Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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La evolución no es un fenómeno linear y constante. En muchos grupos, a largos periodos de relativa estabilidad le suceden rápidos eventos en los que de repente aparecen toda una serie de especies en respuesta a grandes cambios climáticos o biogeográficos. La colonización por una especie de nuevos territorios es un caso típico y lleva con frecuencia a una rápida diversificación a la que se llama "radiación adaptativa". El caso más conocido es el de los pinzones de Darwin, en las Islas Galápagos, que se han diversificado en unas 14 especies, apareciendo una de ellas muy recientemente en la isla de Daphne Major, donde apareció de la nada una población hibrida que se ha autoperpetuado hasta la fecha. El caso opuesto lo constituyen muchas especies que aparentemente se han mantenido estables en el tiempo durante periodos de tiempo muy largos. El ejemplo más conocido, en el mundo vegetal, es el ginkgo, que pertenece a un grupo que estuvo muy diversificado en la era secundaria pero del que tan solo sobrevive hoy una única especie (Ginkgo biloba), que no ha cambiado prácticamente en los últimos 56 millones de años. Aprovecho este ejemplo para hacer un pequeño inciso nomenclatural. Aunque la especie actual y la única especie que se ha encontrado fósil en todo el Terciario sean morfológicamente idénticas, llevan sin embargo nombres diferentes: Ginkgo adiantoides es la especie fósil y Ginkgo biloba es la especie actual. La continuidad entre ambas especies (la única que había en todo el Terciario y la única que hay hoy en día) es, sin embargo, evidente, y no existe realmente ninguna razón para pensar que no se trata de la misma especie. Por tradición, sin embargo, se suelen utilizar nombres diferentes para las especies fósiles, aunque no se aprecien diferencias morfológicas entre ambas.




Hojas de Meliosma veitchorum, Inglaterra / Autor: MPF / Licencia: CC BY-SA 3.0



¿Existen otras especies como el ginkgo en nuestro registro fósil que no se diferencian en nada de alguna especie actual? La respuesta es sí y de alguna de ellas ya hemos hablado en este blog (Eucommia). Hoy os invito a descubrir un género del que no sobrevivió una, sino dos especies fósiles. No os sorprenderá, sea dicho de paso, que ambas especies hayan sobrevivido en la misma región (China) que las que evocábamos anteriormenete (Ginkgo y Eucommia). El caso de una de ellas es incluso mucho más extraordinario, puesto que Meliosma alba no solamente sobrevivió en China, sino que también mantiene pequeñas poblaciones en México. Que una misma especie (dato confirmado por los estudios filogenéticos) tenga un área disjunta entre dos continentes es algo realmente excepcional no tratándose de ninguna especie boreal.




Distribución actual y pasada de Meliosma




El género Meliosma está constituido por unas 50 especies que se distribuyen hoy en día por el SE de Asia, Centroamérica y norte de Sudamérica, en regiones de clima tropical, subtropical y templado cálido. Se trata de árboles y arbustos de hojas persistentes o caducas, muchas de las cuales suelen crecer en los bosques montanos de las regiones tropicales. La presencia de este género en Europa en el Terciario está muy bien documentada por conservarse relativamente bien en los sedimentos el endocarpo de sus frutos. La presencia de este género está acreditada en Europa desde finales del Cretácico, atribuidos a una especie (M. praealba) que pertenecía al subgénero Kingsboroughia al que pertenecían hasta ahora las dos especies aún vivas que estuvieron presentes en Europa (M. alba y M. veitchiorum). Además de estas dos especies, hubo otras especies de este género en Europa (probablemente perennifolias) cuyas afinidades con los taxones actuales aún no están muy claras.




Distribución en Europa del género Meliosma durante el Neógeno.



Según los datos fragmentarios de los que disponemos, este género tuvo que estar distribuido por buena parte de Europa hasta el Plioceno. Parece haber sobrevivido durante parte del Pleistoceno Inferior (Gelasiense) en la Península Itálica, que fue en aquella época un importantísimo refugio de especies terciarias.

Meliosma Familia: Sabiaceae Orden: Sabiales

Árboles o arbustos, de hoja persistente o caduca. Yemas desnudas, de color marrón, tomentosas. Hojas simples o imparipinnadas, hojas o foliolos enteros o a menudo dentados; pecíolo generalmente engrosado en la base. Inflorescencia terminal, a veces axilar, una panícula piramidal, generalmente profusamente florida pero a veces escasamente, hasta 4 × ramificada y muy grande. Flores numerosas, de 1-3 mm de diámetro, hermafroditas, zigomorfas, sésiles o brevemente pediceladas. Sépalos [3 o](4 o)5(-9), imbricados, subtendidos por brácteas. Pétalos 5, imbricados, desiguales, 3 exteriores más grandes, generalmente suborbiculares o reniformes, convexos, 2 interiores mucho más pequeños, bífidos o enteros, a veces trilobulados, ± adheridos a la base de los filamentos de los estambres fértiles, ocultos bajo los pétalos exteriores en el capullo floral. Estambres fértiles 2, opuestos a los 2 pétalos interiores; filamentos aplanados, cortos, incurvados en el ápice en un conectivo en forma de copa; anteras biloculares, globosas o elípticas; estaminodios 3, opuestos a los sépalos exteriores, adheridos a sus bases. Disco en forma de copa o poco profundo, 5 dentado. Ovario sésil, con 2(3) lóculos, y con 1 o 2 óvulos por lóculo. Fruto en forma de drupa, pequeña; mesocarpo carnoso; endocarpo pétreo o crustáceo. Semilla ± globosa, generalmente algo cóncava ventralmente, sin endospermo.






Flor de Meliosma oldhami, Corea del Sur. / Autor: onidiras / Licencia: CC BY-NC 4.0


Los estudios filogenéticos más recientes llevados a cabo sobre este género y sobre la familia de las Sabiaceae en general demuestran en realidad que Meliosma alba, tal como demuestran los restos fósiles encontrados en Europa, es un clado muy antiguo dentro de la familia que está más emparentado con el género Ophiocaryon que con el género Meliosma y al que se le debe probablemente atribuir el rango de género, pasándose a llamar Kingsboroughia alba la especie aún presente en Asia y México. M. veitchiorum según ese estudio formaría parte de la sección pinnatae del género Meliosma. De momento, sin embargo, no se ha oficializado ese cambio, pudiéndose también resolver el embrollo ampliando el género Meliosma e incluyendo en él al género Ophiocaryon.




Filogenia de las Sabiáceas, mostrando el caracter
polifilético del género si se mantiene en él Meliosma alba




La especie más rústica del género Meliosma es M. veitchiorum, que se puede observar en algunos parques y jardines botánicos europeos, como el de Kew, y que algunos viveros holandeses proponen en su catálogo. M. alba es más exigente y aparentemente no se cultiva en EUropa. The EUropean Garden Flora señala además de M. veitchiorum el cultivo de varias especies originarias del Himalaya y de China y/o Japón y Corea: M. dleniifilia, M. parviflora, M. pinnata, M. simplicifolia.



Moiseeva MG, Kodrul TM, Tekleva MV, Maslova NP, Wu X and Jin J (2022) Fossil Leaves of Meliosma (Sabiaceae) With Associated Pollen and a Eupodid Mite From the Eocene of Maoming Basin, South China. Front. Ecol. Evol. 9:770687. doi: 10.3389/fevo.2021.770687

van Beusekom C.F. (1971) / Revision of Meliosma(Sabiaceae), section Lorenzanea excepted, living and fossil, geography and phylogeny / BLUMEA, Vol. XIX, No. 3, pp. 355-529

Zúñiga J.D. (2015) / Phylogenetics of Sabiaceae with Emphasis on Meliosma Based on Nuclear and Chloroplast Data / Systematic Botany, Vol. 40(3), pp. 761–775





Mientras mi mujer se queda absorta viendo el programa "Supervivientes", yo, discretamente, aprovecho para contemplar… los árboles que aparecen en segundo plano. No, no seáis mal pensados. Ya sé que parte del tirón que tiene ese programa reside en la gran dosis de exotismo y de "realidad" que en él se exhibe, pero pasado el susto inicial (que uno no es de piedra), poco a poco mi atención se ve atraída por pequeños detalles: alguna flor llamativa destacando en la maleza, los distintos tipos de palmeras que se pueden ver, la particular corteza de algún árbol... Por suerte, el hecho de poder volver a ver todos los programas en la web de Telecinco me impulsó a estudiar más a fondo la flora de aquellos cayos, apoyándome en un par de listados florísticos cuya referencia encontraréis al final del artículo. Por cierto, el nombre de este pequeño archipiélago (Cayos Cochinos) encierra una gran sorpresa que os convencerá que estas islas no son, en realidad, tan exóticas como parecen...



Mapa de los cayos Cochinos en Honduras. / Autor: Fobos92 / Licencia: Creative Commons BY-SA 3.0

Ya había llegado yo a la conclusión, viendo algún que otro episodio de anteriores ediciones, que al menos un par de esos árboles no me eran totalmente desconocidos. Pero aún no me había dado por intentar identificar los árboles que aparecen en este programa. A continuación os describo (muy brevemente) algunos de los árboles que aparecen con más frecuencia en el programa, todos propios de la zona costera (playa y zona marginal de la playa).

Cocotero (Cocos nucifera)

El más reconocible y evidente no era muy difícil de adivinar, puesto que crece en las playas y costas de todas las zonas tropicales del mundo. El cocotero es, en efecto, la especie dominante en las más pequeñas islas del archipiélago de los Cayos Cochinos, donde se rueda ese programa.



Cayo paloma, una de las islas utilizadas en el show de Supervivientes. Estos pequeños cayos que apenas se elevan un par de metros sobre el nivel del mar están poblados casi exclusivamente por cocoteros.

Almendro malabar (Terminalia catappa)

Al cocotero le acompaña casi siempre un árbol de grandes hojas obovadas y pinnatinervias cuyos frutos son consumidos por los supervivientes en algunos programas y que ellos llaman “almendras” por la similitud de forma con las auténticas almendras. Este árbol lo conocía yo por haberlo visto en las playas del estado brasileño de Pernambuco. Allá lo llaman “Amendoeira-da-praia”. O sea, almendro de la playa. A pesar de ser tan frecuente en las costas de Sudamérica, se trata en realidad de un árbol originario del SE asiático que al igual que el cocotero está hoy en día presente en todas las costas tropicales del mundo.



Frutos inmaduros ("almendras") de Terminalia catappa en Itamaracá, Pernambuco, Brasil.

Uva de mar (Coccoloba uvifera)

Si el cocotero y el almendro malabar son las dos especies de árboles omnipresentes en los pequeños cayos, en la costa de los cayos más grandes se pueden observar, además de estas dos especies, una serie de especies que son bastante reconocibles. La más fácil de identificar es la uva de mar (Coccoloba uvifera), que tiene unas grandes hojas redondeadas con un grueso pecíolo y el nervio central a menudo de color rojizo, algo muy común en la familia de las Poligonáceas a la que pertenece este pequeño árbol. Una familia, sea dicho de paso, de la que tan solo existen algunas especies arbustivas en Europa. Los frutos, de unos 2 cm de diámetro y agrupados en largos racimos, son comestibles sea dicho de paso. El fruto es carnoso, jugoso y dulce, de fuerte aroma y buen sabor. Eso sí, los frutos tan solo aparecen a finales del verano...

Tierra de Nadie 6, 02:06:59 --> Se ven muy bien las hojas redondeadas y las largas inflorescencias
Resumen diario 14/05/2021 12:02. --> Se ven muy bien las hojas al trasluz y las venas de color rojo




Frutos inmaduros y hojas de Coccoloba uvifera. en el atolón de Midway. / Autor: Forest & Kim Starr / Licencia: Creative Commons BY 3.0

Majahua (Hibiscus pernambucensis)

Las playas tropicales son, en realidad, bastante parecidas vayas donde vayas y muchas especies que se pueden encontrar en ellas tienen una distribución muy amplia. Algunas tienen una distribución pantropical. Otras especies pertenecen a géneros con una similar distribución que, sin embargo, se han diferenciado en distintas especies. Es el caso por ejemplo del género Hibiscus, representado en los trópicos del Viejo Mundo por una especie (H. tiliaceus) y en el Neotrópico por su especie vicariante (H. pernambucensis), a veces considerada una simple subespecie de la anterior. En las vistas de la costa de los cayos que se muestran en el programa, esta especie se puede identificar fácilmente a sus grandes hojas redondeadas largamente pedunculadas. Es sin embabrgo el tronco de este árbol el que más aparece en pantalla, fácil de identificar por ser gris recorrido por largas y anchas estrías negras verticales.



Hojas y flor de Hibiscus pernambucensis

Majaguilla (Thespesia populnea)

Otra malvácea que se ve con cierta frecuencia en Supervivientes es un pequeño árbol de hojas colgantes, mucho más pequeñas que las de las demás especies que se describen aquí, cuya forma recuerda mucho las hojas del chopo. En los reportajes llama sobre todo la atención la densidad de su follaje y el caracter colgante de sus hojas. Estando, además, esta especie en plena floración, resulta pues bastante fácil identificarla viendo sus grandes flores amarillos de corazón oscuro...

Resumen diario 20/05/2021 29:00 --> Se ven muy bien las hojas y las numerosas flores.
Resumen diario 06/05/2021 29:00 --> Flor marchita y cálices cupuliformes.




Hojas y flor de Thespesia populnea.

Lirio (Crinum sp.)

Obviamente, resulta mucho más difícil, siendo espectador de un programa como éste, fijarse en la vegetación herbácea aunque en algunos casos no resulta tan difícil...



Hojas de Crinum sp., una género de lirio frecuente en las regiones tropicales.

Encino (Quercus oleoides)

Os decía al principio que os sorprendería y esa sorpresa tiene mucho que ver con el nombre que recibieron estos cayos. ¿De dónde viene, en efecto, ese nombre de Cayos Cochinos? Pues de una práctica muy corriente en aquellos siglos en los que la navegación era de vela y que no había manera de conservar alimentos a bordo por mucho tiempo. Lo que hicieron entonces todas las grandes armadas fue soltar animales domésticos en muchas islas con la esperanza de que sobreviviesen en ellas y pudiesen constituir una reserva de alimentos para futuras expediciones. Desde un punto de vista ecológico, fue una auténtica catástrofe para la flora y fauna local. En algunos casos ni tan siquiera llegaron a sobrevivir esos animales introducidos. Sin embargo, parece que en estos cayos los cochinos que soltaron llegaron a prosperar tanto que acabaron dando nombre a estas islas. Y me diréis: ¡vaya!, ni que aquello fuese una dehesa extremeña...



Bellotas de Quercus oleoides

Pues bien, resulta que una vez que te alejas de la costa y que te adentras en el interior de los Cayos Cochinos, se hace dominante una especie de árbol que cubre aproximadamnete el 90% de la superficie de los cayos: el encino (Quercus oleoides), una especie distribuida por buena parte de México y de Centroamérica donde es el constituyente esencial de los encinares tropicales. ¿Sorprendente no es cierto? O sea, que mientras los concursantes intentan sobrevivir comiendo cocos, el equipo técnico posiblemente esté comiendo (sin saberlo) cerdo cebado con bellotas. Vamos que los Cayos Cochinos son una especie de Jabugo tropical...



Cyril Hardy Nelson Sutherland (2002) / Contribución a la flora de Cayo Cochino Pequeño, Honduras / Ceiba, Vol. 43(2), pp. 267-272
Bermingham E. et al. (1998) / Geology and Terrestrial Flora and Fauna of Cayos Cochinos, Honduras / Rev. Bill. Trop., Vol. 46, Supl.(4), pp. 15-37

Por fin está disponible el libro que llevaba semanas intentando acabar, desatendiendo durante un tiempo inusualmente largo este blog. Un blog que también ha cambiado de cara pero que sigue tratando de los mismo temas que hasta ahora. Espero que su nuevo aspecto os guste y que os parezca interesante la temática del libro, que es, básicamente, una pequeña síntesis de los artículos publicados en este blog durante los últimos años.

Se recogen aquí todos los artículos del blog que tratan del cambio climático y de sus posibles consecuencias, que se han intentado estructurar y organizar en capítulos para que su lectura siga un orden más o menos lógico. Los textos originales han sido actualizados y adaptados a la estructura del libro, intentando en la medida de lo posible evitar las repeticiones de contenido que inevitablemente se dan en un blog.

El libro no es ninguna obra de carácter científico. Tan solo pretende exponer de manera simplificada algunos hechos que me parecen relevantes de cara al futuro, intentando siempre analizarlos con sentido común y utilizando como punto de comparación un pasado algo más lejano que el que se suele considerar cuando se estudian los cambios climáticos y la evolución de la vegetación del continente europeo tras la llegada del hombre.

Es a un tiempo en el que el linaje de los Homínidos apenas había empezado a diferenciarse que pretendo llevaros. Un tiempo al que parece que estamos empeñados en volver y cuyo estudio podría ser rico de enseñanzas para entender hacia dónde nos está llevando el actual cambio climático, cuyo origen es claramente imputable a la actividad humana. El Hombre tiene no solamente la responsabilidad, hoy en día, de parar la máquina climática, que ha estado alimentando durante siglos, sino también la de ayudar la naturaleza a adaptarse en apenas un siglo a un cambio de enormes proporciones. Para ello, sin embargo, tiene antes que aceptar que los cambios que están ocurriendo son en gran medida irreversibles y que de nada sirva ya tomar como referente un periodo de la vida sobre la tierra como el Holoceno a la hora de tomar decisiones sobre un futuro que no se parecerá en nada a todo lo que hemos conocido desde que nos erigimos como las amos de la naturaleza.

Podéis acceder a la página de descarga del libro en el siguiente enlace:

RUMBO AL PLIOCENO
El género Craigia, perteneciente a la familia de las Malváceas y antiguamente incluido en la familia de las Tiliáceas, es un buen ejemplo de las razones que deben impulsarnos a estudiar y rescatar los géneros paleoautóctoctonos. Este género es típicamente relictual, habiendo tenido en el pasado un área de distribución holárctica que se vio considerablemente reducida por culpa de las glaciaciones. Hoy en día, el género tan solo está presente en el sur de China y el norte de Vietnam. Se han descrito dos especies: Craigia yunnanensis y Craigia kwangsiensis. Esta última especie, sin embargo, tan solo se conoce por el único ejemplar que sirvió en 1957 para describir la especie, no habéndose vuelto a obervar nunca en la naturaleza, probablemente extinta por culpa de la deforestación que afecta su área de distribución original. Si esa especie se hubiese cultivado ex-situ en algún otro lugar del mundo que ofreciese condiciones favorables para su cultivo, hoy probablemente no estaríamos hablando de extinción. Sin embargo, aún estamos a tiempo para hacer algo por la otra especie, que aparece en la Lista Roja de la IUCN con el status "En Peligro".




Flores de Craiga yunnanensis (Yang J. et al., 2020)



La situación actual de esta especie es preocupante, existiendo en estado natural unas 20 popblaciones constituidas por menos de 300 individuos. Para intentar salvar la especie, se intenta actualmente plantar esta especie en terrenos privados, con la ayuda de voluntarios locales (Yang J. et al., 2020). Estas poblaciones relictuales se encuentran en zonas situadas a una altitud entre 1400 y 1700 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura media anual situada entre 15 y 16,5 grados (Gao Z. et al., 2010). Las precipitaciones son relativamente moderadas en la región de Wenshan (entre 1200 y 1400 mm) pero bastante más elevadas en la región de DeHong (2200 mm). En la Península Ibérica, condiciones climáticas similares pueden encontrarse en el litoral gallego o en las partes más lluviosas de Andalucía.



El mapa anterior muestra la localización y edad de los principales hallazgos de este género en Europa durante el Neógeno (Kvacek Z. et al., 2002). Como se puede ver, sus restos se encuentran en buena parte de Europa, y el hecho de que estén principalmente constituidos por frutos y restos de hojas, hace suponer que podría haber sido un género bastante frecuente en Europa. Su presencia en los registros polínicos es más bien escasa pero cabe señalar que muchos registros atribuidos al género Tilia podrían en realidad corresponder a Craigia.




Pollen-based vegetation reconstruction of the Rio Maior sub-basin during the Piacenzian (3.6–2.8 Ma).



En la Península Ibérica, su presencia ha sido puesta de manifiesto en el Plioceno de Rio Maior, donde parece haber estado presente en zonas próximas a pantanos y lagos junto a géneros como Alnus, Engelhardia, Liquidambar, Nyssa, Sapotaceae, Taxodium type, and Zanthoxylum (Vieira et al, 2018). En otras regiones de Europa parece que también estuvo asociado a bosques mesofíticos. Esto sugiere que el género Craigia tuvo en el terciario una mayor tolerancia ecológica que la especie actual, que se encuentra fundamentalmente en montañas calizas.



CraigiaFamilia: MalvaceaeOrden: Malvales

Árboles decíduos; yemas con escamas. Hojas largamente pecioladas; limbo elíptico u oblongo, coriáceo o papiráceo, venas basales 3, margen denticulado. Inflorescencias axilares, cimosas. Flores hermafroditas. Pedicelo articulado. Sépalos 5, carnosos, valvados. Pétalos ausentes. Androginóforo ausente. Estambres y estaminodios numerosos, en 2 o 3 verticilos, verticilo externo de 10 estaminodios, por pares, estambres internos 20, en 5 fascículos; filamentos ligeramente soldados; anteras 2-loculadas. Ovario súpero, 5-loculado, sésil; óvulos 6 por lóculo; estilos 5. Fruto una cápsula de 5 alas dehiscente, elipsoidal, loculicida, con alas nervadas, membranosas. 6. Semillas 1, 2, o 4 por lóculo, alargadas.





Ya hemos sugerido, al comparar el clima en el que viven sus actuales poblaciones con el de algunas regiones de la Península Ibérica que tienen un clima similar, que esta especie podría encontrar ya en algunos puntos de la Península y de Canarias lugares propicios para su desarrollo. Con el calentamiento global, esas áreas favorables se irán expandiendo por buena parte de Europa Central. Que yo sepa, sin embargo, no existe ningún individuo cultivado en nuestro país hasta la fecha.



Zerui Gao, Changqin Zhang and Richard I. Milne C (2010) / Size-class structure and variation in seed and seedling traits in relation to population size of an endangered species Craigia yunnanensis (Tiliaceae) / Australian Journal of Botany, 2010, 58, 214–223
Vieira M., Pound M. J. & Pereira D. (2018) / The late Pliocene palaeoenvironments and palaeoclimates of the western Iberian Atlantic margin from the Rio Maior flora / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, Vol. 495, pp. 245-258
Jing Yang, Yaling Chen, and Weibang Sun (2020) / Reintroduction of Craigia yunnanensis to Private Plots: An Innovative Case with Help from Local Volunteers / In: Conservation and Reintroduction of Rare and Endangered Plants in China / Springer Nature Singapore Pte Ltd, H. Ren (ed.)



Symplocos Familia: Symplocaceae Orden: Ericales

Arbustos o árboles de hoja perenne (decídua en Symplocos paniculata). Hojas en disposición espiralada o dística, simples; sin estípulas; margen del limbo entero, dentado, o glandular-dentado, vena media adaxialmente impresa o raramente plana o prominente. Inflorescencias en espigas, racimos, panículas o glomérulos, raramente flores solitarias. Flores actinomorfas, hermafroditas, raramente unisexuales, sostenidas por 1 bráctea y 2 bractéolas, raramente sin brácteas o con varias brácteas en la axila de la hoja. Ovario ínfero a semi-ínfero, 2--5-locular, habitualmente 3-locular, con 2-4 óvulos por lóculo. Lóbulos del cáliz (3)5, persistentes, valvados o imbricados. Corola blanca o amarilla, gamopétala pero dividida casi hasta la base (o hasta la mitad en Symplocos pendula); lóbulos (3)5(11), imbricados. Estambres numerosos, raramente 4 o 5, soldados a la base del tubo de la corola, monadelfo en el subgénero Symplocos, monadelfo a pentadelfo en el subgénero Hopea; filamentos distintos o en fascículos; anteras subglobosas, biloculares. Ovario generalmente con un disco apical con 5 glándulas, anular, cilíndrico o 5-lobado. Estilo 1, filiforme; estigma pequeño, capitado o con 2--5 lóbulos. Fruto una drupa. Semillas con endospermo copioso; embrión recto o curvo; cotiledones muy cortos.

eFloras (2022). Published on the Internet http://www.efloras.org [accessed 8 December 2022]. Missouri Botanical Garden, St. Louis, MO & Harvard University Herbaria, Cambridge, MA

Género con un área de distribución transpacífica (SE de Estados Unidos, Susamérica, SE de Asia y N de Australia), constituido por unas 250 especies que viven por lo general en bosques tropicales montanos húmedos. Durante el Terciario tuvo una distribución mucho más amplia, siendo uno de los géneros que aparece con cierta regularidad en los yacimientos neógenos del continente. En el Cuaternario desaparece de prácticamente toda Europa, sobreviviendo tan solo en la Península Itálica y la Cólquida.




Flores de Symplocos cochinchinensis, Mannavan Shola, Anamudi Shola National Park, Kerala. / Fotografía: Vinayaraj


En los sedimentos su presencia puede ser puesta en evidencia tanto por la palinología como por el estudio de los macrorestos, conservándose con cierta facilidad los endocarpos leñosos de sus frutos. También se han descrito huellas de hojas en algunos yacimientos realmente excepcionales. En base al estudio de los endocarpos, en una revisión realizada por Mai & Msrtinnetto en el año 2006, se pudieron distinguir en el Neógeno europea hasta 11 especies diferentes. La mayoría de ellas (7 especies) convivieron a comienzos del Mioceno y en el Mioceno Medio. En el Plioceno, sin embargo, tan solo 2 especies sobrevivían aún en Europa.






Distribución en Europa del género Symplocos durante el Neógeno.


A pesar del importante número de especies que incluye este género, son poquísimas las especies del mismo que se cultivan como ornamentales. La más popular es Symplocos paniculata, que se introdujo en los Estados Unidos a finales del siglo XIX y que ha llegado a naturalizarse en los bosques del NE de aquél país. Se trata de una especie que llama particularmente la atención por sus hojas verdes oscuras, sus fragantes flores blancas o cremosas, sus bayas de color azul zafiro y su corteza acorchada y rugosa de color marrón amarillento. En España no he encontrado ni rastro de ella. Ningún jardín botánico o arboreto menciona ninguna especie de este género. A pesar de ello, sí que se pueden encontrar con cierta facilidad semillas por internet de S. paniculata y de algunas otras especies.




Hojas y frutos de Symplocos paniculata. / Fotografía: Kristine Paulus / Licencia: Creative Commons BY


Si alguien ha intentado su cultivo en la Península Ibérica y tiene alguna información interesante al respecto, está invitado a compartir su experiencia en los comentarios de esta entrada...


(1) Mai D.H. & Martinetto E. (2006) / A reconsideration of the diversity of Symplocos in the European Neogene on the basis of fruit morphology / Review of Palaeobotany and Palynology, Vol. 140, pp. 1–26



Cuando los europeos solemos pensar en las coníferas, casi siempre solemos asociarlas a paisajes fríos o áridos. No en vano dominan las coníferas los grandes bosques boreales y subalpinos de todo el Hemisferio Norte. También son coníferas los únicos árboles que son capaces de sobrevivir en los páramos helados y secos de buena parte de la Península Ibérica o en las zonas más secas del SE ibérico. ¿Significa esto que no existen coníferas capaces de crecer en condiciones mucho más favorables, más húmedas y más cálidas? En absoluto. No hay que perder de vista que antes de que las Angiospermas dominaran las floras del globo, los bosques tropicales y subtropicales estaban dominados por coníferas y helechos. La mayoría de esas especies acabaron por desaparecer pero existen unas cuantas excepciones notables, como la especie/género que hoy examinamos en este blog.



Ramillas y cono femenino de Cryptomeria japonica, Royal Botanic Gardens Edinburgh, Scotland / Fotografía: S. Rae / Licencia: Creative Commons BY



El sugi (Cryptomeria japonica), es un árbol endémico de Japón que crece en suelos profundos y bien drenados, en condiciones climáticas cálidas y húmedas. Bajo tales condiciones, su crecimiento es muy rápido. Se introdujo hace ya más de 1000 años en China y en tiempos más recientes, ha sido introducido con notable éxito en las Azores. En Europa la especie se ha ensayado en distintos lugares, mostrando un buen comportamiento en toda la fachada atlántica, al ser la humedad atmosférica y del suelo el principal factor limitante para esta especie. Su óptimo climático en Japón se sitúa en regiones con una temperatura media de 12-14ºC y una precipitación media de 3.000 mm. En Europa, muestra un buen desarrollo en zonas no demasiado frías (temperatura media superior a 8-10ºC), con precipitaciones anuales superiores a 1.100 mm y una elevada humedad relativa.



El género Cryptomeria es claramente relictual y tuvo durante buena parte del Terciario una distribución euroasiática. Los restos fósiles más antiguos de este género datan del Eoceno y provienen de Kamchatka. Alcanzó durante el Terciario altas latitudes, siendo probablemente la aridificación el factor que más influyó en su definitiva desaparición del continente europeo. Tal como ocurrió con otros muchos géneros / especies, el género Cryptomeria logró sobrevivir durante parte del Cuaternario en la región mediterránea, la región del Cáucaso y del Mar Caspio, donde parece haber sobrevivido hasta el último periodo glaciar.



En la Península Ibérica, el sugi aún es un árbol forestal muy poco utilizado. Aunque ya se han plantado unas 455 ha con esta especie en el País Vasco (2), es fundamentalmente un árbol ornamental en otras regiones del norte. Se trata sin embargo de una especie destinada a jugar un papel mucho más importante en el futuro, junto a especies como Pseudotsuga menziesii, Sequoia sempervirens y Thuya plicata, al ser todas estas especies resistentes al nematodo de la madera del pino, que está arrasando las plantaciones de pino en algunas zonas de Europa y que ya hizo aparición en España en 2008 (3).



CryptomeriaFamilia: CupressaceaeOrden: Pinales

Árboles perennifolios, monoicos; tronco recto; corteza marrón rojiza a gris oscuro, fibrosa, que se desprende en largos jirones; copa piramidal u ovoide; ramas ± verticiladas, horizontales o erectas-patentes; yemas invernales pequeñas. Hojas persistentes 4 o 5 años, espiraladas y dispuestas en 5 rangos, patentes o dirigidas hacia adelante, subuladas, rectas o incurvadas en el ápice, superficies adaxiales y abaxiales convexas, superficies laterales algo aplanadas, carinadas, bandas estomatales presentes en las 4 superficies, base decurrente, ápice agudo. Conos masculinos axilares próximo al ápice de las ramillas de 2º año, generalmente agrupados en un racimo corto, terminal, sésil, oblongo, rojo ciruela que se vuelve amarillo cuando madura; microesporofilas numerosas, dispuestas en espiral; sacos polínicos (3)4 o 5(6). Conos femeninos terminales, solitarios u ocasionalmente agrupados, péndulos, sésiles, ± globosos, en forma de roseta y parecidos a las yemas vegetativas al abrirse, maduros en 1 año, persistentes 1-2 años, a menudo con la ramilla creciendo en la prolongación del el eje del cono; brácteas y escamas del cono soldadas; las brácteas aparecen en la mitad o la zona proximal de la superficie abaxial de las escamas del cono, triangulares, pequeñas; óvulos 2-5 por bráctea axilar; escamas del cono persistentes, en forma de escudo, cuneadas, engrosadas distalmente, leñosas, umbo con una espina central y 4 o 5(7) proyecciones en forma de dientes en el margen distal; escamas apicales pequeñas y estériles. Semillas irregularmente comprimidas-elipsoidales o triangular-elipsoidales, muy estrechamente aladas. Cotiledones (2 )3(4). Germinación epígea. 2n = 22*.





Es interesante notar que al menos dos de estos géneros (Sequoia y Cryptomeria) parecen haber estado presentes a principios del Cuaternario en la fachada atlántica de la Península (4). Su introducción en esta región, vista desde un punto de vista temporal algo más amplio que el que estamos acostumbrados a manejar, podría considerarse más una reintroducción que un introducción.




(1) Ding W.-N. et al. (2018) / A new fossil species of Cryptomeria (Cupressaceae) from the Rupelian of the Lühe Basin, Yunnan, East Asia: Implications for palaeobiogeography and palaeoecology / Review of Palaeobotany and Palynology, Vol. 248, pp. 41-51
(2) El bosque vasco en cifras 2018 / Informe de HAZI Fundazioa sobre el Inventario forestal del País Vasco-2018 / http://www.nasdap.net/inventarioforestal
(3) Díaz R. et al. (2017) / Susceptibilidad de seis especies de coníferas al marchitamiento del pino causado por Bursaphelenchus xylophilus / 7º Congreso Forestal Español. Gestión del monte: servicios ambientales y bioeconomía. Sociedad Española de Ciencias Forestales. Plasencia, Cáceres, Extremadura. 26-30 de junio de 2017.
(4) Alcalde Olivares C. et al. (2004) / Palaeoenvironmental interpretation of the Neogene locality Caranceja (Reocín, Cantabria, N Spain) from comparative studies of wood, charcoal, and pollen / Review of Palaeobotany and Palynology, Vol.132, pp. 133–157



Creado en 1772 por Erik Laxmann tras describir un pequeño árbol desconocido cultivado en los Jardines de Invierno de la Academia en San Petersburgo, el género Koelreuteria está constituido por 4 especies originarias de China, Taiwan y Fiyi. El árbol de los farolillos (Koelreuteria paniculata) fue una de las numerosas especies chinas cuyas semillas fueron enviadas por Pierre d’Incarville a distintas instituciones europeas. Las principales características de este género son sus hojas, pinnadas o bipinnadas, y sus frutos, unas cápsulas cuyas válvulas hinchadas y papiráceas son dehiscentes y permiten la dispersión de las semllas por el viento (anemocria). Los frutos maduros parecen pequeños farolillos, lo que le ha valido en español el nombre de "árbol de los farolillos", aunque también se llama a esa especie "jabonero chino", por la cantidad de saponina que contienen sus semillas.





Estas válvulas papiráceas son las que nos han permitido conocer la distribución pretérita de este género, al haberse conservado muy bien en distintos depósitos sedimentarios. Al tratarse de una especie entomófila, en efecto, no se encuentra ningún rastro de su polen en los depósitos sedimentarios. Se trata pues de un caso bastante similar al del ailanto, que tampoco aparece en el registro polínico. En base a la morfología de los frutos, se pueden dividir las especies del género Koelreuteria en dos grupos. Las especies del primer grupo (K. bipinnata, K. elegans, K. henryii) tienen cápsulas elípticas, ovado-elípticas o suborbiculares de ápice obtuso y septos de > 1/3 de la longitud total de las valvas (tipo bi-pinnata). El segundo grupo corresponde a Koelreuteria paniculata, cuyas cápsulas son ovadas, de ápice atenuado o agudo y un septo basal de ca. 1/3 de la longitud de la valva (tipo paniculata).




Impresiones de cápsulas de Koelreuteria macroptera del Maar de Randeck, Mioceno, Alemania.



Todos los restos fósiles encontrados en Europa han sido adscritos a la especie Koelreuteria macroptera, que tiene frutos del tipo paniculata. Se trata pues de una especie muy cercana a la actual Koelreuteria paniculata, posiblemente su antecesor directo, antaño distribuida por toda Eurasia.




Yacimientos europeos en los que se han encontrado restos fósiles de Koelreuteria macroptera (2).



Desde un punto de vista ecológico, existe una clara diferencia entre Koelreuteria paniculata, adaptada a climas más fríos y más secos que las demás especies del género, tal como demuestra el mapa de distribución de las 3 especies Chinas y la tabla que se muestra a continuación:




Distribución actual de las 3 especies del género Koelreuteria presentes en China. Amarillo: K. paniculata, lila: K. bipinnata, rosa: K. henryi.




KoelreuteriaFamilia: SapindaceaeOrden: Sapindales

Árboles o arbustos, monoicos o dioicos. Hojas imparipinnadas, caducas; folíolos 5-7 pares, opuestos o alternos, en general ± irregularmente serrados o ± divididos, rara vez enteros; con estípulas. Inflorescencias en tirsos terminales, rara vez axilares, con las flores agrupadas en cimas laterales; pedúnculos patentes, sin zarcillos en la base. Flores, zigomorfas. Disco nectarífero grueso, con el borde a veces crenado; pedicelos no articulados. Sépalos (4)5, valvados, los externos mas pequeños. Pétalos 4(5), ligeramente desiguales en su longitud, con 2 apéndices lobulados en la base de la cara adaxial; uña ± larga. Estambres (5-)8; filamentos largos, a menudo pelosos. Ovario con (2)3 carpelos; estilo 1 ± corto; rudimentos seminales 2 por carpelo; estigma trilobado o entero. Fruto en cápsula, loculicida, trígona - cónica, ovoide, elíptica o subglobosa -; pericarpo membranáceo, reticulado; semillas 1 por lóculo, globosas, de testa negra, sin arilodio.




En la Península Ibérica, el árbol de los farolillos (Koelreuteria paniculata) se planta a menudo en parques y jardines o como árbol viario. Se naturaliza con cierta facilidad, aunque de forma dispersa. Aunque el clima en su región de origen no es de tipo mediterráneo, no deja de ser un árbol capaz de desarrollarse en un rango de condiciones compatible con las que se observan en muchos puntos de la Península. Esta especie tiene realmente muchas posibilidades de asentarse de manera duradera en nuestro país. También se cultiva, localmente, Koelreuteria bipinnata, especie originaria del S de China algo más delicada que la anterior. Se puede observar, fundamentalmente, en distintos parques de Sevilla.



(2) Wang, Qi & Manchester, Steven & Hans-Joachim, Gregor & Shen, Si & Li, Zhen-Yu. (2013). Fruits of Koelreuteria (Sapindaceae) from the Cenozoic throughout the northern hemisphere: Their ecological, evolutionary, and biogeographic implications. American journal of botany. 100. 10.3732/ajb.1200415.



Representada en Europa por una única especie (el tejo) la familia de las Taxáceas, tomada aquí en un sentido amplio, presenta en otras partes del Hemisferio Norte una sorprendente diversidad de géneros y de especies. El máximo de diversidad se observa en China, donde están presentes 5 de los 6 géneros que constituyen esa familia (Amentotaxus, Cephalotaxus, Pseudotaxus, Taxus, Torreya). Tan solo falta en realidad el género Austrotaxus, endémico de Nueva Caledonia. Como era de suponer, gran parte de esa diversidad también estuvo presente en Europa antes de las glaciaciones, habiéndose documentado la presencia en Europa de géneros como Cephalotaxus, Amentotaxus, Taxus y Torreya, género del que trataremos hoy en este artículo.



Ramillas y frutos de Torreya nucifera var, spaherica. Arnold Arboretum, Universidad de Harvard, Boston, EE.UU.



El género Torreya puede distinguirse de los demás géneros de taxáceas por sus semillas completamente envueltas por el arilo (similar a Cephalotaxus) y el desarrollo de 2 conos femeninos axilares, sésiles (conos solitarios en los demás géneros, pedunculados o subsésiles). Se trata de árboles de tamaño pequeño a medio, alcanzando algunas especies una altura de hasta 35 m. Como se puede ver en el mapa, se trata de un género con una típica distribución disjunta, con 2 especies presentes en Norteamérica y otras 4 en Asia oriental. Muchas de ellas presentan un área de repartición bastante limitada, con un carácter marcadamente relictual. Desde un punto de vista ecológico, se trata de árboles que crecen en bosques más bien húmedos, donde crecen de forma dispersa, sin llegar a ser nunca dominantes.



La especie más amenazada de este género es sin lugar a dudas Torreya taxifolia, que malvive hoy en día en bosques de Florida en los que se encuentra gravemente amenazada por el ataque de un hongo, favorecido por el cambio climático. Estos bosques de Florida son refugios glaciares de los que la especie no logró salir tras la última glaciación. Las evidencia demuestran, sin embargo, que cultivada fuera de su área natural, esta especie crece muchísimo mejor y no se ve afectada por el ataque del hongo que está acabando con sus últimas poblaciones naturales. Esta constatación llevó un grupo de voluntarios apodado los Torreya Guardians a proponer un desplazamiento de esta especie hacia zonas situadas más al norte a lo largo de la cadena de los Appalaches. En los últimos años, se han plantado con éxito cientos de ejemplares en lugares situados a lo largo de toda la cadena de los Appaleches, prácticamente hasta la frontera canadiense. El éxito de esta iniciativa explica en gran medida el interés que está despertando poco a poco en la comunidad científica la idea de las migraciones asistidas (Migraciones asistidas).



Tronco del mayor ejemplar conocido de Torreya californica. Connie Barlow, creadora de los Torreya Guardians, sirve de escala.



Este género se conoce en el Hemisferio Norte desde el Jurásico y estuvo presente en Europa hasta el Plioceno, estando bien representado en los depósitos de esa época de Europa Central. Al ser un género relativamente poco tolerante al frío y que necesita humedad, las glaciaciones fueron letales en un continente como el Europeo, en el que no había rutas que le permitieran migrar y alcanzar posibles refugios. A eso hay que añadir que la dispersión de sus semillas no es tan sencilla como la de otras especies.



Distribución en Europa del género Torreya durante el Neógeno. Explicación de los símbolos en el menú de la derecha.



TorreyaFamilia: TaxaceaeOrden: Pinales

Árboles perennifolios, dioicos (ocasionalmente monoicos); ramas verticiladas; ramillas subopuestas o subverticiladas, con escamas de las yemas no persistentes en su base; yemas de invierno con varios pares de escamas decusadas. Hojas decusadas o subopuestas, dispuestas en dos hileras (dísticas), lineares o lineares-lanceoladas, basalmente torcidas, correosas, superficie adaxial ligeramente convexa con la vena media ± indistinta, superficie abaxial con dos bandas estomatales, canal de resina presente en el lado abaxial del haz vascular, base decurrente, ápice fuertemente acuminado. Conos masculinos axilares, solitarios, brevemente pedunculados, elipsoidales o brevemente columnares; microesporófilos en 4-8 verticilos con 4 microesporófilos cada uno; sacos polínicos (3)4, marginales, péndulos. Estructuras portadoras de las semillas por pares en las axilas de las hojas, sésiles, cada una con 2 pares de brácteas decusadas y 1 bráctea lateral; óvulo 1, erecto. Arilo suculento, base de arilo con brácteas persistentes. Semilla que madura el otoño del 2º año, parecida a una drupa, completamente encerrada dentro del arilo; tejido del gametofito femenino ruminado o no. Cotiledones 2. Germinación hipógea. 2n = 22.




Al ser muchas especies relativamente raras en su área de origen, son lógicamente las dos especies más frecuentes del género las que se pueden encontrar cultivadas en Europa, o sea Torreya nucifera originaria de Japón y Torreya californica originaria de California. De estas dos especies son lógicamente también las semillas que se pueden comprar por internet. No tengo mucha información acerca de su cultivo en España pero parece que por ahora se trata de especies muy raramente cultivadas. No tengo ninguna experiencia acerca de las dificultades que puede suponer cultivarlas. Si alguien lo ha intentado y desea compartir su experiencia aquí...
Al hablar del cambio climático y de sus posibles consecuencias, se hace sobre todo mucho hincapié en los efectos directos que puede tener la subida de las temperaturas sobre la salud de los árboles. Esa subida de las temperaturas ha tenido como consecuencia más visible un alargamiento del verano que, en los últimos 40 años, se ha alargado prácticamente 5 semanas, obligando los árboles a funcionar a pleno rendimiento durante más tiempo pero con la misma cantidad de nutrientes y una cantidad de agua menguante. Al aumentar las temperaturas, en efecto, la evapo-transpiración aumenta y eso explica que aunque en muchas regiones no disminuyan las precipitaciones, sí esté aumentando la aridez. Ese aumento progresivo de la aridez también se acompaña de periodos de sequía prolongados en zonas en las que antes eran prácticamente inexistentes y está llevando al límite a muchas especies particularmente sensibles a la sequía, que hoy se ven obligadas a tirar de sus reservas en momentos en los que supuestamente el árbol debería estar constituyéndolas.



Gráfica que ilustra el alargamiento del verano en Madrid, durante el período 1971-2018. Autor: César Rodríguez Ballesteros (http://climaenmapas.blogspot.com)



El verano de 2018 no solo mostró, en muchas regiones de Europa, los terribles efectos de la sequía en zonas que raramente sufrían de la escasez de agua, sino también los efectos directos del calor. En el sur de Francia las hojas de muchas especies de árboles y arbustos (entre ellas las cultivadas) se quemaron literalmente al no poder aguantar los más de 45 grados de temperatura a los que se vieron sometidas durante largas horas. Con tales temperaturas, en efecto, nos situamos muy cerca del límite que se considera letal para cualquier árbol. Tales temperaturas no hacen sufrir al árbol. Lo queman directamente. Las altas temperaturas y el estrés hídrico creciente al que se ven sometidos muchos árboles provocan a la larga un debilitamiento del árbol que acaba siendo mucho más vulnerable al ataque de las plagas. Este aspecto "biológico" del problema es sin lugar a dudas el que más daño está causando actualmente y no necesariamente lo asociamos al cambio climático. La relación entre ambos, sin embargo, es más que evidente, apareciendo a menudo esas plagas en zonas en las que los árboles afectados se encuentran prácticamente al límite de sus posibilidades.



Viñedos calcinados por la canícula en el departamento del Gard, Francia, en el verano de 2018.



El resultado de la repetición de sequías y de episodios de altísimas temperaturas ha sido una hecatombe sin precedentes en muchos bosques centro europeos que podría llevar a corto plazo a la total desaparición en cotas bajas de especies como el haya, el abeto y la pícea. La rapidez de estos cambios ha dejado en evidencia a muchos ingenieros y biólogos, que llevaban años hablándonos de la resiliencia del bosque y de las especies que los constituyen. Hoy sabemos que unos cuantos veranos excepcionales pueden acabar con poblaciones enteras y esa es probablemente una de las principales lecciones que hemos aprendido estos últimos años y nos obliga ya a replantearnos nuestra forma de gestionar nuestros bosques.



Muerte masiva de hayas en un bosque del jura suizo en 2019.



Consecuencia del debilitamiento de muchos árboles y de la diminución de las temperaturas invernales, muchos insectos han visto sus poblaciones aumentar considerablemente, convirtiéndose en muchos lugares en auténticas plagas que no solamente afectan a los árboles debilitados sino que también atacan, por su proliferación, a los árboles sanos circundantes. Esto se ha podido ver con mucha claridad en la Sierra de Baza, donde los insectos atacaron no solamente a los pinos, sino también a especies como las secuoyas y los cedros del Atlas, que han sobrevivido y se están ahora recuperando, colonizando de paso el vacío dejado por los pinos. El frío ha sido siempre el factor limitante en el desarrollo de muchas especies de insectos, cuyas larvas mueren de forma masiva durante los inviernos fríos. Con el cambio climático, su tasa de supervivencia ha aumentado considerablemente. Y si, además, se encuentran con comida abundante cuando salen de su letargo invernal, están reunidas las condiciones perfectas para que se produzcan episodios catastróficos como el de la Sierra de Baza.

La inesperada "ayuda" del COVID-19

Este año ha sido, además, un muy mal año en muchas regiones europeas, en las que no se han podido llevar a cabo las tareas de limpieza y de lucha contra las plagas. Esto ha llevado a una inusual proliferación de las mismas. En Europa central, por ejemplo, el barrenillo tipógrafo (Ips typographus) está causanda auténticos estragos en las coníferas afectadas por las sequías de 2018 y de 2019 sin que haya realmente manera de evitarlo. Se pueden mitigar los efectos de esta plaga poniendo trampas y limpiando el bosque pero la realidad es que el insecto se aprovecha del mal estado de los árboles. Las plagas, por lo general, son el síntoma y no la causa del mal estado de los árboles. Aunque se puede soñar con luchar de alguna manera y localmente contra esas plagas, lo cierto es que no se puede evitar su expansión si se dan las condiciones para ello. Desde ese punto de vista, nadie puede evitar que en Europa central desaparezcan especies como las ya citadas (hayas, píceas y abetos) y nadie podrá evitar que la seca acabe eliminando encinas y alcornoques de vastas superficies de la Península Ibérica.



El incremento progresivo del papel de los insectos en el deterioro de la salud de los árboles se puede ver perfectamente en el gráfico anterior. Este gráfico muestra una estadística del volumen de madera dañada en Alemania y su principales causas. Este gráfico ilustra bien lo que ya hemos evocado aquí acerca de la creciente evidencia del cambio climático en los bosques europeos. Aunque el gráfico solo muestra la evolución en Alemania, es muy representativo de lo que está ocurriendo en buena parte de Europa Central. En azul se muestra el volumen dañado por los insectos, en rojo por el viento y en negro otras causas como pueden ser los incendios o los efectos directos del calor. El "pico" de 2007 corresponde a los efectos de la tempestad Kyrill. Pero es sobre todo en los últimos 10 años que los daños causados por los insectos y otras causas han ido aumentando sostenidamente. Las olas de calor y las sequías prácticamente anuales han debilitado a muchos árboles en Europa Central, haciendo peligrar la supervivencia de especies como el haya, el abeto y la pícea en amplias zonas de baja altitud. En nuestro país, ya hemos visto que tales episodios de muerte masiva ya han ocurrido. No tener en cuenta que esto puede volver a ocurrir podría seriamente amenazar una especie como el pinsapo, por poner el ejemplo más emblemático que tenemos en nuestro país.

Plagas y enfermedades emergentes

El aumento de la temperatura unido al considerable incremento de los intercambios de bienes y de personas de una región a otra del mundo también favorece la aparición de plagas y enfermedades nuevas cuyos efectos vienen a añadirse a los del cambio climático. Los fresnos, por ejemplo, están en horas bajas debido a una plaga que los afecta específicamente. Lo mismo les ocurre a los olmos y los castaños desde hace bastante más tiempo. Estamos atravesando unos inciertos tiempos de plagas y nadie sabe a ciencia cierta que saldrá de todo esto. Todos somos conscientes de que la subida de las temperaturas y la proliferación de plagas van a modificar radicalmente la composición específica de nuestros bosques. Empeñarse en querer mantenerlos tal como eran no parece, en tales circunstamcias una muy buena idea. Impedir que nuevas especies, mejor adaptadas a las condiciones emergentes tomen el relevo de las actuales, que tendrán que refugiarse en regiones que les son más favorables, significaría renunciar a los serviccios ecosistémicos que nuestros ecosistemas nos ofrecen actualmente y que podrían llegar a desaparecer en un futuro no muy lejano si impedimos cualquier tipo de evolución de los mismos.

Al tratar de muchos géneros paleoautóctonos en precedentes artículos, a menudo hemos constatado que la desaparición de esos taxones fue más temprana en el oeste de la Cuenca Mediterránea que en el este de la misma. Algunos de estos taxones, como el que hoy presentamos, aún persiten en el este de la Cuenca Mediterránea, explicando la mayor diversidad de los bosques en el otro extremo de la cuenca mediterránea. Se trata, en muchos casos, de especies particularmente interesantes para nosotros, al ser elementos típicos de la flora mediterránea io submediterránea. La especie que hoy nos ocupa, el carpe negro (Ostrya carpinifolia) alcanza el límie occidental de su área de repartición actual en la región de Niza (SE de Francia).



Mapa de distribución del carpe negro (Ostrya carpinifolia).


En la parte más septentrional de su rango el carpe negro se comporta como una especie pionera que coloniza lugares soleados y cálidos, mientras que en la región mediterránea, en cambio, se trata de una especie de semisombra que prefiere prefiere lugares con algo de humedad. Suele crecer en zonas rocosas y en suelos poco profundos, formando el sotobosque de los bosques de Pinus nigra o siendo un componente de los bosques submediterráneos caducifolios, en los que convive con especies como Carpinus orientalis, Fraxinus ornus, y Quercus pubescens. Al examinar el mapa de máxima idoneidad realizado para esta especie (1), nos damos cuenta que varias regiones de la Península Ibérica presentan condiciones muy favorables para la superviviencia de esta especie. Entre ellas destaca Cataluña que, curiosamente, también es la región en la que esta especie estuvo presente hasta el Pleistoceno Medio. No se trata, claramente, de ninguna coincidencia.



Mapa de idoneidad del carpe negro (Ostrya carpinifolia). Los tonos azulados muestran las zonas más favorables al desarrollo de esta especie.


Su distribución antes de las glaciaciones era en cambio mucho más amplia que la actual, estando no solamente presente en el Oeste de la cuenca mediterránea, sino también en buena parte de Europa Central, donde probablemente encontraría localmente (zonas algo más secas o con buen drenaje) las condiciones necesarias a su desarrollo.


Distribución en Europa del género Ostrya durante el Neógeno. Las edades se pueden ver en el menú de la derecha.


A pesar de ser una especie perfectamente adaptada a nuestro clima, no parece curiosamente haber despertado mucho interés en España por parte de nuestros ingenieros forestales. Es evidente que no se trata de una especie "noble" cuya madera sea de buena calidad, ni alcanza los tamaños de otras especies de árboles más deseados. Se trata sin embargo de una especie capaz de colonizar terrenos calizos y magnésicos secos y muy útil para reforestar terrenos degradados. Como ornamental, apenas hay unos cuantos ejemplares desperdigados por nuestra geografía, cosa que no deja de ser muy llamativa para una especie mediterránea tan bien adaptada a nuestro clima.

OstryaFamilia: BetulaceaeOrden: Fagales

Árboles caducifolios; corteza escamosa, áspera. Yemas ovoideas, con muchas escamas superpuestas. Hojas irregularmente y doblemente dentadas, a veces lobuladas. Inflorescencias masculinas péndulas, agrupadas en el ápice de las ramas, delgadas, desnudas durante el invierno; brácteas superpuestas, cada una subtendiendo una flor; perianto ausente; estambres 3 a 14; filamentos hendidos en 2 en el ápice, insertos en la base de las brácteas; anteras con 2 lóculos separados, pubescentes en el ápice. Inflorescencia femenina terminal, racemosa; flores pareadas; brácteas superpuestas, sacciformes, infladas, membranosas, con venas reticuladas y pelos rígidos en la base, generalmente lobuladas en el ápice; cáliz soldado al ovario. Nuez estrechamente oblonga, estrechamente ovoide, ovoide-elipsoidal, u obovoide, acanalada, completamente envuelta por la bráctea.




Especie claramente infravalorada en nuestro país, el carpe negro bien se merecería que le prestemos más atención. Podría en muchas regiones aportar algo de diversidad a unos bosques dominados casi exclusivamente por los robles marcescentes y contribuir así a aumentar un poco la resiliencia de esos bosques.



(1) Salvatore Claudio Pasta, Daniele de Rigo, Giovanni Caudullo (2019) / Ostrya carpinifolia in Europe: distribution, habitat, usage and threats / n book: European Atlas of Forest Tree SpeciesPublisher: Publication Office of the European Union, LuxembourgEditors: Jesus San-Miguel-Ayanz, Daniele de Rigo, Giovanni Caudullo, Tracy Houston Durrant, Achille Mauri



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Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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