El colapso de la biodiversidad
Desde hace ya bastantes años, muchos científicos advierten del peligro que supone la pérdida de biodiversidad que está sufriendo el mundo. En realidad, el término "pérdida de biodiversidad" es un suave eufemismo que utilizan los medios para advertir de un peligro que pensamos que es aún evitable con algo de buena voluntad. Tenemos tendencia a creer que se podría reverter fácilmente con medidas proteccionistas que en realidad son esencialmente un lavado de cara. ¿Acaso no hemos protegido muchas zonas de nuestra geografía erigiéndolas en reservas naturales o en parques nacionales? ¿Acaso no hemos declarado la guerra a las tan temibles especies invasoras, a las que acusamos hoy en día de todos los males? Puro lavado de cara. Porque mientras protegíamos algunas zonas que considerábamos valiosas, la devastación era casi total en el resto del territorio. De poco sirve tanta protección si una vez cruzado el límite de una reserva se puede cazar indiscriminadamente, se pueden verter en los suelos toneladas de abonos sintéticos y de pesticidas o construir infraestructuras que alteran por completo las rutas migratorias de los seres vivos que pueblan esos lugares...
Según el IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services), las 5 principales causas de pérdida de biodiversidad clasificadas por orden de importancia son las siguientes:
1) cambios en el uso de la tierra y el mar
2) explotación directa de determinados organismos
3) cambio climático
4) contaminación
5) especies exóticas invasoras
La inclusión de las especies exóticas invasoras como una de las causas principales de pérdida de biodiversidad a mí me chirría bastante porque en la mayoría de los casos se trata de especies que han logrado prosperar gracias a los cambios que el hombre ha realizado previamente en el medio ambiente. Esto es particularmente cierto para las plantas, que solo se asientan en lugares en los que encuentran condiciones favorables a su instalación. Pongo siempre como ejemplo al ailanto, que desde hace unas décadas, gracias al calentamiento global, coloniza solares y taludes en toda nuestra geografía ocupando un nicho ecológico vacío. Otro ejemplo es el camalote, que prospera en las aguas contaminadas por los aportes de la agricultura. Acusar estas especies de ser las responsables de la pérdida de biodiversidad de nuestros ecosistemas es una oportuna cortina de humo tras la que resulta demasiado fácil esconder nuestra propia responsabilidad en lo que ocurre. Las cifras sin embargo pintan otra realidad, mucho más inquietante de lo que creemos y que vamos a repasar a continuación. Si tras leer este artículo seguís creyendo que las cotorras argentinas tienen la culpa de que los gorriones desaparecen, me temo que poco podremos hacer para evitar el total colapso de nuestros ecosistemas.
Proliferación del camalote en el río Guadiana. / Fotografía: EFE/ Jero Morales
Las cifras... Son terribles y no creo que sea necesario dar muchas explicaciones para entender quien es el culpable de que hayamos llegado a la situación actual. La primera y más llamativa de todas es el tamaño promedio de las poblaciones de especies silvestres. Según el Informe Planeta Vivo 2024 de World Wildlife Fund (WWF), ha dismminuido un 73%. Esto no es ninguna "erosión" de la biodiversidad, sino un auténtico desplome. Esta cifra se entiende aún mejor si consideramos que el 99% de la masa total de todos los Mamíferos presentes sobre la superficie de este planeta corresponde al hombre y a su ganado. Las especies de mamíferos salvajes (y eso incluye los elefantes, los rinocerontes y demás mega-animales) representan menos de 1% del peso total. Viendo esto, queda claro que la vida salvaje es algo absolutamente residual sobre la tierra.
La segunda cifra es aún más preocupante. Distintos estudios llevados a cabo en Europa han demostrado que las poblaciones de insectos se han desplomado en Europa durante el último siglo. Se estima alrededor del 75% el declive de sus poblaciones, víctimas de la agricultura y de la expansión urbana. El uso indiscriminado de pesticidas en particular, ha convertido algunas regiones eminentemente agrícolas en auténticos desiertos de insectos. Una observación que casi todas las personas de cierta edad seguramente habrán hecho lo demuestra claramente. Cuando éramos niños y viajábamos en coche, cada cierto tiempo nuestros padres tenían que parar en alguna gasolinera y limpiar el parabrisas, contra el que se habían estampado decenas de insectos, reduciendo peligrosamente la visibilidad. Hoy en día la situación es completamente diferente. He vuelto de la playa hace unos días y tanto en la ida como en la vuelta no hubo necesidad alguna de limpiar el parabrisas. Por una razón sencilla: ya no hay insectos voladores...
Ese desplome de las poblaciones de insectos es mucho más grave de lo que pudiera parecer a primera vista porque estos animales desempeñan funciones esenciales dentro de nuestros ecosistemas. Ellos son los que polinizan la inmensa mayoría de las plantas con flores. Su desaparición sería pues una catástrofe. Esa disminución de los insectos polinizadores ya está afectando de manera sensible nuestros cultivos, viéndose obligados muchos agricultores a recurrir a polinizadores de alquiler o a polinizar las flores manualmente. Los insectos también desempeñan un papel importantísimo en el reciclaje de la materia orgánica. ¿Os imagináis un mundo en el que los cuerpos de los organismos muertos no se descompusieran? Una auténtica pesadilla...
Otra cifra relevante es el porcentaje de bosques primarios que quedan sobre la superficie del planeta. Se estima que hoy en día tan solo un 20% de todos los bosques son bosques primarios y estos se concentran esencialemnte en las regiones equatoriales y en la taiga. Su permanencia es vital, porque albergan la parte más importante de la biodiversidad mundial. Esto significa, obviamente, que el 80% de los bosques primarios ya han sido destruidos o alterados.
Volviendo al tema de las especies invasoras creo evidente, tras repasar estas cifras y sin negar su posible impacto en algunos lugares, que es necesario manipular ese concepto con mucha cautela. El nivel de destrucción era ya tal antes de que llegasen esas especies, que me resulta un tanto exagerado calificar de "invasoras" especies que han sido capaces de aprovechar las oportunidades que el hombre creó. Más que invasoras, yo las calificaría más bien de oportunistas. Curiosamente, nos preocupa hoy mucho el futuro de una de estas especies oportunistas, que se aprovechó de la expansión del hombre y de la agricultura en el Neolítico y que hoy desaparece de nuestras ciudades, en las que ya no encuentran alimento. Una auténtica paradoja. Esa especie unió su destino a la del hombre para lo mejor y ahora lo peor...
Tan solo he evocado en este artículo el desplome cuantitativo de las poblaciones de animales, sin decir nada de las que desaparecieron para siempre. Auque el número de especies desaparecidas conocidas desde 1500 no es muy alto (alrededor de 900 especies), es evidente que el desplome actual de las poblaciones de animales silvestres pone contra las cuerdas a muchísimas especies. Puede parecer que 900 especies desde 1500 son pocas especies, pero la realidad es que la tasa de extinción actual es 1000 veces más rápida que la que ocurrió a finales del Cretácico tras el impacto del meteorito que arrasó buena parte de la superficie terrestre. La extinción de los dinosaurios, sin embargo, no fue instantánea y tardaron casi 33.000 años en desaparecer. Un tiempo mucho más largo que los pocos siglos que puede tardar la extinción en masa que hemos iniciado y que urge reverter. Pero claro, como no haya voluntad de actuar, pagaremos muy caro la avaricia de nuestras sociedades modernas...


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