Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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Hace un par de años escribía yo en este blog un artículo sobre Resiliencia y deuda climática y explicaba en él que la resiliencia se podía definir como la capacidad de un ecosistema a reponerse de los efectos de alguna perturbación. También me hacía eco de los resultados de un estudio francés que definía un nuevo concepto llamado "Deuda climática", que viene a ser de alguna manera el desajuste existente entre la temperatura en la que se desarrolló un ecosistema y la temperatura real que está aguantando actualmente. Ese estudio demuestra que fuera de las zonas montañosas, en las que las migraciones son posibles a pequeña escala y compensan más fácilmente los efectos del cambio climático, amplias zonas del territorio estudiado tienen ya una deuda climática de entre 2 y 3 grados. Ese desajuste es una buena ilustración de lo que se entiende por "resiliencia": un ecosistema es capaz de autoperpetuarse en condiciones algo diferentes de las idóneas para él, lo que le permite aguantar las oscilaciones periódicas del clima. Ahora bien, que un ecosistema o que las especies que lo conforman sean resilientes no significa que su capacidad de resistir un insistente cambio climático sea infinito...


Deuda climática del sotobosque en los bosques franceses



El concepto de resiliencia se utiliza demasiado a menudo como excusa para no querer cambiar las cosas. Esto es particularmente cierto en el contexto del conservacionismo, que aún no ha asimilado el mensaje que los climatólogos intentan trasmitir desde hace décadas. La inmensa mayoría de los proyectos de conservación de la naturaleza, que reciben fondos considerables, están principalmente enfocados en conservar los ecosistemas existentes o en restaurar los ecosistemas que algún día hubo en los lugares que se pretende "restaurar". La palabra lo dice todo y tiene más que ver con la museología que con las Ciencias Naturales. Nos empeñamos en recuperar unos ecosistemas que estuvieron presentes cuando las condiciones climáticas no eran las actuales. Y paralelamente, se persigue con saña la expansión de toda especie exótica, considerando que su expansión puede ser la causa de la pérdida de biodiversidad que sufren nuestros ecosistemas. Por favor, no usen el flash, que el ecosistema es muy delicado y podría sufrir daños irreparables...

Me llama mucho la atención, por poner un ejemplo, que exista un proyecto Life para recuperar al araar (Tetraclinis articulata) en la región de Cartagena, que ignora por completo el éxito reproductivo de esta especie en otras muchas regiones del levante español en las que se naturaliza con suma facilidad y parece tener bastante más futuro que en el área en la que se están centrando todos los esfuerzos. Potenciando su desarrollo en esas regiones, es probable que lograríamos el mismo objetivo (salvar la especie) gastando muchísimo menos dinero. Lo mismo cabría decir del pinsapo (Abies pinsapo), que demuestra una extraordinaria vitalidad en zonas situadas fuera de la exigua área de distribución "natural" de esa especie.




Citas de Tatraclinis articulata reportadas por los usuarios del foro Repoblación Autóctona. En azul se muestran los lugares en los que se ha observado la regeneración natural de la especie y en rojo plantaciones hechas con esa especie. Es probable que falten muchos datos en este mapa que nos demuestra que el araar tiene un área potencial bastante extensa en todo el S y SE de la Península Ibérica.



El "buen comportamiento" hasta ahora de nuestros ecosistemas nos ha llevado a sobreestimar la resiliencia de los mismos y a confiar demasiado en la capacidad de las especies que los constituyen de adaptarse a los cambios, ignorando que la deuda climática acumulada es ya muy importante (alrededor de los 2 a 3 grados) y que los cambios en la naturaleza suelen ocurrir de manera brusca y catastrófica. Estamos en realidad mucho más cerca de ver nuestros ecosistemas llegar al colapso de lo que creemos. Un reciente estudio (1) ha intentado calcular en qué momento los diferentes ecosistemas del planeta colapsarían basándose en los límites climáticos históricos de las especies y en las proyecciones climáticas futuras. El gráfico a continuación muestra cual es la evolución previsible en una región como las Islas Caimán.




Lo que muestra este gráfico es que alrededor de cierta temperatura, en un par de décadas, la mayoría de las especies alcanza su límite de tolerancia, llevando al colapso del conjunto del ecosistema. En este caso en particular, el colapso intervendría alrededor del año 2075 y tan solo afectaría (directamente) a un 67% de las especie. El mismo estudio muestra, sin embargo, que en otras regiones el colapso podría intervenir mucho antes y afectar casi al 100% de las especies. Las previsión para una región como la Amazonia es, desde ese punto de vista, bastante inquietante, interviniendo el colapso ya a mediados de siglo.




No vayamos a pensar, viendo estos gráficos, que el colapso de ecosistemas es cosa del futuro. Ya está ocurriendo en algunas regiones y afectando a ecosistemas que llevaban asentados miles y miles de años. La muerte de los manglares en un tramo de unos 1.000 km en el Golfo de Carpentaria (Australia), tras un débil monzón en 2015-2016, tan solo es un ejemplo de los cambios que ya está induciendo el cambio climático (2).




El manglar de la costa Australiana es un triste ejemplo de colapso de ecosistema. En pocos años, ese ecosistema ha colapsado en más de 1500 kilómetros de costa.



Ante tales perspectivas, la idea de "mover" plantas en respuesta al cambio climático para evitar su extinción y evitar el colapso de ecosistemas ante la falta de especies que vayan tomando el relevo de las que van desapareciendo es una idea que poco a poco va convenciendo a más y más científicos, tal como demuestra la organización de esta primera conferencia internacional dedicada a la translocación de plantas.



               1st International Plant Translocation Conference
               ROME, 22-25 February 2021



(1) Trisos, C.H., Merow, C. & Pigot, A.L. (2020) / The projected timing of abrupt ecological disruption from climate change / Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-020-2189-9
(2) Harris R.M.B. (2018) / Biological responses to the press and pulse of climate trends and extreme events / Nature Climate Change, Vol. 8, pp. 579–587



De todas las especies forestales exóticas que se cultivan en Europa, el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) fue probablemente una de las primeras en popularizarse tras su introducción en Inglaterra en 1827 por el naturalista escocés James Douglas, que había estado explorando la costa NW de Norteamérica en los años anteriores y trajo de allá un importante lote de semillas. El éxito de esta especie estaba asegurado en un país como Inglaterra, cuyo clima era favorable y cuya flora indígena tan solo comprendía 3 especies de coníferas (Pinus sylvestris, Taxus baccata y Juniperus communis). La especie despertó un gran entusiasmo en aquél país y se plantó extensivamente, siendo hoy una especie frecuente en Inglaterra, donde está plenamente naturalizada.

Mapa de distribución de Pseudotsuga menziesii en Irlanda y Gran Bretaña. Piña del abeto de Douglas, Puerto de Canencia, Madrid



De ese primer lote de semillas y de los plantones conseguidos a partir de esas semillas, la especie fue inmediatamente introducida en Alemania por John Richmond Booth (1800-1847), propietario de un vivero en Flottbeck cerca de Hamburgo, que recibió esas semillas por ser miembro de la Royal Horticultural Society, a cuyos miembros fueron distribuidas parte de las semillas traídas por Douglas. La propagación de la especie en Alemania a partir de esos primeros ejemplares introducidos fue más tardía que en Inglaterra pero Alemania es hoy el segundo país de Europa en lo que se refiere a superficie ocupada por esta especie. El país en el que el abeto de Douglas tuvo más éxito fue, sin embargo, Francia, donde se empezó a plantar tímidamente a partir de los años 40 del siglo XIX pero donde adquiriría realmente una extraordinaria importancia durante el siglo XX.



Superficie en hectáreas ocupada en Europa por el abeto de Douglas (1997).



En España, donde el abeto de Douglas tan solo encuentra condiciones favorables en el norte, se pueden encontrar plantaciones dispersas en Cataluña, La Rioja, Navarra, País Vasco y Galicia. Es curioso que en un país con un clima mediterráneo no se haya pensado en ensayar la otra especie de este género existente en Norteamérica (Pseudotsuga macrocarpa), originaria del sur de California y adaptada a vivir en condiciones (chaparral) que se aproximan mucho más a las de la zona mediterránea de la Península y que, además, ha desarrollado eficaces mecanismos de resistencia al fuego.

Pseudotsuga macrocarpa cerca de la entrada al desierto de Sespe en Potrero John Canyon. Foto de Bryant Baker. Ramillas y conos de Pseudotsuga macrocarpa



Como era de suponer, el género Pseudotsuga también estuvo presente en Europa antes de las glaciaciones. No se trata, sin embargo, de un género del que se conserven muchos restos. Probablemente fuera menos abundante que otros géneros en aquella época y probablemente también sus preferencias ecológicas no hayan favorecido una buena conservación de sus restos.




Distribución del género Pseudotsuga en Europa durante el Neógeno.



Como anécdota para los lectores madrileños de este blog, cabe señalar la existencia de una pequeña plantación de abetos de Douglas en el Puerto de Canencia, que no parece haber convencido a los ingenieros forestales que ensayaron esta especie, ya que no conozco yo ninguna otra plantación de esta especie en todo el Sistema Central. El caso es que estos arboles siguen en pie y lucen a pesar de todo un buen aspecto.


PseudotsugaFamilia: PinaceaeOrden: Pinales

Arboles perennifolios, de porte cónico. Corteza lisa al principio con vesículas de resina; que se vuelve castaño-rojiza con la edad, suberosa, resquebrajada. Ramas a menudo péndulas, irregularmente verticiladas; braquiblastos ausentes; cicatrices foliares transversalmente elípticas, ligeramente prominente proximalmente pero esencialmente a ras de la ramilla distalmente. Yemas alargadas, no resiníferas, de ápice agudo. Hojas solitarias, persistentes 6-8 años, alternas, cortamente pecioladas, planas; canales resiníferos 2, marginales. Conos sobre las ramillas de un año. Conos masculinos axilares. Conos femeninos de maduración anual, que se desprenden en su totalidad, deflexos o péndulos, elipsoidales, ovoidales, o cilíndricos, prácticamente sésiles, sin apófisis ni umbo; escamas persistentes, ápice redondeado; brácteas ± exertas, ápice 3-lobado, lóbulos de ápice agudo, lóbulo central estrecho, más largo que los lóbulos laterales. Semillas aladas; cotiledones 6-12. x =12, 13.




Como hemos visto anteriormente, el abeto de Douglas es una especie hoy en día muy difundida por todo el continente europeo que se puede considerar plenamente naturalizada en muchas regiones en las que se reproduce de manera espontánea. Se trata sin embargo de una especie relativamente exigente en humedad, tal como demuestra su distribución natural a lo largo de la costa pacífica del norte de Norteamérica. Una especie como Pseudotsuga macrocarpa probablemente estaría mejor adaptada en la región mediterránea, pero que yo sepa nunca fue tomada en cuenta por los ingenieros forestales españoles. De las especies asiáticas tan solo cabe decir que son especies relativamente raras, de las que resulta casi imposible obtener semillas.



(1) Lavender, Denis P., and Richard K. Hermann. 2014. Douglas-fir: The Genus Pseudotsuga. Oregon Forest Research Laboratory, Oregon State University, Corvallis.



Al evocar las floras del pasado del continente europeo, un género destaca por la abundancia de sus restos fósiles, tanto microscópicos (polen) como macroscópicos: Tsuga. Los pequeños conos de estas coníferas, con sus escamas persistentes, se conservan a menudo completamente y tenemos pues un relativamente buen conocimiento de la extensión e importancia que llegó a desempeñar este género.



Conos abiertos de Tsuga canadensis, Penny Brook Farm, Vermont, EE.UU. / Fotografía: TheNickster / Licencia: CC BY-SA 2.0



El género Tsuga tiene hoy en día un área de distribución típicamente disyunta, con especies tanto en Norteamérica (4 especies) como en el SE de Asia (6 especies). Se trata de árboles con el típico porte cónico de muchas Pináceas, cuya guía terminal, como en los cedros, a menudo se inclina. Son árboles que crecen típicamente en zonas montañosas en las que disfrutan de un nivel de precipitaciones relativamente elevado. En Europa este género tuvo una amplia distribución, alcanzando antes del Cuaternario zonas tan al norte como Islandia y Escandinavia, donde probablemente fueron un elemento del bosque boreal. En el resto de Europa, su presencia estuvo relacionada con la presencia de relieves en los que este género convivía con otras coníferas como Cedrus, Keteleeria y Cathaya formando bosques mixtos como los que se pueden observar hoy en China.




Area de distribución del género tsuga en el Neógeno del Continente europeo.



Presente en la práctica totalidad del continente europeo a finales del Terciario, el área ocupada por este género fue circunscribiéndose al área mediterránea en los periodos glaciares, reapareciendo repetidas veces en el centro y norte de Europa durante los periodos interglaciares. A finales del Pleistoceno Inferior, sin embargo, el género ya tan solo estuvo presente en el sur de la Península Itálica, de los Balcanes y de Anatolia. Sus registros más recientes alcanzan el Holoceno en la región del Mar caspio, donde la progresiva aridificación y la subida de nivel del Mar Caspio aparentemente acabaron con sus últimos refugios.

Mapa de distribución de Tsuga heterophylla
en Irlanda y Gran Bretaña.
Tsuga del Pacífico en Shepards Gutter, Hampshire, Gran Bretaña / Fotografía:
Owen Munday



Introducida en Gran Bretaña en 1852, la tsuga del Pacífico (Tsuga heterophylla) se ha plantado extensamente en las Islas Británicas, donde se ha naturalizado sin mayores dificultades debido al gran parecido entre el clima de la fachada atlántica del continente europeo y el de la fachada pacífica del Norteamérica, donde convive con el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii) en los bosques pluviales de la franja costera del norte de EEUU y de Canadá. En otros países europeos, en cambio, su presencia es por ahora mucho más discreta.


TsugaFamilia: PinaceaeOrden: Pinales

Árboles perennifolios de copa cónica, con la guía terminal por lo general inclinada. Corteza de color gris a castaño, escamosa, a menudo profundamente fisurada. Ramas horizontales a menudo arqueadas hacia el suelo; braquiblastos ausentes; ramillas jóvenes y partes distales del tallo flexuosas y péndulas. Yemas ovoideas o globosas, por lo general de ápice redondeado, no resinosas. Hojas en disposición subdística o radial, persistentes varios años, planas o algo angulares, abruptamente estrechadas en un corto pecíolo retorcido en la base, dispuestas sobre proyecciones estipitadas angulosas, vainas ausentes, ápice redondeado o emarginado, líneas estomatales en el haz, raramente en ambas superficies, formando dos bandas blancas separadas por la vena mediana; haz vascular 1, canal resinífero 1 por debajo del haz vascular. Conos sobre las ramas de un año. Conos masculinos solitarios, globosos, de color castaño. Conos femeninos péndulos, ovoideos, oblongos u oblongos-cilíndricos, sésiles o subsésiles, de maduración anual; escamas persistentes, de formas variadas , finas, coriáceas, sin apófisis y umbo; brácteas pequeñas, inclusas. Semillas aladas; cotiledones 4-6. x=12.




En la Península Ibérica la especies del género Tsuga no dejan de ser curiosidades de arboreto y de jardines botánicos, a pesar de tener la fachada atlántica un clima que pudiera ser favorable a una u otra de sus especies, tal como demuestra la perfecta adaptración de la tsuga del pacífico en las Islas Británicas. Es de destacar sobre todo el arboreto de Lourizán, donde se pueden observar 5 especies de este género (Tsuga caroliniana, Tsuga canadensis, Tsuga chinensis, Tsuga heterophylla & Tsuga mertensiana). En otros lugares, como el Jardín Botánico de Alcalá, se puede observar algún que otro ejemplar de Tsuga canadensis, una especie algo más rústica que la tsuga del Pacífico.

No busquen la palabra "neobosque" en el diccionario. No existe. Se trata de un neologismo que ya he utilizado en alguna ocasión y que me propongo hoy formalizar para describir un tipo de bosque secundario muy frecuente en muchas regiones tropicales que se caracteriza por la importancia que desempeñan en ellos las especies exóticas. En las zonas templadas tales bosques son más raros pero pueden desempeñar localmente un papel no desdeñable. A muchos naturalistas occidentales, sin embargo, aún les cuesta aceptar que tales bosques puedan existir. La puesta en evidencia de la importancia de los bosques secundarios dominados por especies exóticas debe mucho a los estudios realizados por Ariel Lugo y su equipo en el Instituto Internacional de Bosques Tropicales de la USSF en la isla de Puerto Rico, que se ha convertido en un auténtico paraíso forestal apenas 70 años después de haber sido prácticamente desforestada.


Un bosque secundario es aquél que coloniza áreas cuya vegetación original desapareció parcial o totalmente debido a perturbaciones naturales o humanas (UNESCO, 1978). Diagrama: Forestry and Climate Change Fund.



El milagro puertorriqueño

La isla de Puerto Rico fue, hasta los años 50 del pasado siglo (como me cuesta escribir esto), intensamente explotada para la producción de azúcar y de café. Hasta el desastre del 98, la isla fue uno de los mayores proveedores de café del continente europeo y la expansión de ese cultivo, junto al de la caña de azúcar, llevó a la tala de la casi totalidad de los bosques de aquella isla. Tan solo un 6% del territorio, el más inaccesible, conservó sus bosques originales Tras cambiar de manos la isla, la producción de café fue abandonada, al no poder competir los productores de café de la isla con los de otros países latinoamericanos que surtían de café al gigante norteamericano. Luego, a partir de los años 50, el éxodo rural y la emigración hacia ciudades como Nueva York, Orlando o Boston dejaron muchos cultivos abandonados. Una situación que evocaba con mucha emotividad el Conjunto Clásico en uno de sus temas más conocidos (Los Rodríguez). La grave deforestación sufrida llevó la isla al borde del colapso en varias ocasiones debido al paso de varios huracanes y las autoridades americanas pusieron entonces el énfasis en la necesidad de reforestar la isla. Una reforestación facilitada por el buen clima de la isla y el dinamismo de muchas especies exóticas que se aprovecharon de la ausencia de competidores autóctonos para constituirse espontáneamente en auténticos bosques. El éxito de la reforestación (con o sin ayuda del hombre) fue tal que hoy en día el bosque ocupa aproximadamente un 60% de la superficie de la isla. Lo interesante del caso de Puerto Rico es que sus bosques han sido bastante estudiados y que disponemos hoy de mucha información acerca de cómo han evolucionado sus bosques secundarios.





Muchos conservacionistas consideran con recelo la presencia de especies exóticas y preferirían que los programas de reforestación se lleven a cabo exclusivamente con especies nativas pero eso supondría, tal como explica Ariel Lugo en el vídeo que copio más arriba, tener que renunciar ni más ni menos que al 75 % de los bosques de la isla, que es la proporción de los bosques de Puerto Rico en los que dominan árboles no-nativos. Reconocer el valor ecológico de esas especies no-nativas sería, hoy por hoy, el mayor paso que pudiera dar el conservacionismo, y todos los conservacionistas deberían considerarlo seriamente antes de emprender cualquier programa de erradicación. El impacto positivo de esos bosques secundarios no puede ser ignorado a la hora de valorar su presencia. Ya supone un cambio importante que los científicos por fin empiecen a interesarse por ellos. Al fin y al cabo, más de la mitad de los bosques tropicales (tal vez mucho más si se confirma que muchos bosques que considerábamos como primarios en realidad no lo son) son bosques secundarios. Y es muy relevante, por ejemplo, que en Puerto Rico esos bosques hayan contribuido a mejorar la calidad del agua y a controlar el caudal de los ríos. También es bastante relevante, por ejemplo, saber que la gran mayoría de la población de orangutanes del SE asiático vive actualmente en bosques secundarios. Estos dos ejemplos demuestran, en cualquier caso, que estos bosques desempeñan un papel ecológico muy importante y que ya no pueden ser simplemente ignorados. Su erradicación traería consecuencias graves y, muchas veces, inesperadas.


Ecosistemas 100% funcionales

La principal lección que se puede extraer del estudio de los bosques secundarios de Puerto Rico es que se trata, a pesar del carácter exótico de muchas de las especies que lo constituyen, de auténticos ecosistemas funcionales en los que las especies cambian pero en los que se mantienen las interrelaciones más básicas y esenciales entre especies, que permiten la supervivencia y permanencia del ecosistema a largo plazo. Estos bosques desempeñan con éxito las mismas funciones que los bosques primarios: dan sombra y rebajan las temperaturas, filtran y limpian el agua, cuyo caudal regulan de forma muy eficaz, albergan y alimentan la fauna local (además de alguna que otra especie exótica), permitiendo que las especies autóctonas se expandan fuera de los pocos refugios auténticamente primarios de la isla. Desde ese punto de vista, cabe destacar el carácter transicional que suelen tener estos bosques, constituidos por especies colonizadoras que generalmente tienen una esperanza de vida relativamente corta. Una vez reconstituido el dosel arbóreo, muchas especies autóctonas a continuación logran regresar, constituyéndose un bosque que presenta caracteres intermedios entre el bosque primario y los bosques recién desarrollados. La vuelta al estado primario, claro está, no es posible, al haber cambiado el hombre las condiciones en las que esos bosques se desarrollan. Se constituye así lo que los ecólogos llaman "ecosistemas noveles".




Bosque secundario desarrollado sobre depósitos de bauxita en el estado de Bahia, Brasil. Este bosque se ha desarrollado con toda probabilidad en los últimos 20 años. / Fotografía: Alex Monro.



Amazonia: no tan virgen como se pensaba

Muchos de los prejuicios que arrastramos en contra de las especies invasoras y de los ecosistemas noveles que se desarrollan en lugares que han sido explotados por el hombre tienen como origen y causa la mitificación que los americanos han hecho de una naturaleza prístina que hubiera que proteger a toda costa del impacto del hombre. Al evocar tales ecosistemas primarios, se suele casi siempre dar como ejemplo los grandes bosques tropicales - la Amazonia en particular - sin pensar que la interacción del hombre con la naturaleza es, en realidad, muy antigua. De hecho, el ejemplo de la Amazonia es bastante desafortunado. Varios estudios recientes han demostrado no solamente que el hombre está presente en esa región desde mucho más tiempo de lo que se pensaba (1) - al menos 25'000 años -, sino también que la Amazonia albergó una importante población en tiempos pre-hispánicos que llegó a explotar una amplia superficie de lo que hoy parece una selva virgen. No es raro que bajo el bosque, tal como ocurriera en América Central, aparezcan hoy vastas estructuras urbanas. Con la llegada de los europeos, estas culturas indígenas fueron aniquiladas por la irrupción de nuevas enfermedades que provocaron un auténtico desplome de esas poblaciones sin que la inmensa mayoría de ellas entrasen nunca en contacto con ningún europeo. Algo parecido, sea dicho de paso, ocurrió en América del Norte, donde algunos pueblos que habían desarrollado auténticas culturas urbanas habían desaparecido por completo cuando los primeros exploradores europeos recorrieron esas tierras.




Vista aérea de una da las figuras geométricos de grandes dimensiones descubiertos en la Amazonia brasileña, testigo de antiguas culturas en lo que se consideraba una selva virgen.



Europa: la negación de un fenómeno emergente

La facilidad con la que diferentes especies tropicales han logrado asentarse en otras regiones tropicales y constituir en ellas bosques secundarios contrasta fuertemente con lo que podemos observar en Europa. Aunque la gran mayoría de los bosques del continente europeo son en realidad bosques secundarios y hay muy pocos bosques primarios (Bialowieza), siguen teniendo un carácter seminatural y están dominados en su mayoría por especies autóctonas. Las zonas más degradadas del continente europeo siempre han estado ocupadas por brezales o por monte bajo. Los intentos para recuperar esas tierras han dado lugar a la introducción de algunas especies muy rústicas que el cambio climático favorece hoy en día claramente: la falsa acacia (Robinia pseudoacacia), el ailanto (Ailanthus altissima) y el olmo de Siberia (Ulmus pumila) son probablemente las tres especies que más éxito han tenido en nuestro continente. Es de esperar que esta lista se alargue considerablemente en el futuro según vayan "mejorando" las condiciones climáticas en el continente europeo. Estas especies son capaces, localmente, de formar pequeñas formaciones arbóreas que sorprenden mucho en el contexto mediterráneo. Que especies caducifolias prosperen en zonas en las que la especie teóricamente mejor adaptada es la encina sorprende y cuestiona incluso la propia presencia de la encina en muchas localidades. ¿ Realmente era la encina la especie archi-dominante que imaginábamos antes de que el hombre interviniera los paisajes ?




Incipiente "neobosque" desarrollándose sobre el talud de una carretera del barrio de Moratalaz, en Madrid, donde han aparecido espontáneamente y no reciben ningún tipo de riego. El desarrollo de un bosque caducifolio en una zona en la que el "clímax" es en teoría la encina (Quercus ilex rotundifolia), árbol siempreverde adaptado al clima mediterráneo, es cuanto menos sorprendente...



De estas especies, la que más tiempo lleva integrada en nuestros paisajes es la falsa acacia, naturalizada desde hace casi 4 siglos en muchos lugares y que desempeña un papel de primer nivel como especie forestal en algunos países de Europa Central y del Este. Esta especie forma localmente pequeñas formaciones boscosas cuya evolución se ha venido estudiando para intentar establecer cual era la mejor estrategia para gestionar sus poblaciones. En el norte de Italia, esta especie parece haber alcanzado su máxima ocupación y muestra ya en algunos lugares evidentes signos de retroceso. Un estudio reciente (2) ha demostrado que con el envejecimiento de esas formaciones, otras especies (autóctonas) se ven favorecidas y acaban desplazando a la falsa acacia. La principal conclusión a la que llega ese estudio es muy clara:

"Nuestros resultados apoyan la hipótesis de que la mejor estrategia para controlar la propagación de la falsa acacia es la de evitar perturbaciones que favorezcan su propagación y esperar la supresión física de la especie por otros árboles"

Las tres especies a las que nos referíamos en el caso de Europa tienen muchos puntos en común: la tres son especies colonizadoras que no son capaces de vivir en bosques sombreados y las tres son especies con una esperanza de vida relativamente corta (menos de un siglo en el caso del ailanto y del olmo de Siberia). Es pues bastante probable que la recomendación que hace el estudio italiano se pueda extrapolar a todas ellas. Estas especies forman ya o empiezan a formar pequeños "neobosques" en muchos lugares de la cuenca mediterránea. Más que un peligro, el desarrollo de tales neobosques es en realidad una oportunidad, al no ocupar estas especies el lugar ocupado por ninguna otra especie arbórea autóctona. Puede incluso que a medio plazo, su presencia pueda favorecer la inclusión de algunas especies autóctonas. Personalmente, vería bien una especie como el quejigo (Quercus faginea) beneficiarse de las condiciones favorables creadas por estas especies alóctonas.




Quejigo en la Sierra de Grazalema (Jaén). / Fotografía: Bob Gibbons



Con el cambio climático actual, muchas especies subtropicales podrían verse favorecidas y, por lo tanto, es muy probable que se desarrollen nuevos neobosques aquí y allá en Europa, cohabitando con nuestros bosques actuales, que, no lo olvidemos, también están sufriendo los efectos del cambio climático. A más largo plazo, es muy probable que haya muchos intercambios entre estos diferentes tipos de bosques y que probablemente ninguno de ellos se parezca ya a lo que hemos conocido y que ya estamos viendo evolucionar ante nuestros ojos, sufriendo las consecuencias de olas de calor capaces de condenar en Europa Central en un solo verano a especies como la haya o el abeto, que tendrán que dar paso a otras especies que el azar o la voluntad del hombre podría devolver a nuestras latitudes... ¡Bienvenidos a los bosques del Antropoceno!



(1) Clemente-Conte, Ignacio & Boëda, Eric & Lahaye, Christelle & , Fortugne & Christine, Hatté. (2017). Pleistocene Archaeological sites in Serra de Capivara: Manufacture and use of lithic implements at Vale da Pedra Furada (Piauí, Brazil).
(2) Renzo Motta1, Paola Nola, Roberta Berretti (2009) / The rise and fall of the black locust (Robinia pseudoacacia L.) in the “Siro Negri” Forest Reserve (Lombardy, Italy): lessons learned and future uncertainties / Ann. For. Sci., Vol. 66, 41
(3) Campagnaro T, Nascimbene J, Tasinazzo S, Trentanovi G, Sitzia T (2018). Exploring patterns, drivers and structure of plant community composition in alien Robinia pseudoacacia secondary woodlands. iForest 11: 586-593.
(4) Fotiadis G. & Kyriazopoulos A. P. (2011) / The behaviour of Ailanthus altissima weed and its effects on natural ecosystems /  Journal of Environmental Biology 32(6):801-6
(5) Liviu, Ciuvat & Viorel, Blujdea & Abrudan, Ioan & Ilie Silvestru, Nuta & Filofteia, Negrutiu. (2014). Ecosystem services provided by black locust (Robinia pseudacacia L.) plantations in South-Western Romania.



Echando la vista atrás tan solo un par de años, sorprende la velocidad y la intensidad con la que algunos fenómenos climáticos o muy ligados a la climatología nos han impactado estos últimos dos años. De los incendios en Australia a las DANAs a repetición que han azotado el litoral mediterráneo, no pasa un mes sin que algún fenómeno inédito nos sorprenda. En Suiza, país en el que nací, no se estaba dejando aún notar demasiado el cambio climático y esto es lo que afirmaba a comienzos de 2018 Peter Brang, director del programa de investigación sobre el bosque y el cambio climático acerca del haya (Fagus sylvatica), especie emblemática de los bosques suizos (Face au réchauffement, les hêtres se réfugient en altitude):

«En la ausencia de canículas extremas, el haya no debería conocer problemas mayores de aquí a finales del siglo XXI, pero su nicho ecológico ira poco a poco desplazándose en altitud.»

Una afirmación tranquilizadora que el propio año 2018 iba a encargarse de desmentir por completo...



El río Doubs convertido en camino entre Pontarlier y Morteau (Francia), Agosto de 2018



Tan solo un año más tarde, tras una canícula y una sequía nunca vista en buena parte de Europa, la situación del haya ha cambiado por completo. Os traduzco aquí algunos párrafos clave de otro artículo publicado el año pasado (Les forêts soleuroises et du pied du Jura souffrent de la sécheresse):

«Las consecuencias de la sequía sobre las hayas del norte del cantón de Solothurn y en los abetos al pie del Jura son "graves", dijo el viernes la cancillería cantonal y la asociación cantonal de burgueses y propietarios de bosques.»

«En el cantón de Jura, las hayas se están extinguiendo en masa. Más de 100.000 m3 de esta especie están secos o moribundos en los bosques de Ajoie, dijeron las autoridades a principios de julio.»

«Según Marc Ballmer, colaborador científico de la Oficina de Medio Ambiente del Cantón del Jura, Basilea y Argovia también están afectadas. Los cantones de Berna y Neuchâtel tampoco se salvan.»

¿ Y a nosotros que nos cuentas, me diréis ? ¿ Qué nos importa lo que ocurre en Suiza ? Pues mucho más de lo que parece porque el tipo de discurso tranquilizador que os daba como ejemplo al principio es el que se suele escuchar constantemente aquí en España y nos impide tomar medidas urgentes para intentar evitar que catástrofes como la de la Sierra de Baza vuelvan a ocurrir en los próximos años.



Pinares de la Sierra de Baza afectados por las plagas / Asociación Proyecto Sierra de Baza



Vuelvo una vez más a preguntar lo mismo: ¿Tenemos un plan b para nuestros pinsapos? ¿Qué ocurriría mañana si un mal año provocara la muerte masiva de nuestros pinsapos? ¿Tiene algún sentido, viendo lo que ocurre en otras regiones, apostarlo todo por "conservar" el pinsapo tan solo en su actual área de distribución? A pesar de la aparentemente buena salud de sus poblaciones, nada permite descartar que tarde o temprano un año o una serie de malos años provoquen la casi total desaparición de esas poblaciones.

La imagen que nos hacemos del cambio climático ha cambiado mucho estos últimos años. Durante muchos años hemos creído que el cambio climático era un fenómeno progresivo, lineal, y que eso nos permitiría reaccionar a tiempo pero lo que nos muestra la repetición de catástrofes es todo lo contrario: la naturaleza da saltos de un estado de equilibrio a otro y es probable que la peores sorpresas aún están por llegar. No descarto, personalmente, que las temperaturas puedan aún dar un gran salto casi del día a la mañana, tal como lo hicieron a finales de la última glaciación. Imaginaos que la temperatura media en nuestra país de repente subiera 3 o 4 grados en apenas un año...

Lo que ha ocurrido en Suiza ya ocurrió en España hace tiempo y podría perfectamente volver a ocurrir en el futuro. Buscando información acerca del haya en la Península Ibérica, encontré algunas páginas que se referían a la presencia en el pasado en la región del que es hoy el Parque Nacional de Cabañeros. Por lo visto, el haya alcanzó los Montes de Toledo en el Holoceno y sobrevivió en algunos enclaves frescos y húmedos hasta que una gran sequía acabó con todos en el siglo XIX. No he logrado encontrar la referencia original, pero esa información cuadra bastante con la mayor extensión que tenía el haya en todo el Oeste del Sistema Central en el Holoceno, perfectamente documentada por los estudios palinológicos. El caso es que una repetición de malos años aniquiló por completo esas poblaciones y el futuro de otras muchas poblaciones de hayas en la Península depende mucho de que tales episodios vuelvan a suceder en el futuro. Lo más probable, viendo el ritmo frenéico al que batimos récords de temperatura, es que la cosa vaya empeorando y que la presencia del haya acabe restringiéndose a los más altos macizos del norte de la Península (Cordillera Cantábrica y Pirineos).

¿Seguimos confiando en la mítica "resiliencia" de nuestros bosques autóctonos y esperamos a ver qué pasa? Yo, por si las moscas, ya voy plantando algunos árboles capaces de aguantar el subidón de temperatura calculado por los modelos del IPPC...
Ya comentamos, al describir otros géneros de la misma familia, que las Juglandáceas desempeñaron un papel muy importante en los bosques neógenos de Europa. La rica diversidad de géneros y de especies que aún se observa hoy en día en el SE de Asia también se observa en el registro fósil del continente europeo. Existen evidencias de la presencia en Europa de prácticamente todos los géneros hoy en día presentes en Asia: Engelhardia (s.l.), Platycarya, Carya, Juglans, Cyclocarya, Pterocarya. Para cada uno de estos géneros, parece además que hubo varias especies presentes. Estamos pues probablemente hablando de una de las familias de árboles más diversas de nuestra paleoflora, de la que tan solo 2 géneros / especies lograron sobrevivir en zonas marginales del continente: Juglans regia en los refugios meridionales de la región mediterránea y Pterocarya fraxinifolia en la región del Cáucaso y el N de Irán.



Frutos de Engelhardia spicata, India, efloraofindia



La subfamilia de las Engelhardioideae, que examinamos hoy, atrae inmediatamente la atención por dos caracteres que le diferencian a primera vista de los demás géneros de esta familia con los que convive. El primero son sus hojas, mayoritariamente paripinnadas. El segundo son sus frutos, unas pequeñas nuececillas dispuestas en largas infrutescencias y subtendidas por una bráctea más o menos profundamente trilobada. La subfamilia está constituituida por 2 géneros en América Central (Oreomunneo y Alfaroa) y otros dos en Asia (Engelhardia y Alfaropsis), que todos podrían haber estado presentes en Europa en un momento u otro. No está muy claro, en efecto, en qué momento ni donde se diferenciaron unos de otros los distintos géneros de esta subfamilia. En los análisis palinológicos llevados a cabo, los pólenes descubiertos han sido casi siempre atribuidos al género Engelhardia pero lo más prudente, a falta de disponer de información más precisa, es quedarse a nivel de la subfamilia.




Infrutescencia de Engelhardia spicata, Laos



Desde un punto de vista ecológico, las especies de esta subfamilia son más termófilas que las de la subfamilia de las Juglandoideae, siendo la mayoría de las especies de esta subfamilia propias de bosques de hojas anchas o perennifolios. Todas ellas crecen en climas tropicales o subtropicales cálidos, con frecuencia en bosques de mediana montaña. Ese carácter termófilo explica que este género tuviese su mayor representación en Europa en el Mioceno y comienzos del Plioceno, haciéndose luego mucho más raro y sobreviviendo a principios del Cuaternario tan solo en la región mediterránea y la región del Cáucaso y del Mar Caspio, a cuyas orillas parece haber sobrevivido hasta el Pleistoceno Superior. La aridificación intervenida en los últimos milenios y la subida del nivel del Mar Caspio acabaron con ese último refugio de plantas de carácter marcadamente oriental. La coexistencia en aquella época con taxones propios de zonas templadas deja pensar, sin embargo, que esta subfamilia estuvo representada en el pasado por especies mejor adaptadas al frío.




Distribución de las Engelhardoidea en Europa en el Neógeno.



Tras realizar una búsqueda exhaustiva de su posible presencia en España o en Portugal, no he encontrado ningún indicio de que ninguna especie perteneciente a esta subfamilia se cultive en algún lugar de la Península. El carácter marcadamente tropical de estas especies hace que hasta ahora su cultivo no haya sido posible en la Península. La única región en la que se pudiera eventualmente cultivar son las Islas Canarias, donde no he encontrado ningún indicio de su presencia como ornamental.
La constatación de que muchas especies o géneros que estuvieron presentes a finales del Terciario en Europa sobreviven hoy en otros continentes no es nueva. El descubrimiento de varios yacimientos con restos de plantas muy bien preservados llevaron ya los biólogos del siglo XIX a establecer una relación entre esas floras fósiles y las actuales floras de Norteamérica y del E de Asia. Al tratarse, además, para muchos, de especies y de géneros que ya se venían cultivando en distintos parques y jardines europeas, quedaron ya bien establecidas las identidades de muchas de esas plantas.



Zelkova ungeri Kovats, Upper Pliocene, Willershausen am Harz, Germany / The Fossil Forum



Los estudios y descubrimientos posteriores y la considerable aportación de la palinología nos dibujan la imagen de un continente europeo cuya vegetación aún no había sufrido en el Plioceno los peores efectos de las glaciaciones cuaternarias. La flora de nuestro continente era entonces infinitamente más rica e incluía buena parte de las familias y géneros hoy presentes en otras zonas templadas y cálidas del Hemisferio Norte. Ante la constatación de que nuestro clima está cambiando y nos está acercando cada día más a las condiciones de aquella época y ante el temor de que la escasa biodiversidad de nuestros bosques en algún momento se nos pueda volver en contra, surge naturalmente la tentación de traer de vuelta parte de esa flora para ir enriqueciendo nuestros bosques y de esa manera aumentar su resiliencia ante el cambio climático.



El género Liquidambar tuvo en el Terciario un área de repartición muy extensa. Hoy tan solo sobrevive, en Europa, en algunos puntos del S de Turquía y en la isla de Rodas.



Los que siguen regularmente este blog ya sabrán que la creación de uno o de varios bosques pliocénicos en la Península es un sueño que persigo desde hace bastante tiempo (Sueño pliocénico). Un sueño difícil de realizar, sin embargo, a tenor de las fuertes reticencias que despierta la idea de introducir especies exóticas en nuestro páis y el hecho de no haber nacido en el seno de alguna familia que poseyera algún terreno que se pudiese dedicar a estos menesteres. Pero un sueño que alimento presentando en este blog las distintas especies que convivían en nuestros bosques a finales del terciario. Quien sabe, igual a alguien le seduzca la idea y si mi blog puede servir, muy humildemente, para guiar los esfuerzos de alguna persona interesada en realizar un proyecto similar, ya habrá valido la pena perder el tiempo en escribirlo. Lo más parecido a lo que planteo, por ahora es el jardín del Príncipe de Aranjuez, que es ya una buena muestra de la diversidad de los bosques aluviales y de ribera del Plioceno (Taxodium, Platanus, Liquidambar, Carya).



Vista del Estanque de los Chinescos, en eñ Jardín del Príncipe de Aranjuez, con uno de los dos ahuehuetes gigantes que crecen en su orilla.



En otros países europeos la idea ya se está llevando a cabo en al menos dos localidades. La primera de ellas corresponde a un proyecto llevado a cabo por un grupo del Museo de Ipswich llamado "GeoSuffolk", que se dedica a "promover la comprensión y la apreciación del paisaje y la geología de Suffolk". A proximidad de uno de los mejores afloramientos del "Coralline Crag", un depósito de edad pliocénica, ese grupo está plantando en un terreno privado buena parte de las especies identificadas en el análisis palinológico de ese depósito sedimentario. Una descripción de ese bosque se puede leer en la página web del grupo dedicada a este proyecto (Pliocene Forest). De esa página tomo prestada la fotografía que muestro a continuación, en la que se puede ver el aspecto actual de ese pequeño bosque incipiente.



Otro proyecto similar surgió en circunstancias parecidas en la antigua RDA. En las minas de lignito a cielo abierto de la Baja Lusacia, en efecto, se encontraron numerosos fósiles de plantas del Mioceno que se conservaron en el antiguo Museo de la Naturaleza y el Medio Ambiente de Cottbus. La Asociación de Ciencias Naturales de la Baja Lusacia, en cooperación con Gartenschau GmbH Cottbus se ha propuesto reconstituir un bosque de aquella época en uno de los parques de la ciudad (Spreeauenpark), basándose en los fósiles encontrados en esos depósitos. Una breve descripción se puede leer en esta página de la propia asociación.



Los bosques pliocénicos que planteo crear aquí en España tendrían en realidad una doble finalidad. La primera es similar a la de los dos proyectos que hemos descrito y sería la de hacer descubrir al público interesado las especies vegetales que poblaban nuestra geografía a finales del Terciario (Plioceno). La segunda es la de establecer pequeños arboretos en los que se pueda estudiar el crecimiento de esas especies "paleoautóctonas" en condiciones climáticas cambiantes y que esos arboretos puedan servir, llegado el caso, de bancos de semillas si se demostrase que alguna de estas especies se pudiese utilizar a otra escala y con otros fines (como especie forestal). La diversidad de las condiciones climáticas de la Península invita, de todos modos, más bien a pensar en un proyecto llevado a cabo en distintas localidades y en distintos tipos de ecosistemas. O sea, establecer una pequeña red de arboretos que refleje de alguna manera la diversidad de medios que ya existía en aquella época en nuestro país. Aunque esta idea de crear pequeños bosques pliocénicos va un paso más allá al "rescatar" especies y géneros hoy en día desaparecidos de nuestra geografía, en realidad se inscribe en la necesidad de tomar en cuenta el cambio climático en nuestra política forestal y la urgente necesidad de estudiar y testear cuales serán las especies y/o variedades mejor adapatadas a cada territoriio en un futuro no muy lejano.



El arboreto de Lourizán, además de su famoso parque, posee también terrenos en los que un proyecto conjunto de 4 países de la fachada atlántica se está llevando a cabo para conocer la respuesta y determinar las posibles especies a emplear en el futuro. / ARBORETO REINFFORCE



Aunque nunca han dejado de existir (ver ejemplo de Lourizán), creo que sería una sana idea la de rescatar esas plantaciones experimentales que hicieron los ingenieros forestales a partir del siglo XIX para testear las posibilidades de las distintas especies y variedades tanto indígenas como exóticas. Algunas de esas plantaciones se han convertido, con el tiempo, en arboretos. Otras quedaron más o menos abandonadas. Pero todas, creo yo, nos enseñaron algo acerca de esas especies. De no haber sido por la iniciativa de algún ingeniero forestal algo curioso (algunos dirían que loco), ¿ quién se atrevería a decir hoy que el Sistema Central tiene un clima ideal para acoger la secuoya gigante (Secuoyas en la Sierra de Guadarrama)? Cualquier iniciativa orientada a la preservación de nuestra riqueza biológica y a mitigar los efectos del cambio climático debería, creo yo, ser apoyada con valentía y con decisión. Este país y este continente necesitan del establecimiento de una tupida red de arboretos en los que las distintas especies (no solamente arbóreas, sea dicho de paso) puedan ir "moviéndose" hasta encontrar los lugares más favorables para cada una de ellas. Aunque la ciencia pura y dura tenga mucho que decir para orientar este tipo de proyectos, creo importante también que estos proyectos dejen la puerta abierta a la experimentación, con su parte de éxito y de fracaso. De esas experiencias se nutre la ciencia "empírica" y también el entusiasmo de quienes llevan a cabo este tipo de proyectos sin escatimar medios y tiempo.

Grosso modo, estas son las especies "paleoautóctonas" que se podrían considerar en un tal proyecto (además de las nativas, por supuesto, que se pretende proteger aumentando la resiliencia de los actuales bosques gracias a la introducción de especies más termófilas):



Zonas pantanosas

Taxodium distichum, Glyptostrobus pensislis, Nyssa aquatica, Quercus palustris, Myrica, Sapotaceae

Se trata de un tipo de ecosistema que desapareció por completo del continente europeo durante las glaciaciones. Su ausencia actualmente se debe más a la imposibilidad que tenían esas especie para efectuar un regreso que a razones estríctamente climáticas, ya que una especie como el ciprés de los pantanos es perfectamente capaz de soportar temperaturas muy bajas en invierno.



Manglares

Avicennia

Las heladas ocasionales por debajo de -4 grados son aparentemente el factor limitante en la repartici´ón del mangle negro, que en Estados Unidos alcanza el norte de Florida. Es muy probable que las condiciones climáticas ya estén reunidas en muchos puntos del S de Europa para que regrese esa especie y este tipo de vegtación ().



Bosques de ribera y aluviales

Taxodium mucronatum, Carya illinoinensis, Nyssa chinensis, Pterocarya fraxinifolia, Platanus orientalis, Liquidambar orientalis, Symplocos sp.

Los bosques de ribera y aluviales eran infinitamente más ricos antes de las glaciaciones y muchas de esas especies lograron sobrevivir bastante tiempo antes de desaparecer total o parcialmente del continente europeo. En el delta del Emba (Mar Caspio, Kazajistán), muchos de esos géneros (Nyssa, Carya) alcanzaron el Holoceno. Platanus y Liquidambar lograron sobrevivir hasta nuestros día en el E de la Cuenca Mediterránea. A estas especies hay que añadir el hecho de que muchas especies de los bosques caducifolios de hoja ancha y mixtos a menudo encentran en estos bosques aluviales un refugio durante los periodos menos favorables.



Vegetación esclerófila o xerófila de zonas muy secas

Argania spinosa, Acacia sp., Prospis sp., Tetraclinis articulata, Cupressus atlantica

Durante buena parte del Mioceno y del Plioceno, el clima en muchas regiones de la Península fue mucho más seco que el actual. Se desarrolló en amplias zonas una vegetación tipo sabana e incluso subdesértica en las que muchas especies adaptadas al calor y a la sequía estuvieron presentes. Muy pocas lograron sobrevivir en el continente europeo pero tienen, claramente, un gran porvenir en él visto lo visto...



Bosques submediterráneos

Ostrya carpinifolia, Carpinus orientalis, Quercus cerris, Cupressus sempervirens, Ginkgo biloba, Platycladus orientalis

Comparados con sus equivalentes orientales, nuestros bosques submediterráneos han sufrido un claro empobrecimiento, dominando en ellos por lo general una única especie. La mayoría de esas especies tuvieron antes de las glaciaciones un área de distribución circunmediterránea. Se incluye en este grupo, tentativamente, dos especies como Ginkgo biloba y Platycladus orientalis, que tienen una relativa buena resistencia a la sequía.



Bosques caducifolios de hoja ancha y mixtos

Liriodendron tulipifera, Aesculus hippocastanum, Carya sp., Zelkova carpinifolia, Parrotia persica, Quercus castaneifolia, Cephalotaxus sp. Cyclocarya paliurus, Eucommia ulmoides, Ginkgo biloba, Torreya sp., Phellodendron sp., Alangium sp., Catalpa

El número de taxones en este tipo de bosques era elevadísmo a finales del Terciario.



Bosques perennifolios de hojas anchas y mixtos

Ocotea foetens, Persea indica, Sassafras sp., Quercus canariensis, Cinnamomum glanduloides, Trachycarpus fortunei, Keteleeria sp., Cephalotaxus fortunei, Cryptomeria japonica, Pseudotsuga sinensis, Cunninghamia sp., Calocedrus sp., Engelhardtis spicata, Altingia, Podocarpus

Este tipo de ecossitema está restringido actualmente a escasas localidades y, claro está, a las islas macaronésicas. Este tipo de bosque podría hacer su aparición en cuotas bajas en buena parte de la fachada atlántica y a lo largo de los Pirineos. El primer síntoma de su aparición es la naturalización en algunas regiones (N de Italia y S de SUiza) de especies de hojas lauroides.



Bosques mixtos de coníferas (zonas montañosas)

Cedrus atlantica, Abies pinsapo, Tsuga sp., Cathaya argyrophylla, Sciadopitys verticillata, Picea sp., Larix decidua, Sequoiadendron giganteum, Sequoia sempervirens, Pseudotsuga menziesii



Hace un par de años, el alcalde de un municipio de La Coruña (Teo) solicitó a la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural la inclusión de todas las especies de eucalipto en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, así como quien pide una lubina en la pescadería. Nada nuevo bajo el sol. De la misma manera lograron SEO Birdlife y Ecologistas en Acción incluir al arrui (Ammotragus lervia) en ese mismo catálogo, desencadenando una vergonzosa masacre que probablemente traerá consecuencias jurídicas para España, al incumplirse todas las leyes internacionales que protegen esa especie. A título de comparación, basta con decir que en Alemania está prohibido cazar al ñandú (¿ Qué hace un ave como tú en un lugar como éste ?), por estar protegido por esas mismas leyes internacionales que nosostros nos pasamos por el forro. Las comparaciones son odiosas, me diréis. Sobre todo para los que quedamos mal, añadiría yo...



Frutos capsulares de Eucalyptus globulus, fotografiados en el Parque del Retiro (Madrid) tras la caída de unas ramas debido a una tormenta.



¿Son pues los eucaliptos unas temibles especies invasoras o estamos nuevamente haciendo el ridículo obviando las evidencias de campo y la opinión de los especialistas? El poder de los grupos ecologistas ha alcanzado tal grado en España que sus opiniones pesan hoy mucho más que la opinión de los propios científicos. Que se lo digan sino al señor Cassinello, nuestro máximo especialista en arruis, al que nadie hizo caso a la hora de decidir si la inclusión del arrui en el catálogo español de especies invasoras se justificaba de alguna manera. ¿No estará pasando de nuevo lo mismo con los eucaliptos? Por el momento tanto el gobierno como los distintos gobiernos regionales se han opuesto rotundamente a que se incluyan las distintas especies de eucaliptos en ese catálogo pero el caso está ahora mismo en los tribunales, que no es precisamente el lugar más indicado para dirimir esta cuestión, creo yo...

¿Qué es una especie invasora?

Declarar que una especie es invasora, a día de hoy, supone que se cumplan tres requisitos:

1) La especie llegó a nuestro territorio de la mano del hombre y no estuvo presente en nuestro territorio en tiempos históricos.

2) La especie muestra una clara tendencia a expandirse de forma natural.

3) La especie supone un peligro para las especies autóctonas con las que compite.

De estos 3 puntos, en realidad tan solo se cumple el primero en el caso de los eucaliptos:

1) La especie llegó a nuestro territorio de la mano del hombre y no estuvo presente en nuestro territorio en tiempos históricos: los eucaliptos, en efecto, son originarios de Australia y no estuvieron presentes en Europa en tiempos históricos.

2) La especie muestra una clara tendencia a expandirse de forma natural: ¿Es eso cierto en el caso de los eucaliptos? ¿Se puede comparar la situación del eucalipto con la del olmo de Siberia, por ejemplo, que crece espontáneamente por doquier gracias a la dispersión por el viento de sus semillas? Se acusa al eucalipto de ocupar vastas extensiones de territorio pero su propagación se debe en realidad a que el hombre lo ha plantado. Fuera de las áreas en las que estas especies se cultivan, es excesivamente raro ver eucaliptos nacer a cierta distancia de las plantaciones realizadas por el hombre.

3) La especie supone un peligro para las especies autóctonas con las que compite; Se acusa repetidamente a los eucaliptos de competir con las especies autóctonas de Quercus. Ahora bien, que yo sepa, ninguna de esas especies está en peligro de extinción y que yo sepa el eucalipto no está invadiendo espontáneamente y masivamente los bosques autóctonos en ninguna región. Muy al contrario, como puede verse en eucaliptales maduros, es el bosque autóctono el que se inmiscuye poca a poco en las plantaciones de eucaliptos.

En base a todo esto, la declaración de las especies de eucaliptos como invasoras claramente no se sostiene. Si no lo es el olmo de Siberia, que prolifera por doquier y se hibrida con el olmo común, que está prácticamente condenado a desaparecer, difícilmente se podría considerar como tales a los eucaliptos, ausentes de buena parte del territorio e incapaces de colonizar por sí mismos territorios alejados. Y por tiempo no será, ya que llevamos más de siglo y medio conviviendo con ellos.

Comparando lo incomparable

El empeño en demostrar los impactos negativos del eucalipto ha llevado algunas personas a hacer comparaciones arriesgadas, por no decir odiosas. En un estudio reciente publicado por la Universidad de Santiago de Compostela [1], los autores compararon la biodiversidad de varias plantaciones puras de eucalipto de entre 16 y 25 años con la de varios restos aislados del robledal atlántico, cuya edad, lógicamente debía ser mucho mayor. El resultado del estudio no tiene nada de sorprendente: la diversidad de aves y de plantas es sensiblemente superior en los viejos robledales. ¿Demuestra esto que el eucalipto es deletéreo para la biodiversidad? Otros gallos cantarían, supongo, si hubiesen comparado la biodiversidad de esos bosques con la de un eucaliptal maduro como el del Souto da Retorta (El bosque imposible). Como todos las árboles, los eucaliptos también envejecen y mueren, proporcionando entonces oportunidades a muchas especies lógicamente ausentes en plantaciones jóvenes. Es de esperar que tales artículos y tales tipos de comparaciones no sean las que sirven de base argumental a aquellos que acusan al eucalipto de ser una especie de monstruo vegetal. Como mínimo se requiere seriedad a la hora de "juzgar" los impactos positivos o negativos de una especie.





Afán productivista

Creo que no se ha repetido las suficientes veces algo que me parece fundamental y que debería quedar grabado en las mentes de todos: el problema no es el eucalipto en sí, por mucho que algunos intenten demonizarlo, sino lo que se hace con él. A la hora de valorar las actuaciones llevadas a cabo en los montes en los que se han plantado eucaliptos, no hay que perder de vista que el eucalipto es, en la inmensa mayoría de los casos, un cultivo del que los propietarios de montes esperan un máximo rendimiento. Su afán es ganar dinero y nada más. Consecuencia de ello, los eucaliptos se han plantado con unas densidades que poco tienen que ver con las de un bosque natural. Se hubiesen realizado estas plantaciones en las mismas condiciones con algún tipo de especie autóctona, el resultado probablemente hubiese sido el mismo (sotobosque muy empobrecido, alto consumo de agua, etc).



El eucalipto (Eucalyptus globulus) se ha plantado masivamente en toda la fachada atlántica de la Península Ibérica con fines esencialmente productivistas. / Fotografía: José Antonio Gil Martínez / Licencia: CC BY



Abandono del campo

Aunque el eucalipto es un árbol de rápido crecimiento que puede ser recolectado tras un periodo de espera relativamente breve, muchos eucaliptales han quedado totalmente abandonados a su suerte y se han convertido en auténticas bombas de relojería. Al no cuidar de ellos sus dueños y al crecer bajo los eucaliptos un abundante sotobosque (otra paradoja difícil de explicar si consideramos que tienen razón los que afirman que el eucalipto mata las demás especies), se convierten esas plantaciones descuidadas en auténticas teas muy susceptibles de inflamarse. Es importante notar aquí que en las plantaciones de eucaliptos cuidadosamente entretenidas, el riesgo de incendio es muy bajo. La manera en que se plantean esas plantaciones desempeña pues un papel fundamental en el devenir de los montes en los que se desarrollan esas actuaciones.

Obviando las evidencias

La tentativa de los grupos ecologistas de declarar los eucaliptos como especies exóticas invasoras se basa en creencias y temores que no han resultado tener mucho fundamento. Les aconsejo, para hacerse una idea de ello, que lean la tésis de José Miguel Alonso Boo, en la que se rebaten 10 de los grandes mitos acerca del eucalipto (2). Uno de los argumentos más repetidos en contra de los eucaliptos es el de su alelopatía que supuestamente impediría la instalación de cualquier planta bajo un eucalipto. Un estudio reciente [3] ha demostrado que la supuesta alelopatía de Eucalyptus globulus no influía para nada en el crecimiento de 6 especies de plantas nativas relevantes de California (una de ellas un Quercus). No hacía falta irse muy lejos, sin embargo, para llegar a la misma conclusión. Quien haya visitado el Souto da Retorta sabrá que los eucaliptos y el bosque autóctono conviven sin ningún tipo de conflicto aparente. Ya lo comentábamos antes, la mayoría de las plantaciones de eucaliptos son jóvenes y muy densas y eso condiciona mucho la respuesta de la vegetación autóctona.



The picture, incidentally, shows Pacific Reed Grass – a native plant – growing under eucalyptus. It’s often found growing under eucalyptus because the water precipitated from the fog provides its preferred growing conditions.



Sin embargo, allá donde existen grupos de eucaliptos de cierta edad, cambia por completo la percepción que tenemos de ellos. Llama particularmente la atención, por ejemplo, que algunas especies de picos ya establezcan sus nido en viejos eucaliptos. El caso más sonado, sin embargo, es el de las rapaces, que hacen un uso masivo y casi exclusivo de los viejos eucaliptos para establecer sus nidos (4). Tanto es así que en alguna regiones como la isla de Cortegada (Cortegada, ¿ paraíso perdido o nuevo edén ?) se vieron obligados a suspender sus planes de erradicación de los eucaliptos. Queramos o no, los eucaliptos ya forman parte de la red de interacciones de nuestros ecosistemas y puede que su total eliminación traiga más inconvenientes que reales ventajas.



Nido de picamederos negro en un eucalipto en Cantabria (Picamaderos negro criando en eucalipto).



Un aliado ante el cambio climático

Las previsiones más optimistas de los climatólogos tablan ya con una subida de la tempertaura media global de más de 2 grados (Obstinados en hallar la cuadratura del círculo). Las más realistas sitúan el alza de la temperatura media global alrededor de 4 grados. Esto significa en la Península Ibérica una subida de la temperatura media de entre 8 y 12 grados. Esto significa que a finales de siglo, buena parte de la Península Ibérica gozará de un clima que podemos sin lugar a dudas calificar de subtropical. A nadie se le escapa, ante tales previsiones, que son pocas las especies adaptadas a tales condiciones. Las frondosas de nuestros bosques norteños probablemente no vayan a aguantar tal subida de temperatura. Pero sí sabemos, en cambio, que una especie como el eucalipto (Eucalyptus globulus), ampliamente cultivada en zonas de clima subtropical como el S de Brasil, lo va a aguantar sin problemas.



This work generated 20 million Gigabytes (20 Petabytes) of data after 500 million hours of calculation by French supercomputers. 20 centres for climate modelisation are involved worldwide in this 6th edition of Coupled model intercomparison project (CIMP6). CIMP aims at understanding better past, present and future climate changes induced by natural and/or human forcing. Global results from this 6th CMIP will be given in the IPCC report in 2020/2021.



Renunciar al eucalipto y apostarlo todo por unas especies que el cambio climático condena a migrar hacia zonas más favorables parece una decisión muy arriesgada que tan solo los grupos ecologistas que niegan la realidad del cambio climático son capaces de tomar (Negacionismo verde). Yo, muy al contrario de lo que se afirma acerca del eucalipto, veo a esa especie como una oportunidad. Es, a día de hoy, la especie que más posibilidades tiene de aguantar las consecuencias del cambio climático y, como tal, podría desempeñar un papel clave para aumentar la resiliencia del bosque atlántico, al servir de cobijo a las demás especies, retrasando así su desaparición de amplias zonas. Otros prefieren confiar en la supuesta "resiliencia" del bosque autóctono pero me temo que el futuro nos tiene reservado malas sorpresas y que algún día una mortandad masiva de robles nos dejará, de nuevo, sin bosques.



Allá donde algunos ven un terreno "deseucaliptizado" y listo para ser repoblado con especies autóctonas yo veo un terreno desarbolado y expuesto a la erosión. ¿No se hubiesen podido dejar unos cuantos eucaliptos para proteger el suelo y los pequeños plantones de robles? Sin esa protección, es probable que el bosque autóctono tarde mucho más en desrrollarse. Con un enemigo como el cambio climático pisándonos los talones, puede que algún día nos arrepintamos de no haber sido más pragmáticos y menos puristas... / Fotografía: La Voz de Galicia



Los eucaliptos son una oportunidad. Pueden ayudarnos a salvar nuestros bosques autóctonos mitigando los peores efectos del cambio climático. Pensar que recuperaremos nuestros bosques autóctonos simplemente "deseucaliptizando" nuestros montes es una idea absurda y supone echar a perder unas décadas cruciales que con el cambio climático probablemente acabaremos echando mucho de menos. A todos los deseucaliptizadores lanzo un reto: haced lo que queráis en un monte pero en el vecino, en vez de eliminar todos los eucaliptos, haced simplemente un aclareo y plantad árboles autóctonos entre los eucaliptos que permanezcan. ¿En cual de los dos montes se recuperará antes el bosque autóctono? ¿Y cuál de esos montes resistirá mejor los efectos del calentamiento global si la temperatura sigue subiendo irremediablemente? Una vocecita interior me dice a mí que posiblemente los robles plantados en esos terrenos desnudos ni tan siquiera alcancen la edad adulta...



[1] Santiago Bas López , José Guitián Rivera & Mar Sobral (2018) / Biodiversidad en plantaciones de eucalipto y en robledales del sur de Galicia: plantas y aves / Nova Acta Científica Compostelana (Bioloxía), 25: 71-81
[2] José Miguel Alonso Boo (2012) / La mala prensa del eucalipto / Tésis presentada en la Universidad de Vigo / Director de tésis: Enrique Valero Gutiérrez del Olmo
[3] Kristen Marie Nelson (2016) / Evaluating the Myth of Allelopathy in California Blue Gum Plantations / A Thesis presented to the Faculty of California Polytechnic State University, San Luis Obispo
[4] Martínez-Hesterkamp S, Rebollo S, Pérez-Camacho L, García-Salgado G, Fernández-Pereira JM (2018) Assessing the ability of novel ecosystems to support animal wildlife through analysis of diurnal raptor territoriality. PLoS ONE 13(10): e0205799. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0205799



Actualización 05/05/2020

Os copio aquí el enlace a un artículo de la web CANARIAS ACTUALIDAD, que ilustra perfectamente lo que planteo en este artículo.



El Cabildo de Gran Canaria sustituye 305 eucaliptos por laurisilva

Lo interesante de esta iniciativa es que toma exactamente la vía opuesta a la de las brigadas deseucaliptizadoras de Galicia, al preservar parte de los eucaliptos para evitar la erosión del suelo y hacer sombra a los arbolitos de laurisilva que se van a plantar en este lugar. Actuando de esta manera mucho más pragmática, se convierte al eucalipto en nuestro mejor aliado para la recuperación del bosque autóctono sin caer en la tentación del todo o nada, que en algunos lugares de Galicia, con el cambio climático, puede que finalmente acabe siendo un muy mal cálculo. Como mínimo, se trata de un retroceso que se tardará décadas en compensar. Si es que, como ya hemos dicho, el cambio climático lo permite. Puede que al final lo que se obtenga sea un bonito bosque de acacias...

Se acaba la enésima cumbre del clima y un sentimiento de pesimismo me invade al constatar el enorme foso que separa la realidad de los hechos de los bellos discursos que los políticos suelen pronunciar en ellas. Se podría pensar que los ecologistas y demás "activistas del clima" son más conscientes de la realidad pero como ya tuve ocasión de contar en un reciente artículo (Negacionismo verde), esos colectivos distan mucho de haber realmente interiorizado el mensaje de los climatólogos. A poco que uno empiece a hablar de las consecuencias que tendrá el cambio climático y de lo que esto implica en la gestión del medio ambiente, aflora de repente ese "negacionismo verde" al que me refería en aquél artículo...





Evolución del consumo energético mundial según la AAPG (American Association of Petroleum Geologists). Como se puede ver, carbón, petróleo y gas siguen siendo con mucha diferencia las principales fuentes de energía y su consumo no ha dejado de aumentar. la escala vertical corresponde a millones de toneladas equivalentes de petróleo.



El gráfico que se muestra aquí nos muestra lo alejados que estamos del objetivo de alcanzar un mundo "descarbonizado". No solamente los hidrocarburos (carbón, petróleo y gas) siguen siendo nuestra principal fuente de energía, sino que su consumo no ha parado de crecer. El artículo del que he tomado prestado este gráfico no se anda por las ramas: la AAPG prevé que en 2040, los hidrocarburos deberían representar aún cerca del 80% de las fuentes de energías utilizadas. Comparad esas previsiones con los bellos discursos de algunos políticos, que hablan de cero emisiones de CO2 en fechas más cercanas y os daréis inmediatamente cuenta que algo no cuadra. Mi sensación es que los políticos pecan de optimistas. A ver como reemplazas de golpe (o casi de golpe) ese 80% de energías fósiles. Más teniendo en cuenta que muchos de los países más contaminantes no tienen ni la tecnología ni los medios económicos para asumir ese gran reto tecnológico.





This work generated 20 million Gigabytes (20 Petabytes) of data after 500 million hours of calculation by French supercomputers. 20 centres for climate modelisation are involved worldwide in this 6th edition of Coupled model intercomparison project (CIMP6). CIMP aims at understanding better past, present and future climate changes induced by natural and/or human forcing. Global results from this 6th CMIP will be given in the IPCC report in 2020/2021.



Consecuencia del incremento continuo del nivel de CO2 en la atmósfera, la temperatura media global seguirá subiendo. Hasta qué nivel lo hará dependerá, evidentemente, de las medidas que tomemos para limitar las emisiones de CO2. El modelo más reciente calculado (6th edition of Coupled model intercomparison project), sin embargo, no invita precisamente al optimismo. Ese modelo muestra que incluso si lográramos empezar a disminuir el consumo de hidrocarburos a partir de 2020 (curva verde), la temperatura media se estabilizaría alrededor de un valor que supera el famoso límite de 2 grados que los climatólogos aconsejan no superar. Y como hemos visto anteriormente, es absolutamente imposible que ese escenario optimista se realice. Siendo realistas y no demasiado pesimistas (la curva rosa muestra la evolución de la temperatura si no hiciéramos absolutamente nada), lo más probable es que la temperatura siga un camino intermedio (curvas de color marrón y malva), lo que nos lleva a un incremento de 4 a 5 grados.





Evolución de la temperatura media durante el terciario.



4 a 5 grados más que en los tiempos "pre-industriales" es, como ya vimos en otro artículo, el nivel de temperatura a comienzos del Plioceno. Hay que destacar aquí que ese nivel de temperatura se alcanzó con un nivel de CO2 similar o a penas superior al actual y es por lo tanto posible pensar que los modelos subestimen algo el alza de temperatura que cabe esperar. Este es, a todas luces, el escenario más probable y cualquier proyecto y decisión que se tome hoy debería tenerlo en cuenta. Ignorarlo o decir que "aún hay muchas incertidumbres" puede llevarnos a tomar decisiones muy desacertadas. Y aquí es donde vuelvo a hablaros de ecología y de gestión medioambiental. Porque una subida de 4 a 5 grados de la temperatura media global, en la Península Ibérica significa un aumento 2 a 3 veces superior. En Madrid, donde las temperaturas han subido casi el triple que a nivel mundial, estaríamos hablando de una subida de la temperatura media anual a final de siglo de entre 12 y 15 grados. Esto corresponde a una subida potencial de los pisos de vegetación de al menos 1200 metros. Creo que no hace falta ser un genio para entender que si esto se realiza (y es el escenario más probable), cabe esperar cambios drásticos en la repartición de los seres vivos que pueblan la Península. Ante un tal panorama, siento mucho tener que decirlo tan claramente, me entra la risa floja cuando escucho o leo a personas que recomiendan plantar únicamente árboles provenientes del mismo lugar por ser "los mejor adaptados a las condiciones del lugar". En realidad, sí, lo eran hace 50 años, antes de que se iniciase ese rápido y gran incremento de temperatura que se marca por igual por todo el planeta...



Emili J. Martínez @Lo_Gandalf 11. feb. Mere #Arboleda #singular "Pinsapar de #Orcajo". Un singularidad forestal en #Aragón.



A estas alturas del siglo XXI y sabiendo ya con meridiana claridad lo que nos espera, cabe preguntarse porqué aún no se diseñado un plan urgente para plantar pinsapos (Abies pinsapo) en las sierras del centro y del norte de la Península. Si algo inesperado y grave ocurriera en los dos núcleos andaluces de esa especie, podríamos hablar prácticamente de la extinción de esa especie. Afortunadamente, a un ingeniero forestal inteligente se le ocurrió plantar pinsapos en el Sistema Ibérico (Orcajo, Zaragoza) y ya tenemos un pequeño núcleo de población más al norte, aunque en condiciones muy particulares. Esta especie se debería plantar en muchos otros sitios si pretendemos salvarla de la extinción. Y lo siento mucho por aquellos que piensan que el pinsapo es una especie exótica en su región. En tiempos en los que los grandes biomas podrían desplazarse más de 1000 kilómetros hacia el norte, considerar exótica una especie que crece unos cuantos cientos de kilómetros más al sur es de necios.

El mismo tipo de razonamiento aplica para otras muchas especies. No se entiende, por ejemplo, que un proyecto Life se gaste un dineral en mantener el araar (Tetraclinis articulata) en las colinas que rodean Cartagena habiendo ya tantísimas evidencias de que esa especie crece mucho mejor en otras regiones (la Comunidad Valenciana en particular). ¿Qué sentido tiene querer mantener a toda costa una población que tal vez esté condenada por el cambio climático? Y no hablemos ya de aquellas regiones en las que, simple y llanamente, no hay especies autóctonas adaptadas al clima del futuro. Existen alternativas pero se trata de especies "exóticas". ¿Antes el desierto a que se instale cualquier especie exótica? Ya sé que es muy español aquello de "Viva la Muerte" pero que le vamos a hacer, a mí me gustan los árboles y prefiero ver acacias, algarrobos, cipreses del Atlas y arganes (por no citar especies aún más exóticas pero no menos bienvenidas) cubrir nuestro montes antes que verlos convertidos en desierto.



Lamentablemente, parece que los ecologistas en este país aún siguen empeñados en hallar la cuadratura del círculo, convencidos de que nuestros ecosistemas son resilientes y que nuestras maravillosas especies autóctonas serán capaces de adaptarse a los cambios venideros. Me temo, una vez más, que eso es hacer poco caso de lo que sabemos del pasado. Si algo nos ha aprendido la paleobotánica es precisamente lo contrario: las especies huyeron ante los glaciares y recorrieron miles de kilómetros hasta encontrar lugares que les fueran favorables. Creer que por algún milagro las especies de nuestra flora serán ahora capaces de adaptarse en poco más de un siglo, cuando no lo hicieron en cientos de miles de años es, creo yo, otra manifestación de ese negacionismo verde que tanto me asusta de cara al futuro.

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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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