Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

  • Blog
  • FLORA ILUSTRADA
  • E-book
    • Rumbo al Plioceno
    • Cap sur le Pliocène
    • Arboles y arbustos paleo-
      autoctonos
  • SUSCRÍBETE
  • LINKS
  • Contacto
Describíamos en el primer artículo de esta serie (Lo que el hielo se llevó [1]) las especies y géneros de árboles que más tiempo habían sobrevivido en la Península Ibérica, alcanzando el Pleistoceno Medio y Superior, así como aquellas especies que se pensaba haber sido introducidas pero que resultaron ser falsos arqueofitos. Hoy os invito a descubrir las especies que si bien lograron sobrevivir a los primeros ciclos glaciares del Cuaternario, no fueron capaces hace aproximadamente 800.000 años de sobrellevar la intensificación y el aumento de frecuencia de estos periodos glaciares y la progresiva aridificación de la región mediterránea.



El gráfico que os muestro aquí muestra la evolución de la "temperatura" tal como se puede deducir de las variaciones de los isótopos del oxígeno en los sedimentos bénticos del Océano Atlántico. Durante el Cuaternario Inferior, la frecuencia de los ciclos es alta, con ciclos de aproximadamente 41.000 años y unas diferencias de temperatura entre las épocas frías y las épocas cálidas menos acusadas que en el Pleistoceno Superior, cuando esos ciclos se alargan hasta durar aproximadadamente 100.000 años y ser mucho más marcadas las diferencias de temperatura (aproximadamente el doble). El momento en que cambia la ciclicidad de los periodos glaciares corresponde al límite entre Pleistoceno Inferior y Pleistoceno Medio y se caracteriza por la desaparición en Europa de muchas especies de zonas templadas cálidas, que ya no encontraban condiciones para sobreivir ni tan siquiera en sus tradicionales refugios del S de la Península.



Pleistoceno Inferior (2.500.000 - 781.000)

El cierre del estrecho que separaba Sudamérica de Norteamérica parece haber sido uno de los desencadenantes de las glaciaciones en el Hemisferio Norte, al modificar sensiblemente la circulación de las aguas marinas. El cierre de ese paso marca igualmente el inicio de un intercambio de faunas que consituye un muy buen marcador paleontológico del inicio (en el continente americano) de este período. El progresivo enfriamiento y aumento de la aridez durante ese periodo llevó a una desaparición más o menos escalonada de taxones que desaparecieron mucho antes en el Oeste de la Cuenca Mediterránea que en su parte oriental, en la que algunas especies aún sobreviven (tal como ya vimos en el primer artículo de esta serie). Les presentamos a continuación una serie de taxones arbóreos que aún estaban presentes en la Península Ibérica durante este lejano periodo del Quaternario que vio, hace aproximadamente 1,5 millones de años, instalarse los primeros hombres en la Península. Este periodo es el del Hombre de Orce y de los primeros pobladores de Atapuerca.



Aesculus

Hoy restringido a los bosques montanos de la Península de los Balcanes, el género Aesculus tuvo una amplia distribución por toda Europa antes de las glaciaciones que ha ido recuperando en gran parte gracias a su popularidad como árbol ornamental. En algunos países como Inglaterra, es tan común en la campiña que parece realmente un árbol autóctono y ese por ello considerado allá una especie naturalizada. En España es de destacar que su presencia en el Pleistoceno Inferior fue identificada gracias a la preservación de restos de madera en los sedimentos. Al tratarse de una especie entomófila, es excepcional su presencia en el registro palinológico y queda por ello muy infravalorada su presencia. / Ver también: Paleoautóctonas (7): Aesculus.






Cathaya

La distribución del género Cathaya en el Terciario y a principios del Cuaternario en Europa es un fiel reflejo de las condiciones ecológicas de la especie actual, que vive exclusivamente en relieves calcáreos en los que se beneficia de abundantes precipitaciones. Tales condiciones tan solo existían en las montañas del contorno del mediterráneo. Las bajas temperaturas y, sobre todo las progresiva aridificación de toda esta zona explica probablemente su desaparición. / Ver también: Paleoautóctonas (10): Cathaya






Elaeagnus

Cultivado desde antiguo en buena parte de EUropa, el "árbol del paraíso" es probablemente originario de las zonas secas a áridas de Asia Central y Suroccidental. Se ha naturalizado con bastante éxito en muchos lugares. Pertenece a un género con casi un centenar de especies en Asia Oriental. Fuera de Asia, tan solo una especie (E. triflora) se extiende al sur hasta el noreste de Australia y otra (E. commutata) es exclusiva de Norteamérica. Este género tuvo un área de distribución mucho más extensa, estando probablemente presentes varias especies en el continente europeo antes de desaparecer.






Engelhardia s.l.

Le ocurre al género Engelhardia algo muy parecido que al género Zelkova: a principios del Quaternario ya había desaparecido de buena parte de la PEnínsula Ibérica y tan solo estaba ya presente en Cataluña. Este género tropical es en efecto muy sensible al frío y bastante exigente en cuanto a precipitaciones. El progresivo enfriamiento y la aridificaci´ón del clima mediterrámeo lo condenaron muy pronto en la Península Ibérica, sobreviviendo más tiempo en Italia y en la región del Mar Caspio y del Cáucaso. / Ver también: Paleoautóctonas (27): Engelhardioideae






Eucommia

Presente hoy en día en zonas restringidas de China, el género Eucommia presenta muchos puntos en común con el género Ginkgo. Ambos géneros prácticamente han desaparecido del medio natural y deben mucho al interés que les ha portado el Hombre el haber sobrevivido hasta nuestros días. Tal como ocurrió con el género Ginkgo, tan solo llegó hasta nuestros días una única especie que estuvo presente en prácticamente todo el Hemisferio Norte a finales del Terciario. Los fósiles encontrados tanto del Plioceno como del Pleistoceno Inferior son prácticamente indiscernibles de la especie actual. Como característica interesante, cabe destacar que esta especie es el único árbol de las zonas templadas frías que produce látex. / Ver también: Paleoautóctonas (1): Eucommia






Keteleeria

El género Keteleeria es otro de los numerosos géneros de Gimnospermas que sobrevivieron en China y que casi todos tuvieron una distribución mucho más amplia antes de las glaciaciones. Las especies del género Keteleeria se caracterizan por sus conos, terminales, erectos, cuyas escamas son persistentes. Son algo más resistentes a la sequía que otros generos y son propios de valles cálidos y secos. En el caso de este género, el frío sí que parece haber sido el factor limitante en el continent europeo más que las precipitaciones.






Liquidambar

Aún presente en unos cuantos valles aluviales del S de Turquía y en la isla de Rodas, el liquidambar oriental tuvo una extensa área de distribución en Europa en el Terciario. A comienzos del Cuaternario, aún estaba presente en el NE de la Península Ibérica pero su área se fue contrayendo progresivamente, sobreviviendo en el Pleistoceno medio tan solo en el S de Italia, de Grecia y de Turquía, así como en la región del Cáucaso. Tal como demuestra el éxito de su cultivo en Aranjuez, esta especie está perfectamente adaptada al clima de nuestro país, incluso en la zonas de clima más continental.






Nyssa

El género Nyssa, cuyas especies son más bien propias de bosques y de zonas húmedas (bosques aluviales y de ribera) o inundadas parece que siguió mas o menos el mismo destino que el género Taxodium, con el que comparte hábitat en Norteamérica. Aún bastante extendido a principios del Cuaternario, acabó refugiándose en la región mediterránea en el Calabriense y tan solo parece haber sobrevivido en el Pleistoceno medio y superior en algunos refugios del S de la Península Itálica y de l Mar caspio. / Ver también: Paleoautóctonas (13): Nyssa






Parrotia

Originario del N de Irán, donde es una de las especies constitutivas de los bosques mixtos hircanos del Caspio que describíamos en un artículo anterior (Refugios glaciares (I): la costa sur del mar Caspio), el árbol del hierro fue durante buena parte del terciario y del Pleistoceno inferior un árbol típico de los bosques caducifolios del continente europeo. En el Pleistoceno inferior esta especie vio su área retringida al área mediterránea, sobreviviendo hasta fechas relativamente recientes (Ioniense) en el S de Italia y de Anatolia. / Ver también: Paleoautóctonas (5): Parrotia






Sequoia

La presencia del género Sequoia en el norte de la Península Ibérica en el Pleistoceno Inferior se ha podido poner de manifiesto gracias al hallazgo de maderas fósiles en la localidad cántabra de Carranceja. Su presencia en una región cuyo clima recuerda mucho el de la fachada oeste del continente americano no es pues de extrañar como no es de extrañar el éxito en esta misma región de un proyecto de repoblación como el del Monte Cabezón. En otros yacimientos, su presencia parece más bien estar ligada a la existencia de zonas húmedas en las que las condiciones climáticas no son tan determinantes.






Taxodium

La presencia del género Taxodium a principios del Cuaternario no debería resultar demasiado sorprendente, viendo la buena resistencia al frío que tiene hoy en día una especie como el ciprés de los pantanos. Los pantanos son, sin lugar a dudas, uno de los ecosistemas que más ha cambiado de fisionomía en el continente europeo, al quedar totalmente desprovistos de la relativamente rica cobertura arbórea que tenían a finales del Terciario. Hoy en día las dos especies de este género muestran los dos grandes tipos de ecosistemas en los que estuvo presente este género: pantanos a bajas altitudes y regularmente inundados por un lado (Taxodium distichum) y márgenes de ríos en tierras altas de clima más o menos continentalizado (Taxodoium mucronatum).






Tsuga

El género Tsuga tuvo una amplísima distribución por todo el continente europeo hasta prácticamente finalizar el Pleistoceno Medio y estuvo aparentemente reresentado por distintas especies. Sobrevivió algo más de tiempo en el S de Italia y de Turquía, la región del Cáucaso y del Mar Caspio. Fue, según apuntan los estudios palinológicos un árbol típico de los bosques de coníferas boreales así como de la media montaña, donde convivía con otras Pináceas como Cedrus y Cathaya, por ejemplo. Se trata de árboles resistentes al frío pero que no aguantan la sequía, razón esta última por la que finalmente desaparecieron del continente europeo. / Ver también: Paleoautóctonas (28): Tsuga






Zelkova

El género Zelkova tuvo a finales del Terciario (Mioceno y Plioceno) una amplia distribución por buena parte de Europa meridional. A comienzos del Cuaternario, su presencia se reduce en La Península a un par de yacimientos todos situados en Cataluña (Crespià y Lago de Bañolas). En la Península Itálica, en cambioi, desapareción tan solo a consecuencia de la última glaciación, logrando sobrevivir milagrosamente en Sicilia una pequeña población de una especie (Z: sicula) viviendo en condiciones extremas, con muchas dificultades para mantenerse y reproducirse. Algo similar ocurrió en Creta, donde Zelkova abelicea aún mantiene varios núcleos de población. / Ver también: Paleoautóctonas (3): Zelkova






Como se pueder ver, hasta el gran cambio intervenido en la frecuencia y la intensidad de los episodios glaciares hace aproximadamente 800.000 años, nuestra flora era bastante más rica que la actual. Muchos de esos géneros aún están presentes en nuestro continente, aunque ocupen hoy una área mucho más reducida. Muchas de ellas son consideradas especies en peligro y gozan teórícamente de algún grado de protección. Dar a estas especies una segunda oportunidad en regiones en las que estuvieron presentes antes de las glaciaciones permitiría pues en muchos casos asegurar su futuro de cara a los grandes cambios que amenazan hoy en día sus poblaciones y permitiría devolver a nuestros maltrechos bosques algo de la diversidad que tuvieron en un pasado no tan lejano. Como ya explicamos, estamos hablando de ecosistemas que los primeros pobladores de la Península conocieron y en los se desenvolvieron, conviviendo con una fauna en algunos momentos muy diferente de la actual.




Reconstrucción del paísaje de Orce / Mauricio Antón



En las próximas entregas de esta serie descubriremos las especies que estuvieron presentes en el Plioceno y el Mioceno y veremos cómo se irán incorporando a nuestra lista de especies un contingente cada vez más importante de especies subtropicales y tropicales. Eso sí, trataré de no esperar 4 años para completar esta serie que es más bien un pequeño resumen que otra cosa. Para quienes busquen algo más de información he añadido para cada género un enlace a los artículos de la serie "Paleoautóctonas", que iré actualizando poco a poco con la información que vaya recabando acerca de estas especies que bien se merecerían, en el contexto de cambio climático que vivimos, que les prestásemos una especial atención. El frío, sea dicho de paso, no es en muchos casos el factor que precipitó la desaparición de muchas especies, siendo más bien la aridificación del clima, la falta de rutas migratorias o de vectores para sus semillas, o la competencia ejercida por otras especies factores mucho más importantes. Llama mucho la atención, por ejemplo, que una especie como el Gingko, que desapareció en el Plioceno, tenga una resistencia al frío probablemente mayor que la de muchas especies autóctonas (-28ºC).

Originaria, al igual que el eucalipto (Eucalyptus globulus), del SE de Australia, la mimosa (Acacia dealbata) ha encontrado en la fachada atlántica de la Península Ibérica las condiciones ideales para su desarrollo. Contrariamente al eucalipto, cuya difusión se debe al extenso cultivo de esta especie por toda esta zona, la mimosa en cambio se ha expandido por sus propios medios a partir de los muchos ejemplares cultivados. La mimosa es, en efecto, una de las plantas ornamentales con más arraigo en nuestro continente, siendo auténticamente venerada en muchos países, donde se ha convertido en una auténtica tradición ofrecer un ramito de mimosa. En Italia, por ejemplo, se suele ofrecer un ramo de mimosa el día de la mujer. En Suiza y en Francia, la Cruz Roja y muchas ONG lo venden cada año para recaudar fondos para financiar sus causas.




El salto de la mimosa al medio natural se ha visto favorecido por toda una serie de factores que han actuado probablemente de forma conjunta. En su región de origen, la mimosa es una especie pionera que se regenera principalmente tras los incendios. En esas regiones, sin embargo, los eucaliptos a los pocos años sobrepasan las mimosas y la densificación del eucaliptal finalmente conduce a la regresión y progresiva desaparición de las mimosas (1). En una tierra asolada por los incendios y con un clima muy similar al de la región de la que proviene, la mimosa tenía pues todas las papeletas para convertirse en una especie ganadora. Probablemente el cambio climático haya acentuado aún más esa tendencia, al favorecer la frecuencia de los incendios y al ponerle las cosas mucho más difíciles a la vegetación autóctona, sometida a un creciente estrés hídrico que la mimosa aguanta bastante mejor.




Zonas verdes invadidas por arbustos de plantas mimosas en el término municipal de Pereiro de Aguiar / Fotografía: JOSÉ PAZ / La Región



De todas las especies del género Acacia presentes en la Península Ibérica, la mimosa es la que mejor adaptada está a cierta continentalidad, tal como muestra el mapa de distribución de las distintas especies de Acacia en Galicia que reproducimos a continuación (2).







Que la mimosa es una especie en plena expansión salta a la vista viendo el éxito de esta especie en muchas partes de Galicia y de la fachada atlántica de la Península en general. Por ello, tanto esta especie como las demás especies del género Acacia han sido lógicamente declaradas como invasoras. Cabe sin embargo no olvidarnos que se trata de una especie pionera que se está beneficiando ante todo de las circunstancias. Su éxito es ante todo el reflejo de la mala situación de nuestros montes. Tal como ocurre con otros muchos árboles pioneros que han sido catalogados como invasores (Robinia pseudoacacia, Ailanthus altissima), desconocemos por completo cual será la evolución futuro de estas poblaciones que, por lógica y teniendo en cuenta su condición de especies pioneras, deberían tarde o temprano ceder el sitio a especies mucho más exigentes. Vivimos lamentablemente en la inmediatez y somos incapaces de entender que los ritmos de la naturaleza son diferentes de los nuestros. La impaciencia nos conduce a querer saltar etapas y en querer recuperar de inmediato especies que no tienen cabida en estadios de desarrollo tan tempranos del ecosistema. No me extrañaría nada que me dijeran mañana que en algún lugar el bosque autóctono ya se está imponiendo de nuevo a las acacias, porque es lo que razonablemente cabe esperar que ocurra.



¿ Es pues la mimosa ese especie de monstruo que denuncian los ecologistas ? El tiempo dirá. Lo que sí tengo claro personalmente es que mientras se den las condiciones que favorecen la expansión y desarrollo de esta especie (en particular el uso del fuego como forma de manejo), difícilmente se logrará frenar la expansión de esta especie, cuyo peor enemigo es... ¡ la ausencia de perturbaciones ! No será excepcional, pues, en un futuro más o menos lejano, encontrarse con alguna venerable mimosa en nuestros montes, conviviendo con un (eso esperamos todos) recuperado bosque autóctono. Llegada esa situación, la mimosa tan solo será un elemento más de nuestra flora que habremos dejado de considerar como un monstruo.



(1) Trouvé R. et al. (2019) / Competition drives the decline of a dominant midstorey tree species. Habitat implications for an endangered marsupial / Forest Ecology and Management Volume 447, 1 September 2019, Pages 26-34
(2) Martínez Fernández J. et al. (2012) / Distribución y dinámica del género Acacia en Galicia: un análisis a partir del Tercer y Cuarto Inventario Forestal Nacional / In book: EEI 2012 Notas Científicas 4º Congreso Nacional sobre Especies Exóticas Invasoras, Edition: Serie Técnica Nº 5. León, Chapter: Distribución y dinámica del género Acacia en Galicia: un análisis a partir del Tercer y Cuarto Inventario Forestal Nacional, Publisher: GEIB, Editors: GEIB Grupo Especialista en Invasiones Biológicas, pp.128-132



Hace un par de años escribía yo en este blog un artículo sobre Resiliencia y deuda climática y explicaba en él que la resiliencia se podía definir como la capacidad de un ecosistema a reponerse de los efectos de alguna perturbación. También me hacía eco de los resultados de un estudio francés que definía un nuevo concepto llamado "Deuda climática", que viene a ser de alguna manera el desajuste existente entre la temperatura en la que se desarrolló un ecosistema y la temperatura real que está aguantando actualmente. Ese estudio demuestra que fuera de las zonas montañosas, en las que las migraciones son posibles a pequeña escala y compensan más fácilmente los efectos del cambio climático, amplias zonas del territorio estudiado tienen ya una deuda climática de entre 2 y 3 grados. Ese desajuste es una buena ilustración de lo que se entiende por "resiliencia": un ecosistema es capaz de autoperpetuarse en condiciones algo diferentes de las idóneas para él, lo que le permite aguantar las oscilaciones periódicas del clima. Ahora bien, que un ecosistema o que las especies que lo conforman sean resilientes no significa que su capacidad de resistir un insistente cambio climático sea infinito...


Deuda climática del sotobosque en los bosques franceses



El concepto de resiliencia se utiliza demasiado a menudo como excusa para no querer cambiar las cosas. Esto es particularmente cierto en el contexto del conservacionismo, que aún no ha asimilado el mensaje que los climatólogos intentan trasmitir desde hace décadas. La inmensa mayoría de los proyectos de conservación de la naturaleza, que reciben fondos considerables, están principalmente enfocados en conservar los ecosistemas existentes o en restaurar los ecosistemas que algún día hubo en los lugares que se pretende "restaurar". La palabra lo dice todo y tiene más que ver con la museología que con las Ciencias Naturales. Nos empeñamos en recuperar unos ecosistemas que estuvieron presentes cuando las condiciones climáticas no eran las actuales. Y paralelamente, se persigue con saña la expansión de toda especie exótica, considerando que su expansión puede ser la causa de la pérdida de biodiversidad que sufren nuestros ecosistemas. Por favor, no usen el flash, que el ecosistema es muy delicado y podría sufrir daños irreparables...

Me llama mucho la atención, por poner un ejemplo, que exista un proyecto Life para recuperar al araar (Tetraclinis articulata) en la región de Cartagena, que ignora por completo el éxito reproductivo de esta especie en otras muchas regiones del levante español en las que se naturaliza con suma facilidad y parece tener bastante más futuro que en el área en la que se están centrando todos los esfuerzos. Potenciando su desarrollo en esas regiones, es probable que lograríamos el mismo objetivo (salvar la especie) gastando muchísimo menos dinero. Lo mismo cabría decir del pinsapo (Abies pinsapo), que demuestra una extraordinaria vitalidad en zonas situadas fuera de la exigua área de distribución "natural" de esa especie.




Citas de Tatraclinis articulata reportadas por los usuarios del foro Repoblación Autóctona. En azul se muestran los lugares en los que se ha observado la regeneración natural de la especie y en rojo plantaciones hechas con esa especie. Es probable que falten muchos datos en este mapa que nos demuestra que el araar tiene un área potencial bastante extensa en todo el S y SE de la Península Ibérica.



El "buen comportamiento" hasta ahora de nuestros ecosistemas nos ha llevado a sobreestimar la resiliencia de los mismos y a confiar demasiado en la capacidad de las especies que los constituyen de adaptarse a los cambios, ignorando que la deuda climática acumulada es ya muy importante (alrededor de los 2 a 3 grados) y que los cambios en la naturaleza suelen ocurrir de manera brusca y catastrófica. Estamos en realidad mucho más cerca de ver nuestros ecosistemas llegar al colapso de lo que creemos. Un reciente estudio (1) ha intentado calcular en qué momento los diferentes ecosistemas del planeta colapsarían basándose en los límites climáticos históricos de las especies y en las proyecciones climáticas futuras. El gráfico a continuación muestra cual es la evolución previsible en una región como las Islas Caimán.




Lo que muestra este gráfico es que alrededor de cierta temperatura, en un par de décadas, la mayoría de las especies alcanza su límite de tolerancia, llevando al colapso del conjunto del ecosistema. En este caso en particular, el colapso intervendría alrededor del año 2075 y tan solo afectaría (directamente) a un 67% de las especie. El mismo estudio muestra, sin embargo, que en otras regiones el colapso podría intervenir mucho antes y afectar casi al 100% de las especies. Las previsión para una región como la Amazonia es, desde ese punto de vista, bastante inquietante, interviniendo el colapso ya a mediados de siglo.




No vayamos a pensar, viendo estos gráficos, que el colapso de ecosistemas es cosa del futuro. Ya está ocurriendo en algunas regiones y afectando a ecosistemas que llevaban asentados miles y miles de años. La muerte de los manglares en un tramo de unos 1.000 km en el Golfo de Carpentaria (Australia), tras un débil monzón en 2015-2016, tan solo es un ejemplo de los cambios que ya está induciendo el cambio climático (2).




El manglar de la costa Australiana es un triste ejemplo de colapso de ecosistema. En pocos años, ese ecosistema ha colapsado en más de 1500 kilómetros de costa.



Ante tales perspectivas, la idea de "mover" plantas en respuesta al cambio climático para evitar su extinción y evitar el colapso de ecosistemas ante la falta de especies que vayan tomando el relevo de las que van desapareciendo es una idea que poco a poco va convenciendo a más y más científicos, tal como demuestra la organización de esta primera conferencia internacional dedicada a la translocación de plantas.



               1st International Plant Translocation Conference
               ROME, 22-25 February 2021



(1) Trisos, C.H., Merow, C. & Pigot, A.L. (2020) / The projected timing of abrupt ecological disruption from climate change / Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-020-2189-9
(2) Harris R.M.B. (2018) / Biological responses to the press and pulse of climate trends and extreme events / Nature Climate Change, Vol. 8, pp. 579–587



De todas las especies forestales exóticas que se cultivan en Europa, el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) fue probablemente una de las primeras en popularizarse tras su introducción en Inglaterra en 1827 por el naturalista escocés James Douglas, que había estado explorando la costa NW de Norteamérica en los años anteriores y trajo de allá un importante lote de semillas. El éxito de esta especie estaba asegurado en un país como Inglaterra, cuyo clima era favorable y cuya flora indígena tan solo comprendía 3 especies de coníferas (Pinus sylvestris, Taxus baccata y Juniperus communis). La especie despertó un gran entusiasmo en aquél país y se plantó extensivamente, siendo hoy una especie frecuente en Inglaterra, donde está plenamente naturalizada.

Mapa de distribución de Pseudotsuga menziesii en Irlanda y Gran Bretaña. Piña del abeto de Douglas, Puerto de Canencia, Madrid



De ese primer lote de semillas y de los plantones conseguidos a partir de esas semillas, la especie fue inmediatamente introducida en Alemania por John Richmond Booth (1800-1847), propietario de un vivero en Flottbeck cerca de Hamburgo, que recibió esas semillas por ser miembro de la Royal Horticultural Society, a cuyos miembros fueron distribuidas parte de las semillas traídas por Douglas. La propagación de la especie en Alemania a partir de esos primeros ejemplares introducidos fue más tardía que en Inglaterra pero Alemania es hoy el segundo país de Europa en lo que se refiere a superficie ocupada por esta especie. El país en el que el abeto de Douglas tuvo más éxito fue, sin embargo, Francia, donde se empezó a plantar tímidamente a partir de los años 40 del siglo XIX pero donde adquiriría realmente una extraordinaria importancia durante el siglo XX.



Superficie en hectáreas ocupada en Europa por el abeto de Douglas (1997).



En España, donde el abeto de Douglas tan solo encuentra condiciones favorables en el norte, se pueden encontrar plantaciones dispersas en Cataluña, La Rioja, Navarra, País Vasco y Galicia. Es curioso que en un país con un clima mediterráneo no se haya pensado en ensayar la otra especie de este género existente en Norteamérica (Pseudotsuga macrocarpa), originaria del sur de California y adaptada a vivir en condiciones (chaparral) que se aproximan mucho más a las de la zona mediterránea de la Península y que, además, ha desarrollado eficaces mecanismos de resistencia al fuego.

Pseudotsuga macrocarpa cerca de la entrada al desierto de Sespe en Potrero John Canyon. Foto de Bryant Baker. Ramillas y conos de Pseudotsuga macrocarpa



Como era de suponer, el género Pseudotsuga también estuvo presente en Europa antes de las glaciaciones. No se trata, sin embargo, de un género del que se conserven muchos restos. Probablemente fuera menos abundante que otros géneros en aquella época y probablemente también sus preferencias ecológicas no hayan favorecido una buena conservación de sus restos.




Distribución del género Pseudotsuga en Europa durante el Neógeno.



Como anécdota para los lectores madrileños de este blog, cabe señalar la existencia de una pequeña plantación de abetos de Douglas en el Puerto de Canencia, que no parece haber convencido a los ingenieros forestales que ensayaron esta especie, ya que no conozco yo ninguna otra plantación de esta especie en todo el Sistema Central. El caso es que estos arboles siguen en pie y lucen a pesar de todo un buen aspecto.


PseudotsugaFamilia: PinaceaeOrden: Pinales

Arboles perennifolios, de porte cónico. Corteza lisa al principio con vesículas de resina; que se vuelve castaño-rojiza con la edad, suberosa, resquebrajada. Ramas a menudo péndulas, irregularmente verticiladas; braquiblastos ausentes; cicatrices foliares transversalmente elípticas, ligeramente prominente proximalmente pero esencialmente a ras de la ramilla distalmente. Yemas alargadas, no resiníferas, de ápice agudo. Hojas solitarias, persistentes 6-8 años, alternas, cortamente pecioladas, planas; canales resiníferos 2, marginales. Conos sobre las ramillas de un año. Conos masculinos axilares. Conos femeninos de maduración anual, que se desprenden en su totalidad, deflexos o péndulos, elipsoidales, ovoidales, o cilíndricos, prácticamente sésiles, sin apófisis ni umbo; escamas persistentes, ápice redondeado; brácteas ± exertas, ápice 3-lobado, lóbulos de ápice agudo, lóbulo central estrecho, más largo que los lóbulos laterales. Semillas aladas; cotiledones 6-12. x =12, 13.




Como hemos visto anteriormente, el abeto de Douglas es una especie hoy en día muy difundida por todo el continente europeo que se puede considerar plenamente naturalizada en muchas regiones en las que se reproduce de manera espontánea. Se trata sin embargo de una especie relativamente exigente en humedad, tal como demuestra su distribución natural a lo largo de la costa pacífica del norte de Norteamérica. Una especie como Pseudotsuga macrocarpa probablemente estaría mejor adaptada en la región mediterránea, pero que yo sepa nunca fue tomada en cuenta por los ingenieros forestales españoles. De las especies asiáticas tan solo cabe decir que son especies relativamente raras, de las que resulta casi imposible obtener semillas.



(1) Lavender, Denis P., and Richard K. Hermann. 2014. Douglas-fir: The Genus Pseudotsuga. Oregon Forest Research Laboratory, Oregon State University, Corvallis.



Al evocar las floras del pasado del continente europeo, un género destaca por la abundancia de sus restos fósiles, tanto microscópicos (polen) como macroscópicos: Tsuga. Los pequeños conos de estas coníferas, con sus escamas persistentes, se conservan a menudo completamente y tenemos pues un relativamente buen conocimiento de la extensión e importancia que llegó a desempeñar este género.



Conos abiertos de Tsuga canadensis, Penny Brook Farm, Vermont, EE.UU. / Fotografía: TheNickster / Licencia: CC BY-SA 2.0



El género Tsuga tiene hoy en día un área de distribución típicamente disyunta, con especies tanto en Norteamérica (4 especies) como en el SE de Asia (6 especies). Se trata de árboles con el típico porte cónico de muchas Pináceas, cuya guía terminal, como en los cedros, a menudo se inclina. Son árboles que crecen típicamente en zonas montañosas en las que disfrutan de un nivel de precipitaciones relativamente elevado. En Europa este género tuvo una amplia distribución, alcanzando antes del Cuaternario zonas tan al norte como Islandia y Escandinavia, donde probablemente fueron un elemento del bosque boreal. En el resto de Europa, su presencia estuvo relacionada con la presencia de relieves en los que este género convivía con otras coníferas como Cedrus, Keteleeria y Cathaya formando bosques mixtos como los que se pueden observar hoy en China.




Area de distribución del género tsuga en el Neógeno del Continente europeo.



Presente en la práctica totalidad del continente europeo a finales del Terciario, el área ocupada por este género fue circunscribiéndose al área mediterránea en los periodos glaciares, reapareciendo repetidas veces en el centro y norte de Europa durante los periodos interglaciares. A finales del Pleistoceno Inferior, sin embargo, el género ya tan solo estuvo presente en el sur de la Península Itálica, de los Balcanes y de Anatolia. Sus registros más recientes alcanzan el Holoceno en la región del Mar caspio, donde la progresiva aridificación y la subida de nivel del Mar Caspio aparentemente acabaron con sus últimos refugios.

Mapa de distribución de Tsuga heterophylla
en Irlanda y Gran Bretaña.
Tsuga del Pacífico en Shepards Gutter, Hampshire, Gran Bretaña / Fotografía:
Owen Munday



Introducida en Gran Bretaña en 1852, la tsuga del Pacífico (Tsuga heterophylla) se ha plantado extensamente en las Islas Británicas, donde se ha naturalizado sin mayores dificultades debido al gran parecido entre el clima de la fachada atlántica del continente europeo y el de la fachada pacífica del Norteamérica, donde convive con el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) en los bosques pluviales de la franja costera del norte de EEUU y de Canadá. En otros países europeos, en cambio, su presencia es por ahora mucho más discreta.


TsugaFamilia: PinaceaeOrden: Pinales

Árboles perennifolios de copa cónica, con la guía terminal por lo general inclinada. Corteza de color gris a castaño, escamosa, a menudo profundamente fisurada. Ramas horizontales a menudo arqueadas hacia el suelo; braquiblastos ausentes; ramillas jóvenes y partes distales del tallo flexuosas y péndulas. Yemas ovoideas o globosas, por lo general de ápice redondeado, no resinosas. Hojas en disposición subdística o radial, persistentes varios años, planas o algo angulares, abruptamente estrechadas en un corto pecíolo retorcido en la base, dispuestas sobre proyecciones estipitadas angulosas, vainas ausentes, ápice redondeado o emarginado, líneas estomatales en el haz, raramente en ambas superficies, formando dos bandas blancas separadas por la vena mediana; haz vascular 1, canal resinífero 1 por debajo del haz vascular. Conos sobre las ramas de un año. Conos masculinos solitarios, globosos, de color castaño. Conos femeninos péndulos, ovoideos, oblongos u oblongos-cilíndricos, sésiles o subsésiles, de maduración anual; escamas persistentes, de formas variadas , finas, coriáceas, sin apófisis y umbo; brácteas pequeñas, inclusas. Semillas aladas; cotiledones 4-6. x=12.




En la Península Ibérica la especies del género Tsuga no dejan de ser curiosidades de arboreto y de jardines botánicos, a pesar de tener la fachada atlántica un clima que pudiera ser favorable a una u otra de sus especies, tal como demuestra la perfecta adaptración de la tsuga del pacífico en las Islas Británicas. Es de destacar sobre todo el arboreto de Lourizán, donde se pueden observar 5 especies de este género (Tsuga caroliniana, Tsuga canadensis, Tsuga chinensis, Tsuga heterophylla & Tsuga mertensiana). En otros lugares, como el Jardín Botánico de Alcalá, se puede observar algún que otro ejemplar de Tsuga canadensis, una especie algo más rústica que la tsuga del Pacífico.

No busquen la palabra "neobosque" en el diccionario. No existe. Se trata de un neologismo que ya he utilizado en alguna ocasión y que me propongo hoy formalizar para describir un tipo de bosque secundario muy frecuente en muchas regiones tropicales que se caracteriza por la importancia que desempeñan en ellos las especies exóticas. En las zonas templadas tales bosques son más raros pero pueden desempeñar localmente un papel no desdeñable. A muchos naturalistas occidentales, sin embargo, aún les cuesta aceptar que tales bosques puedan existir. La puesta en evidencia de la importancia de los bosques secundarios dominados por especies exóticas debe mucho a los estudios realizados por Ariel Lugo y su equipo en el Instituto Internacional de Bosques Tropicales de la USSF en la isla de Puerto Rico, que se ha convertido en un auténtico paraíso forestal apenas 70 años después de haber sido prácticamente desforestada.


Un bosque secundario es aquél que coloniza áreas cuya vegetación original desapareció parcial o totalmente debido a perturbaciones naturales o humanas (UNESCO, 1978). Diagrama: Forestry and Climate Change Fund.



El milagro puertorriqueño

La isla de Puerto Rico fue, hasta los años 50 del pasado siglo (como me cuesta escribir esto), intensamente explotada para la producción de azúcar y de café. Hasta el desastre del 98, la isla fue uno de los mayores proveedores de café del continente europeo y la expansión de ese cultivo, junto al de la caña de azúcar, llevó a la tala de la casi totalidad de los bosques de aquella isla. Tan solo un 6% del territorio, el más inaccesible, conservó sus bosques originales Tras cambiar de manos la isla, la producción de café fue abandonada, al no poder competir los productores de café de la isla con los de otros países latinoamericanos que surtían de café al gigante norteamericano. Luego, a partir de los años 50, el éxodo rural y la emigración hacia ciudades como Nueva York, Orlando o Boston dejaron muchos cultivos abandonados. Una situación que evocaba con mucha emotividad el Conjunto Clásico en uno de sus temas más conocidos (Los Rodríguez). La grave deforestación sufrida llevó la isla al borde del colapso en varias ocasiones debido al paso de varios huracanes y las autoridades americanas pusieron entonces el énfasis en la necesidad de reforestar la isla. Una reforestación facilitada por el buen clima de la isla y el dinamismo de muchas especies exóticas que se aprovecharon de la ausencia de competidores autóctonos para constituirse espontáneamente en auténticos bosques. El éxito de la reforestación (con o sin ayuda del hombre) fue tal que hoy en día el bosque ocupa aproximadamente un 60% de la superficie de la isla. Lo interesante del caso de Puerto Rico es que sus bosques han sido bastante estudiados y que disponemos hoy de mucha información acerca de cómo han evolucionado sus bosques secundarios.





Muchos conservacionistas consideran con recelo la presencia de especies exóticas y preferirían que los programas de reforestación se lleven a cabo exclusivamente con especies nativas pero eso supondría, tal como explica Ariel Lugo en el vídeo que copio más arriba, tener que renunciar ni más ni menos que al 75 % de los bosques de la isla, que es la proporción de los bosques de Puerto Rico en los que dominan árboles no-nativos. Reconocer el valor ecológico de esas especies no-nativas sería, hoy por hoy, el mayor paso que pudiera dar el conservacionismo, y todos los conservacionistas deberían considerarlo seriamente antes de emprender cualquier programa de erradicación. El impacto positivo de esos bosques secundarios no puede ser ignorado a la hora de valorar su presencia. Ya supone un cambio importante que los científicos por fin empiecen a interesarse por ellos. Al fin y al cabo, más de la mitad de los bosques tropicales (tal vez mucho más si se confirma que muchos bosques que considerábamos como primarios en realidad no lo son) son bosques secundarios. Y es muy relevante, por ejemplo, que en Puerto Rico esos bosques hayan contribuido a mejorar la calidad del agua y a controlar el caudal de los ríos. También es bastante relevante, por ejemplo, saber que la gran mayoría de la población de orangutanes del SE asiático vive actualmente en bosques secundarios. Estos dos ejemplos demuestran, en cualquier caso, que estos bosques desempeñan un papel ecológico muy importante y que ya no pueden ser simplemente ignorados. Su erradicación traería consecuencias graves y, muchas veces, inesperadas.


Ecosistemas 100% funcionales

La principal lección que se puede extraer del estudio de los bosques secundarios de Puerto Rico es que se trata, a pesar del carácter exótico de muchas de las especies que lo constituyen, de auténticos ecosistemas funcionales en los que las especies cambian pero en los que se mantienen las interrelaciones más básicas y esenciales entre especies, que permiten la supervivencia y permanencia del ecosistema a largo plazo. Estos bosques desempeñan con éxito las mismas funciones que los bosques primarios: dan sombra y rebajan las temperaturas, filtran y limpian el agua, cuyo caudal regulan de forma muy eficaz, albergan y alimentan la fauna local (además de alguna que otra especie exótica), permitiendo que las especies autóctonas se expandan fuera de los pocos refugios auténticamente primarios de la isla. Desde ese punto de vista, cabe destacar el carácter transicional que suelen tener estos bosques, constituidos por especies colonizadoras que generalmente tienen una esperanza de vida relativamente corta. Una vez reconstituido el dosel arbóreo, muchas especies autóctonas a continuación logran regresar, constituyéndose un bosque que presenta caracteres intermedios entre el bosque primario y los bosques recién desarrollados. La vuelta al estado primario, claro está, no es posible, al haber cambiado el hombre las condiciones en las que esos bosques se desarrollan. Se constituye así lo que los ecólogos llaman "ecosistemas noveles".




Bosque secundario desarrollado sobre depósitos de bauxita en el estado de Bahia, Brasil. Este bosque se ha desarrollado con toda probabilidad en los últimos 20 años. / Fotografía: Alex Monro.



Amazonia: no tan virgen como se pensaba

Muchos de los prejuicios que arrastramos en contra de las especies invasoras y de los ecosistemas noveles que se desarrollan en lugares que han sido explotados por el hombre tienen como origen y causa la mitificación que los americanos han hecho de una naturaleza prístina que hubiera que proteger a toda costa del impacto del hombre. Al evocar tales ecosistemas primarios, se suele casi siempre dar como ejemplo los grandes bosques tropicales - la Amazonia en particular - sin pensar que la interacción del hombre con la naturaleza es, en realidad, muy antigua. De hecho, el ejemplo de la Amazonia es bastante desafortunado. Varios estudios recientes han demostrado no solamente que el hombre está presente en esa región desde mucho más tiempo de lo que se pensaba (1) - al menos 25'000 años -, sino también que la Amazonia albergó una importante población en tiempos pre-hispánicos que llegó a explotar una amplia superficie de lo que hoy parece una selva virgen. No es raro que bajo el bosque, tal como ocurriera en América Central, aparezcan hoy vastas estructuras urbanas. Con la llegada de los europeos, estas culturas indígenas fueron aniquiladas por la irrupción de nuevas enfermedades que provocaron un auténtico desplome de esas poblaciones sin que la inmensa mayoría de ellas entrasen nunca en contacto con ningún europeo. Algo parecido, sea dicho de paso, ocurrió en América del Norte, donde algunos pueblos que habían desarrollado auténticas culturas urbanas habían desaparecido por completo cuando los primeros exploradores europeos recorrieron esas tierras.




Vista aérea de una da las figuras geométricos de grandes dimensiones descubiertos en la Amazonia brasileña, testigo de antiguas culturas en lo que se consideraba una selva virgen.



Europa: la negación de un fenómeno emergente

La facilidad con la que diferentes especies tropicales han logrado asentarse en otras regiones tropicales y constituir en ellas bosques secundarios contrasta fuertemente con lo que podemos observar en Europa. Aunque la gran mayoría de los bosques del continente europeo son en realidad bosques secundarios y hay muy pocos bosques primarios (Bialowieza), siguen teniendo un carácter seminatural y están dominados en su mayoría por especies autóctonas. Las zonas más degradadas del continente europeo siempre han estado ocupadas por brezales o por monte bajo. Los intentos para recuperar esas tierras han dado lugar a la introducción de algunas especies muy rústicas que el cambio climático favorece hoy en día claramente: la falsa acacia (Robinia pseudoacacia), el ailanto (Ailanthus altissima) y el olmo de Siberia (Ulmus pumila) son probablemente las tres especies que más éxito han tenido en nuestro continente. Es de esperar que esta lista se alargue considerablemente en el futuro según vayan "mejorando" las condiciones climáticas en el continente europeo. Estas especies son capaces, localmente, de formar pequeñas formaciones arbóreas que sorprenden mucho en el contexto mediterráneo. Que especies caducifolias prosperen en zonas en las que la especie teóricamente mejor adaptada es la encina sorprende y cuestiona incluso la propia presencia de la encina en muchas localidades. ¿ Realmente era la encina la especie archi-dominante que imaginábamos antes de que el hombre interviniera los paisajes ?




Incipiente "neobosque" desarrollándose sobre el talud de una carretera del barrio de Moratalaz, en Madrid, donde han aparecido espontáneamente y no reciben ningún tipo de riego. El desarrollo de un bosque caducifolio en una zona en la que el "clímax" es en teoría la encina (Quercus ilex rotundifolia), árbol siempreverde adaptado al clima mediterráneo, es cuanto menos sorprendente...



De estas especies, la que más tiempo lleva integrada en nuestros paisajes es la falsa acacia, naturalizada desde hace casi 4 siglos en muchos lugares y que desempeña un papel de primer nivel como especie forestal en algunos países de Europa Central y del Este. Esta especie forma localmente pequeñas formaciones boscosas cuya evolución se ha venido estudiando para intentar establecer cual era la mejor estrategia para gestionar sus poblaciones. En el norte de Italia, esta especie parece haber alcanzado su máxima ocupación y muestra ya en algunos lugares evidentes signos de retroceso. Un estudio reciente (2) ha demostrado que con el envejecimiento de esas formaciones, otras especies (autóctonas) se ven favorecidas y acaban desplazando a la falsa acacia. La principal conclusión a la que llega ese estudio es muy clara:

"Nuestros resultados apoyan la hipótesis de que la mejor estrategia para controlar la propagación de la falsa acacia es la de evitar perturbaciones que favorezcan su propagación y esperar la supresión física de la especie por otros árboles"

Las tres especies a las que nos referíamos en el caso de Europa tienen muchos puntos en común: la tres son especies colonizadoras que no son capaces de vivir en bosques sombreados y las tres son especies con una esperanza de vida relativamente corta (menos de un siglo en el caso del ailanto y del olmo de Siberia). Es pues bastante probable que la recomendación que hace el estudio italiano se pueda extrapolar a todas ellas. Estas especies forman ya o empiezan a formar pequeños "neobosques" en muchos lugares de la cuenca mediterránea. Más que un peligro, el desarrollo de tales neobosques es en realidad una oportunidad, al no ocupar estas especies el lugar ocupado por ninguna otra especie arbórea autóctona. Puede incluso que a medio plazo, su presencia pueda favorecer la inclusión de algunas especies autóctonas. Personalmente, vería bien una especie como el quejigo (Quercus faginea) beneficiarse de las condiciones favorables creadas por estas especies alóctonas.




Quejigo en la Sierra de Grazalema (Jaén). / Fotografía: Bob Gibbons



Con el cambio climático actual, muchas especies subtropicales podrían verse favorecidas y, por lo tanto, es muy probable que se desarrollen nuevos neobosques aquí y allá en Europa, cohabitando con nuestros bosques actuales, que, no lo olvidemos, también están sufriendo los efectos del cambio climático. A más largo plazo, es muy probable que haya muchos intercambios entre estos diferentes tipos de bosques y que probablemente ninguno de ellos se parezca ya a lo que hemos conocido y que ya estamos viendo evolucionar ante nuestros ojos, sufriendo las consecuencias de olas de calor capaces de condenar en Europa Central en un solo verano a especies como la haya o el abeto, que tendrán que dar paso a otras especies que el azar o la voluntad del hombre podría devolver a nuestras latitudes... ¡Bienvenidos a los bosques del Antropoceno!



(1) Clemente-Conte, Ignacio & Boëda, Eric & Lahaye, Christelle & , Fortugne & Christine, Hatté. (2017). Pleistocene Archaeological sites in Serra de Capivara: Manufacture and use of lithic implements at Vale da Pedra Furada (Piauí, Brazil).
(2) Renzo Motta1, Paola Nola, Roberta Berretti (2009) / The rise and fall of the black locust (Robinia pseudoacacia L.) in the “Siro Negri” Forest Reserve (Lombardy, Italy): lessons learned and future uncertainties / Ann. For. Sci., Vol. 66, 41
(3) Campagnaro T, Nascimbene J, Tasinazzo S, Trentanovi G, Sitzia T (2018). Exploring patterns, drivers and structure of plant community composition in alien Robinia pseudoacacia secondary woodlands. iForest 11: 586-593.
(4) Fotiadis G. & Kyriazopoulos A. P. (2011) / The behaviour of Ailanthus altissima weed and its effects on natural ecosystems /  Journal of Environmental Biology 32(6):801-6
(5) Liviu, Ciuvat & Viorel, Blujdea & Abrudan, Ioan & Ilie Silvestru, Nuta & Filofteia, Negrutiu. (2014). Ecosystem services provided by black locust (Robinia pseudacacia L.) plantations in South-Western Romania.



Echando la vista atrás tan solo un par de años, sorprende la velocidad y la intensidad con la que algunos fenómenos climáticos o muy ligados a la climatología nos han impactado estos últimos dos años. De los incendios en Australia a las DANAs a repetición que han azotado el litoral mediterráneo, no pasa un mes sin que algún fenómeno inédito nos sorprenda. En Suiza, país en el que nací, no se estaba dejando aún notar demasiado el cambio climático y esto es lo que afirmaba a comienzos de 2018 Peter Brang, director del programa de investigación sobre el bosque y el cambio climático acerca del haya (Fagus sylvatica), especie emblemática de los bosques suizos (Face au réchauffement, les hêtres se réfugient en altitude):

«En la ausencia de canículas extremas, el haya no debería conocer problemas mayores de aquí a finales del siglo XXI, pero su nicho ecológico ira poco a poco desplazándose en altitud.»

Una afirmación tranquilizadora que el propio año 2018 iba a encargarse de desmentir por completo...



El río Doubs convertido en camino entre Pontarlier y Morteau (Francia), Agosto de 2018



Tan solo un año más tarde, tras una canícula y una sequía nunca vista en buena parte de Europa, la situación del haya ha cambiado por completo. Os traduzco aquí algunos párrafos clave de otro artículo publicado el año pasado (Les forêts soleuroises et du pied du Jura souffrent de la sécheresse):

«Las consecuencias de la sequía sobre las hayas del norte del cantón de Solothurn y en los abetos al pie del Jura son "graves", dijo el viernes la cancillería cantonal y la asociación cantonal de burgueses y propietarios de bosques.»

«En el cantón de Jura, las hayas se están extinguiendo en masa. Más de 100.000 m3 de esta especie están secos o moribundos en los bosques de Ajoie, dijeron las autoridades a principios de julio.»

«Según Marc Ballmer, colaborador científico de la Oficina de Medio Ambiente del Cantón del Jura, Basilea y Argovia también están afectadas. Los cantones de Berna y Neuchâtel tampoco se salvan.»

¿ Y a nosotros que nos cuentas, me diréis ? ¿ Qué nos importa lo que ocurre en Suiza ? Pues mucho más de lo que parece porque el tipo de discurso tranquilizador que os daba como ejemplo al principio es el que se suele escuchar constantemente aquí en España y nos impide tomar medidas urgentes para intentar evitar que catástrofes como la de la Sierra de Baza vuelvan a ocurrir en los próximos años.



Pinares de la Sierra de Baza afectados por las plagas / Asociación Proyecto Sierra de Baza



Vuelvo una vez más a preguntar lo mismo: ¿Tenemos un plan b para nuestros pinsapos? ¿Qué ocurriría mañana si un mal año provocara la muerte masiva de nuestros pinsapos? ¿Tiene algún sentido, viendo lo que ocurre en otras regiones, apostarlo todo por "conservar" el pinsapo tan solo en su actual área de distribución? A pesar de la aparentemente buena salud de sus poblaciones, nada permite descartar que tarde o temprano un año o una serie de malos años provoquen la casi total desaparición de esas poblaciones.

La imagen que nos hacemos del cambio climático ha cambiado mucho estos últimos años. Durante muchos años hemos creído que el cambio climático era un fenómeno progresivo, lineal, y que eso nos permitiría reaccionar a tiempo pero lo que nos muestra la repetición de catástrofes es todo lo contrario: la naturaleza da saltos de un estado de equilibrio a otro y es probable que la peores sorpresas aún están por llegar. No descarto, personalmente, que las temperaturas puedan aún dar un gran salto casi del día a la mañana, tal como lo hicieron a finales de la última glaciación. Imaginaos que la temperatura media en nuestra país de repente subiera 3 o 4 grados en apenas un año...

Lo que ha ocurrido en Suiza ya ocurrió en España hace tiempo y podría perfectamente volver a ocurrir en el futuro. Buscando información acerca del haya en la Península Ibérica, encontré algunas páginas que se referían a la presencia en el pasado en la región del que es hoy el Parque Nacional de Cabañeros. Por lo visto, el haya alcanzó los Montes de Toledo en el Holoceno y sobrevivió en algunos enclaves frescos y húmedos hasta que una gran sequía acabó con todos en el siglo XIX. No he logrado encontrar la referencia original, pero esa información cuadra bastante con la mayor extensión que tenía el haya en todo el Oeste del Sistema Central en el Holoceno, perfectamente documentada por los estudios palinológicos. El caso es que una repetición de malos años aniquiló por completo esas poblaciones y el futuro de otras muchas poblaciones de hayas en la Península depende mucho de que tales episodios vuelvan a suceder en el futuro. Lo más probable, viendo el ritmo frenéico al que batimos récords de temperatura, es que la cosa vaya empeorando y que la presencia del haya acabe restringiéndose a los más altos macizos del norte de la Península (Cordillera Cantábrica y Pirineos).

¿Seguimos confiando en la mítica "resiliencia" de nuestros bosques autóctonos y esperamos a ver qué pasa? Yo, por si las moscas, ya voy plantando algunos árboles capaces de aguantar el subidón de temperatura calculado por los modelos del IPPC...
Ya comentamos, al describir otros géneros de la misma familia, que las Juglandáceas desempeñaron un papel muy importante en los bosques neógenos de Europa. La rica diversidad de géneros y de especies que aún se observa hoy en día en el SE de Asia también se observa en el registro fósil del continente europeo. Existen evidencias de la presencia en Europa de prácticamente todos los géneros hoy en día presentes en Asia: Engelhardia (s.l.), Platycarya, Carya, Juglans, Cyclocarya, Pterocarya. Para cada uno de estos géneros, parece además que hubo varias especies presentes. Estamos pues probablemente hablando de una de las familias de árboles más diversas de nuestra paleoflora, de la que tan solo 2 géneros / especies lograron sobrevivir en zonas marginales del continente: Juglans regia en los refugios meridionales de la región mediterránea y Pterocarya fraxinifolia en la región del Cáucaso y el N de Irán.



Frutos de Engelhardia spicata, India, efloraofindia



La subfamilia de las Engelhardioideae, que examinamos hoy, atrae inmediatamente la atención por dos caracteres que le diferencian a primera vista de los demás géneros de esta familia con los que convive. El primero son sus hojas, mayoritariamente paripinnadas. El segundo son sus frutos, unas pequeñas nuececillas dispuestas en largas infrutescencias y subtendidas por una bráctea más o menos profundamente trilobada. La subfamilia está constituituida por 2 géneros en América Central (Oreomunneo y Alfaroa) y otros dos en Asia (Engelhardia y Alfaropsis), que todos podrían haber estado presentes en Europa en un momento u otro. No está muy claro, en efecto, en qué momento ni donde se diferenciaron unos de otros los distintos géneros de esta subfamilia. En los análisis palinológicos llevados a cabo, los pólenes descubiertos han sido casi siempre atribuidos al género Engelhardia pero lo más prudente, a falta de disponer de información más precisa, es quedarse a nivel de la subfamilia.




Infrutescencia de Engelhardia spicata, Laos



Desde un punto de vista ecológico, las especies de esta subfamilia son más termófilas que las de la subfamilia de las Juglandoideae, siendo la mayoría de las especies de esta subfamilia propias de bosques de hojas anchas o perennifolios. Todas ellas crecen en climas tropicales o subtropicales cálidos, con frecuencia en bosques de mediana montaña. Ese carácter termófilo explica que este género tuviese su mayor representación en Europa en el Mioceno y comienzos del Plioceno, haciéndose luego mucho más raro y sobreviviendo a principios del Cuaternario tan solo en la región mediterránea y la región del Cáucaso y del Mar Caspio, a cuyas orillas parece haber sobrevivido hasta el Pleistoceno Superior. La aridificación intervenida en los últimos milenios y la subida del nivel del Mar Caspio acabaron con ese último refugio de plantas de carácter marcadamente oriental. La coexistencia en aquella época con taxones propios de zonas templadas deja pensar, sin embargo, que esta subfamilia estuvo representada en el pasado por especies mejor adaptadas al frío.




Distribución de las Engelhardoidea en Europa en el Neógeno.



Tras realizar una búsqueda exhaustiva de su posible presencia en España o en Portugal, no he encontrado ningún indicio de que ninguna especie perteneciente a esta subfamilia se cultive en algún lugar de la Península. El carácter marcadamente tropical de estas especies hace que hasta ahora su cultivo no haya sido posible en la Península. La única región en la que se pudiera eventualmente cultivar son las Islas Canarias, donde no he encontrado ningún indicio de su presencia como ornamental.
Entradas más recientes Entradas antiguas Inicio

E-BOOK GRATUITO

ARTÍCULOS ANTERIORES

  • ▼  2026 (16)
    • ▼  agosto (1)
      • Modelos arquitecturales (6): el modelo de Tomlinson
    • ►  julio (9)
    • ►  mayo (3)
    • ►  febrero (2)
    • ►  enero (1)
  • ►  2025 (21)
    • ►  diciembre (3)
    • ►  noviembre (7)
    • ►  octubre (3)
    • ►  septiembre (3)
    • ►  julio (1)
    • ►  junio (1)
    • ►  febrero (2)
    • ►  enero (1)
  • ►  2024 (16)
    • ►  diciembre (2)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  octubre (2)
    • ►  junio (1)
    • ►  mayo (4)
    • ►  abril (2)
    • ►  marzo (3)
    • ►  enero (1)
  • ►  2023 (23)
    • ►  noviembre (2)
    • ►  octubre (1)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  marzo (2)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (13)
  • ►  2022 (14)
    • ►  diciembre (6)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  mayo (3)
    • ►  abril (3)
    • ►  marzo (1)
  • ►  2021 (2)
    • ►  mayo (1)
    • ►  abril (1)
  • ►  2020 (23)
    • ►  diciembre (2)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  octubre (3)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  agosto (1)
    • ►  julio (1)
    • ►  junio (2)
    • ►  mayo (4)
    • ►  abril (4)
    • ►  marzo (2)
    • ►  febrero (2)
  • ►  2019 (34)
    • ►  diciembre (3)
    • ►  noviembre (2)
    • ►  octubre (2)
    • ►  septiembre (4)
    • ►  agosto (2)
    • ►  julio (3)
    • ►  junio (2)
    • ►  mayo (3)
    • ►  abril (6)
    • ►  febrero (4)
    • ►  enero (3)
  • ►  2018 (15)
    • ►  octubre (3)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  agosto (5)
    • ►  mayo (1)
    • ►  abril (2)
    • ►  marzo (1)
    • ►  febrero (2)
  • ►  2017 (11)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  agosto (1)
    • ►  julio (1)
    • ►  junio (2)
    • ►  mayo (1)
    • ►  abril (2)
    • ►  marzo (1)
    • ►  enero (1)
  • ►  2016 (10)
    • ►  diciembre (2)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  agosto (1)
    • ►  julio (1)
    • ►  junio (1)
    • ►  mayo (1)
    • ►  abril (1)
    • ►  febrero (1)
    • ►  enero (1)
  • ►  2015 (7)
    • ►  diciembre (1)
    • ►  septiembre (2)
    • ►  agosto (1)
    • ►  julio (2)
    • ►  abril (1)
  • ►  2014 (7)
    • ►  diciembre (1)
    • ►  noviembre (2)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  julio (1)
    • ►  junio (2)
  • ►  2013 (3)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  agosto (1)
    • ►  abril (1)
  • ►  2012 (2)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  agosto (1)
  • ►  2011 (2)
    • ►  diciembre (1)
    • ►  marzo (1)

PALABRAS CLAVE

España Península Ibérica Plioceno paleoautóctonas Pleistoceno especies paleoautóctonas paleobotánica paleoflora cambio climático especies invasoras calentamiento global climate change plantas invasoras Galicia bosques secundarios changement climatique Abies pinsapo Ailanthus ailanto especies exóticas paleoautóctona pinsapo subida del nivel del mar Aesculus Canarias Castellón Castor fiber Cathaya Ebro Eucalyptus globulus Eucommia Guadarrama Madrid Nyssa Parrotia Sequoia Sequoiadendron arrui ciclos naturales deuda climática especies naturalizadas en España eucalipto giant sequoia giant sequoias in Spain resiliencia Acacia Acacia dealbata Ailanthus altissima Arnedo Ascensión Avicennia Bialowieza Carpinus Carya Cedrus Cedrus atlantica Cephalanthus Chavín Chernobyl Cidacos Cortegada Darwin Ehretia Elaeagnus Engelhardia Engelhardioideae Enhelhardia Eucalyptus Gelasiense Ginkgo Ginkgo adiantoides Ginkgo biloba Gleditsia Glyptostrobus Ixobrychus sturmii João Ferro Keteleeria Kew Laurus Laurus nobilis Liquidambar Liriodendron Miocene Mioceno Miocène Moncofa Moncófar Myiopsitta monachus Persea indica Phaethon aethereus Phoenix canariensis Picea Pittosporum Pittosporum tobira Platanus Pleistoceno Inferior Podocarpus Prosopis Pseudotsuga Pterocarya Puerto Rico Puma concolor Quaternario Quercus Quercus canariensis Rhododendron Robinia Schinus areira Shinus Sierra de Guadarrama Souto da Retorta Streptopelia senegalensis Tadorna ferruginea Taxodium Taxodium distichum Taxodium mucronatum Tetraclinis Tsuga Ulmus pumila Washingtonia Washingtonia robusta Zelkova ahuehuete ailante ailanthe aumento de la temperatura aves bonetero del Japón bosques primigenios cadena trófica calima castor castor en Espagne castor en España chnagement climatique chêne vert ciprés de los pantanos clima climatic debt colapso cotorra argentina decaimiento forestal dette climatique ecosistema novel ecosistemas ecosistemas funcionales ecosistemas noveles encina espèces invasives flora giant redwoods glaciaciones grandes felinos inmovilismo ecologista introducción del puma invasive species larofilización laurel laureles laurisilva laurisilve laurophylle macaco de Gibraltar manglar mangle negro migraciones asistidas molle mouflon à manchettes naturalized sequoias negacionismo climático pacanero palmera canaria pitósporo planta invasora puma resilience résilience sapin d'Espagne secuoya yurakuna árbol exótico árbol invasor árboles exóticos árboles naturalizados en España

SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

MÁS VISTO

  • El cedro del Atlas en la Península Ibérica
  • Modelos arquitecturales (6): el modelo de Tomlinson
  • El invasor amable
  • Ailanto: mitos y realidades
  • Modelos arquitecturales (5): el modelo de Holttum

Designed by OddThemes | Distributed by Gooyaabi Templates