Crónicas de un mundo en mutación


El cambio climático ya es una realidad que promete modificar profundamente nuestros paisajes, nuestra flora y nuestra fauna.
El pasado es una ventana que nos permite intuir cómo será ese futuro que os propongo descubrir.

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El Parque Forestal de Monsanto en Lisboa, visto desde uno de los miradores del parque. Justo detrás se puede ver el estuario del río Tajo


La llegada de especies exóticas y su posterior naturalización se suelen casi siempre ver como un grave problema para la biodiversidad, asumiendo siempre los biólogos que si una especie tiene éxito y aumenta sus poblaciones de forma descontrolada, lo hará siempre en detrimiento de la biodiversidad local. Esta manera de ver las cosas constituye la base de lo que llamamos la "biología de las invasiones", una rama de la biología en la que no caben las medias tintas. Para los "invasionistas" solo existen dos tipos de especies exóticas: las invasoras y las que no lo son aún. Para ellos, una buena especie exótica es la que se ha logrado erradicar. El esquemita que reproduzco a continuación ilustra bien ese modo de pensar. En él se puede ver que tras un periodo de aclimatación más o menos largo, la población de la especie exótica de repente crece desmesuradamente, suplantando por completo y de forma definitiva las especies locales.



Este gráfico, muy discutible, sugiere pues dos cosas que, sin embargo, casi nunca se verifican cuando se examina la evolución de las poblaciones durante un tiempo suficiente largo: la primera es que cualquier especie exótica puede algún día convertirse en invasora y la segunda es que una vez que la invasión empieza, ya no hay vuelta atrás. Una visión muy pesimista de la realidad que puede hacer pensar a muchos que esta es una especie de Guerra de los Mundos en la que los invasores son temibles seres invencibles muy superiores a las pobres e indefensas especies autóctonas. Nada más lejos de la realidad, sin embargo...

La naturalización y expansión de las especies exóticas no se debe casi nunca (al menos en las zonas continentales) a las supuestas ventajas competitivas en las que insisten tanto los libros que describen las especies invasoras. Como cualquier otra especie sobre la tierra, estas especies tienen sus preferencias y solo crecen allá donde las condiciones les favorecen. Su proliferación es pues consecuencia de que encuentran en los medios en los que han sido introducidas unas condiciones que les son favorables, lo que unido a que muchas veces ninguna especie autóctona esté "disponible" dé la impresión que esa especie está descontrolada. Si los olmos de Siberia y los ailantos se instalan en los terrenos removidos que rodean nuestras ciudades, es porque son los únicos capaces de hacerlo.

¿Y qué pasa una vez que la especie invasora se ha expandido y asentado? ¿Es verdad que las especies exóticas invasoras acaban imponiéndose sin remedio y eliminando la flora y fauna local? ¿Acaso no se establecen relaciones entre estas especies y las que ya estaban presentes, por mucho que no hayan coevolucionado con las especies locales? Este argumento de la coevolución, sea dicho de paso, es una auténtica trampa para ingénuos. Pongamos el ejemplo del ailanto. Como bien sabréis, se trata de una especie entomófila que no podría reproducirse sin la ayuda de los insectos. Pues bien, que las especies autóctonas no hayan "coevolucinado" con el ailanto no impide que este se reproduzca. Su relación con los insectos locales es en realidad todo un éxito. Tanto que desde hace unos años, las mieles de ailanto ganan premios en los concursos organizados por los productores de mieles del S de Europa. Consecuencia de la coevolución entre los insectos y las especies con flores... ¿Y qué pasa cuando germina una semilla de ailanto? Pues algo muy parecido: establece de inmediato una relación de amistad con los hongos y bacterias del suelo y se forman micorrizas. Poco les importa a estos microorganismos el lejano origen del ailanto. O sea, que de no ser por la coevolución, no habría ailantos...


Flores del ailanto.


Pues bien, desde el convencimiento de que las cosas no son para nada como las pintan los biólogos "invasionistas" me pregunto yo si acaso no existen ejemplos que nos demuestren que estas especies exóticas e invasoras no se llevan tan mal con nuestra flora y fauna local. Para convenceros de ello, hoy os invito a un pequeño paseo virtual por uno de los mayores parques urbanos de Europa: el Parque de Monsanto en Lisboa. Totalmente desprovisto de árboles en la primera mitad del siglo XX, fue repoblado con distintas especies tanto autóctonas como exóticas. Lo interesante de este parque es que se ha dejado crecer más o menos sin ninguna intervención durante décadas y eso nos permite hoy hacernos una idea bastante buena de como se llevan estas especies exóticas con las autóctonas. La primera sensación al contemplar los paisajes de este parque es que se ha desarrollado en muchas áreas un bosque mixto mucho más rico que lo que cabría esperar en un bosque supuestamente "infestado" de especies exóticas.


Bosque mixto. Parque Monsanto, Lisboa. Fotografía: João Ferro.


Uno de los fenómenos en los que se suele insistir mucho en los libros sobre invasoras es su capacidad de eliminar toda competencia por métodos "químicos", al liberar sus hojas en descomposición sustancias alelopáticas que inhiben la germinación de muchas especies. Las especies más vilipendiadas desde ese punto de vista son los eucaliptos, de los que se han plantado distintas especies en el parque forestal de Monsanto. Como se puede ver en la fotografía a continuación, los eucaliptos no han tenido mucho éxito en su lucha contra las herbáceas. Y es que plantado en densidades bajas, ocurre con los eucaliptos todo lo contrario de lo que se nos suele contar: dejan pasar mucha luz y muchas especies herbáceas y arbustivas suelen crecer en el sotobosque. La facilidad con la que arden muchos eucaliptales no se debe en realidad a los propios eucaliptos sino a la acumulación de maleza en su sotobosque.


Eucalipto completamente cercado por una exuberante vegetación herbácea. Podemos reconocer al aro (Arum italicum) entre las especies herbáceas, que es un indicador de la evolución de suelos ricos en bases hacia el bosque debido a un exceso de MO de origen vegetal. Parque Monsanto, Lisboa. Fotografía: João Ferro.


El parque de Monsanto alberga formaciones boscosas muy diversas (ver mapa a continuación), que refleja bastante bien el caracter experimental que tuvieron las plantaciones realizadas. A esa diversidad de árboles plantados se tiene que añadir todas las especies exóticas que han ido haciendo su aparición y que parecían convivir sin demasiados problemas con las demás especies que se plantaron. Más de 140 especies de árboles y arbustos de porte alto fueron ensayadas en el parque. A continuación damos una pequeña lista de las especies que aún es posible ver en el parque (según el plan de Gestión Forestal del Parque)

Especies utilizadas en las distintas repoblaciones (ver mapa):

Pino piñonero (Pinus pinea) / pino salgareño (Pinus halepensis) / cipreses (Cupressus sempervirens, Hesperocyparis lusitanica y H. macrocarpa) / alcornoque (Quercus suber) / encina (Quercus rotundifolia) / quejigo (Quercus faginea) / roble (Quercus robur) / eucaliptos (Eucalyptus globulus, E. camaldulensis) / acacias (Acacia melanoxylon, A. longifolia. A karoo, A. dealbata, A. decurrens, A. retinoides, etc.) / pino canario (Pinus canariensis) / árbol de la vida (Platycladus orientalis) / olivo y acebuche (Olea europaea) / olmo común (Ulmus minor) / fresnos (Fraxinus angustifolia y Fraxinus ornus).

Especies más localizadas, en manchas o en bosques mixtos

acacia de tres espinas (Gleditschia triacanthus) / algarrobo (Ceratonia siliqua) / robinia (Robinia pseudacacia) / chopos (Populus nigra y P. x hybrida) / moreras (Morus nigra y M. alba) / árbol del amor (Cercis siliquatrum) / almendro (Prunus dulcis) / Pitosporo de bayas anaranjadas (Pittosporum undulatum) / aladierno (Rhamnus alaternus) / endrino (Prunus spinosa subsp. insititoides) / ailanto (Ailanthus altissima) / pimentero brasileño (Schinus terebenthifolia) / mioporo (Myoporum acuminatum) / arce negundo (Acer negundo) / naranjo de los Osages (Maclura pomífera.

Especies menos frecuentes que aparecen dispersas:

aliso (Alnus glutinosa) / árbol del paraíso (Eleagnus angustifolia) / nogal (Juglans regia) / castaño de Indias (Aesculus hipocastaneum) / molle (Schinus molle) / almez (Celtis australis) / palmera de las Canarias (Phoenix canariensis) / majuelo (Crataegus monogyna subsp. brevispina) / membrillero (Cydonia oblonga) / braquiquito (Brachychiton populneum) / catalpa (Catalpa bignonioides) / cedro del Atlas (Cedrus atlantica) / albizia (Albizzia lophanta) / casuarina (Casuarina equisetifolia) / roble australiano (Grevillea robusta) / otros eucaliptos (E. robusta, E. saligna. E. sideroxylon, E. viminalis, E. cornuta, E. citriodara, etc)




Caracterización general de las masas forestales (unidades de gestión). Plano de gestão florestal do Parque Florestal de Monsanto, Câmara Municipal de Lisboa, 2020.


La presencia de muchas de ellas, sin embargo, se ve hoy en día con malos ojos y ha llevado los gestores del parque a decidir su erradicación. El plano de gestión del parque, publicado en 2020, prevé la total erradicación de las especies consideradas como invasoras críticas (Acacia dealbata, Acacia longifolia, Ailanthus altissima, Pittosporum undulatum, Arundo donax, Fallopia baldschuanica, Ipomaea acuminata y Cortaderia selloana), la eliminación total o parcial de las invasoras que presentan un riesgo medio (demás especies de Acacia, Nicotiana glauca, Ricinus communis, Phytolacca americana, Albizzia lophanta) y el control de las que se consideran de bajo riesgo (Acer negundo, Robinia pseudacacia y Schinus terebenthifolius). Esta lucha no solamente es mecánica sino que se basa en el uso extensivo del glifosato, con todos los peligros que ello supone. E interesante notar, sea dicho de paso, que los eucaliptos no se consideran especies invasoras (ni tan siquiera de bajo riesgo). Por cierto, y por si os lo preguntábais, el parque no recibe ningún subsidio de Monsanto, es una simple coincidencia por mucho que hagan un uso intensivo de uno de sus productos estrella...

Además de erradicar o limitar las especies exóticas, el plan también prevé clarear las masas de pinos para ir sustituyéndolas por distintas especies de frondosas con la firme intención de favorecer el desarrollo de las especies mediterráneas autóctonas (como se puede ver, los pinos son y han sido siempre los mal amados de nuestra flora autóctona). De las especies exóticas inicialmente plantadas tan solo se salvan unas cuantas especies, entre ellas el pino canario, que ocupa una pequeña extensión pero que ha demostrado crecer perfectamente sobre el substrato basáltico de buena parte del parque. Los responsables del parque, siguiendo pues la moda de combatir las especies invasoras, han lanzado varias campañas de erradicación en las que no dudan en aplicar glifosato. Me parece una contradicción absoluta que en nombre de la protección de la naturaleza se haga uso de un veneno que debería estar prohibido. El resultado, de todos modos, no es casi nunca el esperado con una especie como el ailanto, por ejemplo, que más vale dejar crecer traquilita. La fotografía a continuación os muestra el abundantísimo rebrote del ailanto tras ser agredido. Un combate perdido, créanme. Mis vecino llevan ya 5-6 años intentando erradicar un ailanto en el seto que rodea el edificio, y cada año vuelve a brotar de nuevo desde sus raices...




Esto es lo que ocurre cuando cortas un ailanto: el año siguiente rebrota desde cualquier pedacito de raíz que haya quedado en el suelo. A no ser que cometas el crimen de contaminar todo el suelo con glifosato, la reacción del ailanto es imparable... Parque Monsanto, Lisboa. Fotografía: João Ferro.


En algunos sectores el parque presenta aún un aire "asalvajado" que es realmente parte de su encanto y medidas como la que se plantean podrían acabar transformándolo en una vasta zona ajardinada muy limpita y muy "decente" que podría perder para siempre ese carácter salvaje que ha sido el resultado de la despiadada competición de las especies entre ellas, alentada por un cambio climático que parece favorecer la expansión y el desarrollo de especies termófilas más competitivas. En su lugar se pretenden plantar las especies autóctonas "previsibles" en este lugar. Vamos, conservacionismo en el sentido más estricto de la palabra. Ante el desafío del cambio climático, refugiémonos en lo conocido, por mucho que eso forme parte de un pasado cada vez más remoto y desfasado. La idea de dejar crecer, que se aplicó durante muchas décadas era sin embargo la menos equivocada. Menos, en cualquier caso, que esa idea absolutamente loca de corregir la naturaleza, porque estimamos que no sabe lo que hace...

Un eucalipto y un alcornoque han decidido bailar juntos toda su vida, sin que el uno perjudique al otro... Parque Monsanto, Lisboa. Fotografía: João Ferro.


Pues nada, ya se verá si las autoridades del Parque lograrán o no llevar a cabo su gran plan de erradicación de las especies exóticas invasoras y convertir este parque forestal en el por muchos añorado bosque mediterráneo. Por ahora, tal como vimos anteriormente, algunas especies como el ailanto se resisten a ser erradicadas. Otras, como las acacias, posiblemente rebrotarán regularmente, al sobrevivir sus semillas en el suelo durante décadas o siglos. El clima, por otra parte, seguirá favoreciendo la aparición de especies nuevas, que por mucho que las persigamos, difícilmente podremos contener. Por ahora el parque aún conserva gran parte de su esencia. Pero como sigamos empeñados en ver el diablo en cada brizna de hierba que crece, posiblemente cambie mucho en el futuro. Así que aprovechad que aún se pueden ver cosas tan extraordinarias como la que os muestro en la última fotografía (mi gran apuesta en el descampado por el que me paseo en mi barrio) y no os olvideis de Lisboa si queréis pasar unos días fuera de España y descubrir lugares tan sorpendentes como éste...


Este braquiquito cubierto de líquenes y de musgo e inmerso en un mar de herbáceas viene a desmentirnos aquello de que las especies exóticas son incapaces de integrarse en nuestros ecosistemas. Parque Monsanto, Lisboa. Fotografía: João Ferro.


Sería interesante saber cuantas especies de líchen crecen sobre su tronco... Parque Monsanto, Lisboa. Fotografía: João Ferro.


Agradecimientos: agradezco de todo corazón a João Ferro el haberme sugerido escribir este artículo y por haberme pasado gran parte de las fotografía que ilustran este artículo.



Plano de gestão florestal do Parque Florestal de Monsanto, Câmara Municipal de Lisboa, 2020.8



Hoy es el gran día en que por fin pongo a disposición de los interesados mi tan ansiado segundo libro, dedicado a los árboles y arbustos paleoautóctonos... No es para leérselo del tirón, sino más bien para ir consultándolo poco a poco, que si no os puede dar un patatús (el libro tiene 613 páginas).

En él se describen los principales géneros de árboles y de arbustos que estuvieron presentes en Europa antes de las glaciaciones, insistiendo sobre todo en su historia evolutiva y en las perspectivas de futuro de cada uno de ellos. Se trata de una primera edición que se irá completando, corrigiendo, ampliando... Así que estad atentos a las actualizaciones.

Pues nada, espero que os guste. No dudéis en dejar aquí vuestros comentarios (no soy del Mossad y no emprenderé ninguna guerra sucia contra nadie si no os gusta) o en compartir con quienes puedan estar interesados en leerlo.

El libro está disponible en la siguiente página de mi blog:

ÁRBOLES Y ARBUSTOS PALEOAUTÓCTONOS



Inflorescencias masculinas de Salix alba, Gartenschaupark Hockenheim. / Auto: AnRo0002 / Licencia: Dominio Público

Con cerca de 450–520 especies, principalmente distribuidas por el Hemisferio Norte, el género Salix es uno de los más diversos de nuestra flora. Tal como se puede ver en el mapa de distribución más adelante, es casi subcosmopolita, faltando únicamente en Oceanía. Llama mucho la atención su presencia en prácticamente todos los grandes biomas de la tierra, desde las selvas tropicales hasta la tundra.



Mapa de distribución del género Salix. Wu et al., 2015. Licencia: CC-BY 4.0.

La taxonomía y la sistemática de este género es complicada y los caracteres morfológicos tradicionalmente utilizados para subdividirlo en subgéneros (morfología de las yemas y número de estambres) no han demostrado ser plenamente fiables para la clasificación. Los estudios filogenéticos llevados a cabo hasta la fecha ponen de manifiesto la existencia de distintos clados que no se corresponden con los subgéneros clásicamente reconocidos (ver árbol filogenético a continuación). El análisis se complica mucho, además, al estar fuertemente determinada la historia evolutiva de los sauces por la hibridación y la poliploidización, pudiendo pertenecer las especies involucradas en la génesis de los híbridos a clados diferentes. El estudio más reciente llevado a cabo sobre este género (Gulyaev et al., 2022) parece indicar que existe dentro del género Salix dos grupos claramente definidos: Vetrix y Salix. El primer grupo comprende cuatro subclados:

especies endémicas asiáticas (C1);
especies euroasiáticas y norteamericanas (C2);
dos especies de la secc. Longifoliae (C3)
Salix triandra (C4).

El grupo Salix se vuelve sin embargo parafilético al incluir en el análisis las especies principalmente poliploides (C5), e incluye un grupo con especies principalmente del subg. Protitae (C6).





Árbol filogenético del género Salix. Gulyaev S. et al. (2022).

Los primeros fósiles del género Salix datan de principios del Eoceno (Collinson, 1992). Se trata fundamentalmente de hojas. El género aparece por primera vez en Europa en el Oligoceno medio y ya ocupaba entonces hábitats ribereños.





Distribución del género Salix en Europa durante el Neógeno y el Cuaternario.

Tuvo en el Neógeno una amplísima distribución por todo el continente europeo, mostrando ya una gran diversidad de formas. Parece sin embargo que la actual diversidad que muestra en el continente europeo (33 especies) debe mucho a las glaciaciones del Cuaternario, que han favorecido en este género los fenómenos de hibridación al aislar poblaciones durante las glaciaciones y ponerlas luego en contacto durante los periodos interglaciares (Wagner et al., 2021).

Salix Familia: Salicaceae Orden: Malpighiales

Árboles, arbustos o matas. Ramas generalmente flexibles. Yemas invernantes cubiertas por un catafilo formado por la concrescencia de dos profilos. Hojas alternas, raramente opuestas, poco pecioladas, suborbiculares, elípticas, transovado-oblongas, lanceoladas o lineares, dentadas, serradas o enteras, con estípulas desarrolladas o reducidas a glándulas. Amentos erectos, sésiles o sobre un pedúnculo folioso (provisto de brácteas foliáceas), precoces, coetáneos o tardíos; brácteas floríferas pequeñas, indivisas o apenas emarginadas, por lo general persistentes, en algunas especies caducas, concoloras o descoloras. Flores con disco nectarífero por lo común reducido a una o dos glándulas, rara vez ciatiforme; las masculinas, con dos estambres –rara vez tres o más-, de filamentos filiformes, libres, pocas veces parcial o totalmente unidos, y anteras normalmente amarillas, en menos casos purpúreas; las femeninas, con pistilo sésil o pedicelado. Cápsula glabra o indumentada. Semillas 4-8.

Blanco P. / in: Castroviejo & al. (eds.), Flora iberica vol. 3 / http://www.floraiberica.org / Licencia: Creative Commons

El calentamiento global podría poner en peligro las poblaciones de sauces que viven en los principales relieves del continente, cuya área de distribución podría menguar considerablemente. Las especies enanas boreo-alpinas que viven a gran altitud son posiblemente las más amenazadas por el cambio climático.



Los sauces enanos que crecen en algunas montañas europeas deberían verse seriamente afectados por el cambio climático. En la fotografía: Salix herbacea con frutos cerca de Wildgrat (Austria) a 2490 m. / Fotografía: El Grafo / Licencia: CC BY-SA 3.0

Especies exóticas termófilas del mismo género podrían, en cambio, hacer su aparición en el futuro. Ya se cultiva extensamente en toda Europa el sauce llorón (Salix babylonica), originario de Asia y hay citas de varias especies norteamericanas naturalizadas en distintos países de Europa (S. eriocephala, S. melanopsis). Sin embargo, paradójicamente, son las especies europeas y sus múltiples híbridos las que se han convertido en un importante problema en otros continentes, en los que se han convertido en serios competidores de la flora nativa.




FGulyaev S. et al. (2002) / The phylogeny of Salix revealed by whole genome re-sequencing suggests different sex-determination systems in major groups of the genus / Annals of Botany, Vol. 129, pp. 485–498
Wu et al. (2015) / Phylogeny of Salix subgenus Salix s.l. (Salicaceae): delimitation, biogeography, and reticulate evolution / BMC Evolutionary Biology, Vol. 15. http://www.biomedcentral.com/1471-2148/15/1/
Collinson M.E. (1992) / The early fossil history of Salicaceae: a brief review (abstract) / Proceedings of the Royal Society of Edinburgh, Section B: Biological Sciences , Volume 98: Willow , 1992 , pp. 155 - 167
   

Recuerdo a quienes estén interesados en leerlo, que buena parte de las publicaciones de este blog han servido de base al libro que publiqué en este mismo blog bajo el título "RUMBO AL PLIOCENO". Han pasado ya dos años desde su primera versión y todo lo acontecido durante estos dos años no ha hecho sino confirmar muchas de mis afirmaciones y afianzar mis opiniones acerca de temas como la biología de las invasiones. las consecuencias del cambio climático y las soluciones a aportar a esta crisis. El libro lo podéis descargar en la siguiente página de mi blog:

https://yurakuna.blogspot.com/p/rumbo-al-plioceno_6.html

Espero que os resulte interesante y que, al menos, os haga relexionar un poco. El libro es totalmente gratis y solo persigue un único objetivo: espolonear los naturalistas, que veo muy anclados en sus ideas conservacionistas y que no parecen haber aún asimilado que el cambio climático tendrá enormes consecuencias sobre nuestros ecosistemas. Soñar con "restaurrar" ecosistemas o devolverlos al estado que fue el suyo ates de que el hombre interviniera en ellos ya no tiene absolutamente ningún sentido. Ahora toca acompañar y favorecer los cambios que la actividad humana impide. Toca aceptar que muchas cosas van a cambiar y que un sinfín de organismos mejor adaptados a las nuevas condiciones medioambientales tendrán que abrirse paso sin que los consideremos necesariamente peligrosas especies invasoras.
Este título provocador se me ha ocurrido al acordarme de alguna respuesta recibida tras sugerir yo que debíamos favorecer el regreso de las especies que califico de "paleoautóctonas" o incluso hacer uso de las especies introducidas que han demostrado su capacidad de resistir a la importante subida de temperatura que nos espera. Al subrayar que existían muy pocas especies de árboles en nuestra flora adaptadas a tales condiciones, algunos han querido convencerme de que era mejor tener una vegetación esteparia que bosques constituidos por especies exóticas. Pero una cosa es que se desarrolle una vegetación esteparia en condiciones extremas en las que realmente ningún árbol es capaz de desarrollarse y otra bien diferente es mantener voluntariamente este tipo de formación vegetal impidiendo activamente el establecimiento de cualquier árbol.




Estepa en Belchite, consecuencia de las condiciones climáticas y geológicas del lugar (Aragón).


Se habla mucho de alienígenas estos últimos días y si uno piensa en lo que vieron al llegar sobre la tierra hace milenios, lo más seguro es que fuese un bosque. Los árboles dominan por completo la mayor parte de las tierras emergidas, estando tan solo ausentes de las zonas desérticas o semi-desérticas y polares. Son, sin lugar a dudas, la forma de vida dominante en este planeta. Los bosques albergan la mayor parte de la biodiversidad del planeta. Querer evitar la evolución lógica de un ecosistema hacia lo que es la forma de organizaciñon de la vida más elaborada que existe sobre la tierra es absolutamente ilógico. Bien es cierto que en la naturaleza, muchos eventos pueden de repente hacer retroceder el ecosistema a estadios de desarrollo anteriores, pero a medio y largo plazo se reconstituirá siempre el bosque.




Los bosques dominan la tierra desde hace cientos de millones de años. En la fotografía, el bosque araucano con sus Araucarias.


Lo que ocurre actualmente en Europa y en España es algo particular. Es la consecuencia de dos eventos (las glaciaciones del Cuaternario y el calentamiento global inducido por el Hombre) que ha dejado nuestra flora prácticamente sin especies termófilas, adaptadas a climas tropicales y subtropicales. La previsión de los climatólogos es que muchas regiones de Europa tengan a finales de siglo un clima de tipo Cfa (clima subtropical húmedo), similar al del SE de China actualmente y tan solo presente muy localmente en Europa hoy en día. De estas regiones del sur y de la periferia de Europa son originarias especies como la Zelkova del Cáucaso, la Pterocaria del Cáucaso, el Árbol del Hierro, el roble persa, etc. En otros continentes, esta zona climática alberga un sinfín de taxones que también estuvieron presentes en Europa antes de las glaciaciones. Los géneros desaparecidos del continente europeo a consecuencia de las glaciaciones son muchos (todas las zonas climáticas): Actinidia, Ailanthus, Broussonetia, Calocedrus, Camellia, Carya, Castanopsis, Catalpa, Cathaya, Cephalotaxus, Cercidiphyllum, Chamaecyparis, Chionanthus, Cinnamomum, Clethra, Cunninghamia, Cyclobalanopsis, Diospyros, Engelhardia, Eucommia, Ginkgo, Glyptostrobus, Hamamelis, Ilicium, Lindera, Liquidambar, Liriodendron, Lithocarpus, Litsea, Magnolia, Metasequoia, Neolitsea, Nyssa, Paulownia, Persea, Phoebe, Platycarya, Pseudolarix, Pseudotsuga, Pteroceltis, Robinia, Sabal, Sapindus, Sapium, Sassafras, Sciadophitys, Sequoia, Staphilea, Symplocos, Taxodium, Thuja, Torreya, Tsuga, Zanthoxylum, etc.




Bosque mixto hircano en el N de Irán, en el que se han refugiado muchas especies propias de los bosques terciarios de Europa. / Fotografía: Farshad Yazdian @Hamshahri.


¿Tiene algún sentido traer de vuelta estas especies? La alternativa sería dejar que las especies actualmente presentes aguanten todo lo que puedan con la esperanza de que se adapten pero lo más probable es que se desarrolle algún tipo de vegetación en el que posiblemente dominen las especies termófilas ya presentes como el Ailanto o la Robinia. En zonas de clima árido, la incertidunbre es aún mayor. Las especies susceptibles de aguantar ese tipo de clima crecen hoy en día en el N de África y son más bien pocas: argán, araar, acacias... Posiblemente algunas especies exóticas muy resistentes a la sequía cultivadas en nuestro país puedan dar el salto, todas originarias de zonas muy lejanas. Está claro que los bosques del futuro serán muy diferentes. ¿Significa esto que debemos evitarlo a toda costa?




Réserve de biosphère de l’Arganeraie, au Maroc


Esa idea de traer de fuera las especies que pudiesen "ayudar" a constituirse auténticos bosques en regiones donde es poco probable que eso ocurra a corto o medio plazo ya es el debate al que se enfrentan desde hace años algunos países desprovistos de auténticos bosques, que están viendo como el cambio climático está permitiendo el asentamiento de especies que hace unas décadas tal vez no hubiesen podido hacerlo. Pienso en particular a Islandia, donde se está haciendo un gran esfuerzo de (re)forestación y a Groenlandia, donde el ejemplo islandés ha cundido y que ya ha plantado pequeños bosques experimentales. En ambos casos, el aislamiento geográfico impedía la llegada natural de árboles pero ante la mejora de las condiciones climáticas (no nos olvidemos que el árctico es la región del mundo que se calienta más rapidamente) se hizo pronto evidente que muchas especies boreales tenían el potencial para colonizar estas tierras desprovistas de árboles.




Plantacíon de píceas de Sitka (Picea sitchensis cerca de Reykjavík. / Fotografía: Axel Kristinsson / Licencia: CC BY 2.0


En las últimas décadas se han plantado en ambos países muchas especies boreales, alpinas e incluso del Himalaya, todas proveniente del límite del bosque. Los resultados obtenidos son hasta ahora muy positivos, aunque no faltan los críticos, que consideran que el hombre no hubiese tenido que intervenir. Se trata de un debate casi filosófico pero de suma importancia para el porvenir de nuestros ecosistemas. ¿Hemos de asistir sin reaccionar al declive de nuestros bosques olvidándonos que en épocas anteriores estuvieron presentes en nuestro territorio muchas especies perfectamente adaptadas que podríamos rescatar?
Laurus Familia: Lauracae Orden: Laurales

Árboles o arbolillos dioicos. Hojas coriáceas y persistentes, dotadas de células oleíferas. Inflorescencia en umbela brevemente pedunculada, envuelta antes de abrirse en un involucro subgloboso. Flores unisexuales. Perianto de 4 piezas subiguales. Estambres (4)8-12; anteras dehiscentes mediante 2 valvas (ventallas). Baya ovoideo-globosa, monosperma, rodeada en su base por un receptáculo poco o nada acrescente.

Villar L. / in: Castroviejo & al. (eds.), Flora iberica vol. 1 / http://www.floraiberica.org / Licencia: Creative Commons

En el seno de la inmensa familia de las Lauráceas, el género Laurus, que ha dado nombre a la familia, es el único en haber sobrevivido en Europa a las glaciaciones. Lo ha hecho en los pequeños enclaves húmedos existentes en la región mediterránea y en los puntos más cálidos de la fachada atlántica. Su área de repartición incluye toda la cuenca mediterránea y alcanza las islas de la Macaronesia (Canarias, Madeira y las Azores), donde se han descrito varias especies endémicas (L. novocanariensis y L. azorica). Varios estudios filogenéticos recientes han demostrado, sin embargo, que las poblaciones ibéricas de este género estaban más emparentadas con las poblaciones isleñas que con los laureles del E de la cuenca mediterránea (Rodríguez-Sánchez, 2009), sugiriendo pues que todos estos taxones pertenecen en realidad a una única y misma especie: Laurus nobilis.




Inflorescencia umbeliforme de Laurus nobilis. / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: Dominio Público


Se describe a menudo al laurel como un arbusto que raramente alcanza porte arbóreo y supera los 10 m de altura pero su uso como especie ornamental ha permitido que muchos ejemplares puedan desarrollarse plenamente durante las últimas décadas, no siendo raro observar ejemplares que superan los 20 m, lo que parece más acorde con las dimensiones que alcanzan los laureles en las laurisilvas macaronésicas.

El género Laurus ha desempeñado, junto a otros géneros de esta misma familia, un papel importante en los bosques terciarios del continente europeo, siendo un elemento clave de las laurisilvas continentales, que desaparecieron en el Pleistoceno Inferior como consecuencia de las glaciaciones. La laurisilva es un tipo de bosque propio de las zonas templadas cálidas (subtropicales) que se desarrolla en lugares con una alta humedad atmosférica o importantes precipitaciones. Está dominada por especies perennifolias con hojas generalmente correosas, a menudo simples y enteras, lustrosas, cuya superficie tiene tendencia a repeler el agua, para evitar que su acumulación perjudique los procesos de fotosíntesis y de respiración.




Distribución del género Laurus en Europa durante el Neógeno y el Cuaternario.

El género Laurus estuvo representado en Europa en el Terciario por una especie (L. abchasica) muy próxima a L. nobilis, cuya presencia está bien documentada a partir del Oligoceno, periodo en el que aún era relativamente rara. Es en cambio muy común en toda Europa central durante buena parte del Mioceno. Permanecío más tiempo en el sur de Europa y Georgia, regiones donde los ciclos glaciares aislaron pequeñas poblaciones que consituyeron el núcleo de las actuales poblaciones de L. nobilis. La atribución al género Laurus de muchos fósiles adscritos anteriormente al morfogénero Laurophyllum solo fue posible gracias al estudio de las estructuras cuticulares de esas hojas. Muchos fósiles en los que no se han podido llevar a cabo este tipo de estudio siguen pues siendo descritos bajo ese nombre. Buen ejemplo de la dificultad para identificar las hojas fósiles pertenecientes a este género, cabe destacar que una especie fósil como L. primigenia, que se ha descrito en numerosos yacimientos del Oligoceno y del Mioceno ha sido recientemente adscrita al género Lithocarpus (Givulescu, 1987). O sea, una Fagácea. Nada se parece tanto a las hojas de una especie lauroide como las de otra especie lauroide.




Hoja de laurel vista al trasluz / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: Dominio Público


Algunos autores (sobre todo antiguos) hacen remontar la existencia de este género al Cretácico, pero en ausencia de caracteres que establezcan claramente su parentesco con la familia y el género actual, lo más prudente es adscribirlos a morfogéneros que no presupongan su pertenencia a ninguna familia en particular para así evitar sorpresas como la que acabamos de citar (Ferguson, 1974).

El futuro de esta especie en el continente europeo creo que ya se puede entrever claramente hoy en día, al estar el laurel en plena expansión en varias regiones europeas. En el norte de Italia y el Ticino, en particular, el laurel es una de las especies perennifolias introducidas que muestra hoy una clara tendencia a colonizar los bosques caducifolios de esa región.




Frutos de L. nobilis, Asturias / Fotografía: Bertu Ordiales / Licencia: CC BY-SA 4.0


Observaciones similares se han hecho en el S de Francia (donde el laurel se ha expandido en robledales que se dejaron de explotar en las últimas décadas) así como en el centro de Italia (Alessi N. et al., 2021), donde los autores del estudio prefieren pensar que esta especie está en realidad conquistando gran parte de su área potencial, al no haber sido una especie que haya sido demasiado favorecida por la silvicultura tradicional.




Bosque de laureles. Isla de Cortegada, Galicia. / Fuente: Turismo de Galicia, Xunta de Galicia


El hecho, además, de ser una especie cultivada en muchos lugares facilita hoy en día claramente su expansión. Eso ocurrió en la isla de Cortegada, por ejemplo, donde el laurel se cultivaba en las lindes de muchas propiedades y se ha visto beneficiado por el abandono de los terrenos cultivados, que empezó inmediatamente a colonizar (Paül Carril V., 2018).



Alessi N. et al. (2021) / Population structure of Laurus nobilis L. in Central Italian forests: evidence for its ongoing expansion / Rendiconti Lincei. Scienze Fisiche e Naturali, Vol. 32, pp. 365–376
Ferguson D.K. (1974) / On the taxonomy of recent and fossil species of Laurus (Lauraceae) / Botanical Journal of the Linnean Society, Vol. 68(1), pp. 51-72
Givulescu R. (1987) / Über die wahre Natur von Laurus primigenia Unger aus dem Chattien des Schiltals (Valea Jiului-Petrosani, Kreis Hunedoara, SR Rumänien) / Feddes Repertorium, Vol.98(7-8), pp. 403-409
Paül Carril V. et al. (2018) / El lauredal de la isla de Cortegada (Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia): una discusión fitogeográfica en clave de conservación / In: Bosque mediterráneo y humedales: paisaje, evolución y conservación. Aportaciones desde la Biogeografía / coordinadores: Rafael Ubaldo Gosálvez Rey, María Cristina Díaz Sanz, José Luis García Rayego, Manuel Antonio Serrano de la Cruz Santos-Olmo y Óscar Jerez García– Ciudad Real: Almud, Ediciones de Castilla-La Mancha.
Rodríguez-Sánchez F. et al. (2009) / Late Neogene history of the laurel tree (Laurus L., Lauraceae) based on phylogeographical analyses of Mediterranean and Macaronesian populations / Journal of Biogeography, Vol. 36(7), pp. 1270-1281
Vachellia Familia: Fabaceae Orden: Fabales

Arbustos o arbolitos, con espinas estipulares; estípulas espinescentes, rectas y cilíndricas o curvadas y en forma de cuerno (a menudo asociadas con hormigas agresivas), persistentes. Hojas bipinnadamente compuestas; pecíolo con nectarios glandulares; raquis con nectarios glandulares; pinnas 2–40 pares (en CR); folíolos 10–75 pares por pinna (en CR), opuestos. Infls. generalmente axilares, capituladas o espigadas. Fls. amarillas, actinomorfas, sésiles; sépalos connatos en un cáliz campanulado, 5-lobulado; pétalos 5, connatos en una corola tubular, lobulada; estambres numerosos, los filamentos separados; anteras diminutas, sin glándulas o con 1 glándula apical. Frs. rojos a rojo oscuro o púrpura, oblongos a linear-oblongos, subcilíndricos, coriáceos, ± curvados, tardíamente dehiscentes o indehiscentes, el mesocarpo pulposo; semillas usualmente pocas, en 2 hileras separadas, castañas o pardo oscuro, variables en forma, con un arilo blanquecino a amarillo, esponjoso.

Zamora, N. 2010 . Fabaceae. Pp. 395–775 in, B. E. Hammel, M. H. Grayum, C. Herrera & N. Zamora (eds.), Manual de Plantas de Costa Rica. Vol. V: Dicotiledóneas (Clusiaceae-Gunneraceae). Monogr. Syst. Bot. Missouri Bot. 119: 1-970.

Cuando se compara la flora arbórea española con la del norte de África, lo primero que llama la atención es la importante cantidad de especies que compartimos. La inmensa mayoría de las especies mediterráneas y buena parte de las especies submediterráneas están presentes a ambos lados del Mediterráneao. Pero también hay diferencias notables, siendo la más llamativa la ausencia del cedro del Atlas (Cedrus atlantica) en la Península Ibérica. Una ausencia relativamente reciente, tal como vimos al describir ese género. Otra ausencia pasa generalmente mucho más desapercibida y no se limita tan solo al género Vachellia que aquí tratamos, sino a toda la tribu de las Mimoseae, a la que pertenece ese género. En el norte de África, las especies pertenecientes a esta tribu están adaptadas a vivir en condiciones extremas de sequía y son componentes esenciales de las estepas y sabanas que se desarrollan en las regiones de transición entre la región mediterránea y el desierto del Sáhara.




Estepa arbolada dominada por Vachellia tortilis subsp. raddiana en el Parque Nacional de Bouhedma (Túnez) / Fotografía: Slim Alileche / Licencia: CC BY-SA 4.0.


A pesar de existir ya en la Península Ibérica vastas regiones con un clima árido de tipo estepario o subdesértico (Los Monegros, desierto de Tabernas, etc) llama poderosamente la atención la total ausencia de árboles en estas áreas. Estando este tipo de clima en franca expansión durante las últimas décadas cabe preguntarse si en anteriores períodos cálidos ocurrió lo mismo y si hemos de conformarnos con que gran parte de la Península se quede sin ningún tipo de cobertura arbórea en el futuro, al no haber actualmente árboles capaces de prosperar en este tipo de condiciones. Un simple vistazo al otro lado del estrecho nos demuestra, sin embargo, que tales especies existen.



Evolución del clima en España en las 4 últimas décadas, utilizando la clasificación de Köppen. Chazarra Bernabé A. et al. (2022).


¿Estuvieron pues presentes en Europa en alguna época las Mimoseae? La respuesta es, indudablemente, sí, pero al tratarse de plantas desarrolladas en ecosistemas áridos, los restos fósiles escasean. Por razones fácilmente entendibles, conocemos muy bien la vegetación de los ecosistemas húmedos, cuyos restos han sido preservados en zonas de sedimentación activa, pero sabemos muy poco de la vegetación de las zonas áridas, donde los restos de las plantas prácticamente no se preservan.

Otra dificultad a la que los investigadores se enfrentan es la poca variabilidad que se observa en los órganos preservados en una familia como las Fabáceas, en la que muchas especies tienen frutos y folíolos muy parecidos unos con otros, lo que dificulta considerablemente su identificación.



Árbol filogenético de las Mimoseae. Miller J.T. et al. (2013).


Estas dificultades han llevado los investigadores a reconstruir la evolución de las Mimoseae basándose esencialmente en los estudios moleculares (Miller J.T. et al., 2013). Algunos hallazgos permiten sin embargo calibrar en el tiempo algunos nodos de ese árbol. La aparición de la familia de las Fabáceas parece situarse en el Cretácico Superior en el W de Gondwana. La diferenciación de las 3 subfamilias de esta familia se inicia probablemente ya en el Cretácico, habiéndose descubierto en Argentina restos de madera típicos de la subfamilia de las Mimosoideae datados del Paleoceno Inferior (Bra M. el al., 2008). Llama sobre todo la atención en este árbol filogenético la tardía diversificación de algunos géneros, que parece estar relacionado con un aumento de la aridez a partir del Mioceno en varias regiones del mundo.




Hojas e inflorescencia de Vachellia tortilis subsp. raddiana. Haroune, Sahara marroquí oriental. / Fotografía: Claude Lemmel & Zahora Attioui / Licencia: CC BY-SA 4.0


Durante el Neógeno, el género “Acacia” (s.l.) se ha reportado en muchos puntos del S del continente, donde estaba asociado a una vegetación abierta y xerófila que se conoce en esta región desde al menos el Mioceno Inferior (Jiménez-Moreno G. Et al. , 2010), en asociación con géneros como Nitraria, Neurada, Ephedra, Convolvulus, Lygeum, Prosopis. El paralelismo con la actual vegetación del N de Africa es más que evidente y es pues bastante probable que estemos aquí hablando de especies del género Vachellia, que al igual que el cedro, nunca tuvieron la ocasión de volver tras las glaciaciones. Sobre el género Prosopis, que hemos tratado anteriormente, es interesante notar su posición muy en la base del árbol filogenético de las Mimoseae, mostrando que el tipo de inflorescencia original de este clado era el racimo, al igual que en las demás subfamilias de las Fabáceas.




Inflorescencias de Albizia julibrissin. Moncofar, Castellón. / Fotografía: Adrián Rodríguez / Licencia: Dominio Público


Otras MImoseae que se han encontrado en el registro fósil europeo no estaban ligadas a climas tan extremos. De los pocos géneros que han podido ser identificados, podemos citar al género Albizia, cuya presencia era de esperar teniendo en cuenta que una de sus especies (A. julibrissin) es un componente de la flora de la región del Bosque Hircano, en el N de Irán, en la que muchas especies encontraron refugio durante la última glaciación. El gran valor ornamental de esta especie hizo que pronto fuese utilizada en el Imperio Otomano, de donde fue luego importada a Occidente bajo del nombre de “Acacia de Bizancio”. Al ser el clima de su región de origen muy similar al Mediterráneo a nivel de temperaturas, se ha aclimatado sin ningún problema, llegando incluso a naturalizarse en aquellos lugares en los que disponía de agua.




Paisaje de Lugo con mimosa (Acacia dealbata). / Fotografía: Certo Xornal / Licencia: CC BY 2.0


Las Mimoseae ilustran bien algo que vengo diciendo desde hace tiempo para incentivar el regreso y el uso de las especies “paleoautóctonas”: y es que si no favorecemos nosotros el regreso de los taxones que estuvieron presentes en un pasado más o menos reciente, la naturaleza de todos modos dará la alternativa a otras especies. Y a la naturaleza le dará absolutamente igual de donde vengan. Un buen ejemplo de ello lo tenemos con el género Acacia (s.str.), originario de Australia, del que se cultivan muchas especies como ornamentales. Algunas de ellas han demostrado estar perfectamente adaptadas a nuestro clima y se han visto favorecidas por el aumento de las temperaturas durante las últimas décadas. Tanto es así que resulta hoy en día imposible plantearse su erradicación, al existir en los suelos un importante banco de semillas, capaz de aguantar durante muchísimos años a que se den las condiciones favorables para su germinación (su periodo de viabilidad puede alcanzar los 300 a 400 años).




La erradicación de la mimosa (Acacia dealbata) exige muchísimo esfuerzo y su resultado es más bien incierto, al poder germinar las semillas acumuladas en el suelo durante siglos / Fotografía: La Voz de Galicia


De cara al futuro y constatando la progresiva aridificación de buena parte del S del continente europeo (y de la Península Ibérica en particular), creo que valdría la pena plantearse la posibilidad de permitir la introducción en las regiones más áridas de especies arbóreas y arbustivas originarias del N de África si queremos evitar que amplias zonas de la Península se conviertan en estepas desérticas totalmente desprovistas de árboles. Me consta que esta sería la solución preferida por algunos puristas que siguen considerando como exóticas especies que viven a apenas algunas unas decenas o centenares de kilómetros de distancia de nuestras costas. Yo preferiría mil veces que en ese desierto artificialmente mantenido sin árboles crezcan especies norteafricanas como Vachellia tortilis, V. gummifera, V. ehrenbergiana, Faidherbia albida, Sideroxylon spinosum, Tetraclinis articulata y Cupressus atlantica. Desierto, de todos modos, también tendremos. Evitemos al menos extenderlo despreciando las soluciones que nos ofrece la propia naturaleza…



Bra M. el al. (2008) / Fossil wood of the Mimosoideae from the early Paleocene of Patagonia, Argentina / Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology, Vol. 32(4), pp. 427-441
Chazarra Bernabé A. et al. (2022) / Evolución de los climas de Köppen en España en el periodo 1951-2020 / Nota técnica 37 de AEMET
Jiménez-Moreno G. et al. (2010) / Miocene to Pliocene vegetation reconstruction and climate estimates in the Iberian Peninsula from pollen data / Review of Palaeobotany and Palynology, Vol. 162, pp. 403–415
Miller J.T. et al. (2013) / Comparative dating of Acacia: combining fossils and multiple phylogenies to infer ages of clades with poor fossil records / Australian Journal of Botany, Vol. 61, pp. 436-445.
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SOBRE EL AUTOR

Geólogo de formación, nacido en Suiza pero establecido en España desde hace más de 20 años, trabajo actualmente en el sector de la informática (soporte). Eso no me ha impedido mantener vivo mi interés por los temas medioambientales, el cambio climático en particular, cuyas consecuencias intento anticipar buscando respuestas en ese pasado no tan lejano hacia el que parece que estamos empeñados en querer volver.

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