, hay citas de esta especie de Galicia al País Vasco y en Cataluña. La palmera de Fortune, en cambio, tan solo ha sido citada en el País Vasco. Parece pues, de momento, que se trata de un fenómeno muy circunscrito en el norte de la Península. Caso aparte es la Serra de Sintra, en Portugal, en la que se han citado naturalizadas especies como Cornus capitata, Pittosporum undulatum, Persea indica, Hakea salicifolia y Fuchsia magellanica. Particularmente interesante el caso del viñátigo (Persea indica), especie que ha progresado en la Serra de Sintra y que es un elemento típico de las laurisilvas macaronésicas. Cabría preguntarse, constatando su expansión en esta sierra, si no pudieran aclimatarse ya en algunas regiones del continente europea muchas de las especies que quedaron relegadas en las islas durante el Cuaternario. De que sea posible parece que no cabe duda. Otra cosa es que lo permitamos. Y aquí nos enfrentamos, de nuevo, a las diferencias de criterio existentes entre los naturalistas. Los “conservacionistas” opinarán que no hay que intervenir de ninguna manera, aunque eso suponga la extinción de muchas especies, y los “adaptacionistas” (me he inventado el término) opinamos que el hombre tiene una importante responsabilidad en los cambios que están ocurriendo y que tenemos por lo tanto la obligación moral de mitigar en cierta medida las consecuencias de esos cambios.




Parque da pena, Sintra. Se entiende que una especie como el viñátigo se encuentre aquí tan a gusto...


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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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