Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Reproduzco aquí un mapa que muestra una reconstrucción de los biomas existentes al principio del Plioceno en el oeste de la cuenca mediterránea, construido en base a lo que se sabe de la vegetación de aquella época. Os dejo la referencia en los comentarios (1). ¿ Porqué es interesante este mapa ? Sencillamente porque las condiciones climáticas del Plioceno son aquellas hacia las que vamos progresivamente debido al actual calentamiento del clima. Y las alcanzaremos aunque dejemos ya de emitir carbono en la atmósfera, sea dicho de paso.

El pasado tiene por lo tanto mucho que aprendernos de lo que probablemente ocurrirá en el futuro. ¿ Qué nos muestra pues este mapa ? En lo fundamental, se puede ver que la dicotomía que existe entre la España seca y la España húmeda seguirá existiendo. La diferencia fundamental es que al ser más elevadas la temperaturas, la vegetación de ambas zonas será diferente. En la España húmeda predominaban en aquella época los bosques de perennifolios de hoja ancha. O sea, dicho de otro modo, las laurisilvas. ¿ Cuál es el problema evidente en la situación actual ? Pues sencillamante que buena parte de esas especies ya no existen en el continente europeo...

La expansión en las últimas décadas de especies perennifolias como el laurel cerezo o la palmera de Fortune en los bosques centroeuropeos o del ojaranzo en Gran Bretaña y en algunas zonas aledañas demuestra claramente que algo está cambiando. Estas especies se ven claramente favorecidas por el cambio climático y gozan de una clara ventaja sobre las especies de la laurislva canaria: ¡ ya están presentes en Europa, cultivadas como ornamentales ! Su expansión era pues prácticamente inevitable.



Ojaranzos en el sotobosque de un bosque búlgaro (donde es autóctona). Las condiciones climáticas en el centro de Europa son cada vez más parecidas a las que prevalecen en los bosques  la región Póntica-Euxínica y del Cáucaso, favoreciendo el regreso de especies perennifolias como el ojaranzo (Rhododendron ponticum) y el laurel cerezo (Prunus laurocerasus).



Tiempo es, precisamente, de lo que no disponen muchas especies para efectuar su regreso al continente. La colonización de las islas macaronésicas por las especies de la actual laurislva fue un fenómeno muy progresivo. Dispusieron de miles o de cientos de miles de años para alcanzar esas islas. Aunque la probabilidad de que alguna semilla sea transportada del continente a esas islas es muy baja, bastó con que unas cuantas semillas alcanzaran ocasionalmente las islas durante ese tiempo relativamente largo para que se constituyesen las laurisilvas. Que ocurra ahora lo mismo en sentido contrario en un tiempo muy breve (un siglo apenas) es, sin embargo, prácticamente imposible.

Tal como hemos visto al evocar la tendencia expansiva que muestran en Europa Central las especies perennifolias introducidas como ornamentales, tal regreso tan solo podría hacerse con la ayuda del hombre. Y aquí es donde nos damos de bruces con los tabúes inducidos por nuestras creencias medioambientales. Aunque algunas especies de la laurisiliva ya podrían encontrar condiciones favorables a su desarrollo en algunos puntos del continente, tal como demuestra la presencia de majestuosos ejemplares de viñátigos y de tiles en algunos parques de Portugal, no dejan de ser, a ojos de los naturalistas más puristas, especies "exóticas". 


 
Frutos del viñátigo (Persea indica), especie.que junto al til (Ocotea foetens) tiene tendencia a naturalizarse en la Serra de Sintra (Portugal), a partir de los ejemplares cultivados en el Parque da Pena. De hecho, se les considera invasoras en ese parque (2). Fotografía: J. Damián Esquivel Díaz / Mediateca del Gobierno de Canarias.



Ese rechazo de los naturalistas a la introducción de cualquier especie exótica, exacerbada en nuestro país por los abusos que se han cometido para favorecer el cultivo de algunas especies foráneas para la producción de madera, explica probablemente que en nuestro país seamos reacios a introducir cualquier especie que no sea autóctona. El tiempo, sin embargo, va pasando irremediablemente y los efectos del calentamiento global se van haciendo cada vez más evidentes. Vamos descubriendo que nuestros bosques son mucho más frágiles de lo que parecía y situaciones como la de la Sierra de Baza nos muestran muy claramente cual es el talón de aquiles de nuestros bosques: la mayoría de ellos está dominado por muy pocas especies, generalmente una única especie. Nuestros bosques, en efecto, son pinares, encinares, melojares, hayedos, etc. Cuando cambian las condiciones medioambientales, no desaparece una especie, desaparece todo el bosque.

La posbilidad de que vuelvan al continente en que nacieron las especies que pueblan hoy en día las laurisilvas de las islas macaronésicas es, por ahora, tan solo eso: una posibilidad. Sabemos, viendo como fueron los ecosistemas en el pasado, que la evolución del clima favorece estas especies. También sabemos que solas no volverán y que necesitan del hombre para alcanzar las regiones del continente que les son más favorables. La pregunta, pues, esta lanzada: ¿ debemnos intervenir ? En la España actual la pregunta ya tiene respuesta: no. Ni los ecologistas ni las administraciones tolerarán que se introduzcan, por activa o por pasiva, especies exóticas. En otros países en cambio, parece que las mentalidades son más abiertas. Vuelvo a mencionar aquí el caso del cedro del Atlas, introducido en Francia en el siglo XIX y que los franceses consideran como una de las especies más prometedoras de cara al cambio climático. En España se plantó en algunos lugares pero no pasó de ser un simple experimento. Ironía del destino, parece que los cedros plantados en la Sierra de Baza se portan bien...


Bosquete de pinos resineros (Pinus pinaster), de gran porte, secos y afectados por insectos perforadores en el Monte de Los Frailes. Fotografía: Boletín Digital Sierra de Baza.



En cuanto a la España seca, me temo que las noticias son bastante peores. La vegetación era mucho más abierta en aquella época. En muchos lugares de nuestras mesetas predominaba una vegetación abierta en las que la única vegetación arbórea eran leguminosas (tipo acacias). Aquí también nos encontramos con que tal vez muchas de esas especies (mal conocidas) han desaparecido. Si os fijáis en el mapa, en el SE predominaban condiciones desérticas. O sea, que parece que se van a acentuar aún más las diferencias entre esas dos Españas climáticas..



(1) Fauquette S. et al. (1999) / Climate and biomes in the West Mediterranean area during the Pliocene / Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, vol. 152, pp. 15–36.

(2) Alves J. et al. (2002) / Infestantes ambientais no Parque da Pena (Sintra) / Anais do Instituto Superior de Agronomia


Esta primavera, las abundantes lluvias de los últimos días y el súbito deshielo en la sierra han hecho aumentar el caudal del río hasta un nivel que no se veía desde hace muchos años. Curioso por ver el aspecto que luce actualmente el pequeño bosque que plantó mi bisabuelo a principios del siglo pasado, me acerqué hasta el antiguo puente del ferrocarril, renovado recientemente tras una lamentable sucesión de accidentes. El río estaba totalmente desbordado y se dividía en varios brazos que aislaban pequeñas islas colonizadas por pequeños ahuehuetes de segunda generación. Parece mentira que en poco más de un siglo los ahuehuetes plantados por mi abuelo hayan empezado a reproducirse y a colonizar nuevos tramos de la ribera del río. Aún cubiertos de hojas, destacan a primera vista entre los árboles desnudos que conforman este peculiar bosque que el río ha anegado.




Mi pobre bisabuelo se quedaría con la boca abierta viendo el desarrollo que han alcanzado muchos de estos árboles. Los liquidámbares y los tupelos, actualmente con los pies en el agua, ocupan junto a los ahuehuetes las zonas más cercanas al río, a menudo inundadas en primavera. En zonas algo más altas y alejadas de la orilla del río, los pacanos y los plátanos alcanzan ya un tamaño comparable al de los álamos más viejos del lugar. También siguen vivas las zelkovas y los ginkgos, que han demostrado que pueden crecer en condiciones naturales fuera de los parques de nuestra ciudad.

Contemplando este bosquecillo, me quedé un largo rato pensando en lo difícil que le resultó convencer a sus coetáneos de la necesidad de adaptarse a los cambios que se avecinaban. Hoy este bosquecillo destaca sobremanera a orillas del Jarama, habiendo despertado desde hace tiempo el interés de otros municipios que veían con inquietud la vegetación de sus territorios sufriendo los efectos del espectacular aumento de temperaturas vivido durante el pasado siglo. Hoy a casi nadie se le escapa la necesidad de adaptarse al clima actual de nuestra región, tan diferente del que imperaba en tiempos de mi bisabuelo.

Leí hace poco que el clima actual se parece mucho al del Plioceno. No es de extrañar, en estas condiciones, saber que los primeros ensayos llevados a cabo en el oeste de Francia con tilos y barbusanos hayan sido todo un éxito. Me da un poco de rabia constatar que más de un siglo más tarde otra vez se nos han adelantado los franceses. Ya tenían extensos bosques de cedros cuando nosotros apenas nos atrevíamos a plantar cedros y pinsapos en nuestras sierras. Resulta ahora que ya tienen laurislivas constituyéndose en distintos puntos de la fachada atlántica. En fín, como se solía decir en tiempos de mi bisabuelo, Spain is different...

No resisto la tentación, para cerrar esta brevísima nota, de reproducir a continuación la lista original de las especies que mi bisabuelo incluyó en su (para aquella época) revolucionario proyecto...



CANDIDATAS PARA LA CREACIÓN DE UN "PARQUE PLIOCENICO"


Carya illionensis

Se trata de una especie ribereña con una amplia área de repartición en Norteamérica. Al igual que el ahueheute, se desarrolla perfectamente en nuestro clima, alcanzando algunos ejemplares del Jardín del Príncipe de Aranjuez un tamaño espectacular.

Taxodium mucronatum

El "ahuehuete" es un árbol ribereño que se desarrolla perfectamente en nuestro clima. A diferencia del ciprés de los pantanos, que crece en las llanuras costeras del sur de los Estados Unidos, este ciprés alcanza altitudes importantes en el centro de México. Los espectaculares ejemplares del "Jardín del Príncipe" en Aranjuez dan buena fe de su perfecta adapatación a nuestro clima.

Liquidambar orientalis

El "estoraque" es un árbol que sobrevivió a las glaciaciones en algunas llanuras aluviales del S de Turquía, donde su explotación ha llevado esta especie a una situación muy precaria durante el siglo XX. Este árbol estuvo presente en toda la cuenca mediterránea antes de las glaciaciones y el establecimiento de una pequeña población ex-situ en la Península Ibérica contribuiría a asegurar la supervivencia de esta especie frente a los peligros que la amenazan. Se cultiva en los Jardines del Príncipe de Aranjuez desde el siglo XVII, siendo los ejemplares allí presentes probablemente los más altos de su especie.

Pterocarya fraxinifolia

Árbol presente en prácticamente toda europa antes de las glaciaciones, tan solo pudo sobrevivir en los refugios del E del Mar Negro y del S del Mar Caspio. Especie ribereña amenazada en su área de repartición actual cuyo "regreso" contribuiría a asegurar su supervivencia a largo plazo.

Nyssa sinensis

Especie nativa de China y de Vietnam, propia de los bosques mixtos húmedos que se desarrollan a lo largo de los ríos y en el fondo de los valles. Aunque hubo varias especies de este género en Europa, no parecen apropiadas las especies más estrictamente acuáticas, que se desarrollan en terrenos pantanosos llanos. En este bosque de ribera la inclusión de esta especie parece la mejor opción.

Platanus orientalis

Aunque el plátano se cultiva ampliamente en nuestras ciudades, me parece interesante incluir en este proyecto la especie realmente originaria de nuestro continente, que estuvo presente en toda la cuenca mediterránea hasta el último interglaciar.

A estas especies se podrían añadir algunas otras especies que, sin ser especies ripícolas, encontraron refugio durante el Plioceno en estas zonas que les aseguraraban los suficientes recursos en agua para sobrevivir en un entorno poco adaptado a sus necesidades:

Ginkgo biloba

Especie relictual que tan solo sobrevivió a las glaciaciones en contadas localidades del SE de China. Especie propia de bosques templados húmedos, sobrevivió hasta el Plioceno en el sur de Europa, en zonas de ribera.

Zelkova carpinifolia

Especie común en los bosques montanos del Cáucaso y de la vertiente norte de las montañas del Albroz (S del Mar Caspio), fue una especie común en los bosque decíduos europeos hasta el Plioceno. Sobrevivió en la Península Itálica hasta una fecha muy reciente (33.000 años). Como el ginkgo, parece que sobrevivió algún tiempo en los bosques de ribera y aluviales del S de Europa.




Actualización 23/11/2016

La realización de este proyecto sigue su curso. De momento me estoy centrando en conseguir semillas de estas especies. Mi última visita del Jardín del Príncipe me permitió recoger unas cuantas nueces de pacanero y varios conos de ahuehuete, que conservo sobre la terraza. Esos conos se han disgregado por completo al cabo de unos días y han liberado unas semillas que tienen muy buena pinta. Ojalá logre hacerlas germinar la próxima primavera.



Actualización 04/09/2018

Aunque me hubiese gustado llevar a cabo este proyecto a orillas del río Jarama, nunca me atreví a plantar ningún árbol en aquella zona. Plantar especies exóticas en una zona incluida en un parque natural no sería bien visto y menos aún entendido. Así que para no meterme en un berenjenal, en su lugar llevo a cabo mi experimento en un pequeño descampado de mi barrio en el que milagrosamente corre un pequeño arroyo que nunca se seca, probablemente alimentado por las aguas de riego y de escorrentía infiltradas de buena parte del barrio. Es, de alguna manera, un pequeño ensayo antes de atreverme a proponer algo más ambicioso. Lo suyo sería hacerlo a orillas de un auténtico río y me temo que todo esto es un poco una pérdida de tiempo. Quién sabe, si dentro de algunos años el bosquecillo que estoy plantando empieza a desarrollarse, tal vez despierte algo de interés. Esa es mi modesta ambición por ahora. Me queda, sin embargo, mucho trabajo por delante. Ya he plantado unos cuantos ahuehuetes, pterocarias del Cáucaso, plátanos orientales y algún que otro ginkgo que se me ha secado. El año que viene intentaré plantar otras especies de mi lista de "paleoautóctonas" y luego ya veremos qué pasa...



Este es el rinconcito de Moratalaz en el que llevo a cabo, por ahora, mi pequeño experimento. La pequeña depresión que se ve en la fotografía se inunda en primavera y se seca luego por completo durante el verano. Un lugar ideal para árboles como el ahuehuete, que no temen vivir con los pies en el agua...




Llevo algún tiempo dándole vueltas a una idea que probablemente me vaya a costar mucho esfuerzo (y disgustos) llevar a cabo. Como bien sabéis, muchas especies desaparecieron de la Península Ibérica y del continente europeo por causa de la glaciaciones. Algunas desaparecieron por completo. Otras sobrevivieron milagrosamente en algunos refugios orientales. El árbol del estoraque o liquidámbar oriental (Liquidambar orientalis) es una de esas especies. Sobrevive en algunos puntos del S de Turquía y en la isla de Rodas y está catalogada como "vulnerable" por la IUCN. Pues nada, se me ha metido entre ceja y ceja la idea de cultivar esta especie a partir de semillas para su posterior difusión en lugares que le sean propicios y así constituir una o varias pequeñas poblaciones ex-situ a este lado del Mediterráneo...

Suena un poco ambicioso, lo sé, y de momento mi principal "problema" es el de conseguir semillas. No quiero comprar árboles ya creciditos para evitar que todos sean clones propagados por vía vegetativa. Al sembrar semillas al menos me aseguro de que cada individuo sea único y que haya cierta variabilidad genética entre los árboles que pretendo plantar. Ahora bien... ¿ Dónde conseguir semillas ? Nadie parece tener semillas de esta especie. He pasado horas buscando tiendas especializadas en la venta de semillas y no he encontrado a ninguna que venda semillas de este árbol. Aún me falta investigar del lado de Italia pero parece que la única manera de conseguirlas es ir a por ellas.

Por suerte parece que hay buenos ejemplares de esta especie en Aranjuez. La operación estoraque empezará pues con una visita a los Jardines del Príncipe y de la Isla para asegurarme de que los árboles presentes allá realmente corresponden a esa especie. Aunque algunas personas lo afirman muy categóricamente, prefiero verificarlo. Mi última visita al Real Jardín Botánico de Madrid me dejó muy confuso. Si bien los liquidámbares americanos que vi allá son muy reconocibles, uno de ellos tenía hojas muy parecidas a las d la especie oriental. Tendré pues que asegurarme de que realmente son liquidámbares orientales los que se cultivan en Aranjuez. Para ello tendré que ver los frutos y verificar que su morfología y dimensiones realmente cuadran con lo que sabemos de los frutos de esta especie. De confirmarse, más adelante (noviembre) trataré de recoger semillas cuando se abran los frutos (ya me veo yo de rodillas por el suelo bajo esos enormes árboles, sin encontrar nada). Tan solo entonces podrá empezar la siguiente fase (cultivo). Estas son las principales diferencias entre ambas especies:





Según me cuenta Isaac Solano Martín en la página de Facebook de este blog (http://www.facebook.com/yurakuna.es), la germinación de las semillas del árbol del estoraque es relativamente fácil, aunque los árboles plantados no han aguantado más de dos años en macetas. A continuación reproduzco las fotografías que me ha enviado de las semillas y de un joven ejemplar. Como se puede ver, las hojas se parecen bastante a las del estoraque. Las semillas, por otro lado, parecen bastante pequeñas y tienen un ala muy corta, que no llega ni a la mitad de la longitud de la semilla. Así que todo apunta, efectivamente, a que estamos en presencia de la especie oriental, tal como afirma Pico Tajo con toda razón.







Pues nada, ya tan solo me queda organizarme un poco e intentar sacar adelante este proyecto que me gustaría poder llevar a cabo sin levantar ampollas. Mi idea, en efecto, es plantar estos árboles a orillas del Jarama en un tramo que me parece muy propicio para ello pero para lograrlo tendré que vencer muchas reticencias. Más adelante mi ambición sería la de convertir ese lugar en una especie de parque Pleistoceno y de reconstituir allí un pequeño bosque de aquella época con la mayoría de las especies que poblaban entonces estos ecosistemas (eso también incluye las actuales). Otras especies que podrían acompañar al estoraque serían por ejemplo el plátano oriental o el nogal del Cáucaso, cuyas semillas son mucho más fáciles de conseguir.

Os mantendré informados...




Actualización 02/11/2016

Queda definitivamente confirmada la identidad de los liquidámabres del Jardín del Príncipe de Aranjuez. Un paseíto ayer por ese parque ha servido para dispar las últimas dudas que podía tener. Como podéis ver en las fotografías a continuación, las hojas presentan la forma típica de las hojas de esta especie y las infrutescencias son mucho más pequeñas que las de la especie americana:


Liquidambar styracifluaLiquidambar orientalis


Liquidambar styracifluaLiquidambar orientalis


He mencionado, en muchos artículos de este blog, los tremendos efectos que tuvieron en la vegetación europea las glaciaciones cuaternarias. Un sinfín de especies y de géneros desaparecieron, en efecto, del continente europeo durante el Cuaternario. Algunos géneros se extinguieron para siempre. Otros mantuvieron pequeñas poblaciones en zonas en las que el clima sufrió variaciones menos intensas (refugios). Otros, por fin, desaparecieron pero sobreviven en otras zonas templadas del Hemisferio Norte (Asia oriental y/o Norteamérica). Varias regiones del continente europeo o de las regiones aledañas sirvieron de zonas refugio durante los periodos más fríos del Cuaternario, siendo las tres grandes penínsulas del sur (ibérica, itálica y balcánica) y la región del Cáucaso las zonas en las que pervivieron las especies que posteriormente recolonizaron el continente europeo.





Bosque en la región de Behshahr (Mazandaran)
En esta serie de artículos que inicio hoy, iremos poco a poco descubriendo los principales refugios en los que lograron sobrevivir las especies que poblaron el continente europeo antes de que las glaciaciones hicieran desaparecer buena parte de ellas.

Hoy os propongo descubrir una región que   muy poca gente conoce y que fue, durante las glaciaciones, un importante refugio para la flora terciaria: la costa sur del Mar Caspio. En esta región se alza un importante sistema montañoso - el Elbruz - que corre paralelo a la línea de costa. La vertiente norte de ese sistema montañoso goza de un clima templado y recibe unas precipitaciones que llegan a superar los 2000 mm.





Esta franja de tierra húmeda que se extiende a lo largo de la costa sur del Mar Caspio constituye la ecoregión de los "Bosques Mixtos Hircanos del Caspio". El clima es subtropical húmedo a nivel del mar, oceánico en altitudes medias y continental húmedo en las zonas más elevadas.




   Estepa arbórea
   Bosque
   Semi-desierto
   Llanuras desérticas
   Estepa
   Pantanos aluviales salobres


La vegetación de esta región es predominantemente arbórea, dominada en su gran mayoría por especies caducifolias de hoja ancha. Una de las características más llamativa de la vegetación de esta región es la casi total ausencia de coníferas en los pisos de vegetación más altos, en los que el clima es progresivamente más xérico.



Llanuras litorales

La vegetación natural ha desaparecido casi por completo debido a la urbanización y a las actividades agrícolas. Estaba constituida por bosques de roble de hojas de castaño (Quercus castaneifolia), aliso común (Alnus glutinosa subsp. barbata), boj (Buxus sempervirens), chopo caspio (Populus caspica), aliso caspio (Alnus subcordata) y pterocaria del Cáucaso (Pterocarya fraxinifolia).



Bosques colinos a montanos de robles y de carpes (< 700 m)

Ocupan las laderas basales del Elbruz y del Talish (Azerbayán) por debajo de 700 m. Estos bosques están constutidos por una mezcla de especies como el roble de hojas de castaño (Quercus castaneifolia), el carpe (Carpinus betulus), el Árbol del Hierro (Parrotia persica), el olmo del Cáucaso (Zelkova carpinifolia), el caquí de Italia (Diospyros lotus), el arce (Acer velutinum), la gleditsia del Caspio (Gleditisia caspica) y el árbol de la seda (Albizia julibrissin) en lugares algo más secos.



Carretera de Karaj a Chaloos en otoño (Mazandaran)



Bosques montanos de haya (700-1,500 m)

En esta zona nubosa domina el haya oriental (Fagus orientalis), formando masas puras o en mezcla con especies como el roble de hojas de castaño (Quercus castaneifolia), el roble del Cáucaso (Quercus macranthera), el carpe europeo (Carpinus betulus), el carpe oriental (Carpinus orientalis) y el castaño (Castanea sativa). En las partes más bajas, estos bosques albergan muchas especies perennifolias (Buxus hyrcana, Ilex spinigera, Ruscus hyrcanus, Danaé racemosa, Hedera pastuchowii) que ya no aparecen las partes más altas.




Hayedo en la provincia de Mazandaran



Bosques altimontanos de roble (> 1500 m)

En las zonas más altas dominan el roble del Cáucaso (Quercus macranthera) y el carpe oriental (Carpinus orientalis), en condiciones más xerofiticas, al estar situados estos bosques por encima de la zona de condensación de las nubes.




Muchos de estos géneros y especies tuvieron en el Terciario y durante buena parte del Cuaternario un área de distribución mucho más amplia. Para acabar esta pequeña visita virtual a nuestro primer refugio glacial, describiremos a continuación las especies presentes actualmente en esta región de cuya presencia se tiene constancia en el sur de Europa antes de las glaciaciones...




Parrotia persica

Endemismo de esta ecoregión de los "Bosques Mixtos Hircanos del Caspio", el árbol del hierro fue un árbol bastante común en el sur de Europa, de donde probablemente desapareció tanto debido a la deterioraciíón de las condiciones climáticas como a la progresiva aridización del clima en la cuenca mediterránea. Como otros muchos taxones propios de climas tempaldos cálidos (Keteleeria, Cathaya, Tsuga, Symplocos, Nyssa, Parthenocissus, Parrotia, Pterocarya, Engelhardia, Eucommia, Zelkova, Liquidambar), desapareció de la Península Ibérica tras el interglaciar waaliense, hace aproximadamente 1,2 millones de años.

Zelkova carpinifolia

El género Zelkova estuvo presente en buena parte de Europa durante el Terciario y gran parte del Cuaternario. Desaparece de la Península Ibérica al mismo tiempo que Parrotia, pero permanece muchísimo más tiempo en Italia (hasta hace tan solo 32,000 años). Pequeñas poblaciones residuales han sobrevivido milagrosamente en Creta (Zelkova abelicea) y en Sicilia (Zelkova sicula) pero el estudio de los macrorestos encontrados en Italia parece indicar, sin embargo, que la Zelkova italiana era más parecida a la especie que sobrevive hoy en día en el Cáucaso.

Pterocarya fraxinifolia

Esta especie o su directo antecesor tuvo un área de repartición mucho más amplia en Europa antes de las glaciaciones. Desaparece de la Península Ibérica al mismo tiempo que Parrotia.

Fagus orientalis

El haya oriental tiene un área de distribución que alcanza el este de Europa, siendo un elemento típico de los bosques de los Balcanes orientales. Basándose en el análisis genético de pólenes de hace 45,000 años de la región de Venecia, pudo demostrarse que esta especie se extendió mucho más hacia el oeste en un pasado relativamente reciente (último interglaciar). No hay constancia, sin embargo, de que alcanzara la Península Ibérica.
Ante los peligros que amenazan la supervivencia de muchas especies, la inmensa mayoría de los jardines botánicos se ha movilizado para intentar salvar las plantas más amenazadas por la subida de las temperaturas, la pérdida de hábitat, la sobreexplotación, etc. Para ello, muchas instituciones están constituyendo bancos de semillas que, en teoría, estaban pensados para recuperar especies amenazadas cultivándolas ex-situ para luego reintroducirlas en su medio natural. Con la aceleración del calentamiento global, el problema se está complicando sobremanera, ya que no solamente resulta complicado obtener un stock viable de semillas, sino que podrían también desaparecer los ecosistemas en los que teóricamente se deberían reintroducir esas especies.



Banco de semillas del Millenium Seed Bank del Real Jardín Botánico de Kew, el más grande del mundo en la actualidad.



Para muchas especies, el cultivo ex-situ se realiza en los propios jardines botánicos o en instalaciones dependientes de ellos. Para mantener una pequeña población viable ex-situ, es necesario cultivar un cierto número de ejemplares, que permita mantener una buena variabilidad genética. Si, para especies herbáceas y arbustivas, resulta factible en instalaciones de un tamaño relativamente reducido, resulta mucho más difícil conseguirlo en el caso de especies arbóreas. Pongamos un ejemplo muy llamativo y cercano: como muchos de vosotros probablemente sabéis, el árbol más alto del Real Jardín Botánico de Madrid es una "zelkova del Cáucaso" (Zelkova carpinifolia), una especie que la IUCN cataloga como "casi amenazada". ¿ Cuántos ejemplares hay en el Real Jardín Botánico de Madrid ? Dos. Claramente, no se puede considerar que se esté cultivando "ex-situ" en el Real Jardín Botánico. Aún queriendo, está claro que resultaría un tanto difícil lograrlo visto el tamaño que alcanza este árbol y otras especies de las que resultaría interesante mantener un stock mínimo de ejemplares. ¿ Realmente no hay soluciones ?

Se me ocurren al menos dos ideas. La primera es obvia echando una ojeadita al mapa de Madrid. Todos probablemente sabéis que el Real Jardín Botánico de Madrid se encuentra a muy poca distancia del Parque del Retiro y, si habéis tenido ocasión de daros un paseíto por la zona oeste de ese parque, probablemente os habreis quedado sorprendidos por el aspecto tan selvático que presenta en esa zona. Una zona en la que a veces se pueden observar pequeños castaños de Indias nacidos de semilla. ¿ Porqué no imaginar una colaboración de los Jardines Botánicos con los grandes parques de nuestras ciudades ? Zelkovas del Cáucaso, liquidámbares orientales y otras especies amenazadas seguramente encontrarían aquí optimas condiciones para su desarrollo. En una visita reciente al Jardín del Príncipe en Aranjuez, he tenido la ocasión de ver el tamaño que alcanzan algunas especies que se cultivan en él y me parece realmente muy llamativo que los liquidámbares orientales (Liquidambar orientalis) cultivados en ese parque sean tal vez los mayores ejemplares existentes de esta especie.




Bosque de cedros en las faldas del Mont Ventoux (Francia), donde esta especie se ha aclimatado perfectamente y ha contribuido a regenerar el bosque de una manera espectacular.



La segunda idea resultará mucho más difícil de aceptar y nos retrotrae a tiempos en los que nuestros ingenieros forestales no dudaron en llevar a cabo algunas experiencias que hoy en día resultan inaceptables para una gran mayoría de personas. Sin embargo, a pesar de las barbaridades que se cometieron, no todo fue tan negativo y nos sirve para ir pensando en qué habremos de hacer del cara al futuro. Se nos avecina una auténtica catástrofe y la solución para muchas especies amenazadas solo puede ser la de "encontrarles" un nuevo hábitat. He hablado mucho, en este blog, del Cedro del Atlas y del pinsapo, dos epecies que han sido ignoradas en este país y que podrían haber sido utilizadas mucho más extensamente. Una situación que contrasta con la de Francia, donde existen varios extensos bosques de cedros en los que esta especie presenta un crecimiento superior al que tiene en su lugar de origen. La traslocación de algunas especies a distancias muchas veces considerables probablemente sea la única posibilidad que tendremos de salvar a muchas especies. Desde este punto de vista, tener en cuenta el pasado me parece que cobra mucho sentido y no deberíamos ser tan reacios a imaginar el regreso de especies que estuvieron presentes en el pasado y que tienen hoy un área de distribución muy reducida que podría poner en peligro su supervivencia.



Hoja fósil de Liquidambar, del Plioceno de Italia (Museo Paleontologico de Asti).



Pues nada, vayan pensándolo tranquilamente y pregúntense qué sentido y qué significado tienen términos como "autóctono" y "alóctono" en un mundo que cambia a toda velocidad. La vegetación "potencial" que nos empeñamos en preservar y en restaurar puede que ya no sea, en realidad, la que nos imaginamos. De hecho, buena parte de nuestros bosques autóctonos sufren desde hace unas décadas un proceso de "decaimiento" que los ingenieros forestales atribuyen sin lugar a dudas al calentamiento global. No por nada arden los bosques gallegos con tanta facilidad. No por nada prosperan las acacias en esas superficies quemadas. Los gallegos no se han convertido de repente en pirómanos y las acacias se venían cultivando desde siglos sin que se escapasen de los jardines. Algo está cambiando que tan solo los ciegos son incapaces de ver. Tendremos que adaptarnos y, para ello, empezar a pensar de una manera diferente, más pragmática. Así que si os digo que mi sueño es plantar cedros y pinsapos en la sierra de Guadarrama, por favor no me miréis como si estuviese loco. Aunque me temo que probablemente me encerrarían si realmente me atreviera a llevar a cabo esa idea.



Esta reflexión también es válida para el mundo animal, sea dicho de paso. Tal vez haya llegado hasta vuestras orejas los proyectos de erradicación del arruí emprendidos por los gobiernos regionales de Valencia y de Murcia hace unos años. No sé si habrán seguido adelante ni que resultados habrán tenido. Me supongo que letales dado la facilidad con la que los cazadores disparan sobre cualquier cosa que se mueve. Si, además, lo hacen con el beneplácito de la autoridades, está garantizada la masacre. El caso es que el arruí es una especie en vías de extinción cada vez más amenazada en su área de repartición "original" que ha encontrado en España unas condiciones de vida muy parecidas a las del norte de África. Cada vez más parecidas podríamos decir, ya que el calentamiento global favorece visiblemente a esta especie. De seguir aumentando la temperatura como lo hace, ¿ alguien se cree que seguirán correteando ciervos y cabras montesas en las sierras del S de la Península ? El arruí es claramente la especie más favorecida por el cambio climático en la Península Ibérica y su éxito es, desde un punto de vista ecológico, de una lógica aplastante. Erradicar el arruí es un auténtico sinsentido cuando se examina su presencia desde un punto de vista más amplio y teniendo en cuenta la evolución prevista de las temperaturas y de nuestros ecosistemas.

Para acabar este post, permítanme retranscribir a continuación las dos primeras estrofas de una canción a la que puso voz Mercedes Sosa y que, de repente, ha adquirido para mí un significado que probablemente no tuviese para quien la compuso...

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño...





De todas las especies del género Quercus presentes en la Península Ibérica, es sin lugar a dudas el quejigo andaluz (Quercus canariensis) la menos conocida de todas. Esto se debe, claro está, a que tiene un área de distribución muy reducida en la Penísnula Ibérica, que es un fiel reflejo de sus muy particulares exigencias ecológicas. Se trata, en efecto, de una especie termófila e higrófila, la más exigente en humedad de todas las especies del género Quercus presentes en la Península Ibérica.

- Temperaturas medias en agosto: 20 a 24ºC
- Temperaturas medias en enero: 0 a 12 ºC
- Precipitaciones: > 800 mm, con aridez veraniega limitada.
- Substrato:  suelos profundos, frescos y fértiles, desarrollados sobre terrenos silíceos.


En la Península Ibérica son pocos y muy reducidos los lugares que reúnen tales condiciones (umbrías frescas y márgenes de arroyos) pero en las montañas de gran pluviometría del N de África (Marruecos), el quejigo andaluz llega a constituir extensos bosques.




Hoja del quejigo andaluz, Real Jardín Botánico de Madrid / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: Dominio Público


El quejigo andaluz es un árbol que en condiciones favorables puede alcanzar una altura de hasta 30 m. Un pedazo de roble que poco tiene que envidiar a sus primos norteños.

Sus hojas, subcoriáceas, son relativamente grandes (hasta 20 cm de longitud) y tienen un margen sinuado-crenado a lobulado, con un elevado número de nervios secundarios (12-15). Se suele considerar al quejijo andaluz una especie marcescente pero lo cierto es que las hojas pueden aguantar más de un ciclo estacional, tal como he podido comprobar este invierno en el Real Jardín Botánico de Madrid (ver fotografía anterior, tomada a finales de enero).

El área de distribución del quejigo andaluz coincide con la de varias especies consideradas supervivientes de las laurisilvas terciarias como es el caso, por ejemplo, del ojaranzo (Rhododendron ponticum), que crece junto al quejigo andaluz en los canutos de las serranías gaditanas. Esta coincidencia no es casual, siendo igualmente el quejigo andaluz una especie relictual, que tuvo en el terciario un área de repartición mucho más extensa. Indicio de su otrora mucho más extensa área de repartición, presenta hoy en día una distribución muy fragmentada, con núcleos de población en el SO de la Península y en Cataluña, donde se encuentra muy hibridado con las demás especies de robles presentes en esa región.


Siendo el quejigo andaluz una especie con clarísimas afinidades ecológicas con especies de la laurisilva, cabe ahora hacerse la pregunta que a todos nos sugiere el nombre científico de esta especie: ¿ porqué escogió ese nombre de especie (canariensis) el autor que la describió para la ciencia ? Se suele atribuir casi unanimamente a un error de etiquetado en el herbario en el que se depositó el ejemplar en el que se basa su descripción. Existe, en efecto, un consenso casi general en considerar que esta especie nunca estuvo presente en las Islas Canarias. De hecho, resulta muy difícil explicar cómo esta especie habría podido llegar hasta las canarias, visto su modo de propagación. La mayoría de las especies de la laurisilva, en efecto, son especies que producen frutos carnosos cuyas semillas son fácilmente transportadas por las aves tras ser ingeridos los frutos. Las bellotas, en cambio, no viajan tan fácilmente...




Aún así, no cabe duda de que esta especie encontraría unas óptimas condicines de desarrollo en muchos puntos de las Islas Canarias. Por otra parte, existen en las Canarias algunos topónimos y referencias antiguas que hacen pensar en la presencia de alguna especie del género Quercus en las islas (1). Sabiendo con qué libertad se utilizaban antiguamente muchos nombres de plantas, estos indicios no convencieron a casi nadie pero he ahí que el estudio de los sedimentos de un antiguo lago en La Laguna (Tenerife) arrojó unos sorprendentes resultados (2)...




En este diagrama polínico he destacado en rosa dos géneros sorprendentes: Quercus y Carpinus, hoy en día ausentes de las Islas Canarias. Su desaparición es, por otra parte, reciente y con toda seguridad atribuible a la actividad humana. Aunque el estudio palinológico no permite atribuir ese polen a una u otra especie de Quercus, la coexistencia con el carpe me parece muy significativa. Es en efecto el carpe una especie muy exigente en humedad y lo debía ser también, por lo tanto, la especie de roble con la que convivía. Y ya sabemos, tras lo expuesto anteriormente, que existe efectivamente una especie de roble termófila e higrófila en nuestra flora. La conclusión para mí es obvia: el nombre específico canariensis que se dio a esta especie no es fruto de ningún error. Esta especie (así como el carpe) estuvo con toda probabilidad presente en las Islas Canarias hasta hace muy pocos siglos...

Sorprendente, ¿ no ?

Por cierto, es el roble canario una especie con un brillante porvenir si hemos de creer los modelos desarrollados para predecir la evolución de nuestros ecosistemas a consecuencia del calentamiento global...





Distribución potencial del quejigo andaluz (Quercus canariensis) en el horizonte 2100 (Felicísimo, Á.M.; Muñoz, J.; Villalba, C.J.; Mateo, R.G. (2010) / Impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático de la flora española. / Universidad de Extremadura, Real Jardín Botánico (CSIC), Oficina Española de Cambio Climático. / Licencia: Creative Commons).


Bibliografía

(1) Salas Pascual M & Cáceres Lorenzo M.T. (2000) / Datos históricos de la presencia de fitónimos relacionados con el género Quercus en Canarias / Vegueta, No. 5, pp. 341-347

(2) de Nascimento L. et al. (2009) / The long-term ecology of the lost forests of La Laguna, Tenerife (Canary Islands) / Journal of Biogeography, Vol. 36, pp. 499–514



Addenda

Buscando información en internet acerca de la posible presencia del quejigo andaluz en las Islas Canarias, he encontrado este interesante libro:

Letters from the Canary Islands / D.J. Browne / Boston : G. W. Light / 1834

En él, el autor describe así la vegetación del segundo piso de vegetación que reconoce en la isla de Tenerife:

The second zone commences at an elevation of about 3,000 feet above the ocean, and includes nearly all the sylvan tracts that the island affords. This region, constantly irrigated by clouds and springs, presents a scene of perpetual verdure. Lofty forests of the chesnut, the pine, the laurel, and the oak, crown the hills, intermingled with the visnea, the olea, the myrica, the sideroxylon, the arbutus, the juniperus, and a vast quantity of ferns. It is in this region that we find the golden campanula, the chrysanthema, the hyperica, and a number of aromatic plants.

Además de citar expresamente la presencia del roble (oak), en la siguiente página da una información mucho más precisa acerca de la especie de roble de la que se trata y de su ubicación:

Quercus canariensis, Montana de Tagayga.
Approximate elevation above the ocean: 4,000 feet


Pues nada, si algún día voy a Canarias, ya tengo programada una pequeña visita a esa zona. Quien sabe si no nos llevaremos una sorpresa...





Actualización 01/02/2017


La presencia de alguna especie de roble y del carpe en las Islas Canarias puede resultar algo difícil de entender si lo analizamos teniendo en cuenta la repartición actual de esas especies. Tenemos cierta tendencia a asumir que la proveniencia de las especies que pueblan las Islas Canarias es el continente europeo olvidándonos que durante buena parte del Cuaternario el norte de África y el Sáhara estuvieron cubiertos por un manto de vegetación mucho más rico y variado que lo que nos imaginamos. Más sorprendente aún resulta la composición florística de los bosques que cubrieron los principales macizos montañosos de esa zona. Estudios palinológicos llevados a cabo por equipos franceses a finales de los años 60 demostraron que las montañas del Hoggar, por ejemplo, estuvieron cubiertas por un bosque constituido por especies que hoy en día hay que ir a buscar en el E de Europa, el Cáucaso y el N de Irán: Zelkova, Ulmus, Pterocarya (cf. fraxinifolia), Platanus (cf. orientalis), Ostrya, Alnus, Corylus, Picea (cf. orientalis), Taxus baccata, Tilia (cf. rubra), Castanea, Aesculus, Juglans. Más al norte, en el valle de la Saoura, cerca de Mazzer, los análisis polínicos pusieron de manifiesto la presencia de taxones bastante similares acompañados de elementos típicamente mediterráneos: Pterocarya, Juglans, Ostrya, Platanus orientalis, Aesculus, Carpinus betulus, Carpinus cf. orientalis, Zelkova, Ulmus, Fagus, Corylus, Alnus, Tilia, Taxus, Pinus, Olea, Fraxinus, Celtis, Quercus ilex, Cupressaceae, Rhus. La presencia de una especie de roble y del carpe en las Islas Canarias parece mucho más lógica y probable teniendo en cuenta esta información.





Durante los últimos 2,5 millones de años, el continente europeo ha sido sometido a importantes y bruscos cambios climáticos que se han traducido durante los períodos más fríos por el desarrollo de enormes masas de hielo en el norte del continente y en sus principales sistemas montañosos. En la Península Ibérica hubo glaciares en los sistemas montañosos más importantes pero la mayor parte del territorio, sin embargo, quedó libre de hielo. En las zonas más meridionales y en las fachadas atlántica y mediterránea, las condiciones climáticas permitieron la supervivencia de una vegetación arbórea en zonas que actuaron como refugios. Hay que tener en cuenta que en los periodos más fríos, el nivel del mar se situaba a una altitud mucho menor y gran parte de la plataforma continental quedó al descubierto. En estos refugios sobrevivieron prácticamente todas las especies de frondosas que conocemos hoy en día en la Península.

Es interesante notar, sea dicho de paso, que también sobrevivieron algunas especies que se solían considerar tradicionalmente arqueófitos, como el castaño y el nogal, de los que hay un registro polínico continuo durante todo el Cuaternario. Cabe destacar que aún en los períodos más fríos, lograron sobrevivir incluso algunas especies propias de las laurisilvas terciarias, como pueden ser el laurel, el loro o el quejigo andaluz. Los contrastes climáticos en la Península Ibérica eran pues muy marcados en los máximos glaciales, sin llegar a desaparecer por completo la vegetación que conocemos actualmente, confinada en áreas mucho más reducidas pero siempre presentes durante todo el Cuaternario. Qué especies lograron sobrevivir y cuales no ha sido, en gran medida, circunstancial, existiendo muchas especies cuya desaparición se explica difícilmente teniendo en cuenta su resistencia al frío o a la sequía. La imposibilidad para muchas especies de poder alcanzar las zonas refugio que les eran propicias condicionó en gran medida la evolución de la flora europea durante el Cuaternario.





Muchas especies, pues, no lograron sobrevivir a las alternancias climáticas del Cuaternario, ya sea porque realmente no existían más las condiciones necesarias a su desarrollo (especies demasiado termófilas) o porque no encontraron las rutas que les hubiesen permitido alcanzar los refugios en los que hubiesen podido sobrevivir. Algunas desaparecieron totalmente del continente europeo. Otras se retiraron hacia otras zonas refugio, como la Península Itálica o los Balcanes y no volvieron. O lo están haciendo discretamente con la ayuda del hombre. En este artículo y en una serie de artículos dedicados al mismo tema me propongo haceros descubrir lo que el hielo se llevó. O sea, aquellas especies arbóreas de nuestra flora que desaparecieron a consecuencia de las glaciaciones. Os llevaréis, qué duda me cabe, alguna que otra sorpresa. Esta pequeña lista de especies sigue un orden cronológico inverso, empezando con las especies que pensábamos que habían desaparecido y siguiendo luego con una pequeña descripción de las especies que fueron desapareciendo poco a poco durante el Cuaternario.



Especies que nunca desaparecieron (falsos arqueófitos)

Los botánicos llaman “arqueófitos” aquellas especies de plantas que fueron introducidas por el hombre antes de 1500 y que están ya totalmente integradas en nuestra flora. Las especies que se describen a continuación eran tradicionalmente  consideradas como tales. Los estudios palinológicos han demostrado, sin embargo, que estuvieron presentes en la Península Ibérica durante todo el Cuaternario y que sobrevivieron al último episodio glacial (Würm).



Castanea

Se solía considerar que el castaño había sido introducido en la Península Ibérica por los romanos o los griegos en la Antiguedad pero los estudios palinológicos han demostrado claramente la permanencia de esta especie en la Península durante todo el Cuaternario. El castaño, sin embargo se viene explotando desde hace milenios y es muy probable que en muchas regiones gran parte de los castaños pertenezcan a razas introducidas, más productivas.






Juglans

Al igual que el castaño, se solía pensar en una introducción de esta especie en la Antiguedad pero los registros palinológicos han demostrado su pervivencia en áreas de clima templado. Al igual que ocurre con el castaño, es probable que en muchos lugares convivieran individuos auténticamente espontáneos con razas más productivas introducidas por el hombre.






Celtis

Difundido por buena parte de la Península y ampliamente cultivado, el almez también se consideraba un arqueófito. Su presencia, sin embargo, ha sido detectada a lo largo de buena parte del Cuaternario. Cabe destacar, por ejemplo, el hallazgo de semillas en los sedimentos depositados en Atapuerca que parecen demostrar que el Homo antecessor se alimentaba de sus frutos.







Pleistoceno Superior (126.000 – 11.700 BP)

El Pleistoceno Superior comienza en la base del último interglacial (Eemiense) y cubre el último episodio glacial (Würm), que alcanzó su apogeo hace 22.000 años. Aunque este episodio glacial es el último del Cuaternario y fue precedido por otros de una intensidad parecida, algunas especies consiguieron sobrevivir hasta ese momento. Les faltó realmente muy poco para haber sobrevivido en la Península Ibérica.



Cedrus

La presencia del cedro en los registros polínicos de la Península Ibérica es continua desde el Eoceno hasta el Pleistoceno Superior. Aunque algunos autores atribuyen la presencia de polen de cedro exclusivamente a aportes eólicos, no cabe duda de que en muchos lugares alejados de la costa africana, la presencia de polen de cedro bien podría tener una explicación local. La masiva presencia del cedro en Italia hasta el Pleistoceno medio parece en cambio claramente demostrada y parece por lo tanto razonable pensar que también estuvo presente en la Península Ibérica. / Ver también: Paleoautóctonas (18): Cedrus






Picea

Elemento boreal y alpino, la pícea común alcanzó en repetidas ocasiones el norte de España durante los períodos más fríos, desapareciendo durante los interglaciares. Su última presencia remonta a unos 35.000 años en Cantabria. En registros más antiguos los datos polínicos también pueden traducir la presencia de Picea omorica. / Ver también: Paleoautóctonas (16): Picea






Platanus

El plátano es indudablemente, a ojos de muchas personas, un símbolo del Mediterráneo. ¿ Es posible imaginar a muchos pueblos del contorno mediterráneo sin un imponente plátano dando sombra a sus vecinos en la plaza central de la localidad ? El hombre, en realidad, a contribuido en gran medida a restablecer este género en sus antiguos dominios, ya que estuvo presente en la Península Ibérica hasta una época muy reciente. Aunque el plátano de sombra, que se cultiva generalmente, tenga un origen híbrido, los estudios genéticos demuestran que se trata de un híbrido mucho más próximo a la especie oriental, con la que el híbrido se cruzó repetidas veces, que a la especie americana con la que se híbridó inicialmente. / Ver también: Paleoautóctonas (6): Platanus






Pterocarya

Si se tuviese que dar un premio a la especie más fiel, la pterocaria del Cáucaso probablemente tendría todas las papeletas para ganarlo. Los estudios palinológicos demuestran en efecto que interglaciar tras interglaciar, esta especie ha sido capaz de volver a colonizr media europa reptidamente. Su actual ausencia, en realidad, tan solo se debe a que no le dio aún tiempo para regresar. Que en algunos países se consideren a esta campeonas una invasora realmente tan solo puede ser entendido desde la ignorancia de quienes ignoran todo de un pasado no tan lejano como parece... / Ver también: Paleoautóctonas (2): Pterocarya






Syringa

Aún presente en el Pleistoceno superior en Cataluña, de donde procede la única referencia de la presencia de esta especie en todo el oeste del continente europeo, la persistencia del lilo en esta región demuestra claramente el papel de refugio que desempeñó durante los máximos glaciales del Cuaternario, también evidenciado por la persistencia en esta región de especies como el quejigo andaluz (Quercus canariensis), a una distancia considerable de sus poblaciones más cercanas. El lilo es originario del SE de Europa (N de Rumanía, C de Albania y NE de Grecia) pero se ha asilvestrado en muchos lugares, cosa que no es de extrañar considerando su pasado.






Pleistoceno medio (781.000 - 126.000)

El Pleistoceno Medio se inicia con el interglaciar Gúnz-Mindel, bastante cálido, que duraría unos 50.000 años. Le sucede la glaciación de Mindel, un largo periodo de clima fresco y bastante árido que duraría unos 350.000 años. Esta glaciación cede el paso a otro interglacial de clima templado y húmedo (Mindel-Riss) que duraría unos 50.000 años que deja finalmente paso a la glaciación de Riss, de frío intenso y durante la que el nivel del mar bajó considerablemente.



Carya

Género perteneciente a la misma familia que el nogal (Juglandaceae) que tiene hoy en día un área de distribución típicamente disyunta, con una docena de especies en Norteamérica y 5-6 especies en el E de Asia. Este género desapareció por completo del continente europeo y del oeste de Asia a consecuencia de las glaciaciones. Actualmente se cultivan en Europa varias especies de origen americano tanto para sus nueces (nueces pacanas) como para su madera. Carya illinoiensis se cultiva en la Alpujarra granadina, donde parece que tiene tendencia a naturalizarse. La persistencia de este género hasta una fecha tan reciente no necesariamente es una sorpresa si tenemos en cuenta que en Norteamérica una de sus especies alcanza el S de Canadá. / Ver también: Paleoautóctonas (11): Carya <






Ostrya

Perteneciente a la misma familia que el carpe, el carpe negro (Ostrya carpinifolia) es originario del E de la cuenca mediterránea no sobrevivió en la Península Ibérica a pesar de ser una especie típicamente mediterránea. Se trata de un pequeño árbol que alcanza los 15 m de altura, bastante parecido al carpe, del que difiere sobre todo por sus frutos y la nervación de sus hojas (los nervios laterales se ramifican).






Los bosques del Pleistoceno Medio y Superior eran pues esencialmente muy parecidos a nuestros bosques actuales, dominando en ellos las mismas especies que conocemos hoy en día, pero añadiéndose a ellos una cuantas especies que en su mayoría no nos resultan demasiado exóticas, al ser muchas de ellas especies ornamentales comunes o cultivadas para la producción de frutos (pacanero). La fauna que poblaba nuestros ecosistemas era entonces una curiosa mezcla de especies actuales o subactuales y de especies que hoy nos parecen francamente exóticas.



El entorno de Atapuerca en los periodos de clima predominantement atlántico. Autor: Mauricio Antón



En el próximo artículo de esta serie examinaremos las especies que estuvieron presentes en la Península Ibérica en el Pleistoceno inferior. Una larga lista de especies que os parecerán cada vez más exóticas...

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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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